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miércoles, 26 de febrero de 2020

THE LORD OF THE RINGS: Único e irrepetible

Han pasado los años y no es fácil ubicar el papel de la trilogía de ‘The Lord of the Rings’ (El señor de los anillos 2001-2003) en el contexto del cine comercial y el blockbuster actual, porque su identidad artística se ha ido confundiendo con el fandom asociado que tenía a obra de Tolkien antes y que generó posteriormente. Lo cierto es que, a casi 20 años del estreno de ‘La comunidad del anillo’ han pasado muchas cosas, y entre otras, la trilogía de ‘El Hobbit’ del propio Peter Jackson y el anuncio de una nueva serie de Amazon. Algo que puede resultar anecdótico, pero que posee un significado profundo en el estado del cine comercial actual y que sirvió como una ruptura de un ensueño, la imagen de la trilogía de referencia todos esos años, de blockbuster mastodóntico, de repente estalló como una burbuja: nunca más iba a haber algo parecido a lo que muchos sintieron frente a las pantallas de cine en las navidades de 2001 a 2003. De hecho ¿era en realidad tan bueno? Si alguien capaz de hacer una trilogía aburrida como ‘El Hobbit’ quizá no estuvo tan acertado en el inicio. Lo cierto es que el estilo megalómano de Peter Jackson quedó algo envejecido, sí, incluso muchos de los efectos especiales que tanto asombraban antes hoy están un poco desfasados. Pero lo cierto es que, desde entonces, cada Navidad se ha buscado una película-evento que cambie todo así, pero el equilibrio de éxito tanto crítico como comercial nunca ha vuelto a repetirse. ‘The Lord of the Rings’ cambió el panorama del entretenimiento, abriendo las puertas de la fantasía al gran público de tal forma que hace engancharse en la tele a ‘Game of Thrones’ (Juego de tronos, 2010-2019) y que nadie sienta vergüenza yendo a los estrenos disfrazado de su personaje favorito. Pero antes de su estreno el panorama del entretenimiento era distinto, más sobrio y, de alguna manera, ingenuo. En un principio, Peter Jackson propuso una adaptación en dos partes pero cuando cambió a New Line Cinema se convirtió en una trilogía desde el inicio del proyecto. Esto permitió al equipo escribir y filmar las tres películas al mismo tiempo. Un movimiento de riesgo en el mercado pero que permitía corregir cosas y creaba una continuidad entre capítulos poco vista hasta el momento, jugando con la identidad de ser una sola historia dividida en tres, cada una de las películas tenía su propio arco, pero funcionaba como una sola historia. Esto también crearía una fiebre por las trilogías que muy pocas veces los estudios han logrado entender. El proyecto de ‘The Lord of the Rings’ tuvo una producción surrealista de 438 días que comenzó en octubre de 1999, con Peter Jackson a cargo de un ambicioso planning en Nueva Zelanda que incluso impulsó empresas locales y desarrolló una de las más famosas compañías de efectos especiales, Weta, al igual que George Lucas desarrolló Light and Magic. Realmente hubo una revolución de la que todavía estamos viendo consecuencias. Debido a la cantidad de material a adaptar, las películas duraron una media de tres horas, algo que desconcertaba en su momento, pero ahora lo tenemos hasta en cine de terror como ‘It’ (2017-2019), películas de superhéroes y los binge watching de diez horas. La industria del cine ha cambiado tras el éxito del film de Jackson. No solo el público conoce bien el lenguaje de las películas de ciencia ficción y fantasía, sino que es raro ver una película anunciada sin que se exprese como parte de algún tipo de propiedad o franquicia más grande. Los universos cinemáticos súper conectados, las marcas, los franquiciados y los remakes sin filtro se mueven alrededor de la misma idea. Pero no todas son capaces de replicar la magia del milagro de principio de milenio. Una época en la que el mundo se adentró en un post 11-S oscuro que sigue vigente con una crisis económica donde lo fantástico volvía a ser una válvula de escape en la ficción, que si ha sido aceptada de esa manera es por un motivo. Pero en el corazón del éxito de ‘The Lord of the Rings’ están sus grandes momentos, impulsados por personajes puros, sin ironías, que hacen que los enfrentamientos entre ejércitos tengan más calado emocional. Las actuaciones de un elenco con Elijah Wood, Viggo Mortensen, Cate Blanchett, Orlando Bloom o Ian McKellen o Sean Astin la hacen inolvidable. Echamos de menos el viaje junto a ellos, sentimos nostalgia al recordar la experiencia de ver a una comunidad del anillo que interactuaba de forma natural y creíble, pese al tono casi recitado. Incluso separados por miles de kilómetros, la conexión entre ellos era palpable. Un corazón que se mantiene pese a la cantidad de historias entrelazadas, que Fran Walsh, Philippa Boyens y Jackson equilibraban en un guion que sabía rescatar los momentos clave de la novela en un conglomerado armonioso y que apretaba todos los botones emocionales correctos, sin una pizca de cinismo y quizá cierto exceso de azúcar en su final, pero veías con una melancolía extrañamente familiar, porque el equipo dejaba parte de su experiencia en la despedida. Escenas inolvidables, desde el enfrentamiento con el Balrog, Légolas y Gimli contando muertos en la batalla del abismo de Helm, la Batalla de Gondor, acompañadas de la partitura de Howard Shore, todavía no han sido igualadas en escala, o en emoción. Aunque dejan ver un montaje de su época, no se han quedado tan anticuadas como se puede suponer, ya que tienen bastantes efectos prácticos combinados con el CGI. Ahora hay mucha más facilidad de recrear sus maquetas con mate painting digitales y escenarios de pantalla verde. Jackson optó por construir escenarios, cientos de piezas decorativas muy detalladas y traer a maquilladores de primer nivel para recrear la historia clásica de Tolkien. Sí, se deja notar más en las actuaciones de Gollum, que si bien sorprendían en su momento, hoy están asimiladas y perfeccionadas. Sin embargo, no todo es el cómo está renderizado el píxel y la calidad de las texturas, sino la belleza de los diseños, el trabajo de preproducción y la coherencia cromática que hace que cada una de las películas tenga sus propios códigos visuales. Por supuesto, el juego de Jackson con el terror, que tan bien conocía, hace que todas las apariciones de los nazgul, secuencias como la Ciénaga de los muertos, Ella-Laraña o la boca de Sauron, que parece un cenobita del universo Hellraiser, sean pesadillescas y memorables. Ahora puede parecer que es un film comercial más, pero aún estamos esperando que un gran blockbuster navideño incluya una escena con lanzamiento de cabezas con catapultas por parte de un orco que parece tener un gran tumor deforme y grotesco en la cara. Hay muchas estampas que parecen ilustraciones de los libros que toman vida propia y la atención al detalle del diseño de producción hace que ver las 20 horas de making of merezcan la pena. Han pasado casi dos décadas y, más allá de cómo pueda competir a nivel visual con lo que se nos presenta ahora en pantalla, la trilogía de ‘The Lord of the Rings’ se mantiene como un accidente cultural inimitable. Ni siquiera Peter Jackson ha podido superarlo, ni acercarse si quiera, pese a que su ‘King Kong’ (2005) fuera mejor de lo que se recuerda. El neozelandés no ha llegado a recuperarse de lo que consiguió, quedándose desubicado dentro del mercado, con pasos en falso como su guión para ‘Mortal Engines’ (2018), probablemente el peor proyecto asociado a su nombre. Puede ser que nunca tengamos nada similar con su firma, pero pocos van a lograr asombrarnos como él en sus cinco primeros minutos de ‘La comunidad del anillo’, un logro para el que no solo hace falta la tecnología, sino la locura para imaginarlo en ese tamaño y escala, para reinventar la épica del cine :)
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