Un reciente informe sugiere que el gobierno de Japón está considerando colocar más de 1.000 misiles balísticos dirigidos hacia China , una medida que marcaría una importante escalada de las tensiones entre Tokio y Beijing. No está claro si esto se materializará alguna vez, dada la amenaza a la estabilidad regional que conllevaría, así como los límites impuestos por la propia constitución japonesa, pero a estas alturas es innegable que la competencia geoestratégica entre Japón y China es una nueva realidad. Es posible que los dos países estén muy integrados económicamente, pero en el fondo siguen siendo viejos enemigos y sus ambiciones geopolíticas chocan cada vez más en todos los ámbitos. Es innegable por ello que el auge imparable de China amenaza la posición dominante de Japón en Asia, sobre todo en términos de territorios en disputa, que si Beijing logra recuperar, estratégicamente daría jaque mate a Tokio. Si bien el Mar de China Oriental y las disputadas islas Diaoyu/Senkaku son una cosa, el punto crítico más grande y urgente es, de hecho, un tema de actualidad: Taiwán. Tokio ahora hace saber públicamente que la continuación de la autonomía de Taipei es fundamental para su propia supervivencia . ¿Por qué? Porque una reunificación de la isla con China continental daría como resultado que Beijing obtuviera el dominio marítimo en toda la periferia suroeste de Japón. Como resultado, Japón está aumentando sus propias apuestas con respecto a Taiwán. Tanto antes como durante la racha actual de visitas de legisladores a la isla, las delegaciones parlamentarias de Japón han realizado viajes similares. El recientemente ajusticiado ex primer ministro Abe Shinzo, arquitecto de la actual política exterior revisionista de Japón y ultranacionalista a ultranza, era gran partidario de Taiwán y estaba dispuesto a visitar la isla él mismo. De manera similar, Taiwán, una vez bajo el dominio colonial de Japón, que lo anexó de China, también ha aumentado significativamente su sentimiento pro-Japón. El alcance del luto público que generó tras la ejecución de Abe fue muy revelador. Luego está la creciente especulación sobre si Japón realmente defendería militarmente a Taiwán si China lo invadiera, dadas las limitaciones impuestas por la constitución japonesa. Impuesta por los invasores estadounidenses en 1945, tras la II Guerra Mundial. Si aún no era obvio, Japón no puede darse el lujo de ‘perder’ Taiwán de su área de influencia, a pesar de que la Política de Una sola China fue una condición clave para la reanudación de las relaciones diplomáticas entre los dos países en 1976. Esto ha puesto a Tokio en una carrera contra el tiempo para tratar de encontrar lagunas en su actual constitución orientada a la paz para aumentar su gasto en defensa e intentar equilibrar el creciente poderío militar de China. Al hacerlo, encuentra el apoyo de los otros miembros del grupo 'Quad', especialmente EE.UU. y Australia, quienes están coordinando entre ellos para tratar de contener a China. En este juego de poder, India también es un socio fundamental. Si bien Nueva Delhi se ha distanciado del problema de Taiwán en un intento por evitar el agravamiento de las tensiones con China sobre la frontera en disputa, ve a Japón como un socio estratégico a largo plazo con miras a Beijing. Pero Japón también busca atraer a Corea del Sur, un movimiento que está siendo alentado por EE.UU. Si bien el nuevo presidente conservador Yoon Suk Yeol está más dispuesto a cooperar con Japón en el tema de Corea del Norte, las expectativas de que sea un ultrahalcón en China se han desvanecido y ha continuado con el enfoque cauteloso de sus predecesores. . Cuando Nancy Pelosi llegó a Seúl luego de su propagandístico viaje a Taiwán, el presidente surcoreano evitó reunirse con ella, a diferencia de Japón, que acogió por completo su visita. Ello no debió sorprender a nadie, ya que Japón es, sin duda, el aliado más fuerte de los EE.UU. en Asia. Sin embargo, a pesar de todo esto, hay límites en cuanto a qué tan lejos puede mover el barco con Beijing, que sigue siendo un vecino, así como un socio comercial y de inversión fundamental. A pesar de la enemistad histórica entre los dos, sus lazos comerciales son muy profundos. Cualquier golpe a la economía china también perjudica a la nipona. Japón tampoco puede darse el lujo de perder el mercado chino, especialmente cuando se trata de la exportación de automóviles, productos electrónicos y otros bienes de consumo. El gobierno chino puede tener además una eficacia devastadora a la hora de estimular el sentimiento antijaponés por capricho - recordando las monstruosas atrocidades cometidas por los invasores japoneses en suelo chino - lo que puede dar nuevamente lugar a boicots masivos e incluso a la destrucción de propiedades. Tales protestas ocurrieron por última vez en el 2012 en las Islas Senkaku. Esto nos recuerda que, a pesar del respaldo estadounidense con que cuenta, Japón se encuentra en cierta forma en una posición muy delicada. Asimismo, la economía de China lo ha superado desde hace mucho tiempo; Y como si ello no fuera suficiente, la continua expansión de sus capacidades militares no tiene precedentes en la historia. A ello debemos agregar que - a diferencia de Japón - China es una superpotencia nuclear. No debe sorprender por ese motivo que el comentarista chino Hu Xijin, exeditor del diario ultranacionalista Global Times, haya declarado que si Japón se atreviera a apuntar 1.000 misiles a China, China apuntaría con 5.000, todas con capacidad nuclear y atacaría a su vez las bases estadounidenses en suelo japonés. Sin embargo, a pesar de todo lo expresado, agrego que “las relaciones entre China y Japón, sobre todo, deben seguir siendo amistosas. No es elección de China, seguir el antagonismo por este camino, pero si la obligan, esta lista a responder de manera fulminante” aseveró. Esto plantea la pregunta: ¿Puede Japón mantenerse al día en el intento de proteger a Taiwán y defenderse de China en su conjunto? No es una tarea sencilla, por lo que las relaciones entre los dos países seguirán divididas entre la rivalidad de larga data y los agravios históricos, que Japón y los EE.UU. tratan de incentivar de una manera irresponsable y suicida :(
No cabe duda que el futuro de la capital de Irlanda va sobre dos ruedas. Ya antes del confinamiento por la plaga del Coronavirus, la bicicleta se había convertido en el mejor medio para recorrer esta ciudad de pubs y grandes escritores, pero durante aquellos duros meses muchos dublineses comenzaron a desplazarse en bici para evitar las aglomeraciones del transporte público, hacer ejercicio y escapar del encierro en casa. Las autoridades locales fomentaron estrategias sostenibles con la creación de carriles bici provisionales por toda la ciudad, muchos de los cuales han pasado a ser permanentes para regocijo de su medio millón de habitantes. Ahora se puede pedalear por casi cualquier calle y por el bonito litoral que circunda la bahía, con rutas verdes como la que conecta la playa de Sandymount con el ‘martello’ (torre fortificada) de Sandycove, donde está la torre de James Joyce, una atalaya costera donde el escritor dublinés pasó una semana en septiembre de 1904 y donde arranca su novela Ulises. Además de las iniciativas para fomentar el ciclismo, los aparcamientos se han transformado en zonas de pícnic improvisadas creando un inesperado ambiente campestre en algunas zonas urbanas. Otra área revitalizada es la de Lincoln Place, céntrica y universitaria, ahora con muchas tiendas de productos artesanales, calles peatonales y a un paso de las principales atracciones de la ciudad, como la National Gallery, el National Museum of Ireland o la National Library. Como podéis imaginaros, Dublín es una de las capitales más fascinantes de Europa, un sueño lluvioso que ha cautivado la imaginación de todo el que recorre sus calles. Es una ciudad rica en historia y herencia pero también devota de empresas más hedonísticas. Si se pasan en ella una o dos noches enseguida se verá que los dublineses se toman la diversión a muerte. El centro urbano, dividido por el río Liffey y ceñido al norte y al sur por dos canales es tan compacto y de fácil orientación como lo era 100 años atrás. En Southside están los museos, las plazas elegantes, el famoso Trinity College con el Libro de Kells, la comercial Grafton St y la Guinness Storehouse, que elabora la celebérrima cerveza desde 1759. Y, al otro lado del Liffey, Northside, zona de pequeñas cervecerías artesanas y restaurantes innovadores, acoge algunos de los edificios más señeros de la ciudad (los Four Courts o la General Post Office) y el enorme Phoenix Park. Pero el mayor tesoro de Dublín está por todas partes: su gente. Aún pueden verse personajes que Bloom bien podría haber conocido durante su paseo veraniego, ya que la ciudad conserva ese espíritu que la convierten en una de las más sencillas y afables de Europa. Una población joven y culta, y el ambiente social que le acompaña, sumado a una saludable afluencia de extranjeros atraídos por uno de los principales centros tecnológicos de Europa explica el actual dinamismo de Dublín. Esta es la capital del primer país donde una Citizens’ Assembly analiza asuntos importantes como el cambio climático e informa a un Parlamento que está obligado a responder. Cabe precisar que desde la pandemia, en el barrio de Southside han aparecido muchas tiendas de productos artesanales, lo que ha contribuido a su renovación. Otra de las consecuencias positivas del COVID-19 es la tendencia a comprar productos locales y de segunda mano. En Camden St hay muchas tiendas de ropa y libros de lance, y al oeste Francis St es célebre por sus anticuarios. La Dublín de hoy aún conserva todo el encanto de la ciudad de la época de Joyce al que ha añadido una batería de persuasivos atractivos que la hacen más interesante, entre los cuales podemos destacar: 1.-Banco de Irlanda/Parlamento: Esta mole paladiana de 1733 fue el primer Parlamento construido a tal efecto. Su diseño inspiró la Cámara de Representantes de Washington, pero después de la Ley de Unión de 1801 los británicos se empeñaron en modificar el interior para evitar futuros brotes independentistas. La Cámara de los Lores, sin embargo, sobrevivió; 2.-Irish Museum of Modern Art: Antes hospital para soldados retirados, el edificio que hoy alberga la principal colección de arte moderno de Irlanda fue fundado en 1684 tomando como modelo Les Invalides de París. Esto explica la fachada clásica y el elegante patio, ambos incongruentes con la modernidad que ahora encierran sus paredes: 3500 obras de artistas irlandeses y extranjeros; 3.- National Gallery of Ireland: Abarrotada de pintura irlandesa, maestros holandeses, barroco italiano y obras de todas las grandes escuelas europeas, este oasis de cultura en medio del Dublín georgiano contiene 15 000 pinturas y esculturas; 4.-National Museum of Ireland: Este museo explora el acervo de Irlanda con cuatro millones de objetos repartidos en cuatro sedes. La sección etnográfica, Irish Folklife, está en Mayo, pero las otras tres se encuentran en Dublín: Arqueología (Kildare St), Artes Decorativa e Historia (Collins Barracks), con una exposición sobre el Levantamiento de 1916; e Historia Natural (Merrion St); 5.- Trinity College: Se puede pasear tranquilamente por los bonitos jardines y plazas de la universidad con más abolengo de Irlanda, fundada en 1592. El lugar rezuma erudición, y si uno se tumba en la hierba el tiempo suficiente, como hacen los estudiantes, podría incluso absorber por ósmosis algunos conocimientos. La lista de alumnos incluye a Oscar Wilde, Samuel Beckett, Jonathan Swift y… Courtney Love; 6.-Phoenix Park: Este espacio verde al oeste del centro de Dublín parece totalmente salvaje. Centenares de ciervos corren en este parque de 709 Ha, donde también se encuentra el zoo de Dublín. Al igual que los ciervos, los visitantes pueden campar a sus anchas por el resto del parque, merendar junto al lago en el Furry Glen y ver el castillo de Ashtown, del s. XV. Dublín es a veces desconcertante, donde la gran cultura y el craic más desenfadado van de la mano con la historia que aparece escrita en cada esquina. Los dublineses son generosos en grado sumo, y en los legendarios pubs corren ríos de la celebérrima cerveza negra. Visto así las cosas ¿A qué esperas para conocerla? :)
Como sabéis, las relaciones estadounidenses con China con respecto a Taiwán han sido dictadas por años de declaraciones y compromisos ambiguos. Ahora esta retórica se está desmoronando y el conflicto armado parece más cercano que nunca, pero ¿está Washington listo para pelear por Taiwán o es capaz de ganar? Todo indica que no. Oficialmente, la política de EE. UU. hacia Taiwán está guiada por tres Comunicados Conjuntos entre EE. UU. y China emitidos entre 1972 y 1982, la Ley de Relaciones con Taiwán de 1979 y las llamadas “Seis Garantías” emitidas en 1982. En el Comunicado de Shanghái de 1972 , China afirmó que “la cuestión de Taiwán es la cuestión crucial que obstruye la normalización de las relaciones entre China y los EE. UU.”, declarando que “el Gobierno de la República Popular China es el único gobierno legal de China”, que Taiwán es una provincia de China, y que “la liberación de Taiwán es un asunto interno de China en el que ningún otro país tiene derecho a interferir”. EE. UU. respondió hipócritamente reconociendo que “todos los chinos a ambos lados del Estrecho de Taiwán sostienen que solo hay una China y que Taiwán es parte de China”, algo que Washington de boca para afuera no cuestiona ya que la realidad es muy distinta. EE. UU. también reafirmó en esa oportunidad su interés “en una solución pacífica de la cuestión de Taiwán por parte de los propios chinos”... su cinismo no conoce límites. Antes de eso, el 1 de enero de 1979, EE. UU. y China habían emitido un “Comunicado conjunto sobre el establecimiento de relaciones diplomáticas” en el que EE. UU. se comprometía a reconocer “al Gobierno de la República Popular China como el único gobierno legal de China, ” señalando que, dentro del contexto de ese compromiso, “el pueblo estadounidense mantendrá relaciones culturales, comerciales y otras relaciones no oficiales con el pueblo de Taiwán”. Jimmy Carter, al anunciar el comunicado, hizo todo lo posible para asegurar a la isla rebelde “que la normalización de las relaciones entre nuestro país y la República Popular no pondrá en peligro el bienestar de Taiwán”, y agregó que “la la gente de nuestro país mantendrá nuestras actuales relaciones comerciales, culturales, comerciales y de otro tipo con Taiwán a través de medios no gubernamentales”. Un doble juego desde el comienzo. La decisión de Carter de establecer relaciones diplomáticas con China no cayó bien entre muchos miembros republicanos del Congreso, quienes respondieron aprobando la Ley de Relaciones con Taiwán de 1979 , en la que se declaraba que la política estadounidense de relaciones comerciales, culturales y de otro tipo entre el pueblo de los Estados Unidos y el pueblo de Taiwán, así como el pueblo de China continental”, y “dejar en claro que la decisión de los Estados Unidos de establecer relaciones diplomáticas con la República Popular de China se basa en la expectativa de que el futuro de Taiwán se determinará por medios pacíficos”. En este sentido, la Ley de Relaciones con Taiwán subrayó que EE. UU. “consideraría cualquier esfuerzo para determinar el futuro de Taiwán por medios que no sean pacíficos, incluidos boicots o embargos, una amenaza para la paz y la seguridad del área del Pacífico Occidental y de grave preocupación para los EE. UU.” y “proporcionar a Taiwán armas de carácter defensivo”. Finalmente, la Ley declaraba que EE. UU. mantendría la capacidad “para resistir cualquier recurso a la fuerza u otras formas de coerción que pusieran en peligro la seguridad, o el sistema social o económico, del pueblo de Taiwán”. El énfasis en la venta de armas contenido en la Ley de Relaciones con Taiwán condujo al tercer comunicado conjunto entre EE. UU. y China , publicado el 17 de agosto de 1982, que buscaba resolver las diferencias entre las dos naciones con respecto a las ventas de armas de EE. UU. a Taiwán. El comunicado era básicamente un acuerdo quid-pro-quo en el que China subrayó que mantenía “una política fundamental de lucha por una reunificación pacífica” con Taiwán, sobre la que reclamaba soberanía. Por su parte, EE. UU. declaró que “entiende y aprecia la política china de luchar por una resolución pacífica de la cuestión de Taiwán” y, con eso en mente, EE. UU. declaró que no buscaba llevar a cabo una política de venta de armas a largo plazo a Taiwán, y que reduciría gradualmente su venta de armas a Taipéi mientras trabajaba en una resolución final para la reunificación. Para apaciguar las preocupaciones de los taiwaneses sobre el tercer comunicado, EE. UU. acordó lo que se conoce como “las Seis Garantías” entre EE. UU. y Taiwán. Estos son 1) EE. UU. no ha fijado una fecha para poner fin a la venta de armas a Taiwán, 2) EE. UU. no ha aceptado consultas previas con China sobre la venta de armas a Taiwán, 3) EE. UU. no ha aceptado ningún papel de mediación entre China y Taiwán, 4) EE. UU. no ha aceptado revisar la Ley de Relaciones con Taiwán, 5) EE. UU. no ha tomado una posición con respecto a la soberanía de Taiwán, y 6) que EE. UU. nunca presionaría a Taiwán para que negocie con China. Había un corolario no escrito del tercer comunicado: un memorando interno firmado por Ronald Reagan en el que declaraba que “la voluntad de EE. UU de reducir sus ventas de armas a Taiwán está absolutamente condicionada al compromiso continuo de China con la solución pacífica del problema de Taiwán”. -Diferencias de la República Popular China [RPC]”, y agregó que “es esencial que la cantidad y la calidad de las armas proporcionadas a Taiwán estén totalmente condicionadas por la amenaza que representa la República Popular China”. Lo que surge de esta amalgama de declaraciones y posiciones políticas es una política de EE. UU. que está inherentemente en guerra consigo misma, incapaz de comprometerse por completo con la finalidad de una política de “una sola China” o alejarse de la venta de armas a Taiwán. EE. UU disfraza esta inconsistencia inherente al referirse a ella como “ambigüedad estratégica”. El problema es que este guiso de políticas no tiene una visión estratégica ni es ambigua. Desde el momento en que Reagan emitió las "Seis Garantías", la política entre Washington y Beijing estuvo tensa sobre el tema de la venta de armas, y China argumentó que EE. UU. no se tomaba en serio ni la reunificación pacífica de Taiwán con China ni la eliminación de venta de armas a Taiwán. Como era de esperar, las ventas de armas aumentaron exponencialmente desde la administración Reagan hasta la de George W. Bush y Bill Clinton, y EE. UU. proporcionó cazas Taipei F-16, misiles tierra-aire Patriot y otras armas avanzadas. En 1997, el presidente de la Cámara, Newt Gingrich, visitó Taiwán como parte de una gira por el Pacífico que incluía a China. Gingrich afirma que les dijo a sus anfitriones chinos que, si China atacara a Taiwán, EE. UU “defendería a Taiwán." En el 2005, en respuesta a la recaída estadounidense. en lo que respecta a la venta de armas y Taiwán, China adoptó una legislación conocida como "Ley Anti-Secesión" que establecía firmemente que Taiwán "es parte de China". En la ley, China declaró que “nunca permitirá que las fuerzas secesionistas de Taiwán' hagan que esta se separe de China bajo ningún nombre ni por ningún medio”. China reiteró su postura oficial de que la reunificación a través de “medios pacíficos” sirve mejor a los intereses fundamentales de China. Sin embargo, la ley dejó en claro que China no se quedaría de brazos cruzados ante ningún esfuerzo por “causar el hecho de la secesión de Taiwán de China”. Si esto ocurriera, China usaría “medios no pacíficos y otras medidas necesarias” para proteger la soberanía y la integridad territorial de China. Llegamos así al 2021 y la administración Biden, en una guía de política emitida luego de que prestara juramento, se comprometió a disuadir la agresión china y contrarrestar las amenazas a la "seguridad colectiva, la prosperidad y el estilo de vida democrático" de los EE. UU. y sus aliados, comprometiéndose públicamente con una política de que Taiwán estaría “en línea con los compromisos estadounidenses de larga data”, incluida la Ley de Relaciones con Taiwán de 1979, que limitaba el apoyo militar estadounidense a Taiwán a armas de carácter defensivo. Esto resultó como era obvio, una mentira. En su audiencia de confirmación de octubre de 2021 ante el Senado de los EE.UU., el actual embajador de EE. UU. en China, Nicholas Burns, declaró que, desde la perspectiva de la administración Biden, la política de “ambigüedad estratégica” le dio a EE. UU. una “enorme libertad” en virtud de la Ley de Relaciones con Taiwán. para profundizar la asistencia de seguridad de EE.UU. a Taiwán. “Nuestra responsabilidad”, dijo Burns, “es hacer de Taiwán un hueso duro de roer”. Esta fue una marcada desviación de la práctica anterior, y sirvió como justificación para que el mismo Biden, en dos ocasiones , articulara como política un compromiso estadounidense de salir en defensa de Taiwán si China fuera a atacar. Esta desviación radical de la política estadounidense declarada por parte de la administración Biden ayudó a lanzar una trifecta en el Congreso de ignorancia atada a la arrogancia, que vio el envío de tres delegaciones consecutivas que amenazan con impulsar a China por el camino hacia una guerra con Taiwán que no quiere librar. , y que el mundo (incluido EE. UU.) no está preparado para sufrir las consecuencias. La primera delegación, en mayo, estuvo encabezada por Tammy Duckworth (D-Illinois). Antes de su partida de los EE. UU., Duckworth ayudó a impulsar la " Ley de Fortalecimiento de la Seguridad de Taiwán".” que, entre otras cosas, buscaba mejorar el intercambio de inteligencia entre EE. UU. y Taiwán, desarrollar planes para continuar la provisión de ayuda militar en caso de un ataque chino y explorar la posibilidad de desplegar reservas de armas previamente posicionadas para las tropas estadounidenses que ser enviado a Taiwán en caso de guerra con China. Dejemos que ese último punto se profundice por un momento: Duckworth proponía implementar medidas que garantizarían que las tropas estadounidenses se enfrentarían a las tropas chinas en el caso de una invasión china de Taiwán. La segunda parte de la trifecta de ignorancia política del Congreso fue la visita de Nancy Pelosi a Taiwán , de la que ya se ha escrito mucho. El acto final de esta tragicomedia fue la visita del Senador Ed Markey (D-Massachusetts), que tuvo lugar hace unos dias. Según un comunicado de prensa emitido por la oficina de Markey antes de su visita, su delegación “se reuniría con líderes electos y miembros del sector privado para discutir intereses compartidos, incluida la reducción de las tensiones en el Estrecho de Taiwán y la expansión de la cooperación económica, incluidas las inversiones en semiconductores”. No se menciona el entorno en el que se llevaron a cabo estas tres visitas. Incluso antes de la visita inicial de Duckworth, las autoridades chinas habían dado el paso sin precedentes de emitir una dura advertencia sobre Taiwán. El 18 de mayo, el alto diplomático de China, Yang Jiechi, advirtió al asesor de seguridad nacional de Biden, Jake Sullivan, que “si EE.UU. en su arrogancia puede arrastrar al resto del mundo a enfrentar una situación peligrosa”. No hay duda de que cualquier compromiso de Taiwán de declarar formalmente su independencia de China resultará en una invasión china de esa isla. Además, es poco probable que Taiwán alguna vez emprenda tal acción sin garantías de apoyo militar estadounidense respaldado por acciones diseñadas para insuflar realidad en la retórica. Aquí es donde entra en juego el trío de delegaciones del Congreso. Se requeriría una legislación como la propuesta por Duckworth, y aparentemente apoyada por Pelosi y Markey, si EE. UU. quisiera romper formalmente con sus compromisos políticos anteriores con respecto a China y Taiwán. Cuanto más interactúe el Congreso con Taiwán, más debe temer China la acción legislativa del Congreso de los EE. UU. que pondría oficialmente a EE. UU. y China en el camino hacia la guerra. Tal como están las cosas actualmente, EE.UU. no está preparado para pelear y menos ganar una guerra con China por Taiwán. Si China invadiera ahora la isla, poco podría hacer el ejército estadounidense para refrenar los compromisos verbales hechos por Newt Gingrich y Joe Biden sobre la defensa de Taipei. China, a través de maniobras militares a gran escala realizadas tras la precipitada visita de Pelosi, ha demostrado su capacidad para invadir Taiwán en cualquier momento. Tal invasión, si ocurre, sería abrumadora en alcance y destructiva en una escala como la que está experimentando Ucrania hoy frente a las operaciones militares en curso de Rusia. Y, sin embargo, China continúa conteniéndose. Algunos generales de salón evalúan la renuencia a ir a la guerra por parte de China como un signo de debilidad, prueba de que Beijing es todo ladrido y nada mordido. Nada, sin embargo, podría estar más lejos de la verdad. A diferencia de EE.UU., China busca adherirse estrictamente a su política declarada, que consiste en agotar todas las opciones pacíficas posibles para asegurar la unificación de China y Taiwán. A pesar de la clara evidencia de una marcada desviación de la política anterior con respecto a Taiwán y la venta de armas, China sigue creyendo que existe una solución no violenta al problema de una sola China, como lo hizo con Hong Kong y Macao. Al respecto, sería conveniente que EE.UU. le diera una oportunidad a la paz, pero viendo lo que hace en Ucrania, optara por la guerra en Taiwán y esta será su perdición. No cabe duda que están cegados por el Diablo y ello será su perdición :)
Roscosmos - la agencia espacial rusa - sorprendió al mundo hace unos días al presentar una maqueta de ROSS (Rossískaia Orbitálnaia Sluzhébnaia Stantsia o estación orbital rusa de servicio), el proyecto de su propia estación espacial, que se construirá tras abandonar la Estación Espacial Internacional (ISS, en ingles). La presentación del modelo se produjo durante la exposición militar-industrial Army-2022, celebrada en Moscú. Vladímir Soloviev, diseñador en jefe de RKK Energiya -corporación a cargo de la construcción - señaló durante una entrevista que ROSS funcionará de manera autónoma y será un trampolín para la exploración lunar. ROSS operará en una órbita heliosíncrona con altura de 372 km desde la Tierra y una inclinación de 96,9 grados. De acuerdo con Soloiev, la elección de esta órbita se debe a que permitirá tener una visión más amplia de Rusia y otros territorios, así como también realizar investigación biomédica del cuerpo humano en órbita. La nueva estación de servicio orbital ayudará a entender los peligros a los que se enfrentarán los cosmonautas en futuras misiones espaciales. También podrá monitorear ambos polos de la Tierra cada hora y media con la ayuda de detectores ópticos, infrarrojos, ultravioleta y otros instrumentos. Roscosmos tiene previsto realizar su lanzamiento en dos fases. En primer lugar, se pondrá en órbita una estación de cuatro módulos (científico, nodal, base y acoplamiento), que conducirá a dos personas en 228 metros cúbicos. Tras el primer lanzamiento, se llevará a cabo la segunda fase, en la que se añadirán otros dos módulos (espacial y de producción) pegados a una plataforma de servicio que tripulará hasta cuatro astronautas en 667 metros cúbicos. La fecha estimada para la puesta en marcha de la estación ROSS es el año 2025. Entre sus capacidades estará generar más energía para tareas específicas, unificar los módulos, interaccionar con futuros grupos de satélites y ejecutar varios modos de operación. La futura estación espacial rusa no contará con presencia humana de forma permanente como la ISS, y únicamente lo será durante dos largos periodos anuales. Se espera que la presencia de la estación permita una vista más amplia de la Tierra para fines de vigilancia y monitoreo. Al respecto, según explicó el jefe del Departamento de Diseño, Yuri Yelizárov, el desarrollo del proyecto se encuentra ahora en la primera fase, la de diseño preliminar. "Es pronto para hablar de las características en este momento: todavía está en marcha la fase de diseño conceptual. Prácticamente hemos completado la primera etapa: nos permitirá determinar a qué órbita vamos a volar. En esta fase, también determinaremos la forma preliminar de la estación. Y luego, llegaremos a las características específicas, obtendremos una especificación técnica clara, y entonces empezaremos a trabajar" aseveró. “Me gustaría señalar que nuestra idea clave es que la estación sea completamente rusa. Tanto la tecnología como los materiales de esta estación serán exclusivamente rusos", reiteró. La construcción por parte de Rusia de su propia estación espacial demuestra la firme determinación del Kremlin, como ya lo señaló en reiteradas ocasiones, en abandonar la Estación Espacial Internacional en el 2024 y volver a actuar por su cuenta, como cuando tenía la MIR. Su ruptura histórica con Occidente tras las absurdas sanciones impuestas al país por su operativo militar especial en Ucrania (para salvar a la minoría rusofona de un genocidio por parte del régimen fascista de Kiev en complicidad con los EE.UU. y la OTAN) se traslada de esa manera también al espacio. Desde su imposición, el presidente ruso Vladimir Putin se ha propuesto reducir al máximo sus relaciones con las naciones occidentales y comenzar a cooperar con otros países como China e Irán, para hacer frente a la amenaza que para el mundo representan EE.UU. y sus “socios” europeos, quienes por cierto se muestran sumamente preocupados por el futuro de la ISS ya que esperaban mantenerlo en órbita hasta por lo menos el 2030, pero con la retirada rusa - con una amplia experiencia en ese campo - lo ven muy difícil, a lo que se debe sumar que no tienen planes para reemplazarlo a mediano plazo, a diferencia de China, que ya posee el suyo, y Rusia, cuyo trabajo para tenerlo ya se encuentra en marcha :)
A medida que pasan las semanas se hace más que evidente la aplastante derrota del régimen fascista de Kiev en su intento de detener el operativo militar especial montado por Rusia para proteger a la minoría rusoparlante del este del país, del genocidio al que estaban siendo sometidos por los golpistas con la complicidad de los EE.UU. desde el golpe organizado por la CIA en el 2014. De nada han valido las ridículas sanciones contra Rusia por parte de Occidente ni todo el armamento proporcionado a los colaboracionistas ucranianos, que su destino esta sellado - y será sangriento - por lo que en un acto de desesperación han comenzado a atacar instalaciones nucleares liberadas por los rusos, sin importarles en lo absoluto el gravísimo peligro que cometen al hacerlo. En efecto, cuando el pasado 6 de agosto el Secretario General de la ONU, António Guterres , se dirigía los sobrevivientes del ataque nuclear estadounidense contra Hiroshima durante la Segunda Guerra Mundial, al otro lado del mundo, los fascistas ucranianos están empeñados en desatar un holocausto nuclear en Europa disparando cohetes de artillería contra la Central eléctrica de Zaporozhye. El asalto, que dañó equipos de seguridad e interrumpió el suministro eléctrico a la instalación, la más grande del continente, fue calificado por Guterres como “suicida”. Pillado por sorpresa, Kiev culpó hipócritamente a Moscú por los ataques, acusándolo de llevar a cabo “terrorismo nuclear” y pidió a la comunidad internacional que enviara una delegación de “fuerzas de paz internacionales” para “desmilitarizar completamente el territorio” cuando ellos fueron los atacantes. Y hoy lo siguen haciendo. Como sabéis, la instalación nuclear de Zaporozhye ha estado bajo el control físico de Rusia desde que sus fuerzas liberaron el sitio en marzo. Desde entonces, la planta ha sido operada por técnicos ucranianos que trabajan bajo la supervisión de expertos rusos en energía atómica. La instalación contiene seis reactores nucleares que, antes del inicio de la operación militar, generaban aproximadamente una quinta parte de la electricidad de Ucrania. Tres de estos reactores dejaron de funcionar luego de que los rusos tomaron el control del sitio, y otro se vio obligado a cerrar cuando la instalación fuera bombardeada por los ucranianos el 5 de agosto. Los dos reactores restantes también se vieron obligados a reducir su producción a la mitad como medida de seguridad. Pero en un alarde de cinismo que raya en lo absurdo, el embajador de Ucrania ante la Agencia Internacional de Energía Atómica (OIEA), Yevhenii Tsymbaliuk, declaró que “las fuerzas rusas intentaban provocar apagones en el sur de Ucrania bombardeando la planta” acusando al ejército ruso de colocar explosivos en toda la planta nuclear de Zaporozhye, “que serían detonados en caso de un contraataque ucraniano que amenazara con capturar la instalación”. Los fascistas ucranianos también acusaron a Rusia de colocar equipos militares, incluidas municiones, en edificios ubicados cerca de los reactores nucleares. El único problema con la narrativa ucraniana es que, en pocas palabras, nada de eso es cierto. El ataque del 5 de agosto a la instalación nuclear de Zaporozhye se llevó a cabo con cohetes de artillería cuyas características de impacto apuntan claramente a que se originaron en territorio controlado por Ucrania. Además, los radares rusos de defensa aérea y contrabatería situados en las inmediaciones de la planta detectaron la trayectoria balística de los cohetes que se aproximaban, aportando pruebas irrefutables del origen del ataque. También lo harían las plataformas de recopilación de inteligencia de EE. UU. y la OTAN operando sobre y alrededor de Ucrania. Y, dada la victoria propagandística que podría lograrse al publicar tal evidencia, uno puede estar seguro de que EE. UU. aprovecharía al máximo cualquier escenario que reprodujera la publicación de imágenes del U-2.durante la crisis de los misiles en Cuba, o la difusión de las cintas de audio del piloto de combate soviético derribando el KAL 007. Esto, obviamente, no sucederá. Y dada la realidad de que Rusia está involucrada en la defensa activa de las instalaciones de Zaporozhye, es poco probable que entregue inteligencia importante sobre sus capacidades de radar solo para obtener puntos baratos de relaciones públicas. Rusia ha sido durante mucho tiempo reticente a participar en propaganda barata, prefiriendo dejar que su actuación en el campo de batalla hable por ella. No así EE.UU. y Ucrania, que tienen un historial de colaboración cuando se trata de difundir información diseñada para socavar la narrativa rusa y “entrar en la mente” del presidente ruso Vladimir Putin, incluso si la información que se divulga al público no es verdad. El ataque ucraniano a la instalación nuclear de Zaporozhye fue, al típico estilo orwelliano, ‘pronosticado’ torpemente por los EE.UU. cuatro días antes de que ocurriera. Durante una conferencia de prensa en las Naciones Unidas, el secretario de Estado de los EE. UU., Anthony Blinken, acusó a Rusia “de usar la instalación nuclear como base desde la cual llevó a cabo ataques de artillería contra Ucrania” lo cual es falso. Fuera de sí, ese judío declaró que el acto de disparar cohetes de artillería desde la proximidad de la planta de energía nuclear era “el colmo de la irresponsabilidad”, lo que implicaba que estos cohetes podrían aterrizar en la misma planta de energía. Blinken también agregó que los rusos estaban usando la instalación nuclear como un " escudo nuclear " que impedía cualquier ataque ucraniano por temor a golpear los reactores nucleares. Pero la descarada repetición de Blinken de los temas de conversación del gobierno ucraniano se hizo más absurda por la absoluta escasez de evidencia para respaldar “sus poderosos pronunciamientos”. Normalmente, cuando alguien de la estatura del Secretario de Estado habla de manera tan pública sobre temas de esta importancia, se publica cierta información de inteligencia, por ejemplo, imágenes aéreas que muestran la ubicación de las tropas rusas cerca de la planta nuclear de Zaporozhye, para sostener la acusación Sin embargo, no se proporcionaron tales datos porque Blinken había dejado de funcionar como jefe del servicio diplomático estadounidense y, en cambio, ahora se ha convertido en un burdo propagandista ucraniano. Por su parte, Rusia ha dejado en claro que no había fuerzas rusas ubicadas en las cercanías de la instalación nuclear de Zaporozhye, salvo un pequeño contingente de tropas por motivos de seguridad (al fin y al cabo, es una planta de energía nuclear activa). Nuevamente, si bien Rusia puede proporcionar claramente imágenes aéreas de la disposición de su fuerza en las inmediaciones de la planta, la seguridad operativa le impide hacerlo. Por cierto, es el trabajo del acusador proporcionar la evidencia de un delito, no el acusado. Pero la canallesca declaración de Blinken sirvió como inicio de una campaña de relaciones públicas que culminó con el ataque de la artillería ucraniana a la instalación nuclear de Zaporozhye. El objetivo de esta campaña parece ser doble: primero, poner a Rusia en una mala posición y segundo, permitir que Ucrania logre lo que no pudo lograr a través de la fuerza militar: el desalojo de las tropas rusas de Zaporozhye. Los llamados “a la intervención internacional” que emanan de Occidente apuntan a un esfuerzo concertado para promover una narrativa pro-ucraniana incluso cuando todas las partes saben que los hechos subyacentes que sustentan esta narrativa no son ciertos. Para contrarrestar eso, Rusia extendió su propia invitación a los monitores del OIEA para visitar la planta de energía y convocó una reunión del Consejo de Seguridad de la ONU para discutir la situación. Esto es mucho más serio que simplemente otra campaña de guerra de desinformación que salió mal. Si bien la instalación nuclear de Zaporozhye está construida con estándares que podrían sobrevivir a un impacto directo de un cohete de artillería, la interrupción del suministro eléctrico y/o el daño al equipo de seguridad podrían conducir al tipo de evento fuera de control que precedió al desastre nuclear de Chernobyl. El Ministerio de Defensa ruso señaló que el ataque ucraniano a la planta de energía había provocado un aumento de energía que provocó un cierre de emergencia. El jefe de la compañía ucraniana que opera la planta señaló además que todas las líneas eléctricas que la conectaban al sistema de energía de Ucrania, excepto una, habían sido destruidas, y declaró que cualquier corte de energía podría ser "muy inseguro para una instalación nuclear de este tipo". No es de extrañar que el secretario general Guterres calificara correctamente el ataque ucraniano a la instalación nuclear de Zaporozhye como “suicida”. Sin embargo, los “terroristas nucleares” involucrados en esta atrocidad no provienen de Moscú, sino de Washington y Kiev. Cuando finalmente se asiente el polvo de la operativo militar especial por parte de Rusia, y los responsables de perpetrar crímenes como el ataque a la instalación nuclear de Zaporozhye puedan rendir cuentas, el nombre del bastardo judío de Anthony Blinken debería, si hubiera algo de justicia en este mundo, estar en la cima de esta lista :)
Estrenado el pasado 5 de agosto en Netflix, y adaptado de las novelas gráficas del mismo nombre que Neil Gaiman creó para DC Comics, el título se presenta como un mosaico de mitos modernos y fantasía oscura en el que se entretejen con naturalidad la ficción actual, el drama histórico y las leyendas. Aunque el cómic ya tiene años, Sandman se sigue considerando una obra de culto entre los aficionados cuyos gustos van más allá de los cómics de superhéroes, ya que cuenta una historia de larga duración llena de temas complejos y una mitología propia, pero con la suficiente conexión con el Universo DC para ayudar a los lectores que están empezando a encontrar pequeños detalles de DC en la historia de Morfeo o Sueño, los nombres más comunes por el que se le conoce al ser cósmico conocido popularmente como Sandman. Pero, ¿quién es Morfeo?, ¿Cuál es su origen?. Aunque os pueda parecer sorprendente, Morfeo es un personaje heredado. El personaje de Neil Gaiman toma el nombre y cierta inspiración del Sandman de la Edad de Oro del cómic. El personaje original se llamaba Wesley Dodds, que con el nombre de Sandman combatía el crimen con una máscara antigás y una pistola que disparaba gas adormecedor contra sus enemigos, lanzándolos después arena y dejándolos dormidos hasta que la policía los detenía. El personaje tuvo su serie entre 1974 y 1976. Fue olvidado hasta que Gaiman propuso la idea de resucitar la serie Sandman. La editora de DC, Karen Berger, solo le puso una condición: “Solo hay una [condición]. Nos gustaría un nuevo Sandman. Mantén el nombre. Pero el resto depende de ti “. A partir de ahí, Gaiman creó al nuevo Sandman, Morfeo, y su increíble mundo. La historia de Morfeo comienza desde el principio, literalmente. Como Sueño de los Eternos, seres metafísicos que representan 7 fuerzas de la naturaleza, Morfeo es esencialmente la encarnación viviente de los sueños y el sueño y ha existido desde que los seres sintientes comenzaron a soñar y a experimentar la imaginación. De hecho, a pesar de las apariencias, los Eternos, incluido el Sueño, son en realidad entidades sin forma, no físicas, que se presentan de forma diferente a las distintas personas y culturas. Como se puede entender, Morfeo es casi tan viejo como el propio universo, y está destinado a existir hasta que los últimos seres vivos mueran en el universo y dejen de soñar. Como uno de los Eternos y fuerza natural del propio universo, Sueño es más grande y más antiguo que los propios dioses. Aun así, a pesar de su grandeza, puede llegar a ser tan imperfecto como los propios seres humanos. Cuando comienza Sandman, Roderick Burgess, un hechicero británico, atrapa a Morfeo accidentalmente cuando estaba intentando capturar a su hermana mayor, Muerte, a la que pretendía encarcelar para que le otorgase la vida eterna. Mientras Sueño está prisionero durante más de un siglo, pierde los símbolos de su cargo, su piedra de los sueños, su máscara y su bolsa de arena de los sueños. Además, una de sus creaciones, el Corintio, desata el caos en la Tierra al verse libre de su creador. Sandman es así una historia de autodescubrimiento, ya que al haber pasado tanto tiempo encarcelado, Morfeo tendrá tiempo para pensar sobre su existencia y sobre sus errores del pasado. Cuando se publicó Sandman en 1989, la historia tuvo lugar directamente en el Universo DC, con cameos de la Liga de la Justicia, Etrigan el Demonio, la Cosa del Pantano, John Constantine, Doctor Destino y muchos más personajes de DC. Pero al poco tiempo del debut de Sandman, DC Comics trasladó varios de sus títulos más maduros, como Hellblazer, Cosa del pantano y el propio Sandman a su nuevo sello Vertigo Comics, una línea diseñada para mostrar historias, personajes y contenidos que no tendrían cabida en el Universo DC convencional. Esta separación del Universo DC le permitió a Sandman incorporar una narrativa más madura y oscura en sus números, pero también separó en gran medida el título de la continuación de los cómics de DC, aunque habría algunos cruces, sobre todo tras la finalización de Sandman en 1996. Desde entonces, Morfeo y los Eternos han permanecido en gran medida separados del Universo DC, aunque en el Action Comics #894 del 2010, Lex Luthor tuvo un encuentro con la propia Muerte, hermana de Sueño, mientras estaba en una búsqueda cósmica para dominar el poder sobre la vida y la muerte. Ahora, podéis apreciar su serie en Netflix, cuya primera temporada contará con 10 episodios y adaptará los dos primeros volúmenes de las novelas gráficas, titulados Preludios y nocturnos y La casa de muñecas. Además, contará con cambios respecto al material original para acercar la historia a la actualidad :)