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miércoles, 21 de octubre de 2026

FRANCIA: Un país en llamas

Francia está que quema en este arranque de otoño. Y no precisamente por el cambio climático. Mientras Emmanuele Macron discute sobre dónde aplicar la tijera para podar los presupuestos nacionales, con el objetivo de seguir destinando ingentes cantidades de dinero a Ucrania en su guerra suicida contra Rusia, decenas de miles de jóvenes han salido a las calles en movimientos de protesta con un nexo en común, autoproclamándose como “la expresión del desasosiego de la juventud ante el futuro y el descontento por un presente caracterizado por la precariedad”. Sin embargo, las insuficiencias del sistema educativo entre otras exigencias, han sido el pretexto utilizado por estos grupos violentistas - que de “estudiantes” no tienen nada y que en realidad están conformados por miles de inmigrantes musulmanes procedentes especialmente de Argelia - para desatar el caos y la violencia en las calles de Paris y otras ciudades francesas, saqueando e incendiando locales públicos y privados, así como destruyendo y vandalizando monumentos históricos, dirigidos por los resucitados ‘chalecos amarillos’, un grupo terrorista afín al comunista Jean-Luc Mélenchon, cabecilla de la Francia Insumisa (LFI) y candidato al Eliseo en las elecciones del próximo año. Todo incendio empieza por una chispa y en Francia, como es habitual, empezó en los suburbios. La revuelta de los “estudiantes de bachillerato” de todo el país, que tiene en este momento contra las cuerdas al gobierno de Sébastien Lecornu, se inició el 17 de septiembre en el liceo Antoine de Saint-Exupéry de Créteil, al sudeste de París, cuando los “alumnos” se unieron a una huelga del profesorado en protesta por la falta de personal y de recursos, bloqueando el instituto. Pasados unos días, ya eran una decena los liceos implicados, una cifra que alcanzó rápidamente el millar. En las últimas semanas se han sucedido multitudinarias manifestaciones, que han acabado muchas veces en enfrentamientos con los antidisturbios y actos de violencia protagonizados por estos grupos radicales, mientras crecen interesadas voces críticas hacia la fuerza utilizada por la policía, pero que a su vez apoyan la asonada terrorista de Mélenchon. La violencia se amplió el último fin de semana, dándose una confluencia con otros movimientos terroristas, como el los ‘chalecos amarillos’, que entre el 2018 y el 2019 hicieron temblar a Francia. Junto a la reivindicación de más profesores para cubrir las bajas y más recursos -10.000 millones de euros más para educación -, los “estudiantes” reclaman también la supresión del actual sistema de acceso a la universidad, en manos hoy de una plataforma (Parcoursup) gobernada por un algoritmo que consideran opaco y -sospechan- discriminatorio, y que es probablemente el problema inmediato que más angustia les produce. La protesta nació del malestar por el coste de la vida y la pérdida de poder adquisitivo, en especial por el precio que han alcanzado los carburantes. Curiosamente, en el 2018 fue también la ecotasa -unos céntimos en el precio de la gasolina y el gasóleo- lo que encrespó los ánimos. Luego se añadieron otras reivindicaciones. Hoy los carburantes son mucho más caros que entonces, una media de 2,30 euros por litro de gasolina de 95 octanos. Son los jóvenes que han vivido siempre bajo la angustia de la urgencia climática y los que, en el caso de la Francia de Macron, ven amargamente cómo se incumple la promesa meritocrática de la educación como instrumento de emancipación. Con un déficit del 5,4% del PIB, una deuda acumulada que roza el 120% y una prima de riesgo que ha escalado hasta el nivel más alto desde la crisis del euro en el 2012, las opciones del Gobierno francés son limitadas. La tensión propia de una precampaña electoral exacerba los ánimos y da alas a quienes buscan incendiar el conflicto social para sacar beneficio en las urnas. A ello debemos agregar que la atmósfera de fin de reinado, con Macron al término de sus dos mandatos por un total de diez años, contribuye a la parálisis. Cabe precisar que las violentas protestas son un caso paradigmático de “confluencia de luchas”, que ha servido de catalizador para encauzar otros sectores descontentos en la sociedad francesa, siempre dispuesta lanzarse a la calle. Los partidos de ultraizquierda, especial La Francia Insumisa (LFI), buscan capitalizar el momento, por lo que es inevitable no interpretar estas protestas con el trasfondo de la campaña electoral de las presidenciales, que se celebrarán el 18 de abril y el 2 de mayo del 2027. Pero tal “convergencia de luchas”, o simplemente la suma de cabreos, se trasformó, como se esperaba, en una orgía de violencia a cargo de los salvajes habituales que nada tienen que ver con el grueso de los estudiantes de institutos. La degradación de la vida política en Francia y la impotencia del Gobierno para hacer frente a la violencia de los grupos organizados de ultraizquierda volvió a quedar reflejada ante el mundo en una serie de imágenes vergonzosas para la otrora sexta potencia mundial. Ayuntamientos, como el de Marsella, asaltados; edificios oficiales o privados incendiados, material urbano destrozado. Todo ante la incapacidad y contención de las fuerzas policiales, temerosas de ser acusadas de “matar”, como aúllan las huestes de LFI de Melenchón. Como sabéis, estos grupos de ultraizquierda bien organizados – conformado por argelinos llegados en pateras - que aprovechan cualquier protesta para destrozar y desestabilizar el orden público. La jornada de protesta del 17 de octubre, que tenía como denominador común la preocupación por “la vida cara”, será recordada especialmente por la ira de los comerciantes que vieron saqueados sus negocios, por los ciudadanos que descubrieron sus automóviles abrasados en su propia calle, por el humo que entraba por las ventanas de sus casas… Al margen de los disturbios en el centro de París, los dirigentes de LFI - cobardes como todos los dirigentes izquierdistas que envian a su gente al matadero mientras ellos se recogen a buen recaudo - desfilaban lejos de los gases lacrimógenos entonando la Marsellesa y, sin duda, encantados con el clima de insurrección y caos que piensan alargar hasta la primera vuelta de las elecciones presidenciales, el 18 de abril próximo. El cabecilla de LFI declaraba que “la juventud estaba más movilizada que en mayo del 68”, mientras su séquito coreaba “Melenchón presidente”. Orgullosos pueden sentirse las huestes de Melenchón, ya que han atizado, manipulado y capitalizado las cinco protestas estudiantiles anteriores al enésimo sábado fatídico para la historia social en Francia. Para Marine Le Pen, favorita para sustituir a Macron en la presidencia, “las reivindicaciones sociales han vuelto a ser secuestradas por la extrema izquierda y los discursos de los diputados de Jean-Luc Melenchón que, legitimando la violencia, considerando el orden como una opresión, y el desorden como un derecho, busca llevar al país hacia el caos” asevero. El ruido de las granadas aturdidoras mezclado al de los cristales rotos y los adoquines golpeando los vehículos policiales ocultó las peticiones de los estudiantes de los institutos. Ni los manifestantes ni los políticos mencionaban ya la falta de profesores, o el estado de degradación de ciertos – no muchos – centros escolares. Mientras algunas calles ardían en París, Lyon o Marsella el palacio del Elíseo y el de Matignon monopolizaban buena parte de los efectivos antidisturbios. Macron y el primer ministro, Sebastien Lecornu, permanecían en sus sedes oficiales, protegidas por el temor a ser asaltadas como ocurrió en 2017. Hoy, las crisis se acumulan para el primer responsable de un régimen en semi-coma. carente de la confianza de sus administrados y cuya voz es completamente ignorada. A siete meses del final de su mandato, Macron es mucho más que un “pato cojo”. Al desprecio, cuando no odio, de sus compatriotas, debe unir la desconfianza de los inversores y de muchos de sus colegas europeos frente a la situación de las finanzas de su país. Una deuda que llega ya a 3,61 billones, de la que los nueve años de Macron son responsables de 1,34 billones; un déficit del 5,1% del PIB para el 2027. Con las finanzas en la UCI, el presupuesto que Lecornu quiere aprobar incluye recortes por 25.000 millones y una subida de impuestos de 17.000. Apuesta por un crecimiento de un 1%, cuando los especialistas lo fijan en un 0,5%; una inflación de un 1,8%, cuando en septiembre llegaba ya al 3%; tipos de interés limitados al 4.3%, cuando ya van a superar el 5%. Lecornu no convence a nadie, y mucho menos a los fondos especulativos que apuestan por la incapacidad de París para hacer frente a la deuda. Francia sigue siendo el país que dedica más al gasto público (57%) con unos servicios en estado catatónico, sin que ni los dirigentes de los últimos 40 años, ni los que se presentan para dirigir el país a partir del 2027 estimen necesario recortar el gasto social. Mientras, los saqueos, incendios, destrozos y los enfrentamientos con las fuerzas de orden público ofrecidas este sábado en directo a todo el planeta son testimonio gráfico, una vez más, de la ausencia de autoridad y de la incapacidad de un Emmanuel Macron en el fin de su desastroso reinado. De esta manera, a seis meses de unas elecciones presidenciales, en las que la ultranacionalista Marine Le Pen, del Reagrupamiento Nacional (RN) parte como la gran favorita, este país afronta una crisis múltiple que refleja un descontento común con otras sociedades occidentales y frente al cual el margen de maniobra de quienes gobiernan es cada vez más reducido. Al respecto, el presidente del RN, Jordan Bardella, ha dicho que el movimiento contestatario es una excusa para los grupúsculos de extrema izquierda y hostiles a la policía, que actúan por órdenes del ultraizquierdista Mélenchon, por lo que reiteró su pleno apoyo a las fuerzas de seguridad. Bardella no dudó que a medida que se acerque los comicios, los desórdenes y la violencia se incrementaran por obra de quienes buscan ganar a rio revuelto. Si eso es así, el RN y los medios afines lo explotarán al máximo para extender el mensaje de una Francia donde falta autoridad y mano dura, para seguir creando las condiciones de una arrolladora victoria de Le Pen la próxima primavera. Las hordas terroristas de Mélenchon están al acecho y solo ella será capaz de enfrentar y vencer tal amenaza. Es indudable el interés electoral del candidato de LFI en desestabilizar al país, ya que está muy por detrás de Le Pen. Las protestas le han proporcionado una ocasión única para profundizar en su estrategia de oposición total a la política de Macron y acercamiento a la juventud. Los incendiarios llamamientos en redes sociales a un movimiento más amplio, que destruyan, roben e incendien todo a su paso, es música para los oídos de Mélenchon - cuyo partido debe ser ilegalizado - a quien no le interesa en absoluto el destino de Francia y solo quiere verla destruida, creyendo que así podrá llegar al Eliseo. En cuanto a Macron, a quien sus partidarios llamaban pomposamente Le Roi, comparándolo con Luis XIV, vive sus horas de agonía y bien puede terminar como Luis XVI, en la guillotina... o algo peor. (Por cierto, en lo que es considerado una gran derrota para Donald Trump, la provincia de Alberta - rica en petróleo - rechazo por una aplastante mayoría del 76%, independizarse de Canada e “integrarse” en los EE.UU. tal como lo pretendía el inquilino de la Casa Blanca. De nada le valió a este la campaña desestabilizadora que orquesto ni sus ‘fake news’ para lograr su pérfido cometido...)

ROADSTER: El auto “volador” de Tesla

En una propagandística presentación, Tesla mostró en sociedad al que denomino “el auto del futuro”: Roadster. Un vehículo eléctrico deportivo biplaza, que cuenta con propulsores de SpaceX que le permiten “volar”. Bueno, al menos puede suspenderse en el aire y una que otra maniobra, antes de aterrizar posteriormente, aunque cabe reconocer que es el primero de su tipo con estas características. La muestra realizada en Texas, Estados Unidos, fue encabezada por el propio Elon Musk, quien fue el encargado de presentarlo en sociedad. El vehículo fue desarrollado por Tesla y en colaboración con otra de las empresas de Musk, SpaceX. Durante la presentación del prototipo en las instalaciones de pruebas de cohetes de SpaceX en McGregor, el flamante Roadster ingresó por una rampa perpendicular y mediante un exclusivo sistema de succión pudo girar en el aire a través de los propulsores integrados y descender con normalidad, ante la mirada atónita de todos los presentes. "Bueno, ha funcionado", celebró Musk, tras la maniobra y en medio del griterío generalizado del auditorio. Según confirmó en la presentación, Roadster utiliza aire comprimido almacenado a muy alta presión en lugar de combustible convencional para cohetes. Se dice que el prototipo, además de suspenderse en el aire, puede acelerar de 0 a cerca de 100 kilómetros por hora en 1,6 segundos, y utiliza un sistema de succión bajo la carrocería para aumentar la adherencia al asfalto. Según anticiparon desde Tesla, la producción del vehículo comenzaría de forma masiva dentro de poco más de un año, en el 2028. Y por lo pronto, se anunciaron tres versiones: Performance, Thrust y Rocket. La versión Thrust incorporará propulsores traseros que reducirán la aceleración a menos de 0,9 segundos; mientras que la Rocket, de una sola plaza, podrá despegar y maniobrar en el aire, además de alcanzar casi 100 kilómetros por hora en menos de 0,59 segundos, según las especificaciones anunciadas por Tesla. La compañía también aseguró que el deportivo podrá superar los 370 kilómetros por hora y ofrecer una autonomía de carga superior a 480 kilómetros. Según aclararon los propios organizadores, el Roadster se manejó de manera remota durante su presentación. Y el giro y el descenso controlado no fue lo único que hizo. Además, saltó y dio un giro en el aire por encima de una hilera de vehículos de la misma marca. Musk afirmó que Roadster será el único automóvil de Tesla diseñado para la conducción manual a largo plazo, mientras la compañía concentra sus esfuerzos en los vehículos autónomos y la robótica. El empresario reconoció que el deportivo no está necesariamente "optimizado para la seguridad", lo que, por lo pronto, plantea interrogantes sobre su homologación para circular por carreteras públicas. Por cierto, la demostración no significa que el automóvil pueda “volar” de manera sostenida. Lo presentado fue un vehículo que se impulsó desde una rampa y aterrizó sobre sus ruedas, mientras que la aspiración de Musk es incorporar propulsores que le permitan elevarse sin dejar de ser un auto para circular por carretera. “El éxito no está garantizado”, señaló en la presentación. “Lo digo en serio. Probablemente funcione, pero si no funciona, estaremos a una distancia prudencial” asevero. Como recordareis, hace casi una década, Tesla hizo el anuncio sore un auto “volador”, viene trabajando en el proyecto y este es su prototipo. Aunque Musk y sus socios no especificaron el precio de salida que tendrá Roadster, se especula que la unidad tendrá un valor base de unos 200.000 dólares. Un par de horas más tarde de la presentación, Elon Musk realizó una publicación en X con la frase "Resulta que el futuro sí tiene autos voladores". El posteo lo completó con una toma especial del Roadster saltando a varios vehículos o haciendo un giro en el aire por encima de ellos. Pero incluso con el éxito del evento, queda por demostrar si el auto realmente podrá estar a la altura de lo prometido y ofrecer a sus propietarios la capacidad de volar en lugar de simplemente saltar, al tiempo que pueden conducir a gran velocidad en carretera. Y es muy difícil afirmar si el auto sea capaz de “volar” de verdad, como lo pregona Musk. Desde luego, no hubo ninguna demostración de vuelo de largo alcance. En los últimos años se han producido muchos avances en las aeronaves eléctricas de despegue y aterrizaje vertical, conocidas como eVTOL. Si bien existen algunos modelos funcionales, aún quedan muchos obstáculos de ingeniería para lograr vehículos aptos para circular por carretera que realmente puedan volar. “Los aviones son extremadamente sensibles al peso, mientras que en los vehículos terrestres se necesitan parachoques, zonas de deformación programada y demás”, declaró antes del evento Roger Connor, especialista de vuelo vertical del Museo Nacional del Aire y el Espacio del Smithsonian. “Inevitablemente, un híbrido entre ambos será un avión y un vehículo de bajo rendimiento, además de bastante caro”. Un prototipo en desarrollo, fabricado por la empresa emergente californiana Alef, ha logrado elevarse en el aire gracias a ocho hélices: cuatro delanteras y cuatro traseras. Sin embargo, el vehículo pesa 115 kilogramos, una fracción mínima del peso de un Tesla Roadster. Además, solo puede transportar a una persona, cuyo peso debe ser inferior al del propio vehículo. Antes de la demostración de Tesla, el director ejecutivo de Alef, Jim Dukhovny, declaró que no le sorprendería que Tesla lograra hacer despegar su Roadster durante el evento, tal como ocurrió luego. Sin embargo, eso no significa que realmente pueda “volar”. “Es absolutamente factible al 100%”, afirmó. “Dicho esto, la parte más difícil en todos los eVTOL, y para nosotros, es la transición del ascenso vertical al avance. Hay que tener muchísimo cuidado, asegurándose de no perder sustentación y de que sea muy estable”. Conner también expresó sus dudas de que un vehículo homologado para circular por carretera, como un Roadster, pudiera volar a cualquier lugar al que su propietario quisiera ir. “No estamos hablando de un vuelo sostenido”, indicó. “Estamos hablando, literalmente, de dar pequeños saltos” puntualizo.
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