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miércoles, 25 de julio de 2018

CHINA: Guerras de Poder

Para nadie es un secreto la obsesión de los EE.UU. por el gigante asiático debido a su creciente poder e influencia a nivel internacional, que se ha convertido en un motivo de gran preocupación para la Casa Blanca. A la ‘guerra comercial’ desatada por Donald Trump contra China, se suma el militar, debido al choque de intereses entre ambas potencias tanto por el control del Mar Meridional de China como por la situación de Corea del Norte y el status quo de Taiwán (considerados un ‘asunto interno’ para Pekín), lo cual puede desatar a la larga una conflagración nuclear, con resultados devastadores para la humanidad. Para ello, Washington ha desarrollado una política de contención que parece calcada a la que el Pentágono aplica a Rusia: un cerco militar, político y comercial para estrangularla y debilitarla con el objetivo nada disimulado de dar paso a una agresión militar a gran escala. Como recordareis, el 30 de mayo el secretario de Defensa, James ‘Perro Loco’ Mattis, anunció un cambio en la política estratégica global estadounidense. El Comando del Pacífico (PACOM), que supervisa todas las fuerzas militares de Estados Unidos en Asia, será llamado Comando del Indo Pacífico (INDOPACOM). Es mucho más que un cambio de nombre. Tres semanas después, el 18 de junio, Donald Trump decretó el nacimiento de la sexta rama de las Fuerzas Armadas, la Fuerza Espacial que se suma al Ejército de Tierra, Armada, Fuerza Aérea, Cuerpo de Marines y a la Guardia Costera, el cual fue mucho más claro que el secretario de Defensa: "No queremos que China, Rusia y otros países nos lideren. Siempre hemos liderado". Parece evidente que EE.UU. apuesta a la superioridad militar para contener a sus rivales, aunque se trata de un juego peligroso. Si nos centramos en la creación del INDOPACOM, se concluye que Washington y el Pentágono creen que su principal adversario estratégico es el dragón asiático, aunque están apretando el cerco europeo a Rusia en algunos puntos ‘calientes’, como Crimea, Ucrania y Polonia. En un reciente artículo el analista Michael T. Klare sostiene que "el Ejército de Estados Unidos está preparando el escenario para un eventual enfrentamiento con China". A través de la creación del Comando Indo Pacífico, el Pentágono busca "alentar a la India para unirse a Japón y Australia al sistema de alianzas de los Estados Unidos en el Pacífico", según Klare. De inmediato, el jefe del Pentágono retiró la invitación a China para participar en los mayores ejercicios navales multinacionales en la cuenca del Pacífico, los RIMPAC por sus siglas en inglés. Como sabéis, el Comando del Pacífico, (PACOM) se estableció en 1947 y abarcaba más de la mitad de la superficie del planeta, casi el 60% de la población mundial, incluía el control de 36 países y algunos de los Ejércitos más potentes del mundo (China, Rusia e India, entre otros) bajo la supervisión de 300.000 efectivos de los EE.UU. desde el fin de la Segunda Guerra Mundial. Según Klare, la creación del INDOPACOM como su sustituto "representa un cambio fundamental en el pensamiento militar de Estados Unidos con consecuencias de largo alcance". Sin embargo, la presencia militar de China es por ahora relativamente pequeña en comparación con la de países como Rusia, por lo tanto las razones de la decisión del Pentágono deben ser analizadas en un contexto más amplio que el simplemente militar. En primer lugar, EE.UU. considera que China es su principal adversario estratégico, lo que implica una mirada de larga duración. La economía del dragón ya es la primera del mundo, según la medición del FMI en base a la paridad del poder de compra, y avanza de forma notable en algunos rubros decisivos como la inteligencia artificial y la internacionalización del yuan, lo que representa un desafío formidable a la declinante hegemonía del dólar. La segunda cuestión es que China se ha hecho fuerte en el Mar del Sur de China, donde ha reforzado y militarizado los archipiélagos Spratly y Paracel, convertidos en enclaves defensivos y ofensivos que actúan como una cadena de portaaviones fijos, ‘amenazando’ a su vez a Taiwán, un estrecho aliado de EE.UU. De ese modo, China se ha asegurado el control del mar más importante para su comercio exterior y para su expansión en dirección al Índico. En tercer lugar, EEUU aprovecha la honda preocupación del gobierno de India con la creciente presencia de China en el océano Índico, con la apertura de un puerto en Gwadar (Pakistán) y potencialmente otro en Sri Lanka. India cuenta con una poderosa flota y hasta ahora no se había comprometido con ninguna de las estrategias en pugna, pero su incorporación a la estrategia del Pentágono puede ser un duro golpe para las ambiciones chinas. La cuarta cuestión es que el Pentágono diseñó una estrategia para contener y tornar imposible el principal proyecto geo estratégico de China, el Cinturón y la Ruta de la Seda que conecta Asia con Europa. La apuesta supone serios desafíos, ya que consolidaría la posición dominante de China y de la Organización de Cooperación de Shanghái en Eurasia, en alianza con Rusia, Kazajistán, Kirguistán, Tayikistán, Pakistán e India. Los estrategas estadounidenses consideran que perder la posición hegemónica en Eurasia sería catastrófico para las ambiciones del país de mantenerse como potencia sin rival en el planeta. Para China, sin embargo, el Cinturón y la Ruta son la única forma de ascender al rango de gran potencia eludiendo la guerra. Si esta expectativa se frustra, como pretende el Pentágono, la opción bélica sería inminente. Por eso China está construyendo su tercer portaaviones, se prepara para el primero de propulsión nuclear y está modernizando sus fuerzas navales y aéreas a toda prisa. La política del cerco como forma de contención y asfixia es bien conocida por los dirigentes chinos, ya que fue ampliamente utilizada en la guerra civil contra el Partido Comunista por las fuerzas de la derecha agrupadas en el Kuomintang desde la década de 1920 dirigidas por Chiang Kai-Shek. Tienen perfecta conciencia de que la guerra es una posibilidad, sin duda la preferida por los altos mandos de EE.UU. y gran parte de su elite política y empresarial. La ‘guerra comercial’ en curso es apenas un anticipo de lo que puede venir, definida por altos funcionarios chinos como la "nueva guerra del opio".Pero en esta ocasión las cosas son bien diferentes respecto al pasado. China ya no corre el riesgo de que su territorio sea invadido y su pueblo humillado como sucedió en varias ocasiones desde el siglo XIX. Su actual fortaleza militar y arsenal nuclear - el tercero del mundo - así como su cada vez más estrecha alianza con Rusia, lo convierten en un temible adversario para los EE.UU. y sus aliados. Su ambición consiste en recuperar el papel que le correspondió como uno de los centros más destacados de la civilización. Siendo la potencia económica dominante, esta convencido que debe convertirse en la potencia hegemónica de los próximos decenios, como ha sucedido siempre en la historia de la humanidad. Pero debemos recordar que esos recodos se recorrieron siempre con guerras … y esta podría ser la que acabe con nuestro planeta :(
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