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miércoles, 25 de marzo de 2026

EE.UU.: La ruta del fracaso

Algo que no se puede negar y que la prensa occidental con su vomitiva propaganda no ha podido ocultar, es que Irán, a pesar de los intensos ataques que está recibiendo por parte de los EE.UU. y las ratas sionistas desde hace cuatro semanas, no ha cedido un ápice en su resistencia frente a sus encarnecidos enemigos, y que por el contrario, ha pasado a la ofensiva lanzando misiles de largo alcance - que pueden incluso llegar a Europa - tanto contra la base anglo-estadounidense Diego García (ubicada en medio del Océano Indico), como a la central nuclear israelí de Dimona, así como sus instalaciones de la industria aeroespacial, sin dejar de seguir bombardeando a la propia Tel Aviv, causando indeterminado número de muertos y cientos de heridos, con grave daño a su infraestructura - y ello es solo el comienzo - demostrando que su fortaleza es inquebrantable, a pesar de lo que diga el Criminal de Guerra, maldito pedófilo y violador de niños Donald Trump, quien como el imbécil que es, repite una y otra vez la misma cantaleta: “Su armada ya no existe”. ¿Entonces quién bloquea el estrecho de Ormuz?; “¡Sus misiles han desaparecido!” ¿Entonces quién bombardea Israel?; “La guerra está ganada” ¿Entonces, porque pide a gritos ayuda a la OTAN? Este hombre es tremendamente estúpido. Sin embargo, sus mentiras - que ni el mismo se los cree – quedan al descubierto, porque acto seguido afirma que “¡Sin EE.UU. la OTAN es un tigre de papel!”, denunciando que “los europeos son unos cobardes porque se quejan de los altos precios del crudo, pero no quieren ayudar a abrir el estrecho de Ormuz” rematando con el aviso de que “Washington lo recordará” , y todo por la negativa de “sus socios” a participar en el conflicto, quienes alegan que “no es nuestra guerra”, invocando por el contrario que Trump salga como pueda de ella, debido al grave daño a la economía mundial que está ocasionando, y del cual, según diversos analistas, no sabe cómo hacerlo. Creía que era ‘un paseo militar’, pero la realidad es que los misiles le están entrando por donde más le gusta... Irán, por el contrario, se había estado preparando durante años para este momento, con sus bases de lanzamiento de misiles y plantas nucleares ubicadas en lo más profundo de las montañas (adonde el enemigo no puede dañarlos) por lo que, para ellos, la guerra recién ha comenzado y saben que la van a ganar. En efecto, el ataque de Washington contra Teherán ignora su resiliencia, su posición central y los riesgos económicos globales de otro experimento fallido, demostrando que Washington no ha aprendido las lecciones correctas de los resultados de sus pasadas políticas de cambio de régimen en Oriente Medio, llevadas a cabo en gran medida en un intento por garantizar la seguridad a largo plazo de Israel. Como sabéis, las intervenciones militares estadounidenses para provocar cambios de régimen han dejado tras de sí conflictos internos, divisiones étnicas, inestabilidad política y económica, el auge de grupos islámicos, terrorismo, persecución de minorías y flujos de refugiados en los países atacados. Esto fue especialmente evidente en Irak y Siria. En tanto, Afganistán y Libia no fueron atacados con el objetivo de garantizar la seguridad de Israel, sino como parte de la llamada “guerra contra el terrorismo”, con el fin de asegurar el control sobre la política de esta región más amplia, incluidos sus recursos, y con el objetivo de erosionar la influencia de Rusia en esta parte del mundo. Lo que sucedió en realidad en esos cuatro países, es que se han convertido en Estados fallidos, y fuente de gran inestabilidad en la región. Ello demuestra que cualquier estrategia de cambio de régimen en Irán que tenga en mente la balcanización del país, tendría consecuencias desastrosas para el Medio Oriente y más allá. Esta región posee enormes reservas de petróleo y gas, por lo que la región es fundamental para el funcionamiento de la economía global. La guerra por ello es intrínsecamente desestabilizadora para las economías de todos los países que la conforman. Cabe precisar que las ambiciones territoriales, rivalidades geopolíticas e inseguridades de cualquier grupo de países no deben menoscabar los intereses de la comunidad global en su conjunto. Si se respetara la Carta de las Naciones Unidas y el Consejo de Seguridad funcionara eficazmente, se podría prevenir la guerra, ya sea por elección propia o impulsada únicamente por los intereses de seguridad de un país en particular. Irán se diferencia de los estados del Golfo en cuanto a su tamaño, población y capacidad militar. Posee una población altamente educada y una sólida base científica y tecnológica. No es una monarquía y, si bien no se ajusta a la descripción de las democracias occidentales, cuenta con procesos democráticos propios. Su estructura estatal, incluyendo las fuerzas armadas, le confiere resiliencia. El país ha estado sometido a severas sanciones occidentales, pero las ha superado, lo que le ha otorgado resistencia ante la presión. Su base ideológica religiosa le permite afrontar las dificultades. Además, domina geográficamente el estrecho de Ormuz, un punto estratégico crucial para el transporte de petróleo y gas desde esta rica región. En este contexto más amplio, la criminal agresión estadounidense-israelí contra Irán puede considerarse un grave error de cálculo. Los sionistas llevan mucho tiempo sintiendo una amenaza existencial por parte de Irán y ha presionado a Estados Unidos para que emprenda acciones militares con el fin de eliminar su programa nuclear, por no hablar del propio régimen. El lobby judío en Estados Unidos, reconocido por su gran poder, ha impulsado este objetivo, pero presidentes estadounidenses anteriores se resistieron a esta presión. De hecho, Barack Hussein Obama negoció el JCPOA como solución al problema nuclear. El Criminal de Guerra, maldito pedófilo y violador de niños Donald Trump, a pesar de sus discursos sobre sus iniciativas para que le otorguen “el Premio Nobel de la Paz” (?), fue el primero en tomar la decisión de intervenir militarmente de forma directa en junio del 2025 atacando las instalaciones nucleares de Irán, y posteriormente, en febrero de este año, lanzó una operación militar de mayor envergadura contra el país, demostrando la hipocresía de sus palabras. Los objetivos declarados por este psicópata asesino para lanzar esta injustificada guerra contra Irán han cambiado en su formulación. En junio del 2025, anunció “que el programa nuclear iraní había sido aniquilado”. Sin embargo, en las semanas previas al conflicto actual, entabló negociaciones con Irán sobre su programa nuclear, utilizando a Omán como mediador ¿Pero no dijo que lo había destruido? Simultáneamente, desplegó un contingente militar estadounidense cerca de Irán, lo que sugiere que su objetivo iba más allá de la cuestión nuclear. EE.UU. siempre ha querido frenar el programa de misiles de Irán, así como su papel regional, para limitar su capacidad de atacar a las ratas sionistas, como quedó demostrado durante el conflicto de 12 días en junio del 2025. Otro objetivo de Washington era obligar a Teherán a poner fin a su apoyo a los grupos islámicos que amenazan la seguridad de Israel, como Hamás, Hezbolá y los huttíes. Si EE.UU. creyó que asesinar al líder supremo iraní, sus altos mandos militares y de inteligencia provocarían el colapso del régimen, esa estrategia fracasó. De hecho, en junio del 2025, Trump anunció que EE.UU. conocía la ubicación exacta del ayatolá Ali Khamenei y que podía eliminarlo si fuera necesario. Es posible que Trump pensara que su éxito en Venezuela, al capturar al dictador Nicolás Maduro mediante una operación militar limitada y reemplazarlo con la dócil vicepresidente del país, podría replicarse en Irán, pero no ocurrió así. El pedófilo afirmó que el cambio de régimen en Irán “no era un objetivo”, pero este vil sujeto es conocido por sus declaraciones contradictorias. Ahora está bombardeando la infraestructura militar y civil iraní y lanzando advertencias ominosas de que Irán “será destruido como país”. Estados Unidos afirma que hasta el momento “ha alcanzado 6.000 objetivos” en Irán. El ataque con misiles Tomahawk contra una escuela iraní, que causó la muerte de 165 niñas e hirió a muchas otras, ha provocado una fuerte reacción en contra tanto a nivel nacional como internacional, al tratarse de un crimen de guerra, y con mayor razón cuando ese enfermo mental diga que matar gente “es más divertido”. Pero la firme resistencia mostrada por Irán, ha demostrado que sus cálculos han fallado. Pero a pesar que las irracionales expectativas de Trump de una “victoria rápida” se han visto frustradas, su retórica criminal sigue siendo brutal e insensible. Trump ha exigido la "rendición incondicional" de Irán, lo que teóricamente descarta cualquier negociación. Han surgido además rumores sobre el despliegue de tropas estadounidenses sobre el terreno, lo que sería impopular entre los seguidores de Trump, ya que entraría en contradicción con su discurso de campaña de que Estados Unidos ya no participará en "guerras interminables". Es más, tras reuniones informativas clasificadas del Senado, algunos legisladores estadounidenses han expresado públicamente su consternación por la falta de claridad en los objetivos de la administración Trump en Irán y su desconocimiento del desenlace final, que bien puede convertirse en un nuevo Vietnam, lo que traería consigo otra humillante derrota. Cabe precisar que el estrecho de Ormuz es una baza crucial para Irán. Incluso antes de que los persas pudieran bloquear el tráfico marítimo a través del estrecho, las aseguradoras ya habían interrumpido el transporte de petróleo al negarse a cubrir los siniestros. Dado que el 20% del suministro mundial de petróleo transita por este estrecho, la actual interrupción ha disparado los precios del crudo a más de 120 dólares por barril. El resultado irónico es que Estados Unidos ha anunciado el levantamiento de las sanciones al petróleo ruso y ha concedido a India una exención de 30 días para comprar petróleo ruso, con la intención declarada de evitar un aumento drástico de los precios. Esto supone un giro radical respecto a la política anterior, que imponía un arancel punitivo del 25% a Nueva Delhi por comprar petróleo ruso y alimentar la "maquinaria de guerra de Putin”, como lo han expresado funcionarios de la administración Trump. No cabe duda de que se trata de una maniobra interesada destinada a controlar el aumento de los precios de la gasolina para los consumidores estadounidenses, ya que esto podría tener graves consecuencias electorales para el Partido Republicano en las elecciones de mitad de mandato de noviembre al Congreso de Estados Unidos, donde se prevé que sufrirá una aplastante derrota, lo que lo ha llevado incluso a decir que esos comicios “no deben realizarse” buscando de alguna manera en anularlas. Como recordareis, la administración Biden había alentado públicamente a la India a comprar petróleo ruso para mantener estable el precio del crudo, una política que Trump había criticado duramente pero que ahora ha adoptado. Rusia se beneficia enormemente tanto política como económicamente, ya que esto no solo ha demostrado que el petróleo ruso no puede excluirse del mercado internacional, sino que también ha colocado a Europa, que ha mantenido una política de ruptura total de relaciones energéticas con Rusia, que los ha dejado en una situación insostenible, a merced de los caprichos de EE.UU. que se los vende a mayor precio a pesar de sr de mala calidad. Aun así, la UE - cual perros falderos sin orgullo ni dignidad - se ha opuesto al levantamiento de las sanciones temporales al petróleo ruso. Por cierto, la agresión contra Irán ha puesto a la India en una situación muy difícil. Casi 10 millones de indios residen en los países del Golfo. Gran parte de las importaciones de petróleo y gas de la India provienen de esta región: entre el 35 % y el 50 % de sus importaciones de crudo, el 90 % de sus importaciones de GLP y el 42 % de sus importaciones de GNL transitan por el estrecho de Ormuz. Alrededor del 38 % (equivalente a 45.000 millones de dólares) de las remesas totales de la India, que ascendieron a 135.000 millones de dólares en el año fiscal 2025, procedían de esta región, siendo el mayor porcentaje el de los Emiratos Árabes Unidos. La India ha firmado acuerdos de libre comercio con los Emiratos Árabes Unidos y Omán, y está negociando uno con el Consejo de Cooperación del Golfo (CCG) en su conjunto. Los Emiratos Árabes Unidos se habían convertido en el centro de los ambiciosos planes de cooperación de la India con esta región en áreas tecnológicas de vanguardia como la inteligencia artificial, las supercomputadoras, las energías renovables, el espacio, las embajadas digitales y los pequeños reactores modulares. Esto se enmarcaba en la búsqueda de combinar el talento humano indio con el potencial de inversión disponible en los países del Golfo. Sin embargo, el modelo de negocio y financiero, junto con la calidad de vida y la seguridad que ofrecen los países del Golfo, podrían verse seriamente comprometidos si la guerra se prolonga, continúan los ataques iraníes contra bases estadounidenses y objetivos civiles en dichos países, se daña la infraestructura y el estrecho de Ormuz permanece bloqueado o se interrumpe el tráfico marítimo. Para Nueva Delhi, esto supondría un duro golpe, más aún por su alevosa traición a Teherán, al permitir el hundimiento por parte de Washington de una fragata iraní desarmada que transportaba a cadetes de vuelta a casa, que habían visitado la India. Este país mantiene estrechos lazos con Estados Unidos e Israel, así como con los países del Golfo. Irán es un vecino importante, e India tiene intereses estratégicos en Irán, ya sea el acceso a Afganistán y Asia Central a través del puerto de Chabahar y la conectividad con Rusia mediante el Corredor Internacional de Transporte Norte-Sur (INSTC), una red multimodal de 7200 km que conecta India, Irán, Rusia y Asia Central por vía marítima, ferroviaria y terrestre, sin mencionar su pertenencia común a los BRICS y la OCS, pero todo ello quedo de lado con el hundimiento de un buque iraní frente a las costas de Sri Lanka por un submarino estadounidense con la complicidad de Nueva Delhi, algo que los iranies ya le están haciendo pagar por el crimen cometido, al negar el paso de sus buques petroleros por el estrecho de Ormuz, provocando el caos en su economía. Por cierto, la campaña contra Irán no se limitaba a degradar capacidades militares o erosionar activos estratégicos: aspiraba a reconfigurar el orden político en su conjunto. Pero, este resultado no se ha materializado. La República Islámica no se ha derrumbado ni ha entrado en una fase de fragmentación apreciable. Tampoco han emergido señales consistentes de descomposición interna, ni las instituciones clave han mostrado indicios de colapso. Por el contrario, el Estado ha exhibido cohesión, capacidad de adaptación y una notable aptitud para absorber presión sin perder continuidad operativa. Para los responsables políticos en Washington y Tel Aviv, esta persistencia constituye una anomalía incómoda, un desenlace que sus marcos analíticos no anticipaban. Para quienes observan la relación entre proyección estratégica y realidad institucional, el episodio confirma un diagnóstico más amplio: la estrategia descansaba sobre una lectura defectuosa de Irán, una lectura que ignoraba tanto la lógica interna del Estado como la dinámica de su sociedad. Una de las premisas centrales de esa fallida estrategia era que el Estado iraní podía ser desarticulado mediante la eliminación selectiva de sus nodos de liderazgo. La hipótesis implícita asumía una estructura jerárquica rígida, una cadena de mando lineal y una dependencia crítica de un número reducido de actores. Bajo ese marco, la decapitación produciría desorganización, seguida de una rápida erosión de la capacidad de coordinación. La experiencia reciente sugiere lo contrario. El entramado institucional iraní no se ajusta a ese modelo. La autoridad se distribuye a través de múltiples capas, las funciones se solapan y los mecanismos de sucesión están diseñados para operar sin fricción visible. La eliminación de una figura relevante no genera necesariamente un vacío de poder; más bien activa procesos de sustitución que mantienen la continuidad operativa. La toma de decisiones se desplaza, se reconfigura y se redistribuye sin que ello implique una ruptura sistémica. Esta arquitectura responde a un aprendizaje acumulado durante décadas de confrontación asimétrica. Irán ha operado bajo condiciones sostenidas de presión externa: sanciones, guerra convencional, operaciones encubiertas y asesinatos selectivos. En ese contexto, la redundancia y la descentralización no son anomalías, sino características de diseño. Constituyen una respuesta adaptativa a un entorno hostil, orientada a preservar la integridad del sistema frente a perturbaciones recurrentes. Desde esta perspectiva, los intentos de degradación militar no se traducen automáticamente en efectos políticos lineales. La interpenetración entre funciones militares, económicas y administrativas dificulta la segmentación del sistema. El Cuerpo de Guardianes de la Revolución Islámica no actúa únicamente como un actor militar; está integrada en infraestructuras críticas, redes económicas y dispositivos de gobernanza. Atacarla como si fuera una estructura convencional implica subestimar su densidad institucional y su capacidad de regeneración. La consecuencia es que la presión externa no circula de manera predecible. Los ataques generan disrupción, pero la disrupción no equivale a colapso. El sistema absorbe el impacto, redistribuye funciones y reconstituye equilibrios internos. Lo que desde fuera puede interpretarse como opacidad o ineficiencia responde, en realidad, a una lógica de resiliencia deliberada. Tratar al Estado iraní como una estructura frágil no solo conduce a errores de cálculo; impide comprender la racionalidad que subyace a su persistencia. El segundo eje de la estrategia montada por EE.UU. descansaba en una lectura igualmente problemática de la sociedad iraní. Se asumía que la población podía ser activada desde el exterior con agentes infiltrados de la CIA y el Mossad para originar protestas en sus calles, que la combinación adecuada de presión militar y señalización política generaría una alineación con los objetivos de las potencias externas. Bajo esta lógica, la sociedad aparecía como un campo en espera, predispuesto a movilizarse una vez debilitado el aparato estatal. Pero ello ha fracasado. Esta interpretación simplifica en exceso la complejidad social. Las dinámicas políticas y económicas en Irán se producen en un marco interno, atravesado por conflictos, negociaciones y equilibrios que no responden a agendas externas. La relación entre la sociedad y el Estado es contingente, variable y profundamente contextual. Los actores sociales no operan como receptores pasivos de estímulos externos; interpretan, filtran y responden en función de sus propias condiciones materiales y simbólicas. La expectativa de que la presión externa generaría una convergencia política se ha visto desmentida por los hechos. La amplificación de figuras en el exilio, la construcción de narrativas de alternativa inmediata y la escenificación de momentos simbólicos no han producido la alineación anticipada. Más bien han evidenciado la distancia entre la proyección externa y la realidad interna. La legitimidad política no puede importarse ni inducirse mecánicamente desde fuera. Existe, además, un patrón recurrente en la lectura occidental de la sociedad iraní: la tendencia a interpretar el descontento como antesala de una alineación con objetivos externos. Este desplazamiento analítico - que confunde posibilidad con inevitabilidad - lleva a sobreestimar la capacidad de influencia externa. La existencia de tensiones internas no implica que estas puedan ser canalizadas desde fuera en una dirección predeterminada. La agencia social se ejerce en contextos específicos y responde a incentivos que no coinciden con los intereses de actores extranjeros. La persistencia de estas suposiciones apunta a un problema más amplio en la formulación de política exterior. La anticipación sustituye a la observación, y el deseo se presenta como análisis. Los escenarios se construyen a partir de supuestos simplificados, en los que la complejidad se reduce a variables manejables. La incertidumbre se transforma en narrativa, y la agencia de los actores locales queda subordinada a expectativas externas. Este enfoque introduce una distorsión sistemática. Los responsables políticos interpretan la brecha entre intención y resultado como un fallo de ejecución, no de diagnóstico. En lugar de revisar las premisas, intensifican las herramientas: más presión, más recursos, más riesgo. El resultado es una acumulación de costes - materiales, humanos y reputacionales - sin una correspondencia clara en términos de objetivos alcanzados. En el caso iraní, esta dinámica se manifiesta con claridad. La campaña ha generado efectos tangibles: daños materiales, pérdidas humanas y un incremento de la tensión regional. Sin embargo, no ha producido el resultado político que la “justificaba”. El sistema no ha colapsado, ni ha entrado en una fase de transición controlada desde el exterior. La distancia entre los objetivos declarados y los resultados obtenidos revela el fracaso de esa estrategia. Para Irán, el desenlace es distinto. El Estado ha absorbido la presión, ha reconfigurado sus equilibrios internos y ha mantenido la continuidad institucional. Las decisiones siguen respondiendo a dinámicas internas, no a las expectativas externas. El proceso político continúa, con sus propias tensiones y contradicciones, pero sin ajustarse al guion proyectado desde fuera. La campaña pone de relieve una lección recurrente: la capacidad de coerción externa tiene límites cuando se enfrenta a sistemas políticos con estructuras adaptativas y legitimidades complejas. La imposición de cambio mediante presión militar o simbólica puede alterar comportamientos en el margen, pero rara vez reconfigura sistemas en profundidad sin la concurrencia de dinámicas internas. El error reside en concebir la política como un mecanismo susceptible de control remoto. Bajo esta lógica, los actores externos se atribuyen una capacidad de intervención que no se corresponde con la realidad. La complejidad se subestima, la resistencia se interpreta como anomalía y la persistencia del sistema se convierte en una sorpresa. La brecha entre expectativa y resultado no es accidental; es estructural. Refleja una forma de pensar la política internacional que privilegia la proyección sobre el análisis, y la intervención sobre la comprensión. Mientras esa brecha persista, es probable que estrategias similares produzcan resultados comparables. La experiencia reciente sugiere que la política basada en supuestos rígidos tiende a generar errores de cálculo acumulativos. Cuando esos supuestos incluyen la fragilidad del adversario, la maleabilidad de su sociedad y la eficacia de la coerción externa, el margen de error se amplía. El caso iraní ilustra esta dinámica con claridad. La República Islámica ha demostrado capacidad de adaptación y continuidad institucional en un entorno de presión sostenida. La campaña dirigida contra ella no ha producido el colapso anticipado, sino que ha puesto de manifiesto las limitaciones del enfoque que la sustentaba. Más que una anomalía, el resultado es coherente con la estructura del sistema al que se dirigía. La implicación es directa: la transformación política no puede imponerse de manera lineal desde el exterior. Requiere dinámicas internas que no pueden ser sustituidas por presión externa. Ignorar este principio no solo conduce a estrategias ineficaces; contribuye a reproducir un ciclo de intervención y desajuste en el que los objetivos se redefinen sin que los supuestos se revisen. En última instancia, el episodio subraya una cuestión de método. La política exterior que se apoya en la proyección de deseos tiende a confundirse con la realidad que pretende transformar. Cuando esa confusión se institucionaliza, la acción deja de estar guiada por el análisis y pasa a responder a narrativas autoafirmativas. El resultado no es la reconfiguración del sistema objetivo, sino la reiteración del error. La persistencia de Irán no es, en este sentido, una excepción: es el indicio de que el problema reside menos en el objeto de la política que en las categorías con las que se lo intenta comprender. Reiteramos, EE.UU. se ha metido en un lío del que no puede salir, y su derrota se avizora en el horizonte. La gente debe entender que todo lo que Trump dijo este lunes, que “había mantenido conversaciones muy positivas y productivas con Irán” - algo que ha sido desmentido de inmediato por la Cancillería de la nación persa - son únicamente para mantener a los mercados tranquilos. El tipo es un mitómano compulsivo a quien le están propinando la paliza de su vida. (Se dice además que a estas horas está enviando unos 5000 marines para atacar por tierra, sin saber que sus tumbas ya están preparadas. Pobre infeliz, no sabe con quién se está metiendo...)

ATENAS: Una ciudad milenaria que nunca deja de reinventarse

Desaliñada y elegante por igual, Atenas es una embriagadora mezcla de historia y vanguardia. La vida social y cultural discurre, sortea e impregna los monumentos antiguos, presididos desde lo alto por la magnífica Acrópolis. La energía fluye en las galerías, los debates políticos y el arte callejero. Descubrirla sobre la marcha, sin duda, recompensará a quienes la visiten. En efecto, la vida en Atenas transcurre en la calle y la mejor manera de conocer bien la ciudad es sumarse a su embriagadora combinación de locura y joie de vivre. Desde parques y jardines hasta cines al aire libre y bares de azotea, estas son algunas de las mejores experiencias que ofrece la capital griega. Para empezar ¿Qué os parece un paseo por Atenas? Iniciamos nuestro recorrido por una de las avenidas más largas y probablemente más bonitas de Europa. Se trata del paseo antiguo de 3 km que rodea el centro histórico de la ciudad. Lugareños y turistas por igual disfrutan dando una volta (vuelta) al atardecer por este paseo patrimonial que incluye el templo de Zeus Olímpico, la imponente Acrópolis y el Ágora de Atenas. Detallémoslos a continuación: 1- La Acrópolis: Es el yacimiento antiguo más importante de Occidente. Coronada por el Partenón, se ve casi desde cualquier punto de la ciudad. Su mármol destella de blanco a mediodía y se tiñe de tonos miel al atardecer, para luego deslumbrar sobre Atenas de noche. Atisbar este magnífico lugar siempre eleva los ánimos; 2- Museo de la Acrópolis: En este magnífico museo se exponen los tesoros restantes de la colina de los templos, con especial hincapié en la Acrópolis tal como era en el s. V a.C., apogeo del éxito artístico griego. El museo muestra los distintos estratos de la historia: los suelos de cristal dejan ver las ruinas subterráneas y la propia Acrópolis se observa a través de los enormes ventanales, así que las obras maestras siempre están en su contexto; 3- Museo Arqueológico Nacional: Alberga la mejor colección de antigüedades griegas del mundo. En el enorme edificio neoclásico del s. XIX las salas se suceden repletas de más de 10 000 ejemplos de escultura, cerámica, joyería y frescos, entre otros. Es imposible asimilarlo todo de una tacada, pero se observe lo que se observe, es una maravilla; 4-Templo de Zeus Olímpico: No hay que perderse esta maravilla en pleno centro de Atenas. Por su recinto, es el mayor templo de Grecia. Seguramente también fue uno de los proyectos más eternos de la historia, al empezarlo en el s. VI a.C. y acabarlo en el 131 d.C.; 5- Ágora antigua: Creada en el s. VI a.C., era el centro comercial, político y social de Atenas. Aquí Sócrates exponía su filosofía y san Pablo rezaba. Hoy han retirado los últimos edificios otomanos de la zona para dejar solo los restos clásicos. Es un área verde de descanso, con un templo bien restaurado, un buen museo y una iglesia bizantina; 6- El Zappeion: Es un gran edificio palaciego situado junto a los Jardines Nacionales de Atenas, en el corazón de la ciudad. Se utiliza generalmente para reuniones y ceremonias, tanto oficiales como privadas, y es uno de los monumentos modernos más emblemáticos de la capital griega; 7- Catedral Metropolitana de la Anunciación: Conocida popularmente como la Metrópoli o Mitropoli, es la iglesia catedral del Arzobispado de Atenas y de toda Grecia. Sigue siendo un importante monumento en Atenas y el lugar donde se celebran ceremonias importantes con la presencia de figuras políticas nacionales, así como bodas y funerales de personalidades destacadas; 8- El Parlamento Helénico: Se trata del órgano legislativo unicameral de Grecia, ubicado en el Antiguo Palacio Real, con vistas a la Plaza Syntagma en Atenas. Es un edificio neoclásico construido entre 1836 y 1843 para servir inicialmente como residencia principal de la familia real griega, pero que desde 1929 se convirtió en sede del Parlamento. Por cierto, en el lado oeste del edificio, se ubica el Monumento al Soldado Desconocido, custodiada por una unidad del ejército griego conocida como los Evzones, que conforman la Guardia Presidencial y cuyo cambio de guardia, atrae multitudes de espectadores; 9- La Academia de Atenas: Como podéis suponer, eses la academia nacional de Grecia y centro de investigación de más alto nivel del país. Fue fundada en 1926, con principios que se remontan a la histórica Academia de Platón, y opera bajo la supervisión del Ministerio de Educación. El edificio principal de la Academia, construido en estilo neoclásico, es uno de los monumentos más emblemáticos de Atenas. Si bien esta metrópoli no es una de las ciudades más verdes del mundo, los atenienses saben aprovechar bien los parques y zonas verdes de la ciudad. Así existen, por ejemplo, los Jardines Nacionales (los antiguos jardines reales diseñados por la reina Amalia, en pleno corazón de la ciudad), el monte Licabeto (cuya cima ofrece fantásticas vistas panorámicas de la ciudad y la cuenca del Ática) y el Filopapos (un pinar con algunos de los mejores enclaves desde donde retratar la Acrópolis) son todos lugares muy céntricos; y si hace buen tiempo se llenan de gente en cualquier momento del año. De otro lado, con la llegada de la primavera, la vida cultural de la ciudad toma las calles y los teatros y auditorios al aire libre. El Festival de Atenas es el evento cultural anual más prestigioso y engloba todas las artes, con especial énfasis en el teatro, la danza y la música, que suele celebrarse en varios escenarios al aire libre repartidos por toda la ciudad. Su escenario principal y la joya de la corona del panorama cultural de la capital es, sin duda, el impresionante Odeón de Herodes Ático, al pie de la Acrópolis; un lugar donde todo el mundo debería ver una representación al menos una vez en la vida. Por último, y luego de pasar una noche de fiesta en el Islandis, toca descansar unas horas para que a las mañana siguiente, decirle adiós a Atenas mientras nos trasladamos al aeropuerto y continuar con nuestra ruta De los Cárpatos a los Balcanes, dirigiéndonos a Tirana, la capital de Albania.
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