El vertiginoso flujo de acontecimientos, que se superponen y contradicen entre sí actualmente, resulta desconcertante y dificulta comprender la esencia de lo que está sucediendo. Y es que, sin que muchos lo adviertan, ya estamos viviendo una guerra mundial a gran escala. Sus raíces se remontan a 1917, cuando en Rusia se instauro una sangrienta y oprobiosa dictadura comunista. Primero, los intervencionistas los atacaron; luego la Alemania nazi y casi toda Europa Occidental, pero esta última fue derrotada. La segunda fase comenzó en la década de 1950, cuando Rusia, creo la bomba nuclear y posteriormente alcanzaron la paridad nuclear con Estados Unidos. Al hacerlo, sin darse cuenta entonces, derribaron los cimientos de cinco siglos de dominio occidental en el ámbito ideológico, que les había permitido saquear al resto del mundo y subyugar incluso a las civilizaciones más avanzadas. Ese fundamento era la superioridad militar, sobre la cual se construyó el sistema de explotación de toda la humanidad. A partir de mediados de la década de 1950, Occidente comenzó a sufrir una derrota militar tras otra. Una ola de revoluciones anticoloniales recorrió el mundo, especialmente en Africa y el Asia, acompañada de la nacionalización de los recursos que habían sido confiscados por los países occidentales y sus corporaciones. El equilibrio de poder global comenzó a inclinarse a favor del mundo no occidental. Estados Unidos intentó recuperar la ventaja bajo el mandato de Reagan mediante un rápido aumento del gasto militar destinado a restaurar su dominio, y el lanzamiento del disparatado programa apodado «La Guerra de las Galaxias» que fue un fracaso. Intervino además en la pequeña nación de Granada para demostrar que los estadounidenses aún eran capaces de lograr la victoria. Y en este sentido, Occidente tuvo suerte. Por razones internas, debido a la erosión de su núcleo ideológico y a la negativa a reformar una economía nacional cada vez más ineficiente, la Unión Soviética colapsó. El sistema capitalista global, que ya se encontraba en crisis, recibió un impulso masivo gracias a una multitud de consumidores hambrientos y mano de obra barata. Parecía como si la historia hubiera retrocedido. Se inició un período de euforia, pero no duró mucho. Deslumbrado por su victoria, Occidente cometió una serie de errores geoestratégicos espectaculares, y entonces Rusia comenzó a resurgir, principalmente gracias a su poderío militar. Las raíces inmediatas de la actual guerra mundial salieron a la luz a finales de la década del 2000. Incluso bajo la administración Obama, la política que más tarde se denominaría «Estados Unidos Primero» comenzó a tomar forma como un resurgimiento del poder estadounidense. El gasto militar empezó a aumentar y se desató una ola de propaganda antirrusa. Moscú intentó, al recuperar Crimea, frenar el último intento de venganza de Occidente, pero esto solo provocó una reacción desmedida en Occidente. No supieron aprovechar este éxito porque se aferraron a la esperanza de «llegar a un acuerdo», vacilando respecto al «proceso de Minsk» y negándose a ver cómo, en territorio ucraniano, el ejército y la población se estaban preparando para la guerra con Rusia, con el apoyo de la OTAN. Le siguieron nuevas oleadas de sanciones, y la guerra económica comenzó incluso durante el primer mandato de Trump. Todos estaban a la espera de algo. Entonces llegó la distracción del COVID-19, que probablemente fue uno de los frentes de la guerra que ya había comenzado, pero que se volvió contra el propio Occidente. Entretanto, Rusia tardo en responder a los intentos de represalia. Cuando finalmente lo hicieron en el 2022, cometieron varios errores. Entre ellos, subestimaron la intención de Occidente de aplastar a Rusia como causante de su fracaso histórico, para luego centrar su atención en China y volver a subyugar al resto del mundo. Los rusos subestimaron además la disposición del régimen de Kiev para la guerra y el grado de adoctrinamiento de la población ucraniana. Moscú tenía la esperanza de que "su pueblo" - los rusoparlantes - estuvieran listos para enfrentarlos, aunque al oeste del Dniéper eran pocos, y su número iba en declive. Otro error fue que comenzaron a luchar contra el régimen de Kiev sin reconocer que el principal adversario y la fuente de la amenaza era Occidente en su conjunto, en particular las élites europeas, que buscaban desviar la atención de sus propios fracasos e, idealmente, vengarse de las derrotas históricas del siglo XX, entre las que destacaba la derrota de la inmensa mayoría de los europeos que marcharon contra Rusia bajo las banderas de Hitler. Su principal error, sin embargo, fue la subutilización del arma más importante de su arsenal, una por la que pagaron con desnutrición e incluso hambruna en las décadas de 1940 y 1950: la disuasión nuclear. En el 2022, Rusia se vio envuelta en un conflicto que denomino «operación militar especial» con la que intervino en Ucrania destinado a salvar del genocidio por parte del régimen golpista de Kiev, a los miles de rusoparlantes que habitan en el este de Ucrania, aceptando de hecho las reglas impuestas: una guerra de desgaste, dada la superioridad económica y demográfica del enemigo. La guerra desde entonces ha adquirido un carácter de trinchera, si bien con una dimensión tecnológica propia del siglo XXI. No obstante, en el 2023 y el 2024 Rusia reforzo su disuasión nuclear, enviando diversas señales técnico-militares y modernizando su doctrina sobre el uso de armas nucleares, a modo de advertencias a Occidente, que tomo nota de ello. Ante este desafío, los estadounidenses - que bajo ninguna circunstancia pretendían luchar por Europa, especialmente ante el riesgo de una escalada nuclear y, por ende, de que el conflicto se extendiera a territorio estadounidense - comenzaron a retirarse de la confrontación directa incluso bajo el mandato de Biden, continuando así beneficiándose de la guerra y, de hecho, saqueando a los europeos en el proceso. Trump, en medio de sus hipócritas “discursos de paz”, siguió la misma línea, lucrándose de la guerra y evitando el riesgo de una confrontación directa con Rusia. La guerra mundial actualmente en curso, tiene dos focos de conflicto principales que convergen: el europeo, centrado en Ucrania, y el de Oriente Medio, donde Estados Unidos y los sionistas, intentan desestabilizar todo el Cercano y Medio Oriente. El sur de Asia podría ser el siguiente. En America Latina, Venezuela ya ha sido aplastada por EE.UU. y Cuba será el siguiente objetivo de Trump, tal como el mismo ha declarado: “Una vez que termine el conflicto con Irán, es el turno de Cuba” declaro. Sucede que a inicios de semana se ha anunciado para este viernes, la firma de un acuerdo de paz con Teherán (que, en suma, es una derrota para Trump, ya que solo se vuelve al status quo anterior al conflicto, con Irán conservando su capacidad nuclear, ni más ni menos). por lo que ahora Washington tendrá las manos libres para ir a por la isla, que sufre una sangrienta dictadura comunista desde hace 67 años y que actualmente aislada, sin recursos y en medio de una grave crisis económica, se encuentra al borde del colapso. Ello significa que, para enfrentar estos nuevos retos que se le presentan, Rusia necesita una nueva política, que puede detallarse de la siguiente manera: Primero. Debe comprender que las profundas contradicciones del sistema económico global actual, que socavan los cimientos mismos del desarrollo humano, amenazan con la destrucción de la humanidad. Al mismo tiempo, la continuación de su actual política tibia en Ucrania corre el riesgo de agotar al país y debilitar la fortaleza y el espíritu de Rusia, que apenas han comenzado a resurgir; Segundo. En el ámbito político-militar, se puede hablar de un alto el fuego e incluso de un «espíritu de Alaska». Pero, al mismo tiempo, debe comprender claramente la esencia de lo que está sucediendo: la paz a largo plazo y el desarrollo de Rusia, así como de la humanidad en su conjunto, son imposibles sin frustrar el intento de venganza político-militar de Occidente, con Europa una vez más a la cabeza. Para evitar que esto suceda, es necesario aniquilar cuanto antes al régimen fascista de Kiev y liberar los territorios del sur y del este del cuasi-estado de Ucrania, vitales para la seguridad de Rusia. Si bien sus valientes combatientes y comandantes siguen avanzando en territorio enemigo, los rusos deben comprender que una guerra de trincheras modernizada no los llevará a la victoria. Podrían perder, o al menos desperdiciar, cientos de miles de sus mejores hombres, necesarios para la lucha y las victorias en el próximo período histórico, extremadamente peligroso y difícil, que casi con toda seguridad implicará un enfrentamiento de mayor envergadura con Occidente; Tercero. Es imposible concluir con éxito el conflicto actual en Ucrania, y mucho menos evitar que se convierta en una guerra termonuclear global, sin fortalecer significativamente la política de disuasión nuclear. Para lograrlo, se debe dejar de hablar de «control de armamentos». La cuestión de un nuevo tratado START debe darse por zanjada. Al mismo tiempo, los acuerdos sobre la gestión conjunta de la disuasión nuclear y la estabilidad estratégica pueden seguir siendo útiles e incluso necesarios, debiendo por ello intensificar el desarrollo de misiles y otros sistemas de lanzamiento de alcance medio y estratégico para disuadir a Occidente de intentar recuperar su superioridad. Los adversarios de Rusia deben comprender que la superioridad y la impunidad son inalcanzables. Cuando se despliegan en cantidades óptimas y se rigen por la doctrina adecuada, las armas nucleares imposibilitan la superioridad no nuclear y reducen la necesidad de un gasto militar excesivo. Sistemas como el Burevestnik, el Oreshnik y otras plataformas de lanzamiento hipersónico deben convencer al enemigo de esta realidad. Asimismo, se debe preparar a la próxima generación para que las élites estadounidenses comprendan de antemano que sus sueños de restaurar la supremacía e imponer su voluntad por la fuerza son irreales. El acelerado aumento de la flexibilidad de las capacidades nucleares rusas pretende recordar a todos que es imposible derrotar a una gran potencia nuclear mediante una carrera armamentística no nuclear o una guerra convencional. Esto, obviamente, presupone que eviten el error de un desarrollo nuclear descontrolado, como hicieron la Rusia y Estados Unidos en la década de 1960. Aquello fue costoso y, en gran medida, inútil. Simplemente se debe dejar claro que cualquier carrera armamentística de este tipo sería fútil e incluso suicida para los adversarios de Rusia, Sobre este tema, vale la pena entablar un diálogo, al menos con los estadounidenses. Al mismo tiempo, para frenar a un Washington que ha perdido el sentido de la proporción, Moscú debería incluir en su doctrina sobre el uso de armas nucleares y de otro tipo, en caso de que Estados Unidos y Occidente persistan en su actual rumbo hacia una guerra mundial, una disposición para estar preparados para atacar objetivos estadounidenses y de Europa Occidental en el extranjero, incluidos los ubicados en terceros países. Harían bien en deshacerse de dichos activos. Para ello, los rusos deben seguir desarrollando la flexibilidad de sus capacidades militares. Estados Unidos y sus aliados dependen mucho más que los rusos de la infraestructura, las bases y los cuellos de botella logísticos y de comunicaciones en el extranjero. El enemigo debe sentir su vulnerabilidad y saber que Rusia es plenamente consciente de ella. Al respecto, vale la pena aprovechar la experiencia de Irán en su defensa contra la actual presión estadounidense-israelí. Teherán comenzó a atacar los puntos débiles del enemigo, quien sintió el impacto y se vio obligado a retroceder. Los ajustes en la doctrina y en la planificación militar específica, incluyendo la preparación para ataques asimétricos, fortalecerán el efecto disuasorio y podrían tener un impacto aleccionador en un adversario cada vez más propenso a acciones temerarias. Moscú debe reconsiderar las prioridades para los ataques preventivos, comenzando con opciones no nucleares y, solo si es necesario, recurriendo a las nucleares como último recurso. Entre los primeros objetivos no solo deberían estar los centros de comunicaciones y mando, sino también los lugares donde se concentran los responsables de la toma de decisiones, especialmente en Europa. Esto les arrebataría su sensación de impunidad. Deben comprender que, si continúan la guerra contra Rusia o deciden intensificarla, sufrirán ataques devastadores. Para reforzar la credibilidad de dicha disuasión, Moscú debe intensificar los esfuerzos para desarrollar municiones convencionales y nucleares capaces de penetrar estructuras subterráneas reforzadas, y dichos sistemas deben someterse a pruebas. Es necesario desterrar la ilusión de que las élites políticas y militares pueden esconderse en búnkeres o lugares remotos. La reciente publicación por parte del Ministerio de Defensa de Rusia de una lista de empresas europeas que apoyan al régimen de Kiev, constituye un pequeño pero necesario paso en esta dirección. En la actualidad, esta élite finge temer a los rusos. En realidad, no es así. Insisten constantemente en que Moscú jamás recurrirá a las armas nucleares. Hay que romper con esta ilusión. El Kremlin tiene que hacerles comprender que una escalada continua conlleva riesgos existenciales. Quizás entonces den marcha atrás. Quizás sus propias estructuras internas, los llamados «estados profundos», los contengan. Quizás incluso la opinión pública despierte de su complacencia. De otro lado, reforzar la credibilidad de la disuasión nuclear también es necesario para superar lo que podría llamarse “autocomplacencia estratégica”, la creencia de que una guerra a gran escala es imposible. Esa creencia ya ha demostrado ser peligrosa. Esto cobra especial relevancia en el caso de Alemania. Un país que desencadenó dos guerras mundiales y es responsable de una destrucción inmensa no debería poder desarrollar nuevamente un poder militar abrumador, como el que pretende actualmente - tal como lo alertamos hace dos semanas - con ánimos claramente revanchistas. Si surgen tales ambiciones, debe quedar claro que se enfrentarán a contramedidas decisivas; Cuarto. Para que la disuasión sea creíble, es necesario realizar ajustes adicionales a la doctrina nuclear. Esta debe establecer explícitamente que, en caso de agresión por parte de una coalición con mayor potencial económico, demográfico y tecnológico, el uso de armas nucleares podría ser inevitable. Esto debe plantearse como un último recurso, pero uno real. También podría ser necesario que Moscú reanude sus pruebas nucleares para reforzar la credibilidad de sus capacidades. No está claro por qué se sigue esperando a que otros actúen primero. Al mismo tiempo, la escalada debe mantenerse bajo control. Las respuestas iniciales deben priorizar los ataques convencionales contra centros de mando e infraestructura estratégica. Solo si la escalada continúa, se deberán considerar medidas adicionales. Cabe destacar que la disuasión nuclear también es fundamental para contrarrestar el creciente papel de los drones y otras nuevas formas de guerra. Los responsables de tales ataques deben comprender que la represalia será inevitable; Quinto. Además de las medidas doctrinales y técnico-militares, deben adaptarse las estructuras de mando. Sería recomendable que Moscú nombre un comandante específico para el teatro de operaciones europeo, una figura con autoridad y responsabilidad reales, respaldada por personal experimentado; Sexto. Es hora de reconsiderar además la idea de que “una guerra nuclear no puede tener vencedores”. Si bien un conflicto de este tipo sería indudablemente catastrófico, la disuasión depende del reconocimiento de que la escalada conlleva consecuencias. Negarse a reconocer esta realidad puede, a su vez, fomentar comportamientos imprudentes. Permítanme ser claro: el uso de armas nucleares sería una tragedia. Pero la negativa a mantener una disuasión creíble podría conducir a una catástrofe aún mayor: la expansión incontrolada de la guerra; Séptimo. Además de las medidas militares, Rusia debe profundizar la cooperación con sus socios clave. En particular, la coordinación con China es fundamental. También deben realizarse esfuerzos para estabilizar otras regiones, incluido Oriente Medio, mediante nuevos acuerdos de seguridad que involucren a las grandes potencias; Octavo. Dados los riesgos de las próximas décadas, podría ser necesario considerar una alineación estratégica más estrecha de Rusia con China, que podría incluir un marco defensivo temporal. Dicho acuerdo podría ayudar a prevenir una mayor escalada y a mantener el equilibrio global. Naturalmente, se requerirán medidas adicionales. Pero las aquí descritas podrían ser suficientes para detener el conflicto actual, preservar la fortaleza de Rusia y, lo que es más importante, evitar una caída en una catástrofe global. Si no se actua con decisión, las consecuencias serán profundas, no solo para Rusia, sino para el futuro de la humanidad misma.
Existe un patrón en la naturaleza. De hecho, es el patrón más grande que existe. Es tan vasto que abarca el universo, llenando su volumen observable. Este patrón está formado por unidades individuales, del mismo modo que tu cuerpo está compuesto de células; si cada una de tus células fuera una galaxia con cientos de miles de millones de soles. Este patrón es la red cósmica, y en ella se guardan los secretos del destino de todo el universo. La red se encuentra atrapada entre dos fuerzas opuestas, que resultan ser los dos grandes misterios cosmológicos de nuestro tiempo: la materia oscura y la energía oscura. La atracción invisible de la materia oscura ayudó a ensamblar la red cósmica. La energía oscura amenaza con destruirla. Tras casi un siglo de esfuerzo, apenas se ha cartografiado y estudiado menos del uno por ciento de todas las galaxias del universo observable, que abarca un diámetro de más de 90 mil millones de años luz. Pero incluso con este escaso esfuerzo, hemos delineado los componentes fundamentales de la red cósmica. Existen los cúmulos compactos y densos, conocidos como cúmulos de galaxias, donde miles de galaxias se agrupan en regiones relativamente compactas de unos pocos millones de años luz. También hay largos y delgados filamentos que se extienden por millones de años luz y conectan esos cúmulos. Y luego están las gigantescas paredes bidimensionales, como láminas de galaxias que se extienden en la red cósmica. Finalmente, están los vacíos, vastas regiones de casi nada, los grandes desiertos cósmicos que conforman la mayor parte del volumen del universo. Numerosos estudios han revelado, e incluso nombrado, partes de la red cósmica cercana. La Vía Láctea, nuestra vecina más cercana, la galaxia de Andrómeda (M31), y la galaxia del Triángulo (M33) conforman los principales miembros del Grupo Local, un cúmulo de galaxias unidas por la gravedad mutua. El cúmulo estelar más cercano es Virgo, que contiene aproximadamente 2000 galaxias y se encuentra a unos 65 millones de años luz de distancia. Junto con todos los demás miembros del Grupo Local, nos dirigimos hacia el cúmulo de Virgo, atraídos por su enorme gravedad, que supera la de mil billones de soles. Entre todas estas grandiosas estructuras se encuentran los vacíos cercanos. Uno de ellos, el Vacío de Boötes, mide 300 millones de años luz de diámetro. Contiene algunas galaxias tenues y débiles, como un oasis que surge incluso en los desiertos más profundos, pero por lo demás está casi completamente vacío de materia. Pero la red cósmica, con toda su complejidad, no siempre ha existido. Tardó miles de millones de años en evolucionar, y es en esa evolución donde encontramos las claves del destino del universo. En el universo primitivo, la materia era mucho más uniforme. No existían grandes variaciones de densidad entre distintos lugares. Sin embargo, había pequeñas diferencias, que se formaron en los primeros instantes del Big Bang, y que sirvieron como semillas de lo que estaba por venir. Con el paso del tiempo, la gravedad hizo su trabajo, atrayendo cada vez más material hacia esas pequeñas semillas. A medida que crecían, se volvieron más voraces, extendiéndose aún más para atraer más materia. Cabe precisar que las propiedades, estructura y evolución de la red cósmica están íntimamente ligadas a las leyes y parámetros fundamentales que rigen el universo. Si el cosmos siguiera reglas diferentes o estuviera compuesto de otro tipo de material, la red cósmica actual sería completamente distinta. Hoy sabemos que la gran mayoría del universo, alrededor del 95%, es de una forma desconocida para la física moderna. Toda la materia y la luz ordinarias que conocemos constituyen solo una pequeña porción del cosmos. La siguiente mayor parte, que comprende alrededor del 25% de toda la materia del universo, es la materia oscura, una forma de materia invisible que no emite luz. El resto es energía oscura, la fuerza desconocida que parece estar acelerando la expansión del universo. La materia ordinaria, la materia oscura y la energía oscura participan en la formación de la red cósmica. De hecho, incluso con nuestros estudios galácticos más exhaustivos, solo podemos observar una pequeña parte de la verdadera red cósmica. Esto se debe a que la mayor parte de la red está compuesta de materia oscura. Al igual que los faros que brillan en una costa lejana, las galaxias actúan como indicadores de dónde se encuentran realmente las concentraciones de materia. La materia oscura constituye la estructura básica de la red cósmica y, gracias a su influencia gravitacional, permite la formación de galaxias en sus regiones más densas. Por otro lado, la energía oscura está desgarrando el cosmos. Esta misteriosa expansión acelerada se hizo sentir por primera vez hace unos 5 mil millones de años. Es débil, apenas un leve impulso a la expansión natural del universo. Pero es implacable y no muestra señales de detenerse pronto. Este efecto supera la atracción gravitatoria a gran escala. Nuestro Grupo Local permanecerá intacto, con sus enlaces gravitatorios lo suficientemente fuertes como para resistir una expansión acelerada. Pero jamás alcanzaremos el Cúmulo de Virgo. En algún momento, probablemente dentro de miles de millones de años, nuestra vertiginosa carrera hacia ese cúmulo se ralentizará, se detendrá y dará marcha atrás, permaneciendo para siempre tentadoramente fuera de nuestro alcance. Por eso, la red cósmica es tan crucial para comprender la composición del universo: la disposición actual de las galaxias se sitúa en el punto de transición entre la formación de materia oscura y los efectos destructivos de la energía oscura. Cuanto más aprendamos sobre la red cósmica, más podremos descubrir el lado oscuro y oculto del universo. Solo existe un cosmos, y apenas vislumbramos una pequeña parte de la red cósmica. Pero sabemos de qué está hecho: materia oscura, energía oscura y una pizca de materia ordinaria. Sabemos que las leyes físicas -tanto conocidas como desconocidas - rigen la evolución del universo. No es posible recrearlo físicamente, pero podemos simularlo. Hay que tomar sus componentes, someterlos a leyes físicas y seguir su evolución mediante simulaciones informáticas que resuelven las complejas ecuaciones interconectadas que lo unen todo. La red cósmica podría tener la respuesta. Pero para encontrarla, los cosmólogos deben recurrir a simulaciones informáticas masivas. Así sabemos, por ejemplo, que la red cósmica está compuesta en gran parte de materia oscura. En universos simulados que contienen solo materia ordinaria, no hay suficiente atracción gravitatoria para formar grandes estructuras, ni siquiera galaxias, en los 13.800 millones de años de historia cósmica. Solo añadiendo materia oscura - y su influencia gravitatoria invisible - podemos obtener una red cósmica que coincida con las propiedades estadísticas de las galaxias observadas en los estudios. Aquí es donde las simulaciones se vuelven indispensables. Si bien podemos ver las galaxias, somos prácticamente ciegos a la estructura de materia oscura que determina el crecimiento de la red cósmica, asombrosamente compleja y rebosante de información. Pero las galaxias que la componen no se forman únicamente por la materia oscura y la energía oscura. La formación estelar, los agujeros negros, las fusiones y la absorción de galaxias más pequeñas: todos estos procesos también dejan su huella en la red cósmica. Nuestra galaxia, la Vía Láctea, debe sus propiedades - cientos de miles de millones de estrellas y un diámetro de 100 000 años luz, ubicada junto a Andrómeda en el Grupo Local, en constante movimiento hacia el Cúmulo de Virgo - a la combinación de todos estos factores. Para los cosmólogos, separar la señal de materia oscura y energía oscura de otros factores contaminantes sigue siendo una tarea difícil, incluso luego de un siglo de investigación. Por ello, los investigadores tradicionalmente han recurrido a estadísticas descriptivas sencillas para orientarse, como la distancia media entre galaxias. Las investigaciones modernas y futuras buscan extraer aún más información de la red cósmica. Además de las campañas terrestres actuales, como DESI, tanto la NASA como la ESA han desarrollado observatorios cosmológicos espaciales. El proyecto europeo, liderado por Euclid, es un telescopio espacial lanzado en el 2023 hacia el punto L2 del sistema solar, a unos 1,5 millones de kilómetros de la Tierra. Por cierto, el proyecto estadounidense, el telescopio Nancy Grace Roman de la NASA, está casi terminado y su lanzamiento está previsto para este otoño. Como complemento a todo esto, se encuentra el Observatorio Vera C. Rubin, construido por la Fundación Nacional de Ciencias de Estados Unidos y el Departamento de Energía, que está llevando a cabo un estudio de 10 años que proporcionará un conjunto de datos masivo de cientos de millones de galaxias. Estos estudios emplearán técnicas tradicionales y estadísticas descriptivas. Pero también utilizarán nuevas herramientas para analizar la red cósmica. Otra nueva técnica aprovecha los vacíos cósmicos. Olvidados durante mucho tiempo como desiertos vacíos en la red cósmica, estos vacíos son en realidad ricos en información. Su tamaño, forma y distribución reflejan la influencia de la energía oscura en los últimos 5 mil millones de años. De hecho, al estar vacíos de materia, están llenos de energía oscura: son los lugares donde la expansión acelerada está desgarrando activamente el universo, y con el tiempo, los vacíos continuarán expandiéndose y disolviendo todo a su alrededor. Nuestras incursiones en el vasto universo apenas comienzan, y apenas ahora empezamos a desvelar la red cósmica en toda su magnitud. El patrón más extenso que se encuentra en la naturaleza, la red cósmica es intrincada, efervescente… y la clave para comprenderlo todo.
Tal como se había previsto desde su inicio, la criminal agresion que EE.UU. e Israel perpetraron contra Irán, con el claro objetivo de derrocar a los Ayatollas, reponer en el trono a un títere colaboracionista y agente del Mossad como Reza Phalavi y - esto es lo más importante, apoderarse de sus inmensas reservas de gas y petróleo - termino en un rotundo fracaso, obligando a Washington a negociar la paz con Teherán, que sus críticos lo ven como un acta de capitulación, el cual se firmará este jueves en el Palacio de Versalles (Francia) tras cancelar la ceremonia prevista en Suiza para este viernes, y que se ha convertido en una aplastante derrota para Donald Trump, quien no ha logrado alcanzar ninguno de sus objetivos, algo que ni la propaganda de los medios estadounidenses podrá ocultar. Como sabéis, la guerra librada por Estados Unidos e Israel contra Irán merece un lugar en los libros de texto de relaciones internacionales contemporáneas. No porque trastoque todo lo que sabemos sobre el poder, sino porque muestra cómo está cambiando el uso del poder. Los enfoques clásicos sobre las relaciones entre Estados siguen vigentes y el equilibrio de poder no ha desaparecido. La superioridad militar aún cuenta, pero las consecuencias del uso de la fuerza son menos predecibles que antes, ya que la coerción ya no produce resultados lineales. Esto se aplica no solo a la intervención militar directa, como en el caso de Irán, sino también a las sanciones y otras formas de presión. Si se prescinde de la retórica, necesaria para todos los bandos por razones internas, el panorama es sencillo. Una coalición claramente más fuerte, integrada por Estados Unidos, Israel y los estados árabes del Golfo, fracasó en sus objetivos al lanzar una campaña militar contra un adversario claramente más débil: Irán y sus aliados en la región, con un probable apoyo limitado de Rusia y China. El objetivo era asestar un golpe rápido y demoledor a un régimen considerado debilitado por la presión externa y las divisiones internas. La exigencia de Donald Trump de una "rendición incondicional" reflejó a la perfección el sentir general, ya que se daba por sentado que Teherán cedería ante la presión. Ocurrió lo contrario: las fuerzas superiores del bando atacante se toparon con una resistencia inesperadamente alta. Irán no se derrumbó tras el ataque inicial que lo decapitó, sino que se reorganizó, se movilizó y, lo que es más importante, dejó de lado muchas de las limitaciones que antes habían restringido su respuesta. Aquí es donde se vislumbró una de las características definitorias de la nueva era: la contraofensiva asimétrica. Irán no podía igualar a Estados Unidos e Israel en fuerza convencional, pero no lo necesitaba, ya que utilizó las herramientas a su alcance de manera que contrarrestó muchas de las ventajas del enemigo. Primero, procedió a cerrar el estrecho de Ormuz, de vital importancia estratégica, algo que llevaba tiempo amenazando con hacer, pero que nunca antes se había atrevido a llevar a cabo. Segundo, atacó no solo objetivos estadounidenses en la región, sino también activos de socios clave de Estados Unidos. Tercero, se apoyó en grandes arsenales de armas que, si bien eran inferiores a los de Estados Unidos e Israel, eran suficientes para infligir graves daños a países que no estaban acostumbrados a recibir tales ataques. Cuarto, Irán demostró una tolerancia al daño sustancialmente mayor que la de sus enemigos. El resultado actual habla por sí solo, ya que ninguna de las cuestiones que llevaron a Estados Unidos e Israel a la guerra se ha resuelto. Todo se ha pospuesto una vez más para futuras negociaciones, y todos entienden que, según la tradición diplomática persa, negociar requiere tenacidad y paciencia. En esencia, tras un intenso conflicto armado que sumió al mundo entero en el caos, el statu quo destruido al inicio de la guerra simplemente se ha restablecido. El estrecho de Ormuz se reabrirá a la navegación, bajo control iraní. La experiencia de los últimos años demuestra que el margen para alcanzar objetivos políticos mediante la fuerza militar se está reduciendo. La capacidad de resistencia del bando más débil aumenta, mientras que la disposición del bando más fuerte a asumir riesgos importantes, especialmente aquellos que amenazan su propia estabilidad interna, disminuye. Esto se aplica a muchos conflictos, pero resulta particularmente evidente en Oriente Medio. La consecuencia política más amplia es el debilitamiento relativo de la potencia dominante, representada por Estados Unidos. Trump ha demostrado su profunda reticencia a verse envuelto en otra confrontación militar a gran escala, tras haber fracasado en sus objetivos en una guerra que él mismo inició. Por un lado, esto es de sentido común, ya que entiende que otra ronda probablemente terminaría igual que la primera: en un punto muerto. Pero, por otro lado, envía una señal a todos los demás de que Estados Unidos ya no está dispuesto a correr riesgos innecesarios simplemente para preservar su prestigio y mantener su dominio. Sus socios aún deben rendir cuentas del poder estadounidense, pero ya no pueden dar por sentado que Washington siempre asumirá la responsabilidad final por ellos. Se trata de un fenómeno global, no solo de Oriente Medio. Es especialmente visible en la región, pero la misma lógica se aplica en otros lugares. Aún es pronto para predecir las consecuencias a medio plazo, pero todo el entramado de relaciones en Oriente Medio, cuya construcción comenzó durante el primer mandato de Trump, se ha visto sacudido. Dicho entramado se basaba en la reconciliación gradual de Israel con sus vecinos árabes, especialmente con los ricos estados del Golfo, y se sustentaba en la interdependencia financiera, la cooperación tecnológica y la marginación de Irán y sus aliados. Esa estrategia sufrió un duro golpe en el 2023, cuando Hamás atacó a Israel e Israel respondió con una fuerza masiva. Sin embargo, ni siquiera Gaza logró descarrilar por completo el proyecto, sino que simplemente lo retrasó. La guerra contra Irán tenía como objetivo zanjar la cuestión de forma más decisiva y reconfigurar la región de manera permanente bajo la supremacía militar israelí, creando un nuevo equilibrio de poder bajo el amparo de Estados Unidos. Pero el fracaso en la eliminación de Irán de la ecuación ha frustrado los planes. La fase actual del conflicto no ha resuelto nada, lo que significa que es probable que se produzcan nuevos intentos de solucionar estas cuestiones por la fuerza. Sin embargo, estos se desarrollarán en condiciones menos favorables para Israel y Estados Unidos. El rotundo fracaso de Washington y el inocultable éxito de Teherán en el conflicto, están inclinando la balanza a favor de este último. Mucho depende ahora de cómo el renovado y más joven liderazgo iraní, impulsado en parte por las acciones de Israel, decida aprovechar este momento. El riesgo de nuevas convulsiones persiste, ya que no se ha alcanzado ningún acuerdo ni se ha consolidado un orden regional estable. Pero una conclusión ya es evidente. La era en la que la superioridad militar garantizaba el resultado político deseado está llegando a su fin, y las guerras se vuelven más complejas, sus consecuencias menos controlables y sus resultados menos lineales. Estados Unidos e Israel aún pueden poseer un poder militar abrumador, pero Irán ha demostrado que esto ya no garantiza la victoria. Su fracaso en este conflicto es la prueba de ello. Sin embargo, no nos equivoquemos, esta tregua no equivale a la paz. Cuestiones clave quedan pendientes para futuras negociaciones, y no hay certeza de que estas den frutos ni de que los acuerdos se mantengan. Lo que enfrentamos aquí y ahora no es un simple conflicto en Oriente Medio. Se trata, más bien, de una lucha constante en la que la potencia hegemónica mundial busca revertir las tendencias que están transformando el orden global. Oriente Medio es un escenario de lo que equivale a una guerra mundial, junto con Europa del Este, donde Occidente busca derrotar a Rusia, y Asia Oriental, donde Estados Unidos y sus aliados intentan contener a China. Esta lucha continuará. Un nuevo equilibrio está aún muy lejos, y nuevas batallas son inevitables en el futuro. Sin embargo, las consecuencias de este alto el fuego provisional entre Estados Unidos e Irán son trascendentales y de gran alcance. Ante todo, Irán ha emergido de esta guerra como una formidable potencia regional. Que Washington, incapaz de aplastarlo, haya tenido que pedir un respiro, no hace sino confirmar el fortalecimiento de Irán, y ya no se habla de un cambio de régimen en Teherán, ni de limitaciones a su arsenal de misiles balísticos, ni de la eliminación de su programa nuclear, por no hablar de abandonar a sus aliados regionales. Todos estos eran los objetivos originales de Estados Unidos e Israel, y en todos ellos, los atacantes sufrieron una contundente derrota. A corto plazo, la reapertura del estrecho de Ormuz y el levantamiento del bloqueo naval estadounidense a Irán aliviarán la situación energética en el mercado global. Sin embargo, a largo plazo, el caso de Ormuz ha transmitido un mensaje contundente: en la era de la transición del orden mundial, todos los puntos estratégicos marítimos son potencialmente vulnerables a acciones hostiles. Los líderes iraníes han aprendido que su capacidad para cerrar el estrecho, y la renuencia de Estados Unidos a arriesgarse a sufrir pérdidas al intentar reabrirlo - el talón de Aquiles de Washington -, podría ser un elemento disuasorio más poderoso para Teherán que la capacidad de desarrollar armas nucleares. En cuanto a este programa, Teherán sin duda lo continuará bajo cualquier futuro acuerdo integral con Washington, si es que se llega a un acuerdo. De no alcanzarse, Teherán tendría vía libre para seguir adelante con el programa como hasta ahora, ya que los iraníes no entregarán su material nuclear a nadie, diga lo que diga Trump. Sin embargo, en lo que respecta a la disuasión nuclear, las lecciones de la reciente guerra son ambiguas. Por un lado, Estados Unidos e Israel probablemente no habrían atacado a un Irán con armas nucleares. Basta con ver el ejemplo de Corea del Norte. Por otro lado, un Israel con armas nucleares, incluso bajo ataques de misiles balísticos iraníes, no utilizó armas nucleares contra Irán. Tampoco lo hizo Estados Unidos. Según se informa, la opción se discutió, pero se descartó. Por lo tanto, para Irán, poder cerrar el estrecho de Ormuz podría ser más efectivo. De otro lado, descongelar los activos iraníes en poder de Estados Unidos y levantar las sanciones contra Irán probablemente se convertirán en herramientas para que Washington influya en el comportamiento de Teherán. Tras su derrota en la guerra, Trump no dejará a Irán en paz. Es posible que tenga motivos para esperar que la paz ablande gradualmente la sociedad iraní, revele las fracturas internas de la élite, temporalmente ocultas por la guerra, y le permita a Estados Unidos margen de maniobra. La creación de un fondo para desarrollar la infraestructura energética y logística de Irán parece un incentivo adicional para que los iraníes regresen al sistema financiero occidental. Para Irán, la victoria en la guerra debe estar respaldada por políticas internas que fortalezcan la estabilidad del país y mejoren el desempeño de la economía. Sin embargo, la situación en Líbano podría ser un obstáculo insalvable. Teherán ha logrado que Trump apruebe la inclusión del frente libanés en el acuerdo, aunque el Criminal de Guerra Benjamín Netanyahu insiste en que Israel continúe sus esfuerzos para eliminar a Hezbolá. La reciente ira de Trump contra Netanyahu refleja algo mucho más importante: una parte significativa de la sociedad y la clase política estadounidenses está perdiendo la paciencia con Israel y mostrando una actitud cada vez más distante. Esto se produce en un contexto de creciente aislamiento internacional de Israel. De hecho, Israel es el principal perdedor de la guerra. Su nueva estrategia de eliminar por la fuerza las amenazas en los siete frentes, desde Gaza, Líbano y Yemen hasta Cisjordania, Siria, Irak y, sobre todo, Irán, promete «guerras interminables» en lugar de estabilidad y seguridad. Su disuasión nuclear tácita no ha logrado impedir que Irán lance misiles y drones contra objetivos israelíes. En un futuro próximo, Israel se enfrenta a unas elecciones en las que el descontento con Netanyahu se contrapondrá al amplio apoyo a sus políticas radicales. Por cierto, los estados árabes del Golfo Pérsico tampoco han salido bien parados. Su dependencia de las bases militares estadounidenses como garantía de seguridad resultó ser un trato desastroso. En lugar de proteger a los países anfitriones, estas bases actuaron como imanes, atrayendo ataques de represalia iraníes. La imagen de las naciones del Golfo como lugares seguros y propicios para los negocios se ha visto gravemente afectada. Si estas naciones quieren recuperarse, deberán idear una política de seguridad mejor que la de aliarse con su protector fallido. Sea como fuere, la guerra entre Estados Unidos e Israel contra Irán constituyo un hito en la transición del poder global. La potencia hegemónica en declive y su aliado, la principal potencia militar de la región, se esforzaron por revertir la situación, pero fracasaron. La tregua de Trump con Irán supone una derrota para el poder estadounidense, y su apuesta fallida demuestra hasta qué punto ha cambiado el equilibrio de poder global.
Es un videojuego de acción, supervivencia y exploración ambientado en un mundo fantástico, inspirado en la mitología nórdica y en la cultura vikinga. Iron Gate AB desarrolla un título en busca de valientes jugadores, capaces de aventurarse en bosques, prados y montañas para conseguir materiales valiosos que creen mejores armas y armaduras, incluso un poderoso barco para navegar por los grandes océanos en busca de nuevas tierras solos o en multijugador. Las fortalezas de Valheim van desde su vasto mundo generado de forma procedimental lleno de criaturas legendarias para luchar y vida silvestre para cazar a un sistema de combate punitivo basado en esquivar y bloquea, una mecánica de creación intuitiva de objetos y un sistema flexible para construir casas y bases. Como otras propuestas del género de acción y supervivencia, Valheim cuenta con servidores dedicados para que cada jugador pueda crear su propio mundo. Cabe precisar que a partir del próximo 9 de septiembre, Valheim dejará oficialmente su fase de acceso anticipado y estará disponible en su versión completa para PlayStation 5, Xbox Series, Switch 2, Xbox One y PC, incluyendo Steam, Microsoft Store, Linux y Mac. Iron Gate, el estudio desarrollador, junto con Coffee Stain Publishing, confirmaron que, tras más de cinco años en acceso anticipado, este título de supervivencia y construcción ambientado en la temática vikinga alcanzará la versión 1.0. Con este lanzamiento, se añadirá el bioma final y se habilitará por primera vez la conexión entre jugadores de todas las plataformas. La principal innovación de este lanzamiento es Deep North, un extenso y desafiante bioma helado que representa la conclusión de la aventura principal dentro del universo de Valheim. Robin Eyre, director creativo de Iron Gate, señaló que el equipo dedicó un gran esfuerzo para que esta región estuviera a la altura del desenlace narrativo. Deep North se distingue por sus montañas glaciares, fuertes nevadas y tundras inexploradas que pondrán a prueba las capacidades de supervivencia de los jugadores. Desde el punto de vista jugable, Deep North incorpora enemigos completamente nuevos. Al explorar este bioma, los jugadores encontrarán aldeas abandonadas y descubrirán que no son los primeros en intentar conquistar este entorno hostil. La región está habitada por los Gammeltrolls, gigantes ancestrales formados a partir de trolls que migraron hasta estas tierras para fusionarse con el hielo. Además, en las profundidades subterráneas acechan los Elakingar, seres que excavan túneles y emboscan a quienes se aventuran bajo la superficie, en ocasiones acompañados de criaturas aún más peligrosas cuyas identidades se mantienen en secreto para sorpresa de los jugadores. El paquete de contenido de Deep North incluye nuevas armas, materiales y opciones de construcción para las bases, ampliando considerablemente las posibilidades de supervivencia, personalización y combate. Este enfoque incrementa el desafío y la variedad en el tramo final del juego, buscando renovar el interés tanto de quienes esperaron la versión definitiva como de la comunidad que participó durante el acceso anticipado. Uno de los logros más relevantes de este lanzamiento es la llegada simultánea de Valheim a varias plataformas y la implementación de soporte completo para juego cruzado. Desde su debut original en PC en febrero del 2021, el juego se expandió en 2023 a Xbox Series y Xbox One, y ahora concluye este proceso incluyendo PlayStation 5 y Nintendo Switch 2. De esta forma, repetimos, a partir del 9 de septiembre, usuarios de cualquier plataforma podrán reunirse en partidas compartidas sin restricciones, una característica que Coffee Stain Publishing destaca como fundamental para el futuro del juego. La meta es fortalecer la comunidad global y permitir que jugadores de todo el mundo exploren, construyan y sobrevivan juntos en el nuevo contenido. Este avance técnico responde a una petición antigua de la comunidad y representa un paso importante para democratizar el acceso al mundo vikingo creado por Iron Gate. No obstante, existe una consideración: con el lanzamiento de la versión 1.0, los jugadores deberán crear nuevos mundos para experimentar íntegramente el contenido de Deep North y asumir sus desafíos. Esta medida busca asegurar igualdad de condiciones en la exploración inicial. Por cierto, Valheim fue un fenómeno desde su lanzamiento en el 2021; en tan solo dieciséis días vendió tres millones de copias y llegó a alcanzar casi medio millón de jugadores simultáneos en Steam, lo que lo posicionó entre los mayores éxitos de la plataforma ese año. El desarrollo de una comunidad activa fue esencial para el flujo constante de actualizaciones y la orientación adoptada por Iron Gate en la creación de nuevos contenidos, quienes han atendido sugerencias y corregido problemas reportados por los usuarios. Durante más de cinco años de acceso anticipado, tanto los jugadores experimentados como los nuevos han participado en foros y redes sociales, proponiendo cambios que se han traducido en mejoras notables de balance, rendimiento y complejidad del juego. No obstante, algunos miembros de la comunidad han expresado inquietud por la necesidad de reiniciar el progreso para acceder a todo el contenido de la versión final, aspecto que la desarrolladora considera necesario para mantener la experiencia de descubrimiento colectivo. La llegada del juego cruzado genera expectativas respecto a la consolidación de la comunidad, integrando a usuarios de distintos sistemas en aventuras compartidas. Además, el lanzamiento en consolas tradicionalmente populares como PlayStation y Switch 2 abre la puerta a nuevos públicos que todavía no habían tenido oportunidad de participar. Desde Iron Gate reconocen que el desafío consistirá en mantener una experiencia estable y equilibrada para todos, a pesar de los posibles problemas técnicos asociados al aumento masivo de usuarios y al juego entre distintas plataformas.
Era la madrugada del 27 de mayo del 2015 cuando la policía entró en el lujoso hotel Baur au Lac de Zúrich. Decenas de funcionarios de la FIFA se alojaban allí. Esa mañana, siete de ellos fueron arrestados bajo sospecha de corrupción. Los agentes los escoltaron al exterior. El personal del hotel intentó proteger a sus huéspedes de las miradas indiscretas con sábanas. Sin embargo, las imágenes se viralizaron. Las detenciones no eran arbitrarias, sino que, por el contrario, fueron el resultado de años de investigaciones por parte de las autoridades estadounidenses. En aquel momento, Estados Unidos era considerado la mayor amenaza para la FIFA; la corrupción, que durante mucho tiempo solo se había sospechado, salió a la luz pública gracias a las autoridades estadounidenses durante esos meses. Sin embargo, en los años siguientes, Estados Unidos paso de ser el mayor enemigo de la FIFA a uno de sus mayores aliados. En efecto, la Copa Mundial de Futbol que se inicia esta semana en Estados Unidos y Canadá marca la culminación de esta evolución, la cual se encuentra estrechamente ligada a un nombre: Gianni Infantino. Cuando tuvo lugar el asalto en Zúrich, por ese entonces, Infantino era Secretario General de la UEFA, la federación europea de fútbol. Por esos días, prácticamente nadie lo consideraba capaz de ocupar un puesto superior. Su jefe, el corrupto Michel Platini, en cambio, se preparaba para asumir la presidencia de la FIFA. El francés fue uno de los mejores futbolistas del mundo en la década de 1980. Posteriormente, aprovechó su perspicacia estratégica para desarrollar una carrera en la administración, convirtiéndose en presidente de la UEFA en el 2007. "Platini era el sucesor natural de Sepp Blatter en aquel momento", explica el periodista de investigación Thomas Kistner, quien lleva décadas investigando a la FIFA. En el verano del 2015, el momento parecía propicio para Platini. El presidente de la FIFA, Blatter, aún afectado por los arrestos en Zúrich, anunció su dimisión. Cuando Platini anunció su candidatura, casi nadie dudaba de que se convertiría en el nuevo presidente de la organización hasta que salió a la luz un pago: en el 2011, dos millones de euros habían pasado de la FIFA de Blatter a Platini. La explicación ofrecida por ambos funcionarios, fue que Platini “había sido asesor del recién elegido presidente de la FIFA, Blatter, a finales de la década de 1990”. Debido a la escasez de fondos de la FIFA en aquel momento, Platini inicialmente se abstuvo de exigir la totalidad de sus honorarios de “consultoría”. Solo lo hizo en el 2011. No existe un contrato escrito; fue simplemente un acuerdo verbal. Pero los investigadores suizos sospecharon que los dos millones de euros fueron en realidad sobornos e iniciaron una investigación que demostró que estaban en lo cierto. Como resultado, el Comité de Ética de la FIFA suspendió a Blatter y a Platini, obligándolos a renunciar a sus cargos. Esto llevo a la UEFA a buscar un nuevo candidato para la presidencia de la FIFA. Es el momento de Gianni Infantino, quien emprendió una importante gira de campaña electoral, visitando todos los continentes. Sin embargo, un viaje de este periodo salió a la luz en los años siguientes: el 6 de octubre voló de Ginebra a Nueva York para una estancia de dos días. Oficialmente, el motivo era asistir “a una reunión con una agencia de marketing en nombre de la UEFA”. No obstante, las actas de la reunión revelan que esta tuvo lugar en línea antes del vuelo. El vuelo es significativo porque, en ese momento, las investigaciones de las autoridades estadounidenses sobre el escándalo de la FIFA convergían en Nueva York. "Es obvio que se trataba de una prueba preliminar para ver si el asunto también podía llegar al señor Infantino", afirma el periodista de investigación Kistner, quien, junto con sus colegas del Süddeutsche Zeitung, fue el primero en informar sobre el vuelo. "Sugiere algún tipo de conversaciones exploratorias entre ambas partes" agrego. Aún no está claro qué hizo Infantino en Nueva York durante esos días. Él mantiene su versión de haber visitado la agencia de marketing. Es evidente: Infantino recibió el apoyo de la federación estadounidense en su elección. Cuando se eligió al nuevo presidente de la FIFA en Zúrich en febrero del 2016, fue el presidente de la federación estadounidense quien le aseguró a Infantino los votos necesarios tras la primera ronda de votación. El suizo obtuvo la mayoría requerida en la segunda ronda y se convirtió en el nuevo presidente de la FIFA. Ahora le tocaba pagar los favores recibidos para su elección. En el primer año de su mandato, Infantino consolidó su poder en la FIFA. Marginó a los interventores independientes y llenó los comités de supervisión con personas afines a él. En el 2018 se llevó a cabo la adjudicación de la Copa Mundial del 2026. Estados Unidos y Canadá se impusieron a la candidatura de Marruecos. De esta manera, tras su derrota ante Qatar (donde el Emir pago millones a Infantino para ser “el elegido”), Estados Unidos finalmente se aseguró la Copa Mundial. Hipócritamente se dijo que “el premio se otorgó conforme a las nuevas reglas destinadas a garantizar una mayor equidad y transparencia”. Sin embargo, pasado dos años, ha quedado claro que Infantino aparentemente hizo mucho entre bastidores - y cobro bastante el muy ladrón - para asegurar “la victoria” de la candidatura norteamericana. Y fue nada menos que el Donald Trump quien lo reveló. En efecto, en una cena con líderes empresariales al margen del Foro Económico Mundial en Davos (Suiza), Infantino pronunció el discurso de bienvenida a Trump, quien respondió que esperaba con gran ilusión el Mundial del 2026. Y luego añadió: «Ustedes querían este Mundial, yo quería este Mundial, lo hicimos posible juntos, incluso antes de que yo asumiera la presidencia». Como sabéis, Trump asumió el cargo en enero del 2017. Según admitió, existían “acuerdos” entre él y el entonces recién elegido presidente de la FIFA mucho antes de la adjudicación del torneo, que, tras el pago hecho a Infantino, se trató de una mera formalidad. Tras el polémico vuelo a Nueva York y la ayuda electoral brindada por la federación estadounidense, esta es la siguiente conexión entre Infantino y Estados Unidos. Trump e Infantino tienen mucho en común: ambos gobiernan como autócratas, tienen una predilección por el dinero y el oro, que son su debilidad. Pero además Trump tiene otro objetivo: quiere convertir la Copa del Mundo en “un escaparate de la grandeza de Estados Unidos” en el 250 aniversario de su fundación. Como podéis imaginar, la relación entre Infantino y Trump no se vio afectada por la filtración de Davos. Al contrario. Durante el segundo mandato de Trump, Infantino ha visitado la Casa Blanca con frecuencia. Trump incluso lo ha llamado el "Rey del Fútbol". Infantino, por su parte, se muestra complacido con su "gran amistad"... interesada, por cierto. Y cuando Trump se quejó en el 2025 por no haber ganado el Premio Nobel de la Paz, Infantino tuvo una idea: la FIFA le otorgo “su propio premio de la paz”. Esto es precisamente lo que ocurrió en diciembre de ese año, cuando el mundo del fútbol se reunió en Washington para el sorteo de la fase de grupos del Mundial. Ante los dirigentes de las más de 40 selecciones participantes, Infantino presento el recién creado “Premio de la Paz de la FIFA” el cual fue otorgado a Trump. Luego de este abyecto acto de servilismo, la FIFA bajo el liderazgo de Infantino, se convirtió en miembro del "Consejo de Paz" de Donald Trump. Durante el anuncio, Infantino lució una gorra roja brillante con la palabra "USA" impresa, del tipo que también usan los partidarios de Trump. Desde entonces, prácticamente no existe resistencia dentro de la FIFA a esta difuminación de los límites entre deporte y política. Durante su mandato, Infantino ha logrado incrementar significativamente los ingresos de la asociación (y también obviamente para su propio beneficio económico). Distribuye los primeros, en forma de “ayuda al desarrollo”, a las más de 200 federaciones nacionales, que a menudo dependen de estos pagos. Mientras estos fondos sigan fluyendo - y estas federaciones agradecidas voten por su reelección - el poder de Infantino se mantendrá firme. Estimo además que la Copa Mundial de la FIFA solo en Estados Unidos, “generará ingresos de once mil millones de dólares” aunque eso está por verse. Y es que, para consternación de los aficionados, los precios de las entradas también han alcanzado niveles astronómicos. En una entrevista con el New York Post, Trump expresó su sorpresa por los precios: "Para ser honesto, yo no pagaría eso", dijo, agregando que le preocupaba que los seguidores de su movimiento MAGA (Make America Great Again) no pudieran asistir a los Juegos. Trump persigue un objetivo claro con esta organización dominada por hombres, afirma Nicholas McGeehan, de la organización londinense FairSquare, que analiza la relación entre el deporte y la política: "Los líderes autoritarios como Trump ven a la FIFA como un instrumento para respaldar sus objetivos y escenificar sus discursos políticos", declaró McGeehan a SID. Algunos medios estadounidenses se refieren a Trump como el "presidente del soccer". En los últimos meses, se le ha visto en la Casa Blanca con figuras destacadas de ese deporte, visitándolo en el Salón Oval. Sin embargo, los índices de aprobación de Trump están cayendo en picado, principalmente debido al elevado coste de la vida y del combustible derivados de la guerra con Irán, cuyo fracaso le está costando muy caro y del cual no sabe cómo salir. El término "lavado de imagen a través del deporte" se refiere al uso que hacen los políticos del deporte para sus propios fines: los grandes eventos sirven como autopromoción, mientras que los problemas políticos se minimizan. La administración Trump tiene muchos problemas, algunos directamente relacionados con la Copa Mundial. Los jugadores iraníes aún no han recibido visas estadounidenses debido a la guerra en curso entre Estados Unidos e Israel. Los aficionados de Irán, Haití, Costa de Marfil y Senegal tampoco pueden entrar al país para el supuesto evento deportivo mundial, como ha criticado el Consejo Estadounidense de Inmigración. A pesar de los deseos de Trump e infantino, el Mundial no está generando el entusiasmo esperado dentro de los Estados Unidos. Las encuestas muestran que solo alrededor de una cuarta parte de los estadounidenses nacidos en el país planean ver los partidos. Entre los inmigrantes - por ejemplo, de Latinoamérica - la cifra supera el 40%, a pesar de que el gobierno los amenaza con redadas de deportación. No es de extrañar por ello, que Infantino necesita desesperadamente a Trump para garantizar el buen desarrollo del Mundial y que no sea un fracaso. A cambio, le ofrece el mayor escenario deportivo: será Trump quien entregue el trofeo de la Copa del Mundo al ganador - esperemos que sea Argentina - tras la final, y haga su propio número tal como lo realizo en el pasado Mundial de Clubes, realizado en el MetLife Stadium de Nueva Jersey en julio del 2025, donde no se quiso retirar de la escena tras entregar la copa al equipo ganador, saltando y festejando junto a los jugadores del Chelsea que lo miraban atónitos. Pero ello no está exento de riesgos para Trump: cuando presenció esa final, fue abucheado por miles de aficionados. Sin embargo, a pesar de los insultos que de seguro volverá a recibir, Trump percibe esta oportunidad para mejorar su imagen empañada por los escándalos sexuales y su fracaso en la guerra contra Irán. El experto en política deportiva Jules Boykoff, exfutbolista profesional y ahora profesor de ciencias políticas en una universidad de Oregón, afirma: “Cuanto peor sea la popularidad de Donald Trump, mayor será su incentivo para aferrarse al deporte como una especie de salvavidas político” asevero. “Cuando el mundo aclama el espectáculo, parte de la atención se centra en él. Esto se conoce como ‘lavado de imagen a través del deporte’ una vieja táctica utilizada por los lideres autoritarios como el propio Trump” añadió. Por cierto, el ICE, la temida unidad de operaciones especiales del Departamento de Seguridad Nacional de EE. UU., ha anunciado que patrullara fuera de los estadios, por lo que muchos aficionados han decidido no asistir porque consideran un viaje a EE. UU. demasiado arriesgado. “En Washington, hay bastantes observadores políticos que observan con burla el caos del Mundial” agrego. “La FIFA eligió una sede para celebrar la unión del mundo y terminó organizando un torneo marcado por tiroteos, restricciones de viaje, problemas de visado, jugadores retenidos durante horas por migración, árbitros que tienen dificultades para ingresar y aficionados que ni siquiera saben si podrán entrar al país. ¿El mundo entero verá cómo EE. UU. arruina el mayor evento deportivo del año? Con Trump todo es posible” puntualizo.
Se suponía que años de preparativos y la promesa de “un impulso económico multimillonario” convertirían la Copa Mundial de la FIFA 2026 en una dulce victoria que duraría todo el verano para Estados Unidos, pero ello no sucederá. “Trabajé mucho en esto, junto con un gran equipo de personas talentosas”, dijo Donald Trump en una publicación en X cuando Estados Unidos obtuvo la candidatura para ser coanfitrión del evento - junto a Canadá y Méjico - durante su primer mandato. “¡Nunca fallamos, y será una gran Copa del Mundo!”. Como sabéis, coincidiendo con el 250 aniversario de Estados Unidos, la competición se ha presentado como el evento cumbre del país, esperando además que sea un importante impulso para el sector turístico estadounidense, pero hay quienes no son optimistas. Y es que, ad portas de su inicio, los hoteles siguen sin estar completos, las entradas sin vender debido a sus exorbitantes precios y los viajeros no están convencidos, atemorizados por las patrullas paramilitares del ICE a las afueras de los estadios, así como por la propaganda trumpista que se aprecia por todos lados, lo que pone en riesgo al evento deportivo más visto del mundo, que según los analistas, no alcanzara sus expectativas más ambiciosas. Como sabéis, la FIFA y su cuestionado presidente, Gianni Infantino, presentaron la competición de 48 equipos “como una oportunidad crucial para el fútbol en general y para Estados Unidos en particular”, ya que albergará 78 de los 104 partidos, una cifra récord, en 11 de sus ciudades, incluida la final del 19 de julio en el MetLife Stadium, en un país donde el futbol soccer, como lo denominan, no interesa en absoluto a los estadounidenses (cuyos deportes preferidos son el beisbol, el rugby y el básquet), considerándolo “propio de las minorías”, por lo cual es visto con desdén, salvo por los latinos quienes son los únicos que lo siguen. De nada sirvió que les hayan entregado con anterioridad la organización de la Copa Mundial de 1994 o del Centenario de la Copa América en el 2016 (así como del 2024) para masificar el futbol en el país. Ello no ocurrió. En Canadá, donde el hockey sobre hielo es el rey de los deportes, se espera algo similar. Y en cuanto a Méjico, donde la violencia ocasionada por el narcotráfico es imparable, tienen otras prioridades en estos momentos. A pesar de ese fiasco, en un estudio conjunto con la Organización Mundial del Comercio (OMC) publicado en marzo pasado, la FIFA pronosticó alegremente que el torneo “generaría un impacto económico bruto de 80.100 millones de dólares, de los cuales 30.500 millones irían a parar a Estados Unidos” cifras que son muy difíciles que se materialicen. No obstante, prevén que esta “oleada de aficionados genere grandes beneficios para empresas de todo tipo y ciudades, además de aquellas donde se celebren los partidos”. “Las cifras serán sorprendentes”, escribió entusiastamente por su parte la Asociación de Viajes de Estados Unidos en un informe reciente. “Los visitantes internacionales del Mundial prevén gastar más de 5000 dólares por persona; 1,7 veces más que en los viajes internacionales típicos a Estados Unidos” apuntaron. La organización comercial agrego - basándose en encuestas realizadas a más de 9.500 posibles asistentes - “que alrededor de un tercio tiene intención de quedarse más de dos semanas, y que más del 80 por ciento está abierto a visitar destinos más allá de las principales ciudades de entrada, lo que genera oportunidades económicas en comunidades de todo el país". Sin embargo, solo se trata de deseos, ya que todo indica que no se concretaran. Según funcionarios federales y locales, “se han dedicado años de planificación y cientos de millones de dólares a la preparación de las ciudades anfitrionas para el torneo”. Sin embargo, a pesar de todas las grandes promesas y los costosos preparativos realizados, los datos sobre viajes -muchos cancelados a último momento - entradas que no se venden y bajas tasas de ocupación hotelera anticipan un torneo que quedará lejos, no solo económicamente, de los "104 Super Bowls" que el presidente de la FIFA pronosticó el año pasado. Faltando groseramente a la verdad, Infantino dijo en febrero: “Todas las entradas están agotadas”, una afirmación que la organización desmintió a los pocos días. Esto se produjo tras una consulta de The Athletic sobre cómo podía ser cierto, ya que aún aparecían miles de entradas en la página web de la FIFA. Y ahora, todavía quedan muchas disponibles a través de la venta de última hora. Y luego están los mercados de reventa, donde los precios de todos los partidos parecen estar cayendo en picado, según TicketData.com . Los aficionados ahora pueden conseguir, por ejemplo, una entrada para el partido entre las “poderosas” selecciones de Arabia Saudita y Cabo Verde por unos 160 dólares, frente a los 234 dólares de finales de abril y los más de 600 dólares que costaban las entradas para diciembre. Ni así quieren adquirirlas y de seguro tendrán que reducir sus precios en las próximas horas para no perderlo todo. Esta tendencia apunta a un interés mucho menor de lo esperado entre los aficionados, algo que Infantino no previó. y la oferta supera la demanda tanto en lo que respecta a las entradas no vendidas, como al ecosistema de servicios que sustenta el espectáculo. Los indicadores de viajes también apuntan a una menor demanda. Durante el período de reservas de octubre a enero, las reservas de vuelos europeos a Estados Unidos para julio disminuyeron un 24 % interanual, según datos de Cirium citados por Forbes. En cuanto a las ciudades de destino, las reservas para junio -realizadas entre diciembre y enero - cayeron un 5 % y un 8,6 % desde Europa y Asia, respectivamente. Y los hoteles reflejan esa triste realidad. Las tarifas de las habitaciones para los días de partido en varias ciudades anfitrionas, han caído alrededor de la mitad con respecto a los máximos anteriores, según cifras de Lighthouse Intelligence citadas en el Financial Times. En diciembre, Baird Equity Research había proyectado que la competencia “aumentaría los ingresos por habitación disponible (RevPAR) de los hoteles estadounidenses entre 75 y 100 puntos básicos”. Sin embargo, Michael Bellisario, analista sénior de investigación de Baird, declaró a Newsweek que ahora reduciría esta previsión a un nivel más modesto de entre 25 y 30 puntos básicos, debido, entre otras cosas, a la reticencia de los extranjeros a visitar Estados Unidos. Esto coincide con un informe de OysterLink, que pronostica "un modesto aumento en comparación con ciclos anteriores de la Copa del Mundo" para los hoteleros estadounidenses. En tanto, el Boston Business Journal informó en marzo que la propia FIFA había cancelado decenas de miles de habitaciones reservadas en ciudades anfitrionas de Estados Unidos, Canadá y Méjico. Una encuesta realizada por la Asociación Estadounidense de Hoteles y Alojamiento (AHLA) entre propietarios y operadores reveló que el 80% de los que operan en los mercados anfitriones de EE. UU. afirmaron que las reservas estaban "por debajo de las previsiones iniciales". Esta cifra ascendió al 85-90% en Kansas City, donde la demanda está "por debajo de la de un mes típico de junio o julio". “Muchos de los encuestados describen el torneo como un evento insignificante en estas ciudades”, se lee en el informe, “citando la tardía disponibilidad de habitaciones para los miembros de la FIFA y la escasa afluencia de aficionados internacionales como las principales preocupaciones en todos los mercados”. Por su parte, Vijay Dandapani, presidente y director ejecutivo de la Asociación Hotelera de la Ciudad de Nueva York, declaró a Newsweek que la demanda relacionada con la Copa Mundial había quedado muy por debajo de las expectativas. Dandapani afirmó que las reservas en los hoteles de Nueva York habían aumentado apenas "un máximo del 10 por ciento interanual" y que más de la mitad "no había registrado ninguna actividad hasta el momento". “Si bien esperamos que se produzca un repunte a un día de su inicio, no esperamos que alcance las previsiones anteriores”, admitió, y añadió que los hoteles de la ciudad ahora prevén perder más de 100 millones de dólares en ingresos por habitaciones. ¿Pero qué hay detrás de la menor demanda? Incluso para un evento con tanta repercusión mundial como la Copa del Mundo, el entusiasmo de los viajeros sigue estando condicionado por la necesidad de estabilidad y seguridad. "Los visitantes no vienen solo por los partidos, sino que vienen a vivir una experiencia estadounidense", escribió Geoff Freeman, presidente y director ejecutivo de la Asociación de Viajes de Estados Unidos, en un análisis reciente. Estudios y conversaciones con expertos del sector revelan varias razones detrás de la actual baja demanda - desde un dólar fuerte hasta el aumento de las tarifas aéreas -, pero la inquietud internacional por viajar a la América de Trump surgió como un motivo común. La semana pasada, más de 120 grupos emitieron una advertencia a los posibles asistentes, instándolos a tener precaución al viajar a Estados Unidos. “Las preocupaciones sobre la tramitación de visados, el aumento de los costes de viaje, los recargos por transporte y las propuestas de aumento de impuestos en algunos mercados anfitriones están contribuyendo a la incertidumbre y podrían afectar a las visitas internacionales si no se abordan detenidamente”, dijo Hardman. De manera similar, Dandapani señaló "el enfoque draconiano del gobierno federal en materia de visados" como un importante factor disuasorio. La encuesta de la AHLA reveló que el 70 por ciento de los propietarios y operadores de hoteles afirman que las barreras para obtener visados, junto con preocupaciones geopolíticas más amplias, están reduciendo significativamente la demanda internacional. “Los indicadores apuntan a que aún hay oportunidades importantes por delante”, declaró un portavoz de la AHLA. “Prevemos que los estadios estarán llenos, pero para aprovechar plenamente esta oportunidad, Estados Unidos y la FIFA deben garantizar una experiencia acogedora y sin contratiempos para los viajeros internacionales” Pero la realidad es muy distinta a lo que se espera. Con la esperanza de calmar las preocupaciones en torno al control de la inmigración y las posibles dificultades en la frontera, el presidente de la FIFA insistió el año pasado en que “el mundo es bienvenido en Estados Unidos”. Pero las garantías de seguridad no son el único obstáculo para la asistencia, y las bajas ventas revelan que los precios desorbitados de las entradas, incluso para los partidos menos rentables, han demostrado ser una forma eficaz de mantener a algunos aficionados en casa. Según un análisis publicado por The Guardian en diciembre, las entradas más baratas de este año siguen siendo aproximadamente seis veces más caras que el promedio del periodo 2006-2022. En respuesta, Football Supporters Europe, una asociación sin ánimo de lucro de aficionados al fútbol, presentó en marzo una queja formal ante la Comisión Europea contra la FIFA por abusar de su posición de monopolio para imponer precios excesivos en las entradas. Y si bien incluso las entradas más baratas son ahora varias veces más caras que las de Qatar en el 2022, el modelo de "precios dinámicos" de la FIFA permite que los precios aumenten significativamente en función de la demanda diaria. El presidente de la FIFA - que todo lo ve dinero - defendió los exorbitantes precios de las entradas, argumentando que “estaban justificados en un país donde asistir a un partido universitario puede costar cientos de dólares”, y afirmó que “los revendedores siempre respetarían los precios del mercado”. Pero el argumento no convenció a sus posibles asistentes. “¿Quién querría visitar un país con Trump al mando? Sera para que el ICE te agarre en plena vía pública y te expulse de inmediato, sometiéndote a toda clase de humillaciones a pesar de tener tu pasaporte en la mano” expreso uno de ellos. “El hombre que llevó a la quiebra a varios casinos lo vuelve a hacer. Trump es la sentencia de muerte para cualquier negocio” asevero. Y no le falta razón. Con los hoteles casi vacíos y las tribunas de los estadios con grandes vacíos en la mayoría de los encuentros debido a la escasez de aficionados, todo apunta a que el torneo será un sonado fracaso.