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miércoles, 10 de enero de 2018

PAKISTAN: Sombras en la oscuridad

Como si no fueran suficientes sus actividades subversivas en Irán - ‘alentando’ a grupos terroristas para que la conviertan en una nueva Siria - Donald Trump ha colocado en el punto de mira a Pakistán, amenazándola con una serie de duras represalias, lo cual puede llamar a sorpresa para algunos analistas, porque hasta hace poco Islamabad era considerado como uno de los mas estrechos aliados de Washington en la región. El motivo de sus virulentos ataques no es otro sino que el progresivo acercamiento de los pakistaníes a China e Irán, lo cual ha desatado la furia del actual inquilino de la Casa Blanca (envuelto en estos días en un sonado escándalo debido a la publicación de un polémico libro titulado Fire and Fury, donde se pone en duda su ‘capacidad mental’… como si alguna vez lo hubiese tenido). En efecto, en su primer tweet del 2018, Trump la emprendió contra Pakistán, escribiendo: “Estados Unidos ha dado ingenuamente a Pakistán más de 33.000 millones de dólares de ayuda durante los pasados 15 años, y lo único que nos han dado ellos son mentiras y engaños,porque ven a nuestros líderes como tontos, mientras dan refugio a los terroristas a los que perseguimos en Afganistán, y ayudan poco… ¡No más!”. El mensaje ha producido una serie de comunicados - como la suspensión este martes por parte de Pakistán de toda cooperación militar y de Inteligencia con los EE.UU. - y hechos materiales que a toda vista dejan en claro, que la crisis diplomática, está lejos de ser solucionada. Con bastante más mesura, funcionarios de Islamabad, se refirieron al ataque del magnate diciendo que era “completamente incomprensible” mientras que el Primer Ministro pakistaní, Shahid Khaqan Abbasi, firmó un comunicado donde se habla de su profunda decepción. Al tiempo que David Hale, el embajador norteamericano en el país, fue llamado el mismo lunes por el Ministerio de Relaciones Exteriores de Pakistán, donde le dieron a conocer su desagrado por las amenazas proferidas por Trump. La respuesta más contundente la dio el Ministro de Defensa pakistaní Khurram Dastgir-Khan en su cuenta de Twitter diciendo: “Pakistán ha dado a Estados Unidos libre acceso a su espacio aéreo y terrestre, a sus bases militares y a una cooperación en materia de inteligencia que ha diezmado a Al-Qaeda durante 16 años, pero no nos dieron nada a cambio, más allá de insultos y desconfianza. Y ahora quieren culparnos de su fracaso en Afganistán”. Con mayor sutileza y contundencia a su vez la cancillería China, ya que Beijing tiene mucho que ver en la crisis, contradijo a Trump y reconoció a Pakistán por sus tremendos esfuerzos en la lucha contra el terrorismo agregando que “la comunidad internacional debería reconocerlo plenamente”. Entretanto, el enardecido Trump, cumpliendo una amenaza que trasteaba silenciosa desde Washington a Islamabad desde hace meses, recorto la asistencia militar por ahora en 225 millones de dólares y de profundizarse podrían alcanzar los 1200 millones, además de amenazar con quitarle la colaboración en las arduas negociaciones que Islamabad, sostiene con diferentes varios de sus acreedores como el FMI, el Banco Mundial y el Grupo de Acción Financiera. Si bien es cierto que Pakistán, ha sido esquivo a la hora de sus argumentaciones en su participación en la lucha contra el terrorismo, en otras ocasiones participo junto con Washington en operativos para acabar con grupos por ellos financiados (al igual que ISIS) que ya se estaban saliendo de control. Alcanza con recordar el operativo de bandera falsa montado por los EE.UU. para ‘asesinar’ a Osama bin Laden – creado por la CIA para ‘justificar’ la invasión de Irak - quien el día de su ‘muerte’ fue sorprendido en una casa de seguridad a poco más de un kilómetro de la Academia Militar de Pakistán, en Abbottabad. Conociendo el poderoso Inter-Servicios (ISI), la inteligencia pakistaní, es improbable que semejante “huésped” se hubiera instalado en el país, sin su anuencia. Y ello no pudo haber sucedido, porque el tal Osama bin Laden nunca existió. En cuanto a Al Qaeda, sucedió lo mismo que ocurre con ISIS, que cuando dejo de ser necesario y era evidente que había que borrar completamente toda conexión con ellos, simplemente hubo que exterminarlos, pero dada la agreste geografía de Afganistán esto no se pudo concretar y hoy resisten en las montañas sin que los estadounidenses puedan acabar con las hienas que ellos mismos crearon. En cuanto a los servicios secretos pakistaníes, es evidente - y ello no se puede negar - que han utilizado en diferentes momentos a los grupos que dicen combatir como el Lashkar-e-Toiba (ejército de los puros), acusado de los atentados en Bombay en el 2006, y otras muchas acciones en la frontera con la India fundamentalmente en la “Línea de Control” (LOC) en Cachemira o el Tehrik-e-Talibán (los talibanes pakistaníes), un regulador político en la compleja interna entre el gobierno y el ejército, convertido en casi un estado autónomo dentro de Pakistán. El romance entre Pakistán y estos grupos viene de lejos, ya que es conocido que el país fungió como centro de abastecimiento, refugio y entrenamiento de los terroristas muyahidines afganos en su guerra contra los soviéticos (1978-1992) de donde emergerían los Talibanes y Al Qaeda. Durante aquella guerra, Estados Unidos dispuso del territorio y los cielos pakistaníes como si fueran propios proveyendo a los muyahidines de sofisticado armamento, aparatos de comunicaciones, logística e información satelital. Muchas versiones mencionan al Mullah Omar, fundador del Talibán, como formado en una madrassa (escuela coránica) Pakistán y que su muerte, debido a una enfermedad crónica, entre 2011 y 2013 se produjo en un hospital pakistaní, donde se atendía y que sus restos fueron enterrados allí cerca, cuando era buscado por todos los servicio secretos de Occidente. En la invasión norteamericana del 2001, tras el operativo de bandera falsa el 11-S en Nueva York, una vez más Pakistán se convirtió en un portaaviones norteamericano instalado en medio de la cordillera del Hindu Kush. Al tiempo que también fue víctima de los bombardeos criminales de la aviación y drones norteamericanos que desde entonces y con dramática frecuencia han asesinado a miles de civiles pakistaníes en su propio país, so pretexto de luchar ‘contra el terrorismo’ y cuyo número hasta la fecha, podrían alcanzar los 90 mil. Ubicado en una zona estratégica, escenario de una fiera disputa en siglos pasados entre Rusia y el Reino Unido y que hoy lo es entre China y EE.UU., sería bueno recordar que Pakistán, donde se libra esta pugna, es hogar de casi 200 millones de personas y la única nación del mundo islámico que cuenta con armas nucleares, además de tener cuatro fronteras altamente complejas: India, Afganistán, Irán y China. Y es justamente la frontera con este último país, lo que desvela a Trump, ya que Beijing, ha intensificado sus relaciones con Islamabad (precisamente para enfrentar juntos a su mortal enemiga, la India) y se ha convertido en su gran aliado para menoscabar asimismo la influencia de los Estados Unidos, a ello se debe la creación del Corredor Económico China-Pakistán (CPEC) o la “Nueva Ruta de la Seda”, la primigenia unión Asia con Europa por casi tres mil años, donde países como Pakistán e Irán cumplen roles fundamentales. Los recortes norteamericanos a la ayuda a Pakistán, están obligando a la nación centroasiática a lanzarse en post de China, que prevé inversiones en el CPEC, por 62 mil millones de dólares. La estrategia económica China, vigorizaría todas las economías de la región ya que se creará una poderosa interconexión terrestre y marítima que abarca toda Eurasia y el litoral del Océano Índico, con nuevos ferrocarriles, carreteras, oleoductos y gasoductos y grandes proyectos energéticos y puertos construido íntegramente por capitales chinos. Es mas, China acaba de anunciar que planea aumentar la presencia militar en el extranjero con la construcción en Pakistán de su segunda base naval fuera de sus fronteras. Esta se construirá cerca de Gwadar, un puerto pakistaní de importancia estratégica situado en el mar Arábigo a unos 60 kilómetros al este de la frontera entre Pakistán e Irán, informan las fuentes cercanas al Ejército chino, citadas por el periódico South China Morning Post. "China necesita establecer una base en Gwadar para sus buques de guerra porque Gwadar ahora es un puerto civil", dijo al periódico el analista militar Zhou Chenming, que explicó que se necesita una instalación naval separada cerca del puerto actual para el mantenimiento y apoyo logístico de buques de guerra. Como podéis imaginaros ante tal anuncio, Washington no se quedara cruzado de brazos viendo como su gran rival termina de arrebatarle quizás el más importante punto estratégico desde los tiempos de Alejandro, por lo que tiene en mente perturbar los planes chinos, mediante toda clase de presiones y amenazas a su ‘ex-aliado’, fundamentalmente bélicas. Y para eso cuenta con la colaboración del Primer Ministro Indio Narendra Modi, un furibundo ultranacionalista de derecha, a quien la cuestión de Cachemira, lo podría conducir a una cuarta guerra con Pakistán. Modi, en su locura belicista, mostrando una nueva posición, no tuvo pruritos en dinamitar la tradicional postura de Nueva Delhi en apoyo a los reclamos de Palestina y visitó oficialmente Israel, lo que nunca había hecho antes ningún mandatario hindú, a mediados del año pasado cerrando acuerdos de compra de armamento y la construcción en India por parte de Israel de una fábrica de tanques y otras unidades blindadas. Modi también firmó acuerdos comerciales con Estados Unidos a lo largo del 2017, en torno a unos 15 mil millones de dólares en armamento norteamericano, alejándose de Rusia, quien fue históricamente su proveedor. El Pentágono por su parte, podría también alentar los diferentes movimientos separatistas pakistaníes intentado balcanizar a su antiguo aliado. En Beluchistán, la provincia que representa el 43% de la superficie total del país, hoy en estado de hibernación, existe un fuerte espíritu nacionalista, al que sin duda los sardars (caciques) baluchis, con un renovado apoyo económico y militar de Washington, pondría reiniciar su guerra contra Islamabad. Movimientos terroristas como el BLA (Ejército de Liberación de Beluchistán) el Ejército Republicano Baluchi y el Frente de Liberación de Baluchistán, se podrían reactivar de inmediato, ya que con sigilo siguen operando financiados por la CIA. Al tiempo que podría reactivar el movimiento de la etnia musulmana uigur que operó tanto en Pakistán como en China con los nombres del Movimiento Islámico de Turkestán Este (MITE) que Islamabad logró derrotar en el 2015 y que en China se autodenominan como el Movimiento Islámico del Turkestán Oriental que mucho más controlado no ha podido ser del todo eliminado y pugna por la independencia de Uiguristán, nombre original de la actual provincia china de Xinjiang, de mayoría musulmana. Además no hay que olvidar que en toda la región de Afganistán hay aproximadamente unos 10 mil terroristas de ISIS (fugados de Siria e Irak, tras ser derrotados por los rusos e iraníes, quienes los aplastaron a sangre y fuego) que Washington podría ‘incentivar’ nuevamente, esta vez para que intenten establecer su ‘califato’ en Pakistán. Por lo visto, la bestia no quiere que se le escape su presa y hará todo lo posible para evitarlo, aun si ello lo conduce a la guerra contra China, que es el verdadero objetivo. Un conflicto nuclear, en el que sin duda alguna, habría millones de perdedores ¿Hasta donde nos puede conducir la locura de Trump? :(
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