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miércoles, 18 de agosto de 2021

AFGANISTAN: El cementerio de los grandes imperios

Con la entrada de los talibanes este domingo a Kabul, al mismo tiempo que en una forma por lo demás vergonzosa, personal de la embajada estadounidense y sus familias abordaban presurosos helicópteros artillados en el techo de la embajada para huir del país - reviviendo las escenas vividas en Saigón en 1975 para no caer en manos de los vietnamitas - se vuelve a repetir la trágica historia sucedida en Afganistán a lo largo de su convulsionada existencia. Si alguien cree que con la caída del régimen colaboracionista instaurado por Washington tras la invasión ocurrida en el 2001,la guerra ha terminado y la atribulada nación de Asia Central desaparecerá de los titulares de la prensa quedando como una gran encrucijada mundial, se encuentran muy equivocados ya que cosas terribles aun están por suceder allí. Como sabéis, a principios de julio, al saber que su causa estaba perdida, EE.UU. y las fuerzas de la coalición abandonaron el aeródromo de Bagram, que alguna vez fue la base de operaciones más grande de Washington en Afganistán. Con la retirada de las tropas estadounidenses del país y sin nadie que los detenga, ya que el ejército afgano se ha desbandado sin presentar ninguna resistencia, los talibanes han avanzado rápidamente, recuperando territorios perdidos, controlando prácticamente todo el país. Solo Kabul y sus alrededores se mantenían hasta el pasado fin de semana en manos del gobierno títere de Ashraf Ghani, pero la caída de la capital en manos de los talibanes marco el fin de la ominosa presencia estadounidense en Afganistán y ahora vendrá el ajuste de cuentas por parte de los talibanes. Al respecto, existen muchas teorías sobre el retorno al poder de ese grupo terrorista y los efectos que tendrá en la región a corto plazo. Pero una mirada más cercana a la historia muestra que no se trata solo de Afganistán, sino de todas las luchas y el ascenso de Eurasia en el escenario mundial. Como sabéis, a lo largo de su larga y tormentosa historia, Afganistán se ha visto sometido repetidamente a la invasión de varios imperios y reinos. Si bien hubo períodos de gobierno estable sobre el país, se ha ganado una reputación por su inestabilidad crónica, lo que le valió el título de 'cementerio de imperios'. Según la teoría, el resistir las invasiones extranjeras se ha arraigado profundamente en la psicología cultural del pueblo afgano. La Primera guerra anglo-afgana de 1839 dio la oportunidad a los británicos de invadir el país e instalar a un gobernante títere, Shah Shujah Durrani, junto con reformas radicales que buscaban establecer un gobierno centralizado y un ejército permanente según el modelo británico, al tiempo que supuestamente abordaban la corrupción. Pero este intento de construcción de un Estado al estilo occidental provocó la rebelión de los señores de la guerra de Ghilzai, que declararon la yihad en septiembre de 1841. Las derrotas de los invasores fuero cuantiosas y en 1842, los británicos se vieron obligados a retirarse. Habría dos guerras anglo-afganas más, pero ambas terminarían como la primera. Este escenario volvería a repetirse en 1979 cuando la por entonces Unión Soviética invadió Afganistán en un intento por preservar el régimen comunista, derrocando a su gobierno y reemplazando por otro adicto a Moscú. Así como los británicos intentaron convertir Afganistán en un estado-nación más de un siglo antes, los soviéticos intentaron reorganizar el partido socialista y cimentar su dominio sobre el país. Pero con el apoyo de los EE.UU. - tanto en armas como en entrenamiento para los terroristas a cargo de agentes de la CIA - los muyahidines afganos resistieron la invasión soviética, prolongando lo que se pretendía que fuera una breve misión de estabilización en una guerra de desgaste que duro una década. Aunque la Unión Soviética invadió en un momento de relativa prosperidad a fines de la década de 1970, cuando se retiró en 1989, su derrumbe era inminente. El derrocamiento de la dictadura comunista y el colapso de la Unión Soviética que también sucedió simultáneamente en el bloque del Este de Europa, marcó el final de sus sueños de conquista, del cual la campaña en Afganistán fue un síntoma. Los rusos abandonaron su guerra en Afganistán en el histórico cambio de la era bipolar de la Guerra Fría al aparente orden mundial unipolar liberal, que continuó cristalizándose a lo largo de la década de 1990. Durante este tiempo, el pensador neoconservador Francis Fukuyama contempló ilusamente el famoso "fin de la historia", ya que él y otros como él creían que el colapso del comunismo había marcado el comienzo de la hegemonía liberal occidental. A medida que ese triunfalismo alcanzara su punto máximo en el cambio de milenio, EE.UU. tras el operativo de falsa bandera el 11 de septiembre en New York - acusando a determinados países del atentado al WTC, cuando ahora se sabe que fue un operativo de la CIA para “justificar” su intervencionismo en el codiciado Medio Oriente - lanzaría su propia aventura militar en tierras afganas. Detrás de la guerra de los EE.UU. en Afganistán estaba la misma motivación ideológica que inspiró invasiones anteriores de potencias extranjeras, es decir, moldear un estado afgano a la imagen del conquistador. El establecimiento político estadounidense tenía la intención de llevar a cabo un ejercicio de construcción nacional que pondría fin al estado de desorden en el que había caído Afganistán en el 2001. Al intentar conquistar lo inconquistable y convertir el interior del mundo antiguo “en una democracia liberal del siglo XXI”, EE.UU. habría podido cimentar su posición como progenitor del fin de la historia, pero fracaso miserablemente. Y es que luego de dos décadas y un costo estimado de 2,26 billones de dólares, los talibanes han retomado el control del país, quienes han prometido degollar a los colaboracionistas tras la toma de Kabul. El final de la vergonzosa expedición afgana de los estadounidenses indica que el mundo ha regresado al punto de partida del anterior orden establecido. Diversos analistas advierten que el cambio del centro de gravedad geopolítico del Oeste al Este es el resultado del rápido crecimiento de China y el resurgimiento de Rusia como gran potencia, tras la llegada al poder de Vladimir Putin, lo que ha desbaratado todos los planes de dominio mundial de los EE.UU. que no sabe cómo enfrentar a estos dos formidables enemigos, quienes para su pesar, son socios - tanto en el campo económico, político y militar - los cuales producen fuertes dolores de cabeza a la OTAN. Se avizora que el nuevo Orden Mundial consistirá en múltiples polos, que entrarán en competencia entre sí, lo que contrasta con la era posterior a 1990 de la aparente globalización occidental, neoliberal / neoconservadora y EE.UU. como policía del mundo, que resulto ser un fracaso. Para comprender los desarrollos que tienen lugar en Eurasia son cruciales las entidades como la Organización de Cooperación de Shanghai (OCS), la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva (OTSC) y la Unión Económica Euroasiática, así como los proyectos de inversión chinos, en particular la iniciativa de la Franja y la Ruta de la Seda. Estos ya están mostrando signos de desempeñar un papel importante en el entorno de postguerra en Afganistán. China ha buscado durante mucho tiempo incorporar al país en la Franja y la Ruta de la Seda como el eslabón perdido que volvería a conectar el supercontinente euroasiático desde los tiempos de Bizancio. A principios de julio del 2021, un portavoz de los talibanes se refirió abiertamente a China como “un amigo” y prometió protección para los inversores chinos que llegaran a Afganistán. Al mismo tiempo, los representantes de los talibanes se reunieron con funcionarios iraníes en Teherán, donde reiteraron el compromiso del grupo militante de formar un acuerdo político tras la toma de Kabul. Irán ya es un observador en la OCS y los planes para otorgar la membresía de pleno derecho aún están sobre la mesa. Sin embargo, Rusia, China y los países de Asia Central están preocupados de que la retirada apresurada de las fuerzas estadounidenses pueda deteriorar la situación de seguridad en Afganistán, particularmente cuando se trata de grupos terroristas como el Movimiento Islámico del Turquestán Oriental (ETIM) y lo que queda de ISIS. En enero de 2021, el actual secretario general de la OCS, Vladimir Norov, dijo que los grupos terroristas que operaban en Siria estaban trasladando militantes al norte de Afganistán con el apoyo estadounidense con el objetivo de desestabilizar la zona, específicamente en Uiguristán y “distraer” a China de sus asuntos en el Mar Meridional, Hong Kong, Taiwán y Corea del Norte, todos dentro de su “área de influencia” y que Washington busca dinamitar. Aunque también los otros países centroasiáticos corren muchos riesgos con la presencia de esos grupos terroristas en sus fronteras. Para ello, ya se han celebrado reuniones en Tashkent (Uzbekistán) y Dushanbe (Tayikistán) para discutir una cooperación más estrecha, así como el proceso de paz afgano y la seguridad regional. En Dushanbe, el Grupo de Contacto OCS-Afganistán celebró una reunión especial a nivel de cancilleres sobre la facilitación de las conversaciones de paz. No cabe duda que Afganistán se ha convertido en el centro de atención por la misma razón por la que siempre lo ha hecho: al encontrarse en una encrucijada histórica, se pueden ver los contornos de un futuro euroasiático para un país devastado por la guerra, pero la paz es necesaria para rescatarla, pero uno darse cuenta de que ese objetivo sigue siendo un sueño. Por otro lado, es indudable que Afganistán seguirá siendo un área de importancia estratégica para el establecimiento político estadounidense. Aunque la retirada de tropas está en pleno apogeo y las tendencias antes mencionadas, tanto históricas como contemporáneas, apuntan hacia la posibilidad de un cambio en el orden global, EE.UU. cree que todavía tiene “objetivos pendientes” a largo plazo en Afganistán. En un discurso del 2018 en el Instituto Ron Paul, Lawrence Wilkerson, quien fue jefe de gabinete del exsecretario de Estado Colin Powell, declaró que la presencia militar de EE.UU. en Afganistán es la única manera para hacer frete contener a China con su Franja y su Ruta de la Seda, “por lo que si la Casa Blanca tuviera que hacer uso de su poder militar para impedir que sus planes se concreten, solo estaríamos en condiciones de hacerlo desde Afganistán” aseveró. Si bien esto fue aceptado por la administración Bush, bajo la cual sirvió Wilkerson, no debe sorprender a nadie que continuo siendo un punto estratégico de consideración para Barack Hussein Obama. Así, en una visita del 2011 a Chennai, India, la entonces secretaria de Estado Hillary Clinton pidió la creación de una "nueva Ruta de la Seda" alternativa a la China, que debería contar con "líneas ferroviarias, carreteras y una infraestructura energética, que se extendería desde Turkmenistán, cruzando a través de Afganistán y Pakistán para llegar hasta la India". Sin embargo, este plan nunca llegó a concretarse y ahora con la caída del régimen colaboracionista afgano con mayor razón - ya que si bien su objetivo era erosionar la capacidad de China para usar Afganistán como parte de su Franja y Ruta de la Seda - con el retorno de los talibanes al poder y de estallar una guerra civil en Afganistán, de seguro socavara los proyectos chinos de infraestructura y comercio que conectan Oriente y Occidente. Un escenario al estilo de Libia también proporcionaría una cortina de humo para continuar las operaciones de inteligencia y mercenarios en todo Afganistán, y crearía un semillero para la actividad terrorista que pondría a toda la región en una posición incómoda y que podría usarse como “justificación” para el redespliegue de las fuerzas estadounidenses en cualquier momento, aunque con la expulsión de los invasores y la conversión de Afganistán en “un emirato islámico” por los talibanes, pasará mucho tiempo para que sean desalojados nuevamente del poder. Es indudable que el tira y afloja geopolítico que ha encontrado su campo de batalla en Afganistán ha sido llamado el "Gran Juego" donde es probable que la retirada militar de los EE.UU. sea solo el último movimiento, pero todavía no está claro quién será el ganador ni a qué costo para la sufrida Afganistán, donde lo peor recién está por llegar :(
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