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miércoles, 12 de noviembre de 2014

AFGANISTAN: Un fracaso anunciado

Esta semana nuestra atención se concentra en Afganistán, donde la guerra iniciada hace 13 años por los Estados Unidos y el Reino Unido, con el pretexto de derrotar a los talibanes - aquel grupo de mercenarios a quienes Washington armo para expulsar a los rusos del país, pero que una vez logrado su objetivo, lo convirtieron en un santuario del terrorismo internacional - no termina de concluir. En efecto, tras más de una década de ocupación, el conflicto en esa explosiva región del Asia Central, expresa no sólo un fracaso rotundo de su política intervencionista, sino que ha significado la muerte de mas de. 50 mil afganos, medio millón de heridos de diversa consideración y un millón de desplazados, dejando al país en ruinas y totalmente ingobernable, como ocurrió posteriormente en Irak y Libia. Cuando a pocos meses del 11- S del año 2001, Estados Unidos dio inició a la llamada Operación “Libertad Duradera” se creyó en un primer momento que no tendría mayor dificultad en expulsarlos fácilmente del poder, Sin embargo, los halcones de Washington al poco tiempo se dieron cuenta de su equivocación y terminaron empantanados en una guerra sin fin, que trajo al recuerdo la pesadilla de Vietnam. Si bien el objetivo declarado de Estados Unidos era expulsar a los talibanes y acabar con una sangrienta guerra civil, sucedió todo lo contrario, ya que no solo han podido liquidar a sus antiguos protegidos, sino que estos - aliados del grupo fundamentalista Al Qaeda - tienen el control absoluto de las principales zonas de cultivo del principal ingrediente para la producción de la heroína y amenazan con volver al poder en un país desvastado. Asimismo, su alianza con la Red Haqqani se ha consolidado con fuerza y no sólo en los clásicos bastiones del sur del país, sino en la amplia geografía afgana, donde antes tenía escasa o casi nula presencia. Cercanos a los talibanes, pero dotado de cierta autonomía, la Red Haqqani controla amplias áreas del sureste de Afganistán donde su estrategia de control se basa tanto en el vasallaje tribal como en la férrea disciplina en el campo ideológico, sobre todo en las provincias de Paktia y Khost. Este grupo, según los propios informes elaborados por los organismos de inteligencia estadounidenses ha sido relacionado con actividades terroristas y organizaciones criminales en el noroeste de Pakistán durante años. “Su apoyo permite a los talibanes seguir canalizar tanto combatientes como equipamiento en la zona oriental de Afganistán” sostenía en el 2011 el analista de la Heritage Foundation James Carafano cuando este grupo fue declarado un movimiento terrorista por parte del gobierno estadounidense. La Red Haqqani no tiene el perfil mediático de Al Qaeda, pero sus objetivos políticos coinciden tanto en lo retórico como en lo documental, signando que detener las acciones de los “cruzados en Afganistán impedirán consolidar la idea de un Gran Israel y eso es apoyar la causa del mundo musulmán”. Este grupo tribal posee cerca de 10 mil combatientes y está estrechamente ligado a Al Qaeda, los Talibán y los servicios de inteligencia paquistaní, lo cual le permite controlar las principales áreas de Afganistán donde se cultiva el 80% del opio que se produce en el mundo - 200 mil hectáreas - que va a parar a las ciudades de Occidente. Junto a esa ocupación territorial, los talibanes ha sido capaces de incursionar en las zonas donde Estados Unidos y el débil ejército colaboracionista afgano tienen sus bases, cometiendo una serie de atentados que ha cobrado gran cantidad de victimas, incluida la capital, Kabul. Esta ofensiva se enmarca en las acciones de las fuerzas insurgentes tras la decisión del nuevo gobierno afgano presidio por Ashraf Qani Ahmadzai, de rubricar el Acuerdo de Seguridad Bilateral (BSA, por sus siglas en inglés) entre Afganistán y Estados Unidos, que permite a este último país mantener parte de sus tropas en territorio afgano después de fines del año 2014, que era la fecha límite signada para el retiro de las fuerzas extranjeras. Este acuerdo demuestra la nefasta influencia de la administración estadounidense en lo que se espera de Afganistán para el futuro: Un estado títere supeditado a los hilos que se muevan desde Washington, dispuesto a acatar  todas sus órdenes. Durante la última década, los Estados Unidos han gastado en Afganistán, 120 mil millones de dólares en sus intentos de consolidar gobiernos corruptos, una clase política voraz, parasitaria y absolutamente carente de poder social y político real, destruyendo aún más a un país precario, fragmentado. Todo ello en el marco de objetivos geoestratégicos en la zona del Asia Central, inserto en el vano intento de luchar contra el proyecto de desarrollo exterior impulsado por China en la zona. A pesar de los intentos estadounidenses y los miles de millones de dólares gastados en sus ofensivas militares, la presencia militar, política y empresarial, tanto china como rusa llevan enorme ventaja a Washington y sus aliados en materia de fortalecer la presencia de inversiones y acuerdos multilaterales. Así, el pasado mes de agosto, el gobierno chino discutió las formas de promover la construcción del Cinturón Económico denominado La Ruta de la Seda, una moderna red comercial internacional propuesta ya en el 2013 por el presidente chino, Xi Jinping, el cual ha generado gran interés y una respuesta positiva por parte de Rusia, pero también el recelo de Washington, quien trata de torpedearlo en todo sentido. Precisamente, la serie de conflictos que se vive en la zona están destinadas a atentar contra la Ruta de la Seda, considerada una de las vigas maestras del nuevo orden mundial, ya que en los hechos será un desafío directo al liderazgo estadounidense en una región donde cada vez tiene menos influencia, región donde se inserta Afganistán y que constituye un pesado fardo económico y político para una superpotencia agotada por sus múltiples frentes abiertos. La Ruta de la Seda atraviesa en su periplo Kazajstán, Rusia y Bielorrusia, conectando China con Europa evitando así el tránsito por zonas conflictivas al sur del Mar Caspio. A esa ruta terrestre se une la idea de una órbita marítima, que rodeará el Océano Índico, garantizando el intercambio entre China y Europa. Ambas destinadas a ser las mayores rutas comerciales del mundo. Si a ello sumamos la alianza estratégica existente entre Rusia y China, para hacer frente al enemigo común, significa una clara competencia a las pretensiones hegemónicas de los Estados Unidos ya sea en Medio Oriente, Eurasia y Asia Central, Sin embargo, Afganistán tras trece años de ocupación estadounidense, se ha ido transformando lentamente en una entidad fallida. Derrotado en la práctica por los talibanes, a los EE.UU. no les quedara tarde o temprano otra cosa que una deshonrosa retirada, demostrando nuevamente el fracaso de su política intervencionista en la región. ¿Aprenderán la lección? Por lo que vemos en Ucrania, Irak y Siria, lo dudo mucho :(
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