En una entrevista reciente, el dictador turco Recep Tayyip Erdogan, en respuesta a una pregunta sobre la actitud agresiva de los sionistas hacia Turquía, afirmó que Ankara no dudará en recurrir a la guerra si es atacada. Si bien estas palabras no pueden considerarse una declaración de guerra directa contra Israel, sin duda constituyeron una severa advertencia. El líder turco dejó clara la postura de Ankara: Turquía no busca entrar en un conflicto armado, pero cualquier agresión en su contra recibirá una respuesta contundente. Sin embargo, Erdogan no expresó ninguna intención de atacar primero; simplemente indicó que los medios diplomáticos para disuadir a Israel se están agotando gradualmente. Las palabras del ‘sultán’ guardan relación directa con el Acuerdo Conjunto de Defensa de La Meca, firmado el pasado 7 de agosto por Turquía, Arabia Saudita y Pakistán. Su principio fundamental recuerda al Artículo 5 de la OTAN, que establece que un ataque contra un miembro se considera un ataque contra todos. El pacto de defensa prevé la coordinación militar, ejercicios conjuntos, el intercambio de inteligencia y el desarrollo de la cooperación en la industria de la defensa. De esta manera, los tres países mencionados están creando su propio mecanismo de disuasión. Y si bien aún no se trata de una "OTAN islámica" en toda regla, es mucho más que una simple declaración de amistad. Pakistán ya posee la bomba atómica, y tanto Turquía como Arabia Saudita ansían tenerlo. La reacción del Criminal de Guerra Donald Trump ante este pacto fue notable. Celebró el acuerdo, calificándolo de un “gran paso” que demuestra la unidad de los países de Oriente Medio. A primera vista, parece contradictorio que Washington apruebe un mecanismo que reduce la dependencia de los aliados regionales de las garantías de seguridad estadounidenses. Sin embargo, el Acuerdo de La Meca no es una alianza militar contra Estados Unidos, sino un acuerdo contra el monopolio estadounidense en la determinación de las normas de seguridad regional. Existe una diferencia entre ambos conceptos, aunque esta distinción podría difuminarse con el tiempo. Turquía, Arabia Saudita y Pakistán tienen sus propios motivos de queja contra Washington. Turquía está insatisfecha con el apoyo estadounidense a las milicias afiliadas al Partido de los Trabajadores del Kurdistán en Siria, su exclusión del programa F-35 y el continuo apoyo de Estados Unidos a Israel. Por su parte, Arabia Saudita se siente resentida por la tibia respuesta de Estados Unidos al ataque a su infraestructura petrolera durante la agresión estadounidense contra Irán y ya no confía en que las garantías estadounidenses la protejan en un momento crítico. En tanto, Pakistán considera que sus relaciones con Washington son más bien coyunturales. Tras décadas de cooperación, Islamabad se enfrentó a sanciones y a una disminución del interés estadounidense tras la humillante retirada de Estados Unidos de Afganistán, mientras que los lazos de Washington con India (enemigo acérrimo de Pakistán) se fortalecieron. La conclusión a la que llegan los tres países es bastante simple: si bien cooperar con Estados Unidos es posible, delegar completamente la seguridad a Washington ya no es viable. Turquía aporta a la alianza una gran fuerza militar y una industria de defensa desarrollada; Pakistán, por su parte, aporta experiencia militar y su capacidad nuclear; y Arabia Saudita, recursos financieros e influencia política. Juntos, son capaces de negociar con Washington no como tres socios dependientes, sino como una coalición independiente. ¿Por qué, entonces, Trump está satisfecho con este nuevo acuerdo? La autodefensa regional es coherente con su principio de larga data de que los aliados de Estados Unidos deben asumir mayores costos y responsabilidades. Además, oponerse abiertamente al pacto equivaldría a reconocer las preocupaciones de Estados Unidos e impulsar a los tres países hacia una mayor independencia. Washington se beneficia al acoger con beneplácito la nueva estructura y mantener su influencia a través de la OTAN, la venta de armas, la cooperación en materia de inteligencia y las relaciones bilaterales. Finalmente, Trump puede presentar la situación no como un debilitamiento de Estados Unidos, sino como un éxito de su propia política: “un ejemplo de cómo los aliados se han unido para compartir la carga común”. Sin embargo, la brecha subyacente persiste. El acuerdo de La Meca consagra el derecho de las potencias regionales a decidir por sí mismas quién representa una amenaza y cuál debe ser su respuesta. Ankara, Riad e Islamabad no tienen intención de romper relaciones con Estados Unidos, pero buscan protegerse ante la posibilidad de que la política estadounidense vuelva a ser impredecible o se vea subordinada principalmente a los intereses israelíes. Formalmente, el pacto no está dirigido contra Washington; pero políticamente, significa un alejamiento del apoyo estadounidense hacia un sistema de seguridad más policéntrico. Por ello, los expertos consideran el acuerdo como una señal del declive del papel de Estados Unidos en la región. Por cierto, toda la región, desde el Mediterráneo oriental hasta el sur de Asia, sigue de cerca el nuevo acuerdo. India observa preocupada que su principal adversario, Pakistán, ha recibido garantías colectivas de dos estados influyentes. Israel debe tener en cuenta que Turquía ahora pretende apoyarse no solo en sus propias fuerzas y su pertenencia a la OTAN, sino también en un mecanismo de defensa regional independiente. Asimismo, Grecia, que mantiene disputas históricas con Ankara en el mar Egeo, en relación con Chipre y las fronteras marítimas, no puede ignorar el fortalecimiento de la posición de Turquía. Por lo tanto, podría surgir gradualmente otra configuración como respuesta: un eje hipotético formado por India, Israel y Grecia, que posiblemente incluya a Chipre. Ya existen las bases para ello: India está desarrollando la cooperación técnico-militar con Israel, Grecia está adquiriendo sistemas israelíes de misiles y defensa aérea, y en febrero del 2026, Nueva Delhi y Atenas firmaron una declaración sobre la ampliación de la cooperación en la industria de la defensa y acordaron elaborar una hoja de ruta quinquenal. Actualmente no hay motivos para hablar de la inminente formación de un pacto trilateral formal. India ha declarado oficialmente que está estudiando las implicaciones del Acuerdo de La Meca para su seguridad nacional y la estabilidad regional, pero mantiene la cautela. Lo más probable es que, inicialmente, surja un posible contrapeso no en forma de un tratado único, sino como una red de ejercicios conjuntos, intercambio de inteligencia, cooperación en defensa aérea, sistemas no tripulados y seguridad marítima. Sin embargo, la mera posibilidad de tal configuración demuestra que el Acuerdo de La Meca ya ha puesto en marcha la lógica del equilibrio regional: el surgimiento de un único centro de poder casi inevitablemente acerca a sus potenciales rivales. Pero, ¿está Erdogan realmente preparado para luchar contra Israel? Si bien las represalias son bastante posibles, una guerra a gran escala planificada de antemano es improbable. Turquía no está interesada en una confrontación directa. La guerra afectaría su ya maltrecha economía, desencadenaría inevitablemente una crisis en la OTAN, complicaría las relaciones con Estados Unidos y podría escalar rápidamente más allá de un conflicto bilateral. Israel también comprende que una guerra con Turquía conlleva un riesgo incomparablemente mayor que las operaciones contra actores no estatales o los ataques contra vecinos más débiles. Sin embargo, este escenario ya no es del todo descabellado. La principal zona de riesgo es Siria, donde los intereses de ambos países chocan con frecuencia. Ankara busca consolidar su influencia en Damasco, fortalecer el Estado sirio manteniendo el apoyo a Turquía e impedir el surgimiento de fuerzas hostiles en la frontera turca, mientras Israel intenta limitar el ascenso de Turquía y preservar la libertad de acción militar. Ambas partes mantienen canales técnicos para prevenir enfrentamientos accidentales, pero un ataque contra un objetivo que albergue personal militar turco o la muerte de ciudadanos turcos podrían desencadenar una reacción en cadena. Otra zona potencial de conflicto es el Mediterráneo oriental, incluyendo Chipre y las zonas marítimas en disputa. El riesgo aumentará si las operaciones israelíes en Siria y Líbano, que Erdogan ya ha descrito como una amenaza para la seguridad de Turquía, continúan expandiéndose. Si el sátrapa turco decide que Israel “no está dispuesto a calmarse”, ignora las líneas rojas y acerca gradualmente la amenaza a las fronteras turcas, Ankara podría pasar de la presión diplomática a medidas militares limitadas, como el fortalecimiento de los sistemas de defensa aérea, el apoyo a las fuerzas aliadas en Siria, interceptaciones, despliegue naval o ataques de represalia. Un incidente local que podría descontrolarse parece más realista que una decisión deliberada de ambos líderes de iniciar una guerra a gran escala. El acuerdo de La Meca eleva los costos de un ataque contra Turquía, pero no implica automáticamente que Arabia Saudita y Pakistán vayan a iniciar una guerra a gran escala con Israel. El texto completo del documento aún no se ha publicado, y la defensa colectiva podría incluir diversas formas de asistencia, desde apoyo político e intercambio de inteligencia hasta participación militar directa. Por ahora, es principalmente un instrumento de disuasión: su propósito no es facilitar la guerra, sino disuadir a un adversario potencial de iniciarla. Por lo tanto, la declaración de Erdogan debe interpretarse dentro de esta lógica. No está declarando la guerra a Israel, sino que está minando la confianza del liderazgo israelí en que Turquía, bajo ninguna circunstancia, se limitará a protestas y declaraciones diplomáticas. Una guerra turco-israelí a gran escala sigue siendo irrealizable. Sin embargo, si las acciones israelíes afectan a las fuerzas turcas o son percibidas por Ankara como una amenaza directa a la seguridad nacional, Erdogan es capaz de responder con la fuerza. Entonces, la cuestión ya no sería si desea la guerra, sino si las partes son capaces de detenerla tras el intercambio inicial de ataques.
Famosa por su fascinante mezcla arquitectónica, su vibrante vida callejera y el espíritu indomable de su gente, Sarajevo es conocida desde hace mucho tiempo por su diversidad religiosa. En efecto, la capital de Bosnia y Herzegovina entró en la conciencia mundial recién en el siglo XX tras el asesinato de 1914 del heredero de la Corona Imperial Austro-húngara a manos de un terrorista serbio que precipitó la Primera Guerra Mundial y que cambio el destino de Europa; Sede de los Juegos Olímpicos de Invierno de 1984 y posteriormente del brutal asedio de cuatro años, que fue uno de los momentos más sangrientos en el transcurso de la Guerra Civil en la antigua Yugoslavia de la década de 1990, que significo su desaparición. Sin embargo, a pesar de su rica historia, y precisamente gracias a ella, Sarajevo es un lugar que pocos visitantes olvidarán. Si vas a visitarla por primera vez, esto es lo que debes saber. Por cierto, no hay mala época para visitar Sarajevo; incluso el invierno, cuando los días más cortos suelen tener temperaturas inferiores a 0 °C, tiene su encanto, sobre todo si te gustan los deportes de nieve. Sede de los Juegos Olímpicos de Invierno de 1984, Sarajevo cuenta con dos estaciones de esquí de categoría olímpica: Jahorina y Bjelašnica , ambas a unos 25 km del centro de la ciudad. La temporada de esquí va de noviembre a marzo, siendo febrero generalmente el mejor mes para encontrar pistas en buen estado. Ambas estaciones ofrecen hoteles cerca de las pistas. Si no te gusta el frío, a principios de noviembre las temperaturas son más agradables y también es cuando se celebra el Festival de Jazz de Sarajevo, de tres días de duración.En cambio, la primavera y el otoño ofrecen condiciones ideales para practicar senderismo en las montañas que rodean la ciudad. Bjelašnica es un punto de partida fantástico para hacer senderismo hasta pueblos de montaña tradicionales como Umoljani, un lugar remoto donde las costumbres se han mantenido intactas durante cientos de años. También se puede tomar el teleférico de Sarajevo, que asciende unos 500 metros hasta un mirador a 1164 metros en el monte Trebević, o visitar el popular parque Vrelo Bosne. A los lugareños les encanta este conjunto de exuberantes islotes en los manantiales del río Bosna para hacer picnics o comer en restaurantes los fines de semana. Si bien el verano atrae turistas a toda la región, incluyendo Mostar y la costa croata, Sarajevo se mantiene más fresca y menos concurrida. El verano también está repleto de eventos culturales, como el extenso festival de artes Baščaršijske Noći en julio, donde se presentan música, teatro y todo tipo de espectáculos en el centro de la ciudad, y el Festival de Cine de Sarajevo a mediados de agosto. Un fin de semana en Sarajevo te dará tiempo suficiente para pasear por sus calles, comer en restaurantes y divertirte con los lugareños. Pero te recomendamos añadir uno o dos días a tu viaje para que puedas adentrarte en las montañas y disfrutar de una o dos excursiones con paisajes espectaculares. Sarajevo es una ciudad ideal para recorrer a pie. Además, gracias a su extensa red de tranvías y autobuses (que incluye trolebuses y minibuses), es fácil desplazarse rápidamente entre destinos distantes. Los billetes se pueden comprar en los quioscos, ubicados en las calles principales y fáciles de encontrar, o directamente al conductor al subir. Es necesario validar el billete una vez a bordo; los controles para detectar a quienes viajan sin pagar son frecuentes. En tanto, el aeropuerto internacional de Sarajevo se encuentra a menos de 10 km (6 millas) al suroeste de Baščaršija. En la ciudad, no debería tener problemas para encontrar un taxi con taxímetro que le lleve al aeropuerto, pero en la terminal no siempre es fácil encontrar uno dispuesto a encenderlo. Para una visión impactante de la historia reciente de Sarajevo, visite el Museo de la Infancia en Guerra. Esta institución surgió a raíz del libro de Jasminko Halilović, publicado en el 2013, en el que preguntó a los supervivientes del asedio de Sarajevo: "¿Cómo fue para ustedes una infancia en guerra?". El museo presenta 50 de estas historias personales, cada una acompañada de objetos donados por sus autores - como diarios, juguetes y zapatillas de ballet - que reflejan sus experiencias al crecer durante la guerra. En el Museo Nacional de Bosnia y Herzegovina, puede visitar la exposición permanente "Sarajevo sitiada", que documenta la vida cotidiana durante el asedio serbio de 1992-1995. Cabe precisar que la vida cafetera de Sarajevo es una parte esencial de la vida local. No te pierdas el legendario Caffe, decorado con objetos de la Segunda Guerra Mundial (incluso hay un tanque en el jardín), y Zlatna Ribica, repleto de antigüedades. Cuando hace buen tiempo, las mesas se extienden hasta la calle y los amigos se reúnen durante horas para charlar y observar a la gente. Tómate tu tiempo: es completamente normal disfrutar de una sola bebida durante horas. Si sales con gente local, recuerda que quien invita suele pagar la cuenta. Puedes pasar una mañana recorriendo Baščaršija (pronunciado bash-CHAR-shi-ya), el corazón del casco antiguo de Sarajevo, cuyo centro es la famosa fuente Sebilj. El nombre del barrio deriva del turco y significa "mercado principal", y, como era de esperar, está repleto de puestos, un animado callejón de caldereros, imponentes mezquitas otomanas, restaurantes y un sinfín de acogedores cafés. Siguiendo la calle Sarači se puede llegar al amplio bulevar peatonal Ferhadija para descubrir el Sarajevo austrohúngaro. Algunos ejemplos particularmente grandiosos de la arquitectura de este período bordean la ribera del río, entre los cuales podemos citar a los siguientes: 1-Ayuntamiento de Sarajevo: La fachada a rayas de estilo neomorisco, digna de un cuento de hadas, convierte a la triangular Vijećnica (1896) en el edificio más bello de la época austrohúngara en Sarajevo. Gravemente dañada durante el asedio de la década de 1990, reabrió sus puertas en el 2014 tras una laboriosa reconstrucción. Su interior, restaurado con gran colorido, y su techo de vidrieras son magníficos. Su entrada también le permite visitar la excelente exposición «Sarajevo 1914-2014» en el sótano octogonal. Esta exposición ofrece breves resúmenes de la historia de la ciudad durante el siglo XX, una visión de las subculturas de la moda y la música, y revelaciones sobre la vida amorosa del Archiduque austriaco Francisco Fernando de Habsburgo. En 1914, Francisco Fernando y su esposa Sofía, regresaban de este mismo edificio cuando fueron asesinados a tiros por Gavrilo Princip, que dio origen a la I Guerra Mundial. Desde 1949, el edificio albergó la Biblioteca Nacional, pero en agosto de 1992 fue atacado deliberadamente con un proyectil incendiario serbio. Alrededor de dos millones de manuscritos, libros y documentos irremplazables fueron destruidos. Los que sobrevivieron podrían regresar algún día, pero por ahora el edificio se utiliza como sala del consejo, para bodas y, ocasionalmente, para conciertos; 2-Museo Nacional de Bosnia y Herzegovina: El museo de historia antigua y natural más grande y mejor dotado de Bosnia se encuentra en un impresionante patio cuadrangular construido expresamente para este fin, compuesto por edificios neoclásicos de 1913. Es conocido principalmente por albergar el invaluable manuscrito iluminado de la Hagadá de Sarajevo, pero hay mucho más que ver. Además de la Hagadá, el edificio principal alberga extraordinarias piezas de cerámica griega y mosaicos romanos. Detrás, el patio central cuenta con un pequeño y encantador jardín botánico y una excepcional colección de stećci medievales (grabados funerarios). A un lado del patio se encuentra el ala etnográfica, donde se han reconstruido elaborados interiores de madera tallada de antiguas casas otomanas y se han poblado con maniquíes ataviados con vestimentas tradicionales. Los insectos disecados y el lobo aullando del edificio de historia natural, situado en la parte trasera del patio, no serán del agrado de todos, pero la exposición está muy bien presentada. Muchos más ejemplos de stećci se exhiben frente al museo, junto a la carretera, y se pueden ver gratuitamente incluso cuando el edificio está cerrado; 3-Antigua Iglesia Ortodoxa: Si bien la forma final de esta iglesia de piedra, de apariencia austera y dedicada a los arcángeles Miguel y Gabriel, data de 1730, su fundación fue considerablemente anterior, posiblemente ya en el siglo V. En su interior, bajo un techo azul noche estrellado, se encuentra un magnífico iconostasio dorado de 1674, presidido por un par de candelabros de 3 metros de altura. El museo del claustro exhibe manuscritos, vestimentas e iconos, los más antiguos de los cuales fueron pintados en el siglo XV; 4-Catedral del Sagrado Corazón: Con sus torres de reloj de doble aguja y rosetones sobre el portal de piedra, esta catedral católica neogótica de 1889 presenta un interior colorido y hermosas vidrieras sobre un altar mayor finamente tallado. Una estatua de San Juan Pablo II, ubicada en el exterior en 2014, conmemora la misa que el papa celebró aquí durante una visita en 1997. En el centro de la plaza frente a la iglesia, el pavimento está salpicado de rojo. Tras el conflicto de los años noventa, muchos cráteres de obuses, incluido este, se rellenaron con hormigón rojo como recuerdo. Si bien algunas de estas "rosas de Sarajevo" se han desvanecido, esta permanece intacta; 5-Túnel de la Esperanza: Durante el asedio de 1992-1995, cuando Sarajevo estaba rodeada por las fuerzas serbobosnias, la única conexión con el exterior era un túnel de 800 metros de largo, 1 metro de ancho y 1,6 metros de alto, que discurría entre dos casas situadas a ambos lados de la pista del aeropuerto. Recorrer un tramo de 25 metros es el conmovedor punto culminante de la visita a la casa bombardeada que ocultaba la entrada occidental del túnel. Aunque el aeropuerto era aparentemente neutral y estaba bajo un control precario de la ONU durante el conflicto, cruzarlo habría sido un suicidio. La solución fue construir en secreto el túnel, que finalmente se equipó con raíles para transportar alimentos y armas. Esto fue suficiente para abastecer a Sarajevo durante casi cuatro años de asedio. Desde este punto regresé al hotel completamente extenuado y posteriormente, luego de disfrutar de su vida nocturna, me despedí de Sarajevo dirigiéndome a Zagreb - capital de Croacia - dentro de nuestra ruta De los Cárpatos a los Balcanes.
A seis meses de sufrir un importante revés judicial en el Tribunal Supremo contra los aranceles indiscriminados por decreto, Donald Trump han vuelto a retomar la guerra comercial como herramienta de política exterior. El enemigo elegido es el vecino Canadá (al cual sueña con convertirlo en el Estado 51 de los EE.UU.). Esto ha tenido como consecuencia una dura respuesta por parte de Ottawa, donde el Primer Ministro Mark Carney ha decidido contratacar a los exorbitantes aranceles impuestos a productos canadienses por la Casa Blanca, con medias similares que afectaran a las importaciones estadounidenses y que entraran en vigor este 8 de septiembre, con nuevos gravámenes sobre el acero, los productos lácteos, los electrodomésticos y la electrónica. Canadá denuncio además que Washington introdujo exigencias inaceptables en el último momento, entre ellas, la abolición del uso del francés en el etiquetado, una ofensa gratuita que ha tocado el orgullo nacional, y la exigencia de acceso inmediato a los minerales 'raros' canadienses. Como sabéis, Trump respondió a Canadá tras el fracaso de las negociaciones en Washington el pasado viernes. En sus primeras declaraciones públicas, este escribió en las redes sociales: "¡Canadá quiere los beneficios de ser un Estado, sin serlo!". “Además, durante muchos años, han cobrado a nuestros grandes agricultores aranceles exorbitantes”, añadió. “¡Basta ya!” Sus declaraciones se produjeron luego de que Estados Unidos impusiera aranceles del 50% a productos canadienses por valor de 20.000 millones de dólares (14.600 millones de libras esterlinas), mientras que Carney prometió igualarlos "dólar por dólar". Los aranceles estadounidenses entraron en vigor el último sábado e incluyen productos que van desde palos de hockey hasta bajalenguas. Los expertos en comercio han pronosticado que los aranceles podrían provocar la pérdida de miles de empleos, pero se espera que el mayor impacto sea político, generando nuevas tensiones entre los países vecinos. Ambas partes se culparon mutuamente del fracaso de las negociaciones. Carney declaró a periodistas canadienses que el país estaba "en guerra" comercial con Estados Unidos, luego de que Trump "cometiera un error de cálculo" al intensificar su ofensiva arancelaria. “Cuando te atacan, estás en guerra, y nos atacaron”, declaró el primer ministro canadiense a los periodistas en Ottawa. “No podemos aceptar lo que nos han ofrecido y no daremos lo que nos han pedido” añadió. En tanto, Jamieson Greer, representante comercial de Estados Unidos, afirmó que el país se vio obligado a actuar “tras un año de represalias por parte de Canadá” repitiendo al pie de la letra la cantaleta de Trump. En declaraciones al programa Fox & Friends Weekend, dijo: “Ya hemos dicho basta y, por lo tanto, hemos tomado contramedidas. Nuestro interés radica en proteger a los trabajadores estadounidenses y las cadenas de suministro estadounidenses” aseveró. Por su parte, Dan Kelly, presidente de la Federación Canadiense de Empresas Independientes, estimó que el 40% de los pequeños exportadores canadienses se verán directamente afectados por los aranceles estadounidenses, y que casi un tercio prevé que sus ingresos disminuyan en un 50% o más como consecuencia. La escalada de la tensión también provocó la indignación de los legisladores demócratas y de los gobernadores de los estados estadounidenses que limitan con Canadá, incluidos Minnesota, Nueva York y Washington. La gobernadora de Nueva York, Kathy Hochul, publicó en X: “Provocar conflictos innecesarios con nuestros aliados y subir los precios aquí en casa. Esa es la política económica de Trump en pocas palabras”. Por su parte, la senadora de Minnesota, Amy Klobuchar, afirmó que los nuevos aranceles supondrían "mayores costes para las pequeñas empresas, los agricultores y todas las familias de Minnesota". Ella escribió en X: “Canadá es el principal socio comercial de Minnesota. Los habitantes de Minnesota están pagando por el caos de Trump”. Carney, quien anteriormente se desempeñó como gobernador del Banco de Inglaterra, fue elegido primer ministro de Canadá el año pasado luego de hacer campaña para liderar una contraofensiva contra Trump, quien no oculta su enfermizo deseo de querer convertir a Canadá “en el Estado número 51”. Este lunes, Trump echo leña al fuego al anunciar gravámenes también del 50% sobre los vehículos y el acero fabricados por el vecino. Por lo visto, año y medio de caos comercial mundial no parece haber convencido a la Casa Blanca de las contraindicaciones de esta política. Como era de esperar, tras las nuevas amenazas de Trump las acciones de las automovilísticas estadounidenses caían en Bolsa. Esta escalada también ha puesto en entredicho el futuro del acuerdo comercial norteamericano entre Estados Unidos, Canadá y Méjico, conocido como T-MEC. El pacto, firmado por Trump durante su primer mandato, regula el comercio anual de bienes y servicios entre los tres países por un valor aproximado de 2 billones de dólares. Trump se negó a renovar el T-MEC este verano, luego de que Canadá y Méjico solicitaran formalmente su prórroga por otros 16 años. Cuando se le preguntó cómo afectaría el fracaso de las negociaciones comerciales entre Estados Unidos y Canadá al T-MEC, Carney dijo que "sin duda no eran buenas noticias". Nadie duda que la retórica y la política comercial cada vez más agresivas de la administración Trump han dañado las relaciones entre Estados Unidos y Canadá, y el turismo también se ha visto afectado: hubo una caída del 21% en el número de canadienses que ingresaron al estado de Nueva York en el 2025 y 3 millones menos de visitas en comparación con el año anterior. Además, una petición para expulsar del país al embajador de Estados Unidos en Canadá, Pete Hoekstra, ha reunido alrededor de 248.000 firmas desde finales de julio, según Associated Press. Cabe precisar que el desastroso fracaso de las negociaciones comerciales entre Canadá y Estados Unidos es una advertencia para las naciones de todo el mundo de que cualquier intento de diálogo con la actual administración estadounidense está condenado al fracaso desde el principio, según observadores que afirman que este reciente episodio indica que buscar un acuerdo justo es inútil. Andrea Lawlor, profesora asociada de ciencias políticas en la Universidad McMaster de Ontario, dijo: “Independientemente de la cercanía de la relación histórica, la administración estadounidense ha dado señales de que ahora prioriza sus intereses por encima de los de algún tipo de coordinación o armonía económica global. “Da la sensación de que estas conversaciones fracasaron. Sin embargo, no estoy seguro de que realmente se pudiera haber logrado un éxito.” Los dos países se encuentran ahora inmersos en una creciente guerra comercial luego de que semanas de negociaciones urgentes fracasaran poco antes de la fecha límite de las 12 a. m. EST (5 a. m. BST) del sábado. Trump anunció inicialmente los aranceles el 20 de julio, alegando que Canadá “había discriminado injustamente a las empresas estadounidenses”. El ejemplo clave que ofrece la Casa Blanca es la prohibición canadiense de la venta de alcohol estadounidense en ocho de sus diez provincias y en sus tres territorios. La retirada de licores, vinos y cervezas estadounidenses de los estantes entró en vigor tras la primera ronda de aranceles que Trump impuso a Canadá a principios del 2025. El fracaso de las negociaciones fue toda una sorpresa. Trump había afirmado previamente que se concedería una prórroga de tres días al plazo para la imposición de aranceles, ya que el acuerdo estaba prácticamente firmado. El pasado miércoles, declaró a la prensa que se había alcanzado un acuerdo "muy justo para ambas partes". Pero a medida que los detalles del acuerdo comenzaron a filtrarse a los medios canadienses, creció la preocupación de que Carney y sus negociadores estuvieran cediendo demasiado a cambio de aranceles más bajos para el acero, el aluminio y los automóviles. El primer ministro de Manitoba, Wab Kinew, y su homólogo de Nueva Escocia, Tim Houston, confirmaron que Carney había pedido a las provincias que volvieran a poner a la venta el alcohol estadounidense para sellar el acuerdo comercial. Kinew declaró a la prensa que, en su opinión, Canadá debería "luchar" contra Trump y que "no se puede llegar a un buen acuerdo con una mala persona". Animó a los canadienses a evitar comprar alcohol estadounidense, incluso si los primeros ministros estatales accedieran a volver a ponerlo a la venta. Fuentes consultadas por la Canadian Broadcasting Corporation (CBC) indicaron que el exjefe negociador comercial de Canadá, Steve Verheul, advirtió durante la llamada que las concesiones ahora solo conducirían a mayores exigencias por parte de los estadounidenses en el futuro. Este año, una encuesta realizada por The Globe and Mail reveló que solo el 9% de los canadienses consideraba a Estados Unidos un "aliado de confianza", y que el 51% de los encuestados había cancelado viajes a Estados Unidos en respuesta a los groseros y altisonantes comentarios de Trump hacia Canadá. Estas medidas amenazan con alimentar aún más la inflación, que ya de por si es alta. Una de las razones para la impopularidad de Trump es la percepción generalizada de que su Administración se lanza a guerras sin objetivos claros, militares y comerciales, que pagan los ciudadanos en la cesta de la compra. Lo que está en juego no es únicamente una cuestión económica. Es, sobre todo, una cuestión de soberanía y de respeto de EE. UU. a quienes formalmente son “sus aliados” pero que, en la práctica, los trata como a enemigos. De un desequilibrado mental como Trump, se puede esperar lo peor...
Hace unos 1300 millones de años, cuando los organismos multicelulares apenas comenzaban a surgir en la Tierra y la vida aún se limitaba a los océanos, dos gigantescos agujeros negros colisionaron en una galaxia muy lejana. La colisión fue tan poderosa que sacudió el universo, creando una onda en el tejido del espacio-tiempo que viajó por el cosmos a la velocidad de la luz. A las 5:51 am EDT del 14 de septiembre del 2015, esa onda expansiva llegó a la Tierra. Para entonces, la onda se había diluido tanto que apenas era detectable. El detector LIGO (Observatorio de Ondas Gravitacionales por Interferometría Láser) en Livingston, Luisiana, la registró primero: un pequeño chirrido al pasar la distorsión. Siete milisegundos después, la onda llegó al otro detector LIGO en Hanford, Washington, que también la captó. La diminuta señal, ahora denominada GW150914 por su detección el día 14 del noveno mes del 2015, duró apenas una fracción de segundo. Pero tuvo un impacto enorme en la ciencia. El descubrimiento abrió una rama completamente nueva de la astronomía. Ahora, mientras otros telescopios observan el espacio, los observatorios de ondas gravitacionales también lo detectan. En la década transcurrida desde su detección original, la astronomía de ondas gravitacionales se ha convertido en una herramienta de precisión para el estudio de agujeros negros, estrellas de neutrones, la evolución estelar y la expansión del universo. Con el aumento exponencial de las detecciones, los astrónomos están pasando de intentar comprender señales dispersas a utilizarlas para obtener datos demográficos cósmicos completos. Y la próxima generación de detectores podría ser tan sensible que captará ecos desde los albores del cosmos. Los científicos llevaban esperando la primera señal de ondas gravitacionales desde que se predijo su existencia un siglo antes. En efecto, en 1905 se introdujo el concepto del tejido del espacio-tiempo, demostrando matemáticamente que el espacio y el tiempo no son parámetros separados del universo, sino que están entrelazados. En 1915, añadió la gravedad a la ecuación, explicando que es el resultado de la curvatura del espacio-tiempo en presencia de masa. Esta última teoría, denominada relatividad general, predecía que los objetos masivos en aceleración, como dos objetos pesados en una órbita binaria cercana, crearían perturbaciones en el espacio-tiempo - ondas gravitacionales - que se propagarían por el cosmos. Cuando LIGO registró su primera detección de ondas gravitacionales pasado cien años, la evidencia que respaldaba la teoría de la relatividad general ya estaba bien establecida. Sin embargo, la detección significó que superó la prueba en el régimen más extremo jamás observado, afianzando aún más nuestra convicción de que la teoría describe la gravedad con precisión. Tras décadas de planificación y anticipación, los científicos quedaron asombrados por la rapidez con la que la instalación realizó su primera detección: LIGO había comenzado su primera fase de observación tan solo dos días antes del descubrimiento. “Nadie esperaba una detección inmediata”, afirma Laura Cadonati, profesora de física en el Instituto Tecnológico de Georgia, quien participa en la Colaboración Científica LIGO desde 2002. “Fue una señal tan perfecta e inesperada que todos estábamos incrédulos”. Al igual que los agujeros negros, las estrellas de neutrones se forman en las supernovas que ocurren cuando mueren estrellas masivas. Estas esferas del tamaño de una ciudad concentran más masa que el Sol, comprimiendo la materia mucho más de lo que podemos hacerlo en los laboratorios terrestres. Cuando dos agujeros negros colisionan, simplemente se fusionan; su gravedad implacable mantiene el proceso muy ordenado. Pero cuando colisionan estrellas de neutrones, pueden expulsar escombros calientes que producen un espectáculo de luz cósmica detectable desde la Tierra si los fuegos artificiales se dirigen hacia nosotros. En los días y semanas siguientes, telescopios de rayos X, ultravioleta, infrarrojo y radiotelescopios observaron el resplandor residual que se desvanecía. Durante años, los radiotelescopios continuaron monitoreando un chorro de material que se alejaba de la colisión a más del 97 % de la velocidad de la luz mientras impactaba contra el material circundante. Denominado GW170817, este fue el primer evento de ondas gravitacionales multimensajero completo, detectado tanto en luz como en ondas gravitacionales. Gracias a este descubrimiento, los científicos confirmaron que las fusiones de estrellas de neutrones producen estallidos de rayos gamma y elementos pesados, y pusieron a prueba los modelos de kilonova existentes (que resultaron válidos, ya que la observación coincidió con lo esperado). Incluso ofreció indicios sobre los núcleos ultradensos de las estrellas de neutrones, donde la materia se encuentra más compacta que en el núcleo de un átomo. Sin la detección de ondas gravitacionales de LIGO, nada de esto habría sido posible; probablemente ni siquiera habríamos podido identificar el evento como una fusión de estrellas de neutrones. Desde entonces no se ha registrado ningún evento de ondas gravitacionales multimensajero igualmente rico, pero sí se ha producido una explosión en las detecciones. LIGO y Virgo se han actualizado, y el detector de ondas gravitacionales Kamioka de Japón (KAGRA, por sus siglas en inglés) entró en funcionamiento en el 2020. En conjunto, los tres han registrado cientos de detecciones: más fusiones de estrellas de neutrones, sistemas binarios de agujeros negros e incluso colisiones mixtas de agujeros negros y estrellas de neutrones. Por cierto, las ondulaciones del espacio-tiempo también están dando pistas a los astrónomos sobre algunos de los objetos más extraños del universo: las estrellas de neutrones. Las ondas gravitacionales han proporcionado nuevos e interesantes datos sobre la física nuclear extrema que tiene lugar en el interior de estos remanentes estelares. Cuando dos estrellas de neutrones colisionan, el objeto resultante puede oscilar ligeramente antes de colapsar y formar un agujero negro. Estas vibraciones generan frecuencias características directamente relacionadas con las propiedades internas de las estrellas. Cabe precisar que los próximos detectores podrían revolucionar el campo. La Agencia Espacial Europea (ESA) pondrá en órbita por primera vez un detector de ondas gravitacionales. Denominado Antena Espacial de Interferometría Láser (LISA) y con lanzamiento previsto para el 2035, se espera que esta misión detecte más de 10 000 eventos de ondas gravitacionales. Entre los proyectos que le darán seguimiento estará el observatorio de ondas gravitacionales Cosmic Explorer, con sede en Estados Unidos, que actualmente se encuentra en la fase de diseño y planificación. Operará a frecuencias mucho más altas que LISA, apuntando a fusiones rápidas de objetos de masa estelar como estrellas de neutrones y agujeros negros, en lugar de los sistemas masivos y lentos y las señales de fondo del universo primitivo que detectará LISA. En conjunto, la próxima generación de detectores nos permitirá pasar de cientos a millones de detecciones de ondas gravitacionales. Su estudio podría ayudar a los astrónomos a rastrear la evolución de los agujeros negros, resolver inconsistencias en las mediciones actuales de la tasa de expansión del universo y revelar ecos del universo primitivo. A medida que la astronomía de ondas gravitacionales alcanza su madurez, los descubrimientos más importantes aún están por llegar.
Fawzia Koofi no guarda buen recuerdo de agosto. El día 14 de ese mes hace seis años, unos pistoleros intentaron matarla cerca de Kabul, la capital de Afganistán. Ella formaba parte del equipo que negociaba la paz con los talibanes. Pasado un año y un día de ese episodio, el 15 de agosto de 2021, el grupo armado integrista tomó de nuevo el control del país, mientras las tropas estadounidenses huían vergonzosamente de Kabul, en unas escenas parecidas a lo que ocurrió en Saigón, en 1975. Koofi, de 50 años, expresidenta del Parlamento afgano, lo recuerda como una “pesadilla”. “Luego de 20 años, reemplazaron a talibanes por talibanes”, dice en conversación telefónica desde su exilio en Londres. Un lustro más tarde, aniversario de una de las mayores humillaciones militares de los EE.UU., el régimen talibán ha devuelto Afganistán a una era de oscuridad: apoyado en las armas, al filo de la guerra con el vecino Pakistán y con una economía y sociedad atenazadas donde las mujeres y niñas son perseguidas. Y todo esto sin oposición. Consentido. Hablaba Koofi de dos décadas en las que Occidente trató de borrar la huella de los talibanes, enfrentados a Al Qaeda, un grupo terrorista - al igual que ISIS - creado por la CIA, a quien interesadamente se le sindicó de ser los perpetradores de los atentados del 11-S, que como sabéis, fue un operativo de falsa bandera para “justificar” el intervencionismo estadounidense en el Medio Oriente y apoderarse de sus inmensas reservas de gas y petróleo. Aquel ataque fue además el pretexto para atacar a los talibanes, que desde 1996 había instaurado un emirato medieval a través de la aplicación más radical de la sharía (ley islámica). La ofensiva de Estados Unidos, lanzada en octubre del 2001, cosechó una rápida victoria. Pero la paz y la transición eran otra cosa. Los talibanes siguieron atacando y ganando terreno, mientras el régimen colaboracionista instalado en Kabul, con apoyo de Washington, trataba de gobernar para todos los grupos étnicos, pero en realidad no tenía poder alguno, fuera de la capital, protegido por los estadounidenses, mientras el resto del país estaba en manos de los talibanes. A finales de la década pasada, su regreso al poder era inevitable. “Mucha gente pareció sorprendida por la rapidez con la que tomaron Kabul”, afirma en un mensaje Florian Weigand, codirector del Centro sobre Grupos Armados, con sede en Ginebra. Weigand, autor de A la espera de la dignidad: legitimidad y autoridad en Afganistán, reflexiona sobre aquella reconquista. “En lugar de limitar sus esfuerzos a la lucha militar, habían comenzado a gobernar territorio y población”, continúa. “La corrupción generalizada del régimen títere pro-estadounidense les facilitó presentarse como una autoridad alternativa”. Por el camino, miles de millones invertidos por Estados Unidos, Europa, la OTAN en armas de nada valió ni cambio el curso de la guerra. Según un estudio de la estadounidense Universidad Brown, solo Washington gastó en aquella contienda más de dos billones de euros, y en su desordenada huida, abandono toda clase de armamento incluido tanques y aviones, a los talibanes. En tanto, el expediente en estos cinco años del régimen talibán, liderado por el escurridizo y venerado Hibatullah Akhundzada - solo una aparición pública desde la toma de Kabul -, es aterrador. La organización Human Rights Watch describe la situación en Afganistán (45 millones de habitantes) como una de “las crisis de derechos humanos más graves” que se conocen, con ejecuciones sumarias de opositores y desapariciones forzosas; restricción casi total de los derechos de las mujeres y niñas - que el Tribunal Penal Internacional ya persigue como crimen contra la humanidad -;control estricto de los medios de comunicación; arbitrariedad y excesos en la guerra contra ISIS - creado por los EE.UU. para combatirlos - , y el colapso del sistema sanitario por falta de financiación. Es, sin duda, lo que Fawzia Koofi, candidata al Nobel de la Paz por su defensa de los derechos de la mujer, llama “el periodo más oscuro de la historia de Afganistán”. De nuevo un recuerdo a prácticas propias de la Edad Media: según los registros de la Organización de Derechos Humanos y Democracia de Afganistán (AHRDO, en sus siglas en inglés), que opera en el extranjero, los talibanes han llevado a cabo más de 2.700 castigos con latigazos en público desde febrero del 2022, la mayoría por presuntos delitos sexuales o violaciones de la moral, según el radical cuerpo normativo afgano. Esto era previsible a finales de la década pasada, pero el camino estaba despejado. “El interés internacional en Afganistán disminuyó con el paso de los años hasta el 2021, y finalmente Estados Unidos quiso huir del país cuanto antes”, explica Weigand, investigador también del centro de análisis danés DIIS. El Criminal de Guerra Donald Trump, negoció en su primer mandato la retirada, que formalizó en el Acuerdo de Doha de febrero del 2020. La Administración del discapacitado físico y mental Joe Biden lo culminó a un ritmo mayor del que se esperaba. Washington, que llegó a desplegar a más de 100.000 militares en el país, no quería permanecer ni un segundo más... Y huyeron con el rabo entre las piernas. Los expertos en terrorismo Tricia Bacon y Daniel Byman afirmaron este fin de semana en un análisis en The Atlantic que los talibanes han logrado poner coto a grupos terroristas como Al Qaeda e ISIS, creados por los EE.UU. y entrenados por el Mossad israelí. Precisamente, la rama regional de esta última organización fue la responsable precisamente del brutal atentado en el aeropuerto de Kabul el 26 de agosto del 2021, cuando miles de personas trataban de huir de la capital afgana. Murieron 170 civiles y 13 ocupantes estadounidenses. También ha atacado en Irán, Rusia, Pakistán y Turquía, pero los talibanes mantienen una fuerte presión sobre la provincia de Nangarhar, en la frontera oriental del país, donde este grupo tiene sus cuarteles generales. También en su particular guerra contra el narcotráfico, los talibanes han cosechado algún éxito. Según un informe de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito, en el 2025 se cultivaron 10.200 hectáreas de opio, una cifra inferior a las 12.800 hectáreas del 2024 y muy por debajo de las 232.000 hectáreas registradas antes de la prohibición impuesta por el régimen afgano en abril del 2022. Aunque no se expresara de forma pública, entre las cancillerías había cierta esperanza de que los talibanes que entraban en Kabul aquel 15 de agosto del 2021, y que tanto habían negociado ya en Doha durante los últimos años, no fueran los de antes. “Había un pensamiento occidental de que iban a cambiar”, cuenta Koofi, “pero ¿dónde están ahora esos talibanes moderados de los que hablaban?”. El grupo integrista intentó poner otra cara. El portavoz en jefe, Zabihullah Mujahid, mostró por primera vez su rostro. El ritmo de mensajes en su perfil de la red X es hoy incansable, sobre todo para hacer gala de grandes obras como el gasoducto TAPI, que transportará gas desde Turkmenistán a la India a través de Afganistán y Pakistán. Pero la represión y la inoperancia no saben de caretas. Uno de cada tres afganos necesita hoy asistencia alimentaria, según datos de Naciones Unidas. Este organismo estima que 14 millones de ciudadanos padecerán hambre aguda durante este año - casi 3,7 millones de niños menores de cinco años corren el riesgo de sufrir desnutrición aguda – mientras el dinero público se gasta sobre todo en seguridad. El Banco Mundial señala que el 80% de las familias están endeudadas, mientras el PNUD (Programa de la ONU para el Desarrollo) calcula que la exclusión de la mujer resta al PIB unos 800 millones de euros. La economía crece gracias al retorno, forzado en gran medida, de más de seis millones de afganos de países vecinos como la India y Pakistán, aunque la mayoría carece de recursos para subsistir. Un panorama con algún matiz. Norah Niland ha trabajado en varios periodos en Afganistán desde los años noventa. Hace hincapié, en un intercambio de correos, de que, tras la llegada de los talibanes, se cortó de tajo el apoyo financiero exterior, que sumaba un 40% del presupuesto del país. Y, sobre todo, se congelaron unos 8.000 millones de euros del banco central (Da Afghanistan Bank). Niland, cofundadora de Unidos Contra la Inhumanidad (UAI, en sus siglas en inglés), con sede en Ginebra, apuesta por el desembolso controlado de este dinero. “Es imperativo que los servicios básicos estén disponibles para todos y para romper el ciclo de crisis interminables, pobreza crónica y episodios de conflicto armado”, afirma. A cinco años de la liberación de Kabul, solo Rusia reconoce de forma oficial al régimen talibán. Otros se han reunido de forma más o menos pública con los integristas, bien por intereses económicos (China, Turquía, Arabia Saudita, Japón), bien para promover la deportación de nacionales afganos, tema central del encuentro mantenido en Bruselas en junio por una delegación talibán y 15 representantes de la Unión Europea. Pero hablar de normalización del régimen es frustrante para luchadoras como Koofi. “Es como subir una montaña porque te dicen que hay agua, pero al final no hay agua”, relata. Pese a su rechazo a los integristas, esta exparlamentaria afgana habla de diálogo con ellos, de poner las bases para un acuerdo que incluya a los demás grupos afganos. A tenor de la posición de fuerza que el grupo mantiene en el interior del país, y con la normalización bajo mesa de Occidente, no es posible pensar hoy en el cambio en Afganistán sin contar con los talibanes. “Pero la oposición está creciendo en todo el país”, prosigue Koofi. También la armada, con apoyo estadounidense, que de esta forma busca venganza por su humillante retirada del 2021. Un alto cargo talibán murió el jueves en un atentado con coche bomba en la provincia nororiental de Badajshan, donde actúa el principal grupo terrorista que planta cara al régimen. En tanto, la represión contra las mujeres por parte de los talibanes, va en aumento. A juicio de Jelena Bjelica, codirectora y analista senior de Afghanistan Analysts Network (AAN), “lo que en 2021 parecía, y se presentaba, como una serie de restricciones temporales, ha derivado en un sistema institucionalizado que regula la educación, el empleo, la movilidad, la vestimenta, el acceso a los espacios públicos y la participación en la vida pública”. En la actualidad, las normas tienen una estimación diferente: “El punto importante, transcurridos cinco años, es que estas medidas ya no parecen temporales”, sostiene Bjelica. Según explica Thomas Barfield, presidente del Instituto Americano de Estudios sobre Afganistán y académico de la Universidad de Boston, “las mujeres estaban haciendo grandes progresos en los 20 años de la República. Eso se vino abajo por completo”. Barfield, doctor en Antropología Social de la Universidad de Harvard, visitó Afganistán por primera vez en 1971. Desde ese entonces la sociedad afgana es su principal línea de estudio. “La ONU lo ha llamado un apartheid de género, y lo es”, sentencia el investigador. “Si crees en la segregación de género, es necesario contar con médicas y administradoras para atender a las mujeres, pero los talibanes no permiten que reciban formación”. En el primer mandato talibán, que comenzó en 1996 y terminó en el 2001 - cuando fueron expulsados del poder - el movimiento no logró un control completo sobre Afganistán. “Ahora si lo tienen”, explica Barfield. “Al controlar casi todo el país, pueden obligar a la gente a hacer las cosas a su manera”. Para Fereshta Abbasi - quien documenta abusos en la zona para diversas organizaciones - “Afganistán, incluso antes del 2021, siempre ha sido uno de los peores países del mundo para ser mujer”. No obstante, “teníamos esta plataforma desde la que podíamos luchar”, agrega. “En cinco años, lo que perdimos es la esperanza y la plataforma para luchar por un mejor futuro”. Por otra parte, Bjelica afirma que “las mujeres estaban presentes -aunque de forma desigual e imperfecta- en el gobierno, en la educación, el empleo, la política y la vida pública, pero pasaron a ser excluidas sistemáticamente de la mayoría de estos espacios”. “No tienen representación política formal”, complementa. “A las niñas se les prohíbe la educación más allá del sexto grado, y a las mujeres, la universidad. Están excluidas de la mayoría de los puestos de trabajo gubernamentales y de muchas otras formas de empleo remunerado”. Las medidas, explica Barfield, encuentran su origen en los mulás, los líderes religiosos del talibán. Ellos dictan su interpretación del islam desde la segunda ciudad más poblada del país: Kandahar, la cuna del movimiento que rige el país. El antropólogo sostiene que su visión del islamismo no es compartida por toda la sociedad, ni siquiera por todo el talibán: “Las personas ya creen que son excelentes musulmanes, no les gusta recibir consejos”. “No es en países como Pakistán o Irán donde el clero dice: ‘Las cosas han salido mal porque nos hemos occidentalizado demasiado’. Especialmente en las zonas rurales de Afganistán, ellos consideran que sus creencias religiosas son totalmente correctas y no les gusta que les digan cómo deben practicarlas”, apunta. Por otro lado, Abbasi afirma que es importante no retratar a las mujeres del país solo como víctimas, “porque están resistiendo y deben ser tratadas como agentes de cambio”. En gran parte de Afganistán, grupos de mujeres han desarrollado escuelas informales para contrarrestar la prohibición de la enseñanza. En cuanto a la sociedad en general, afirma Abbasi, el sentimiento que predomina es la decepción. “Cuando hablo con personas de Afganistán, nadie conserva esperanzas de un futuro mejor bajo el régimen talibán. Es una imagen muy oscura”, afirma. La última conversación que la investigadora sostuvo con un ciudadano afgano fue con “un hombre que fue torturado por los talibanes”, dice. “Y ha sido muy difícil borrar sus palabras de mi mente. La forma en que lo torturaron… Era un joven que básicamente fue torturado por expresar su opinión. Cuando hablé con él, estaba muy traumatizado”, agrega. La vida diaria de las familias del país está marcada por el hambre, explica Abbasi. “He hablado con padres que han perdido a sus hijos debido a la malnutrición. Con familias que, básicamente, decían que no tenían nada que comer ese día”. Otra manifestación de la crisis es el desempleo masivo. Según relata Sosan Hashimi, directora de Beyond Borders Empowerment –que otorga asistencia humanitaria a refugiados de Afganistán y otros países–, “hay cientos de personas en mi red, con las que hablo a diario, que han sido despedidas de sus empleos o han sido reemplazadas por soldados talibanes sin ninguna experiencia”. Una de las razones del desempleo es el recorte del financiamiento exterior. “Históricamente, el gobierno de Afganistán ha dependido de la ayuda internacional”, explica Barfield. “Cuando el gobierno colapsó, el 40% del PIB de Afganistán correspondía a ayuda extranjera, y perdieron la mayor parte de eso de inmediato”, sostiene. Estados Unidos, que era el principal donante, redujo sus aportes a cero en enero del 2025. Un factor que agrava esta situación, explica Bjelica, es que “durante los últimos cinco años Afganistán dejó de ser principalmente un país de emigración para convertirse en el escenario de uno de los mayores episodios de retorno forzoso del mundo”. En este contexto, “a pesar de seguir sin poder absorber a un gran número de personas retornadas, el país ha recibido a unos 6,3 millones de personas que se vieron presionadas a abandonar los vecinos Pakistán e Irán”, agrega. “Para la mayoría de ellas, el regreso a Afganistán no representa el fin del desplazamiento, sino más bien el comienzo de un nuevo período de incertidumbre”, complementa. En la experiencia de Abbasi, los deportados, “aun luego de seis meses, todavía no tenían un trabajo, todavía no tenían un refugio, no tenían acceso a agua potable y no tenían acceso a servicios de salud. Para Filippo Boni, experto en Relaciones Internacionales de la Universidad Abierta de Reino Unido, con múltiples estudios sobre Afganistán, una de las mayores sorpresas en estos últimos cinco años ha sido “la compleja transición de una insurgencia yihadista a un régimen de gobierno con el monopolio del poder estatal”. Pese a la falta de reconocimiento internacional, el movimiento consiguió un extenso control local. Según complementa Bjelica, el mayor cambio que experimentó el país en cinco años es la estabilización y el afianzamiento del talibán en el gobierno. A cambio de la desaparición de los partidos políticos, los derechos de las mujeres y las libertades de la sociedad en general, el sistema alcanzó una relativa paz interna. A juicio de Hashimi, una parte de la sociedad ha ‘normalizado’ la situación: “Han aceptado que nuestras hijas ya no irán a la escuela, que no nos quedará otra opción que mantenerlas en casa”. Incluso, agrega, algunos dicen que “la seguridad es buena, puedes visitar diferentes partes del país. ¿Pero a qué precio?” añadió. “Con los talibanes en el poder, Afganistán, y no solo las mujeres, enfrenta un negro futuro” puntualizo.
Como recordareis, allá por el 2008 se estrenó The X-Files: I Want to Believe (X-Files: Creer es la clave), la segunda película basada en la serie de ciencia ficción y que marcaba la reunión de Mulder y Scully en pantalla tras el final de 'Expediente X' en el 2001. Sin embargo, Chris Carter, el creador de la serie, no se quedó realmente a gusto con la versión que vimos en los cines en su momento. Y ahora, luego de casi treinta años, por fin estreno este 14 de agosto su propio corte del director. En efecto, mientras llega el reboot de la mano de Ryan Coogler, Carter decidido volver al universo de 'Expediente X' tirando de archivo. Volvió a editar su película 'X-Files: Creer es la clave', renombrada ahora como 'The X-Files: I Want to Believe – Vrach Frankenshteyn', para darle el toque que quiso en su momento (y de paso contentar a los fans desencantados). Como su nombre sugiere, se trata de una vuelta de tuerca a la historia de Frankenstein que promete aumentar el tono de terror y ser mucho más inquietante del corte del 2008. El cual, al fin y al cabo, se tuvo que rebajar muchísimo para poder conseguir la calificación PG-13 para cines. Eso sí, si los 104 minutos originales nos supieron a poco, Carter adelanto que la nueva versión, de hecho, es más corta. "Al contrario que la mayoría de cortes del director, yo no metí todo lo que tenía", ha afirmado el director en una entrevista con The Hollywood Reporter. "De hecho, es más corta que la original. Espero que encuentre un público aún mayor, y que les dé a los fans lo que querían". La trama se centra en la desaparición de varias mujeres antes de retomar la historia de Mulder y Scully pasado unos años de que dejaran el FBI. Un agente federal ha desaparecido y los investigadores luchan por encontrar una pista fiable. El caso finalmente los lleva hasta el padre Joe, un ex sacerdote caído en desgracia que afirma tener visiones psíquicas relacionadas con los crímenes. Mulder considera la posibilidad de que el padre Joe pueda guiar la investigación, mientras que Scully cuestiona tanto las afirmaciones del sacerdote como las consecuencias de retomar su antiguo trabajo. Su desacuerdo reaviva una dinámica familiar en su colaboración: Mulder busca explicaciones más allá de la lógica convencional, mientras que Scully exige pruebas. A medida que avanza la investigación, el caso los conduce hacia experimentos médicos y un plan que implica la reconstrucción de un cuerpo humano. Carter y su coguionista, Frank Spotnitz, concibieron inicialmente I Want to Believe como lo que Carter describió como una película de Frankenstein de la vida real. Carter afirmó que la versión final estrenada en cines nunca logró plasmar completamente ese concepto. Las exigencias del estudio para un estreno con clasificación PG-13 redujeron parte de su material más aterrador y limitaron el horror médico que dio forma al guion. El director describió la oportunidad de retomar la película como una ocasión para completar la idea que quedó inconclusa en el 2008. El título ampliado, Vrach Frankenshteyn, conecta directamente la nueva edición con su inspiración, Frankenstein. El montaje del director recupera material y remodela la película en torno a la versión más oscura que Carter tenía previsto estrenar. A diferencia del primer largometraje de la franquicia, Expediente X: Lucha por el futuro, el segundo evita la mitología principal de la conspiración alienígena. Carter y Spotnitz estructuraron la historia como una investigación independiente, más cercana a los casos individuales de la serie de televisión. La trama se centró en las acciones humanas, la percepción inexplicable y los límites éticos de la medicina. La película también cuenta con Billy Connolly como el padre Joe, Amanda Peet como la agente del FBI Dakota Whitney, Alvin “Xzibit” Joiner como el agente Mosley Drummy y Callum Keith Rennie como Janke Dacyshyn. En tanto, Mitch Pileggi regresa como Walter Skinner. El montaje del director llega justo cuando The X-Files se prepara para regresar con una nueva serie de Ryan Coogler, quien escribirá y dirigirá el piloto, que sigue a dos nuevos agentes del FBI asignados a una división cerrada hace mucho tiempo que investiga fenómenos inexplicables. Danielle Deadwyler y Himesh Patel encabezarán el reparto como personajes originales en lugar de nuevas versiones de Mulder y Scully. Chris Carter será productor ejecutivo, mientras que Jennifer Yale supervisará la serie. Hulu aún no ha anunciado una fecha de estreno. Gillian Anderson ha expresado su apoyo al proyecto, aunque ni Anderson ni David Duchovny han recibido confirmación para aparecer. Cabe precisar que Carter siempre se quedó con el gusanillo de hacer un 'Expediente X' aterrador: "Siempre quise volver atrás y meter los sustos". Ahora por fin ha tenido la oportunidad, con 'The X-Files: I Want to Believe - Vrach Frankenshteyn'. "Llega un momento en el que necesitas cumplir la promesa, y yo quiero hacer mucho más que cumplir. Quiero darles [a los fans] lo que menos esperan", afirmó Carter sobre su trabajo. "Sé que suena un tanto confuso, pero tenía un plan mayor y todo tenía sentido. Tendrá sentido, confiad en mí" asevero, acerca de la película que desde el 14 de agosto ya está disponible en Hulu y Disney+.