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miércoles, 10 de junio de 2020

EE.UU.: La Ley y el Orden

Como sabéis, los EE.UU. se han visto convulsionados por una ola de violencia, saqueos e incendios (entre ellos la preciosa Iglesia episcopal de Saint John, ubicada en la plaza Lafayette, a pocos pasos de la Casa Blanca en Washington) llevados a cabo por parte de grupos terroristas so pretexto de la muerte de un ex convicto de violentos antecedentes de raza negra a manos de la policía, que solo cumplían con su deber. Al respecto, el senador republicano por Arkansas, Tom Cotton escribió un artículo en The New York Times donde condenaba firmemente a esos elementos criminales que han desatado el caos en el país (apoyados desvergonzadamente por los demócratas y financiados por el multimillonario judío George Soros), pero que fue inexplicablemente censurado por aquellos mismos sectores que promueven el odio. Es por ese motivo que en nombre de la libertad de prensa, he decidido reproducirlo in extenso para dar a conocer su opinión, entrecomillado claro esta ¿vale?: “Esta semana, grupos de manifestantes financiados por aquellos que buscan la violencia para lograr sus perversos fines, que es el de retornar a la Casa Blanca de donde fueron echados por el actual presidente Donald Trump, han sumido a muchas ciudades estadounidenses en el caos y la anarquía, recordando la violencia generalizada de la década de 1960. La ciudad de Nueva York sufrió los peores disturbios el lunes por la noche, con la abierta complicidad del alcalde Bill de Blasio quien ‘se mantenía a la espera’ mientras el centro de Manhattan descendía a la ilegalidad. Bandas de saqueadores recorrieron las calles, destrozando y vaciando cientos de negocios. Los disturbios han sido celebrados por los demócratas que buscan desestabilizar al gobierno en estrecha coordinación con esos elementos criminales, a quienes incentivan para participar de esas acciones en contra de la legalidad. Los policías fueron superados en número, siendo desprotegidos por políticos imprudentes y fueron los más afectados por la violencia. En el estado de Nueva York, los manifestantes atropellaron a oficiales con automóviles en varias ocasiones. En Las Vegas, un oficial está en estado grave luego de que un negro le disparó en la cabeza. Entretanto en St. Louis, cuatro policías fueron baleados mientras intentaban dispersar a quienes lanzaban ladrillos y arrojaban gasolina a los establecimientos; En un incidente separado, un capitán de policía retirado de 77 años fue asesinado a tiros mientras intentaba evitar que los saqueadores negros saquearan una casa de empeños. ¿Para ellos no hay justicia? Pero para sorpresa de muchos, hay quienes han ‘justificado’ esta orgía de violencia y destrucción, calificándola como una respuesta ‘comprensible’ a la muerte de quien además se encontraba enfermo de Coronavirus. Esas excusas se basan en una repugnante equivalencia moral que buscan presentar a estos grupos de alborotadores y saqueadores como víctimas, ya que no son otra cosa que malhechores. quienes simplemente buscan el botín y la destrucción de propiedades públicas y privadas, con elementos radicales de izquierda como aquel grupo terrorista negro que se hace llamar Antifa, los cuales se han infiltrado en las marchas de protesta por orden de Soros, explotando la muerte de Floyd para sus propios fines anárquicos. Estos alborotadores, si no son sometidos por la fuerza y castigados por sus aborrecibles crímenes, no solo destruirán los medios de vida de aquellos ciudadanos respetuosos de la ley, que no tienen culpa alguna de nada pero que se han visto afectados por la destrucción de sus propiedades durante los saqueos e incendios organizados por estos terroristas - los mismos que tuvieron activa participación en el derribo de numerosos monumentos confederados en agosto del 2017 - sino que también acabaran con las vidas de más inocentes. Es por ello imprescindible restablecer cuanto antes el orden en nuestras calles: es necesario dar una abrumadora muestra de fuerza para dispersar, detener y finalmente disuadir a los infractores de la ley. Pero la aplicación de la ley local en algunas ciudades necesita desesperadamente el respaldo del gobierno, ya que los políticos delirantes que están a cargo de otras ciudades como alcaldes se niegan a hacer lo necesario para defender el estado de derecho, convirtiéndose de hecho en cómplices de los terroristas. El ritmo del saqueo y el desorden puede fluctuar de noche a noche, pero ya es hora de apoyar a las autoridades locales con la autoridad federal. Algunos gobernadores han movilizado a la Guardia Nacional, otros se niegan y, en algunos casos, los manifestantes aún superan en número a la policía y la Guardia combinadas. En estas circunstancias, la Ley de Insurrección autoriza al presidente Trump a emplear a los militares o cualquier otro medio para combatirlos en casos de insurrección u obstrucción a las leyes, como esta sucediendo ahora. Esta venerable ley, casi tan antigua como nuestra propia república, no equivale a "ley marcial" o al fin de la democracia, como han sugerido algunos críticos ignorantes de la ley y de nuestra historia. De hecho, el gobierno federal tiene el deber constitucional de los estados de proteger a cada uno de ellos de la violencia doméstica. A lo largo de nuestra historia, los presidentes han ejercido esta autoridad en docenas de ocasiones para proteger del desorden a los ciudadanos respetuosos de la ley. Tampoco viola la Ley Posse Comitatus, que restringe el papel de los militares en la aplicación de la ley, pero excluye expresamente los estatutos como la Ley de Insurrección. Por ejemplo, durante las décadas de 1950 y 1960, los presidentes Dwight Eisenhower, John Kennedy y Lyndon Johnson llamaron a los militares a dispersar multitudes que impidieron la segregación escolar o amenazaron vidas y propiedades inocentes. Esto sucedió en mi propio estado. El gobernador Orval Faubus, un demócrata racista, movilizó a nuestra Guardia Nacional en 1957 para obstruir la desegregación en la Escuela Secundaria Central Little Rock. El presidente Eisenhower federalizó la Guardia y llamó a la 101a Aerotransportada en respuesta. El hecho de no hacerlo, dijo, "equivaldría a la aquiescencia en la anarquía". Más recientemente, George W Bush ordenó a la Séptima Infantería del Ejército y a 1.500 infantes de marina proteger a Los Ángeles durante los disturbios raciales en 1992, ya que sabía que esta violencia desatada por los negros solo multiplican las víctimas, de todas las razas y de todos los ámbitos de la vida. No es sorprendente que ante tal grado de violencia desatado por los terroristas de Antifa, la opinión pública esté del lado de la aplicación de la ley y el orden anunciada por el presidente Trump, y no de los criminales. Según una encuesta reciente , el 78 por ciento de los votantes registrados, incluida casi la mitad de los demócratas y el 37 por ciento de negros - que no quieren ser confundidos con aquellos elementos violentistas a quienes condenan - apoyarían el llamado de las ciudades al ejército para acabar con las protestas y manifestaciones impulsadas por quienes buscan réditos políticos, esperando que su candidato, el acusado de violación sexual Joe Biden, se beneficie de todo ello en las elecciones presidenciales de noviembre. Es posible que esa opinión no aparezca en los medios de comunicación que están abiertamente a favor de la violencia como la CNN - enceguecidos por su odio irracional y enfermizo hacia Donald Trump - pero es un apoyo generalizado y que crece en forma constante. El pueblo estadounidense no es ciego a las injusticias en nuestra sociedad, pero sabe que la responsabilidad más básica del gobierno es mantener el orden público y la seguridad. En tiempos normales, la policía local puede mantener el orden público. Pero en estos álgidos momentos, como los de hoy, se necesita al ejército, incluso si muchos políticos demócratas prefieren oponerse entupidamente a ello mientras el país arde por sus cuatro costados” puntualiza la nota. Solo me queda por agregar que a pesar de mis profundas diferencias con Donald Trump, es necesario en esta ocasión coincidir con el en un punto importante: Al terrorismo negro de Antifa no se le puede hacer ninguna concesión. Mano dura con ellos y con quienes los promueven :)
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