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miércoles, 3 de abril de 2019

REINO UNIDO: Entre el caos y la incertidumbre

El 29 de marzo tenía que ser el día en el que Reino Unido le diga adiós a la Unión Europea, una fecha que había sido elegida para la votación definitiva, la tercera y última sobre el acuerdo de retirada pactado por la primera ministra británica, Theresa May, y la Unión Europea. Pero el Parlamento británico en contra de la razón, dicto una sentencia adversa a sus deseos, por lo que el Reino Unido muy a su pesar, continúa atado a la denostada UE. Una vez más, una sentencia negativa para Theresa May y para su acuerdo de retirada. Una vez más, los diputados han sido incapaces por su mezquindad de estar a tono con la historia. Como sabéis, la idea central detrás del Brexit era que Gran Bretaña debería retomar el control sobre sus leyes, su dinero y su sistema de inmigración, que se encuentran en manos de Bruselas. En una palabra, la restauración de su soberanía plena. Para aquellos que hicieron campaña a favor de que el Reino Unido dejara la UE, el Brexit marcaría el comienzo de una nueva era global. Al abandonarla, argumentaron, estarían devolviendo el poder que prepotentemente ostentaba Bruselas a los legisladores de Westminster y, por extensión, a los propios británicos. Pero si los últimos dos años han demostrado algo, es que Gran Bretaña no ha recuperado el control de la situación. Por el contrario, lo ha perdido por completo. En efecto, más de 1.000 días después de que el Reino Unido votara para abandonar la UE, el futuro del país aún está cubierto de incertidumbre: su fecha de salida del bloque es aún desconocida, su parlamento está irremediablemente dividido y quien liderará el país en las próximas semanas y meses ya no está claro. Nadie, y mucho menos los legisladores británicos, parecen saber lo que se viene en los próximos días. Casi todas las figuras políticas o instituciones destacadas en Londres - incluida la primera ministra Theresa May - han perdido el rumbo y tanto ella como el ala dura del Partido Conservador, no han podido ponerse de acuerdo en la Cámara de los Comunes, y donde estos sectores unidos a los laboristas, han rechazado el acuerdo una y otra vez. Pero, al igual que el propio Brexit, la pérdida de control de Gran Bretaña no ocurrió de un momento a otro, sino fue un proceso lento y gradual. Comenzó hace dos años, cuando May inició una serie de negociaciones con Bruselas durante el cual su gobierno, sin una mayoría suficiente para respaldar sus propuestas, se mostraba inseguro de los pasos que debía de dar. Así, los británicos ejercieron escaso control sobre las negociaciones, desde el calendario que dictaba cómo se llevaría a cabo (la UE descartó el inicio de las conversaciones hasta que Londres activara formalmente el Artículo 50, o sea, el procedimiento de salida del bloque) hasta la secuencia de la misma (que también fue establecido por Bruselas). El escaso control que tenía Gran Bretaña, a menudo se desperdiciaba en asuntos irrelevantes y contradictorios, por lo que la decisión de May de invocar de manera preventiva el Artículo 50 ahora se considera un error estratégico. Su fracaso en seguir una estrategia a favor del Brexit que podría ser aprobada por sus colegas en Westminster y sus aliados nor irlandeses - que con su apoyo, otorgan una escasa mayoría a su gobierno - es otra. Esta pérdida de control no terminó cuando los negociadores británicos y de la UE llegaron a un acuerdo provisional sobre los términos de la retirada del Reino Unido a fines del año pasado . Y es que en lugar de luchar con la UE, el gobierno de May comenzó a luchar consigo mismo. Su acuerdo - el único que la UE dijo que consideraría - ya había sido rechazado dos veces en la Cámara de los Comunes por márgenes históricos . Ante la posibilidad de una tercera derrota que seria lapidaria, y sin el apoyo parlamentario necesario para que el país salga ‘ordenadamente’ de la UE, May se vio obligada a regresar a Bruselas y pedirle que retrasara la fecha de salida hasta el 29 de marzo. A ello debemos agregar que durante las negociaciones, poderosos intereses han tratado de ejercer su influencia, desde los defensores del Brexit de línea dura dentro del propio Partido Conservador y sus socios de Irlanda del Norte que abogan por su acuerdo, hasta los miembros de la oposición laborista del Parlamento que piden un segundo referéndum, algo que ha sido tajantemente rechazado por May. Aunque los esfuerzos de quienes se oponen a sus planes han estado dirigidos a obstaculizar el apoyo del Parlamento al acuerdo, poco han hecho para conseguir sus fines. El caos se agravó hace unos días cuando el Parlamento británico en un intento por poner fin al estancamiento del Brexit, tomó la decisión histórica de despojar al gobierno de sus poderes para establecer la agenda parlamentaria de modo que pudiera tener una serie de votos no vinculantes sobre las alternativas al Brexit. En última instancia, el plan fracasó luego de que ocho diferentes opciones, entre ellas el mantenimiento de una estrecha relación económica con la UE, un segundo referéndum y la revocación del Artículo 50, no lograron el apoyo de la mayoría. Es por ese motivo que en un acto de desesperación, habiendo perdido el control de su partido y su gabinete, así como de su autoridad en el Parlamento, Theresa May tenía una última carta para jugar: su propio liderazgo, prometiendo a los miembros de su partido que dimitiría de su cargo de Primera Ministra a cambio de que los descontentos aceptaran apoyar en esta ocasión el acuerdo. "Necesitamos pasar este acuerdo y lograr el Brexit. Estoy preparada para dejar mi trabajo antes de lo previsto para hacer lo correcto por nuestro país y nuestro partido. Sé que hay un deseo de un nuevo liderazgo, en la segunda fase de las negociaciones de Brexit, y no me interpondré en ese camino", dijo May, según un extracto de la declaración que hizo en la reunión que se filtró a la prensa. Pero de nada valieron sus esfuerzos, porque el viernes fue rechazado por tercera vez el acuerdo de salida de la UE. Bruselas había exigido previamente que se aprobara el acuerdo para que la prórroga de la salida se extendiera al 22 de mayo. Pero al rechazar de nuevo el texto, el Brexit podría producirse de un modo brutal el próximo 12 de abril, a no ser que May negocie una prórroga más larga (de hasta un año) que situará al Reino Unido en un limbo jurídico. Esta circunstancia obligaría a los británicos a participar en las próximas elecciones europeas, que se celebrarán entre el 23 y el 26 de mayo, algo a lo que tanto May como los diputados más euroescépticos se oponen vigorosamente. "Los británicos votaron hace tres años por salir de la UE, ¿cómo van a votar ahora en unas elecciones europeas?" se ha preguntado una y otra vez. Por ese motivo y para evitar que ello suceda, acaba de anunciar este martes por la tarde que solicitará a Bruselas una nueva prórroga para el Brexit, tan corta "como sea posible", antes del 22 de mayo, con el fin de tratar de acordar con la oposición laborista una plan de salida de la Unión Europea (UE) que cuente con un respaldo mayoritario. Sin embargo, para que ello ocurra, la UE debería aceptar la extensión, tal y como ha recordado la primera ministra. Algo a lo que podría acceder, siempre y cuando los británicos tengan un plan acordado. De hecho, el presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, ha publicado un tuit pocos minutos después de la comparecencia de May en el que parece abierto a la prórroga: “Aunque después de hoy no sabemos cual será el resultado, seamos pacientes” indicó. De momento May sigue en su cargo, ignorando por completo la posible dimisión que ella misma había anunciado y perseveró en su empeño: "El Gobierno continuará trabajando para que se produzca un Brexit ordenado, como exige el resultado del referéndum [del 2016]" puntualizó. Si hay que buscar culpables de esta absurda situación, en primer lugar los encontraremos en el Parlamento - especialmente entre quienes traicionando el deseo mayoritario de los británicos que votaron abrumadoramente para abandonar la UE, se han burlando de sus deseos bloqueando toda iniciativa para conseguirlo. Y en segundo lugar, esta la propia Theresa May quien ha demostrado no estar a la altura de las circunstancias, mostrándose incapaz de sacar adelante un acuerdo tan laboriosamente trabajado. No hay que permitir que los traidores se salgan con la suya. El Brexit tiene que salir adelante si o si, para que mañana mas tarde uno no se pregunte ¿tanto esfuerzo que hicimos para nada? :(
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