Era la madrugada del 27 de mayo del 2015 cuando la policía entró en el lujoso hotel Baur au Lac de Zúrich. Decenas de funcionarios de la FIFA se alojaban allí. Esa mañana, siete de ellos fueron arrestados bajo sospecha de corrupción. Los agentes los escoltaron al exterior. El personal del hotel intentó proteger a sus huéspedes de las miradas indiscretas con sábanas. Sin embargo, las imágenes se viralizaron. Las detenciones no eran arbitrarias, sino que, por el contrario, fueron el resultado de años de investigaciones por parte de las autoridades estadounidenses. En aquel momento, Estados Unidos era considerado la mayor amenaza para la FIFA; la corrupción, que durante mucho tiempo solo se había sospechado, salió a la luz pública gracias a las autoridades estadounidenses durante esos meses. Sin embargo, en los años siguientes, Estados Unidos paso de ser el mayor enemigo de la FIFA a uno de sus mayores aliados. En efecto, la Copa Mundial de Futbol que se inicia esta semana en Estados Unidos y Canadá marca la culminación de esta evolución, la cual se encuentra estrechamente ligada a un nombre: Gianni Infantino. Cuando tuvo lugar el asalto en Zúrich, por ese entonces, Infantino era Secretario General de la UEFA, la federación europea de fútbol. Por esos días, prácticamente nadie lo consideraba capaz de ocupar un puesto superior. Su jefe, el corrupto Michel Platini, en cambio, se preparaba para asumir la presidencia de la FIFA. El francés fue uno de los mejores futbolistas del mundo en la década de 1980. Posteriormente, aprovechó su perspicacia estratégica para desarrollar una carrera en la administración, convirtiéndose en presidente de la UEFA en el 2007. "Platini era el sucesor natural de Sepp Blatter en aquel momento", explica el periodista de investigación Thomas Kistner, quien lleva décadas investigando a la FIFA. En el verano del 2015, el momento parecía propicio para Platini. El presidente de la FIFA, Blatter, aún afectado por los arrestos en Zúrich, anunció su dimisión. Cuando Platini anunció su candidatura, casi nadie dudaba de que se convertiría en el nuevo presidente de la organización hasta que salió a la luz un pago: en el 2011, dos millones de euros habían pasado de la FIFA de Blatter a Platini. La explicación ofrecida por ambos funcionarios, fue que Platini “había sido asesor del recién elegido presidente de la FIFA, Blatter, a finales de la década de 1990”. Debido a la escasez de fondos de la FIFA en aquel momento, Platini inicialmente se abstuvo de exigir la totalidad de sus honorarios de “consultoría”. Solo lo hizo en el 2011. No existe un contrato escrito; fue simplemente un acuerdo verbal. Pero los investigadores suizos sospecharon que los dos millones de euros fueron en realidad sobornos e iniciaron una investigación que demostró que estaban en lo cierto. Como resultado, el Comité de Ética de la FIFA suspendió a Blatter y a Platini, obligándolos a renunciar a sus cargos. Esto llevo a la UEFA a buscar un nuevo candidato para la presidencia de la FIFA. Es el momento de Gianni Infantino, quien emprendió una importante gira de campaña electoral, visitando todos los continentes. Sin embargo, un viaje de este periodo salió a la luz en los años siguientes: el 6 de octubre voló de Ginebra a Nueva York para una estancia de dos días. Oficialmente, el motivo era asistir “a una reunión con una agencia de marketing en nombre de la UEFA”. No obstante, las actas de la reunión revelan que esta tuvo lugar en línea antes del vuelo. El vuelo es significativo porque, en ese momento, las investigaciones de las autoridades estadounidenses sobre el escándalo de la FIFA convergían en Nueva York. "Es obvio que se trataba de una prueba preliminar para ver si el asunto también podía llegar al señor Infantino", afirma el periodista de investigación Kistner, quien, junto con sus colegas del Süddeutsche Zeitung, fue el primero en informar sobre el vuelo. "Sugiere algún tipo de conversaciones exploratorias entre ambas partes" agrego. Aún no está claro qué hizo Infantino en Nueva York durante esos días. Él mantiene su versión de haber visitado la agencia de marketing. Es evidente: Infantino recibió el apoyo de la federación estadounidense en su elección. Cuando se eligió al nuevo presidente de la FIFA en Zúrich en febrero del 2016, fue el presidente de la federación estadounidense quien le aseguró a Infantino los votos necesarios tras la primera ronda de votación. El suizo obtuvo la mayoría requerida en la segunda ronda y se convirtió en el nuevo presidente de la FIFA. Ahora le tocaba pagar los favores recibidos para su elección. En el primer año de su mandato, Infantino consolidó su poder en la FIFA. Marginó a los interventores independientes y llenó los comités de supervisión con personas afines a él. En el 2018 se llevó a cabo la adjudicación de la Copa Mundial del 2026. Estados Unidos y Canadá se impusieron a la candidatura de Marruecos. De esta manera, tras su derrota ante Qatar (donde el Emir pago millones a Infantino para ser “el elegido”), Estados Unidos finalmente se aseguró la Copa Mundial. Hipócritamente se dijo que “el premio se otorgó conforme a las nuevas reglas destinadas a garantizar una mayor equidad y transparencia”. Sin embargo, pasado dos años, ha quedado claro que Infantino aparentemente hizo mucho entre bastidores - y cobro bastante el muy ladrón - para asegurar “la victoria” de la candidatura norteamericana. Y fue nada menos que el Donald Trump quien lo reveló. En efecto, en una cena con líderes empresariales al margen del Foro Económico Mundial en Davos (Suiza), Infantino pronunció el discurso de bienvenida a Trump, quien respondió que esperaba con gran ilusión el Mundial del 2026. Y luego añadió: «Ustedes querían este Mundial, yo quería este Mundial, lo hicimos posible juntos, incluso antes de que yo asumiera la presidencia». Como sabéis, Trump asumió el cargo en enero del 2017. Según admitió, existían “acuerdos” entre él y el entonces recién elegido presidente de la FIFA mucho antes de la adjudicación del torneo, que, tras el pago hecho a Infantino, se trató de una mera formalidad. Tras el polémico vuelo a Nueva York y la ayuda electoral brindada por la federación estadounidense, esta es la siguiente conexión entre Infantino y Estados Unidos. Trump e Infantino tienen mucho en común: ambos gobiernan como autócratas, tienen una predilección por el dinero y el oro, que son su debilidad. Pero además Trump tiene otro objetivo: quiere convertir la Copa del Mundo en “un escaparate de la grandeza de Estados Unidos” en el 250 aniversario de su fundación. Como podéis imaginar, la relación entre Infantino y Trump no se vio afectada por la filtración de Davos. Al contrario. Durante el segundo mandato de Trump, Infantino ha visitado la Casa Blanca con frecuencia. Trump incluso lo ha llamado el "Rey del Fútbol". Infantino, por su parte, se muestra complacido con su "gran amistad"... interesada, por cierto. Y cuando Trump se quejó en el 2025 por no haber ganado el Premio Nobel de la Paz, Infantino tuvo una idea: la FIFA le otorgo “su propio premio de la paz”. Esto es precisamente lo que ocurrió en diciembre de ese año, cuando el mundo del fútbol se reunió en Washington para el sorteo de la fase de grupos del Mundial. Ante los dirigentes de las más de 40 selecciones participantes, Infantino presento el recién creado “Premio de la Paz de la FIFA” el cual fue otorgado a Trump. Luego de este abyecto acto de servilismo, la FIFA bajo el liderazgo de Infantino, se convirtió en miembro del "Consejo de Paz" de Donald Trump. Durante el anuncio, Infantino lució una gorra roja brillante con la palabra "USA" impresa, del tipo que también usan los partidarios de Trump. Desde entonces, prácticamente no existe resistencia dentro de la FIFA a esta difuminación de los límites entre deporte y política. Durante su mandato, Infantino ha logrado incrementar significativamente los ingresos de la asociación (y también obviamente para su propio beneficio económico). Distribuye los primeros, en forma de “ayuda al desarrollo”, a las más de 200 federaciones nacionales, que a menudo dependen de estos pagos. Mientras estos fondos sigan fluyendo - y estas federaciones agradecidas voten por su reelección - el poder de Infantino se mantendrá firme. Estimo además que la Copa Mundial de la FIFA solo en Estados Unidos, “generará ingresos de once mil millones de dólares” aunque eso está por verse. Y es que, para consternación de los aficionados, los precios de las entradas también han alcanzado niveles astronómicos. En una entrevista con el New York Post, Trump expresó su sorpresa por los precios: "Para ser honesto, yo no pagaría eso", dijo, agregando que le preocupaba que los seguidores de su movimiento MAGA (Make America Great Again) no pudieran asistir a los Juegos. Trump persigue un objetivo claro con esta organización dominada por hombres, afirma Nicholas McGeehan, de la organización londinense FairSquare, que analiza la relación entre el deporte y la política: "Los líderes autoritarios como Trump ven a la FIFA como un instrumento para respaldar sus objetivos y escenificar sus discursos políticos", declaró McGeehan a SID. Algunos medios estadounidenses se refieren a Trump como el "presidente del soccer". En los últimos meses, se le ha visto en la Casa Blanca con figuras destacadas de ese deporte, visitándolo en el Salón Oval. Sin embargo, los índices de aprobación de Trump están cayendo en picado, principalmente debido al elevado coste de la vida y del combustible derivados de la guerra con Irán, cuyo fracaso le está costando muy caro y del cual no sabe cómo salir. El término "lavado de imagen a través del deporte" se refiere al uso que hacen los políticos del deporte para sus propios fines: los grandes eventos sirven como autopromoción, mientras que los problemas políticos se minimizan. La administración Trump tiene muchos problemas, algunos directamente relacionados con la Copa Mundial. Los jugadores iraníes aún no han recibido visas estadounidenses debido a la guerra en curso entre Estados Unidos e Israel. Los aficionados de Irán, Haití, Costa de Marfil y Senegal tampoco pueden entrar al país para el supuesto evento deportivo mundial, como ha criticado el Consejo Estadounidense de Inmigración. A pesar de los deseos de Trump e infantino, el Mundial no está generando el entusiasmo esperado dentro de los Estados Unidos. Las encuestas muestran que solo alrededor de una cuarta parte de los estadounidenses nacidos en el país planean ver los partidos. Entre los inmigrantes - por ejemplo, de Latinoamérica - la cifra supera el 40%, a pesar de que el gobierno los amenaza con redadas de deportación. No es de extrañar por ello, que Infantino necesita desesperadamente a Trump para garantizar el buen desarrollo del Mundial y que no sea un fracaso. A cambio, le ofrece el mayor escenario deportivo: será Trump quien entregue el trofeo de la Copa del Mundo al ganador - esperemos que sea Argentina - tras la final, y haga su propio número tal como lo realizo en el pasado Mundial de Clubes, realizado en el MetLife Stadium de Nueva Jersey en julio del 2025, donde no se quiso retirar de la escena tras entregar la copa al equipo ganador, saltando y festejando junto a los jugadores del Chelsea que lo miraban atónitos. Pero ello no está exento de riesgos para Trump: cuando presenció esa final, fue abucheado por miles de aficionados. Sin embargo, a pesar de los insultos que de seguro volverá a recibir, Trump percibe esta oportunidad para mejorar su imagen empañada por los escándalos sexuales y su fracaso en la guerra contra Irán. El experto en política deportiva Jules Boykoff, exfutbolista profesional y ahora profesor de ciencias políticas en una universidad de Oregón, afirma: “Cuanto peor sea la popularidad de Donald Trump, mayor será su incentivo para aferrarse al deporte como una especie de salvavidas político” asevero. “Cuando el mundo aclama el espectáculo, parte de la atención se centra en él. Esto se conoce como ‘lavado de imagen a través del deporte’ una vieja táctica utilizada por los lideres autoritarios como el propio Trump” añadió. Por cierto, el ICE, la temida unidad de operaciones especiales del Departamento de Seguridad Nacional de EE. UU., ha anunciado que patrullara fuera de los estadios, por lo que muchos aficionados han decidido no asistir porque consideran un viaje a EE. UU. demasiado arriesgado. “En Washington, hay bastantes observadores políticos que observan con burla el caos del Mundial” agrego. “La FIFA eligió una sede para celebrar la unión del mundo y terminó organizando un torneo marcado por tiroteos, restricciones de viaje, problemas de visado, jugadores retenidos durante horas por migración, árbitros que tienen dificultades para ingresar y aficionados que ni siquiera saben si podrán entrar al país. ¿El mundo entero verá cómo EE. UU. arruina el mayor evento deportivo del año? Con Trump todo es posible” puntualizo.