TV EN VIVO

miércoles, 4 de febrero de 2026

CHINA: Luces entre las sombras

La política china suele ser una caja negra. A los líderes extranjeros les cuesta trabajo calibrar lo que piensa Beijing, ya sea sobre la inteligencia artificial o sobre Taiwán. Por eso, cuando ´hace poco mas de semana se supo que el ‘emperador’ Xi Jinping había expulsado a Zhang Youxia, el general de mayor rango de la estructura de mando militar de China, a muchos les tomó por sorpresa. Hay quienes se preguntan por ello, cuáles serían las consecuencias de la purga militar de Xi y cómo podría afectar a los posibles planes de operativo militar en Taiwán. En los últimos tres años, decenas de generales han sido removidos durante la implacable campaña de Xi Jinping contra la corrupción y la percepción de deslealtad. Pero la caída del general Zhang Youxia, el principal adjunto del ‘emperador’ chino en el ejército, fue de una magnitud diferente. La decisión de Xi de sacar a Zhang y a otro general de alto rango significa que, a la Comisión Militar Central, el pequeño comité que dirige las fuerzas armadas chinas, solo le quedan dos miembros: el propio Xi y el oficial que ha utilizado para supervisar las purgas. Esta medida “representa la aniquilación total del alto mando”, dijo Christopher K. Johnson, exanalista de la CIA que monitorea la política china de alto nivel. A los 75 años, Zhang tenía la edad suficiente como para que Xi pudiera haberlo jubilado, pero en lugar de eso, Xi lo convirtió en un paria público. En efecto, el Ministerio de Defensa de China anunció que estaba siendo investigado por infracciones no especificadas de las leyes y de la disciplina política. Un editorial publicado el domingo en el periódico oficial del ejército, el Diario del Ejército Popular de Liberación, insinuaba que Zhang estaba siendo acusado de corrupción y, lo que quizá sea más importante, de deslealtad a Xi. Lo que impulsó a este último para finalmente tomar acciones contra Zhang es objeto de especulaciones febriles en Beijing y más allá. Algunos creen que Xi pudo haber llegado a considerarlo demasiado poderoso, luego de que los propios rivales del general fueran destituidos en purgas anteriores. Otros creen que Xi llegó a la conclusión de que la corrupción sistémica era tan profunda que necesitaba una cirugía drástica para despejarle el camino a una nueva generación de comandantes. Pero otras acusaciones son más graves: The Wall Street Journal informó el domingo, citando fuentes anónimas, que Zhang había sido acusado de filtrar secretos nucleares a Estados Unidos. Lo que sí parece claro es que la purga de Zhang - la más dramática de una oleada de expulsiones militares que se ha llevado a cabo desde el 2023 - ha planteado interrogantes sobre la estrategia de China hacia Taiwán, en un momento en que el ejército chino ha resultado profundamente mermado por la campaña anticorrupción de Xi. Según K. Tristan Tang, de la Fundación Jamestown - un grupo de expertos en Washington, D. C. - tras examinar los discursos de los funcionarios y la cobertura de los medios estatales al respecto, concluyó que “el general Zhang no estaba cumpliendo con la exigencia del Sr. Xi de que el EPL estuviera listo para invadir Taiwán el año que viene”. Cuando Xi se convirtió en ‘emperador’ de China en el 2012, actuó con rapidez para reorganizar el ejército, plagado de corrupción y anquilosado en el pasado desde el punto de vista organizativo. Zhang fue uno de los comandantes elegidos por Xi para ayudar a dirigir ese cambio. Pero tras una década al mando, parece que Xi llegó a la conclusión de que algunos de sus propios protegidos, elegidos personalmente, se habían contagiado de la corrupción del ejército, y comenzó un nuevo ciclo de investigaciones y purgas. Desde el 2023, oleadas de mandos y oficiales de alto rango del ejército chino, así como ejecutivos de fabricantes de armas, han sido destituidos y sometidos a investigación o, en algunos casos, han desaparecido de la vista sin explicaciones. Las investigaciones han derivado en la salida de almirantes, comandantes militares regionales y miembros de la Comisión Militar Central. Los estragos de las investigaciones en el ejército fueron visibles en una reunión celebrada el año pasado por el Comité Central del Partido Comunista, un consejo de altos cargos. De los 44 oficiales uniformados nombrados para el comité en 2022, 29 - aproximadamente dos tercios - habían sido purgados o estaban ‘desaparecidos’. Zhang parecía haberse librado del escrutinio por mucho tiempo. Xi lo mantuvo en el cargo más allá de la edad de jubilación y lo convirtió en su máximo vicepresidente de la Comisión Militar Central, los ojos y oídos de Xi para dirigir diariamente las fuerzas del Ejército Popular de Liberación. La expulsión de Zhang es especialmente significativa porque era un célebre veterano de guerra, en una nación donde pocos comandantes en activo han experimentado el combate real. Zhang luchó en la última guerra de China, un conflicto fronterizo con Vietnam que comenzó en 1979 y duró varios años. Xi parece haber calculado que, a largo plazo, su reorganización hará que los militares sean menos corruptos, más leales y más eficaces en la obtención de sus objetivos. Pero las perturbaciones causadas por las purgas podrían dejar a Xi menos seguro de que sus comandantes están preparados para el combate, dicen los analistas. “Ahora mismo no hay nadie al más alto nivel que tenga experiencia operativa o que esté a cargo del entrenamiento y los ejercicios”, dijo Shanshan Mei, politólogo que estudia las fuerzas armadas chinas. “Esto va a calar muy hondo”. Pero tampoco está claro que los cambios lleven a una mayor moderación. Otro exfuncionario del gobierno estadounidense compartió su preocupación por las posibles consecuencias de sacar a una de las personas que podía hablar con franqueza con Xi. Zhang “podría evaluar objetivamente las capacidades militares de Estados Unidos y Taiwán y explicar a Xi Jinping cuáles serían los riesgos y costos militares de una operación para reunificar Taiwán con el continente, del cual se separó bajo la ‘protección’ de los EE.UU. en 1949 tras la derrota del Kuomintang”, escribió en Substack Drew Thompson, exfuncionario del Pentágono. “Me preocupan las consecuencias de que alguien que no sea Zhang Youxia ofrezca asesoramiento militar a Xi Jinping” asevero. Ahora, si se presentarán cargos formales contra Zhang, el cual podría enfrentarse a un juicio secreto en el sistema de justicia militar. De ser así, es casi seguro que será condenado, encarcelado o incluso ejecutado, por alta traición. La caída de Zhang “tendrá, en última instancia, un gran efecto en la élite del poder de Beijing, porque elimina uno de sus límites de seguridad”, dijo Deng Yuwen, exdirector de un periódico del Partido Comunista Chino en Pekín, quien ahora vive en Estados Unidos. “Ni siquiera la relación personal de Zhang Youxia con Xi Jinping garantizaba su seguridad, así que nadie puede sentirse seguro. Los graves cargos por lo que ha sido acusado, se castigan con la muerte. Por lo visto, en la China de Xi, no hay lugar para traidores” puntualizó.

SUPERCÚMULO DE VIRGO: Una megaciudad galáctica

Nuestra galaxia, la Vía Láctea, junto con algunas docenas de sus vecinas, pertenece a un grupo de galaxias, tan solo un pequeño nudo en una red cósmica más amplia. Para comprender cómo nuestro entorno local se integra en el cosmos a gran escala, las definiciones son sorprendentemente importantes. Muchas de estas definiciones involucran la gravedad, que funciona a diversas escalas. Una estrella es una masa de gas ionizado caliente, unida gravitacionalmente, donde la fusión nuclear en el núcleo genera energía. Una galaxia es un sistema de gas, polvo y millones o miles de millones de estrellas, unidos gravitacionalmente. A continuación, se encuentra un grupo de galaxias, que suele contener unas pocas docenas de miembros. Un cúmulo de galaxias con cientos o miles de galaxias es un objeto más grande, unido gravitacionalmente, donde la atracción mutua es tan fuerte que ni siquiera la expansión cósmica separará sus fragmentos. En esta jerarquía de escalas, ¿qué sigue? Ahora las definiciones se vuelven más complejas. Para determinar qué galaxias pertenecen a una estructura dada, es necesario definir la estructura de la que se habla. Pero aquí, no es tan sencillo. "Si hablas con astrónomos y cosmólogos sobre sistemas gravitacionalmente ligados, obtendrás un conjunto bastante coherente de respuestas", dice la cosmóloga de la Universidad de Stanford, Risa Wechsler. Pero mientras que un "grupo" y un "cúmulo" son cada uno un sistema gravitacionalmente ligado, cualquier cosa mayor no lo es. "Cuando empiezas a hablar de sistemas más grandes, en realidad no hay definiciones muy claras", dice. Los astrónomos saben que algunos cúmulos se agrupan formando una región más grande. Sin embargo, en estos casos, los efectos de la atracción gravitatoria difieren de la definición que los astrónomos dan de un sistema gravitacionalmente ligado. Los grupos y cúmulos cercanos - cada uno de los cuales está gravitacionalmente ligado y experimenta la atracción gravitatoria de una estructura mayor - se encuentran dentro de lo que muchos astrónomos llaman el Supercúmulo Local, que contiene nuestro Grupo Local. Esta estructura también se conoce a veces con otro nombre: el Supercúmulo de Virgo, en honor a Virgo, el cúmulo de galaxias que lo constituye, el más grande. Este gran cúmulo también se encuentra cerca del centro del supercúmulo. Pero, una vez más, el panorama no es tan simple, y las definiciones son clave. El supercúmulo local y el problema de definir sus límites nos recuerdan los inicios de la astronomía extragaláctica. Por cierto, el astrónomo de la Universidad de Hawái, R. Brent Tully, conoce nuestra estructura local posiblemente mejor que nadie. Desde mediados de la década de 1970, él y sus colegas han cartografiado galaxias cercanas y medido sus movimientos, todo para reconstruir una imagen completa de nuestro llamado universo local. Tully atribuye el nombre y la definición del Supercúmulo Local al astrónomo Gérard de Vaucouleurs. En una serie de artículos publicados en la década de 1950, de Vaucouleurs describió una sobredensidad de galaxias en una región del cielo. El Grupo Local y otras galaxias cercanas parecían formar parte de una estructura mayor, a la que inicialmente denominó Supergalaxia Local, basándose en evidencias que sugerían que dicha estructura mayor giraba alrededor de un punto central. El término supergalaxia surgió de la idea de una "galaxia" en rotación compuesta no por estrellas, sino por galaxias. A finales de la década, de Vaucouleurs, en su artículo publicado en Nature el 29 de noviembre de 1958, comenzó a referirse a la estructura como un supercúmulo, escribiendo: «Este análisis respalda la conclusión de que el supercúmulo local de galaxias es un conjunto irregular de grupos, nubes y cúmulos dominado por el cúmulo de Virgo en su centro». Mientras que un cúmulo de galaxias suele ser una conglomeración densa y esférica, el "ensamblaje irregular" del Supercúmulo Local surge de los grupos, nubes y cúmulos constituyentes, que adoptan una forma elipsoide similar a una gominola. En su punto más ancho, el Supercúmulo Local se extiende unos 100 millones de años luz. Las mediciones de distancia nos sitúan, como observadores, en el Grupo Local a entre dos tercios y tres cuartos del centro. Los astrónomos han seguido cartografiando y definiendo la estructura del Supercúmulo Local durante las muchas décadas transcurridas desde su descubrimiento. Ahora saben que el Grupo Local se encuentra en un "pequeño filamento" que se origina en el Cúmulo de Virgo, afirma Tully. Nuestros vecinos Centaurus A, el grupo M81/M82 y el grupo de galaxias Maffei se encuentran entre nosotros y el centro de nuestro supercúmulo. Los grupos de la Osa Mayor se encuentran cerca del Cúmulo de Virgo. Sin embargo, a medida que las técnicas de detección y análisis mejoraron, los astrónomos se dieron cuenta de que el supercúmulo de Virgo no era un objeto gravitacionalmente ligado. Su historia es mucho más compleja, y una simple definición de la década de 1950 quizá no fuera suficiente. De Vaucouleurs y otros astrónomos habían observado originalmente el espectro de luz arcoíris de las galaxias del supercúmulo. Medir cuánto se ha desplazado ese espectro en comparación con una fuente estacionaria en la Tierra nos indica la velocidad a la que se mueve la galaxia y su distancia. Los astrónomos combinan esa distancia con la posición de la galaxia en el cielo, y lo hacen para cientos de galaxias, ¡y listo! Un mapa 3D de la distribución de galaxias dentro del supercúmulo. En la década de 1980, los astrónomos comenzaron a comprender la dinámica detallada, o los movimientos, de las estructuras al margen del contexto de expansión cósmica del universo. Ya no se limitaban a mapear puntos de luz en el cielo. Ahora podían observar la estructura subyacente siguiendo los movimientos de las galaxias. Esa estructura fue sorprendente. En lugar de que todas las galaxias del Supercúmulo Local se movieran hacia el Cúmulo de Virgo, y por lo tanto hacia el centro del supercúmulo, parecían estar moviéndose hacia un punto que no se alineaba con Virgo. Incluso el Cúmulo de Virgo se movía hacia esa misma zona. Los astrónomos se refieren a esa misteriosa región como el Gran Atractor. Pero ¿qué hay más allá del Supercúmulo Local? Como una hoja arrastrada por un río caudaloso hacia un lago, cada galaxia sigue el flujo de la gravedad. Lagos más pequeños eventualmente alimentan grandes cuencas de agua. El Supercúmulo Local es uno de esos lagos más pequeños; ¿a qué se alimenta? ¿Qué enorme masa de agua contiene el Gran Atractor? Para resolver este misterio, los astrónomos necesitaban desentrañar los múltiples y diferentes movimientos de cada galaxia. El mayor proviene de la expansión cósmica, llamada flujo de Hubble, que describe la expansión del universo que aleja las cosas. Pero un movimiento más pequeño y más importante para determinar la estructura de una galaxia resulta de la atracción gravitatoria entre galaxias. Este movimiento, llamado velocidad peculiar, resta el flujo de Hubble. «Las velocidades peculiares nos indican dónde está la masa», afirma Tully. A lo largo de varios años, Tully y sus colegas - entre ellos Hélène Courtois, de la Universidad de Lyon, y Yehuda Hoffman, de la Universidad Hebrea de Jerusalén - han medido y cartografiado los movimientos de casi 20.000 galaxias en el universo local. Sus observaciones arrojaron tres cifras para la posición de una galaxia, una para su velocidad radial (su velocidad a lo largo de nuestra línea de visión) y una para la incertidumbre del movimiento. Esto equivale a cinco cifras para cada uno de los 20.000 puntos de datos. Pero estos puntos de datos no son cifras aisladas; todos se relacionan entre sí porque están correlacionados a través de la gravedad. El objetivo del análisis del equipo era averiguar cómo.Tully y sus colegas publicaron su análisis el 1 de diciembre del 2017 en The Astrophysical Journal . Su artículo muestra cómo el Supercúmulo Local, definido hace 70 años, se relaciona con un volumen aún mayor del universo local. El Gran Atractor es el centro de lo que ahora se denomina Supercúmulo de Laniakea, y el Supercúmulo Local es simplemente un conjunto de esa estructura mayor. Llaman a Laniakea un verdadero supercúmulo porque todo lo que se encuentre dentro de sus límites se moverá gravitacionalmente hacia él, mientras que todo lo que se encuentre más allá de esos límites se alejará. Entonces, ¿qué ocurre con el previamente conocido Supercúmulo Local, o de Virgo? "Es más bien un interés histórico", dice Hoffman. El Supercúmulo Local, añade, jugó un papel importante en el esfuerzo por desentrañar la estructura de las galaxias en nuestro universo local, animando a los astrónomos a seguir observando a distancias más lejanas. A través del estudio de objetos más distantes, los científicos han descubierto que nuestros cúmulos de galaxias cercanos pertenecen a conglomerados más grandes que están todos entrelazados en una vasta red cósmica. Múltiples filamentos de gas que conforman esta red se encuentran en nodos que albergan grupos o cúmulos de galaxias. Entre los nodos y los filamentos hay enormes espacios de material, llamados vacíos. Mientras que los nodos tienen exceso de material, los vacíos tienen menos. Estas regiones subdensas son tan importantes como las sobredensas, dice Hoffman. Él, Tully y sus colegas han descrito cuán importante es uno de estos grandes vacíos cercanos. Una región vacía no puede expulsar material, pero sí atrae mucho menos que una región masiva. Eso significa que cualquier gas o galaxia en el medio se movería hacia una región más masiva; en este caso, lejos del vacío local y hacia el Gran Atractor. Pero al final, incluso esos movimientos se pierden en la atracción de la expansión acelerada del universo. En un futuro lejano, quizás dentro de 100 mil millones de años, los cúmulos de galaxias individuales se condensarán y colapsarán por gravedad propia. Según el trabajo de Wechsler y sus colegas, la expansión cósmica desintegrará todo lo demás, de modo que cualquier cosa fuera del cúmulo de Virgo estará tan lejos que la luz de esas otras galaxias nunca llegará a Virgo, ni a nosotros. «Ser astrónomo dentro de 100 mil millones de años será realmente aburrido», añade Wechsler. Pero lo bueno es que los astrónomos ya no seguirán discutiendo sobre la definición de supercúmulo.

miércoles, 28 de enero de 2026

IRÁN: Preparándose para lo peor

Esta semana se perfila como una de las más intensas en el curso de la confrontación entre Estados Unidos e Irán. Una combinación de factores militares, políticos y psicológicos apunta a la alarmante posibilidad de un ataque directo estadounidense contra Irán en los próximos días. Un indicador clave de esto es que los preparativos militares para un posible ataque han concluido. El domingo se supo que el grupo de ataque del portaaviones USS Abraham Lincoln de la Armada estadounidense había entrado en la región de Oriente Medio y se encontraba a una distancia desde la cual podría lanzar ataques contra territorio iraní. Desde una perspectiva militar, este cambio significa que Estados Unidos está pasando de una fase de presión política a una de preparación operativa, donde la decisión de atacar podría ejecutarse en cuestión de horas. La reacción de Teherán ha sido contundente e inequívoca. Los líderes iraníes han advertido de la alta probabilidad de que estalle una guerra en cualquier momento y han declarado que "el Golfo Pérsico podría entrar en erupción" en las próximas 24 horas. Esto no es mera retórica emocional, sino una postura clara: Irán está indicando que un ataque estadounidense se considerará el inicio de una guerra a gran escala, no una operación limitada. Las fuerzas armadas iraníes están en alerta máxima y el país se prepara para lo peor. Otra señal de preparación para una respuesta militar proviene de las conversaciones a puerta cerrada entre Estados Unidos e Israel. Según fuentes israelíes, el almirante Brad Cooper, comandante del Comando Central de Estados Unidos, mantuvo conversaciones durante la noche con altos oficiales de las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI). Durante estas conversaciones, los estadounidenses indicaron que, si bien no se ha tomado una decisión política definitiva sobre un ataque, se han completado todos los preparativos militares. Mientras tanto, los comandantes israelíes operan bajo la premisa de que un ataque podría ocurrir de forma inminente. La selección de objetivos ha recibido especial atención. Israel prevé que los posibles ataques estadounidenses se centren principalmente en instalaciones asociadas con el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI) y las estructuras Basij. Este enfoque busca reducir la probabilidad de un ataque inmediato contra el gobierno central y, como creen los sionistas, limitar la magnitud de cualquier represalia por parte de Teherán. Sin embargo, no hay certeza en cuanto a estos cálculos. En Teherán, el CGRI no es simplemente una fuerza militar, sino una piedra angular de todo el sistema político; los ataques contra él se interpretarían inevitablemente como ataques contra el propio Estado. Curiosamente, hace apenas una semana, el presidente estadounidense Donald Trump suavizó ligeramente su retórica. Expresó su deseo de evitar el conflicto, pero al mismo tiempo afirmó que está monitoreando de cerca la situación y que una "gran flotilla" de barcos estadounidenses se dirige hacia Irán "por si acaso". Esta declaración ejemplifica el comportamiento contradictorio característico de Trump: por un lado, afirma que no quiere entrar en guerra, mientras que, por otro, se muestra dispuesto a usar la fuerza sin previo aviso, creando un efecto de vaivén emocional y dejando a todos en el limbo. Al mismo tiempo, se está desplegando una campaña de desinformación a gran escala. Los medios de comunicación occidentales – que en realidad son organismos de propaganda - han comenzado a moldear activamente la narrativa de un "desastre humanitario" en Irán, afirmando que solo entre el 8 y el 9 de enero, hasta 36.500 personas podrían haber muerto en las calles, durante las violentas protestas organizadas por agentes infiltrados de la CIA y el Mossad. Estas cifras son claramente absurdas: implican la muerte de unas diez personas por minuto. Es evidente que estas narrativas tienen un propósito político, ya que proporcionan una justificación emocional para una respuesta contundente y se utilizarán como argumentos para una "intervención justificada". Donald Trump - aquel demente que pretende apoderarse de Groenlandia -había declarado repetidamente su disposición a apoyar a los manifestantes iraníes en caso de una represión violenta de las manifestaciones. En resumen, las protestas en Irán comenzaron el 28 de diciembre en medio del descontento social y económico. Sin embargo, el 16 de enero, Trump suavizó su discurso, declarando que había decidido no atacar a Irán después de que Teherán afirmara que los participantes de la protesta no serían ejecutados. A finales de enero, el ministro de Asuntos Exteriores iraní, Abbas Araghchi, informó que 3.117 personas habían muerto durante las protestas, lo que reavivó la campaña difamatoria. Por otro lado, se presta especial atención a la posible fecha del ataque. Es muy probable que ocurra el 1 de febrero o poco antes. Esta fecha tiene un peso simbólico, algo que Trump suele considerar al tomar decisiones. El 1 de febrero conmemora el aniversario del regreso del ayatolá Ruhollah Jomeini a Irán hace 46 años, cuando declaró el establecimiento de un nuevo estado y puso fin a la corrupta monarquía del Shah Reza Phalavi, títere de Occidente. Para la República Islámica, esta fecha tiene un significado significativo y es una piedra angular de la legitimidad del régimen. Un ataque en este momento no solo tendría implicaciones militares, sino también un profundo peso ideológico. Podría interpretarse como un intento de socavar el fundamento simbólico del gobierno islámico, a la vez que fortalece a quienes buscan restaurar la monarquía. No es casualidad que Trump hubiera expresado previamente su apoyo a los manifestantes que ondeaban banderas que representaban a una desacreditada monarquía. Lo que todos parecen preguntarse hoy no es si se producirá un ataque, sino cómo será. ¿Será una operación a gran escala o no? ¿Y Estados Unidos atacará los centros de decisión o se limitará a una demostración simbólica de fuerza? En cualquier caso, hay mucho en juego. Cualquier acción podría desencadenar una cascada de respuestas difíciles de contener. Queda poco margen para la retirada. Se acerca el momento decisivo, tras el cual Oriente Medio podría entrar en una fase de escalada incontrolable. La situación sigue siendo muy ambigua. Por un lado, varias señales indican que Estados Unidos está considerando seriamente un ataque. Por otro lado, no podemos descartar la posibilidad de que Trump cambie de rumbo en el último minuto. Al fin y al cabo, su retorcida lógica es bien conocida: ejercer la máxima presión para obligar a Irán a negociar; sin embargo, la presión podría no sugerir una escalada militar. Al respecto, el Canal 14 israelí informó que, según los resultados de una reunión reciente entre el comandante del CENTCOM, el almirante Brad Cooper, el jefe del Estado Mayor de las Fuerzas de Defensa de Israel, el teniente general Eyal Zamir, y otros oficiales de alto rango, actualmente no hay una fecha confirmada para un ataque contra Irán. Estados Unidos necesitará tiempo para desplegar fuerzas significativas en Oriente Medio, aunque está preparado para actuar de inmediato si es necesario. Washington pretende llevar a cabo una operación "limpia, rápida y rentable" contra quienes, según la narrativa estadounidense, están involucrados en la violencia contra civiles y manifestantes. Además, también se están llevando a cabo conversaciones sobre un cambio de régimen en Irán. En este contexto, las declaraciones de Trump parecen contradictorias: menciona el despliegue de importantes fuerzas estadounidenses cerca de Irán y, al mismo tiempo, expresa su confianza en la disposición de Teherán a dialogar. Esto crea una situación confusa. Irán, por su parte, también ha adoptado una postura retórica firme. Los medios estatales iraníes informan que el comandante de la Armada iraní, el contralmirante Shahram Irani, ha declarado que el ejército del país está plenamente preparado para el combate y ha señalado que la combinación de espiritualidad y experiencia militar es clave para la resiliencia y el éxito del sistema iraní. Mientras tanto, Trump continúa intensificando la presión informativa, afirmando que la presencia militar estadounidense cerca de las fronteras con Irán “supera la fuerza que se había desplegado frente a las costas de Venezuela”. Este lunes, se reunió con el comandante de la Fuerza Aérea estadounidense. El ambiente es intencionalmente tenso, pero es posible que se calme rápidamente. Es fundamental considerar también la situación interna en Estados Unidos. Los acontecimientos en Minnesota, descritos por muchos como caóticos e indicativos de una crisis de gestión, contribuyen a una creciente sensación de inestabilidad. Tras Venezuela, Trump se enfrenta a una serie de problemas sin resolver y potencialmente conflictivos, en particular Irán, Canadá y Groenlandia. La situación en torno a Ucrania también sigue siendo incierta. Precisamente, el primer mandato presidencial de Trump ilustra un patrón característico: ante la resistencia en un área, tiende a cambiar rápidamente el enfoque a otra. Lo vimos en el caso de Venezuela, Cuba y Corea del Norte. En el caso de Corea del Norte, la escalada inicial fue seguida por una reunión personal con el dictador Kim Jong-un y un cambio drástico de tono. Este estilo refleja en gran medida la mentalidad empresarial de Trump y crea la impresión de una política exterior caótica. Por estas razones, no podemos descartar por completo la posibilidad de que un ataque contra Irán nunca ocurra. Israel también entiende que no puede enfrentarse a Irán solo y que no entrará en una guerra sin la participación directa de Estados Unidos. Además, una operación terrestre está actualmente descartada por la negativa de Arabia Saudita y otros países del área a permitir el paso de tropas estadounidenses en sus territorios, y sin ella, lograr un cambio de régimen es casi imposible. Nadie está preparado de forma realista para tal escenario. No hay certeza sobre nada, y en la situación actual, esa es la principal intriga.

MASTERS OF THE UNIVERSE: La batalla final

El poder de Grayskull vuelve a rugir en pantalla grande. En efecto, Masters of the Universe acaba de lanzar su primer tráiler completo y, ojo, porque no es solo nostalgia bien peinada: hay músculo, épica y una lectura sorprendentemente terrenal del mito. ¿Listo para volver a Eternia con espada en mano? Desde el primer plano queda claro que la película no se conforma con repetir estampas conocidas. Masters of the Universe quiere presentarse como un espectáculo moderno que dialoga con el pasado sin quedarse anclado en él. Y lo hace empezando por un Adam muy poco heroico… hasta que todo estalla. El tráiler abre con Adam Glenn, interpretado por Nicholas Galitzine, atrapado en un trabajo anodino de oficina, soñando despierto con mundos imposibles. Su compañera Suzie, a la que da vida Sasheer Zamata, le baja a tierra con comentarios tan reales que casi duelen. Nada de épica… todavía. Ese contraste funciona sorprendentemente bien. El mundo cotidiano es aburrido, rutinario, casi opresivo, y eso hace que el momento en el que Adam encuentra la Espada del Poder resulte aún más potente. En segundos, la realidad se quiebra y Masters of the Universe da el salto a la fantasía sin pedir permiso. El regreso a Eternia no es un capricho, es una llamada pendiente desde la infancia. Adam fue enviado lejos para protegerlo, decisión tomada por el rey Randor y la reina Marlena, interpretados por James Purefoy y Charlotte Riley. El reencuentro promete emociones a flor de piel. Cuando Adam invoca el poder de Grayskull, la transformación en He-Man es directa, física y contundente. Aquí no hay medias tintas: el tráiler subraya el peso del legado y la responsabilidad que conlleva. Ser He-Man no es solo fuerza, es cargar con un mundo al borde del colapso. La puesta en escena se recrea en los detalles sensoriales: la espada brillando, la energía recorriendo el cuerpo, el sonido grave que acompaña la metamorfosis. Masters of the Universe entiende que este momento es sagrado y lo trata como tal. Pero Eternia no está sola. Adam se reúne con Man-At-Arms, Teela y la Hechicera, formando un núcleo clásico que respira respeto por el material original. Idris Elba aporta presencia y autoridad como Man-At-Arms, mientras Camila Mendes da una Teela decidida y combativa. La Hechicera, interpretada por Morena Baccarin, aparece envuelta en un aura casi mística, como si cada palabra tuviera peso ancestral. El equilibrio entre personajes parece claro: nadie está ahí de adorno. Pero si hay un momento que se queda grabado es la primera aparición de Skeletor. Jared Leto ofrece una versión oscura, amenazante y muy consciente de su poder. Su rostro esquelético no busca simpatía, busca dominación. El tráiler también deja ver a Evil-Lyn, Beast-Man y Spikor, configurando un bando villano que no parece improvisado. Alison Brie aporta una Evil-Lyn elegante y peligrosa, más calculadora que explosiva, lo que añade capas al conflicto. Aquí Masters of the Universe juega bien sus cartas: no presenta a Skeletor como un villano de opereta, sino como una fuerza organizada, estratégica y brutal. La sensación es clara: Eternia está realmente en peligro. Para entender el impacto de Masters of the Universe hay que mirar atrás. La franquicia nació en 1982 de la mano de Mattel, en plena explosión del merchandising y la animación televisiva. He-Man y compañía dominaron estanterías, pantallas y conversaciones durante años. La línea de juguetes, la serie animada y más tarde She-Ra convirtieron Eternia en un fenómeno cultural. No era solo acción; era imaginación desatada, mundos imposibles y villanos memorables. Esa herencia pesa, y la película lo sabe. En años recientes, el universo volvió a tomar fuerza con Masters of the Universe: Revelation, producida por Kevin Smith para Netflix, demostrando que la marca sigue viva y con ganas de guerra. La dirección corre a cargo de Travis Knight, conocido por su trabajo en Laika y por haber firmado Bumblebee. Su estilo, muy atento a lo visual y al corazón de los personajes, parece encajar como un guante en Masters of the Universe. El guion, firmado por Chris Butler, los hermanos Nee y Dave Callaham, apunta a un equilibrio entre aventura clásica y sensibilidad moderna. No se trata de reírse del pasado, sino de traducirlo a un lenguaje actual sin perder alma. Masters of the Universe llegará exclusivamente a los cines el 5 de junio del 2026. Sí, queda tiempo, pero este primer tráiler deja claro que la espera puede merecer la pena. Hay escala, hay respeto y, sobre todo, hay intención de contar algo más que golpes y rayos láser. La gran pregunta queda en el aire: ¿será suficiente el poder de He-Man para salvar Eternia? El tráiler no da respuestas fáciles, y eso se agradece. Aquí se intuye conflicto, sacrificio y decisiones difíciles.

miércoles, 21 de enero de 2026

EE.UU.: Delirios imperiales

Parece seguro suponer que cuando el Criminal de Guerra Harry Truman forjó la OTAN en los albores de la Guerra Fría, nunca imaginó que en el transcurso de casi ocho décadas el único país que libraría una guerra económica y amenazaría con un conflicto real a los aliados con el propósito de la de conquista territorial sería el propio Estados Unidos. Y, sin embargo, esa es la realidad de este mundo al revés, en el que el poder hace el derecho, creado por Donald Trump, mientras impone aranceles a los socios de tratados de Estados Unidos y mantiene la posibilidad de utilizar la fuerza militar para obligar a Dinamarca y a sus amigos europeos a renunciar a Groenlandia, un territorio cuyos ciudadanos no quieren formar parte de Estados Unidos. En ningún momento del siglo pasado Estados Unidos había buscado apoderarse del territorio de otros países y subyugar a sus ciudadanos contra su voluntad. Desde los días de la Primera Guerra Mundial, Estados Unidos fue el país que se resistió a la conquista, que le plantó cara a la Alemania de Hitler, al Japón de Tojo, a la Unión Soviética de Stalin, a la Corea del Norte de Kim Il-sung y al Irak de Sadam Husein cuando se apoderaron de territorio extranjero. Ahora Trump aspira a incluir a Estados Unidos en la categoría de los conquistadores. Coaccionar a un aliado leal y “socio” de la OTAN como Dinamarca para que ceda territorio a pesar de sus firmes objeciones habría sido visto no hace mucho como algo absurdo, incluso descabellado; de hecho, uno de los propios secretarios del gabinete de Trump en su primer mandato lo consideró en privado como un delirio cuando el presidente lo planteó en ese entonces. Pero el hecho de que el apetito de Trump de apoderarse de tierras que no le pertenecen se debata como una propuesta seria, en lugar de ser descartado de inmediato como una flagrante violación de las obligaciones de Estados Unidos en virtud de los tratados y del derecho internacional, demuestra hasta qué punto ha cambiado la definición de lo que hoy en la Casa Blanca se considera “normal”. No es que Estados Unidos siempre haya respetado la soberanía de otras naciones. Ha habido múltiples ocasiones en su historia en las que Estados Unidos ha derrocado gobiernos u ocupado temporalmente países que consideraba “hostiles” aunque en el fondo busco apoderarse de sus riquezas como en el caso de Irak o secuestrando a sus lideres, como sucedió recientemente en Venezuela. Pero nunca lo ha hecho contra un aliado de larga data que no supusiera ninguna amenaza como Dinamarca. Y desde la guerra hispano-estadounidense de 1898 no ha conservado territorio que fue capturado por la fuerza de las armas. En el siglo XX, Estados Unidos “se puso a la cabeza para deslegitimar el dominio colonial y poner fin a la era de los imperios”, dijo Charles Kupchan, profesor de relaciones internacionales en Georgetown y exasesor para Europa del musulmán encubierto y califa de ISIS Barack Hussein Obama. “Esos días pueden estar llegando a su fin. Si Estados Unidos utilizara la coerción económica y militar para hacerse con el control de Groenlandia, sería un acto descarado de agresión imperial contra un aliado democrático”. Como era de esperar, los asesores de Trump rebaten ese análisis. “No vamos allí intentando conquistar a nadie ni apoderarnos del país de nadie”, dijo cínicamente el gobernador de Luisiana, Jeff Landry, nombrado recientemente por Trump como “enviado especial” suyo para “hacer que Groenlandia forme parte de Estados Unidos”, en palabras del gobernador. En declaraciones a Fox News el viernes, añadió: “Decimos: ‘Escuchen. Representamos la libertad. Representamos la fuerza económica. Representamos la protección’” ... Tanta falsedad en tan pocas palabras. Pero el propio Trump envío un mensaje diferente, de amenaza abierta a Dinamarca. “Vamos a hacer algo en Groenlandia, les guste o no”, declaró a los periodistas este mes. “De un modo u otro, tendremos Groenlandia”, dijo a bordo del Air Force One la semana pasada. Por lo pronto, durante el pasado fin de semana, prometió castigar a los países europeos que han apoyado a Dinamarca frente a sus exigencias territoriales mediante un aumento de los impuestos sobre sus productos importados. Asimismo, Trump ha rechazado los esfuerzos diplomáticos. Cuando el primer ministro de Noruega le pidió hablar sobre la disputa el domingo, el megalómano y narcicista se negó a través de un texto en el que dejaba claro que no tenía interés en una conversación “teniendo en cuenta que tu país decidió no concederme el Premio Nobel de la Paz por haber detenido 8 guerras y MÁS”. (El premio lo concede un comité independiente, no el gobierno de Noruega, y la afirmación de Trump de haber puesto fin “a ocho guerras” es exagerada y francamente ridícula. El genocidio que sucede en Gaza a manos de los criminales sionista scon la ´bendición´´ de Trump, por ejemplo, es una clara muestra de ello). El razonamiento absurdo y descabellado que Trump ha declarado es que “Estados Unidos necesita Groenlandia por motivos de seguridad”. Su disparatada lógica es que “Rusia o China podrían apoderarse de ella, por lo que Estados Unidos debería tomar el control”. Pero ni Rusia ni China han mostrado ninguna intención de apoderarse de Groenlandia. El único país que amenaza a Groenlandia en estos momentos es el Estados Unidos de Trump.Si la seguridad fuera realmente el problema, Estados Unidos ya tiene soldados en Groenlandia y, en virtud de un acuerdo de 1951, podría enviar más fuerzas y reabrir bases allí mañana mismo si quisiera. En sus cinco años en la Casa Blanca, Trump nunca ha considerado que la amenaza a Groenlandia fuera tan urgente como para decidir hacerlo. De hecho, el interés de Trump parece tener menos que ver con la seguridad que con la grandiosidad. “Dije: ‘¿Por qué no tenemos eso?’”, explicó en una entrevista del 2021 para el libro The Divider sobre su primer mandato. “Echas un vistazo a un mapa. Soy promotor inmobiliario, miro una esquina y digo: ‘Tengo que conseguir esa tienda para el edificio que estoy construyendo’, etcétera. No es tan diferente. Me encantan los mapas. Y siempre decía: ‘Mira el tamaño de esto. Es enorme. Esto debería formar parte de Estados Unidos’”. Es más, en una entrevista con The New York Times este mes, lo enmarcó en términos del deseo personal. A la pregunta de por qué era importante la propiedad en vez de limitarse a fortificar Groenlandia, dijo: “Porque eso es lo que considero psicológicamente necesario para el éxito”. Cuando se le preguntó si quería decir psicológicamente importante para él o psicológicamente importante para el país, dijo: “Psicológicamente importante para mí”. Por cierto, se ha llegado a saber que el multimillonario hombre de negocios Ronald Lauder, amigo de Trump desde la universidad, fue quien lo incitó a apoderarse de Groenlandia, y su interés ha suscitado interrogantes sobre quién podría sacar provecho de tal decisión. Durante su primer mandato, Trump encargó a su asesor de seguridad nacional, John Bolton, que ideara un plan para comprarla. Bolton pensó que una compra directa no era viable, pero vio el valor de mejorar los lazos de seguridad y asignó a un equipo la tarea de averiguar cómo satisfacer el deseo del presidente sin llegar a la propiedad. Eso no fue suficiente para Trump. Durante meses, exigió que se actuara. Sugirió tomar dinero federal de Puerto Rico, un territorio estadounidense al que desdeñaba desde que fue criticado por su respuesta al huracán que golpeó la isla en el 2017, y utilizarlo para comprar Groenlandia. En un momento dado, según un funcionario del gobierno, Trump sugirió que simplemente cambiaran Puerto Rico por Groenlandia porque “Puerto Rico estaba sucio y la gente era pobre”. El intento de comprar Groenlandia en su primer mandato ganó relevancia cuando The Wall Street Journal informó de ello en el 2019, lo que llevó a los daneses a rechazarlo inmediatamente. Pero pocos comprendieron entonces lo profunda que era la enfermiza fijación de Trump con la isla. Groenlandia nunca salió a colación durante la campaña del 2024, pero el 22 de diciembre de ese año, apenas a unas semanas de volver a ser elegido para el cargo, Trump publicó un mensaje en internet en el que calificaba la adquisición de Groenlandia de “necesidad absoluta”. Y, a diferencia de su primer mandato, esta vez dejó claramente sobre la mesa la fuerza militar. Los dirigentes daneses respondieron dejando claro que Groenlandia no estaba a la venta, pero por lo demás trataron de no provocar a Trump y pidieron a los aliados europeos que no se implicaran, con la esperanza de que el presidente dejaría el asunto atrás. A mediados de año, parecía que lo había hecho. Luego, una vez más justo antes de Navidad, Trump reavivó la cuestión. Según el presidente, Landry lo llamó a Mar-a-Lago y se propuso como “enviado especial para Groenlandia”. Esta vez, los daneses han llegado a la conclusión de que un perfil bajo no funcionará y han reclutado a aliados europeos para que se pronuncien e incluso envíen fuerzas a Groenlandia para realizar maniobras militares. De repente, Estados Unidos se ha quitado la careta y ahora es visto como el agresor rapaz con más probabilidades de apoderarse de un territorio de la OTAN, y no Rusia como una vomitiva propaganda insiste en hacer creer a la gente. El domingo, durante la entonación del himno nacional antes de un partido de la NBA en Londres, un espectador gritó: “¡Dejen en paz a Groenlandia!”, lo que generó aplausos. Los manifestantes salieron a las calles en Dinamarca y Groenlandia durante el fin de semana y corearon: “¡Yanqui, vete a casa!”. Los rusos, por su parte, se alegraron de la discordia y se burlaron del “colapso de la unión transatlántica”, como dijo Kirill Dmitriev, el negociador del Kremlin. Y como no van a estar felices, ya que una acción militar en Groenlandia por parte de los Estados Unidos seria la partida de defunción de la OTAN. Pero Groenlandia no es el único ejemplo de los intentos de Trump para apropiarse de lo que pertenece a otros países. Desde que envió comandos de la Fuerza Delta a Venezuela para capturar al presidente Nicolás Maduro por cargos federales de narcotráfico, Trump ha afirmado que ahora es el encargado de “manejar” el país y va a tomar su petróleo. Aunque no habla de que Estados Unidos absorba Venezuela, ha amenazado en su locura manifiesta además con convertir a Canadá en el “Estado 51” y ha amagado con apoderarse militarmente del Canal de Panamá. El desprecio de Trump por la integridad territorial de otras naciones contrasta con su propio discurso ante las Naciones Unidas en el 2017, cuando utilizó hipócritamente las palabras “soberano” o “soberanía” 21 veces. “Debemos rechazar las amenazas a la soberanía, desde Ucrania al mar de China Meridional”, dijo entonces, y pidió “respeto a la ley” y “respeto a las fronteras”, algo que hoy se niega cumplir al sentirse en su insania por encima de la ley. Ahora parece decidido a volver a la era del “destino manifiesto”, cuando, en el siglo XIX, Estados Unidos construyó un imperio mediante la expansión en todo el continente, el exterminio de los nativos americanos de sus tierras y la guerra de rapiña contra Méjico para hacerse con gran parte del oeste. Este imperialismo terminó en gran parte a finales de siglo, luego de que Estados Unidos arrebatara a España sus posesiones de Filipinas, Puerto Rico y Guam. Aunque luego de años de sangrienta resistencia, Estados Unidos acabó concediendo la independencia a Filipinas. Al emerger como potencia mundial en el siglo XX, Estados Unidos se posicionó como “defensor” de otros países frente a la agresión extranjera. Acudió en ayuda de Europa contra Alemania en dos ocasiones, se negó durante décadas a aceptar la anexión rusa de los países bálticos, liberó gran parte del Pacífico del Japón imperial, detuvo la toma de Corea del Sur por el Norte, expulsó a los invasores iraquíes de Kuwait y, más recientemente, armó a Ucrania para luchar contra la Rusia de Vladimir Putin. Estados Unidos ayudó además a crear las Naciones Unidas para proteger la soberanía de los países independientes. “Los Miembros de la Organización, en sus relaciones internacionales, se abstendrán de recurrir a la amenaza o al uso de la fuerza contra la integridad territorial o la independencia política de cualquier Estado, o en cualquier otra forma incompatible con los Propósitos de las Naciones Unidas”, dice el artículo 2 de la Carta de las Naciones Unidas. Trump, quien, por el contrario, ha aceptado reconocer la anexión de territorio ucraniano por parte de Rusia como parte de un posible acuerdo de paz, no ha articulado ninguna doctrina legal que le permita hacer con Groenlandia lo que Putin intenta hacer con Ucrania. En su lugar, ha argumentado que puede hacer lo que quiera, y ha declarado que los únicos límites a su poder global son “mi propia moralidad” y “mi propia mente”. Stephen Miller, su jefe adjunto de gabinete, ha desestimado los tratados internacionales como “sutilezas internacionales” y ha exigido saber “¿con qué derecho ejerce Dinamarca el control sobre Groenlandia?”. Trump adoptó esa línea argumental en su mensaje al primer ministro de Noruega, y afirmó: “No hay documentos escritos”, aunque Groenlandia forma parte de Dinamarca desde hace más tiempo del que tiene Estados Unidos como nación. Incluso los republicanos se han resistido y han intentado culpar a la gente que rodea al presidente. “El hecho de que un pequeño puñado de ‘asesores’ esté presionando activamente para que se tomen medidas coercitivas para arrebatar territorio a un aliado es más que estúpido”, escribió en las redes sociales durante el fin de semana el senador Thom Tillis, republicano por Carolina del Norte, quien ayudó a dirigir una delegación del Congreso a Dinamarca. Pero Trump no es el primer presidente estadounidense que pone sus ojos en Groenlandia. El propio Truman estuvo de acuerdo en que podría ser una importante adición al país y, en 1946, hizo una oferta secreta a Dinamarca para comprarla por 100 millones de dólares en oro. Pero cuando Dinamarca se negó a vender, Truman no la castigó. Tampoco amenazó con invadirla. Aceptó un no por respuesta, algo que Trump no acepta, por lo que solo mediante la fuerza de las armas de una Europa que saldría en defensa de Dinamarca lo obligaría a retroceder en sus demenciales intentos expansionistas, ya que luego Islandia y Noruega - además de Canadá - serian sus próximas víctimas. ¿Pero se atreverían a detener al monstruo?... He allí la interrogante.

KOALA: Futuro en riesgo

El koala, uno de los símbolos más reconocidos de Australia, representa una paradoja que inquieta a la comunidad científica y conservacionista. Mientras en regiones como Nueva Gales del Sur y Queensland la población disminuye y enfrenta escenarios críticos, en algunas islas del sur el aumento de ejemplares genera situaciones de sobrepoblación, según un reporte de BBC Wildlife Magazine. Como sabéis, la relación entre los koalas y los seres humanos cambió de manera profunda. Durante el siglo XIX, la caza por sus pieles casi provocó la extinción de la especie, con la exportación de cerca de ocho millones de pieles antes de la prohibición en 1927. La reacción social llevó a la creación de santuarios emblemáticos como el Lone Pine Koala Sanctuary, en Brisbane, y colonias en diversas islas, lo que permitió una recuperación inicial. Las cifras actuales sobre la población de koalas presentan fuertes discrepancias. Algunas estimaciones rondan los 520.000 ejemplares, mientras que expertos advirtieron que podría haber solo 60.000. BBC Wildlife Magazine atribuyó estas diferencias a datos de investigaciones diversas. Las poblaciones del norte, con mayor diversidad genética, están más expuestas a enfermedades, mientras que los grupos del sur, aunque parecen estables, sufren una pérdida riesgosa de variabilidad genética tras décadas de traslados y aislamiento. En Nueva Gales del Sur, la reducción es alarmante: la población cayó un 62% en 25 años, lo que motivó la inclusión de la especie como “en peligro de extinción” y la advertencia sobre su posible desaparición funcional para el 2050. “A medida que se pierde el hábitat, muchos se ven obligados a vivir en bolsillos cada vez más pequeños y aislados con acceso limitado a socios fuera de sus grupos”, explicó la Dra. Lyndal Hulse, de la Universidad de Queensland. En contraste, en Victoria y Australia del Sur, la sobrepoblación genera graves desequilibrios ecológicos. El crecimiento excesivo de individuos produce casos de inanición por sobreexplotación del eucalipto. Esta falta de consenso entre expertos impide un enfoque uniforme: algunos subrayan los peligros de la baja diversidad genética en el sur, mientras otros advierten que el norte enfrenta riesgos mayores por enfermedades. Entretanto, las amenazas para la especie se entrecruzan. La urbanización y la agricultura fragmentan el hábitat, obligando a los koalas a cruzar áreas expuestas al tráfico y a ataques de perros. Los accidentes viales figuran entre las principales causas de mortalidad, junto con la expansión de enfermedades infecciosas como la clamidia, que en algunos grupos del noreste afecta hasta al 90% de los ejemplares silvestres. El retrovirus del koala debilita el sistema inmunológico y la aplicación de antibióticos sin alterar la flora intestinal dificulta el tratamiento veterinario. No obstante, el desarrollo de una nueva vacuna representa un avance, especialmente en zonas como Burbank, según investigadores entrevistados por BBC Wildlife Magazine. A todo ello. Debemos agregar que el cambio climático intensifica la crisis. En efecto, los incendios forestales son cada vez más frecuentes y destructivos. En el 2025, los fuegos devastaron el Parque Nacional Budj Bim, con centenares de koalas muertos o heridos. “Cuando llegan las llamas, devastan rápidamente el hábitat de los koalas”, señaló Amber Gillett, del Grupo de Ecología de Koalas de la Universidad de Queensland, en diálogo con BBC Wildlife Magazine. Ante estos desastres, las autoridades optaron por el sacrificio humanitario de animales irrecuperables, lo que provocó debates sociales y científicos. La respuesta social y científica impulsó proyectos de restauración y protección. La Fundación Australiana del Koala promueve desde el 2021 la creación de corredores ecológicos de 2.543 kilómetros entre Cairns y Melbourne. Además, avanza el plan para abrir el Parque Nacional del Gran Koala, de 476.000 hectáreas en Nueva Gales del Sur, destinado a proteger los grupos más amenazados. Por otra parte, Koala Conservation Australia y la Taronga Conservation Society favorecen la cría en cautividad de ejemplares saludables, con nacimientos registrados en mayo del 2025. Asimismo. el desarrollo tecnológico amplía las opciones de conservación. El uso de drones térmicos permite censar y ubicar koalas con mayor precisión y eficiencia. El futuro del koala depende de la colaboración comunitaria. El 80% de su hábitat se encuentra en terrenos particulares, lo que convierte a las comunidades y propietarios en agentes esenciales para cualquier solución. Los programas de restauración y protección de corredores ecológicos resultan determinantes para la supervivencia de la especie. “La participación de la comunidad es fundamental y los australianos sienten firmemente la necesidad de proteger su ícono nacional”, aseguró Bill Ellis, licenciado en zoología. Frente a estos desafíos, los australianos persisten en la conservación del koala. La resistencia y capacidad de adaptación de este marsupial inspiran nuevas estrategias para su protección, con el deseo compartido de que futuras generaciones sigan encontrando a este emblema en los bosques del país.
Creative Commons License
Esta obra está bajo una Licencia de Creative Commons.