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miércoles, 18 de enero de 2017

CHINA: Una obsesión de Donald Trump

Un tema que ha estado acaparando la atención en los últimos días antes de la toma de posesión del magnate inmobiliario Donald Trump como cuadragésimo quinto Presidente de los EE.UU. a realizarse este viernes 20 de enero  es lo relativo a China, el gigante asiático cuyo paulatino ascenso en la escena internacional ha sido visto con preocupación por diversos sectores, quienes lo ven como una ‘amenaza’ para sus intereses. Donald Trump no ha sido ajeno a ello y ya desde su campaña electoral y hoy como presidente electo, ha arremetido en diversas ocasiones contra Beijing a causa tanto de Taiwán, como de las islas artificiales construidas por los chinos en el Mar Meridional, territorio disputado tanto por China como por sus vecinos, que tienen el interesado apoyo de los EE.UU. en su afán de acceder al control de ese estratégico corredor marítimo para mantener ‘vigilado’ a Beijing y evitar que este trate de invadir la isla para reunificarlo con el continente, del cual fue parte hasta 1949, cuando la derrotada camarilla del Kuomintang se refugio en Taiwán bajo la ‘protección’ estadounidense, instaurando en régimen autoritario liderado por Chang Kai Shek quien se autoproclamó como el ‘autentico’ representante del pueblo chino, fracasando en su intento, porque el gobierno comunista de Mao Tse Tung fue reconocido como tal y la isla ‘renegada’ quedo envuelta en el ostracismo. Desde entonces, la inmensa mayoría de países del mundo tienen relaciones con Beijing y no reconocen a Taipei, la cual además fue expulsada de los organismos internacionales y su asiento en el Consejo Permanente de la ONU fue ocupado por China. Con el viaje de Richard Nixon a Beijing en 1972 (en un intento por separarla de la órbita de Moscú) Washington estableció relaciones con ese país comunista y desde entonces se alineo al principio de ‘Una sola China’ lo cual fue seguido escrupulosamente por sus sucesores en la Casa Blanca para disgusto de Taiwán. Sin embargo, todo ello parece que va a llegar a su fin por el anuncio de Donald Trump de ‘revisar’ dicho tratado. En efecto, en una entrevista con la cadena Fox News, el presidente electo dijo no saber por qué EE.UU. tenía que esta confinado a la política de una sola China, a no ser que se pueda conseguir un pacto con China en otros asuntos, como el comercio. “Me niego por ello a aceptar que China me diga lo que puedo o no puedo hacer” indicó, acusando además a Beijing de “aplicar impuestos a las importaciones de EE.UU. , construir fortalezas masivas en el Mar Meridional de China, amenazar la integridad de Taiwán y no colaborar para frenar la carrera armamentística de Corea del Norte”, manteniéndose aferrado a unas directrices que parecen colocarle en un camino de colisión directa con la nación asiática en vísperas de una crisis bilateral de alcance impredecible. Una posición que como es obvio, ha sido firmemente rechazada por China, que considera ‘no negociable’ el principio de ‘Una sola China’ y ve como ‘una amenaza de guerra’ que Trump pretenda desconocerlo. Para Geng Shuang, portavoz del Ministerio de Exteriores de la República Popular China (RPC), si EE.UU. abandona la idea de "Una sola China" acabará con la base de las relaciones sino-estadounidenses, dando a entender que podría llegar incluso a una ruptura de las relaciones diplomáticas bilaterales. "La cuestión de Taiwán afecta a la soberanía y la integridad territorial de China. Está ligada a los intereses fundamentales de China. Pedimos urgentemente al nuevo líder de EEUU que comprenda lo serio que es este asunto", ha añadido el funcionario. Las palabras del próximo mandatario de EE.UU. han suscitado una respuesta todavía más virulenta en el diario chino Global Times que, aunque no representa la posición oficial del Partido Comunista de China, suele recoger la postura de los sectores más conservadores de esta formación. El matutino ha precisado que, si Trump modifica el actual statu quo, Pekín no tendría ninguna razón para priorizar la paz por encima de la fuerza para recuperar Taiwán. Exhibiendo su estilo más belicoso, el periódico sugirió que en dicho caso, Pekín debería suministrar armas a los adversarios de Washington. "La política de una sola China no es algo sobre lo que se pueda negociar. Parece que Trump sólo entiende de negocios. Piensa que a todo se le puede poner un precio", ha escrito el Global Times en su editorial. Como sabéis, las relaciones entre Pekín y Washington se basan en la declaración de Shanghai de 1972 que marcó la reactivación de los contactos entre ambos estados gracias a la visita de Richard Nixon a ese país. Dicho texto indicaba que Washington asumía que "sólo hay un gobierno legal de China" y reconocía la posición de Pekín de que sólo hay una China y Taiwán es parte de China, un enunciado inamovible para Beijing. Todo este problema se agudizó el pasado 2 de noviembre cuando el por entonces candidato republicano conversó telefónicamente con la presidenta de Taiwán, Tsai Ing-wen, lo cual generó el inmediato rechazo del gobierno chino, que en un enérgico comunicado ‘advirtió’ a Trump de las ‘graves’ consecuencias que ello puede acarrear en las relaciones entre los dos países. Aunque EE.UU. es uno de los principales aliados de Taiwán y está obligado a defenderlo militarmente si es atacado, tras establecer relaciones diplomáticas con China continental en 1979, ningún presidente estadounidense había hablado directamente con su ‘homólogo’ taiwanés - al menos de forma oficial - para no irritar al régimen de Beijing, que reclama su soberanía sobre esta isla. Pero esta conversación no ha sido fortuita, ya que fue meticulosamente preparada por el lobby pro- taiwanes del equipo de Trump. Según la agencia taiwanesa CNA, la llamada había sido pactada, en una decisión en la que fue determinante la intervención de Edwin Feulner, ex presidente del think tank Fundación Heritage, uno de los referentes ideológicos de la derecha más conservadora de EEUU. Miembro del equipo de Trump desde el pasado mes de agosto, Feulner se reunió con Tsai en octubre y siempre ha sido considerado como un "viejo amigo de Taiwan", una expresión utilizada por la oficina de la dirigente local al informar sobre aquel encuentro. Es mas, ese mismo grupo de asesores aboga por abandonar la política conciliatoria mostrada hacia Beijing y ‘acercarse’ una vez más a Taipei, al considerar a China como una ‘amenaza’ a los intereses estadounidenses en la región. Este cambio de posición traería imprevisibles consecuencias como lo han destacado muchos analistas. Así por ejemplo, el experto en China de la Universidad Internacional Cristiana de Japón Stephen Nagy, advirtió que constituye un enorme riesgo no ser conscientes de "lo mucho que China está dispuesta a sacrificar" para defender líneas rojas como Taiwán, como demostró en la guerra de Corea, donde perdió cientos de miles de soldados. Para el senador norteamericano Christopher Murphy lo acaecido es un "cambio mayor en la política exterior sin plan alguno. Así es como empiezan las guerras" expresó. A su turno, el especialista en asuntos internacionales de la televisión china CCTV, Victor Gao, aseguró que lo acaecido "rompe todos los entendimientos" entre ambos países en esa cuestión y añadió: "esperemos que cuando Trump asuma el peso de la presidencia se tranquilice y no contribuya a inflamar la situación en esta región. El principio de 'una sola China' es una línea roja que China está dispuesta a defender a cualquier coste" aseveró. El agudo problema con China no se limita a Taiwán, sino debemos agregar a ello la disputa originada con Beijing por la construcción de unas islas artificiales en el Mar Meridional, lo cual es rechazado por los EE.UU. que lo considera arbitrariamente como una zona de transito ‘internacional’ y es por ese motivo que ante las amenazas del designado Secretario de Estado Rex Tillerson de bloquear el paso de los buques chinos hacia las islas “para frenar sus ambiciones expansionistas” el gobierno de Beijing respondió que Washington vaya preparándose para una conflagración militar. En ese sentido, el deseo expresado por Tillerson también ha sido objeto de duras críticas por parte de varios analistas quienes ven en ello un innecesario agravamiento de la crisis. Para Carlyle Thayer, profesor de la Academia de las Fuerzas de Defensa de Australia, "hacer lo que dice Tillerson supondría un compromiso al mismo nivel que la crisis de los misiles de Cuba". De la misma opinión, Malcom Davis, del Instituto Australiano de Política Estratégica en declaraciones a Bloomberg, afirmó "este es el tipo de declaración fuera de lugar similar a los tuits que añaden combustible al fuego y que empeoran las cosas. A no ser que inicien una guerra con China, EE.UU. no puede hacer nada". Los expertos militares han incidido en la lenta pero inexorable acumulación de fuerzas que se está observando en esa zona, donde EE.UU. acaba de enviar al portaaviones Carl Wilson, que se uniría a otros dos desplegados en la misma zona y que sumarían más de un centenar de aviones de combate. Por todo ello, la aproximación del relevo presidencial en EE.UU. y las intenciones demostradas por Donald Trump está aumentando la inquietud del liderazgo chino, que se está traduciendo en repetidas exhibiciones de sus capacidades militares, aunque Beijing mantiene que todas estas maniobras son de rutina. La aproximación del grupo naval chino comandado por el portaaviones Liaoning a las inmediaciones de Taiwán generó un nuevo sobresalto en la isla, cuyo ejército movilizó aviones de combate F-16 y IDF, aeroplanos de vigilancia antisubmarina y una fragata. Eso ocurría a poco más de 48 horas de que la aviación surcoreana y la japonesa tuvieran que responder de la misma manera ante la proximidad de una patrulla de ocho aeroplanos chinos con seis bombarderos H-6, capaces de transportar bombas nucleares. Cabe destacar que cualquiera que sea la intención final de Trump, lo cierto es que sus repetidos entredichos con China se han traducido en una escalada de tensión regional, el cual si al final termina ocasionando un conflicto militar, afectara en primer lugar a sus principales aliados en la región: Taiwán, Corea del Sur y Japón, que se encuentran al alcance de los misiles nucleares chinos. Asimismo, habría llegado el momento de saldar cuentas pendientes con los japoneses y esta vez el final será muy distinto. Los chinos serán pacientes, pero no olvidan. Hace mal el señor Trump creer que extendiendo la mano a Rusia, va a tener carta libre para poder hacer lo que quiera con China o Irán. Moscú estará con ellos como lo está con Siria. Si guerra quiere, claro que la tendrá :)

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