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miércoles, 28 de marzo de 2018

EE.UU.: Los perros de la guerra

La locura militarista domina Washington con la llegada de un psicópata asesino como John Bolton, militante de extrema derecha que actúo a la sombra de Dick Cheney (aquel oscuro y mediocre subsecretario de Estado de la Administración Bush padre). Adalid de la invasión a Irak y obsesionado con la destrucción completa de Irán y Corea del Norte, así como de la creación de un estado terrorista ‘kurdo’ con partes de Siria e Irak que estarían bajo control directo israelí, acaba de ser nombrado por la Administración de Donald Trump como nuevo asesor de Seguridad Nacional. Partidario de la disolución de la ONU y del desmantelamiento de los tratados internacionales de desarme, alienta la idea de que los EE.UU. lleven a cabo guerras ‘preventivas’ para dominar a países considerados como potenciales enemigos y ‘con quienes solo cabe el uso de la fuerza’. Este demente de 69 años - quien acostumbraba tener una granada de mano en su despacho del Departamento de Estado listo para ser utilizado - conocido por su forma directa de hablar y sus continuos arrebatos de cólera, fue embajador del Criminal de Guerra George W. Bush ante la ONU durante poco más de un año, entre agosto del 2005 y diciembre del 2006. Tuvo que dimitir cuando los demócratas vencieron en las elecciones legislativas del año anterior y lograron la fuerza suficiente en el Senado para no renovar su mandato. Antes había servido cuatro años en el Departamento de Estado -como subsecretario para el Control de Armas y Seguridad Internacional- rodeado por su polémico estilo autoritario y por unas graves acusaciones, las de presionar a los especialistas de inteligencia para lograr datos que justificaran sus alegatos de halcón. Incluso algunos republicanos moderados lo vieron con repugnancia y le dieron la espalda en el Congreso. Precisamente cuando Estados Unidos esta negociando el inicio de unas negociaciones inéditas con el régimen comunista norcoreano, Donald Trump - fiel a su ‘estilo’ - ha elegido a este impresentable sujeto, una decisión paradójica que solo se entiende en el espíritu de contradicción que envuelve a su Gobierno. El sustituto de H. R. McMaster fue un firme defensor de la invasión de Irak: “Creemos con confianza que Saddam Hussein ha escondido armas de destrucción masiva”, dijo este despreciable criminal en el 2002 y las múltiples evidencias posteriores que demuestran que EE. UU. había mentido descaradamente para invadir y destruir ese país, no le hizo cambiar de opinión, ya que en el 2015 seguía diciendo que la intervención para derrocar a Hussein “había valido la pena”, en referencia a las inmensas reservas energéticas de gas y petróleo que cayeron en manos de las petroleras estadounidenses desde entonces y cuyos accionistas precisamente fueron quienes ordenaron la invasión de Irak en base a mentiras. Doctorado en Derecho por Yale, Bolton ya había sido considerado para el puesto de consejero de Seguridad Nacional en la fase embrionaria de la Administración Trump, cuando el magnate neoyorquino barruntaba los nombres para su equipo desde su oficina de la Quinta Avenida de Nueva York, cuando acababa de ser elegido presidente. También se barajó su nombre como posible secretario de Estado, pero el mandatario electo optó por un perfil más moderado (el también caído en desgracia Rex Tillerson). Sin embargo, durante meses, Bolton estuvo asesorando al nuevo Gobierno de forma informal, aunque el pasado agosto se quejó públicamente de que había perdido el acceso directo a Trump debido a “cambios de personal”, poco después de que el general John Kelly se convirtiera en jefe de Gabinete y empezase a controlar más la agenda presidencial. Así, optó por publicar un artículo en el que defendía lo que le quería decir a Trump ‘en persona’, que dejar el pacto nuclear con Irán debería ser “la principal prioridad diplomática” de Washington. El episodio habla de la paranoica personalidad de Bolton, quien no entiende de razones y que la guerra es la única ‘solución’ para todos los problemas “La diplomacia es una pérdida de tiempo” y al contrario del reputado teórico de la guerra prusiano Carl Von Clausewitz, afirma: “La guerra no es la continuación de la política por otros medios; la guerra es la primera respuesta”, dando a entender que hará todo lo posible para hacer fracasar las anunciadas conversaciones con Pyongyang, ya que la única ‘salida’ al problema norcoreano es el militar. El mismo Kim Jong-Un no ha dudado en calificarlo por ello de ‘escoria humana’. Como sabéis, Trump debe decidir en mayo si renueva el acuerdo con Irán y, probablemente antes, se sabrá si se celebra esa histórica reunión con el dictador norcoreano, Kim Jong-un. En un artículo publicado en The Wall Street Journal este mismo mes Bolton reafirmaba su conocida postura al respecto: "Es perfectamente legítimo que Estados Unidos ataque primero para responder al riesgo que suponen las armas nucleares de Corea del Norte". Sobre Irán ha dicho que “una acción militar de Israel puede ser la única manera de parar su programa nuclear y debemos estar de su lado” aseveró. Bolton siempre ha mantenido un discurso duro sobre ambos países y lideró las negociaciones para que la Administración de Bush hijo pudiera retirarse del Tratado de Antimisiles Balísticos, que Nixon impulsó en 1972, para poder desarrollar, libre de ataduras, un escudo antimisiles. También ha escrito libros con títulos muy descriptivos de su ideario, como ‘Rendirse no es una opción: defender América en la ONU’ o ‘Cómo Barack Hussein Obama está poniendo en peligro nuestra soberanía nacional’ y en los últimos años, se ha prodigado como `analista’ de Fox News y del think tank conservador American Enterprise Institute (AEI). Una de sus primeras ideas que desea poner en practica cuando asuma el cargo el 9 de abril “es la partición de Siria e Irak” Ya en noviembre del 2015, John Bolton publicaba un artículo de opinión en The New York Times en el cual exigía crear un estado títere en los territorios ‘liberados’ por ISIS del dominio de Damasco y Bagdad. Según Bolton, la situación creada en Siria e Irak ese año por acción de aquellos mercenarios creados y financiados por los EE.UU., Arabia Saudita y las petromonarquias del Golfo Pérsico, debía dar paso al cambio de mapas en la región, creando un ‘protectorado’ kurdo bajo control israelí para contrarrestar la influencia de Teherán, así como servir de base para atacar a Irán bajo cualquier pretexto y apoderarse del país para saquear sus riquezas, tal como lo hicieron en Irak. Bolton venía a decir que ISIS ‘había creado una nueva realidad a partir de la revuelta sunnita (así la definía) contra los gobiernos de Siria e Irak, aunque se guardaba mucho de reconocer la enorme responsabilidad estadounidense al crear a ese grupo terrorista para ‘justificar’ su intervencionismo en la región. Pero ante su fracaso para lograrlo - debido a la resistencia mostrada por Damasco y Bagdad, que habían pasado a la ofensiva - había que contar con una sola fuerza uniendo a los diversos grupos terroristas por ellos financiados (como ISIS, Al Qaeda y Al Nusra) bajo un mando único. Según Bolton, este ‘enclave’ no sería Suiza pero limitarían la influencia de Irán en la región, lo “que convendría a Israel y los países árabes amigos” quienes serian los únicos beneficiados. Es por ello que ideas como una coalición americano-rusa contra ISIS son indeseables y simplistas. “La intención de restaurar las antiguas fronteras es un objetivo fundamentalmente contrario a los intereses de americanos, israelíes y de los estados árabes amigos”, decía en ese momento. Sin embargo, la inesperada entrada de Rusia en la guerra en apoyo de Siria fue un duro golpe para sus planes, ya que con sus quirúrgicos bombardeos, pulverizó bajo toneladas de bombas el ilusorio califato de ISIS, que hoy es una sombra de lo que era y esta virtualmente extinta. Con la llegada de Bolton a la administración Trump, de seguro tratara de poner en practica alguna de sus ideas, pero no contó que dichos territorios se encuentran también bajo fuego de sus ‘aliados’ turcos quienes son acérrimos enemigos de los kurdos y que jamás permitirán la creación de semejante enclave sionista en sus fronteras. Con el resto de Siria casi liberada, ha llegado el momento para que Damasco y sus aliados rusos se encarguen de los criminales que aun quedan y reunifiquen el país, tras siete años de un sangriento conflicto creado por los EE.UU. Furibundo proisraelí -como el propio Trump-, Bolton tratará de seguir armando a los grupos terroristas para que su oposición al régimen de Damasco no decaiga, aun a costa de seguir ocasionando un baño de sangre en la región, algo que a el no le interesa en lo absoluto. No nos sorprende por ello que la bestia sionista haya aprobado su designación. Menuda banda la que ha reunido Trump alrededor suyo: Mike Pompeo... Jim ‘perro loco’ Mattis y ahora John Bolton, especímenes dignos de estar encerrados en un manicomio ¿no lo creen ustedes? :)
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