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miércoles, 4 de noviembre de 2026

ISRAEL: Más de lo mismo

Las recientes elecciones realizadas en Israel han dado paso a la incertidumbre, donde tanto el ultraderechista Benjamín Netanyahu como el sionista Gadi Eisenkot no pueden cantar victoria, porque ninguno de ellos ha logrado alcanzar los 61 escaños requeridos en la Knesset (parlamento) para formar gobierno. Hay quienes piensan que, dada la imposibilidad que puedan alcanzar un acuerdo con los partidos árabes, un gobierno de unidad entre ambos podría desbloquear la situación, pero ¿a qué precio para la política interna y la estabilidad regional? Como sabéis, el sector comandado por Netanyahu está liderado por el Likud, el partido que ha dominado el último medio siglo en Israel. Netanyahu ha encabezado guerras de agresión en Líbano, Yemen, Irak, Siria e Irán, así como una gran expansión de los ilegales asentamientos judíos en Cisjordania y el genocidio en Gaza, ante la hipocresía de la comunidad internacional que avala sus monstruosos crímenes. Su gobierno incluye fuerzas que proponen liquidar a millones de palestinos, anexar Gaza y Cisjordania, justificar las torturas y agresiones sexuales contra presos palestinos y avanzar hacia un Gran Israel mediante la conquista y anexión de territorios de Oriente Medio, que vayan desde el Nilo hasta el Éufrates, para crear el “Gran Israel”. Para lograrlo, Netanyahu se basa en dos grandes soportes. A su derecha se encuentran los extremistas del sionismo religioso de Bezalel Smotrich, ministro de Finanzas, y Poder Judío, del ministro de Seguridad Nacional, Itamar Ben-Gvir, responsable de la policía y de las prisiones donde se torturan y asesinan a los palestinos. Ambos sectores propugnan la expulsión de los más de dos millones de gazatíes y la anexión de Cisjordania, mientras que algunos de sus dirigentes también han defendido extender el control israelí sobre territorios de Siria y Líbano. Sus planteamientos amenazan asimismo los derechos de los aproximadamente dos millones de ciudadanos árabes de Israel, a quienes quisieran someter a una limpieza étnica total (el exterminio en masa). Precisamente, en estos sectores también se han formulado propuestas de utilizar armas nucleares contra Gaza. Ben-Gvir defiende la pena de muerte para los presos palestinos y ha convertido la horca en un símbolo de su campaña política, al punto de exhibir en su solapa un pin con la forma de dicho instrumento de ejecución. Este criminal suele aparecer en su propaganda electoral humillando a presos palestinos. En otro anuncio se representaba a prisioneros que entraban obesos en una instalación fabril y salían extremadamente delgados, una imagen que provocó críticas por su salvajismo. Es más, un diputado del Likud, Hanoch Milwidsky, llegó a “justificar2 públicamente la introducción de un objeto en el recto de un preso palestino. Durante una discusión parlamentaria sobre las denuncias de violación y tortura en el centro de detención de Sde Teiman, sostuvo que, si se trataba de un integrante de la unidad de élite de Hamás, “todo es legítimo”. Moshé Feiglin, dirigente de Zehut y aliado electoral del sionismo religioso, ha sostenido que el enemigo no es únicamente Hamás (Movimiento de Resistencia Islámica), sino Gaza en su conjunto. “por lo que debe desaparecer” añadió. También ha presentado a los bebés palestinos como “futuros atacantes terroristas” y defendido la expulsión o exterminio en caso se resistan, de toda la población de la Franja. El segundo soporte de Netanyahu está formado por dos partidos religiosos ultraortodoxos: Shas (“Guardianes de Sefarad”) y Judaísmo Unido de la Torá. Shas representa principalmente a judíos muy observantes de origen sefardí y mizrají, cuyas familias proceden en buena medida del mundo árabe y musulmán. Judaísmo Unido de la Torá representa principalmente a comunidades ultraortodoxas de origen europeo, cuyos integrantes suelen vestir completamente de negro. Mientras Shas es más proclive al sionismo, importantes corrientes de Judaísmo Unido de la Torá no se consideran sionistas. El gran rabino Dov Landau, una de las principales autoridades espirituales del sector de las academias religiosas (yeshivás) originadas en Lituania, ha sostenido que los judíos vivían mejor bajo gobiernos árabes y ha responsabilizado al sionismo de haber deteriorado sus relaciones históricas con las poblaciones árabes. Paradójicamente, los ultrasionistas necesitan gobernar con ultraortodoxos que no se identifican con el sionismo. Lo que los une es que Netanyahu y sus socios de extrema derecha están dispuestos a mantener amplias exenciones del servicio militar para los ultraortodoxos, que representan una proporción creciente de la población judía israelí y dedican una parte importante de su vida al estudio de la Torá. Por el contrario, los antiguos aliados de Netanyahu que ahora pretenden desplazarlo del poder, se apoyan en el descontento de buena parte de los judíos israelíes que deben obligatoriamente cumplir años de servicio militar y prolongados períodos como reservistas, arriesgando sus vidas o su integridad física, mientras numerosos ultraortodoxos reciben exenciones y ayudas públicas para sostener familias numerosas. Del lado de la oposición destaca el partido Yashar (“Derecho”), encabezado por el general Gadi Eisenkot, quien fue comandante en jefe del Ejército israelí entre febrero del 2015 y enero del 2019, durante el mandato de Netanyahu. Eisenkot también integró, como observador, el gabinete de guerra constituido tras el ataque de Hamás del 7 de octubre del 2023. Permaneció aproximadamente ocho meses en dicho organismo, hasta su salida en junio del 2024. En este período, la línea oficial era arrasar todas las construcciones de Gaza y privar a sus habitantes de agua, electricidad y medicinas, por lo que es tan culpable como Netanyahu de la tragedia que viven los gazaties. El general Eisenkot está asociado a la llamada infame doctrina Dahiya, que contempla el empleo de una fuerza militar devastadora contra zonas urbanas consideradas bases de organizaciones enemigas. Esta doctrina ha sido duramente cuestionada por sus consecuencias sobre las poblaciones civiles árabes. Muchos organismos de derechos humanos la cuestionan como parte de estrategias constitutivas de crímenes de guerra. Eisenkot propone terminar con las amplias exenciones del servicio militar concedidas a los ultraortodoxos. También defiende establecer obligaciones de servicio militar, nacional o civil para todos los ciudadanos israelíes, incluidos musulmanes y cristianos, aunque no necesariamente mediante su incorporación al Ejército. La extensión de estas obligaciones podría agravar los enfrentamientos políticos, religiosos y sociales dentro de Israel. Su partido es nuevo y se basa fundamentalmente en su prestigio militar y carisma personal. Durante la guerra de Gaza perdió a un hijo y a dos sobrinos, mientras que Yair Netanyahu, hijo del primer ministro, permaneció durante largos períodos en Estados Unidos, bien protegido y lejos del frente. Eisenkot se presenta como un general experimentado, más que como un político tradicional. Una característica importante de su candidatura es que es hijo de inmigrantes marroquíes. Hasta ahora, los 14 primeros ministros israelíes han procedido de familias judías de origen europeo, mientras que Eisenkot podría convertirse en el primer jefe de gobierno de origen mizrají. En Israel se denomina mizrajíes (“orientales”) a judíos cuyas familias proceden de países musulmanes, aunque durante siglos hayan compartido lenguas, culturas y tradiciones culinarias con las poblaciones árabes. Resulta paradójico que esta denominación se aplique incluso a familias originarias de Marruecos, país situado en el extremo noroccidental de África, más al oeste que Europa continental. Eisenkot cuenta con tres aliados electorales que concurren por separado, no todos los cuales están dispuestos a llevarlo al premierato, puesto que algunos quisieran ocupar ese cargo, aduciendo una mayor experiencia política. Todos coinciden en la necesidad de revisar las exenciones militares de los ultraortodoxos y de investigar las circunstancias que permitieron el ataque de Hamás del 7 de octubre del 2023. El primero es Beyachad (“Juntos”), la alianza de los exprimeros ministros Naftali Bennett y Yair Lapid, quienes se alternaron en el premierato entre el 2021 y el 2022 que también mantuvieron políticas duras contra los palestinos, aunque sin llegar a la escala de destrucción de Gaza bajo Netanyahu. El segundo es Israel Beitenu (“Israel Nuestra Casa”), dirigido por Avigdor Lieberman, antiguo ministro de Exteriores y de Defensa de Netanyahu. Su principal base electoral se encuentra entre los inmigrantes seculares procedentes de la antigua Unión Soviética, quienes se oponen al creciente peso de las instituciones religiosas sobre el Estado. Lieberman ha defendido distintas fórmulas territoriales que permitirían mantener el control israelí sobre importantes zonas de Cisjordania, incluyendo propuestas de anexión y de redistribución territorial, mientras que los centros palestinos más poblados podrían quedar bajo una administración jordana limitada. Estos tres partidos, al igual que Netanyahu y sus socios ultra religiosos, se enorgullecen de ser de derecha. Finalmente, están Los Demócratas, encabezados por Yair Golan. Esta organización surgió de la unión del Partido Laborista y Meretz, dos corrientes históricas del sionismo socialdemócrata y de izquierda. El laborismo fue la fuerza dominante del movimiento sionista durante el mandato británico de Palestina y gobernó Israel durante sus primeras décadas de existencia. Los Demócratas son la única fuerza sionista parlamentaria que todavía defiende la posibilidad de un mini-Estado palestino, aunque bajo condiciones y limitaciones que sus críticos consideran incompatibles con una soberanía plena. En conjunto, las principales fuerzas opositoras a Netanyahu no plantean una ruptura fundamental con la política israelí de seguridad. Eisenkot y Bennett rechazan la creación de un Estado palestino en cualquier circunstancia. Aunque sus adversarios están dispuestos a exigir responsabilidades políticas y judiciales a Netanyahu por corrupción y por los acontecimientos del 7 de octubre, no proponen someterlo a un proceso por los presuntos crímenes de guerra cometidos durante la ofensiva contra Gaza. Por el contrario, destacados dirigentes opositores, incluidos Lapid, Bennett, Lieberman y Golan, rechazaron las órdenes de arresto emitidas contra Netanyahu por el Tribunal Penal Internacional. Fuera de los dos grandes bloques sionistas se encuentran dos fuerzas antirracistas a las que habitualmente se denomina “partidos árabes”, debido a que la mayoría de sus electores son palestinos con ciudadanía israelí. La primera es la Lista Conjunta, que reúne a tres partidos: Hadash (“Frente Democrático por la Paz y la Igualdad”), una organización de izquierda, integrada por comunistas, socialistas y otros sectores que defienden la igualdad de derechos entre árabes y judíos. En tanto, Ta’al (“Movimiento Árabe para la Renovación”), encabezado por Ahmad Tibi, representa una corriente nacionalista palestina secular y defiende los derechos políticos y civiles de los ciudadanos árabes de Israel. Por su parte, Balad (“Alianza Democrática Nacional”), es un partido nacionalista palestino que propone transformar Israel en un Estado de todos sus ciudadanos, con igualdad de derechos independientemente de su origen étnico o religión. Estos tres partidos conforman una alianza de comunistas, socialistas, nacionalistas palestinos y defensores de diferentes fórmulas de igualdad nacional y convivencia entre árabes y hebreos. Entre sus figuras destaca el diputado judío Ofer Cassif, quien ha recibido reiteradas sanciones parlamentarias por sus declaraciones y actuaciones contra la ofensiva israelí en Gaza, a la cual acusa de estar imponiendo un genocidio a los palestinos. La segunda fuerza es Ra’am (“Lista Árabe Unida”), cuyo acrónimo hebreo también significa “trueno”. Es un partido de inspiración islamista encabezado por Mansour Abbas, que se separó de la antigua Lista Conjunta debido a su disposición a establecer acuerdos con partidos sionistas. De hecho, participó en la coalición gubernamental de Bennett y Lapid. La importancia de estos partidos radica en que podrían impedir la formación de una mayoría de Netanyahu, aunque la oposición sionista tampoco parece dispuesta a incorporarlos plenamente a una coalición gubernamental. Según los resultados preliminares de la Comisión Electoral Central dadas a conocer este 4 de noviembre, encargada del recuento de los 7,3 millones de votos, se confirmó la derrota de Netanyahu por su imposibilidad de alcanzar la mayoría requerida en el Parlamento. Lo mismo se puede decir de Eisenkot, por lo que se podría producir una situación de parálisis parlamentaria. Netanyahu podría intentar mantenerse temporalmente como primer ministro en funciones mientras se desarrollan las negociaciones para formar gobierno. Otra posibilidad sería una gran coalición entre Netanyahu y Eisenkot, excluyendo a los sectores ultranacionalistas más extremos y a los partidos ultraortodoxos. Sin embargo, semejante acuerdo encontraría importantes obstáculos políticos y personales. También podría ocurrir que Eisenkot necesitara alcanzar algún entendimiento con Ra’am o encabezar un gobierno minoritario cuya supervivencia dependiera de que la Lista Conjunta impidiera el regreso de Netanyahu al poder. Finalmente, no puede descartarse que la incapacidad para formar una mayoría estable conduzca a nuevas elecciones generales, prolongando la incertidumbre política. Pero mientras los partidos israelíes discuten quién debe gobernar y quién debe cumplir el servicio militar, la cuestión más importante continúa sin una solución: detener los pogromos, las expulsiones, la violencia contra la población civil y lo que numerosas organizaciones y especialistas califican de genocidio contra los palestinos. Los palestinos son descendientes de poblaciones que han habitado durante milenios el territorio, incluidas comunidades vinculadas a los antiguos pueblos bíblicos, cuyos habitantes experimentaron sucesivas transformaciones religiosas, lingüísticas y culturales. El desplazamiento de Netanyahu no implicaría necesariamente el final de la ocupación ni de las operaciones militares israelíes. Eisenkot ha prometido acabar con el gobierno de Hamás en Gaza en un plazo de 18 meses, mientras que Bennett defiende mantener el control israelí de la Franja hasta conseguir el desarme de dicha organización. Otro gran ausente de estas elecciones son los más de 800.000 electores israelíes residentes en el extranjero, la inmensa mayoría de los cuales no puede votar desde sus países de residencia y debe viajar a Israel para ejercer ese derecho. Entre quienes han abandonado el país se encuentran numerosos israelíes que rechazan el extremismo derechista, el creciente poder de los sectores religiosos y las políticas de Netanyahu. Tampoco puede votar la inmensa mayoría de los aproximadamente 15 a 16 millones de judíos del planeta, a quienes Israel dice representar, pero que no pueden participar en sus decisiones políticas si carecen de ciudadanía israelí. Paradójicamente, se espera de las comunidades judías de la diáspora una defensa incondicional de Israel, incluso cuando las políticas de sus gobiernos pueden alimentar el antisemitismo y poner en peligro la seguridad de los propios judíos en otros países. Pero la exclusión más dramática es la de los palestinos. De los aproximadamente 15,5 millones que existen en el mundo, más del 85 % carece de derecho a participar en las elecciones israelíes, pese a que las decisiones de ese Estado afectan profundamente a su pueblo y a su patria histórica. Alrededor de 5,6 millones de palestinos viven en Cisjordania y Gaza, territorios sometidos a la ocupación y al control militar israelí, donde se destruyen viviendas, infraestructuras y tierras agrícolas, se amplían los asentamientos y se restringe la libertad de circulación. Mientras los colonos israelíes de Cisjordania pueden elegir a los diputados que deciden sobre el futuro de esos territorios, sus vecinos palestinos carecen de ese mismo derecho. Otros millones de palestinos viven dispersos por el mundo, muchos de ellos descendientes de familias expulsadas o desplazadas de sus lugares de origen, sin que se les reconozca un derecho efectivo a retornar a sus antiguas localidades. De esta manera, las elecciones israelíes presentan una profunda contradicción democrática: millones de personas directamente afectadas por las decisiones de la Knéset no tienen posibilidad de participar en la elección de quienes las adoptan. Si se permitiese votar a los más de 800.000 electores israelíes residentes en el exterior, a los millones de judíos de la diáspora que hoy carecen de ciudadanía israelí o a todos los adultos de los aproximadamente 15,5 millones de palestinos del mundo, la composición del electorado cambiaría radicalmente. No estamos planteando esa posibilidad, algo que requiere mucho debate y ha de generar controversias muy diversas. Es un ejercicio en el cual, de darse, cambiarían radicalmente los resultados, donde los partidos de extrema derecha como el Likud y sus actuales socios del gobierno podrían quedar reducidos a una minoría mucho menor que la actual. Por otro lado, tanto Netanyahu como Eisenkot también mantienen posiciones beligerantes frente a Irán y otras fuerzas regionales. Por ello, los resultados de las elecciones del 27 de octubre si bien podrían poner fin a la prolongada era de Netanyahu, no existen garantías de que produzcan una transformación fundamental de la política israelí hacia los palestinos. La gran paradoja es que Netanyahu podría perder el poder sin que desaparezca la política de dominación, ocupación y violencia que ha caracterizado su régimen criminal. (Últimas informaciones dan cuenta de la aplastante derrota de Donald Trump en las elecciones intermedias realizadas ayer, por lo que cobra relevancia la advertencia dada por Tucker Carlson, quien asegura que EE.UU. podría lanzar un ataque nuclear contra Irán este fin de semana por presiones de Netanyahu. Mas aun con la derrota electoral de ambos, pueden terminar en la cárcel, por lo que, para tratar de impedirlo, son capaces de todo. De estos dementes se puede esperar lo peor...)

BASURA ESPACIAL: Un problema creciente y de difícil solución

Parece sacado de una caricatura. Un trozo de metal se desprende de un cohete o satélite, reingresa a la atmósfera y luego cae en picado a la Tierra. Impacta contra lo que se interpone en su camino: agua, una pradera o un autobús urbano. La idea parece descabellada, pero la basura espacial es un problema creciente. A finales de julio del 2022, un propulsor del cohete chino Larga Marcha 5B reingresó a la atmósfera y se estrelló en el mar de Sulu, cerca de Filipinas. Y China no es el único país que produce basura espacial potencialmente peligrosa.EE.UU.es el primer responsable de su existencia. La incesante proliferación mundial de satélites implica que ahora hay más objetos fabricados por el ser humano en el espacio que nunca antes. Y una nueva investigación predice que existe una preocupante probabilidad de que alguien muera a causa de la caída de basura espacial en la próxima década. Como sabeis, el espacio exterior está repleto de basura: existen cientos de miles de objetos diminutos, de menos de 0,4 pulgadas (1 centímetro), que reingresan a la atmósfera y caen a la Tierra. “Esos desechos producen una ‘lluvia’ constante de objetos que regresan a la Tierra y que no podemos rastrear. Regresan a todas partes del planeta”, explica Marlon Sorge, director ejecutivo del Centro de Estudios de Desechos Orbitales y de Reentrada de The Aerospace Corporation. Pero, “debido a su pequeño tamaño”, añade, “incluso si llegan a la superficie terrestre, no representan un peligro para las personas en tierra y pasarán desapercibidos”. Sin embargo, fragmentos de mayor tamaño vuelven a entrar en la atmósfera con regularidad. Cada semana, una tonelada de basura espacial entra en la atmósfera. Sin embargo, Sorge subraya que esa tasa es un promedio, lo que significa que podrían transcurrir meses de inactividad seguidos de la reentrada de varios objetos grandes en nuestra atmósfera en un corto período de tiempo. Por cierto, el hecho de que un objeto entre en la atmósfera no significa que vaya a estrellarse contra la superficie terrestre. La base de datos de desechos espaciales de la industria aeroespacial registra la basura espacial, y Sorge afirma que hasta el 60 % de esta se desintegra durante la reentrada. De los objetos que logran atravesar la atmósfera, la mayoría cae al océano, lejos de las zonas pobladas. Aun así, actualmente hay más basura espacial en la atmósfera que nunca. En el 2021, por ejemplo, se registraron por primera vez más de 1900 objetos espaciales en el Índice de Objetos del Espacio Ultraterrestre de las Naciones Unidas. La mayoría de estos objetos son satélites, que se utilizan cada vez más para comunicaciones y seguimiento meteorológico. Afortunadamente, los satélites son ahora más pequeños que antes, y Sorge afirma que se están diseñando para generar cada vez menos basura espacial. Sin embargo, la enorme cantidad de satélites en órbita implica que el problema de la basura espacial debe abordarse. ¿Qué probabilidades hay de que alguien muera a causa de un trozo de basura espacial que caiga del cielo? En un estudio publicado en Nature Astronomy, un equipo de investigadores de la Universidad de Columbia Británica intentó averiguarlo. Recurrieron a una base de datos abierta que registra información sobre objetos que aún se encuentran en órbita, así como sobre aquellos que han salido de órbita y reingresado a la atmósfera. Descubrieron que, en las últimas tres décadas, más de 1500 cuerpos de cohetes han reingresado a nuestra atmósfera. Y la mayoría de ellos - más del 70 % - fueron reingresos no controlados. El equipo calculó la probabilidad de que uno de estos restos de cohetes reingresara a la atmósfera e impactara contra alguien. Concluyeron que, durante la próxima década, existe un 10 % de probabilidad de que se produzcan víctimas mortales a causa de la caída de estos desechos espaciales. “Nuestras estimaciones son conservadoras. Probablemente la situación sea peor”, afirma Aaron Boley, profesor de la Universidad de Columbia Británica y uno de los autores del estudio. Los científicos no siempre saben con certeza cómo reingresará un fragmento de basura espacial a la atmósfera ni qué trayectoria seguirá. Estos objetos giran sin control, lo que significa que su balística no se conoce completamente para quienes los rastrean. Además, las variaciones en la atmósfera pueden modificar la resistencia del aire que encuentran. “El problema es que no sabes dónde va a reingresar hasta una o dos órbitas antes de que lo haga”, dice Boley. “Puedes hacer las mejores mediciones posibles, pero lo cierto es que tienes este objeto girando sin control”. La trayectoria que sigue un objeto al reingresar a la atmósfera puede ser impredecible. Sin embargo, los científicos afirman que estos reingresos incontrolados pueden gestionarse mejor o incluso evitarse por completo. Por ejemplo, algunas piezas están diseñadas para desprenderse de los propulsores de cohetes, y los investigadores han descubierto que sus trayectorias pueden dirigirse, aproximadamente, hacia zonas menos pobladas del planeta. Al respecto, un estudio publicado en Advances in Space Research examinó los modelos de reentrada para determinar cómo se podría minimizar el riesgo de víctimas teniendo en cuenta la órbita que sigue un objeto cuando reingresa por primera vez a la atmósfera. “El lugar donde caen los restos depende en gran medida de la órbita que tengan al comienzo de la reentrada”, afirma Inna Sharf, profesora de la Universidad McGill en Montreal y una de las autoras del estudio. Entre los factores orbitales importantes se incluyen la circularidad de la órbita y el punto donde intersecta el plano ecuatorial de la Tierra. “En nuestro artículo, una de las cosas que demostramos fue que, al darle a los escombros un impulso pequeño pero oportuno, por ejemplo, disparando un propulsor contra ellos durante un período muy corto, podemos influir fácilmente en el lugar donde caen los escombros en la Tierra”, dice Sharf. Actualmente, la basura espacial no cae de manera uniforme sobre nuestro planeta. El hemisferio sur corre mayor riesgo de sufrir la caída de desechos, a pesar de que los países del hemisferio norte son los principales responsables de dicha caída. “Muchos estados tienen la práctica no solo de abandonar sus cohetes en órbita, sino también de conceder exenciones cuando sus lanzamientos no cumplen con sus propias directrices”, afirma Boley. Por ejemplo, en las últimas décadas, la mayoría de los lanzamientos de cohetes en EE.UU. han prescindido de los requisitos de reentrada controlada. Boley explica que esta actitud laxa se debe al riesgo relativamente bajo de lesiones, lo que ha llevado a las organizaciones espaciales a confiarse y no tomar las precauciones necesarias. Pero, según advierte Boley, ante la complacencia de las organizaciones espaciales de todo el mundo, el problema se ha agravado exponencialmente. “No se trata de un solo estado, sino de un problema acumulativo”, afirma. “Tenemos la idea de que los lanzamientos individuales de cohetes tienen un umbral bajo, pero el efecto acumulativo de todos ellos no es insignificante en absoluto”. Las agencias espaciales pueden redoblar sus esfuerzos para reducir la cantidad de basura espacial que reingresa a la atmósfera. Ahora es posible diseñar cohetes con motores reiniciables que permiten su desintegración controlada. Esto significa que una nave espacial podría arrojar un propulsor, por ejemplo, sobre el Punto Nemo, el punto del océano más alejado de la costa, explica Boley. Controlar la reentrada o diseñar un cohete propulsor que se desintegre antes de entrar en la atmósfera requiere, sin duda, tiempo, esfuerzo y dinero adicionales. Pero Boley afirma que todas las agencias espaciales deben dejar de eximirse de responsabilidades que limitan la eficacia de las precauciones bien pensadas. También señala que establecer estándares globales podría ayudar a que otros países adopten medidas similares. “A medida que nos expandimos en el espacio, debemos comprender que se necesita una amplia cooperación”, afirma Boley. “Esto tiene implicaciones para el resto del mundo que deben tenerse en cuenta” puntualizo. Para finalizar, algo que se no está tomando en cuenta, es que la basura espacial también se está generando en la Luna. Los humanos hemos dejado mucha basura en la Luna, incluyendo restos de naves espaciales como propulsores de cohetes de más de 50 aterrizajes forzosos, casi 100 bolsas de desechos humanos y objetos diversos como una pluma, pelotas de golf y botas. En total, son alrededor de 200 toneladas de nuestra basura. Dado que nadie es dueño de la Luna, nadie es responsable de mantenerla limpia y ordenada. De esta manera, la falta de regulación en la exploración espacial implica que la basura y los desechos espaciales seguirán acumulándose tanto alrededor de nuestro planeta como en la Luna, al igual que los problemas y peligros relacionados.

miércoles, 28 de octubre de 2026

UCRANIA: Camino a la ruina

El reciente repunte de la actividad diplomática en torno al conflicto en Ucrania sigue un patrón conocido, aunque cada ronda presenta sus propias particularidades. En esta ocasión, se dice que Donald Trump está particularmente enfadado con Vladimir Zelensky, a quien culpa cada vez más del fracaso en poner fin a la guerra, a pesar de los ingentes recursos económicos que se le entrego, quien prefiere dilapidarlo en su vicio por todos conocido: la cocaína. Para nadie ha sido un secreto la animosidad personal entre ambos han sido evidentes desde su primer encuentro durante el segundo mandato de Trump, hace más de 18 meses, como aquella pelea ante cámaras que tuvieron en el Salón Oval. Pero ahora hay un factor adicional: la política interna estadounidense. Ante unas elecciones difíciles para los republicanos, con todas las encuestas en su contra que vaticinan una derrota aplastante ante los demócratas, Trump necesita desesperadamente un éxito político. Hay poco tiempo para grandes logros, pero las imágenes impactantes aún pueden causar impresión, y estabilizar el mercado de combustibles mediante la diplomacia con Moscú, para controlar el precio del diésel, ofrece precisamente esa oportunidad. Lograr la paz en un conflicto sangriento es un logro en sí mismo, pero los votantes generalmente están más preocupados por sus propias finanzas y Trump lo entiende, por lo que parece haber vuelto a la convicción que mantuvo desde el principio de que Zelensky es más susceptible a la presión que Moscú. Rusia ha establecido los límites de su flexibilidad y ha mostrado poca disposición a ceder; Washington, por su parte, fracasó el año pasado en su intento de alinear a Ucrania y a sus aliados europeos. De hecho, incluso lograron convencer brevemente a Trump de que Kiev podía revertir fundamentalmente la situación militar, pero ahora la situación ha dado un giro radical. La reiterada negativa de Zelensky a atender los llamamientos de Trump para que deje de atacar la infraestructura energética rusa ha enfurecido especialmente al presidente estadounidense, y esto no se debe simplemente a que a este no le gusta que lo desafíen. Recuerda amargamente cómo los líderes ucranianos intentaron ayudar a los demócratas durante la campaña presidencial del 2020 y parece interpretar el comportamiento actual de Kiev de forma muy similar: como un intento de favorecer a sus oponentes internos. Trump rara vez perdona este tipo de conductas, de ahí su retórica cada vez más dura. Conociendo a Trump, cabría esperar que esta actitud perdurara, pero sería un error suponer que su hostilidad hacia Zelensky garantiza un acuerdo de paz exitoso. A todo ello, debemos tener en cuenta que una política favorable a Moscú cuenta con escaso apoyo dentro de la clase dirigente estadounidense, independientemente de la afiliación partidista, por lo que sus opositores aprovecharán cualquier oportunidad para obstaculizarla. Años de fobia antirrusa desde anteriores administraciones, a lo que debemos agregar la ‘propaganda negra’ de los medios de comunicación estadounidense - alineados con el establishment - han dado sus frutos. Mientras tanto, Europa Occidental marginada de todas las negociaciones entre Rusia y EE.UU. por Ucrania, está decidida a no quedar excluida definitivamente y sus gobiernos han seguido resistiéndose a un acuerdo que, a su juicio, “serviría a los intereses rusos”. Ellos apuestan por la continuación de la guerra, a pesar que sus países están en ebullición, con multitudinarias protestas que han degenerado en violencia, como lo sucedido recientemente en Francia. Sin embargo, estas son cuestiones de personalidad y psicología política, así que ¿qué hay del acuerdo en sí? Las negociaciones siguen siendo opacas, como suele ocurrir con la diplomacia genuina, y su rumbo solo puede inferirse a partir de señales indirectas. Es razonable suponer que las conversaciones continúan dentro del marco establecido en Anchorage el verano pasado, dado que los funcionarios rusos se refieren repetidamente a ciertos acuerdos alcanzados allí, cuya implementación se ha estancado porque Washington no ha podido persuadir a sus socios para que los acepten. Los análisis occidentales tienden a identificar el territorio como el principal obstáculo, y hay cierta justificación para ello, ya que el curso de las operaciones militares ha elevado progresivamente las cuestiones territoriales más allá de la importancia que tenían al comienzo del conflicto. Vladimir Putin ha advertido reiteradamente que rechazar las condiciones de acuerdo propuestas por Rusia implicaría enfrentarse a condiciones menos favorables en el futuro, y eso es precisamente lo que ha sucedido, sobre todo en lo que respecta al territorio; sin embargo, las concesiones territoriales no lo son todo. Los principios generales de la seguridad europea, tanto militar como política, siguen siendo fundamentales. Al fin y al cabo, fueron las consideraciones decisivas que motivaron la decisión de Moscú de usar la fuerza en el 2022. Cuanto menor sea la confianza en acuerdos duraderos sobre garantías mutuas y restricciones militares, mayor será el incentivo para ampliar las zonas de amortiguación y disminuir las capacidades del adversario a largo plazo; por lo tanto, el territorio se convierte en un sustituto de los acuerdos de seguridad en los que ninguna de las partes cree poder confiar. Tras las reuniones de Oslo y San Petersburgo, los representantes estadounidenses han hablado de avances sustanciales, mientras que los europeos describen una convergencia de posturas y el surgimiento de nuevas ideas. Moscú reconoce que han aparecido nuevas propuestas, pero deja claro que siguen siendo insuficientes. Por ahora, la diplomacia continúa por su curso habitual, y se espera otra reunión trilateral de expertos en noviembre para abordar cuestiones técnicas, tras dos rondas previas. Sin embargo, la combinación de estos acontecimientos sugiere que la fase militar del conflicto podría estar acercándose a un punto de inflexión significativo, aunque su conclusión aún esté lejos. Yuri Ushakov ha expresado su esperanza de que el final se acerque, lo cual puede ser optimista, pero las alternativas se están volviendo más claras: o bien negociaciones de paz serias que abarquen toda la gama de cuestiones en disputa, o bien una transición a un nuevo nivel de escalada. La primera opción exige garantías de seguridad creíbles, y los acuerdos técnicos por sí solos no bastarán; por lo tanto, lo que se necesita es un marco político estable capaz de sobrevivir a los cambios de circunstancias y de liderazgo. Este es también el contexto en el que se está debatiendo la posibilidad de una reunión trilateral entre los líderes de Rusia, China y Estados Unidos. La propuesta de reunión en la cumbre de la APEC del próximo mes en Shenzhen ha generado mucha especulación, pero aún no se sabe si se llevará a cabo. Incluso si se realiza, no habrá un nuevo Yalta ni un gran acuerdo trascendental, porque el contexto internacional simplemente no lo permite. En un panorama internacional cada vez más complejo, esto demostraría el nivel de influencia con el que se toman las decisiones más trascendentales del mundo, un nivel acorde con la magnitud de los desafíos. Quizás eso, en sí mismo, aportaría una nueva perspectiva. Mientras tanto, la guerra continua en una fase más crítica para Ucrania, con Kiev atacando desesperadamente objetivos civiles rusos, gastando lo último que le queda, pero a su vez exigiendo “un alto al fuego” para seguir rearmándose mientras tanto. Son manotazos de ahogado, porque haga lo que haga, su destino ya está sellado y el castigo no se hará esperar... El juego se acabó. (Últimas informaciones dan cuenta que, en Israel, Benjamín Netanyahu habría sido derrotado en las elecciones y la oposición sionista liderada por el exministro de Defensa Gadi Eisenkot podría formar gobierno. Pero no hay nada que celebrar, porque los preparativos para atacar Irán seguirán adelante y el genocidio en Gaza continuará)

HADES: El inframundo griego

Se trata de un término general que se emplea para describir al reino de los muertos regido por el dios Hades según la mitología griega. Las primeras ideas sobre el más allá indican que, en el momento del fallecimiento, la esencia de individuo (psique) se separa del cuerpo y es transportada al inframundo. En las primeras referencias mitológicas, por ejemplo, en la Ilíada y la Odisea de Homero, los muertos se agrupaban indiscriminadamente y albergaban una pos-existencia sombría; sin embargo, en la mitología más tardía, por ejemplo, en la filosofía de Platón, se comenzó a segregar a los individuos según fueran buenas o malas personas. El inframundo era normalmente referido como Hades debido al dios homónimo (llamado Plutón por los romanos) ubicado en la periferia del mundo, ya fuera en los confines del Océano, también asociado al dios del mismo nombre, o bajo la Tierra. La mayoría de fuentes lo describen como un lugar oscuro y con ausencia de luz, en contraste directo con el mundo de los vivos y con el resplandor del monte Olimpo, residencia de los dioses. Hades era el más temido de todos, Homero y Hesíodo lo describen como un ser despiadado, repugnante y monstruoso. Su esposa era Perséfone, a quien raptó para que se uniera a él en el inframundo, y su símbolo es un cetro o cornucopia, teniendo como su mascota a Cerbero, el feroz perro de tres cabezas. Tras el derrocamiento de los Titanes y luego de los Gigantes por los dioses olímpicos, Hades sorteó con sus hermanos Zeus y Poseidón qué parte del mundo gobernaría cada uno. Zeus recibió el cielo, Poseidón los mares y Hades el inframundo. Si bien Hades era un protagonista menos prominente en los relatos mitológicos que los demás dioses olímpicos, sin embargo, muchos griegos comunes le tenían un temor reverencial y supersticioso. De hecho, incluso se evitaba pronunciar su nombre; en su lugar, se utilizaban epítetos como Eubuleo (el que da buenos consejos). También existen relatos de prácticas sacrificiales en honor a Hades, realizadas de noche, en las que la sangre de las víctimas se dejaba filtrar en la tierra para que llegara al temible dios. Hades era el único que no residía en el Monte Olimpo, sino en un oscuro palacio bajo tierra. El dios también poseía un casco fabricado por Hefesto que hacía invisible a quien lo usaba, y fue este casco el que utilizó Atenea en su lucha contra Ares, según narra Homero en la Ilíada sobre la Guerra de Troya, y el que usó Perseo en su búsqueda de la cabeza de Medusa. El inframundo se considera un reino invisible, a menudo entendido como un estado permanente de oscuridad, aunque también como enlace etimológico potencial con Hades como “un lugar nunca visto”. Se creía que el dios Hermes guiaba las almas al río Estigia en el inframundo, donde el anciano barquero Caronte las transportaba hasta las puertas del Hades. Allí, Cerbero, del que además salían serpientes de su cuerpo, custodiaba el lugar para retener las almas en lugar de impedir la entrada de otras. Como pago a Caronte, los familiares del difunto colocaban una moneda en la boca del fallecido (para los griegos, la moneda tradicional era el óbolo, de bajo valor). Los que no eran enterrados o carecían de los medios para pagar al barquero estaban condenados a vagar por la Tierra como fantasmas. Esta creencia sugiere la naturaleza ambigua del Hades. No era necesariamente un lugar de tormento y sufrimiento, sino, en la mayoría de los casos, simplemente el lugar de descanso final del alma. Al llegar a las puertas del Hades, el destino final de las almas se determinaba mediante una evaluación de sus acciones en vida. Su llegada se representa de manera reiterada en los lécitos (vasos funerarios) atenienses del siglo v a. C. y es difícil asociar esta figura a un periodo anterior al siglo vi antes de Cristo. Aunque Caronte no aparece en las primeras fuentes mitológicas, existía la superstición de que los difuntos no accederían al inframundo a no ser que recibieran un funeral adecuado, siendo el ejemplo más célebre el funeral de Patroclo y Héctor en la Ilíada. Alternativamente, Hermes también guiaría a los difuntos hacia el inframundo y aparece en el libro 24 de la Odisea de Homero, también recurrente en los lécitos funerarios. El Hades era célebre por sus puertas, ya que uno de los epítetos del dios homónimo era el de “guardián de la puerta”. En algunas fuentes griegas el Tártaro es un sinónimo de inframundo, mientras que en otras referencias es un reino completamente separado. Hesíodo describe el Tártaro como el punto más profundo del inframundo. Al igual que el Hades, es tan oscuro que “la noche lo rodea tres veces como un collar al cuello, mientras que por encima crecen las raíces de la tierra y del océano sin cultivar”. Los habitantes más célebres del Tártaro son los titanes, a los cuales Zeus expulsó junto a su padre Crono tras haberlos derrotado. Homero escribió que Cronos se convirtió en el rey del Tártaro. Según el Gorgias de Platón (c. 400 a. C.), las almas eran juzgadas tras la muerte y en el Tártaro los malvados recibían el castigo divino. El Tártaro también se consideraba una fuerza primordial o deidad junto algunas entidades como la Tierra, la Noche y el Tiempo. En el inframundo griego, las almas de los difuntos seguían existiendo, pero eran insustanciales y vagaban sin ninguna motivación. Los difuntos en el inframundo homérico carecen de fuerza, y por lo tanto no influyen en los vivos. Asimismo, no poseen sentido común, por lo que ignoran todo lo que les rodea y la tierra sobre ellos. Sus vidas en el inframundo son neutrales, todos los estatus sociales y cargos políticos desaparecen y nadie puede beneficiarse de su vida anterior en el inframundo. La idea de progreso no existía allí, en el momento del fallecimiento, porque la psique se congelaba, tanto en experiencia como en apariencia. Eso quiere decir que las almas del inframundo no envejecían ni cambiaban de ninguna manera, de hecho, su apariencia era la misma que en su fallecimiento. Si alguien moría en batalla, iría eternamente cubierto de sangre, mientras que, si habían fallecido pacíficamente, se mantendrían de esa manera. En definitiva, los difuntos griegos eran considerados irritables y desagradables, pero no peligrosos ni malignos. Podían enojarse si sentían una presencia hostil cerca de sus tumbas, por lo que se les proporcionaban ofrendas para apaciguarlos y no enfadarlos. La mayoría ofrecían ofrendas de sangre porque necesitaban la esencia de la vida para comunicarse y tener conciencia de nuevo. Este hecho es mostrado en la Odisea de Homero, cuando Odiseo (Ulises) ofrece sangre de oveja para interactuar con las almas, como la de Aquiles. Aunque es un lugar exclusivo para los difuntos, algunos héroes consiguieron entrar vivos como Heracles, que acudió a capturar a Cerbero en el último de sus doce trabajos; Odiseo, que buscó el consejo del sabio Tiresias; Orfeo, que encontró a Eurídice; y Teseo y Pirítoo, que capturaron a Perséfone para que se casara con él. Sin embargo, estos dos últimos héroes fueron menos afortunados que los demás, ya que Hades los aprisionó en dos tronos (o los ató a dos rocas, según otros relatos), y solo Teseo logró escapar del inframundo cuando Hércules lo liberó.

miércoles, 21 de octubre de 2026

FRANCIA: Un país en llamas

Francia está que quema en este arranque de otoño. Y no precisamente por el cambio climático. Mientras Emmanuele Macron discute sobre dónde aplicar la tijera para podar los presupuestos nacionales, con el objetivo de seguir destinando ingentes cantidades de dinero a Ucrania en su guerra suicida contra Rusia, decenas de miles de jóvenes han salido a las calles en movimientos de protesta con un nexo en común, autoproclamándose como “la expresión del desasosiego de la juventud ante el futuro y el descontento por un presente caracterizado por la precariedad”. Sin embargo, las insuficiencias del sistema educativo entre otras exigencias, han sido el pretexto utilizado por estos grupos violentistas - que de “estudiantes” no tienen nada y que en realidad están conformados por miles de inmigrantes musulmanes procedentes especialmente de Argelia - para desatar el caos y la violencia en las calles de Paris y otras ciudades francesas, saqueando e incendiando locales públicos y privados, así como destruyendo y vandalizando monumentos históricos, dirigidos por los resucitados ‘chalecos amarillos’, un grupo terrorista afín al comunista Jean-Luc Mélenchon, cabecilla de la Francia Insumisa (LFI) y candidato al Eliseo en las elecciones del próximo año. Todo incendio empieza por una chispa y en Francia, como es habitual, empezó en los suburbios. La revuelta de los “estudiantes de bachillerato” de todo el país, que tiene en este momento contra las cuerdas al gobierno de Sébastien Lecornu, se inició el 17 de septiembre en el liceo Antoine de Saint-Exupéry de Créteil, al sudeste de París, cuando los “alumnos” se unieron a una huelga del profesorado en protesta por la falta de personal y de recursos, bloqueando el instituto. Pasados unos días, ya eran una decena los liceos implicados, una cifra que alcanzó rápidamente el millar. En las últimas semanas se han sucedido multitudinarias manifestaciones, que han acabado muchas veces en enfrentamientos con los antidisturbios y actos de violencia protagonizados por estos grupos radicales, mientras crecen interesadas voces críticas hacia la fuerza utilizada por la policía, pero que a su vez apoyan la asonada terrorista de Mélenchon. La violencia se amplió el último fin de semana, dándose una confluencia con otros movimientos terroristas, como el los ‘chalecos amarillos’, que entre el 2018 y el 2019 hicieron temblar a Francia. Junto a la reivindicación de más profesores para cubrir las bajas y más recursos -10.000 millones de euros más para educación -, los “estudiantes” reclaman también la supresión del actual sistema de acceso a la universidad, en manos hoy de una plataforma (Parcoursup) gobernada por un algoritmo que consideran opaco y -sospechan- discriminatorio, y que es probablemente el problema inmediato que más angustia les produce. La protesta nació del malestar por el coste de la vida y la pérdida de poder adquisitivo, en especial por el precio que han alcanzado los carburantes. Curiosamente, en el 2018 fue también la ecotasa -unos céntimos en el precio de la gasolina y el gasóleo- lo que encrespó los ánimos. Luego se añadieron otras reivindicaciones. Hoy los carburantes son mucho más caros que entonces, una media de 2,30 euros por litro de gasolina de 95 octanos. Son los jóvenes que han vivido siempre bajo la angustia de la urgencia climática y los que, en el caso de la Francia de Macron, ven amargamente cómo se incumple la promesa meritocrática de la educación como instrumento de emancipación. Con un déficit del 5,4% del PIB, una deuda acumulada que roza el 120% y una prima de riesgo que ha escalado hasta el nivel más alto desde la crisis del euro en el 2012, las opciones del Gobierno francés son limitadas. La tensión propia de una precampaña electoral exacerba los ánimos y da alas a quienes buscan incendiar el conflicto social para sacar beneficio en las urnas. A ello debemos agregar que la atmósfera de fin de reinado, con Macron al término de sus dos mandatos por un total de diez años, contribuye a la parálisis. Cabe precisar que las violentas protestas son un caso paradigmático de “confluencia de luchas”, que ha servido de catalizador para encauzar otros sectores descontentos en la sociedad francesa, siempre dispuesta lanzarse a la calle. Los partidos de ultraizquierda, especial La Francia Insumisa (LFI), buscan capitalizar el momento, por lo que es inevitable no interpretar estas protestas con el trasfondo de la campaña electoral de las presidenciales, que se celebrarán el 18 de abril y el 2 de mayo del 2027. Pero tal “convergencia de luchas”, o simplemente la suma de cabreos, se trasformó, como se esperaba, en una orgía de violencia a cargo de los salvajes habituales que nada tienen que ver con el grueso de los estudiantes de institutos. La degradación de la vida política en Francia y la impotencia del Gobierno para hacer frente a la violencia de los grupos organizados de ultraizquierda volvió a quedar reflejada ante el mundo en una serie de imágenes vergonzosas para la otrora sexta potencia mundial. Ayuntamientos, como el de Marsella, asaltados; edificios oficiales o privados incendiados, material urbano destrozado. Todo ante la incapacidad y contención de las fuerzas policiales, temerosas de ser acusadas de “matar”, como aúllan las huestes de LFI de Melenchón. Como sabéis, estos grupos de ultraizquierda bien organizados – conformado por argelinos llegados en pateras - que aprovechan cualquier protesta para destrozar y desestabilizar el orden público. La jornada de protesta del 17 de octubre, que tenía como denominador común la preocupación por “la vida cara”, será recordada especialmente por la ira de los comerciantes que vieron saqueados sus negocios, por los ciudadanos que descubrieron sus automóviles abrasados en su propia calle, por el humo que entraba por las ventanas de sus casas… Al margen de los disturbios en el centro de París, los dirigentes de LFI - cobardes como todos los dirigentes izquierdistas que envian a su gente al matadero mientras ellos se recogen a buen recaudo - desfilaban lejos de los gases lacrimógenos entonando la Marsellesa y, sin duda, encantados con el clima de insurrección y caos que piensan alargar hasta la primera vuelta de las elecciones presidenciales, el 18 de abril próximo. El cabecilla de LFI declaraba que “la juventud estaba más movilizada que en mayo del 68”, mientras su séquito coreaba “Melenchón presidente”. Orgullosos pueden sentirse las huestes de Melenchón, ya que han atizado, manipulado y capitalizado las cinco protestas estudiantiles anteriores al enésimo sábado fatídico para la historia social en Francia. Para Marine Le Pen, favorita para sustituir a Macron en la presidencia, “las reivindicaciones sociales han vuelto a ser secuestradas por la extrema izquierda y los discursos de los diputados de Jean-Luc Melenchón que, legitimando la violencia, considerando el orden como una opresión, y el desorden como un derecho, busca llevar al país hacia el caos” asevero. El ruido de las granadas aturdidoras mezclado al de los cristales rotos y los adoquines golpeando los vehículos policiales ocultó las peticiones de los estudiantes de los institutos. Ni los manifestantes ni los políticos mencionaban ya la falta de profesores, o el estado de degradación de ciertos – no muchos – centros escolares. Mientras algunas calles ardían en París, Lyon o Marsella el palacio del Elíseo y el de Matignon monopolizaban buena parte de los efectivos antidisturbios. Macron y el primer ministro, Sebastien Lecornu, permanecían en sus sedes oficiales, protegidas por el temor a ser asaltadas como ocurrió en 2017. Hoy, las crisis se acumulan para el primer responsable de un régimen en semi-coma. carente de la confianza de sus administrados y cuya voz es completamente ignorada. A siete meses del final de su mandato, Macron es mucho más que un “pato cojo”. Al desprecio, cuando no odio, de sus compatriotas, debe unir la desconfianza de los inversores y de muchos de sus colegas europeos frente a la situación de las finanzas de su país. Una deuda que llega ya a 3,61 billones, de la que los nueve años de Macron son responsables de 1,34 billones; un déficit del 5,1% del PIB para el 2027. Con las finanzas en la UCI, el presupuesto que Lecornu quiere aprobar incluye recortes por 25.000 millones y una subida de impuestos de 17.000. Apuesta por un crecimiento de un 1%, cuando los especialistas lo fijan en un 0,5%; una inflación de un 1,8%, cuando en septiembre llegaba ya al 3%; tipos de interés limitados al 4.3%, cuando ya van a superar el 5%. Lecornu no convence a nadie, y mucho menos a los fondos especulativos que apuestan por la incapacidad de París para hacer frente a la deuda. Francia sigue siendo el país que dedica más al gasto público (57%) con unos servicios en estado catatónico, sin que ni los dirigentes de los últimos 40 años, ni los que se presentan para dirigir el país a partir del 2027 estimen necesario recortar el gasto social. Mientras, los saqueos, incendios, destrozos y los enfrentamientos con las fuerzas de orden público ofrecidas este sábado en directo a todo el planeta son testimonio gráfico, una vez más, de la ausencia de autoridad y de la incapacidad de un Emmanuel Macron en el fin de su desastroso reinado. De esta manera, a seis meses de unas elecciones presidenciales, en las que la ultranacionalista Marine Le Pen, del Reagrupamiento Nacional (RN) parte como la gran favorita, este país afronta una crisis múltiple que refleja un descontento común con otras sociedades occidentales y frente al cual el margen de maniobra de quienes gobiernan es cada vez más reducido. Al respecto, el presidente del RN, Jordan Bardella, ha dicho que el movimiento contestatario es una excusa para los grupúsculos de extrema izquierda y hostiles a la policía, que actúan por órdenes del ultraizquierdista Mélenchon, por lo que reiteró su pleno apoyo a las fuerzas de seguridad. Bardella no dudó que a medida que se acerque los comicios, los desórdenes y la violencia se incrementaran por obra de quienes buscan ganar a rio revuelto. Si eso es así, el RN y los medios afines lo explotarán al máximo para extender el mensaje de una Francia donde falta autoridad y mano dura, para seguir creando las condiciones de una arrolladora victoria de Le Pen la próxima primavera. Las hordas terroristas de Mélenchon están al acecho y solo ella será capaz de enfrentar y vencer tal amenaza. Es indudable el interés electoral del candidato de LFI en desestabilizar al país, ya que está muy por detrás de Le Pen. Las protestas le han proporcionado una ocasión única para profundizar en su estrategia de oposición total a la política de Macron y acercamiento a la juventud. Los incendiarios llamamientos en redes sociales a un movimiento más amplio, que destruyan, roben e incendien todo a su paso, es música para los oídos de Mélenchon - cuyo partido debe ser ilegalizado - a quien no le interesa en absoluto el destino de Francia y solo quiere verla destruida, creyendo que así podrá llegar al Eliseo. En cuanto a Macron, a quien sus partidarios llamaban pomposamente Le Roi, comparándolo con Luis XIV, vive sus horas de agonía y bien puede terminar como Luis XVI, en la guillotina... o algo peor. (Por cierto, en lo que es considerado una gran derrota para Donald Trump, la provincia de Alberta - rica en petróleo - rechazo por una aplastante mayoría del 76%, independizarse de Canada e “integrarse” en los EE.UU. tal como lo pretendía el inquilino de la Casa Blanca. De nada le valió a este la campaña desestabilizadora que orquesto ni sus ‘fake news’ para lograr su pérfido cometido...)

ROADSTER: El auto “volador” de Tesla

En una propagandística presentación, Tesla mostró en sociedad al que denomino “el auto del futuro”: Roadster. Un vehículo eléctrico deportivo biplaza, que cuenta con propulsores de SpaceX que le permiten “volar”. Bueno, al menos puede suspenderse en el aire y una que otra maniobra, antes de aterrizar posteriormente, aunque cabe reconocer que es el primero de su tipo con estas características. La muestra realizada en Texas, Estados Unidos, fue encabezada por el propio Elon Musk, quien fue el encargado de presentarlo en sociedad. El vehículo fue desarrollado por Tesla y en colaboración con otra de las empresas de Musk, SpaceX. Durante la presentación del prototipo en las instalaciones de pruebas de cohetes de SpaceX en McGregor, el flamante Roadster ingresó por una rampa perpendicular y mediante un exclusivo sistema de succión pudo girar en el aire a través de los propulsores integrados y descender con normalidad, ante la mirada atónita de todos los presentes. "Bueno, ha funcionado", celebró Musk, tras la maniobra y en medio del griterío generalizado del auditorio. Según confirmó en la presentación, Roadster utiliza aire comprimido almacenado a muy alta presión en lugar de combustible convencional para cohetes. Se dice que el prototipo, además de suspenderse en el aire, puede acelerar de 0 a cerca de 100 kilómetros por hora en 1,6 segundos, y utiliza un sistema de succión bajo la carrocería para aumentar la adherencia al asfalto. Según anticiparon desde Tesla, la producción del vehículo comenzaría de forma masiva dentro de poco más de un año, en el 2028. Y por lo pronto, se anunciaron tres versiones: Performance, Thrust y Rocket. La versión Thrust incorporará propulsores traseros que reducirán la aceleración a menos de 0,9 segundos; mientras que la Rocket, de una sola plaza, podrá despegar y maniobrar en el aire, además de alcanzar casi 100 kilómetros por hora en menos de 0,59 segundos, según las especificaciones anunciadas por Tesla. La compañía también aseguró que el deportivo podrá superar los 370 kilómetros por hora y ofrecer una autonomía de carga superior a 480 kilómetros. Según aclararon los propios organizadores, el Roadster se manejó de manera remota durante su presentación. Y el giro y el descenso controlado no fue lo único que hizo. Además, saltó y dio un giro en el aire por encima de una hilera de vehículos de la misma marca. Musk afirmó que Roadster será el único automóvil de Tesla diseñado para la conducción manual a largo plazo, mientras la compañía concentra sus esfuerzos en los vehículos autónomos y la robótica. El empresario reconoció que el deportivo no está necesariamente "optimizado para la seguridad", lo que, por lo pronto, plantea interrogantes sobre su homologación para circular por carreteras públicas. Por cierto, la demostración no significa que el automóvil pueda “volar” de manera sostenida. Lo presentado fue un vehículo que se impulsó desde una rampa y aterrizó sobre sus ruedas, mientras que la aspiración de Musk es incorporar propulsores que le permitan elevarse sin dejar de ser un auto para circular por carretera. “El éxito no está garantizado”, señaló en la presentación. “Lo digo en serio. Probablemente funcione, pero si no funciona, estaremos a una distancia prudencial” asevero. Como recordareis, hace casi una década, Tesla hizo el anuncio sore un auto “volador”, viene trabajando en el proyecto y este es su prototipo. Aunque Musk y sus socios no especificaron el precio de salida que tendrá Roadster, se especula que la unidad tendrá un valor base de unos 200.000 dólares. Un par de horas más tarde de la presentación, Elon Musk realizó una publicación en X con la frase "Resulta que el futuro sí tiene autos voladores". El posteo lo completó con una toma especial del Roadster saltando a varios vehículos o haciendo un giro en el aire por encima de ellos. Pero incluso con el éxito del evento, queda por demostrar si el auto realmente podrá estar a la altura de lo prometido y ofrecer a sus propietarios la capacidad de volar en lugar de simplemente saltar, al tiempo que pueden conducir a gran velocidad en carretera. Y es muy difícil afirmar si el auto sea capaz de “volar” de verdad, como lo pregona Musk. Desde luego, no hubo ninguna demostración de vuelo de largo alcance. En los últimos años se han producido muchos avances en las aeronaves eléctricas de despegue y aterrizaje vertical, conocidas como eVTOL. Si bien existen algunos modelos funcionales, aún quedan muchos obstáculos de ingeniería para lograr vehículos aptos para circular por carretera que realmente puedan volar. “Los aviones son extremadamente sensibles al peso, mientras que en los vehículos terrestres se necesitan parachoques, zonas de deformación programada y demás”, declaró antes del evento Roger Connor, especialista de vuelo vertical del Museo Nacional del Aire y el Espacio del Smithsonian. “Inevitablemente, un híbrido entre ambos será un avión y un vehículo de bajo rendimiento, además de bastante caro”. Un prototipo en desarrollo, fabricado por la empresa emergente californiana Alef, ha logrado elevarse en el aire gracias a ocho hélices: cuatro delanteras y cuatro traseras. Sin embargo, el vehículo pesa 115 kilogramos, una fracción mínima del peso de un Tesla Roadster. Además, solo puede transportar a una persona, cuyo peso debe ser inferior al del propio vehículo. Antes de la demostración de Tesla, el director ejecutivo de Alef, Jim Dukhovny, declaró que no le sorprendería que Tesla lograra hacer despegar su Roadster durante el evento, tal como ocurrió luego. Sin embargo, eso no significa que realmente pueda “volar”. “Es absolutamente factible al 100%”, afirmó. “Dicho esto, la parte más difícil en todos los eVTOL, y para nosotros, es la transición del ascenso vertical al avance. Hay que tener muchísimo cuidado, asegurándose de no perder sustentación y de que sea muy estable”. Conner también expresó sus dudas de que un vehículo homologado para circular por carretera, como un Roadster, pudiera volar a cualquier lugar al que su propietario quisiera ir. “No estamos hablando de un vuelo sostenido”, indicó. “Estamos hablando, literalmente, de dar pequeños saltos” puntualizo.
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