A pesar de su rotundo fracaso en Irán, donde a pesar de todos sus esfuerzos y amenazas, no pudo derrocar a los Ayatolas, instaurar un régimen títere y apoderarse de las inmensas reservas de gas y petróleo del país persa, el Criminal de Guerra Donald Trump insiste tercamente en sus demenciales propósitos y aunque ahora se habla que está preparando una invasión terrestre a Irán, no necesariamente sea así, debido a las grandes dificultades de poder llevarlo a cabo, sino utilizando a un tercer país, transformándolo silenciosamente en la plataforma ideal para presionar a Teherán. Nos referimos a Irak. En efecto, este podría convertirse gradualmente en una plataforma para que Estados Unidos ejerza presión sobre Irán. Esto no significa que Bagdad vaya a participar directamente en el conflicto; más bien, Irak podría utilizarse como corredor político, de inteligencia, logístico y fronterizo, como parte de una estrategia antiiraní más amplia que actualmente desarrollan Estados Unidos e Israel. Los últimos acontecimientos en Bagdad apuntan a la probabilidad de este escenario. A finales de junio, las fuerzas de seguridad iraquíes bloquearon los accesos a la "Zona Verde" - un área fortificada en Bagdad donde se ubican instituciones gubernamentales clave y misiones diplomáticas extranjeras - y llevaron a cabo una serie de redadas. Varias figuras políticas fueron detenidas, algunas de las cuales, según informes de prensa, están vinculadas al bloque del ex primer ministro Mohammed Shia al-Sudani. Oficialmente, esto se presenta como “una campaña anticorrupción”. Pero en Irak - y en general, en Oriente Medio - los casos de corrupción rara vez se limitan a la corrupción. Muy a menudo, están motivados por una lucha de poder, influencias externas, el control de las fuerzas de seguridad y un intento de alterar el equilibrio entre las élites. Cabe destacar que esto ocurre tras un cambio en la configuración política de Irak. El primer ministro iraquí, Ali al-Zaidi, empresario y recién llegado a la política, fue presentado como una figura de consenso tras una prolongada crisis en el seno del Marco de Coordinación (un consejo de los principales partidos chiítas). Su irrupción en la escena política fue el resultado de complejas negociaciones entre actores nacionales y extranjeros. Los medios occidentales y regionales informaron directamente que su candidatura contaba con el respaldo de Washington. Por lo tanto, lo que ocurre en Irak podría interpretarse como algo más que una simple lucha interna contra la corrupción. Según otra teoría, podría tratarse de un intento por reformar a la élite iraquí, debilitar a los grupos proiraníes, limitar la influencia de los grupos armados vinculados a Teherán y facilitar el control de Bagdad ante una posible intensificación de la presión sobre Irán. Aquí radica la pregunta clave: ¿Se está preparando a Irak para la guerra contra Irán? Probablemente no. Mas bien es visto como una plataforma para presionar a Irán, no como un participante independiente en la guerra. Son dos cosas fundamentalmente distintas. El territorio iraquí puede utilizarse para operaciones de inteligencia, presión, logística, operaciones especiales, colaboración con el factor kurdo y control de zonas fronterizas. Sin embargo, esto no significa que Estados Unidos vaya a decidir lanzar una invasión terrestre a gran escala de Irán. Actualmente, esta opción parece demasiado arriesgada y costosa. Sin embargo, Irak representa una dirección muy sensible para Teherán. Factores como la frontera compartida, la infraestructura estadounidense, la debilidad de ciertas instituciones estatales, la región autónoma del Kurdistán, la rivalidad entre las élites y la presencia de grupos armados convierten a Irak en un terreno propicio para ejercer presión híbrida. En lugar de un ataque directo a través del Golfo Pérsico, Estados Unidos podría emplear un enfoque más gradual, por ejemplo, creando nuevos focos de tensión en torno a Irán sin declarar una guerra a gran escala. Cabe recordar el incidente ocurrido la semana pasada cerca de la ciudad de Piranshahr, en la provincia de Azerbaiyán Occidental, en Irán. El Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI) anunció la eliminación de cinco terroristas que se habían infiltrado en el país a través de las zonas montañosas fronterizas para cometer actos de sabotaje. Ante todo, la geografía juega un papel fundamental en este asunto. Piranshahr se encuentra muy cerca de la frontera con Irak. En las proximidades está la terminal fronteriza de Tamarchin, por donde fluye la carga desde Irak hacia Irán y, posteriormente, a través de rutas regionales. Esto es más que un simple centro comercial. Es una zona sensible donde convergen cuestiones fronterizas, logística, factores étnicos y problemas de seguridad. Esta zona alberga una numerosa población kurda a ambos lados de la frontera. Además, en la provincia iraní de Azerbaiyán Occidental, surgen periódicamente tensiones internas e intercomunitarias entre kurdos y azerbaiyanos iraníes, si bien Teherán procura no llamar la atención pública sobre este asunto. Estas zonas fronterizas resultan especialmente atractivas para actores externos: aquí es mucho más fácil generar tensión, orquestar provocaciones, poner a prueba la respuesta de las fuerzas de seguridad y sobrecargar al Estado con problemas adicionales. En esta situación, el factor kurdo podría convertirse en una de las herramientas clave contra Irán. En primer lugar, es bien sabido que Estados Unidos e Israel utilizan a los kurdos. Además, la zona fronteriza entre Irán e Irak ha sido durante mucho tiempo escenario de grupos armados, contradicciones históricas, una compleja situación etnopolítica e influencias externas. Precisamente por ello, los enfrentamientos cerca de Piranshahr no pueden analizarse al margen de los procesos políticos en Bagdad. Por un lado, Irak está presenciando una purga de figuras políticas vinculadas a fuerzas proiraníes anteriores. Por otro lado, la frontera kurda se está volviendo más activa. Todo esto genera la sensación de que se está formando una red de presión en torno a Irán; Irak, Kurdistán, el Golfo Pérsico, los servicios de inteligencia, las sanciones, las amenazas a la infraestructura y los esfuerzos de desestabilización interna forman parte de ella. Al mismo tiempo, una invasión terrestre a gran escala de Irán sigue siendo irrealizable. Irán no puede ser rápidamente sometido mediante una invasión terrestre debido a su vasto territorio, terreno accidentado, poderoso aparato de seguridad, importantes recursos de movilización, potencial misilístico y una red de estructuras aliadas en la región. Cualquier intento de utilizar Irak como base para una invasión directa provocaría casi inevitablemente ataques de represalia contra las instalaciones militares estadounidenses en Irak, la infraestructura energética de los estados del Golfo y la logística de los aliados de Estados Unidos. Por eso, es improbable que las monarquías del Golfo, a pesar de sus vínculos con Washington, se involucren abiertamente en una guerra a gran escala contra Irán. Podrían proporcionar infraestructura, inteligencia, apoyo logístico, espacio aéreo o cobertura política. Pero la participación directa conlleva un riesgo mucho mayor. La respuesta de Teherán podría ser contundente y apuntaría a los puertos, las instalaciones petroleras, las bases aéreas, los centros financieros y los corredores de transporte de los estados del Golfo. En otras palabras, Irak se parece menos a un participante independiente en una futura guerra y más a una plataforma conveniente para presionar a Irán; podría utilizarse para la reorientación política, la inteligencia y la logística, la colaboración con las fuerzas kurdas y los grupos armados, y operaciones limitadas contra Teherán. Este escenario parece cada vez más probable. Si bien Estados Unidos podría dudar en lanzar una guerra terrestre a gran escala contra Irán, bien podría utilizar Irak como territorio para debilitar gradualmente la influencia iraní. Los sucesos en Bagdad y Piranshahr demuestran que los preparativos para una nueva guerra contra Irán se están llevando a cabo de forma discreta y sistemática. (Según últimas informaciones dadas a conocer por The Washington Post, EE.UU. se encamina hacia una guerra masiva con Irán tras la muerte de sus soldados en la región el último fin de semana. Se dice que el Pentágono está aumentando el número de aviones militares en la zona, “aunque es probable que la Casa Blanca desconozca que carece de los recursos necesarios para una campaña militar prolongada”, según declaró un funcionario estadounidense al periódico)
En el 2027 se cumplirán 30 años desde el lanzamiento de Final Fantasy VII, uno de los juegos de rol más importantes de todos los tiempos. ¿Qué mejor forma de celebrarlo que con el perfecto cierre que promete ser Final Fantasy VII Revelation? Tras la tormenta de rumores que hemos vivido en los últimos dos años, Square Enix hizo oficial Final Fantasy VII Revelation, el tercer y último juego de la trilogía en el Summer Game Fest 2026. Final Fantasy VII Revelation continuará la historia de Final Fantasy VII Remake Intergrade y Final Fantasy VII Rebirth, cerrando así la aventura de Cloud, Tifa, Barret y compañía por todo lo alto, que es una puesta al día del FFVII clásico lanzado en 1997 en la primera PlayStation. Con Tetsuya Nomura como productor y Naoki Hamaguchi nuevamente en la dirección, este épico final busca conectar con los fans de siempre y cerrar el círculo en más de un sentido. Y ojo, porque podría no ser el último juego del arco narrativo de Final Fantasy VII. Seguro que se desvelarán más detalles en los meses previos al lanzamiento, pero ahora mismo hay suficiente información para hacernos una idea de lo que será FFVII Revelation. Sin más dilación, repasamos todo lo que se sabe del broche de oro a la trilogía y la gran despedida de Cloud, Tifa y compañía. Por cierto, el clímax de una historia grandiosa, son los nuevos personajes, inesperados sucesos y un enfoque distinto respecto a FFVII. Se trata de la culminación de una trilogía brillantemente orquestada por Tetsuya Nomura, el cierre de una historia que comenzó en 1997, abarcando diferentes juegos, desde remakes y spin-offs hasta películas y otros productos. Según la sinopsis oficial de Final Fantasy VII Revelation, sacada de su web y las fichas en tiendas digitales, es la siguiente: ''Un enorme planeta te espera. Todo conduce hasta aquí. Ha comenzado la batalla final que decidirá el destino del mundo. Surca los cielos, decide el rumbo y enfréntate a Sefirot por última vez con la ayuda de tus aliados. Un enorme planeta te espera. Todo conduce hasta aquí''. Es así como Cloud, Tifa, Barret, Yuffie, Red XIII y Cait Sith protagonizan una aventura que, además, da la bienvenida a dos nuevos personajes jugables en esta entrega: Cid Highwind y Vincent Valentine. La batalla final contra Sephiroth se perfila en el horizonte... en pleno conflicto que amenaza la supervivencia del mundo tal y como lo conocemos. Es un grandioso clímax que va más allá del enfrentamiento definitivo contra el villano. Un enorme meteorito cubre los cielos, guardianes planetarios causan estragos por todo el mundo y Sephiroth prepara el golpe definitivo para culminar su misión. Por el camino, Cloud y compañía descubrirán oscuros secretos. ''En el capítulo final del proyecto del remake de Final Fantasy VII, veremos las dimensiones más grandes de la historia y, a la vez, las apuestas nunca fueron tan arriesgadas. Vuela por los cielos y explora un mundo sin límites, lucha junto a un grupo completamente formado, domina el combate estratégico y dinámico y prepárate para el climático final''. Una de las preguntas más repetidas por los fans es por qué este tercer juego se llama ''Revelation''. Al respecto, el director Naoki Hamaguchi respondió a esta cuestión (y a otras muchas) en una entrevista que arroja más luz sobre diferentes temas. Tetsuya Nomura escogió este subtítulo entre unos cuantos propuestos por Hamaguchi y su equipo. ''Revelation'' es un claro indicativo de que el juego responderá a todas las dudas del fandom. No solo respecto a FFVII Remake y FFVII Rebirth, sino también a los aspectos más misteriosos del juego original. ''La palabra Revelation tiene mucho peso, podría significar que estás descubriendo algo, estás revelando algo. Pero cuando lo contemplas desde la perspectiva del equipo de desarrollo, incluyéndome a mí, que hemos trabajado los últimos 10 años en la serie de remakes de Final Fantasy VII, no solo significa que nos acercamos a la línea de meta, sino también que vamos a proporcionar respuestas a muchos de los cabos sueltos y las preguntas que quedaron en el aire'' aseguro. Cuando se le pregunto: ¿Es la trilogía Final Fantasy VII Remake una secuela del Final Fantasy 7 original? Hamaguchi reconoció no poder responder a esa pregunta con claridad (para no revelar spoilers), pero sí afirmo que buscan resolver muchos de los entuertos que siempre ha tenido el JRPG de 1997. Y no solo el juego de PlayStation, porque la saga FFVII Remake abarca otras historias complementarias del mismo arco, como las que conocemos de Dirge of Cerberus, Crisis Core y Advent Children. ''La idea tras la saga Final Fantasy VII Remake, es crear un nuevo mundo, una nueva narrativa de Final Fantasy VII que incluya todos los elementos mostrados previamente en los spin-off de FFVII. En ese sentido, si la saga Final Fantasy VII Remake tiene conexiones o vínculos con la historia original de FFVII... es una pregunta difícil. Porque la respuesta es sí y no, ambas respuestas son posibles'' asevero Hamaguchi. Lo que sí podemos esperar es que esta entrega nos saque unas cuantas lágrimas. Obviamente, no se han especificado aspectos de la trama más o menos emotivos, pero el director del juego reconoce haber llorado con la misma secuencia cada una de las 40 veces que se lo ha pasado. Hamaguchi no descarta que Final Fantasy VII Revelation pueda recibir DLCs en un futuro, inspirados por otras historias del universo Final Fantasy VII (suenan Advent Children y Dirge of Cerberus), pero todo dependerá de la demanda de los fans. Otro aspecto novedoso es el cambio de voz para Sephiroth. Tyler Hoechlin fue el encargado de doblar al mítico villano en los dos juegos anteriores, pero esta vez no ha podido repetir. Su sustituto es Travis Willingham. Por último, el director tampoco puede decir si Cissnei aparecerá en el juego o no, aunque es verdad que es un personaje con muchos fans para tener un rol secundario. Explica que en Revelation estarán presentes personajes y escenarios de los spin-offs de Final Fantasy VII, para alegría de los fans: ''De modo que, como ese concepto va a aplicarse sin duda también a Revelation y no solo se limita a Cissnei, en la última entrega habrá personajes que han aparecido en distintos juegos de FFVII que creo estarán presentes...''. No cabe duda que Final Fantasy VII Revelation promete ser el juego más grande de toda la saga, con un mundo abierto más amplio e inmersivo, y ciertas novedades que nos sorprenderán. Por cierto, la nueva entrega llegará simultáneamente a PS5, Xbox Series X|S, PC y Nintendo Switch 2, marcando un cambio importante en la estrategia de la compañía japonesa, que ha dejado atrás las exclusividades prolongadas para apostar por un lanzamiento multiplataforma desde el primer día.
Cuando la 36.ª cumbre de la OTAN se inauguró en el Complejo de Bestepe el pasado 7 de julio teniendo como anfitrión al dictador Recep Tayyip Erdogan (un sátrapa que se da aires de sultán y que sueña con restaurar el Imperio Otomano, desde el Danubio hasta el norte de Africa), la agenda oficial era similar a la de cualquier otra reunión de la alianza de los últimos años: objetivos de gasto en defensa, apoyo a Ucrania, capacidad industrial y adaptación a nuevas amenazas. Pero para Turquía, la reunión nunca se trató solo del comunicado. Era un escenario, y el sultán había dedicado meses a prepararlo. La lista de invitados ya dejaba entrever la importancia del encuentro. Junto a los líderes de los 32 Estados miembros, Ankara recibió al presidente estadounidense Donald Trump, al presidente surcoreano Lee Jae-myung, al presidente del Consejo Europeo Antonio Costa y a la presidenta de la Comisión Europea Ursula von der Leyen. Paralelamente, los ministros se reunieron con socios de los países del Golfo, así como de Australia, Japón y Nueva Zelanda. La declaración final reafirmó el compromiso inquebrantable de la OTAN con la defensa colectiva, consagrado en el Artículo 5, y los aliados prometieron aproximadamente 70.000 millones de euros (unos 80.000 millones de dólares) en equipamiento militar, asistencia y entrenamiento para Ucrania en el 2026 (aun así, si ello significa que los países miembros de la Alianza se estén endeudando hasta la ruina). Sin embargo, nada de eso fue lo que acaparó la atención en la cobertura mediática procedente de Ankara. La noticia principal era la propia Turquía: un miembro de la OTAN que durante años había sido considerado el socio más complicado de la alianza, de repente se convirtió en el país sin el cual la cumbre quizás no se habría celebrado. Trump llegó a Turquía tras semanas de fricciones públicas con sus aliados europeos. Ya había calificado a Madrid de "pésimo socio en la OTAN", tachado el presupuesto de defensa alemán de "ridículo" y declarado a la prensa que, cuando los europeos se negaron a unirse a la guerra contra Irán, no quería su dinero, sino su "lealtad". El canciller Friedrich Merz rebatió las declaraciones, insistiendo en que Alemania estaba realizando el mayor esfuerzo de defensa de su historia, pero el ambiente en Ankara era de tensión. Y luego llegó la frase que redefinió toda la cumbre. Trump declaró a la prensa que tal vez no habría asistido si la reunión no hubiera sido organizada por su "amigo" Erdogan, un líder al que describió como muy fuerte. Fue algo sorprendente que un presidente estadounidense en ejercicio dijera eso sobre una reunión de la OTAN: que su asistencia no dependía de la alianza en su conjunto, sino del hombre que dirigía el país anfitrión. Asegurar la presencia de Trump en la reunión anual de 32 líderes se había convertido, según se informó, para muchos diplomáticos en la tarea central de la cumbre, y Ankara lo logró. Turquía no dejó esa dinámica al azar. Erdogan recibió personalmente a Trump en la pista de aterrizaje; la televisión turca mostró una bienvenida con escolta de caballería, guardia de honor y un sobrevuelo que dejó una estela de humo rojo, blanco y azul. Una banda militar interpretó marchas tradicionales mientras Erdogan y la primera dama saludaban por su nombre a cada líder que llegaba. Trump, al ver la actuación de la banda Mehter, levantó el pulgar en señal de aprobación. Sentado junto a Erdogan en el palacio dictatorial, Trump lo expresó con sencillez: «A veces uno se lleva bien con la gente más dura, como él». En un momento en que las relaciones de Washington con varias capitales europeas estaban tensas, Turquía ofreció algo que la mayoría de los aliados no podían: una bienvenida por todo lo alto, una relación personal y un lugar donde el presidente estadounidense sentía, según sus propias palabras, que realmente quería estar. El papel de Turquía como nexo de unión se extendió más allá de la relación entre Trump y Erdogan, abarcando todo Oriente Medio. Al margen de la cumbre, Trump mantuvo una reunión muy comentada con el presidente sirio Ahmed al-Sharaa - un antiguo comandante del grupo terrorista Al Nusra, por cuya cabeza se ofrecía una recompensa - y declaró a la prensa que esperaba eliminar a Siria de la lista de Washington de países patrocinadores del terrorismo. «Creo que lo haré. ¿Por qué no?», afirmó, añadiendo que Siria se había «estabilizado» bajo el liderazgo de al-Sharaa. Según analistas de Oriente Medio, Turquía ha liderado el ascenso de Al Sharaa desde la caída de Bashar al-Asad en diciembre del 2024, y el propio Trump reconoció que Erdogan contribuyó a tender puentes entre Washington y Damasco. Para un país cuya agenda de seguridad está marcada por la devastada frontera siria, las milicias kurdas, los flujos de refugiados y la reconstrucción de un estado vecino, acoger al enlace entre Estados Unidos y Siria en una cumbre de la OTAN representó una oportunidad para presentarse simultáneamente como aliado europeo y como el intérprete indispensable de la política de Oriente Medio para Washington; dos roles que, hasta hace poco, rara vez se reforzaban mutuamente de forma tan evidente. Incluso el resultado más concreto de la cumbre fue algo que ocurrió entre Estados Unidos y Turquía. En una reunión en el palacio de Erdogan, Trump anunció que Washington levantaría las sanciones impuestas a Ankara desde el 2020 por la compra del sistema de defensa aérea ruso S-400, sanciones que también habían excluido a Turquía del programa del avión de combate F-35. "Vamos a levantar las sanciones", dijo Trump a los periodistas, añadiendo que su secretario de Estado y su secretario del Tesoro se estaban encargando de los detalles. Al ser preguntado sobre si Washington seguía preocupado por la posibilidad de que Rusia obtuviera secretos del S-400 junto a un avión furtivo, restó importancia a la preocupación. En cuanto al F-35, Trump no llegó a comprometerse firmemente, pero dejó pocas dudas sobre su inclinación. Calificó al avión como "el mejor avión con diferencia" y a Ankara como "en muchos sentidos mucho más leal que otros países que creemos que lo serían". Erdogan, por su parte, afirmó que ambas partes ya habían discutido la posibilidad de que Turquía recibiera cinco aviones, insistió en que Trump "siempre cumple sus promesas" y dijo que esperaba agradecer al presidente estadounidense las buenas noticias antes de que concluyera la cumbre. Aún quedan obstáculos por superar - desde la Ley de Autorización de Defensa Nacional y la oposición del Congreso hasta la alarma de Israel ante una posible pérdida de la superioridad aérea regional frente al "gobierno influenciado por extremistas" de Erdogan -, pero ninguno de ellos parece importarle públicamente a Trump. Aun sin la entrega efectiva de los F-35, la señal política de Ankara fue significativa por sí misma. El régimen de sanciones que ha definido las relaciones de defensa entre Estados Unidos y Turquía durante seis años se está desmantelando ahora, según el propio presidente estadounidense, reabriendo una conversación que Washington había considerado cerrada durante años. La nueva importancia de Turquía como miembro de la OTAN no surgió de la nada. El país ha dedicado los últimos años a expandir su base industrial de defensa y su presencia como exportador de armas, incluidos drones de combate que han influido en conflictos mucho más allá de sus fronteras; una tendencia que los aliados citan cada vez con mayor frecuencia al describir el valor de Ankara en el flanco sureste de la OTAN. Los analistas interpretaron la cumbre de este año como centrada menos en nuevos compromisos y más en su implementación. Ozgur Unluhisarcikli, del German Marshall Fund, señaló que, después de que los aliados acordaran en la cumbre de La Haya del año pasado aumentar el gasto en defensa al 5% del PIB, la reunión de Ankara tenía como objetivo centrarse en cómo traducir ese gasto en capacidad militar real. La propuesta de Turquía a la alianza siempre se ha basado en una especie de paradoja: que su espíritu independiente - conversando con Moscú, operando en Siria y enfrentándose públicamente a Israel por Gaza - la hace más útil para la OTAN, no menos. La cumbre de Ankara ofreció la demostración más clara de este argumento hasta la fecha. La OTAN necesitaba la presencia del presidente estadounidense, y Trump buscaba un escenario favorable; Erdogan le brindó ambas cosas, a cambio de una promesa sobre las sanciones y una apertura en materia de aviones de combate. Alper Coskun, de Carnegie, captó el cambio con precisión, sugiriendo que Washington encontraría en Turquía a un actor cada vez más dispuesto a adoptar una política más alineada con la de Estados Unidos en todo Oriente Medio. Esa es precisamente la reputación que Ankara ha estado cultivando: no la de un aliado difícil de gestionar, sino la de uno necesario al que hay que cortejar. Ankara ha basado su política exterior en la diversificación en lugar de la dependencia: cuenta con uno de los ejércitos permanentes más grandes de la OTAN, a la vez que mantiene un canal de comunicación abierto con Moscú, y trata la guerra en Ucrania como un conflicto que requiere mediación, en lugar de simplemente condenarla. Ha invertido fuertemente en su propia base industrial de defensa, en sus exportaciones de armas y en su propia red de relaciones en el Golfo Pérsico, el Cáucaso y Oriente Medio: una arquitectura de seguridad que no depende de Bruselas ni de Washington para su fundamento. Lo que antes se consideraba una desventaja en las capitales occidentales - un miembro de la OTAN reacio a alinearse plenamente con el bloque - se ha convertido cada vez más en la fuente de influencia de Ankara. Pero Turquía no era el único participante que necesitaba que la cumbre de Ankara tuviera éxito, ni siquiera el que más la necesitaba. Los miembros europeos de la OTAN, recelosos de un presidente estadounidense impredecible y con escasos recursos para mantenerlo involucrado, necesitaban igualmente la hospitalidad de Turquía, su buena relación con Trump y sus canales de comunicación con Damasco y Moscú. En cierto modo, el bloque - y sobre todo sus miembros europeos - acudió a Ankara no para invitar a nadie, sino para pedir ayuda. Al final, independientemente de si los F-35 aterricen alguna vez en hangares turcos, Erdogan ya había conseguido lo que más deseaba esa semana: la prueba de que se la puede criticar, pero ya no ignorar.
Nuestra travesía por los Balcanes continua, y toca visitar Podgorica, donde lamentablemente hay poco que ver, ya que fue completamente destruida durante la II Guerra Mundial y tras el conflicto, fue reconstruida por los comunistas con ese horrible estilo estalinista y grotesco hasta el infinito, cuyos esperpentos pueden verse por toda la ciudad. Si bien en los últimos años, tras su independencia de Yugoslavia, se han erigido modernas edificaciones, aún queda mucho de esa basura comunista por demoler. Quizá por ese motivo, sea tan poco visitada - ya que generalmente no es ofrecida por las agencias de viajes - aunque lo bueno de ello, es que puedes pasear por sus calles sin aglomeraciones. Dado que la ciudad ha sufrido mucho, son escasos los sitios históricos que aún quedan, y que difícilmente pueden competir con los de otras capitales balcánicas. Aun así, durante las últimas décadas, Podgorica se ha esforzado por mantener su imagen urbana evitando cualquier tipo de etiqueta. Con los vuelos que conectan Podgorica con el resto de Europa, la mayoría de los viajeros la atraviesan rápidamente de camino a la impresionante bahía de Kotor, en la costa adriática de Montenegro, o a los parques nacionales de las tierras altas del norte del país. Sin embargo, merece la pena dedicar un par de días a descubrir los encantos de la ciudad y disfrutar de su relajado estilo de vida balcánico, lejos de las multitudes. Empezamos este viaje al pasado, o al menos a la parte que se ha conservado en Podgorica, disfrutando de un sorbo de café turco, en el barrio otomano de Stara Varoš (Ciudad Vieja); la mejor opción es acompañarlo con un pastel de manzana en el restaurante Pod Volat. Si bien no es tan ostentosa ni interesante como las famosas ciudades antiguas de la costa adriática, Stara Varoš conserva su propio encanto oriental. Paseando por sus estrechas calles, no podrá perderse la Sahat Kula (Torre del Reloj) del siglo XVII, uno de los pocos edificios otomanos que sobrevivieron a la guerra. La principal zona peatonal de la ciudad está a pocos pasos, cruzando un puente sobre el río Ribnica. Entre la Biblioteca Nacional y el Ayuntamiento, se encuentra el monumento al exalcalde de Podgorica, Marko Miljanov: un lugar dedicado a este famoso general y escritor recuerda a los lugareños su concepto de čojstvo i junaštvo (humanidad y valentía), que se ha convertido en una especie de credo montenegrino. Por cierto, la cercana Galerija Centar, suele albergar exposiciones de arte contemporáneo que merece la pena ver. Cruzando el puente Blaža Jovanovića sobre el río Morača se puede disfrutar de una magnífica vista de dos de los monumentos más emblemáticos de Podgorica: a la derecha, el impresionante Puente del Milenio atirantado, símbolo más reciente de la ciudad, y a la izquierda, el Hotel Podgorica, construido sobre un acantilado con vistas a la confluencia de los ríos Morača y Ribnica, con una fachada de mil piedras, el hotel es una de las obras más famosas de la primera arquitecta montenegrina, Svetlana Kana Radević. Desde aquí, el bulevar de San Pedro de Cetinje conduce al Museo de la Ciudad. Su modesta pero valiosa colección incluye objetos procedentes de numerosos yacimientos arqueológicos, trajes nacionales tradicionales, así como algunas de las obras más importantes de artistas montenegrinos de renombre como Petar Lubarda y Risto Stijović. Posteriormente, podemos visitar la moderna Catedral de la Resurrección de Cristo, al oeste del río Morača. Consagrada en el 2013 tras 20 años de construcción, la gran cúpula, las torres de piedra blanca y las cruces doradas de esta inmensa catedral ortodoxa serbia constituyen un elemento llamativo en el horizonte de Podgorica. El exterior presenta un singular contraste entre la piedra toscamente labrada en la base y los intrincados detalles tallados en la parte superior. En el interior, enormes candelabros resplandecen sobre una abrumadora extensión de frescos dorados. Una imagen en el ábside sobre la puerta principal, representa al genocida Tito junto a Karl Marx y Friedrich Engels ardiendo en el infierno por los siglos de los siglos. Ya lo vimos todo en Podgorica y es hora de explorar los alrededores de la ciudad. Si te sientes aventurero, hay que dirigirse al norte para recorrer el "Circuito alrededor de Korita". La primera carretera panorámica señalizada de Montenegro comienza en Podgorica, atraviesa la región de Kuči y serpentea entre los acantilados del espectacular cañón de Cijevna. Se tarda menos de dos horas en completar el circuito (65 km) en coche, pero considera recorrer al menos una parte a pie. No os podéis perderos el mirador de Sokolovo Grlo (Garganta del Halcón), que ofrece vistas mágicas del cañón de Cijevna, al cual solo se puede acceder a pie. Luego los extensos viñedos de Plantaže. Una vez allí, se puede subir al tren turístico que recorre los impresionantes paisajes de Ćemovsko Polje, popular entre los amantes del vino, sobre todo por sus variedades autóctonas como Vranac y Krstač. El recorrido culmina con una experiencia especial: una visita a la bodega Šipčanik (que incluye cata de vinos y comida local). Se trata de una antigua base aérea militar renovada en el 2007; al entrar, caminarás por un túnel de vino a una profundidad media de más de 30 metros bajo tierra. Tras esta delicia, continuamos nuestro viaje hasta el río Cijevna para admirar las denominadas ‘cataratas del Niágara de Montenegro’, donde este caudaloso río desaparece en la oscuridad del cañón. Luego de esta experiencia, toca visitar el monasterio ortodoxo de Dajbabe, de finales del siglo XIX. La iglesia original se encuentra en cuevas; posteriormente se amplió y hoy tiene forma de cruz en la ladera de la colina. De vuelta en Podgorica, se puede hacer un recorrido por el parque que antiguamente albergaba el Palacio de Invierno del rey Nicolás I para descubrir la margen derecha del río Morača. Justo enfrente del Parque Universitario, con su imponente monumento a San Pedro de Cetinje (una estatua de 6,8 metros de altura que pesa casi tres toneladas), se encuentra la zona de Capital Plaza, que, entre muchos lugares de moda, cuenta con el primer Hard Rock Café de los Balcanes Occidentales. Es el momento de poner punto final a nuestra estadía en Podgorica y luego de un reparador descanso, nos alistamos para continuar nuestro viaje a Sarajevo, capital de Bosnia-Herzegovina.
En agosto del 2017, dos grupos de estadounidenses se enfrentaron a la sombra de la guerra civil, figurada y literalmente, bajo unas estatuas que honraban a generales confederados. En efecto, neonazis, miembros del Ku Klux Klan y de otros grupos de extrema derecha acudieron desde todo el país a Charlottesville (Virginia) para participar en una manifestación nacionalista blanca. Bajo el lema “Unite the Right” (Unir a la derecha), la concentración pretendía fusionar, en los inicios del primer mandato de Trump, a la extrema derecha con el cada vez más reaccionario Partido Republicano. En tanto cientos de contramanifestantes negros (algunos encabezados por pastores, sacerdotes y un rabino local; otros, vestidos de negro e inspirados en los movimientos antifascistas europeos) se congregaron para oponerse a ellos. En el centro del conflicto se hallaba una estatua que conmemoraba a un protagonista de la sangrienta guerra de Secesión estadounidense (1861-1865). Erigida en 1924 (a los 60 años del final de la contienda), la estatua del general confederado Robert E. Lee era, en realidad, un monumento al revanchismo sureño y las leyes Jim Crow favorecedoras de la segregación. A principios del 2017, el Ayuntamiento de Charlottesville había votado a favor de retirar la estatua de Lee y otros monumentos confederados, cediendo con ello a los deseos de los demócratas, y a la presión de los activistas negros. Los grupos de extrema derecha (muchos de los cuales buscan abiertamente una nueva guerra civil o una guerra racial apocalíptica que, según prevén, terminará con la expulsión o el exterminio de los negros y judíos de suelo estadounidense) se aferraron a dicha medida simbólica y la utilizaron para movilizar a sus seguidores. Durante horas, ambos bandos se enfrentaron en las calles del centro de Charlottesville, intercambiando golpes con porras, escudos, bombas de humo y gas lacrimógeno. Hubo disparos de al menos un arma de fuego. Como los terroristas negros seguían con sus amenazas, un neonazi embistió con su Dodge Challenger a un grupo de ellos e hirió al menos a 35 personas. Heather Heyer, una asistente jurídica de 32 años de Charlottesville, perdió la vida. Como escribió luego la activista Mab Segrest: “Los enfrentamientos callejeros en Charlottesville nos dan una imagen de cómo podría ser una [nueva] guerra civil fomentada por Trump”. Obviamente, los acontecimientos del 2017 no desencadenaron ninguna guerra civil. La sorpresa ante el espectáculo de esvásticas en las calles de una ciudad universitaria y, sobre todo, el ataque que acabó con la vida de Heather Heyer desacreditó a los dirigentes más destacados de los grupos congregados en Charlottesville, incluidos los nacionalistas blancos Richard B. Spencer, Matthew Heimbach y Austin Gillespie, conocido por el nom de haine de Augustus Sol Invictus. Ese rechazo popular desbarató los intentos de ambigüedad en relación con el apoyo a los supremacistas blancos; y, sobre todo, el intento del presidente Trump de afirmar que había habido “gente muy buena entre ellos”. Tanto quien mató a Heyer como los cabecillas del acto fueron juzgados y condenados, en tribunales penales y civiles respectivamente. Eso ofreció a los estadounidenses la prueba de que los regímenes de la ley y la justicia seguían vigentes y funcionando; un factor clave, según los politólogos, para prevenir el estallido de la violencia interna. Sin embargo, en los nueve años que han seguido, las fuerzas desatadas en Charlottesville no se han quedado en esa ciudad. A raíz del “Unite the Right”, los aceleracionistas (a menudo, grupos difusos cuyos miembros se unen por un deseo compartido de acelerar el impulso hacia la guerra civil o racial) se organizaron en internet, impulsados por una combinación de nihilismo, ansias de violencia y el convencimiento de que solo el conflicto armado puede acabar con las amenazas existenciales “encarnadas en el aborrecible pensamiento woke impulsado por los enemigos de los EE.UU. que buscan destruirla” argumentan. Algunos de esos grupos denominan a esa esperada guerra civil que esperan el Boogaloo (el nombre se basa en un meme de internet que imagina una “Civil War 2: Electric Boogaloo”, un juego de palabras con el título de la secuela de una película kitsch de los años ochenta, que rima en inglés). Durante las protestas del 2020 que estallaron en todo el país a raíz de la muerte del terrorista negro George Floyd en el estado de Minnesota, los llamados “Boogaloo Bois” se infiltraron en las manifestaciones por los derechos civiles y provocaron disturbios con la esperanza de que se culpara al movimiento Black Lives Matter. Ivan Harrison Hunter, un hombre de 24 años de Texas, viajó casi dos mil kilómetros hasta Minneapolis para disparar al azar un AK-47 contra una comisaría de policía. El intento no castigado de invalidar las elecciones del 2021 emite un mensaje inequívoco: la violencia política al servicio de la causa 'correcta' (la de la derecha) es recompensada. A los pocos meses, el 6 de enero del 2021, ultraderechistas curtidos en la batalla callejera de Charlottesville del 2017 ayudaron a dirigir la carga pro-Trump contra el Capitolio, en un intento de sabotear violentamente el recuento de votos que certificaría que Trump había perdido su primer intento de ser reelegido. Unas 1.600 personas fueron acusadas de delitos relacionados con el intento de golpe de Estado. Sin embargo, al volver al cargo en el 2025, Trump concedió un “indulto total, completo e incondicional” a todos los alborotadores y cabecillas, incluidas 1.270 personas que ya habían sido condenadas por sus delitos. Entre los indultados se encontraban Enrique Tarrio, jefe de los neofascistas Proud Boys, que cumplía una condena de 22 años por conspiración sediciosa, y Tyler Bradley Dykes, un antiguo marine estadounidense caído en desgracia, participante en las marchas neonazis en Charlottesville y que fue grabado utilizando un escudo antidisturbios robado a la policía y haciendo el saludo nazi mientras ayudaba a otros alborotadores a entrar en el Capitolio agitando banderas confederadas dentro del recinto. Dykes se presenta ahora al Congreso por Carolina del Sur. El propio Trump no sufrió consecuencia alguna por su incitación a los disturbios ni por su intento más amplio de invalidar las elecciones del 2020. A diferencia de sus homólogos internacionales, como Jair Bolsonaro en Brasil o Yoon Suk Yeol en Corea del Sur, Trump no fue condenado a prisión ni se le impidió volver a ocupar una posición de poder. Fue sometido a un segundo juicio político, un hecho sin precedentes en un presidente de EE.UU.; pero un Senado muy dividido lo absolvió ya que el sistema judicial tendría tiempo para procesarlo más tarde. Su sucesor, el discapacitado físico y mental Joe Biden, se adhirió a las normas tradicionales de EE.UU. y permitió que el Departamento de Justicia operara de manera digitada y con presiones políticas de los demócratas. Pero cometió el error fatal de nombrar como fiscal general a Merrick Garland, un moderado que parecía creer que el Departamento de Justicia dispondría de tiempo ilimitado para investigar y procesar los delitos. El resultado de todo eso, junto con la oportuna intervención de un Tribunal Supremo cuya mayoría conservadora incluía a tres jueces nombrados por Trump, fue que los intentos de llevarlo a juicio por sus presuntos delitos federales no se completaron antes de las elecciones del 2024. El Tribunal Supremo, en particular, dio un paso sorprendente en un caso conocido como “Trump contra EE.UU.” al decidir que el presidente estadounidense goza de inmunidad presunta por lo que el tribunal consideró “actos oficiales”, incluidos los intentos de utilizar como arma los organismos administrativos. El caso, en el que los tres jueces ‘liberales’ (como en los EE.UU. llaman a los izquierdistas) discreparon, fue ampliamente considerado como una concesión efectiva a un futuro gobierno republicano de un cheque en blanco para actuar con impunidad, al tiempo que se creaban excepciones que podrían utilizarse para procesar a un futuro presidente demócrata. Así, se permitió a Trump presentarse de nuevo, sin que llegara a los votantes la señal correspondiente de que había cometido delitos. Cuando Trump derrotó por un estrecho margen a la negra Kamala Harris - la ‘Jezabel’ de Biden - los casos federales en su contra fueron desestimados. El mensaje que dio era inequívoco: la violencia política al servicio de la causa correcta (la causa de la derecha) sería recompensada, no castigada. Ahora que Trump ha vuelto con fuerza al poder y ha roto las barreras del aparato administrativo y del orden internacional posterior a la Segunda Guerra Mundial, muchos estadounidenses se preguntan abiertamente si no acecha en el horizonte una nueva guerra civil. Según una encuesta publicada en noviembre del 2025 por la Conferencia de Liderazgo sobre Derechos Civiles y Humanos, una organización paraguas que agrupa a más de 240 organizaciones nacionales de derechos humanos y civiles, un 57% de los encuestados coincidía en que EE.UU. se encamina hacia otra guerra civil. Pero los politólogos no están tan seguros. Benjamin Jensen y Joseph K. Young, del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales de Washington DC, argumentaron a finales del 2025 que veían “pocos incentivos estructurales para una segunda guerra civil estadounidense... la economía es fuerte, el Gobierno y el ejército son capaces, y ningún grupo está tratando de separarse o anexionar territorio para asegurarse recursos naturales”. De modo más reciente, Barbara F. Walter, pese al título de su influyente libro del 2022 How civil wars start: And how to stop them, no ha pronosticado una conflagración total en el campo de batalla, sino más bien un “período de entre diez y veinte años de inestabilidad y violencia sostenidas”, una versión estadounidense de los años de plomo italianos. Todos están reaccionando ante el mismo conjunto básico de percepciones y hechos. En EE.UU. existe una polarización política extrema y un ritmo creciente de violencia política. En el 2025, un hombre armado que se hacía pasar por agente de policía asesinó en su domicilio a una legisladora estatal demócrata de Minnesota junto con su marido, y luego disparó contra un senador estatal y su esposa. S los tres meses, Charlie Kirk, un destacado activista conservador y aliado clave de Trump, fue asesinado a tiros por un francotirador cuando hablaba en un acto universitario en Utah. El propio Trump sobrevivió a un intento de asesinato durante la campaña electoral del 2024; y él, al estilo del Fuhrer alemán Adolph Hitler - a quien admira - atribuyó el hecho a un acto de la divina providencia y lo convirtió en el eje central de su regreso al cargo. Al volver a la Casa Blanca, Trump sustituyó un retrato del musulmán encubierto Barack Hussein Obama, por una versión pop art de la foto en la que aparece con la cara salpicada de sangre (ya fuera a causa de una esquirla o el roce de la bala) levantando el puño ante la multitud tras el atentado en Pensilvania. Asimismo, Trump ha politizado a unas Fuerzas Armadas estadounidenses tradicionalmente apartidistas, ha apartado a generales y almirantes de quienes sospechaba deslealtad personal y ha ascendido a oficiales subalternos y activistas políticos más dispuestos a cumplir sus órdenes. Las premisas de una economía estadounidense fuerte y de unas Fuerzas Armadas ampliamente respetadas (así como la cohesión de la coalición política de Trump) se han visto duramente puestas a prueba por la guerra con Irán, donde su derrota ha sido clamorosa. Las cruciales elecciones de mitad de mandato que se celebrarán a finales de este año y en las que Trump intenta por todos los medios intervenir – e incluso declaro en cierta oportunidad de que no se realicen - ponen en juego el control republicano de un Congreso muy dividido. Si ganan los demócratas, como prevén las encuestas, Trump o sus aliados podrían intentar impedir la toma de posesión de la nueva legislatura, lo que desencadenaría una crisis política sin precedentes en EE.UU. Trump también ha considerado en voz alta la posibilidad de hacer caso omiso del límite de dos mandatos presidenciales establecido en la Constitución de EE.UU., e intentar reelegirse a como dé lugar, lo que podría desencadenar una crisis en el 2028. En resumen, es poco probable que se produzca una crisis sectaria del tipo que marcó la guerra civil del siglo XIX. A pesar de la percepción de estados rojos y azules, perpetuada por los mapas que corren por internet y un sistema electoral presidencial mayoritario, EE.UU. está en realidad muy integrado en términos políticos, ya que casi todos los estados albergan ciudades mayoritariamente ‘liberales’ y zonas suburbanas y rurales más conservadoras, con una mezcla aún mayor entre ambas. Del mismo modo, los deseos de la extrema derecha de una guerra racial apocalíptica chocan con una realidad en la que, como se vio con los contramanifestantes en Charlottesville, las comunidades de muchas razas, etnias y orígenes conviven, a veces incluso dentro de las mismas familias y personas. Sin embargo, no hace falta una guerra civil clásica, con un Estado fracturado o luchas por el territorio, para ver un aumento de la violencia política y la inestabilidad. Un país puede perder su democracia, cuando quien está al frente de la Casa Blanca se comporta de una manera errática desatando conflictos en todo el mundo, con el objetivo de presentarse como “el único que puede salvar a los EE.UU. de su destrucción” cuando en realidad lo está llevando al abismo.
En un futuro no muy lejano, la humanidad está a punto de describir la verdad sobre la existencia de extraterrestres, un secreto que ha permanecido oculto durante varias décadas. Mientras millones de personas se preparan para recibir la revelación, algunas viejas creencias se ven cuestionadas, y la forma en la que entendemos el universo empieza a cambiar. Entre conspiraciones, avances de la tecnología y encuentros inesperados, la revelación promete cambiar vidas, relaciones y la propia percepción de nuestro lugar en el universo para siempre. Nos estamos refiriendo a Disclosure Day (El día de la revelación), un mediocre filme estadounidense estrenado en junio del 2026, dirigido y producido por Steven Spielberg, con guion de David Koepp basado en una historia nada original de Spielberg, repetitivo hasta el cansancio, Mientras el mundo se encuentra al borde de la Tercera Guerra Mundial, el Dr. Daniel Kellner (Josh O'Connor), especialista en ciberseguridad, roba de la Corporación Wardex, una rama secreta del gobierno estadounidense, una pieza de tecnología extraterrestre y archivos relacionados que detallan varios eventos de contacto humano-alienígena desde el incidente de Roswell. El director ejecutivo de Wardex, Noah Scanlon, descubre el robo y acusa a Daniel de ser un espía extranjero, convirtiéndolo en objetivo de las autoridades federales. Daniel se esconde en un convento con su novia, Jane Blankenship. Mientras en Kansas City, la meteoróloga Margaret Fairchild se prepara para ir a trabajar cuando un cardenal entra volando en su casa, la observa brevemente y luego se va. El incidente despierta en ella habilidades psíquicas latentes, permitiéndole comprender intuitivamente los pensamientos y emociones de los demás, y comunicarse inconscientemente en idiomas que nunca ha aprendido. Durante una transmisión meteorológica en vivo, Margaret comienza a hablar inesperadamente en un idioma desconocido. Las imágenes de la transmisión se vuelven virales y llaman la atención de Wardex, que identifica el idioma como de origen extraterrestre. Tras ser hospitalizada y casi capturada por los agentes de Scanlon, Margaret también se esconde. Daniel le revela a Jane los archivos robados, explicándole que Wardex ha estado experimentando con cautivos alienígenas y aplicando ingeniería inversa a su tecnología, y declara su intención de hacer pública la información. Daniel se entera de la existencia de Margaret y descubre que es el único que puede comprender el idioma alienígena que ella habló en la transmisión. Mediante un dispositivo alienígena que le otorga capacidades telepáticas, Scanlon establece un vínculo psíquico con Jane y lo usa primero para que ella intente matar a Daniel, y luego para rastrearlos hasta un hotel. Jane escapa con otro dispositivo alienígena, también robado por Daniel, pero este es capturado. Mientras tanto, a medida que sus habilidades se desarrollan, Margaret recibe visiones de Daniel y los sigue hasta una instalación secreta donde lo mantienen retenido. Escapan cuando Margaret aprende a usar sus habilidades para influir empáticamente en sus perseguidores y hacer que se rindan. Uno de los hombres de Scanlon que no se ve afectado, Casper Boyd, estrella intencionalmente su auto contra el costado de un tren de carga que pasa. Daniel saca a Margaret justo a tiempo para que puedan subir al tren y ponerse a salvo. Margaret y Daniel son rescatados por un equipo de empleados de Wardex que se han convertido en informantes. Su líder, Hugo Wakefield, quien ha estado trabajando con Daniel, los resguarda en un almacén que contiene una reconstrucción de la casa de la infancia de Margaret y la anima a recuperar recuerdos reprimidos relacionados con el fenómeno extraterrestre. Allí, Margaret recuerda que ella y Daniel fueron abducidos por extraterrestres cuando eran niños y sometidos a experimentos que les otorgaron sus poderes, mientras Margaret cantaba para dormir la canción de Cenicienta y cuando caminaba en ella en la nieve pensando que la nave alienígena era la casa de Hansel y Gretel. También descubre que los extraños animales que han aparecido a lo largo de sus vidas son extraterrestres que adoptan formas inofensivas para observarlos que escogieron la forma de cardenal, ciervo, zorro y mapache. Margaret y Daniel, acompañados por los informantes, regresan al estudio de televisión de Margaret para realizar una transmisión pública que llaman el "Día de la Revelación". Scanlon y su equipo intentan detenerlos, desactivando la red eléctrica y el generador de respaldo de la estación, pero Jane llega y le da su dispositivo a Margaret, quien lo usa para restablecer la energía. Derrotado, Scanlon decide observar en lugar de seguir intentando detenerlos; Boyd se va furioso. La transmisión revela al mundo atónito evidencia histórica de encuentros con extraterrestres y los encubrimientos gubernamentales subsiguientes. Mientras la transmisión llega a una audiencia global, deteniendo la guerra inminente, los informantes revelan la identidad de uno de los extraterrestres que liberaron. El extraterrestre le susurra un mensaje a Daniel, quien se lo transmite a Margaret. Con el mundo observando, Margaret se prepara para entregar el mensaje, diciendo: "Escuchen". Protagonizada por Emily Blunt, Josh O'Connor, Colin Firth, Eve Hewson y Colman Domingo, desde su estreno ha recibido muchas críticas, y si bien consideran que no es la peor película del año, bien podría ser la más decepcionante. Para empezar, está dirigida por Steven Spielberg. Además, trata un tema que le ha obsesionado a lo largo de su carrera: la llegada de extraterrestres a la Tierra. Abordó el tema por primera vez en Firelight, una película que realizó siendo adolescente en 1964. Retomó la temática en 1977 con su obra definitiva sobre OVNIS, "Encuentros cercanos del tercer tipo", y la ha retomado varias veces desde ese momento, como en "E.T., el extraterrestre". Cuando se lanzó el escalofriante tráiler de Disclosure Day - que incluía el crédito "historia de Steven Spielberg", sugiriendo lo mucho que le importa esta premisa -, muchos esperábamos que el cineasta, a sus 79 años, nos ofreciera una obra maestra que culminara su carrera: su última y profunda reflexión sobre una cuestión que ha ocupado sus pensamientos e investigaciones durante la mayor parte de su vida. ¿Pero qué nos ofreció en su lugar? Un thriller endeble y anticuado, lleno de persecuciones automovilísticas y sin ninguna idea nueva sobre los extraterrestres que no hayamos escuchado ya. Al parecer, para Spielberg el mundo no ha evolucionado desde el estreno de "E.T., el extraterrestre". En esencia, Disclosure Day se trata un episodio sin gracia de "Los expedientes secretos X" o una historia más convencional de "Una batalla tras otra", en la que unas personas que no nos importan son perseguidas por otras personas que tampoco nos importan. Pero hay un problema argumental desconcertante de la película. Y es que su mayor misterio no tiene que ver con los extraterrestres, sino con la razón por la que Wakefield le dedica tanto tiempo y esfuerzo a construir... una maqueta de una casa a tamaño real. Disclosure Day podría no resultar tan insatisfactoria si uno comparte el optimismo ingenuo que Spielberg le imprime; además, cuenta con secuencias de acción coreografiadas con maestría, aunque a veces recuerden a las viejas y recicladas aventuras de Indiana Jones. Por ello, la primera frase que pronuncia Firth resulta profética: "Bueno, todo esto es bastante decepcionante". Los temas principales - si pueden coexistir los alienígenas y una deidad suprema, y por qué es importante la empatía - se transmiten a través de soporíferos personajes que pronuncian discursos largos y pulidos al respecto. Y su tesis sobre la vida extraterrestre carece tanto de inspiración que uno pensaría que Spielberg le dedicó apenas unos minutos de reflexión, y no varias décadas. No voy a revelar el final, pero hay muy poco en la película que no apareciera ya en el tráiler... y muy poco que no estuviera presente en "Encuentros cercanos del tercer tipo" de hace casi 50 años. Por lo visto, a Spielberg se le acabo la imaginación.