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miércoles, 22 de junio de 2022

TURQUÍA: Sueños y realidades

Como recordareis, el pasado 18 de mayo, el secretario general de la Organización del Tratado del Atlántico Norte, el noruego Jen Stoltenberg, subió a un escenario flanqueado por los embajadores ante la OTAN de Finlandia y Suecia, Klaus Korhonen y Axel Wernhoff, respectivamente. Fue uno de esos momentos hechos para la televisión con los que sueñan los políticos: un momento de gran dramatismo, “donde las fuerzas ostensibles del bien se enfrentan al implacable asalto del mal, que requiere la intervención de amigos y aliados de ideas afines para ayude a inclinar la balanza de la justicia geopolítica hacia aquellos que abrazan la libertad sobre la tiranía” en un guion preparado por la maquinaria sionista de Hollywood. “Este es un buen día” – anunció ese día Stoltenberg - “en un momento crítico para nuestra seguridad”. Sin embargo, no se dijo una sola palabra acerca de la dura realidad de que cientos de millas al este, las fuerzas militares de Rusia y Ucrania estaban enfrascadas en un combate mortal en suelo ucraniano. Tampoco se mencionó el infame papel jugado por la OTAN en la facilitación de ese conflicto. Pero la reunión no había sido convocada con el propósito de auto-reflexión por parte del jefe civil de la OTAN. En cambio, fue para conmemorar el avance de la misma política de expansión de la alianza que ayudó a desencadenar la lucha en curso entre Ucrania y Rusia. “Muchas gracias por entregar las solicitudes de ingreso de Finlandia y Suecia en la OTAN”, continuó Stoltenberg. “Cada nación tiene derecho a elegir su propio camino. Ambos habéis hecho vuestra elección, tras minuciosos procesos democráticos. Y doy una calurosa bienvenida a las solicitudes de Finlandia y Suecia para unirse a la OTAN” agregó, ajeno a la realidad. El día anterior, 17 de mayo, el parlamento finlandés votó 188-8 para unirse a la OTAN, rompiendo su status mantenido por varias décadas de país neutral. Las acciones de Finlandia siguieron a un debate y votación similar por parte del cuerpo legislativo sueco, el Riksdag. Ambas naciones citaron como pretexto el operativo militar especial ruso en de Ucrania como su motivación respectiva para pasar de la neutralidad a la membresía en una alianza agresiva cuyo comportamiento no ha cambiado a lo largo de los años. Desde una identidad exclusivamente revanchista, la OTAN ha abrazado la expansión tanto en términos de su propio tamaño como de su alcance, emprendiendo operaciones militares fuera de los confines de Europa que eran tanto ofensivas como diseñadas para promover “el cambio político” en los países objetivo. La ignorancia histórica capturada en las acciones de Finlandia y Suecia fue asombrosa con respecto al papel jugado por la OTAN en desencadenar el mismo conflicto que los líderes políticos citaron como la razón para buscar la protección de la membresía de la alianza. Era como si una familia cuya casa hubiera sido incendiada buscara cobijo en la casa del pirómano para resguardarse de los servicios de los bomberos. Había también un absoluto desconocimiento de sus respectivas historias. La idea de que Finlandia citaría la operación militar especial de Rusia en Ucrania como el detonante para romper su promesa de neutralidad de décadas es particularmente problemática. Es como si Finlandia olvidara su propio pasado turbulento, en particular su papel en la llamada Guerra de Continuación en 1941-1944, donde Finlandia se alió con la Alemania nazi en su guerra de subyugación contra la Unión Soviética, luego del ataque soviético de 1939. sobre Finlandia. Las tropas finlandesas participaron en el sitio de San Petersburgo, donde más de un millón de civiles soviéticos perdieron la vida. Solo al comprometerse a ser neutral a perpetuidad, Finlandia evitó las consecuencias lógicas de sus acciones, a saber, el desmembramiento y la eliminación como estado soberano. La Unión Soviética y más tarde Rusia fueron inflexibles en asegurarse de que el suelo finlandés nunca más fuera utilizado como plataforma de lanzamiento para una agresión extranjera contra el territorio ruso. Finlandia parece haber olvidado tanto la promesa que hizo como las razones detrás de esa promesa. Por su parte, Suecia también cita la intervención militar rusa de Ucrania como la razón para poner fin a siglos de neutralidad. Pero los políticos suecos detrás de esta decisión aún tienen que explicar qué es exactamente lo que diferencia la acción rusa de, por ejemplo, el comportamiento de la Alemania nazi durante la Segunda Guerra Mundial. Si la masacre de decenas de millones de civiles y la destrucción de naciones no fueron suficientes para sacar a Suecia de su posición neutral entre 1939 y 1945, es difícil ver cómo las acciones de Rusia, que no tuvieron lugar en el vacío, sino más bien en el contexto de ocho años de conflicto en el Donbass donde el régimen fascista de Kiev asesino a más de 14.000 personas y la amenaza a la seguridad rusa planteada por una OTAN en expansión, podría citarse de buena fe como una causa legítima de acción. “Ustedes son nuestros socios más cercanos”, continuó cínicamente Stoltenberg. “Y su membresía en la OTAN aumentaría nuestra seguridad compartida”. Que dijo esto sin reconocer aparentemente la ironía contenida en esas palabras, y que los embajadores de Finlandia y Suecia pudieron evitar revolverse de vergüenza, es un testimonio de autoengaño impulsado por la arrogancia, ignorancia colectiva del contexto histórico, o ambos. ¿Se trataba de un final feliz? No tan rápido. Ingreso al dictador turco, Recep Tayyip Erdogan , quien decidió interrumpir el guión de Stoltenberg. No todos los miembros de la OTAN estaban de acuerdo con la oferta de Finlandia y Suecia de unirse a la alianza. Dado que la OTAN es una organización impulsada por el consenso, todo lo que se necesita para arruinar este momento hecho para la televisión fue un miembro descontento. Ese miembro era Turquía. “Como todos los aliados de la OTAN aceptan la importancia crítica de Turquía para la alianza”, escribió Erdogan en un ensayo invitado que escribió para The Economist el 30 de mayo, “Es lamentable que algunos miembros no aprecien completamente ciertas amenazas a nuestro país. Turquía sostiene que la admisión de Suecia y Finlandia entraña riesgos para su propia seguridad y el futuro de la organización. Tenemos todo el derecho a esperar que esos países, que esperarán que el segundo ejército más grande de la OTAN salga en su defensa en virtud del artículo 5, impidan las actividades de reclutamiento, recaudación de fondos y propaganda del PKK [el Partido Popular Kurdo]”, catalogado por el régimen de Ankara como una entidad terrorista. Erdogan pidió la extradición de Suecia de los miembros de aquellas organizaciones terroristas como condición previa para que Turquía considere su solicitud de ingreso en la OTAN. Erdogan también exigió que tanto Suecia como Finlandia pongan fin a sus respectivos embargos de armas contra Turquía, impuestos en el 2019 en respuesta a la incursión de Turquía en el norte de Siria que apuntó a grupos kurdos afiliados al PKK. “Turquía enfatiza que todas las formas de embargos de armas, como el que Suecia ha impuesto a mi país, son incompatibles con el espíritu de asociación militar bajo el paraguas de la OTAN. Tales restricciones no solo socavan nuestra seguridad nacional, sino que también dañan la propia identidad de la OTAN” advirtió el sátrapa turco. Tal como están las cosas, ni Finlandia ni Suecia parecen preparados para acceder a las demandas de Erdogan. A pesar de las reuniones de alto nivel entre las delegaciones de Finlandia y Suecia con funcionarios turcos, parece que no se han logrado avances. Según Fahrettin Altun, asesor de Erdogan, ni Finlandia ni Suecia han puesto nada discernible sobre la mesa. Turquía, dijo Altun a un periódico sueco , necesita algo más que palabras. “No está bien que Finlandia y Suecia pierdan el tiempo de la OTAN en este momento crítico”, declaró Altun. Para complicar aún más las cosas, Turquía parece estar a punto de lanzar una importante operación militar en el norte de Siria dirigida específicamente al grupo kurdo, las Unidades de Protección del Pueblo, o YPG , que Erdogan acusa tanto a Finlandia como a Suecia de apoyar. Una incursión similar en el 2019 desencadenó el embargo de armas contra Turquía que ahora Erdogan exige que se levante. Y el alboroto que se puede anticipar de los grupos de derechos humanos si Turquía sigue adelante con su amenaza de invadir el norte de Siria no solo hará que sea prácticamente imposible que Suecia o Finlandia le den a Erdogan las concesiones que exige, sino que también ejercerá más presión sobre Turquía, asi como sus relaciones con otros miembros de la OTAN, como Estados Unidos, Francia y Gran Bretaña, quienes consideran que la presencia de Turquía en el norte de Siria complica sus operaciones en curso dentro de Siria. El hecho de que Estados Unidos, Francia y el Reino Unido se hayan aliado con las YPG en este esfuerzo solo enturbia las aguas. Como sabéis, Stoltenberg convocará la cumbre anual de la OTAN en Madrid este 29 de junio. La OTAN tiene mucho en juego, y encabeza la lista tratando de elaborar una respuesta viable al operativo militar especial ruso en Ucrania. Stoltenberg tenía la esperanza de poder utilizar las solicitudes de Finlandia y Suecia como base a partir de la cual podría proyectar una atmósfera de fortaleza y optimismo en torno a la cual la OTAN podría trazar un camino a seguir, el de declarar la guerra a Rusia. En cambio, el secretario general de la OTAN presidirá una organización en guerra consigo misma, insegura de su futuro e incapaz de dar una respuesta cohesiva a los problemas con Moscú que se originaron a partir de las mismas políticas de expansión que Stoltenberg estaba tratando de continuar a través de la ahora fallida membresía de Finlandia y Suecia, los cuales tendrán que esperar, quien sabe hasta cuando :)

SONY XPERIA 1 IV: Superando lo imposible

Sony está de vuelta. La compañía nipona acaba de presentar en sociedad su nuevo buque insignia, el Sony Xperia 1 IV, un dispositivo de gama alta premium que lo apuesta todo al contenido multimedia. ¿Su propuesta? Además de un motor potente, una cámara que apunta maneras en todos los aspectos y un apartado sonoro destacable. El Sony Xperia IV mantiene el diseño del modelo anterior, el Sony Xperia 1 III. De hecho, tiene el mismo tamaño y la diferencia principal, por no decir la única, es que este modelo pesa un gramo más. No obstante, desde Sony afirman que ahora es más cómodo en mano y que está protegido por Gorilla Glass Victus tanto por delante como por detrás. Entre los aspectos a destacar, el dispositivo incorpora un botón para activar el obturador de la cámara, jack de auriculares y altavoces estéreo. En la parte trasera encontramos un módulo vertical con los tres sensores principales, así como el flash LED colocado sobre el mismo. Sin novedades en este aspecto. En lo que a la pantalla se refiere, Sony ha vuelto a apostar por el formato 21:9, por lo que estamos hablando de un móvil bastante alargado. No hay notch ni perforación en el panel, sino que el dispositivo tiene dos pequeños marcos tanto arriba como abajo que, al menos en las fotos, dan ese look simétrico que cada vez se ve menos. La pantalla consta de un panel OLED de 6,5 pulgadas con resolución 4K, 120 Hz de tasa de refresco y 240 Hz de muestreo táctil. Según Sony, es un 50% más brillante que la modelo anterior e incluye HDR en tiempo real, que mejora la visibilidad de las zonas brillantes y oscuras incluso en entornos muy iluminados. Además, la firma ha implementado Bravia HDR gracias al motor X1 Mobile. Esta tecnología mejora el contraste, el color y la claridad incluso en contenido en streaming. El conjunto se completa con sonido en alta definición, Dolby Atmos, DTS y soporte para LDAC. Se nota que Sony tiene experiencia en el mundillo de los televisores. Bajo el capó del Sony Xperia 1 IV encontramos, como no podría ser de otra manera, lo último de Qualcomm: el Snapdragon 8 Gen 1. A su lado, 12 GB de memoria RAM y 256 GB de almacenamiento interno que, afortunadamente, podemos ampliar mediante tarjetas microSD. La batería tiene una capacidad de 5.000 mAh y carga rápida de 30W, una cifra que no llama demasiado la atención viendo las cifras de hoy en día, pero con la que Sony promete que podremos cargar el 50% en 30 minutos. También tiene carga inalámbrica, aunque su potencia no ha sido desvelada. Un apunte: el cargador y el cable ya no vienen incluidos en la caja. Pero más allá del rendimiento, la miga del Sony Xperia 1 IV está en la cámara. Si por algo destacan siempre los Sony Xperia es por sus capacidades fotográficas y, en esta ocasión, no ha sido menos. Asimismo, el Sony Xperia IV cuenta con tres lentes, a saber un angular (24 milímetros), un gran angular (16 milímetros) y un telefoto con zoom óptico real (85-125 milímetros). Todos los sensores son Exmos RS Mobile (más grandes que los de la generación anterior), unos sensores capaces de grabar en 4K a 120 FPS y de ofrecer autoenfoque de ojo y seguimiento en tiempo real en cada lente. La óptica ha sido calibrada por ZEISS, que también ha puesto su granito de arena con el recubrimiento ZEISS T*. Este, en pocas palabras, reduce los reflejos de las lentes traseras para ofrecer un contraste y color precisos. La cámara delanteras, por su parte, también tiene un sensor Exmos RS de 12 megapíxeles más grande que, entre otras cosas, permite sacar selfies en 4K HDR. En lo que a grabar vídeo se refiere, el terminal puede grabar en 4K HDR a 120 FPS con todas las lentes y dispone de Optical SteadyShot con Flawless 9 (un sistema de estabilización de imagen). También se puede conectar a una cámara Sony Alpha para actuar como un monitor externo y usar el modo Videography Pro para hacer streaming en directo desde el propio móvil. En cuanto a su coste y disponibilidad, el Sony Xperia 1 IV ya puede adquirirse en una única versión (12/256 GB) por 1.399 euros. Cebe precisar que solo estará disponible en color negro mate :)

QATAR 2022: Una carrera contra el tiempo

En cualquier otro momento, el Mundial de fútbol estaría arrancando este mes. Pero la cuestionada elección de Qatar como anfitrión de un torneo que culminara antes de la Navidad - algo impensado en otro tiempo - lo cambió todo. En efecto, cuando el sol sale antes de las 5:00 a.m. en Doha, de inmediato, toda la ciudad pareciera entrar en un horno de convección. Para la hora del almuerzo, la temperatura ha concluido su ascenso metódico por la escala, desde inusual pasando por incómoda hasta insoportable y luego, finalmente, a nociva. El viento de la bahía no sirve de alivio; en junio, incluso la brisa del verano sopla un aire caliente. Este iba a ser el verano en el que la Copa del Mundo llegaría a Qatar, una idea que parece tan absurda ahora como hace doce años, cuando el diminuto país del golfo, digamos, que “adquirió” - maletines de por medio - el derecho de organizar el mayor campeonato del fútbol. Los propios evaluadores de la FIFA habían catalogado la realización de una Copa Mundial durante el verano en el golfo como de “alto riesgo” y una sola caminata matutina confirmó ese análisis. Sin embargo, durante años, los organizadores qataríes prometieron entregar lo que habían propuesto, cualquier cosa que la FIFA solicitara: estadios nuevos, hoteles nuevos, tecnologías de aire acondicionado nuevas y una frontera nueva para el fútbol. Obviamente, a la larga, los organizadores recobraron el sentido común o al menos ese sentido que permite a los humanos diferenciar el calor de una temperatura infernal y, en el 2015, reprogramaron el torneo para el invierno. Sin embargo, la semana pasada fue un buen ejemplo de cómo habría sido celebrar el torneo en las condiciones ambientales propias del verano en Qatar. En efecto, a lo largo de ocho días, Qatar fue anfitrión de tres partidos intercontinentales de eliminatoria que determinaron a los últimos dos equipos para la Copa del Mundo de este año: Australia y Costa Rica. Como muchos de los acontecimientos destacados organizados en Doha en los últimos años, los encuentros fueron una oportunidad para que Qatar sometiera a prueba sus instalaciones, su infraestructura y su tolerancia ante la diversidad de los visitantes. Pero ¿Cómo se vio esa mirada al futuro de esa semana? Tranquilizadora e incompleta al mismo tiempo, dependiendo de la perspectiva que uno tenga. A cinco meses del partido inaugural de la Copa del Mundo, Qatar parece haber cumplido en tiempo y forma con las cosas importantes. Siete de los ocho estadios construidos o renovados para la Copa del Mundo que cuentan con aire acondicionado han sido sede de partidos; mientras que el más grande (y último) tendrá sus primeros eventos de prueba en los próximos meses. A todos excepto uno se pueden llegar a través de las tres nuevas y deslumbrantes líneas de metro que corren debajo, y a lo largo, de la capital y las obras continúan todos los días en las torres de oficinas, los conjuntos de apartamentos, los caminos y las aceras. No obstante, a pesar de todo pareciera estar listo, lo cual es engañoso, ya que ver a Qatar este verano, tan cerca de su gran momento, es ver un lugar que es una obra en proceso y no una visión completada. Si bien en los últimos partidos de eliminatoria celebrados la semana pasada en Doha, pudo verse a un ejército estridente de más de 10.000 espectadores, pero cada mañana era posible caminar cuadras largas de la ciudad sin ver un alma. Muchos residentes y visitantes solo salieron en la tarde para beber café, pasear por los parques y áreas verdes, así como deambular por Souk Waqif, el mercado reconstruido de la capital, para llenar sus mesas y desaparecer en su laberinto de puestos y tiendas. Sin embargo, incluso cuando los residentes, las familias qataríes y los trabajadores sudasiáticos, sacaban sus celulares para tomar fotografías y grabar videos de esos fanáticos disfrutando de este lugar que es probable que nunca pensaron que visitarían, uno no podía evitar sentir que aún nadie sabe qué es lo que ocurrirá en noviembre. Los organizadores esperan que, en total, más de un millón de fanáticos ingresarán a Qatar durante el Mundial, todos llenando los mismos espacios, compitiendo por los mismos hoteles y mesas de café, ondeando sus banderas y cargando sus propias esperanzas). Pero aun persisten las preguntas sobre dónde dormirán, comerán, comprarán y beberán todos esos visitantes. Los cruceros y las tiendas de campaña podrían ayudar con el primer problema, que sigue siendo la pregunta sin respuesta más grande para los aficionados y los organizadores. La decisión de Qatar de exigir a los asistentes a la Copa del Mundo que tengan prueba de compra de un boleto para ingresar al país o reservar una habitación de hotel podría ayudar a mantener bajas las cifras. Los sauditas y los emiratíes que aman el fútbol podrían cruzar la frontera en grandes cantidades y aumentar los números. Sin embargo, el torneo es cuatro días más corto que las ediciones previas en Brasil y Rusia por lo que, si se vuelve un caos, al menos será uno más breve. Todavía quedan algunos meses para ajustar los detalles finales, para encontrar una habitación, así como para rentar los autobuses y los barcos; para que Qatar produzca el Mundial impresionante y bien organizado que prometió y para demostrar la capacidad de todo su nuevo y deslumbrante poderío. ¿El calor? Eso está tan abajo en la lista de preocupaciones de Qatar que los funcionarios y los ingenieros ahora lo ignoran con tan solo mover la mano. Cualquiera que haya estado en el golfo en el invierno te puede decir que sabe que para ese entonces el mercurio de los termómetros desciende hasta debajo de los 27 grados Celsius y es más fresco por la noche. ¿Podría eso bajar la temperatura, de manera literal y figurada, en las zonas de fanáticos y en todos lados? Tal vez. En los días de los partidos, no será necesario. Los sistemas de aire acondicionado del estadio funcionaron como se prometió toda la semana; el lunes, durante la victoria en serie de penaltis de Australia, las salidas de ventilación incorporadas en el estadio Ahmad bin Ali de 40.000 asientos refrescaron el encuentro a unos cómodos 22 grados Celsius, a pesar de que la temperatura era superior a los 32 grados Celsius afuera del techo abierto y la estructura metálica del estadio. En unos cuantos meses, el último y más elaborado sistema construido en el impresionante estadio, de 80.000 asientos, en Lusail, que albergará diez partidos, incluida la final, enfrentará sus últimas pruebas. Esta semana, el ingeniero que lo diseñó prometió que funcionaría. Mientras sonreía, dijo que él mismo había hecho los cálculos. Falta saber aun si cumplirá su palabra :)
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