TV EN VIVO

miércoles, 20 de noviembre de 2013

CHINA: Un gigante asediado

En esta ocasión nuestra atención se dirige al Lejano Oriente, donde los focos de tensión alrededor de China no dan signos de amainar y que por el contrario se van agudizando a tal punto que en el futuro podrían desembocar en un conflicto armado de imprevisibles consecuencias. Pese a sus grandes éxitos en el sector económico y militar, así como sus avances en la política internacional, China sigue siendo estratégicamente vulnerable. Además de la cada vez mayor dependencia del gigante asiático de los factores económicos globales y la creciente tensión socioeconómica interna, China se ve inmersa en un remolino de amenazas reales y potenciales que no pueden dejar de influir en su desarrollo. En este sentido China se enfrenta a varios focos de inestabilidad de manera simultánea. Los más volátiles son Xinjiang, la región china de mayoría musulmana, y el Tíbet. Ninguna de las dos regiones forma parte de la civilización china ancestral y fueron sometidas por la fuerza. Ambas son las bazas de dos jugadores externos: el mundo islámico y Occidente. Estas regiones son fronterizas con las antiguas repúblicas soviéticas centroasiáticas, muy vulnerables ante el impacto de la inestabilidad en Oriente Medio y Afganistán y los múltiples problemas internos. Por ahora Rusia y China mantienen a raya la degradación de la situación en Asia Central, pero parece inevitable que la región continúe siendo inestable. Los últimos atentados terroristas en China indican la activación de la clandestinidad islamista.A medida que se agrava la crisis económica global, crecerán los problemas socioeconómicos dentro de China, lo que fortalecerá la base social de los separatistas, islamistas y otros grupos que se oponen al Gobierno comunista. De otro lado, es evidente el apoyo que proporciona la India a los movimientos separatistas en China. Por ejemplo, en el 2011 las autoridades indias permitieron en su territorio la ceremonia de investidura del jefe del Gobierno en el exilio tibetano, Lobsang Sangay. Además, China y la India tienen disputas fronterizas. China no reconoce la línea McMahon acordada por el Reino Unido y el Tíbet en 1914. Pekín y Delhi se disputan la soberanía sobre dos zonas: Aksai Chin, en el noreste del estado indio de Cachemira, y el norte del estado de Arunachal Pradesh. Estas disputas han sido la causa de varios conflictos fronterizos. Pese al rápido desarrollo de los lazos económicos entre los dos gigantes asiáticos, ambos experimentan una creciente tensión en sus relaciones. Así, una parte de la élite militar india expresa preocupaciones de que su territorio pueda convertirse en el objetivo de la expansión de China.Cabe mencionar a su vez que China es aliado de Pakistán, enemigo tradicional de la India y con el cual disputa acaloradamente por el control de Cachemira. Es por ello que la India ha intensificado últimamente la compra de armamentos modernos para todas las ramas de las Fuerzas Armadas y está renovando su arsenal nuclear y creando un sistema nacional de defensa antimisiles para hacer frente a esta doble amenaza. Pero los problemas de Pekin no acaban allí. Como sabéis, China carece de varias materias primas y alimentos suficientes para autoabastecerse y tiene que importarlos. El país importa más de la mitad del petróleo que consume. Para colmo de males, las rutas marítimas de importaciones atraviesan zonas de control estadounidense y de sus aliados -Japón, Corea del Sur, Taiwán y las Filipinas- y pueden ser bloqueadas fácilmente. Algunos expertos opinan que el consumo alimenticio seguirá sobrepasando la producción agrícola del país. Pekín está tratando de resolver el problema mediante la compra de capacidades productivas en el extranjero y activamente negociando fusiones y adquisiciones en el sector agrícola. Al mismo tiempo que su población crece geométricamente, las áreas cultivadas se están reduciendo, lo que aumenta a su vez la dependencia de China de los mercados alimenticios internacionales. En el Este, China cuenta con varios enemigos serios, tanto declarados como ocultos. La tensión viene provocada por disputas territoriales y focos de inestabilidad. Japón y Corea del Sur son aliados militares de Estados Unidos. Washington también tiene vínculos estrechos con Taiwán y las Filipinas, países que tienen diferencias muy serias con China. Japón, la potencia tradicional de la región de Asia-Pacífico que guarda la memoria de su expansión imperial en la primera mitad del siglo XX, aparentemente no planea ceder la región a Pekín. Además existen viejas cuentas pendientes por saldar con Tokio provenientes de la II Guerra Mundial. Es por ello que muchos analistas consideran seriamente que el enfrentamiento entre los dos países es inevitable, en particular si EE.UU. pierde su influencia en la zona. Así, ante la última escalada de tensión entre China y Japón sobre la soberanía de las islas Senkaku (Diaoyu en chino) en el mar de China Oriental, la antipatía mutua ha alcanzado su cénit. Según los sondeos realizados por el diario 'China Daily' y la organización nipona Genron, el 93% de los japoneses tienen una actitud negativa hacia China, mientras que el 90% de los chinos piensan del mismo modo sobre Japón. De otro lado, China pretende restaurar su soberanía sobre Taiwán tarde o temprano, pero la isla autogobernada es un aliado de EE.UU., que se comprometió a proteger a Taiwán en caso de agresión china. En 2005, la Asamblea Popular Nacional de China, el máximo órgano legislativo del país, aprobó una ley que permite el uso de fuerza para proteger su soberanía e integridad territorial, algo que la comunidad internacional consideró como una amenaza a Taiwán. Algunos expertos creen que el descenso de la influencia estadounidense en la región Asia-Pacífico podría dejar las manos libres a China respecto a la isla. Otro punto de tensión en esta zona es la disputa sobre las islas Spratly y las islas Paracelso. Este desacuerdo involucra a China, Vietnam, Taiwán, Filipinas, Malasia y Brunéi. Los recursos marítimos y potencialmente de hidrocarburos en la zona de las islas son el principal 'fruto de la discordia' entre los países. Ciertos analistas creen que Vietnam – a pesar de ser comunista - con su fuerte Fuerza Aérea, podría ser uno de los principales miembros de la coalición antichina. Hanói y Delhi realizan anualmente ejercicios militares conjuntos en el mar de China Meridional desde 2000. Además, pese a las reminiscencias negativas de la guerra de Vietnam, Hanói comenzó un acercamiento con EE.UU. y lanzó maniobras conjuntas en 2010 y 2012, causando el malestar de China. En su frontera sur, China no tiene enemigos declarados. Pero allí la situación tampoco es estable. Hay una creciente tensión entre Tailandia y Camboya por su pretensión de soberanía sobre el famoso templo de Preah Vihear, unos desacuerdos que en ocasiones desembocan en hostilidades. Tailandia también tiene un conflicto con Laos. Vietnam apoya a Camboya y Laos, mientras Tailandia a la vez se orienta a China y EE.UU. Malasia, que está en una disputa con China sobre las islas Spratly, desarrolla una cooperación militar con la India. Aunque su posición es apenas previsible en la confrontación regional, Malasia e Indonesia mantienen un vector antichino. Visto así las cosas, China no las tiene todas consigo y para mantener un equilibrio en la región, deberá estrechar sus lazos con Rusia, como un contrapeso a los EE.UU. y sus aliados, en una zona estratégica a punto de estallar:(
Creative Commons License
Esta obra está bajo una Licencia de Creative Commons.