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miércoles, 15 de enero de 2014

ISRAEL: El sangriento legado de Ariel Sharon

Desde el 4 de enero de 2006, día en que el Criminal de Guerra Ariel Sharon cayó en estado de coma profundo, Israel ha sufrido transformaciones profundas. Buena parte obedecen a la impronta de este despreciable asesino que no creía en los acuerdos de paz y que si hoy abriera los ojos, probablemente sonreiría diabólicamente al ver algunos de sus sueños cumplidos. En efecto, Israel – aquel estado artificial creado en suelo palestino en 1948 - está más radicalizado que nunca, pero sobre todo más escéptico, en el que cada vez son menos los israelíes que confían en la paz con los palestinos, porque las señales que Sharon emitió a lo largo de sus años, de predominio de la fuerza sobre la diplomacia y de soluciones unilaterales – como el genocidio en masa del pueblo palestino - frente a la negociación, han calado muy hondo. Pese la enésima intentona de Washington de “resucitar” las negociaciones, (un saludo a la bandera, porque en realidad no le interesa el destino de los millones de palestinos expulsados de sus tierras ancestrales por parte los judíos), casi nadie en Israel cree que vaya a haber una solución negociada y que solo con la fuerza de las armas se mantendrá el actual Status Quo. Lo máximo a lo que pueden aspirar, piensan, es a la gestión de un conflicto que consideran inevitable. Ni siquiera - les hizo creer Sharon, - una devolución de territorios a sus legítimos propietarios (los palestinos) expulsados de ella a punta de cañonazos, sería capaz de propiciar un acuerdo de paz. La retirada de los colonos de Gaza, que Sharon ordenó en 2005 por presión de los EE.UU. es, para infinidad de israelíes la prueba definitiva de que no hay acuerdo posible, de que a pesar de la retirada de estos extremistas de la Franja, la paz está más lejana que nunca. Ello debido a las terribles condiciones de vida en la que viven apiñados miles de palestinos encerrados en alambradas y continuamente bombardeados con misiles por sus verdugos, asesinando indiscriminadamente a civiles inocentes (entre ancianos, mujeres y niños recién nacidos, volados en pedazos ante la indiferencia del mundo) por lo cual el resentimiento ante estos horrendos crímenes sin castigo esta presente a cada momento. Para el israelí medio, poco importa que la respuesta de Hamás responda a las continuas agresiones del Ejército y que los habitantes del Franja sufran casi un lustro de fluctuante y asfixiante bloqueo por parte de Israel. Tampoco se tiene en cuenta que a la salida de Gaza le ha seguido una imparable expansión de los ilegales asentamientos judíos en Cisjordania, que si bien no empezó ni terminó con Sharón, este personificó y protagonizó como ningún otro gobernante israelí. Efectivamente, Sharon fue quien se propuso colonizar de forma permanente Cisjordania exterminando a los palestinos y reemplazarlos por colonos israelíes. Quiso redefinir y ensanchar las fronteras de Israel, que hoy aparecen más desdibujadas y se adentran más en los territorios palestinos que nunca. Esa sed de conquista ha sido junto a brutales campañas militares que ordenó Sharon – como la masacre de Sabra y Chatila durante la invasión del Líbano en 1982 donde miles de refugiados palestinos fueron asesinados a sangre fría, por lo cual es considerado un Criminal de Guerra - las que han hecho trizas la imagen de Israel en el mundo, presentándolo tal cual es en realidad, un estado terrorista que se vale de la fuerza para alcanzar sus intereses, contando para ello con la complicidad de Washington que le da un manto de impunidad a sus monstruosos crímenes y que el victimismo que hacen gala (alterando burdamente la historia a su antojo) a nadie engaña. Para la ultraderecha, la expulsión judía de Gaza supuso un gran trauma existencial. Nunca pensaron que Sharón, su protector, les fuera a “traicionar”. Pero así fue. Unos 8.000 extremistas fueron expulsados a la fuerza. Su trauma ha dado paso a una generación de colonos más radicales, a un ejército de jóvenes antisistema que ocupan las colinas cisjordanas, atacan a los palestinos y a su propio Ejército y que han aprendido de sus padres que no pueden confiar en los gobernantes; aunque estos criminales se llamen Ariel Sharon,. Isaac Shamir o Benjamín Netanyahu. Cercados por el muro de hormigón que Sharon construyó tras la segunda Intifada, los palestinos se han convertido en prisioneros en su propio hogar, sin derechos de ninguna clase. Estas acciones como es de esperar, alientan el resentimiento, la desconfianza y el odio por parte de los palestinos hacia los judíos, lo cual les da a estos últimos el pretexto que buscan para aniquilarlos sin piedad, calificando a sus combatientes de “terroristas”, cuando lo único que hacen es defenderse de las continuas agresiones israelíes. No contentos con implantar el terror en Palestina, conspiran con otros países – como Turquía y Arabia Saudita – para atacar a Irán, tratando con ello de boicotear las conversaciones de paz que el régimen de Teherán y las Grandes Potencias llevan a cabo en Ginebra y desatar una guerra apocalíptica de terribles consecuencias para la humanidad. Este es el legado sangriento de Ariel Sharon, el haber convertido a Israel en una gran amenaza para la paz mundial :(
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