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miércoles, 31 de julio de 2019

BORIS JOHNSON: El encantador de serpientes

El acceso al número 10 del Downing Street de un personaje tan extravagante y ridículo como Boris Johnson difícilmente podría llegar en un momento más inoportuno a medida que aumentan las tensiones entre los EE.UU., Gran Bretaña e Irán, propiciadas por Washington con el claro objetivo de desatar un conflicto en el Golfo Pérsico ‘justificando’ así una invasión militar para derrocar a la República Islámica para - de la misma manera que sucedió con Irak - apoderarse de sus inmensos recursos petrolíferos. Precisamente, los temores al estallido de una guerra han crecido de una manera alarmante en los últimos días con Johnson como primer ministro. Para algunos el tipo pudiera parecer divertido, pero el resto del mundo lo ve simplemente como lo que es: un loco. Lo que más preocupa aparte de su grotesca apariencia, es la manera poco diplomática de comportarse ante los demás y expresarse con una vulgaridad pocas veces vista, tratando al resto de las personas de una manera, por decirlo suavemente, ‘incorrecta’. Vamos, que es un patán en toda regla, un bocazas como Donald Trump (de quien por cierto se considera su Alter Ego) y con ello lo decimos todo. Johnson no parece saber cuándo dejar de ofender a las personas con su lenguaje soez. Sus notorios comentarios públicos que bordean la islamofobia - a pesar de tener padres turcos - ya le habrán generado gran desprecio en Irán. Tendrá por ello muy poca autoridad y no podrá generar confianza en Teherán si quiere que las delicadas negociaciones para reducir las tensiones en el Golfo Pérsico vayan a tener éxito alguna vez, en particular debido a la incautación de barcos británicos, en respuesta a la ilegal captura de un petrolero iraní en Gibraltar, hecho considerado como un acto de piratería por los iraníes. A ello debemos agregar que el gobierno británico y la Oficina de Asuntos Exteriores se encuentran desorganizados, ya que varios ministros de alto rango - que se encargaban precisamente de ese asunto - entregaron sus renuncias en protesta por su llegada al poder en sustitución de Theresa May. Uno de los que renunciaron fue Alan Duncan, que estaba a cargo de las relaciones del Reino Unido con Washington y la Unión Europea. La falta de asesores principales en la Oficina de Relaciones Exteriores le dará a Boris Jonson la oportunidad para presentarse como la figura torpe e imprudente que es. Y es que manejar una situación geopolítica delicada como la que existe en estos momentos, no es algo que se puede confiar a un discapacitado mental. Lo que no puede sorprender a nadie, es que el nuevo primer ministro de 55 años muestra una gran admiración por Donald Trump, con el cual comparte el mismo grado de locura, por lo que la sintonía entre ambos es total. Rastrero como nadie, Johnson se ha degradado varias veces a sí mismo para halagar a la Casa Blanca. Así, cuando Trump atacó a Kim Darroch - el entonces embajador británico en los EE.UU. - por una serie de cables filtrados donde criticaba duramente a la administración estadounidense, el cobarde de Johnson repudio al diplomático, sellando así su caída y retirada de la embajada a principios de este mes. La renuencia de Johnson a defender al experimentado embajador fue un intento cínico de congraciarse con Trump. La misma actitud deferente se vio nuevamente cuando Trump fue ampliamente cuestionado tanto por los políticos estadounidenses como por los europeos por usar diatribas para atacar a cuatro oscuras congresistas demócratas con afán de figuración. En un debate televisado por el Reino Unido, Johnson dijo que la retórica de Trump fue de lo más apropiada y se negó rotundamente a condenar el lenguaje incendiario del inquilino de la Casa Blanca. Fiel a su carácter bipolar, Johnson parece ‘olvidar’ que hace cuatro años califico a Trump de " loco " por decretar la prohibición de ingresar a los EE.UU. de personas de siete países de mayoría musulmana. Desde entonces, todo ha cambiado y ahora Johnson se ha esforzado para congraciarse con Trump, quien por cierto, le ha devuelto los elogios, calificándolo como un "gran líder " incluso antes de su elección como primer Ministro por el Partido Conservador. Como sabéis, Trump es un ferviente partidario del plan de Johnson para un 'Brexit' duro de la Unión Europea este otoño. Después de todo, fue Johnson quien, junto con el líder ultranacionalista y conocido euroescéptico Nigel Farage, impulsó todo el asunto del Brexit tras el triunfo del referéndum en el 2016. Como fiel Brexiteer, ha despreciado abiertamente la diplomacia blanda con Bruselas, y es mas que probable que saque al Reino Unido de la UE sin ningún pacto comercial con el bloque. Al igual que otros Brexiteers duros, Johnson sufre delirios de grandeza, buscando la restauración de la influencia de la Gran Bretaña en el mundo y su renacimiento como una gran potencia global, al igual que en los días del Imperio Británico hace más de un siglo. Es esta arrogancia delirante lo que hace que Johnson se incline hacia Trump, porque sabe que libre de las infames ataduras de la UE, Gran Bretaña tendrá que firmar un pacto comercial con EE. UU. como un salvavidas. Es por ese motivo que las tensiones crecientes con Irán son particularmente peligrosas. Johnson es responsable de cumplir las órdenes de Trump sobre Irán sin dudas ni murmuraciones, incluso con más cercanía que la habitual " relación especial " británica con Washington. Gran Bretaña ya ha demostrado su disposición en las últimas semanas para aumentar la presión máxima sobre Irán por órdenes de los EE.UU., lo que ha llevado al incremento de las tensiones y los riesgos de una confrontación militar. Con Johnson a la cabeza en Downing Street, la perspectiva de que la conducta imprudente de Trump sea repetida por el en el Golfo Pérsico, es muy real y alarmante. De esta manera, la visión que el mundo tiene de la Gran Bretaña como un perro faldero de EE. UU. se hará aún más precisa bajo el liderazgo de Johnson. Incluso si no implica a su país en otra guerra de agresión criminal como cómplice de los estadounidenses, la imagen internacional del Reino Unido se verá empañada aún más de lo que ya está. A ello debemos agregar que el abierto desprecio que tiene Johnson por sus “aliados” europeos - en especial, Francia - promete echar a Gran Bretaña a la deriva como una pequeña nación que ha sido golpeada por fuerzas económicas globales que están más allá de su control. Durante la reunión del Partido Conservador para elegir a un nuevo Primer Ministro, Johnson fustigo con dureza a la Unión Europea y Alemania, en particular, por el "suave trato " hacia Rusia, demostrando estar en la misma línea ‘rusofóbica’ de Trump, repitiendo burdas afirmaciones sin fundamento alguno acerca de que agentes rusos habían llevado a cabo el asesinato del ex espía Sergei Skripal y su hija en Salisbury en marzo del 2018. Y criticó por ello a Europa “por no tomar una línea más agresiva hacia Moscú” en apoyo de Gran Bretaña. Recordemos asimismo que fue Johnson quien, como Secretario de Asuntos Exteriores, lanzó grotescamente una serie de acusaciones muy especulativas contra Rusia. Incluso, ridículamente, acuso sin prueba alguna de una supuesta conspiración contra su país al presidente ruso Vladimir Putin. Dicha calumnia no solo viola escandalosamente las normas internacionales, sino que demuestra que padece un defecto mental profundamente arraigado como es la rusofobia. Más tarde se descubrió que Johnson había mentido sobre su supuesta información que implicaba a Rusia, pero rehusó disculparse, quedando como el pobre diablo que es, quien tira la piedra y esconde la mano. Pero allí no quedo todo, ya que durante su elección como Primer Ministro, afirmo en su insania que Gran Bretaña estaba a la vanguardia "para detener la agresión de Putin contra Occidente" (?). Su nula comprensión de la historia, a pesar de sus absurdas pretensiones de querer ser visto como todo un erudito “experto”, se ilustró en toda su magnitud cuando comparó a Rusia, que fue anfitrión de la Copa del Mundo del 2018 con el III Reich alemán, que organizo los Juegos Olímpicos de Berlín de 1936, una comparación absurda desde todo punto de vista porque se trata de dos torneos completamente diferentes, queriendo de esta enrevesada manera de ‘asociar’ a Putín con Hitler y sus políticas expansionistas. El Ministerio de Relaciones Exteriores de Rusia lo reprendió en ese momento y declaró: “Es inconcebible pensar que esta persona sea el líder político de una potencia nuclear”. Por lo visto, Johnson no ha aprendido la lección y se ha deshonrado aún más, al afirmar que la "anexión" rusa de Crimea era comparable a la realizada por los alemanes con los Sudetes checos en 1938 como consecuencia del Pacto de Munich, firmada entre otros por la Gran Bretaña. Asimismo, ‘advirtió’ el hecho de que los EE.UU. y el resto de Europa no tomaran medidas punitivas contra Rusia, equivalía a un apaciguamiento político similar al ofrecido a Hitler durante la década de 1930 antes de la Segunda Guerra Mundial. “Es totalmente apropiado equiparar al Tercer Reich con la nueva Rusia de Putin” expreso fuera de si, alterando groseramente la historia, ya que ambos sucesos - Los Sudetes y Crimea - fueron una reparación histórica a graves injusticias cometidas por sus antecesores. Como podéis comprobar, tener a un ignorante bufón con un inflado sentido de superioridad como Primer Ministro de Gran Bretaña, es un peligro potencial por su deseo enfermizo de exacerbar las tensiones internacionales ya de por si volátiles, no solo con respecto a Irán, sino también entre EE.UU., Europa y Rusia. Boris Johnson es un payaso sin restricciones, cuyo ascenso inmerecido al poder terminará entre lágrimas. Solo podemos esperar que esas lágrimas sean suyas y no del resto del mundo :)
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