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miércoles, 19 de febrero de 2025

EE.UU.: Propósitos ocultos

Mientras estamos a la espera del encuentro entre los presidentes Donald Trump y Vladimir Putin programado para realizarse en Arabia Saudita donde decidirán el futuro de Ucrania - a cuya reunión no han sido invitados ni la UE ni el régimen fascista de Kiev, que por lo visto no pintan para nada dada su absoluta irrelevancia - y en la cual los términos del acuerdo al que lleguen los dos líderes serán muy distintos al plan inicial propuesto por Trump que dimos a conocer la semana pasada dado el rechazo del Kremlin, quisiera ocuparme en esta ocasión nuevamente de las intenciones del inquilino de la Casa Blanca por apropiarse de Canadá y Groenlandia, cuya obsesión se debe no a la versión oficial que se trata “por motivos de seguridad nacional” , sino a la existencia de tierras raras en ellas y a las cuales EE.UU. quiere echar mano, dada su importancia para la industria tecnológica y con mayor razón cuando China y Rusia las poseen en gran cantidad. Es más, se sabe que pretende que las tropas estadounidenses “protejan” las tierras raras de Ucrania, y para ello Washington buscara un alto al fuego antes de Semana Santa según Bloomberg, lo que le permitiría controlar el 50% de la riqueza mineral del país “como reembolso por su ayuda”. En un mundo atrapado entre los límites ecológicos y la ambición tecnológica, el resurgimiento de la visión, durante mucho tiempo latente, del Tecnato sugiere que el futuro de Estados Unidos puede estar determinado no por la geopolítica tradicional, sino por la búsqueda de la autarquía industrial, el control de los recursos y la promesa de un orden tecnocrático autosuficiente. Fue una decisión inesperada que desconcertó a los analistas de todo el mundo. Tras asegurar la victoria en las elecciones, Donald Trump no se centró de inmediato en los rivales estratégicos como China, Rusia o Irán, como habían predicho con tanta confianza los analistas geopolíticos. En cambio, su mirada se fijó en Canadá, Groenlandia y el Canal de Panamá, territorios que, a primera vista, parecían desconectados de la coreografía esperada de las ambiciones de política exterior estadounidense. Este giro dio lugar a un coro de especulaciones y debates. Se propusieron muchas teorías, pero entre la multitud de explicaciones, sólo una ha logrado tejer los hilos de la aparente imprevisibilidad de Trump en una narrativa coherente. Esta teoría rastrea la lógica de estos movimientos hasta una visión largamente olvidada de una sociedad tecnocrática que surgió a principios del siglo XX en Estados Unidos. Las raíces de esta idea, conocida como “Tecnificación”, se encuentran en la visión de una sociedad gobernada no por políticos o financieros sino por científicos e ingenieros, guiados por los principios de eficiencia, dominio tecnológico y optimización de recursos. En la cosmovisión de los primeros tecnócratas, los sistemas económicos basados en monedas arbitrarias y mercados especulativos eran vistos como reliquias caóticas del pasado. En cambio, propusieron que la energía misma –mensurable y cuantificable– debería servir como base para todas las transacciones económicas. La Técnica se convertiría así en una entidad autónoma y autosostenible, donde la riqueza se definiría por la disponibilidad de recursos naturales, la experiencia de sus habitantes y la integración perfecta de la tecnología con la gobernanza. Sin embargo, nunca se concibió el Tecnato como algo que pudiera establecerse en cualquier lugar. Requería un entorno muy particular: uno con abundantes recursos naturales, infraestructura industrial avanzada y una población capacitada para afrontar las demandas de una sociedad altamente mecanizada. El entorno ideal, según los primeros teóricos tecnocráticos, era América del Norte, con su vasta riqueza mineral, tierras fértiles y potencial inigualable para la energía hidroeléctrica e industrial. Canadá, con sus ricos depósitos de metales y minerales, y Groenlandia, con sus reservas sin explotar de tierras raras, eran parte integral de esta visión. El Canal de Panamá, como vía vital que conecta los océanos Atlántico y Pacífico, garantizaría aún más la autonomía estratégica de la región respecto de las cadenas de suministro globales. El filósofo alemán Georg Friedrich Jünger (1898-1977), en su profunda crítica de la tecnología, advirtió contra el dominio desenfrenado de la mecanización sobre la vida humana. Sus reflexiones, en particular en "El fracaso de la tecnología" (1949), destacaron los peligros existenciales de un mundo en el que los sistemas tecnológicos se autoperpetúan, despojando a los individuos de su autonomía y reduciendo la vida humana a meros engranajes de una enorme máquina. La crítica de Jünger es un sombrío recordatorio de los costos que acompañan a la grandeza tecnológica: la erosión de los valores tradicionales, la alienación del individuo y el potencial de que los regímenes tecnológicos evolucionen hacia formas de tiranía blanda. Sin embargo, lo que distingue al tecnato de las distopías contra las que advertía Jünger es su promesa de armonía entre la pericia humana y el control tecnológico. En lugar de que la tecnología domine la vida, se utilizaría como un instrumento de florecimiento colectivo, supervisado por una élite tecnocrática en sintonía con los matices de los flujos de energía, el equilibrio ecológico y la sostenibilidad a largo plazo. La conexión indirecta de Elon Musk con esta visión añade un giro intrigante a la historia. Musk, conocido por sus ambiciones futuristas y sus aventuras tecnológicas, es nieto de un exdirector de la filial canadiense de Technocracy Incorporated, una organización que en su día propagó estas mismas ideas antes de que el gobierno canadiense restringiera sus actividades. Independientemente de que Musk canalice conscientemente este legado o no, su influencia dentro del círculo de Trump ha reavivado evidentemente el interés por el concepto de un tecnócrata norteamericano autosuficiente. Desde esta perspectiva, el deseo de Trump de “adquirir” Groenlandia y Canadá, así como asegurarse el control del Canal de Panamá se convierte menos en un desvío excéntrico y más en un paso calculado hacia la realización de una visión tecnocrática que ha estado latente durante mucho tiempo, pero que nunca se ha olvidado del todo. La mayoría de los analistas políticos interpretaron inicialmente el enfoque de Trump en estas regiones como parte de su estrategia más amplia de atrincheramiento, destinada a reducir la participación estadounidense en los conflictos en el exterior y reorientar las prioridades nacionales hacia el interior. Consideraron que su retórica sobre Canadá y Groenlandia era fanfarronería o maniobra inmobiliaria oportunista. Sin embargo, cuando se la analiza a través de la lente de la teoría tecnocrática, surge una lógica diferente. Los Estados Unidos de Trump, a pesar de su retórica de autosuficiencia, no pueden lograr la autarquía industrial con su base actual de recursos. Las industrias de alto consumo energético que impulsarían una nueva era de grandeza estadounidense requieren acceso a reservas minerales, energía hidroeléctrica y rutas estratégicas de navegación. La vasta riqueza natural de Canadá, el potencial de Groenlandia como futuro centro de recursos y el papel del Canal de Panamá como arteria vital del comercio no son preocupaciones periféricas: son centrales para la construcción de un Tecnato moderno. Pese a toda su fanfarronería e imprevisibilidad, el objetivo general de Trump de “hacer que Estados Unidos vuelva a ser grande” encaja perfectamente en este marco. Al parecer, para el 2025, figuras clave de su administración habrán reconocido que lograr esta visión exigirá algo más que recortes de impuestos y desregulación. Exigirá la adquisición estratégica de recursos e infraestructura más allá de las fronteras actuales de Estados Unidos, activos que podrían sentar las bases de una nueva era de expansión tecnológica e industrial. El Technate, en este contexto, no es meramente un ideal especulativo, sino un plan pragmático para asegurar la prosperidad nacional en un mundo cada vez más multipolar. Sin duda, Jünger nos advertiría sobre los riesgos de semejante empresa, recordándonos los peligros de subordinar la vida humana a los imperativos tecnológicos. Sin embargo, si la visión del Tecnificado puede moderarse mediante el reconocimiento de esos peligros –si puede integrar la eficiencia tecnológica sin sacrificar la dignidad humana–, puede ofrecer un camino hacia adelante que concilie la modernidad tecnológica con la necesidad permanente de sentido y comunidad. Si bien los primeros tecnócratas del siglo XX fueron a menudo descartados como soñadores utópicos, sus ideas han resurgido en un momento en que el mundo vuelve a enfrentarse a cuestiones de escasez de recursos, sostenibilidad ecológica y los límites de la interdependencia global. Todavía está por verse si este orden logrará el equilibrio previsto por sus arquitectos o sucumbirá a las advertencias de críticos como Jünger. Lo que sí está claro, sin embargo, es que el sueño del Technate, relegado durante mucho tiempo a los márgenes del pensamiento político, está de nuevo configurando los contornos de la realidad geopolítica. Es un proyecto ambicioso que, si tiene éxito, podría redefinir los parámetros del poder global en las próximas décadas.

ESCANDINAVIA SALVAJE: El encanto del Ártico

Como sabéis, las tierras escandinavas se extienden por cuatro millones de kilómetros cuadrados, y aun así siguen estando entre las zonas menos pobladas de la tierra. A pesar de sus condiciones extremas, tanto para humanos como animales, existe un majestuoso paraíso del Ártico, llamado Svalbard, lleno de maravillas naturales, donde el corazón palpita al ritmo de la emocionante belleza que te rodea. Situado en el extremo norte de Noruega, es un archipiélago mágico perdido en el vasto océano Ártico. Sus tierras vírgenes y glaciares centelleantes te saludan con un abrazo frío, mientras los picos nevados se alzan orgullosos en el horizonte. En este paraíso ártico, los osos polares, las morsas, los renos, los zorros árticos, las belugas, las focas y las aves marinas crean una sinfonía de vida sobre un fondo de paisajes impresionantes. Imagínate la emoción de presenciar el etéreo fenómeno del sol de medianoche proyectando su resplandor dorado sobre las extensiones heladas. De abril a junio, el Ártico despierta, ofreciendo un espectáculo de vida que cautiva el corazón. La isla se transforma en un refugio para cientos de animales. Pero más allá de su belleza indómita, Spitsbergen encierra una rica historia, que ha pasado de ser tierra de nadie a un territorio noruego impregnado de cautivadoras historias. Longyearbyen, el corazón palpitante del archipiélago, antaño una ciudad minera del carbón, ha cambiado su enfoque para celebrar las maravillas de la vida salvaje, los glaciares y los fiordos, donde los osos polares, majestuosos soberanos de este reino helado, deambulan libremente, ofreciendo un espectáculo sobrecogedor a quienes buscan un encuentro cercano con estas magníficas criaturas. Ya se llame Svalbard o Spitsbergen, el archipiélago ártico al norte de Noruega ha sido durante siglos una gran atracción para balleneros, cazadores, mineros y exploradores. La promesa de fortuna atrajo a muchos aventureros del siglo XVII a las islas y fiordos helados de Svalbard, y aún pueden verse vestigios de estas valientes y ambiciosas expediciones en las escarpadas y hermosas costas de Spitsbergen. Algunos estudiosos creen que los vikingos, activos en la zona de Svalbard durante la Edad Media, fueron los primeros en descubrirla. A partir del siglo XIX, los historiadores noruegos empezaron a afirmar que los vikingos habían descubierto la región en 1194. Se basan en mapas y anales que mencionan un lugar llamado Svalbarði (la base del nombre Svalbard, que se traduce como "borde frío") a unos cuatro días de navegación desde Islandia. Sin embargo, no se han encontrado restos físicos que apoyen esta afirmación. Los historiadores rusos, por su parte, creen que los pomor llegaron a Svalbard en el siglo XIV. Pero, como en el caso de los vikingos, no hay pruebas físicas que lo corroboren. El primer avistamiento documentado de las islas lo realizó el explorador holandés Willem Barentsz, que las bautizó como Spitsbergen, que significa "picos dentados". Este nombre perduró durante siglos hasta que las islas cayeron bajo la jurisdicción de Noruega, que las rebautizó como Svalbard. La isla más grande, donde ahora se encuentra la capital, Longyearbyen, pasó a llamarse Spitsbergen. Sin embargo, estas denominaciones no son universales, y mucha gente sigue refiriéndose a todo el archipiélago como Spitsbergen y a la isla más grande como Spitsbergen Occidental. De hecho, el debate Spitsbergen vs. Svalbard continúa hoy en día. Barentsz descubrió Spitsbergen por accidente durante su famoso tercer viaje, cuyo objetivo era encontrar una ruta marítima hacia China. Esta ruta se conoció como el Paso del Noreste. Lo que Barentsz encontró en su lugar fue Bjørnøya, o Isla del Oso, la isla más meridional del archipiélago de Svalbard, en junio de 1596. Una semana más tarde, descubrió la costa noroeste de la isla más grande, Spitsbergen. Las montañas de picos afilados que Barentsz vio en esa costa inspiraron el nombre. Svalbard ha sido el punto de partida de muchas expediciones. Algunas de ellas fueron viajes históricos destinados a alcanzar el Polo Norte. Hoy en día, los entusiastas de los polos viajan a Svalbard para ver glaciares, tundra y fauna exótica. En Virgohamna, en la isla de Danskøya, se pueden ver los restos de varias expediciones históricas que utilizaron esta remota bahía como campamento base. La más famosa de estas expediciones es la de Salomon Andrée, de 1897, cuyos artefactos aún pueden verse allí. Obviamente, los viajes a Svalbard ahora son mucho más seguros y cómodos, y brindan la oportunidad de avistar osos polares, morsas, ballenas, focas y una gran variedad de aves marinas que añaden un toque de vida vibrante a la naturaleza salvaje del Ártico, y todo ello mientras se realiza actividades tan inmersivas como excursiones por la costa, paseos en kayak, cruceros en zodiac y mucho más. Embárcate en esta odisea ártica y deja que Spitsbergen encienda las llamas de tu espíritu aventurero.

miércoles, 12 de febrero de 2025

UCRANIA: Un plan condenado al fracaso

"No busco dañar a Rusia", declaró recientemente el presidente Donald Trump en una declaración, publicado en su cuenta TruthSocial. “Amo al pueblo ruso y siempre he tenido una muy buena relación con el presidente Putin”. Lo que no se dice es que Trump proviene de la escuela del “amor duro”, donde el castigo se aplica para lograr los resultados deseados. Y el castigo estaba en la mente de Trump mientras expresaba “su amor y admiración por el pueblo ruso y su líder, Vladimir Putin” ya que a su vez agregó: “Voy a hacer un gran favor a Rusia”, escribió Trump, “cuya economía está fracasando, y al presidente Putin. ¡Lleguen a un acuerdo ahora y DETENGAN esta guerra ridícula! TODO SOLO VA A EMPEORAR”. Dejando de lado el extraño uso de mayúsculas, uno podría imaginar que si usted se dedica a expresar su amor de manera pública, es posible que desee asegurarse de que sus datos coincidan con la realidad de aquello por lo que ha declarado intenciones amorosas. De lo contrario, te encontrarás viviendo en un mundo de fantasía de tu propia construcción, poblado no por tus aparentes amantes, sino más bien por productos de tu imaginación. Si usted es sincero en cuanto a hacerle al pueblo ruso y a Vladimir Putin un “gran FAVOR”, quizá quiera asegurarse de que sea un favor que ellos quieran recibir. Decir que la economía rusa está “fallando” considerando la gran cantidad de datos que muestran que no es así, probablemente no sea la mejor manera de comenzar una cita. “Si no llegamos a un ‘trato’, y pronto”, amenazó Trump, “no tendré otra opción que imponer altos niveles de impuestos, aranceles y sanciones a todo lo que Rusia venda a Estados Unidos y a varios otros países participantes”. “Podemos hacerlo de la manera fácil”, advirtió Trump, “o de la manera difícil”. ¿Pero qué sucede si Rusia, como cualquier amante abandonado, opta por el “camino difícil”? En resumen: nada bueno para Estados Unidos ni para Trump. En primer lugar, cualquier “acuerdo” que Trump ponga sobre la mesa tiene que ser realista. En resumen, los rusos deben creer que estarán en mejor posición si lo aceptan que si lo rechazan (algo que Trump, aparentemente un maestro negociador, debería saber). Sin embargo, el “acuerdo” que Trump está poniendo sobre la mesa no tiene ninguna viabilidad, ya que en realidad se trata de una imposición que los rusos no aceptaran. Como sabéis, ha habido Informes recientes en los medios sobre la existencia de un “Plan de Paz de 100 días”. Según estos informes, el acuerdo propuesto impide que Ucrania se convierta en miembro de la OTAN, en lugar de declararse oficialmente neutral. El acuerdo abriría la puerta a que Ucrania se convierta en miembro de la Unión Europea en el 2030 y encomendaría a la UE la responsabilidad de la reconstrucción posbélica. No habría “desmilitarización” como exige Rusia, sino que Ucrania mantendría su ejército en su tamaño actual y seguiría recibiendo apoyo militar de los Estados Unidos y la OTAN. A su vez, Ucrania también tendría que ceder a Rusia los territorios liberados por Moscú y reconocer la soberanía de la Federación Rusa. Pero hay muchos elementos de este plan “filtrado” que simplemente suenan falsos, como por ejemplo vincular la finalización del plan con el 9 de mayo, el Día de la Victoria, una de las festividades más importantes del calendario ruso. Este año, el 9 de mayo se celebrará el 80 aniversario de la victoria.th aniversario de la Victoria “Aliada” - la victoria rusa - sobre la Alemania nazi. Las posibilidades de que Vladimir Putin manche esta ocasión aceptando un “acuerdo” de paz que permita a los nacionalistas banderistas - cuya ideología e historia están estrechamente vinculadas con el terrorista Stephan Bandera, infame asesino de polacos y rusos - sobrevivir y no ser castigados luego de que Putin declarara la “desnazificación” como objetivo principal de la Operación Militar Especial en Ucrania son entre escasas y nulas. Lo que sí sabemos es que el enviado especial designado de Donald Trump para Ucrania, el teniente general retirado Keith Kellogg, le ha presentado al presidente un “plan de paz” que aparentemente ha sido bien recibido. Los elementos de este plan son: Extraído de un artículo escrito por Kellogg allá por la primavera del 2024: un artículo tan absurdo y carente de argumentos basados en hechos como uno podría imaginar. Los elementos centrales de este plan implicaban el establecimiento de relaciones “normales” con Rusia y su presidente, básicamente poniendo fin a la demonización rusófoba que prevaleció durante la administración Biden. Una vez que Estados Unidos y Rusia volvieron a dialogar, se iniciaron negociaciones con Rusia y Ucrania para poner fin al conflicto. La “zanahoria” para Rusia incluía posponer la membresía de Ucrania en la OTAN por 10 años, permitirle conservar los territorios ucranianos que actualmente ocupa y levantar gradualmente las sanciones para abrir el camino hacia la normalización de las relaciones con Estados Unidos, todo sujeto a la conclusión de acuerdos de paz aceptables para Ucrania. Para este último, el “acuerdo” ofrecía tanto asistencia militar continua de Estados Unidos y la OTAN como garantías de seguridad bilaterales. Si bien Ucrania no está obligada a reconocer oficialmente el control de Rusia sobre los territorios liberados, tendría que abstenerse de cambiar el statu quo por la fuerza. Si Moscú se negara a cooperar, Washington le impondría sanciones devastadoras, pero si Kiev rechazara el “acuerdo”, se le cortaría toda ayuda militar. Este “acuerdo”, aunque nunca se expresó formalmente, había sido insinuado antes y posteriormente de la victoria electoral de Trump en noviembre del 2024. Y no tomó por sorpresa a nadie con algún conocimiento de las metas y objetivos de Rusia con respecto a la Operación Militar Especial cuando el presidente ruso, Vladimir Putin, rechazó sumariamente este "acuerdo" en respuesta a una pregunta de los medios el 26 de diciembre. A los tres días, el ministro de Asuntos Exteriores ruso, Sergei Lavrov, también echó un jarro de agua fría sobre el “plan de paz” de Kellogg. declarando que Rusia “no estaba contenta con las propuestas hechas por los miembros del equipo de Trump de posponer la admisión de Ucrania a la OTAN durante 20 años y de estacionar fuerzas de paz británicas y europeas en Ucrania”. Pero ¿qué significa exactamente “por las malas”? Según Scott Bessent, el nuevo secretario del Tesoro de Donald Trump, la respuesta está en aumentar las sanciones a la industria petrolera rusa. “Estaré 100 por ciento de acuerdo en que se incrementen las sanciones” dirigidas a las principales compañías petroleras rusas, dijo Bessent durante su audiencia de confirmación en el Senado. Pero Bessent trabajará en contra de una historia de Estados Unidos y sus aliados europeos que exageran las sanciones como una herramienta para destruir la economía rusa (de hecho, ha sucedido lo contrario). Además, dada la condición de Rusia como productor líder de petróleo, cualquier aplicación exitosa de las sanciones podría tener un impacto económico negativo en Estados Unidos. Esto es algo que parece haber escapado a la atención de Keith Kellogg, el gurú del “acuerdo de paz” de Trump. Al señalar que, bajo la administración Biden, Estados Unidos y sus aliados impusieron un tope de 60 dólares por barril al petróleo ruso (el precio de mercado del petróleo ronda los 78 dólares por barril), Kellogg observó que a pesar de ello, “Rusia gana miles de millones de dólares con las ventas de petróleo”. "Y si," Kellogg reflexionó durante una entrevista en Fox News, “¿bajas el precio a 45 dólares el barril, que es esencialmente el punto de equilibrio?” La pregunta en cuestión seria: ¿“punto de equilibrio” para quién? Este concepto cuando se trata de Rusia, tiene dos realidades fiscales distintas. La primera es el precio que debe tener el petróleo para que Moscú, cuya economía nacional depende en gran medida de la venta de petróleo, equilibre su presupuesto nacional. Se estima que esta cifra rondará los 77 dólares por barril en el 2025. Que no haya dudas: si el precio del petróleo cayera a 45 dólares por barril, Rusia se enfrentaría a una crisis presupuestaria. Pero no se trata de una crisis de producción petrolera. El segundo “punto de equilibrio” para Rusia es el costo de producción del barril de petróleo, que actualmente está fijado en 41 dólares por barril. Para lograr este objetivo, Trump tendría que conseguir que los saudíes se suban al carro de la manipulación de los precios del petróleo. El problema es que los saudíes tienen sus propias realidades de “punto de equilibrio”. Para equilibrar su presupuesto, Arabia Saudita necesita que el petróleo se venda a unos 85 dólares el barril. El coste de producción de petróleo en Arabia Saudita es muy bajo. rondando los 10 dólares por barril, por lo que podría simplemente inundar el mercado con petróleo barato si quisiera. Rusia también podría hacerlo. ¿Pero qué pasa con Estados Unidos? La Cuenca Pérmica, en el oeste de Texas, representa todo el crecimiento de EE.UU. en producción de petróleo desde el 2020. En el 2024, Para que los nuevos pozos sean rentables en la Cuenca Pérmica, el “punto de equilibrio” se situó en torno a los 62 dólares por barril. En el caso de los pozos existentes, esta cifra rondaba los 38 dólares por barril. Pero si se detuvieran las perforaciones en la Cuenca Pérmica, la producción de petróleo de Estados Unidos disminuiría un 30 por ciento en el transcurso de dos años. En resumen, si Keith Kellogg implementara con éxito su “plan” de reducir el precio del petróleo a 45 dólares el barril, destruiría efectivamente en primer lugar la economía petrolera de Estados Unidos. Y al destruirla, acaba también con la economía del país. En cambio, Rusia puede soportar un precio del petróleo a 45 dólares el barril durante mucho más tiempo que Estados Unidos. Donald Trump haría bien en pagar a los productores petroleros ilegales de la Cuenca Pérmica - los que han invertido todo lo que poseen en una empresa comercial que depende de la promesa de 78 dólares por barril en el futuro previsible - y preguntarles qué piensan acerca de un petróleo a 45 dólares por barril. La conclusión es que si Keith Kellogg y Donald Trump hicieran un viaje así, comprenderían rápidamente los errores de su camino. Porque si Trump opta por tomar el camino difícil con Rusia, las consecuencias para él y el pueblo estadounidense estarán entre las más duras imaginables. Si eso es lo que busca, que se enfrente a las consecuencias.

THE SINKING FOREST: Explorando la oscuridad

Los juegos de terror psicológico pueden contener sustos, dejarte un mal cuerpo, generar sensación de incomodidad constante o… ¡Todas las opciones a la vez! Esto en cierto modo es lo que pretende The Sinking Forest, juego del que os venimos a hablar hoy. Nos encontramos en Japón, cuna de muchas cosas entre las que encontramos el anime, el ramen, los videojuegos y… ¡Los yokai! Aunque estos no son las únicas criaturas de las que nos deberíamos preocupar, ya que nos encontraremos ante otros peligros. Encarnamos a Sota Miyazono, un joven preocupado debido a la desaparición de su hermana Sayuri. Hace días que se fue de casa y todavía no ha contestado a las llamadas. Nuestro deber es sencillo, volver a su apartamento, encontrar pistas sobre su ubicación e irnos pitando para poder salvarla. Espera… ¿He dicho salvarla? Claro que sí, porque antes de llegar al bosque, ya sabremos que se encuentra en peligro y, nuestro deber será conocer qué es lo que ocurre en ese misterioso y oscuro lugar. Algo que llama la atención mucho en The Sinking Forest, es la gran oscuridad que hay en sus entornos. Apenas encontremos una linterna o un mechero, lo vamos a agradecer, ya que de otra forma apenas veríamos a dos palmos. Sin embargo, esto forma parte de la mecánica, que se nos invita es precisamente a explorar en la oscuridad, sintiendo que estamos siendo acechados constantemente (aunque en un principio no sepamos muy bien por qué o quién). Este título cuenta con pequeños puzles y acertijos fáciles de resolver, aunque en especial hay dos que nos han supuesto un verdadero dolor de cabeza ya que sentimos que es a veces un poco complicado intuir con qué objetos podemos interactuar y con cuáles no. Por otro lado, contaremos con distintos objetos que nos acompañarán en nuestra aventura y que serán muy útiles si queremos conseguir le 100% de los logros, ya que gracias a una cámara de fotos que llevaremos, podremos tener alguna que otra pista. ¡Ten cuidado revelándolas! Porque sí, tienen un papel prácticamente protagonista. La ambientación es bastante brutal, logrando generarte esa sensación de “en cualquier minuto me sale un jumpscare” constante (y sí, llegan a aparecer un par de ellos). Encontraremos un par de enemigos y, lejos de poder defendernos de ellos, tendremos que aprender a sortearlos, aunque… ¡Tranquilos, todo a su tiempo! Lograremos tener un pequeño momento de redención en The Sinking Forest. En lo que a sonido y música respecta, todo calza a la perfección con ese entorno lúgubre, desde las fuertes lluvias hasta las chirriantes puertas abriéndose. Lo cierto es que el juego cuenta con varios niveles distintos, aunque sí que echamos de menos que alguno de ellos rompiese con lo establecido, de alguna forma que no toda la acción de lleno se viviese en entornos tan similares (al menos en lo que a iluminación y ambientación respecta). En este sentido esperábamos un paso más que, quizás debido a la experiencia anterior con títulos del desarrollador, el listón había quedado demasiado alto. Sin embargo, esto no resta que nos haya divertido y entretenido la experiencia. En conclusión, The Sinking Forest nos ha logrado mantener en una tensión total, agarrados a nuestro asiento durante una hora (eso es lo que nos ha durado el título al completo). Esto lo convierte en un juego perfecto para una noche de “sesión de terror”, siendo además bastante sencillo en líneas generales. Hemos de decir que nos hemos encontrado con algún que otro bug durante nuestra experiencia, aunque nos consta que se efectuarán cambios para poder solucionarlos. Es por esto por lo que, viendo su bajo coste y todo lo que aporta, no podemos más que recomendároslo. Disponible en Steam.

miércoles, 5 de febrero de 2025

PALESTINA: Tiempos turbulentos

Una vez más, el presidente estadounidense Donald Trump ha intervenido en la cuestión palestina, proponiendo soluciones radicales desde una postura firmemente pro israelí, afirmando que se apoderará de la Franja de Gaza expulsando a todos los palestinos de la zona: “Seremos sus dueños. Y seremos responsables de desmantelar todas las peligrosas bombas sin explotar y otras armas que hay en ese lugar, por la cual Gaza podría convertirse en una Riviera del Oriente Medio” afirmó este martes durante su reunión con el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu. Como sabéis, el acuerdo de alto el fuego entre Israel y Hamás, que entró en vigor el 19 de enero, tiene una duración de 42 días, durante los cuales ambas partes se han comprometido a negociar nuevos pasos hacia una solución. Sin embargo, el presidente estadounidense expresó escepticismo sobre su longevidad, señalando la magnitud de la destrucción en Gaza. Según Trump, Gaza ha sido tan devastada que necesita ser reconstruida “de una manera completamente diferente”. Sugirió que los países árabes como Egipto y Jordania deberían recibir más refugiados palestinos para ayudar a poner orden en la región. Durante las conversaciones con el rey Abdullah II de Jordania, Trump expresó su deseo de que el reino acoja a más personas y describió la situación en Gaza como "un completo desastre". También tiene la intención de plantear la cuestión al dictador egipcio, Abdul Fatah el-Sisi. Trump considera que la reubicación de los habitantes de Gaza en países árabes es una solución temporal o incluso a largo plazo. Cree que podría ofrecer a los palestinos un “nuevo comienzo” y contribuir a la estabilidad regional. Sin embargo, fuentes oficiales jordanas, al comentar su declaración, no mencionaron la cuestión de los refugiados, una omisión que refleja la recepción de las propuestas de Trump en el mundo árabe. Según datos de la ONU, Jordania acoge ya a más de 2,39 millones de refugiados palestinos, mientras que el número total mundial ronda los 5,9 millones. La perspectiva de más reubicaciones suscita serias preocupaciones en la comunidad internacional, así como entre los Estados árabes, que tradicionalmente han abogado por resolver el conflicto mediante el establecimiento de un Estado palestino independiente. Sin embargo, Trump, fiel a su postura pro israelí, sigue impulsando su propia visión de un acuerdo, que podría reconfigurar drásticamente el panorama geopolítico de Oriente Medio. Trump criticó además la postura del gobierno del discapacitado físico y mental Joe Biden, argumentando que la falta de una estrategia clara condujo a una mayor escalada del conflicto. Afirmó que durante su mandato anterior, Estados Unidos mantuvo una postura más dura contra los movimientos palestinos, lo que, en su opinión, mantuvo la situación bajo control. Trump también recordó su decisión de reconocer a Jerusalén como capital de Israel y trasladar allí la embajada de Estados Unidos, una acción que provocó una fuerte reacción del mundo árabe, pero que fue recibida con agrado por el régimen sionista que usurpa las tierras palestinas desde 1948. Además, el presidente señaló que un posible reasentamiento de palestinos podría llevarse a cabo con apoyo internacional, incluido el respaldo financiero de los Estados Unidos y sus aliados. Sin embargo, esta idea ya ha encontrado resistencia por parte de varias naciones preocupadas por los efectos desestabilizadores de la migración masiva y la carga económica que representa para los países de acogida. Por lo tanto, la posición de Trump sobre la cuestión palestina sigue siendo excesivamente rígida y se centra abrumadoramente en los intereses de Israel. En lugar de apoyar la creación de un Estado palestino independiente, prevé un cambio demográfico drástico en la región, una estrategia que ha provocado un intenso debate en la comunidad internacional y entre los líderes árabes. En enero del 2020, durante su primer mandato como presidente, Trump dio a conocer su ambicioso plan para resolver uno de los conflictos más antiguos y complejos de los tiempos modernos: la disputa entre israelíes y palestinos. Apodado el “acuerdo del siglo” por Netanyahu, se presentó como una oportunidad sin precedentes para lograr la paz y la estabilidad en la región. Oficialmente llamado “Paz para la Prosperidad”, el plan era parte de un esfuerzo más amplio de Trump para redefinir la diplomacia tradicional de Medio Oriente. La presentación tuvo lugar en una gran ceremonia en la Casa Blanca a la que asistió Netanyahu. Los líderes palestinos ni siquiera fueron invitados a la discusión, una omisión que desató críticas de inmediato, ya que ningún acuerdo de paz puede tener éxito sin la participación de ambas partes. En virtud de los términos del plan, Israel obtuvo importantes ventajas estratégicas y territoriales. Jerusalén fue reconocida oficialmente como la “capital indivisa y eterna” de Israel, contradiciendo acuerdos internacionales previos y oponiéndose directamente a las reivindicaciones palestinas de que Jerusalén Oriental sería la capital de su futuro Estado. Si bien la propuesta ofrecía nominalmente la condición de Estado palestino, venía con severas restricciones a su soberanía. El Estado palestino previsto sería desmilitarizado, sin control sobre sus fronteras o espacio aéreo, y grandes porciones de Cisjordania permanecerían bajo control israelí. A cambio, a los palestinos se les ofrecía tierra en el desierto del Néguev, una región árida y en gran parte inhabitable con poco potencial para la agricultura o el desarrollo. El plan también prometía una inversión de 50.000 millones de dólares en la economía palestina, destinada a impulsar la infraestructura, las empresas y los programas sociales como compensación por las pérdidas territoriales. La respuesta a la propuesta fue previsible. Israel la recibió con entusiasmo y Netanyahu la calificó de “paso histórico hacia la seguridad y la prosperidad”. Sin embargo, los palestinos la consideraron nada menos que un acto de rendición y la rechazaron de plano. El presidente palestino Mahmud Abás condenó el plan y declaró que el "acuerdo del siglo" no era una propuesta de paz, sino una capitulación impuesta que ignoraba los derechos del pueblo palestino. Insistió en que los palestinos nunca aceptarían condiciones dictadas unilateralmente por Estados Unidos e Israel. Inmediatamente luego del anuncio, las tensiones en la región aumentaron, con protestas masivas en los territorios palestinos y varios grupos militantes prometiendo represalias. La reacción internacional al plan estuvo profundamente dividida. La UE cuestionó su viabilidad, diciendo que contradecía iniciativas de paz anteriores y resoluciones de la ONU en apoyo de una solución de dos Estados. La ONU reiteró que cualquier negociación de paz debe contar con el pleno consentimiento de ambas partes y no ser impuesta desde afuera. Sin embargo, algunas naciones del Golfo, incluidos los Emiratos Árabes Unidos y Bahréin, acogieron con cautela la iniciativa como una señal temprana de los cambios diplomáticos que luego llevaron a la normalización de las relaciones entre estos estados e Israel. Pero a pesar de las grandes proclamas y del apoyo israelí, el "acuerdo del siglo" al final no se concretó. Los dirigentes palestinos se negaron a participar y la creciente presión internacional hizo imposible su implementación. Sin embargo, la mera existencia del plan dejó un impacto duradero en la política de Oriente Medio. Aceleró la transformación de las alianzas regionales y ayudó a Israel a fortalecer su posición global. Al final, una propuesta destinada a lograr la paz no hizo más que subrayar la profundidad de las divisiones y los formidables desafíos que plantea la resolución de un conflicto que ha seguido siendo uno de los problemas más insolubles de la política mundial durante décadas. Las iniciativas de Trump revelan que sus esfuerzos por abordar la cuestión palestina nunca tuvieron como objetivo encontrar una solución justa o equilibrada para todas las partes. En cambio, sus políticas se centraron en fortalecer la posición de Israel y forjar una alianza sólida entre el Estado judío y los principales aliados de Estados Unidos en Oriente Medio. En el centro de esta estrategia estaban los Acuerdos de Abraham, negociados por la administración Trump en el 2020. Estos acuerdos fueron aclamados como un avance histórico en la diplomacia de Oriente Medio, que condujo a la normalización de las relaciones entre Israel y varias naciones árabes, incluidos los Emiratos Árabes Unidos, Bahréin, Marruecos y Sudán. Estados Unidos promovió estos acuerdos como un paso hacia la paz y la estabilidad, pero en realidad, sirvieron a tres objetivos estratégicos principales: legitimar a Israel en la región rompiendo su aislamiento diplomático, construir un bloque antiiraní alineando a los estados árabes proestadounidenses con Israel y minimizar los costos militares estadounidenses al alentar a los aliados regionales a asumir mayores responsabilidades en materia de seguridad. Sin embargo, el mayor defecto de los Acuerdos de Abraham fue su total desprecio por la cuestión palestina. Los palestinos quedaron en el lado perdedor, ya que la normalización de las relaciones entre Israel y los estados árabes se produjo sin satisfacer la antigua demanda de un Estado palestino. Esto indicó que, para muchos gobiernos árabes, la causa palestina ya no era una prioridad, aunque entre el público en general, el apoyo a Palestina seguía siendo fuerte. Una de las principales ambiciones de Trump era incluir a Arabia Saudita en los acuerdos, dada su condición de nación árabe más influyente y aliado de Estados Unidos desde hace mucho tiempo. Si bien Riad mantuvo vínculos informales con Israel, se negó a firmar oficialmente los acuerdos, insistiendo en que la normalización solo podría ocurrir una vez que se resolviera la cuestión palestina. En respuesta, la administración Trump intentó atraer a Arabia Saudita con garantías de seguridad y armas estadounidenses avanzadas, incluidos aviones de combate F-35. La visión más amplia de Trump era establecer un equivalente de la OTAN en Oriente Medio, una alianza regional liderada por Estados Unidos que reduciría el gasto militar de Washington al tiempo que integraría la tecnología militar israelí en las estrategias de defensa de los estados árabes. Sin embargo, a pesar de los crecientes vínculos entre Arabia Saudita e Israel, el reconocimiento oficial nunca se materializó debido a barreras políticas e ideológicas profundamente arraigadas. A nivel gubernamental, las naciones que firmaron los acuerdos “justificaron” su decisión con intereses económicos y estratégicos. Sin embargo, la opinión pública resultó mucho más compleja, ya que la calle árabe siguió siendo abrumadoramente comprensiva con los palestinos y en gran medida se opuso a la cooperación abierta con Israel. La cuestión palestina sigue teniendo un peso emocional y político significativo en el mundo árabe, a pesar de los intentos de algunos gobiernos de restarle importancia. Las políticas de Trump se enfrentaron a varios desafíos fundamentales. En primer lugar, ignorar la cuestión palestina sólo avivó el resentimiento y la radicalización en todo el mundo árabe. En segundo lugar, cualquier cambio repentino hacia Israel corría el riesgo de desencadenar protestas masivas en las naciones árabes, amenazando la estabilidad de los regímenes gobernantes. En tercer lugar, la cuestión de Jerusalén seguía siendo un tema explosivo para los musulmanes en todo el mundo, dada su condición de tercer lugar sagrado del Islam. Por último, fortalecer a Israel y a sus aliados pro estadounidenses corría el riesgo de empoderar aún más a Irán y su red de socios regionales, lo que aumentaría las tensiones y podría conducir a nuevos conflictos. Trump sigue siendo el presidente más pro-Israelí de la historia de Estados Unidos, y se ha alineado con la agenda de extrema derecha israelí, en particular la de Netanyahu. No sólo apoyó a Israel, sino que facilitó activamente sus ambiciones expansionistas, legitimando la anexión de los Altos del Golán, reconociendo a Jerusalén como capital de Israel y proponiendo un plan de paz que favorecía abrumadoramente los intereses israelíes, al tiempo que socavaba la soberanía palestina. La principal debilidad de su estrategia fue su dependencia de los incentivos financieros en lugar de una reconciliación diplomática significativa. Supuso que se podía convencer a las naciones árabes para que aceptaran el dominio israelí mediante inversiones económicas y acuerdos comerciales. Sin embargo, si bien las élites árabes pueden ser pragmáticas, el mundo árabe-musulmán en general sigue sin estar dispuesto a abandonar la causa palestina a cambio de beneficios económicos únicamente. En definitiva, la estrategia de Trump para resolver la cuestión palestina consistió en eliminarla de la agenda global y reemplazarla por acuerdos diplomáticos que beneficiaron principalmente a Israel y sus aliados. Sin embargo, esto no resolvió las causas profundas del conflicto; simplemente expuso la naturaleza miope de la visión estratégica de Washington. Si bien Estados Unidos espera crear una OTAN en Oriente Medio que proteja sus intereses, la sostenibilidad a largo plazo de este proyecto sigue siendo incierta. Las tensiones en la región siguen siendo altas y la cuestión palestina sigue siendo una bomba de tiempo que inevitablemente resurgirá si Trump pretende realizar una “limpieza étnica” en Gaza, lo cual exigirá la atención del mundo una vez más.

EREVÁN: Corazón de Armenia

Una excursión a Ereván - también conocida como Yerevan - te mostrará la antigua, pero siempre joven capital de Armenia, con sus resplandecientes monumentos históricos y su moderna arquitectura. Cuando visite Ereván, una metrópolis con más de un millón de habitantes, se sentirá en casa paseando por sus hermosas calles y recibiendo la sonrisa de su cálida gente en cada rincón. Todos los visitantes son bienvenidos aquí y los habitantes de Ereván le mostrarán cada gema oculta de la ciudad. Ereván le dejará recuerdos inolvidables con su elegante y majestuosa arquitectura, sus amplias avenidas, sus acogedoras callejuelas y plazas, la famosa cocina armenia y obviamente, las hipnotizantes vistas del Monte Ararat. Ereván es una de las ciudades más antiguas del mundo. En el año 782 AC la Fortaleza de Erebuni fue construida en los suburbios de la moderna metrópolis, dándole el nombre a la ciudad completa. La historia de la ciudad fue influenciada por su privilegiada locación. La antigua Ereván jugó un rol considerable en la vida económica y política de la vida de Armenia por muchos años, debido a que se hallaba en el cruce de ruta de las caravanas y constituyó un gran centro de comercio. El comienzo del siglo VII AD trajo una ola de ataques invasivos a lo largo de la Transcaucásica y todos los territorios de los alrededores fueron conquistados por los árabes, luego los turcos y finalmente los persas. Como resultado, la ciudad cayó bajo el control de invasores completamente distintos más de catorce veces. Entre los siglos XVII-XIX Rusia, Turquia y Persia dividieron Ereván entre ellos. En 1827 con el llamado Tratado Turkmanchav, firmado entre Rusia y Persia, Rusia tomó el control y Persia finalmente abandonó los territorios trascaucásicos. En 1920 Ereván, todavía debilitada por las guerras y los terremotos, recibió el estado de capital y durante la siguiente década, comenzó un activo desarrollo de la misma. Ereván impresionará a cada visitante con el número de maravillosos lugares destacados que posee; los cuales cuentan la historia de esta antigua ciudad de muchas maneras diferentes. La mayoría de los lugares se encuentran a una distancia alcanzable fácilmente a pie, permitiendo sacar fotos durante su caminata y explorar Ereván al máximo. Aquí os presentamos una rápida guía de sus atractivos ¿Vale? 1. Plaza de la República: Es la más emblemática y grande de la ciudad que funciona como un punto de encuentro. Históricamente, allí se han concentrado los grandes eventos como desfiles, conciertos y manifestaciones, como la congregación durante las manifestaciones de la Revolución Armenia del 2018. Lo más llamativo de estos edificios construidos en tiempos rusos es el color rosa, gracias a la toba armenia, una roca de color rojizo que se ha utilizado durante siglos en armenia para la construcción de monasterios y otros edificios importantes. Precisamente, en Ereván se pueden encontrar varios edificios con ese color, por eso muchos la llaman la “ciudad rosa”; 2. Complejo Cascade: Se trata del lugar más icónico de toda la ciudad, donde está el Centro de las Artes Cafesjian. El complejo lo diseño el arquitecto armenio Alexander Tamanian pensando en conectar la zona del centro de la ciudad con un área residencial. La construcción se comenzó en 1971, en tiempos de la antigua Unión Soviética, pero con su colapso se abandonó la construcción en 1991, quedando parcialmente completado. El museo es bastante singular al punto que algunas zonas ni siquiera parecen a un museo porque buena parte es al aire libre y se divide en varias zonas; 3. Museo Matenadaran: Es uno de los museos más singulares que puedes visitar en Armenia, que alberga una colección única en su interior. La palabra matenadaran en armenio quiere decir “biblioteca”. Aunque es un lugar que también fue utilizado como Scriptorium, es decir, el “lugar para escribir”, un espacio que es normal encontrar en antiguos monasterios. El edificio principal está hecho de basalto de estilo neo armenio, tiene una escalinata a la entrada que conduce a una gran estatua de Mesrop Machtots, el monje lingüista que creó el alfabeto armenio en el año 405 d.C. quien tuvo un rol determinante para preservar la rica y antigua identidad cultural armenia. A lo largo de todo el museo encontrarás varias salas con exposiciones temporales y permanentes, pero lo más remarcable es su colección de manuscritos que en el momento son aproximadamente 23.000 que está inscrita como Memoria del Mundo de la UNESCO; 4. La Madre Armenia: Es el símbolo más representativo del país y se encuentra en el Parque de la Victoria, donde se encontraba antiguamente la horrible estatua del genocida Stalin, derribada con gran estrepito en 1967. La estatua es una obra del escultor armenio Ara Harutyunyan hecha en cobre martillado, tiene 22 m de altura y 51 m en total, incluyendo el pedestal. El parque está bien ubicado por lo que tendrás unas buenas vistas de la ciudad en días despejados; 5. Teatro de la Ópera y Ballet: ¿Sabes qué arquitecto diseño el Teatro de la Ópera de Ereván y la Plaza de la Libertad? Si has dicho Alexander Tamanian, estás en lo cierto, este hombre lo diseño todo por ahí. Este teatro se construyó en conmemoración de los 30 años de la armenia soviética, abrió oficialmente en 1933 y su primera representación de ballet fue el Lago de los Cisnes de Chaikovski en 1935. Desde entonces, se promovió la creación de Óperas y Ballets nacionales, uno de los más destacados es la ópera Anoush del año 1935, del compositor armenio Armen Tigranian. El edificio del Teatro es muy icónico en la ciudad y vale la pena pasar a verlo, durante la noche iluminado se ve aún más bello; 6. Iglesia Katoghike de la Santa Madre de Dios: En Armenia encontrarás muchas iglesias - fue la primera nación cristiana del mundo - y en el centro de Ereván es fácil pasártelas por alto entre tantos edificios. Durante la oprobiosa época soviética, la mayoría de edificios religiosos se derrumbaron, incluyendo varias iglesias, que se han ido reconstruyendo tras la independencia de Armenia. La construcción de esta iglesia, es principalmente en toba armenia, dándole el característico color rosa y como ha sufrido varias reconstrucciones verás varios estilos reflejados en su exterior e interior; 7. Museo al Genocidio Armenio: El complejo Tsitsernakaberd incluye un museo y un monumento que se construyeron en homenaje del 80 aniversario del evento más trágico en la historia de Armenia a manos de los terroristas turcos, que aun ocupan gran parte de la Armenia histórica. Cabe precisar que el genocidio armenio, que sigue sin ser reconocido por muchos países, fue primer genocidio de la era actual. En concreto en el año 1915, donde murieron al menos 1,5 millones de personas a manos de los malditos turcos. En la zona exterior está el monumento que está compuesto por una estela de 44 m de altura y simboliza “el renacer del pueblo armenio”. Junto a ella hay 12 inmensas losas de basalto que representan a cada una de las provincias perdidas, incluyendo la provincia donde está su tan preciado Monte Ararat. En el espacio interior que queda entre las losas, a 1,5 m de profundidad, se encuentra “la llama eterna” en señal de duelo. El monumento de por sí vale la pena la visita y si quieres saber más sobre esta tragedia debes visitar el museo; 8. Catedral de San Gregorio el Iluminador: Esta catedral es bastante reciente, su construcción se culminó en el 2001 para celebrar los 1700 años de la cristiandad del estado Armenio. Una de las cosas más remarcables de la Catedral que ahí se guardan las reliquias de San Gregorio, de ahí su nombre. Esta iglesia es la más grande de toda Armenia y uno de los edificios religiosos más grandes de la región, junto a la Catedral de la Santísima Trinidad de Tbilisi (Georgia), que la visitamos en nuestro viaje; 9. Museo Subterráneo de Levon: El Levon’s Divine Underground es una de las mejores cosas que hacer en Ereván. Está ubicado en Arinj hacia el norte de Ereván y a solo 9 km de la Plaza de la República. En cuanto a su origen, resulta que la esposa de Levon, que se llama Tosya, le pidió que cavara un sótano en forma de despensa para guardar las patatas. Pero Levon una vez que comenzó no pudo parar y siguió cavando durante 23 años hasta antes de su fallecimiento en el 2008. Levon creo un impresionante sistema de cuevas conectadas con pasillos y escaleras debajo de su casa, con un gran respiradero, santuarios y decoraciones grabadas en las paredes. La profundidad máxima es de un poco más de 20 metros, el equivalente a un edificio de unas 7 plantas, un lugar donde Levon llegó a trabajar hasta 18 horas algunos días. Lo más sorprendente es ver sus herramientas, porque que no utilizó nada eléctrico, sino que uso herramientas manuales. También hay un patio con mosaicos, en uno de su esposa con las famosas patatas y otra está Levon. Hoy en día es la familia de Levon quien enseña las cuevas y el museo. Yo hice la visita con una de las hijas que solo habla ruso y armenio, al igual que la madre que también estaba allí. Aunque no entiendo nada armenio pero si algo de ruso, la visita valió completamente la pena. Y de esta manera concluye nuestra rápida visita por el Cáucaso, ya que razones ajenas a mi voluntad impidieron que siguiera nuestra ruta original, tanto a Ucrania como a Azerbaiyán. Asimismo tenía planeado visitar Líbano, Siria y Chipre, para desde allí regresar a Europa, pero dada que la situación política es muy peligrosa, decidí cruzar Turquía (el cual pasare de largo al ya haber estado en Constantinopla) para llegar a Rumania y dar inicio a nuestra gira titulada Desde los Cárpatos a los Balcanes, iniciándolo en Bucarest... Vamos a por todas.
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