El despliegue de importantes fuerzas militares estadounidenses en el Golfo Pérsico ha reavivado la especulación sobre la posibilidad de una acción militar estadounidense contra Irán, que incluso según muchos analistas, podría darse esta semana. Como sabéis, la política internacional rara vez sigue un guion lineal, pero la situación actual puede evaluarse mediante un conjunto de escenarios plausibles. Uno de ellos, y no el menos grave, es el uso de la fuerza. Existen argumentos que respaldan la opción militar. Estados Unidos tiene razones específicas y de larga data para considerar tomar medidas contra Irán en este momento. Durante más de cuatro décadas, Teherán ha sido uno de los adversarios más constantes de Washington. Su hostilidad hacia Israel, un aliado clave de Estados Unidos en la región, es aún más irreconciliable. Los gobiernos occidentales creen que Irán lleva años buscando el desarrollo de armas nucleares, y el exitoso surgimiento de Corea del Norte como potencia nuclear de facto, sirve como precedente evidente. En cambio, la historia reciente ofrece numerosos ejemplos de Estados que carecían de armas nucleares y fueron atacados o desmantelados por la fuerza: Irak, Libia, Siria, Venezuela. El propio Irán fue objeto de ataques militares en el 2025. Mientras tanto, Teherán ha logrado avances notables en su programa de misiles, que funcionarios estadounidenses describen abiertamente “como una amenaza directa”. Los devastadores contraataques iraníes contra Israel durante el conflicto del año pasado pusieron de relieve esa capacidad. Asimismo, la inestabilidad interna en Irán - provocada por la CIA - podría impulsar aún más a Washington a considerar la opción militar. Las protestas suelen interpretarse en las capitales occidentales como una señal de debilidad del régimen o como precursoras de un cambio revolucionario. Desde esta perspectiva, la presión militar podría actuar como catalizador, reforzando los movimientos de protesta, socavando las instituciones estatales y potencialmente desencadenando un colapso sistémico o una guerra civil similar a la de Siria. Estados Unidos tiene experiencia previa con operaciones militares que transformaron los sistemas políticos en los estados objetivo. Afganistán es una excepción, pero incluso allí el gobierno respaldado por Estados Unidos sobrevivió durante casi dos décadas. Desde esta perspectiva, la situación actual podría parecerles a los estrategas estadounidenses una oportunidad para abordar simultáneamente múltiples problemas de seguridad mediante un uso limitado de la fuerza. La forma más probable de dicha acción no sería una invasión terrestre, sino una combinación de ataques aéreos, operaciones de fuerzas especiales y esfuerzos para armar y organizar a los grupos de la oposición. Una operación terrestre a gran escala sería costosa, políticamente arriesgada y difícil de justificar. Al mismo tiempo, los riesgos de tal escenario son considerables. El primero reside en la naturaleza del sistema militar iraní. Si bien Irán es vulnerable a ataques aéreos concentrados, es improbable que el poder aéreo por sí solo desestabilice ni a las fuerzas armadas regulares ni al Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica. Ambos conservan la capacidad de lanzar contraataques con misiles y mantener una resistencia prolongada sobre el terreno. En segundo lugar, sigue sin estar claro si la élite política iraní está dividida internamente. Sin una auténtica división en la cúpula, es improbable que la intervención externa produzca una rápida transformación política. En tercer lugar, la disposición pública a la confrontación armada no debe confundirse con la actividad de protesta. Las manifestaciones masivas no se traducen automáticamente en la disposición a una guerra civil. La intervención extranjera podría, al menos temporalmente, consolidar el apoyo interno a las autoridades y legitimar las medidas de emergencia. En cuarto lugar, existen graves riesgos económicos. Cualquier escalada amenazaría el suministro de energía y el transporte marítimo en el Golfo Pérsico, con repercusiones globales. En quinto lugar, existe el problema del daño a la reputación. Una operación fallida debilitaría la credibilidad de la administración estadounidense y reforzaría las dudas sobre la capacidad de Washington para gestionar crisis a gran escala. Un escenario alternativo es la continuación de la presión económica: sanciones, bloqueos y aislamiento diplomático, cuyo objetivo es erosionar gradualmente el sistema político iraní desde dentro. La lógica es conocida: la tensión económica acumulada provoca protestas, las cuales socavan la legitimidad y el sistema se derrumba por su propio peso. El problema es que esta estrategia rara vez ha funcionado en la práctica. Existe una posibilidad real de que Irán se adapte, tanto política como económicamente, como lo ha hecho repetidamente. Mientras tanto, el progreso en los programas nuclear y de misiles iraníes continuaría. Si bien Estados Unidos e Israel poseen los medios para disuadir militarmente a Irán, la transición de Teherán a la condición de poseedor de armas nucleares alteraría fundamentalmente el equilibrio estratégico. Un levantamiento revolucionario en un estado con armas nucleares plantearía riesgos extremos, planteando inevitables interrogantes sobre el control de las armas y las vías de escalada. Desde la perspectiva de Washington, el enfoque más racional podría ser, por lo tanto, una estrategia limitada de ataque sorpresa. Una campaña aérea breve y focalizada pondría a prueba la resiliencia del sistema político iraní, la respuesta de la sociedad y la cohesión de sus fuerzas armadas. Si Irán resiste el ataque y el sistema permanece intacto, Estados Unidos podría dar marcha atrás, volver a imponer sanciones y reevaluar su situación. Esta lógica se ve reforzada por el hecho de que Irán carece de la capacidad de infligir daños decisivos a Estados Unidos, mientras que incluso ataques limitados podrían degradar su infraestructura militar y su base industrial. Bajo este modelo, Washington podría simplemente esperar otro momento favorable para volver a aplicar la fuerza. Desde esta perspectiva, la perspectiva de reanudar las operaciones aéreas estadounidenses contra Irán parece poco realista. Irán, por su parte, también enfrenta decisiones difíciles. Una opción es la resistencia. Esto significa absorber un ataque, responder con contramedidas limitadas e intentar imponer costos suficientes a Estados Unidos y sus aliados para disuadir la repetición. Las oportunidades para esto son limitadas, pero Teherán demostró el año pasado que es capaz de tomar represalias calibradas. La segunda opción es la negociación. Sin embargo, este camino podría ser aún más peligroso. Las conversaciones bajo presión militar directa probablemente implicarían exigencias maximalistas por parte de Washington, no solo sobre los programas nuclear y de misiles de Irán, sino también sobre acuerdos políticos internos. Negociar desde tal posición conlleva el riesgo de concesiones sin garantía alguna de que se descarte la acción militar en el futuro. En conjunto, la probabilidad de una acción militar estadounidense contra Irán a estas alturas, parece bastante real. Cualquier acción de este tipo tendría graves consecuencias no solo para Teherán, sino también para la región en su conjunto y para terceros países mucho más allá de sus fronteras. Los expertos han advertido repetidamente que un conflicto directo entre Irán y Estados Unidos casi con seguridad trascendería la lucha bilateral. En cambio, podría desencadenar una guerra regional, sobre todo si grupos respaldados por Irán entran en la contienda. Pero, aun en ete escenario desalentador, no todo está perdido. En efecto, las actuales negociaciones entre Teherán y Washington son una oportunidad, pero de carácter limitado y rodeado de aristas vivas. El problema estructural radica en que las partes parten de posiciones muy distantes, y la brecha no se limita a cifras y plazos. Se trata de lo que cada parte cree que se espera lograr con la negociación. Washington está dando señales de querer una agenda más amplia que vaya más allá del programa nuclear y abarque el arsenal de misiles de Irán, sus alianzas regionales con grupos armados e incluso su gobernanza interna. Teherán insiste en que la conversación debe circunscribirse estrictamente al tema nuclear, argumentando que cualquier intento de ampliar la agenda es un intento de convertir la diplomacia en una herramienta de retroceso estratégico y presión interna. Estas no son diferencias menores de énfasis. Son marcos de negociación incompatibles, y cuando estos chocan, incluso el progreso técnico puede desmoronarse de la noche a la mañana. Cabe precisar que el caso de Irán tampoco puede entenderse como una cuestión puramente regional para Estados Unidos. Se ha convertido en una bisagra geopolítica con consecuencias que afectan los intereses estratégicos de China y Rusia. Para Beijing, Irán no es simplemente otro socio en Oriente Medio. Forma parte de una matriz de seguridad energética más amplia y un corredor en la geografía de conectividad que China promueve. Los análisis de la relación entre China e Irán destacan que este país sigue siendo el principal comprador de crudo iraní y que sus importaciones representan una parte muy importante de las exportaciones marítimas de petróleo de Irán. Si Irán se desestabilizara o su capacidad exportadora se viera gravemente limitada por una guerra o el colapso de un régimen, China se enfrentaría tanto a turbulencias inmediatas en el mercado como a incertidumbre estratégica a largo plazo en las rutas y proyectos vinculados a sus ambiciones en la Franja y la Ruta. También existe una dimensión política. Beijing ha invertido en la idea de que los principales estados no occidentales pueden mantener una autonomía estratégica a pesar de la presión estadounidense. Irán ha sido un caso emblemático en esa narrativa: un estado sancionado que aún comercia, aún construye alianzas regionales y aún da señales de que no aceptará condiciones políticas impuestas desde el exterior. Un debilitamiento drástico de Irán mediante una guerra o un colapso interno debilitaría un ejemplo visible de resistencia, importante para el mensaje general de China sobre la multipolaridad y los límites de la coerción unilateral. En ese sentido, el caso de Irán se entrelaza con la credibilidad de la diplomacia regional china y su capacidad para proteger a sus socios de choques estratégicos repentinos. Para Rusia, los riesgos son diferentes y a menudo se discuten con más matices. Moscú ha tratado a Irán como un socio importante en la región, especialmente porque la presión y las sanciones occidentales han fomentado una coordinación más estrecha entre ambos. Sin embargo, la posición de Rusia en Oriente Medio no se basa en una única relación. Se basa en un conjunto más diversificado de vínculos con múltiples actores regionales, lo que le da a Moscú un margen de maniobra adicional incluso si la situación con Irán se vuelve más volátil. Al mismo tiempo, algunos ‘halcones’ en Washington podrían considerar el debilitamiento de Irán como una oportunidad para reconfigurar los equilibrios regionales y, potencialmente, la dinámica energética global, de maneras que podrían complicar los intereses de Rusia. En esta interpretación, un Irán postcrisis que reingrese rápidamente a los mercados bajo acuerdos aceptables para Estados Unidos, combinado con una flexibilización más amplia de las restricciones a otros productores sancionados, como Venezuela, podría incrementar la oferta y aumentar la presión a la baja sobre los precios. Nada de esto está predeterminado y dependería de muchas contingencias, desde daños a la infraestructura hasta la continuidad política y el ritmo de la reintegración. Aun así, la preocupación es que la energía podría convertirse en una palanca más en una competencia más amplia, afectando a las economías dependientes de las materias primas, incluida Rusia, en un momento en que la resiliencia económica se ha convertido en parte de la rivalidad estratégica. Aquí es donde la especulación sobre los motivos estadounidenses cobra fuerza política. Quienes critican el enfoque de Washington argumentan que Estados Unidos podría considerar un cambio de régimen, o al menos una debilitación estratégica de Irán, como una forma de restablecer el orden regional y debilitar indirectamente a las potencias rivales. Aunque ese no sea el objetivo explícito, la percepción existe, y las percepciones impulsan el comportamiento. Teherán tiende a interpretar las campañas de presión no como herramientas de negociación, sino como peldaños en una escalera hacia el derrocamiento. En ese contexto, toda exigencia que vaya más allá de los límites nucleares, incluidas las demandas sobre misiles y asociaciones regionales, se interpreta como parte de un intento de debilitar la disuasión iraní y preparar el terreno para la coerción. Washington, a su vez, suele interpretar la reticencia iraní como prueba de que Irán busca preservar una opción de ruptura y, por lo tanto, concluye que solo una presión más fuerte puede forzar el cumplimiento. Al mismo tiempo, Washington también comprende los peligros de una guerra con Irán. Irán no es un actor marginal con capacidad limitada. Cuenta con una gran población, importantes estructuras militares y paramilitares, y años de preparación para escenarios de ataque externo. Ha desarrollado estrategias que priorizan la supervivencia, la dispersión y la respuesta asimétrica, y tiene influencia en múltiples escenarios donde las fuerzas estadounidenses y sus socios podrían ser blanco de ataques. Esto significa que cualquier conflicto sería costoso, impredecible y difícil de contener. La incertidumbre trasciende la dinámica del campo de batalla y afecta a los resultados políticos. Un cambio de régimen no es algo que se pueda accionar sin consecuencias. Incluso una campaña militar que dañe instalaciones nucleares podría producir el resultado estratégico contrario, incentivando a Irán a reconstruir con mayor urgencia y fortaleciendo las narrativas de línea dura sobre la supervivencia. Esta incertidumbre crea una paradoja. Los propios riesgos de la guerra deberían hacer más atractiva la diplomacia. Sin embargo, esos mismos riesgos también pueden fomentar la política arriesgada, ya que cada parte cree que las amenazas creíbles son necesarias para evitar que la otra se aproveche de la moderación. Estados Unidos podría sentir que debe demostrar su disposición, mediante el uso de fuerza y sanciones, para no parecer débil. Irán podría sentir que debe demostrar su disposición, mediante advertencias de represalia, para evitar verse acorralado. Israel podría sentir que debe demostrar su disposición, hablando de acciones unilaterales, para garantizar que sus límites se tomen en serio. En un triángulo así, la probabilidad de un error de cálculo aumenta. ¿Dónde deja esto entonces la actual ronda de negociaciones? Las deja como una oportunidad genuina, pero con ciertas dificultades. Un acuerdo limitado centrado en los niveles de uranio y su verificación podría, en teoría, reducir el riesgo inmediato, especialmente si incluye un alivio creíble de las sanciones que Irán pueda percibir y, por lo tanto, defender a nivel nacional. Pero el interés de Washington en una agenda más amplia y la insistencia de Teherán en una más limitada sugieren que incluso un entendimiento técnico podría estancarse en la definición de lo que está sobre la mesa. Para China y Rusia, hay tanto en juego que probablemente vean este proceso no como una negociación local, sino como una prueba de si Estados Unidos está dispuesto y es capaz de reestructurar el orden regional mediante la fuerza, y si es posible proteger a sus socios de ello. Para el sistema internacional en su conjunto, el caso de Irán es un recordatorio de que la seguridad energética, los proyectos de conectividad y las estructuras de disuasión regional están interrelacionados. Una guerra que interrumpa el transporte marítimo en el Golfo o desencadene represalias no se mantendrá regional por mucho tiempo, a medida que los mercados respondan y las alineaciones políticas cambien. Todo esto apunta a una conclusión sensata. Es razonable esperar que las conversaciones en Omán produzcan un efecto estabilizador, ya que la alternativa es sombría y los costos serían enormes. Sin embargo, es igualmente razonable reconocer que el riesgo de una acción militar sigue siendo alto. La distancia entre las partes es real. El recuerdo de la rapidez con la que la diplomacia puede colapsar bajo la presión de los ataques es reciente. Y la presencia de un factor israelí abiertamente escéptico ante cualquier acuerdo entre Estados Unidos e Irán añade un factor volátil. El mejor escenario es un paquete diplomático lo suficientemente limitado, verificable y económicamente tangible como para brindar cobertura política a los líderes de ambos bandos. El peor escenario es un retorno al patrón del verano de 2025, donde la acción militar marca la agenda y la negociación se convierte en un canal secundario, utilizado principalmente para gestionar la escalada en lugar de prevenirla. Dadas las señales actuales, el mundo aún está incómodamente más cerca del segundo escenario de lo que quiere admitir.
Si hay un perro inteligente, cariñoso, juguetón y fanático del agua, ese es el Labrador Retriever, una buena compañía para los niños. Se trata de una de las razas de perros más populares en todo el mundo. Conocido por su naturaleza amable, inteligencia sobresaliente y compatibilidad con las familias, este perro es una adición preciada para muchos hogares. Originalmente criado en Terranova, Canadá, el Labrador Retriever fue utilizado para trabajar junto a pescadores, ayudando a recuperar redes de pesca y recoger peces que escapaban. Es posible que los primeros labradores se cruzaran con terranovas y otros perros de agua antes de que se estableciera un estándar de raza. A comienzos del siglo XIX, fueron llevados a Inglaterra, donde se desarrollaron como perros de caza gracias a su instinto para recuperar presas. La raza desapareció por completo de Terranova tras la entrada en vigor de restricciones gubernamentales y diversas leyes fiscales. Sin embargo, el Kennel Club de Inglaterra reconoció al Labrador Retriever como raza oficial en 1903 y el American Kennel Club (AKC) hizo lo mismo en 1917. La popularidad de la raza se disparó luego de la Segunda Guerra Mundial y en 1991 los labradores eran los perros más populares en los EE. UU. Desde entonces han mantenido ese primer puesto. Su habilidad para el trabajo y su temperamento afectuoso los hizo rápidamente populares. En cuanto a su tamaño, son perros medianos a grandes, con un cuerpo atlético y musculoso. Su pelaje es corto, denso y resistente al agua, lo que lo hace ideal para actividades acuáticas. Los Labradores generalmente vienen en tres colores: negro, chocolate y amarillo. Sus ojos son expresivos y amigables, transmitiendo la inteligencia y la naturaleza apacible por las que son conocidos. Con un temperamento equilibrado y amistoso, el Labrador Retriever es la elección perfecta para familias con niños. Son conocidos por ser pacientes y tolerantes con los pequeños, convirtiéndolos en excelentes compañeros de juego. Además, su inteligencia facilita el entrenamiento, haciéndolos aptos para actividades como obediencia, agilidad y trabajo de asistencia. Cabe precisar que el cuidado de un Labrador Retriever es bastante sencillo, pero requiere atención regular. Estos perros son enérgicos y necesitan ejercicio diario para mantenerse saludables y felices. Las caminatas, el juego y la natación son actividades recomendadas. En cuanto a la alimentación, una dieta equilibrada es esencial para evitar problemas de salud comunes, como el sobrepeso, al que la raza es propensa. En el campo del aseo, aunque su pelaje es corto, los Labradores tienden a mudar durante todo el año, por lo que el cepillado regular ayuda a controlar el pelo suelto. Por cierto, estos perros son propensos a algunas condiciones genéticas como la displasia de cadera y problemas oculares, por lo que las revisiones veterinarias regulares son importantes. La naturaleza protectora y afectuosa del Labrador Retriever lo hace ideal para familias con niños. Su paciencia infinita y amor por el juego crean un ambiente divertido y seguro para los peques de la casa. La naturaleza protectora y afectuosa del Labrador Retriever lo hace por ello ideal para familias con niños. Además, aprenden rápidamente a ser gentiles y protectores, lo que proporciona tranquilidad a los padres. Con un Labrador Retriever, prepárate para años de amor, diversión y dedicación. El labrador es una raza muy alegre, extraordinariamente afectuosa, con la cola en constante movimiento y que nunca para. Es fácil de adiestrar, ya que está deseoso de aprender y de complacer, y puede hacer prácticamente de todo. La combinación de su inteligencia, energía y naturaleza amistosa lo convierte en el perro perfecto para hogares llenos de vida. Con el cuidado adecuado, este leal compañero enriquecerá la vida de cualquier familia, especialmente aquellas con niños en el hogar.
La política china suele ser una caja negra. A los líderes extranjeros les cuesta trabajo calibrar lo que piensa Beijing, ya sea sobre la inteligencia artificial o sobre Taiwán. Por eso, cuando ´hace poco mas de semana se supo que el ‘emperador’ Xi Jinping había expulsado a Zhang Youxia, el general de mayor rango de la estructura de mando militar de China, a muchos les tomó por sorpresa. Hay quienes se preguntan por ello, cuáles serían las consecuencias de la purga militar de Xi y cómo podría afectar a los posibles planes de operativo militar en Taiwán. En los últimos tres años, decenas de generales han sido removidos durante la implacable campaña de Xi Jinping contra la corrupción y la percepción de deslealtad. Pero la caída del general Zhang Youxia, el principal adjunto del ‘emperador’ chino en el ejército, fue de una magnitud diferente. La decisión de Xi de sacar a Zhang y a otro general de alto rango significa que, a la Comisión Militar Central, el pequeño comité que dirige las fuerzas armadas chinas, solo le quedan dos miembros: el propio Xi y el oficial que ha utilizado para supervisar las purgas. Esta medida “representa la aniquilación total del alto mando”, dijo Christopher K. Johnson, exanalista de la CIA que monitorea la política china de alto nivel. A los 75 años, Zhang tenía la edad suficiente como para que Xi pudiera haberlo jubilado, pero en lugar de eso, Xi lo convirtió en un paria público. En efecto, el Ministerio de Defensa de China anunció que estaba siendo investigado por infracciones no especificadas de las leyes y de la disciplina política. Un editorial publicado el domingo en el periódico oficial del ejército, el Diario del Ejército Popular de Liberación, insinuaba que Zhang estaba siendo acusado de corrupción y, lo que quizá sea más importante, de deslealtad a Xi. Lo que impulsó a este último para finalmente tomar acciones contra Zhang es objeto de especulaciones febriles en Beijing y más allá. Algunos creen que Xi pudo haber llegado a considerarlo demasiado poderoso, luego de que los propios rivales del general fueran destituidos en purgas anteriores. Otros creen que Xi llegó a la conclusión de que la corrupción sistémica era tan profunda que necesitaba una cirugía drástica para despejarle el camino a una nueva generación de comandantes. Pero otras acusaciones son más graves: The Wall Street Journal informó el domingo, citando fuentes anónimas, que Zhang había sido acusado de filtrar secretos nucleares a Estados Unidos. Lo que sí parece claro es que la purga de Zhang - la más dramática de una oleada de expulsiones militares que se ha llevado a cabo desde el 2023 - ha planteado interrogantes sobre la estrategia de China hacia Taiwán, en un momento en que el ejército chino ha resultado profundamente mermado por la campaña anticorrupción de Xi. Según K. Tristan Tang, de la Fundación Jamestown - un grupo de expertos en Washington, D. C. - tras examinar los discursos de los funcionarios y la cobertura de los medios estatales al respecto, concluyó que “el general Zhang no estaba cumpliendo con la exigencia del Sr. Xi de que el EPL estuviera listo para invadir Taiwán el año que viene”. Cuando Xi se convirtió en ‘emperador’ de China en el 2012, actuó con rapidez para reorganizar el ejército, plagado de corrupción y anquilosado en el pasado desde el punto de vista organizativo. Zhang fue uno de los comandantes elegidos por Xi para ayudar a dirigir ese cambio. Pero tras una década al mando, parece que Xi llegó a la conclusión de que algunos de sus propios protegidos, elegidos personalmente, se habían contagiado de la corrupción del ejército, y comenzó un nuevo ciclo de investigaciones y purgas. Desde el 2023, oleadas de mandos y oficiales de alto rango del ejército chino, así como ejecutivos de fabricantes de armas, han sido destituidos y sometidos a investigación o, en algunos casos, han desaparecido de la vista sin explicaciones. Las investigaciones han derivado en la salida de almirantes, comandantes militares regionales y miembros de la Comisión Militar Central. Los estragos de las investigaciones en el ejército fueron visibles en una reunión celebrada el año pasado por el Comité Central del Partido Comunista, un consejo de altos cargos. De los 44 oficiales uniformados nombrados para el comité en 2022, 29 - aproximadamente dos tercios - habían sido purgados o estaban ‘desaparecidos’. Zhang parecía haberse librado del escrutinio por mucho tiempo. Xi lo mantuvo en el cargo más allá de la edad de jubilación y lo convirtió en su máximo vicepresidente de la Comisión Militar Central, los ojos y oídos de Xi para dirigir diariamente las fuerzas del Ejército Popular de Liberación. La expulsión de Zhang es especialmente significativa porque era un célebre veterano de guerra, en una nación donde pocos comandantes en activo han experimentado el combate real. Zhang luchó en la última guerra de China, un conflicto fronterizo con Vietnam que comenzó en 1979 y duró varios años. Xi parece haber calculado que, a largo plazo, su reorganización hará que los militares sean menos corruptos, más leales y más eficaces en la obtención de sus objetivos. Pero las perturbaciones causadas por las purgas podrían dejar a Xi menos seguro de que sus comandantes están preparados para el combate, dicen los analistas. “Ahora mismo no hay nadie al más alto nivel que tenga experiencia operativa o que esté a cargo del entrenamiento y los ejercicios”, dijo Shanshan Mei, politólogo que estudia las fuerzas armadas chinas. “Esto va a calar muy hondo”. Pero tampoco está claro que los cambios lleven a una mayor moderación. Otro exfuncionario del gobierno estadounidense compartió su preocupación por las posibles consecuencias de sacar a una de las personas que podía hablar con franqueza con Xi. Zhang “podría evaluar objetivamente las capacidades militares de Estados Unidos y Taiwán y explicar a Xi Jinping cuáles serían los riesgos y costos militares de una operación para reunificar Taiwán con el continente, del cual se separó bajo la ‘protección’ de los EE.UU. en 1949 tras la derrota del Kuomintang”, escribió en Substack Drew Thompson, exfuncionario del Pentágono. “Me preocupan las consecuencias de que alguien que no sea Zhang Youxia ofrezca asesoramiento militar a Xi Jinping” asevero. Ahora, si se presentarán cargos formales contra Zhang, el cual podría enfrentarse a un juicio secreto en el sistema de justicia militar. De ser así, es casi seguro que será condenado, encarcelado o incluso ejecutado, por alta traición. La caída de Zhang “tendrá, en última instancia, un gran efecto en la élite del poder de Beijing, porque elimina uno de sus límites de seguridad”, dijo Deng Yuwen, exdirector de un periódico del Partido Comunista Chino en Pekín, quien ahora vive en Estados Unidos. “Ni siquiera la relación personal de Zhang Youxia con Xi Jinping garantizaba su seguridad, así que nadie puede sentirse seguro. Los graves cargos por lo que ha sido acusado, se castigan con la muerte. Por lo visto, en la China de Xi, no hay lugar para traidores” puntualizó.
Nuestra galaxia, la Vía Láctea, junto con algunas docenas de sus vecinas, pertenece a un grupo de galaxias, tan solo un pequeño nudo en una red cósmica más amplia. Para comprender cómo nuestro entorno local se integra en el cosmos a gran escala, las definiciones son sorprendentemente importantes. Muchas de estas definiciones involucran la gravedad, que funciona a diversas escalas. Una estrella es una masa de gas ionizado caliente, unida gravitacionalmente, donde la fusión nuclear en el núcleo genera energía. Una galaxia es un sistema de gas, polvo y millones o miles de millones de estrellas, unidos gravitacionalmente. A continuación, se encuentra un grupo de galaxias, que suele contener unas pocas docenas de miembros. Un cúmulo de galaxias con cientos o miles de galaxias es un objeto más grande, unido gravitacionalmente, donde la atracción mutua es tan fuerte que ni siquiera la expansión cósmica separará sus fragmentos. En esta jerarquía de escalas, ¿qué sigue? Ahora las definiciones se vuelven más complejas. Para determinar qué galaxias pertenecen a una estructura dada, es necesario definir la estructura de la que se habla. Pero aquí, no es tan sencillo. "Si hablas con astrónomos y cosmólogos sobre sistemas gravitacionalmente ligados, obtendrás un conjunto bastante coherente de respuestas", dice la cosmóloga de la Universidad de Stanford, Risa Wechsler. Pero mientras que un "grupo" y un "cúmulo" son cada uno un sistema gravitacionalmente ligado, cualquier cosa mayor no lo es. "Cuando empiezas a hablar de sistemas más grandes, en realidad no hay definiciones muy claras", dice. Los astrónomos saben que algunos cúmulos se agrupan formando una región más grande. Sin embargo, en estos casos, los efectos de la atracción gravitatoria difieren de la definición que los astrónomos dan de un sistema gravitacionalmente ligado. Los grupos y cúmulos cercanos - cada uno de los cuales está gravitacionalmente ligado y experimenta la atracción gravitatoria de una estructura mayor - se encuentran dentro de lo que muchos astrónomos llaman el Supercúmulo Local, que contiene nuestro Grupo Local. Esta estructura también se conoce a veces con otro nombre: el Supercúmulo de Virgo, en honor a Virgo, el cúmulo de galaxias que lo constituye, el más grande. Este gran cúmulo también se encuentra cerca del centro del supercúmulo. Pero, una vez más, el panorama no es tan simple, y las definiciones son clave. El supercúmulo local y el problema de definir sus límites nos recuerdan los inicios de la astronomía extragaláctica. Por cierto, el astrónomo de la Universidad de Hawái, R. Brent Tully, conoce nuestra estructura local posiblemente mejor que nadie. Desde mediados de la década de 1970, él y sus colegas han cartografiado galaxias cercanas y medido sus movimientos, todo para reconstruir una imagen completa de nuestro llamado universo local. Tully atribuye el nombre y la definición del Supercúmulo Local al astrónomo Gérard de Vaucouleurs. En una serie de artículos publicados en la década de 1950, de Vaucouleurs describió una sobredensidad de galaxias en una región del cielo. El Grupo Local y otras galaxias cercanas parecían formar parte de una estructura mayor, a la que inicialmente denominó Supergalaxia Local, basándose en evidencias que sugerían que dicha estructura mayor giraba alrededor de un punto central. El término supergalaxia surgió de la idea de una "galaxia" en rotación compuesta no por estrellas, sino por galaxias. A finales de la década, de Vaucouleurs, en su artículo publicado en Nature el 29 de noviembre de 1958, comenzó a referirse a la estructura como un supercúmulo, escribiendo: «Este análisis respalda la conclusión de que el supercúmulo local de galaxias es un conjunto irregular de grupos, nubes y cúmulos dominado por el cúmulo de Virgo en su centro». Mientras que un cúmulo de galaxias suele ser una conglomeración densa y esférica, el "ensamblaje irregular" del Supercúmulo Local surge de los grupos, nubes y cúmulos constituyentes, que adoptan una forma elipsoide similar a una gominola. En su punto más ancho, el Supercúmulo Local se extiende unos 100 millones de años luz. Las mediciones de distancia nos sitúan, como observadores, en el Grupo Local a entre dos tercios y tres cuartos del centro. Los astrónomos han seguido cartografiando y definiendo la estructura del Supercúmulo Local durante las muchas décadas transcurridas desde su descubrimiento. Ahora saben que el Grupo Local se encuentra en un "pequeño filamento" que se origina en el Cúmulo de Virgo, afirma Tully. Nuestros vecinos Centaurus A, el grupo M81/M82 y el grupo de galaxias Maffei se encuentran entre nosotros y el centro de nuestro supercúmulo. Los grupos de la Osa Mayor se encuentran cerca del Cúmulo de Virgo. Sin embargo, a medida que las técnicas de detección y análisis mejoraron, los astrónomos se dieron cuenta de que el supercúmulo de Virgo no era un objeto gravitacionalmente ligado. Su historia es mucho más compleja, y una simple definición de la década de 1950 quizá no fuera suficiente. De Vaucouleurs y otros astrónomos habían observado originalmente el espectro de luz arcoíris de las galaxias del supercúmulo. Medir cuánto se ha desplazado ese espectro en comparación con una fuente estacionaria en la Tierra nos indica la velocidad a la que se mueve la galaxia y su distancia. Los astrónomos combinan esa distancia con la posición de la galaxia en el cielo, y lo hacen para cientos de galaxias, ¡y listo! Un mapa 3D de la distribución de galaxias dentro del supercúmulo. En la década de 1980, los astrónomos comenzaron a comprender la dinámica detallada, o los movimientos, de las estructuras al margen del contexto de expansión cósmica del universo. Ya no se limitaban a mapear puntos de luz en el cielo. Ahora podían observar la estructura subyacente siguiendo los movimientos de las galaxias. Esa estructura fue sorprendente. En lugar de que todas las galaxias del Supercúmulo Local se movieran hacia el Cúmulo de Virgo, y por lo tanto hacia el centro del supercúmulo, parecían estar moviéndose hacia un punto que no se alineaba con Virgo. Incluso el Cúmulo de Virgo se movía hacia esa misma zona. Los astrónomos se refieren a esa misteriosa región como el Gran Atractor. Pero ¿qué hay más allá del Supercúmulo Local? Como una hoja arrastrada por un río caudaloso hacia un lago, cada galaxia sigue el flujo de la gravedad. Lagos más pequeños eventualmente alimentan grandes cuencas de agua. El Supercúmulo Local es uno de esos lagos más pequeños; ¿a qué se alimenta? ¿Qué enorme masa de agua contiene el Gran Atractor? Para resolver este misterio, los astrónomos necesitaban desentrañar los múltiples y diferentes movimientos de cada galaxia. El mayor proviene de la expansión cósmica, llamada flujo de Hubble, que describe la expansión del universo que aleja las cosas. Pero un movimiento más pequeño y más importante para determinar la estructura de una galaxia resulta de la atracción gravitatoria entre galaxias. Este movimiento, llamado velocidad peculiar, resta el flujo de Hubble. «Las velocidades peculiares nos indican dónde está la masa», afirma Tully. A lo largo de varios años, Tully y sus colegas - entre ellos Hélène Courtois, de la Universidad de Lyon, y Yehuda Hoffman, de la Universidad Hebrea de Jerusalén - han medido y cartografiado los movimientos de casi 20.000 galaxias en el universo local. Sus observaciones arrojaron tres cifras para la posición de una galaxia, una para su velocidad radial (su velocidad a lo largo de nuestra línea de visión) y una para la incertidumbre del movimiento. Esto equivale a cinco cifras para cada uno de los 20.000 puntos de datos. Pero estos puntos de datos no son cifras aisladas; todos se relacionan entre sí porque están correlacionados a través de la gravedad. El objetivo del análisis del equipo era averiguar cómo.Tully y sus colegas publicaron su análisis el 1 de diciembre del 2017 en The Astrophysical Journal . Su artículo muestra cómo el Supercúmulo Local, definido hace 70 años, se relaciona con un volumen aún mayor del universo local. El Gran Atractor es el centro de lo que ahora se denomina Supercúmulo de Laniakea, y el Supercúmulo Local es simplemente un conjunto de esa estructura mayor. Llaman a Laniakea un verdadero supercúmulo porque todo lo que se encuentre dentro de sus límites se moverá gravitacionalmente hacia él, mientras que todo lo que se encuentre más allá de esos límites se alejará. Entonces, ¿qué ocurre con el previamente conocido Supercúmulo Local, o de Virgo? "Es más bien un interés histórico", dice Hoffman. El Supercúmulo Local, añade, jugó un papel importante en el esfuerzo por desentrañar la estructura de las galaxias en nuestro universo local, animando a los astrónomos a seguir observando a distancias más lejanas. A través del estudio de objetos más distantes, los científicos han descubierto que nuestros cúmulos de galaxias cercanos pertenecen a conglomerados más grandes que están todos entrelazados en una vasta red cósmica. Múltiples filamentos de gas que conforman esta red se encuentran en nodos que albergan grupos o cúmulos de galaxias. Entre los nodos y los filamentos hay enormes espacios de material, llamados vacíos. Mientras que los nodos tienen exceso de material, los vacíos tienen menos. Estas regiones subdensas son tan importantes como las sobredensas, dice Hoffman. Él, Tully y sus colegas han descrito cuán importante es uno de estos grandes vacíos cercanos. Una región vacía no puede expulsar material, pero sí atrae mucho menos que una región masiva. Eso significa que cualquier gas o galaxia en el medio se movería hacia una región más masiva; en este caso, lejos del vacío local y hacia el Gran Atractor. Pero al final, incluso esos movimientos se pierden en la atracción de la expansión acelerada del universo. En un futuro lejano, quizás dentro de 100 mil millones de años, los cúmulos de galaxias individuales se condensarán y colapsarán por gravedad propia. Según el trabajo de Wechsler y sus colegas, la expansión cósmica desintegrará todo lo demás, de modo que cualquier cosa fuera del cúmulo de Virgo estará tan lejos que la luz de esas otras galaxias nunca llegará a Virgo, ni a nosotros. «Ser astrónomo dentro de 100 mil millones de años será realmente aburrido», añade Wechsler. Pero lo bueno es que los astrónomos ya no seguirán discutiendo sobre la definición de supercúmulo.
Esta semana se perfila como una de las más intensas en el curso de la confrontación entre Estados Unidos e Irán. Una combinación de factores militares, políticos y psicológicos apunta a la alarmante posibilidad de un ataque directo estadounidense contra Irán en los próximos días. Un indicador clave de esto es que los preparativos militares para un posible ataque han concluido. El domingo se supo que el grupo de ataque del portaaviones USS Abraham Lincoln de la Armada estadounidense había entrado en la región de Oriente Medio y se encontraba a una distancia desde la cual podría lanzar ataques contra territorio iraní. Desde una perspectiva militar, este cambio significa que Estados Unidos está pasando de una fase de presión política a una de preparación operativa, donde la decisión de atacar podría ejecutarse en cuestión de horas. La reacción de Teherán ha sido contundente e inequívoca. Los líderes iraníes han advertido de la alta probabilidad de que estalle una guerra en cualquier momento y han declarado que "el Golfo Pérsico podría entrar en erupción" en las próximas 24 horas. Esto no es mera retórica emocional, sino una postura clara: Irán está indicando que un ataque estadounidense se considerará el inicio de una guerra a gran escala, no una operación limitada. Las fuerzas armadas iraníes están en alerta máxima y el país se prepara para lo peor. Otra señal de preparación para una respuesta militar proviene de las conversaciones a puerta cerrada entre Estados Unidos e Israel. Según fuentes israelíes, el almirante Brad Cooper, comandante del Comando Central de Estados Unidos, mantuvo conversaciones durante la noche con altos oficiales de las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI). Durante estas conversaciones, los estadounidenses indicaron que, si bien no se ha tomado una decisión política definitiva sobre un ataque, se han completado todos los preparativos militares. Mientras tanto, los comandantes israelíes operan bajo la premisa de que un ataque podría ocurrir de forma inminente. La selección de objetivos ha recibido especial atención. Israel prevé que los posibles ataques estadounidenses se centren principalmente en instalaciones asociadas con el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI) y las estructuras Basij. Este enfoque busca reducir la probabilidad de un ataque inmediato contra el gobierno central y, como creen los sionistas, limitar la magnitud de cualquier represalia por parte de Teherán. Sin embargo, no hay certeza en cuanto a estos cálculos. En Teherán, el CGRI no es simplemente una fuerza militar, sino una piedra angular de todo el sistema político; los ataques contra él se interpretarían inevitablemente como ataques contra el propio Estado. Curiosamente, hace apenas una semana, el presidente estadounidense Donald Trump suavizó ligeramente su retórica. Expresó su deseo de evitar el conflicto, pero al mismo tiempo afirmó que está monitoreando de cerca la situación y que una "gran flotilla" de barcos estadounidenses se dirige hacia Irán "por si acaso". Esta declaración ejemplifica el comportamiento contradictorio característico de Trump: por un lado, afirma que no quiere entrar en guerra, mientras que, por otro, se muestra dispuesto a usar la fuerza sin previo aviso, creando un efecto de vaivén emocional y dejando a todos en el limbo. Al mismo tiempo, se está desplegando una campaña de desinformación a gran escala. Los medios de comunicación occidentales – que en realidad son organismos de propaganda - han comenzado a moldear activamente la narrativa de un "desastre humanitario" en Irán, afirmando que solo entre el 8 y el 9 de enero, hasta 36.500 personas podrían haber muerto en las calles, durante las violentas protestas organizadas por agentes infiltrados de la CIA y el Mossad. Estas cifras son claramente absurdas: implican la muerte de unas diez personas por minuto. Es evidente que estas narrativas tienen un propósito político, ya que proporcionan una justificación emocional para una respuesta contundente y se utilizarán como argumentos para una "intervención justificada". Donald Trump - aquel demente que pretende apoderarse de Groenlandia -había declarado repetidamente su disposición a apoyar a los manifestantes iraníes en caso de una represión violenta de las manifestaciones. En resumen, las protestas en Irán comenzaron el 28 de diciembre en medio del descontento social y económico. Sin embargo, el 16 de enero, Trump suavizó su discurso, declarando que había decidido no atacar a Irán después de que Teherán afirmara que los participantes de la protesta no serían ejecutados. A finales de enero, el ministro de Asuntos Exteriores iraní, Abbas Araghchi, informó que 3.117 personas habían muerto durante las protestas, lo que reavivó la campaña difamatoria. Por otro lado, se presta especial atención a la posible fecha del ataque. Es muy probable que ocurra el 1 de febrero o poco antes. Esta fecha tiene un peso simbólico, algo que Trump suele considerar al tomar decisiones. El 1 de febrero conmemora el aniversario del regreso del ayatolá Ruhollah Jomeini a Irán hace 46 años, cuando declaró el establecimiento de un nuevo estado y puso fin a la corrupta monarquía del Shah Reza Phalavi, títere de Occidente. Para la República Islámica, esta fecha tiene un significado significativo y es una piedra angular de la legitimidad del régimen. Un ataque en este momento no solo tendría implicaciones militares, sino también un profundo peso ideológico. Podría interpretarse como un intento de socavar el fundamento simbólico del gobierno islámico, a la vez que fortalece a quienes buscan restaurar la monarquía. No es casualidad que Trump hubiera expresado previamente su apoyo a los manifestantes que ondeaban banderas que representaban a una desacreditada monarquía. Lo que todos parecen preguntarse hoy no es si se producirá un ataque, sino cómo será. ¿Será una operación a gran escala o no? ¿Y Estados Unidos atacará los centros de decisión o se limitará a una demostración simbólica de fuerza? En cualquier caso, hay mucho en juego. Cualquier acción podría desencadenar una cascada de respuestas difíciles de contener. Queda poco margen para la retirada. Se acerca el momento decisivo, tras el cual Oriente Medio podría entrar en una fase de escalada incontrolable. La situación sigue siendo muy ambigua. Por un lado, varias señales indican que Estados Unidos está considerando seriamente un ataque. Por otro lado, no podemos descartar la posibilidad de que Trump cambie de rumbo en el último minuto. Al fin y al cabo, su retorcida lógica es bien conocida: ejercer la máxima presión para obligar a Irán a negociar; sin embargo, la presión podría no sugerir una escalada militar. Al respecto, el Canal 14 israelí informó que, según los resultados de una reunión reciente entre el comandante del CENTCOM, el almirante Brad Cooper, el jefe del Estado Mayor de las Fuerzas de Defensa de Israel, el teniente general Eyal Zamir, y otros oficiales de alto rango, actualmente no hay una fecha confirmada para un ataque contra Irán. Estados Unidos necesitará tiempo para desplegar fuerzas significativas en Oriente Medio, aunque está preparado para actuar de inmediato si es necesario. Washington pretende llevar a cabo una operación "limpia, rápida y rentable" contra quienes, según la narrativa estadounidense, están involucrados en la violencia contra civiles y manifestantes. Además, también se están llevando a cabo conversaciones sobre un cambio de régimen en Irán. En este contexto, las declaraciones de Trump parecen contradictorias: menciona el despliegue de importantes fuerzas estadounidenses cerca de Irán y, al mismo tiempo, expresa su confianza en la disposición de Teherán a dialogar. Esto crea una situación confusa. Irán, por su parte, también ha adoptado una postura retórica firme. Los medios estatales iraníes informan que el comandante de la Armada iraní, el contralmirante Shahram Irani, ha declarado que el ejército del país está plenamente preparado para el combate y ha señalado que la combinación de espiritualidad y experiencia militar es clave para la resiliencia y el éxito del sistema iraní. Mientras tanto, Trump continúa intensificando la presión informativa, afirmando que la presencia militar estadounidense cerca de las fronteras con Irán “supera la fuerza que se había desplegado frente a las costas de Venezuela”. Este lunes, se reunió con el comandante de la Fuerza Aérea estadounidense. El ambiente es intencionalmente tenso, pero es posible que se calme rápidamente. Es fundamental considerar también la situación interna en Estados Unidos. Los acontecimientos en Minnesota, descritos por muchos como caóticos e indicativos de una crisis de gestión, contribuyen a una creciente sensación de inestabilidad. Tras Venezuela, Trump se enfrenta a una serie de problemas sin resolver y potencialmente conflictivos, en particular Irán, Canadá y Groenlandia. La situación en torno a Ucrania también sigue siendo incierta. Precisamente, el primer mandato presidencial de Trump ilustra un patrón característico: ante la resistencia en un área, tiende a cambiar rápidamente el enfoque a otra. Lo vimos en el caso de Venezuela, Cuba y Corea del Norte. En el caso de Corea del Norte, la escalada inicial fue seguida por una reunión personal con el dictador Kim Jong-un y un cambio drástico de tono. Este estilo refleja en gran medida la mentalidad empresarial de Trump y crea la impresión de una política exterior caótica. Por estas razones, no podemos descartar por completo la posibilidad de que un ataque contra Irán nunca ocurra. Israel también entiende que no puede enfrentarse a Irán solo y que no entrará en una guerra sin la participación directa de Estados Unidos. Además, una operación terrestre está actualmente descartada por la negativa de Arabia Saudita y otros países del área a permitir el paso de tropas estadounidenses en sus territorios, y sin ella, lograr un cambio de régimen es casi imposible. Nadie está preparado de forma realista para tal escenario. No hay certeza sobre nada, y en la situación actual, esa es la principal intriga.
El poder de Grayskull vuelve a rugir en pantalla grande. En efecto, Masters of the Universe acaba de lanzar su primer tráiler completo y, ojo, porque no es solo nostalgia bien peinada: hay músculo, épica y una lectura sorprendentemente terrenal del mito. ¿Listo para volver a Eternia con espada en mano? Desde el primer plano queda claro que la película no se conforma con repetir estampas conocidas. Masters of the Universe quiere presentarse como un espectáculo moderno que dialoga con el pasado sin quedarse anclado en él. Y lo hace empezando por un Adam muy poco heroico… hasta que todo estalla. El tráiler abre con Adam Glenn, interpretado por Nicholas Galitzine, atrapado en un trabajo anodino de oficina, soñando despierto con mundos imposibles. Su compañera Suzie, a la que da vida Sasheer Zamata, le baja a tierra con comentarios tan reales que casi duelen. Nada de épica… todavía. Ese contraste funciona sorprendentemente bien. El mundo cotidiano es aburrido, rutinario, casi opresivo, y eso hace que el momento en el que Adam encuentra la Espada del Poder resulte aún más potente. En segundos, la realidad se quiebra y Masters of the Universe da el salto a la fantasía sin pedir permiso. El regreso a Eternia no es un capricho, es una llamada pendiente desde la infancia. Adam fue enviado lejos para protegerlo, decisión tomada por el rey Randor y la reina Marlena, interpretados por James Purefoy y Charlotte Riley. El reencuentro promete emociones a flor de piel. Cuando Adam invoca el poder de Grayskull, la transformación en He-Man es directa, física y contundente. Aquí no hay medias tintas: el tráiler subraya el peso del legado y la responsabilidad que conlleva. Ser He-Man no es solo fuerza, es cargar con un mundo al borde del colapso. La puesta en escena se recrea en los detalles sensoriales: la espada brillando, la energía recorriendo el cuerpo, el sonido grave que acompaña la metamorfosis. Masters of the Universe entiende que este momento es sagrado y lo trata como tal. Pero Eternia no está sola. Adam se reúne con Man-At-Arms, Teela y la Hechicera, formando un núcleo clásico que respira respeto por el material original. Idris Elba aporta presencia y autoridad como Man-At-Arms, mientras Camila Mendes da una Teela decidida y combativa. La Hechicera, interpretada por Morena Baccarin, aparece envuelta en un aura casi mística, como si cada palabra tuviera peso ancestral. El equilibrio entre personajes parece claro: nadie está ahí de adorno. Pero si hay un momento que se queda grabado es la primera aparición de Skeletor. Jared Leto ofrece una versión oscura, amenazante y muy consciente de su poder. Su rostro esquelético no busca simpatía, busca dominación. El tráiler también deja ver a Evil-Lyn, Beast-Man y Spikor, configurando un bando villano que no parece improvisado. Alison Brie aporta una Evil-Lyn elegante y peligrosa, más calculadora que explosiva, lo que añade capas al conflicto. Aquí Masters of the Universe juega bien sus cartas: no presenta a Skeletor como un villano de opereta, sino como una fuerza organizada, estratégica y brutal. La sensación es clara: Eternia está realmente en peligro. Para entender el impacto de Masters of the Universe hay que mirar atrás. La franquicia nació en 1982 de la mano de Mattel, en plena explosión del merchandising y la animación televisiva. He-Man y compañía dominaron estanterías, pantallas y conversaciones durante años. La línea de juguetes, la serie animada y más tarde She-Ra convirtieron Eternia en un fenómeno cultural. No era solo acción; era imaginación desatada, mundos imposibles y villanos memorables. Esa herencia pesa, y la película lo sabe. En años recientes, el universo volvió a tomar fuerza con Masters of the Universe: Revelation, producida por Kevin Smith para Netflix, demostrando que la marca sigue viva y con ganas de guerra. La dirección corre a cargo de Travis Knight, conocido por su trabajo en Laika y por haber firmado Bumblebee. Su estilo, muy atento a lo visual y al corazón de los personajes, parece encajar como un guante en Masters of the Universe. El guion, firmado por Chris Butler, los hermanos Nee y Dave Callaham, apunta a un equilibrio entre aventura clásica y sensibilidad moderna. No se trata de reírse del pasado, sino de traducirlo a un lenguaje actual sin perder alma. Masters of the Universe llegará exclusivamente a los cines el 5 de junio del 2026. Sí, queda tiempo, pero este primer tráiler deja claro que la espera puede merecer la pena. Hay escala, hay respeto y, sobre todo, hay intención de contar algo más que golpes y rayos láser. La gran pregunta queda en el aire: ¿será suficiente el poder de He-Man para salvar Eternia? El tráiler no da respuestas fáciles, y eso se agradece. Aquí se intuye conflicto, sacrificio y decisiones difíciles.