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miércoles, 1 de febrero de 2017

IRAN: Entre la interacción o la confrontación

Para nadie es un secreto la evidente simpatía que tiene el nuevo presidente estadounidense Donald Trump con Israel - con mayor razón cuando sus hijas están casadas por miembros provenientes de poderosas familias judías - y ello se vio reflejado cuando el Consejo de Seguridad de la ONU aprobó con la abstención de Washington, una resolución que condenó los ilegales asentamientos judíos en territorio ocupado palestino, lo cual origino la airada reacción del magnate. A ello debemos agregar sus criticas en campaña del acuerdo nuclear firmado con Irán que lo caracterizo “como uno de los peores en la historia” e hizo la promesa de revocarlo. Como sabéis, el14 de julio de 2015, Irán y el P5 + 1 grupo de países - China, Francia, Rusia, los Estados Unidos y el Reino Unido más Alemania - firmaron un acuerdo para garantizar el carácter pacífico del programa nuclear de Teherán a cambio de aliviar las sanciones graduales, algo que fue bien recibido en el mundo, ya que alejaba la posibilidad de un conflicto de EE.UU. con la nación islámica. El acuerdo entró en vigor el 16 de enero de 2016, luego de que la Agencia Internacional de Energía Atómica presentó un informe que confirma la buena disposición de las autoridades de Irán para poner en práctica el programa para reducir el potencial nuclear del país. Como podéis imaginar, este acuerdo fue duramente criticado tanto por los ‘halcones’ del Pentágono quienes desde hace mucho ven a Irán con codicia, como por los principales aliados de Washington en la región – léase Arabia Saudita e Israel - quienes con rabia mal disimulada son impotentes para contrarrestar la creciente influencia de Teherán en la región y donde combate con eficacia tanto a ISIS (en Siria e Irak), como proporcionando invaluable ayuda a Yemen (quien sufre una criminal agresión saudita, acallada por Occidente al tratarse de un ‘aliado’ estratégico). Es por ello que con un nuevo gobierno en la Casa Blanca, esperan que esta situación cambie. Precisamente, Trump tuvo una conversación telefónica el 22 de enero con el Criminal de Guerra Benjamín Netanyahu, invitándolo a Washington este mes para tratar una serie de cuestiones regionales, entre ellas “las amenazas que plantea Irán", según un comunicado de la Casa Blanca, mostrando la línea dura con Teherán de la nueva administración estadounidense. Asimismo, el magnate ha prometido a Israel que trasladará la sede de la embajada de Estados Unidos desde Tel Aviv a Jerusalén, un movimiento que no han hecho otras naciones occidentales y al que se venía oponiendo la administración de Obama. Trump ya ha designado como futuro embajador en Israel al abogado David Friedman, que ha apoyado la expansión de las colonias israelíes en territorios palestinos y no cree conveniente la solución de dos Estados. El presidente palestino Mahmud Abbas ha advertido que en caso de que Washington trasladara su embajada a Jerusalén estaría asestando un duro golpe a las esperanzas de paz en Oriente Medio, mientras la ONU y la Unión Europea han manifestado su preocupación sobre la propuesta. Algunos analistas habían señalado que el nuevo presidente ‘no tiene intención de implicarse demasiado en la política exterior y que ha dado muestras de ello durante la campaña’, pero ignoran que la política de Israel es una parte sustancial de la política interna de Estados Unidos debido a la desproporcionada influencia del infame lobby judío en el Capitolio. Es una sencilla regla de tres: si Irán es política interior en Israel, e Israel es política interior en Estados Unidos, Irán será un asunto central en la política de Trump. De que sea así se va a encargar Netanyahu. La injerencia de los sionistas en Irán le reporta sustanciales beneficios de varios tipos, como armamento de última generación y decenas de miles de millones de dólares regalados anualmente por los EE.UU. de ahí que para estos parásitos sea un imperativo mantener ardiendo la llama antiiraní. Lo ha hecho siempre y ahora es un momento particularmente propicio para ahondar en él aprovechando el caos que se ha instalado en Oriente Próximo. Sin embargo, ambos países parecieran no darse cuenta que Rusia es un aliado estratégico de Irán y al igual que lo hace en Siria, donde a punta de quirúrgicos bombardeos hizo trizas literalmente el ilusorio califato de ISIS (el cual por cierto, esta dirigido por un conocido agente del Mossad israelí) no tendrá inconveniente en acudir en su defensa y si Trump cree que mostrándose amistoso con Putin, Moscú muestre ‘un cambio de postura’ hacia sus lazos con Irán, esta completamente equivocado. “Si el presidente ruso, Vladimir Putin espera mantener su condición de actor influyente en Oriente Medio, no puede ignorar fácilmente su relación con Irán y sus intereses tácticos, que se proveen mediante los lazos con Teherán”, se lee en un artículo publicado por la revista estadounidense American Interest. El artículo “¿Podría Trump desintegrar Rusia e Irán?”, (Could Trump Pry Russia and Iran Apart?, en inglés), fundamenta sus afirmaciones en dos razones: los intereses de Rusia, que se proveen mediante las buenas relaciones entre Moscú y Teherán, y las dudas que hay sobre una posible normalización de los lazos Moscú-Washington durante el Gobierno de Donald Trump. “La verdad más grande es que los acuerdos entre Estados Unidos y Rusia han fracasado, sobre todo, debido a una vomitiva campaña antirrusa propiciada por Washington en los medios de comunicación occidentales demonizando a Putin que se ha dado con tanta virulencia en plena campaña electoral, para favorecer a la candidata del establishment, Hillary Clinton. Esta rusofobia no se evaporará rápidamente con la llegada de una nueva Administración”, indica la nota. A este respecto, el texto recalca que luego de la Guerra Fría, todas las Administraciones de EE.UU. han visto frustrados sus esfuerzos en encontrar una vía que coadyuve a normalizar los nexos con los rusos. American Interest divulgó el artículo unos días después de que el portal estadounidense Bloomberg publicara un informe, según el cual, los funcionarios de la Administración de Trump esperan minar las relaciones “cada vez más cercana” de Rusia con Irán. Asimismo, un análisis recientemente publicado ha considerado como “casi imposible” un eventual alejamiento entre Teherán y Moscú, además de pronosticar que fracasarán los intentos de Trump para desintegrar la alianza Irán-Rusia-China. "Donald Trump puede ser el joker o el tonto; pero lo que nadie puede decir con certeza es cómo este camaleón cambiante seducirá, amenazará, dividirá y amenazará a estos tres países (Irán, China y Rusia) en su intento por Hacer América Grande de Nuevo", que fue su lema de campaña, según el análisis publicado este domingo en el diario hongkonés South China Morning Post. Muy influido por la estrategia del exsecretario de Estado de EE.UU. Henry Kissinger, Trump intentará impulsar una mezcla de las estrategias de "equilibrio de poder" y "dividir y gobernar". Esto consiste en seducir a Rusia lejos de su socio estratégico China; mantener al gigante asiático constantemente en una especie de alerta roja; y mientras ataca a ISIS continuará hostigando a Irán. "La estrategia de Kissinger implica tener relaciones más cercanas con Rusia, esperando que Moscú traicione a su aliado eurasiático Irán. Es poco probable que Moscú lo traicione, y seguir esa estrategia sólo exacerbará el conflicto de Trump con el establisment. “Asimismo, a pesar de toda su retórica, Trump no puede renegociar unilateralmente el acuerdo nuclear de Irán firmado por los miembros permanentes del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas más Alemania en el 2015. Teherán ha cumplido con todas sus obligaciones. Además, Trump tampoco puede cumplir su promesa de campaña para aplastar a ISIS … sin Irán". Trump tampoco tendrá éxito con su retórica bélica contra China debido a que el gigante asiático tiene a su lado a Rusia. “Los generales de Trump también tendrán que informarle que EE.UU. no puede permitirse una guerra en el mar de China Meridional o en el Pacífico Occidental, guerras que no tendrían ninguna garantía de ganar”, agrega el rotativo. Señala mejor que los asesores de Trump deberían recordarle que “Taiwán y el mar de China Meridional son las principales prioridades de Pekín”, y que como dijo el Ministerio de Relaciones Exteriores chino: "El principio de una sola China no es negociable". Sin embargo, cegado por su triunfo, Trump ha dado e estos días una serie de señales que Irán esta entre sus objetivos prioritarios, a pesar de que ello pueda conllevar a una conflagración nuclear. Así por ejemplo, no solamente ha estrechado contactos con Israel sino también con Arabia Saudita y tras una conversación telefónica con el corrupto rey Salman bin Abdelaziz, acordaron hacer cumplir "de forma rigurosa" el acuerdo nuclear con Irán. Ambos coincidieron en la "importancia de hacer cumplir de forma rigurosa el Plan Integral de la Acción Conjunta (nombre técnico del pacto nuclear) con Irán y también estuvieron de acuerdo en abordar "las actividades regionales desestabilizadoras de Teherán" informó la Casa Blanca en un comunicado. En el fondo, lo que pretende es imponerle una serie de condiciones extremas que los iraníes rechazarán, lo cual sería el ‘pretexto’ buscado para anular el acuerdo nuclear. El plan elaborado por el equipo de Trump parece ideado por Maquiavelo. Consiste en exigir a Irán una ampliación del acuerdo en la que Teherán se comprometa a no injerir en los asuntos de terceros países donde tiene intereses estratégicos, como Líbano, Siria, Bahrein o Yemen, donde existen importantes bolsas de población chiíta. Naturalmente se trata de una condición que Teherán no aceptaría nunca, lo que le daría pie al magnate para cancelar el acuerdo. La exigencia del equipo de Trump está cortada a la medida de Netanyahu, quien así obtendría dos ventajas muy significativas en el control cada vez más extenso de Oriente Próximo por parte de Israel. Netanyahu lleva años estrechando sus relaciones con los países más reaccionarios de la región. Él mismo ha dicho que esos países sunníes no quieren que se haga público el alcance de las relaciones que mantienen con el Estado judío, pero Netanyahu ha dado a entender que son mucho más significativas de lo que puntualmente trasciende en los medios de comunicación. Países como Arabia Saudita y otros emiratos del golfo Pérsico colaboran estrechamente con los sionistas. El rey saudita Salman, y sobre todo su hijo, el factótum de Arabia Saudita, consideran que Israel ‘defiende sus intereses mejor que los americanos’ De todas formas, esta es una jugada muy arriesgada por la que el rey Salman deberá pagar un alto precio si le sale mal. Los saudíes están involucrados en prácticamente todos los conflictos regionales, empezando por Yemen, acabando por Siria y pasando por Líbano o Irak, y es en esos conflictos donde Israel dispone de bazas importantes para atraerse a los países sunníes más reaccionarios. Esta ecuación existe desde hace varios años pero que con la llegada de Trump a la Casa Blanca. Por lo pronto, el asesor de Seguridad Nacional de Donald Trump, Michael Flynn, ya puso a Irán ‘bajo aviso’ y califica de “desestabilizador” el lanzamiento de un misil balístico iraní. “Queremos dejar muy claro que no vamos a quedarnos de brazos cruzados ante esas acciones”, explicó el portavoz quien a su vez no dice una sola palabra acerca del arsenal nuclear israelí que realmente amenaza a la región. No cabe duda que los halcones de la guerra buscan atizar un conflicto para acabar con el mayor obstáculo que tienen en el Medio Oriente e imponer su voluntad. No quieren la colaboración de Irán - que ha dado suficientes de ello - sino su sumisión, Pero para lograr aquello ¿se atreverán a enfrentarse a Rusia? :)
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