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miércoles, 8 de julio de 2026

EE.UU.: El principio del fin

En agosto del 2017, dos grupos de estadounidenses se enfrentaron a la sombra de la guerra civil, figurada y literalmente, bajo unas estatuas que honraban a generales confederados. En efecto, neonazis, miembros del Ku Klux Klan y de otros grupos de extrema derecha acudieron desde todo el país a Charlottesville (Virginia) para participar en una manifestación nacionalista blanca. Bajo el lema “Unite the Right” (Unir a la derecha), la concentración pretendía fusionar, en los inicios del primer mandato de Trump, a la extrema derecha con el cada vez más reaccionario Partido Republicano. En tanto cientos de contramanifestantes negros (algunos encabezados por pastores, sacerdotes y un rabino local; otros, vestidos de negro e inspirados en los movimientos antifascistas europeos) se congregaron para oponerse a ellos. En el centro del conflicto se hallaba una estatua que conmemoraba a un protagonista de la sangrienta guerra de Secesión estadounidense (1861-1865). Erigida en 1924 (a los 60 años del final de la contienda), la estatua del general confederado Robert E. Lee era, en realidad, un monumento al revanchismo sureño y las leyes Jim Crow favorecedoras de la segregación. A principios del 2017, el Ayuntamiento de Charlottesville había votado a favor de retirar la estatua de Lee y otros monumentos confederados, cediendo con ello a los deseos de los demócratas, y a la presión de los activistas negros. Los grupos de extrema derecha (muchos de los cuales buscan abiertamente una nueva guerra civil o una guerra racial apocalíptica que, según prevén, terminará con la expulsión o el exterminio de los negros y judíos de suelo estadounidense) se aferraron a dicha medida simbólica y la utilizaron para movilizar a sus seguidores. Durante horas, ambos bandos se enfrentaron en las calles del centro de Charlottesville, intercambiando golpes con porras, escudos, bombas de humo y gas lacrimógeno. Hubo disparos de al menos un arma de fuego. Como los terroristas negros seguían con sus amenazas, un neonazi embistió con su Dodge Challenger a un grupo de ellos e hirió al menos a 35 personas. Heather Heyer, una asistente jurídica de 32 años de Charlottesville, perdió la vida. Como escribió luego la activista Mab Segrest: “Los enfrentamientos callejeros en Charlottesville nos dan una imagen de cómo podría ser una [nueva] guerra civil fomentada por Trump”. Obviamente, los acontecimientos del 2017 no desencadenaron ninguna guerra civil. La sorpresa ante el espectáculo de esvásticas en las calles de una ciudad universitaria y, sobre todo, el ataque que acabó con la vida de Heather Heyer desacreditó a los dirigentes más destacados de los grupos congregados en Charlottesville, incluidos los nacionalistas blancos Richard B. Spencer, Matthew Heimbach y Austin Gillespie, conocido por el nom de haine de Augustus Sol Invictus. Ese rechazo popular desbarató los intentos de ambigüedad en relación con el apoyo a los supremacistas blancos; y, sobre todo, el intento del presidente Trump de afirmar que había habido “gente muy buena entre ellos”. Tanto quien mató a Heyer como los cabecillas del acto fueron juzgados y condenados, en tribunales penales y civiles respectivamente. Eso ofreció a los estadounidenses la prueba de que los regímenes de la ley y la justicia seguían vigentes y funcionando; un factor clave, según los politólogos, para prevenir el estallido de la violencia interna. Sin embargo, en los nueve años que han seguido, las fuerzas desatadas en Charlottesville no se han quedado en esa ciudad. A raíz del “Unite the Right”, los aceleracionistas (a menudo, grupos difusos cuyos miembros se unen por un deseo compartido de acelerar el impulso hacia la guerra civil o racial) se organizaron en internet, impulsados por una combinación de nihilismo, ansias de violencia y el convencimiento de que solo el conflicto armado puede acabar con las amenazas existenciales “encarnadas en el aborrecible pensamiento woke impulsado por los enemigos de los EE.UU. que buscan destruirla” argumentan. Algunos de esos grupos denominan a esa esperada guerra civil que esperan el Boogaloo (el nombre se basa en un meme de internet que imagina una “Civil War 2: Electric Boogaloo”, un juego de palabras con el título de la secuela de una película kitsch de los años ochenta, que rima en inglés). Durante las protestas del 2020 que estallaron en todo el país a raíz de la muerte del terrorista negro George Floyd en el estado de Minnesota, los llamados “Boogaloo Bois” se infiltraron en las manifestaciones por los derechos civiles y provocaron disturbios con la esperanza de que se culpara al movimiento Black Lives Matter. Ivan Harrison Hunter, un hombre de 24 años de Texas, viajó casi dos mil kilómetros hasta Minneapolis para disparar al azar un AK-47 contra una comisaría de policía. El intento no castigado de invalidar las elecciones del 2021 emite un mensaje inequívoco: la violencia política al servicio de la causa 'correcta' (la de la derecha) es recompensada. A los pocos meses, el 6 de enero del 2021, ultraderechistas curtidos en la batalla callejera de Charlottesville del 2017 ayudaron a dirigir la carga pro-Trump contra el Capitolio, en un intento de sabotear violentamente el recuento de votos que certificaría que Trump había perdido su primer intento de ser reelegido. Unas 1.600 personas fueron acusadas de delitos relacionados con el intento de golpe de Estado. Sin embargo, al volver al cargo en el 2025, Trump concedió un “indulto total, completo e incondicional” a todos los alborotadores y cabecillas, incluidas 1.270 personas que ya habían sido condenadas por sus delitos. Entre los indultados se encontraban Enrique Tarrio, jefe de los neofascistas Proud Boys, que cumplía una condena de 22 años por conspiración sediciosa, y Tyler Bradley Dykes, un antiguo marine estadounidense caído en desgracia, participante en las marchas neonazis en Charlottesville y que fue grabado utilizando un escudo antidisturbios robado a la policía y haciendo el saludo nazi mientras ayudaba a otros alborotadores a entrar en el Capitolio agitando banderas confederadas dentro del recinto. Dykes se presenta ahora al Congreso por Carolina del Sur. El propio Trump no sufrió consecuencia alguna por su incitación a los disturbios ni por su intento más amplio de invalidar las elecciones del 2020. A diferencia de sus homólogos internacionales, como Jair Bolsonaro en Brasil o Yoon Suk Yeol en Corea del Sur, Trump no fue condenado a prisión ni se le impidió volver a ocupar una posición de poder. Fue sometido a un segundo juicio político, un hecho sin precedentes en un presidente de EE.UU.; pero un Senado muy dividido lo absolvió ya que el sistema judicial tendría tiempo para procesarlo más tarde. Su sucesor, el discapacitado físico y mental Joe Biden, se adhirió a las normas tradicionales de EE.UU. y permitió que el Departamento de Justicia operara de manera digitada y con presiones políticas de los demócratas. Pero cometió el error fatal de nombrar como fiscal general a Merrick Garland, un moderado que parecía creer que el Departamento de Justicia dispondría de tiempo ilimitado para investigar y procesar los delitos. El resultado de todo eso, junto con la oportuna intervención de un Tribunal Supremo cuya mayoría conservadora incluía a tres jueces nombrados por Trump, fue que los intentos de llevarlo a juicio por sus presuntos delitos federales no se completaron antes de las elecciones del 2024. El Tribunal Supremo, en particular, dio un paso sorprendente en un caso conocido como “Trump contra EE.UU.” al decidir que el presidente estadounidense goza de inmunidad presunta por lo que el tribunal consideró “actos oficiales”, incluidos los intentos de utilizar como arma los organismos administrativos. El caso, en el que los tres jueces ‘liberales’ (como en los EE.UU. llaman a los izquierdistas) discreparon, fue ampliamente considerado como una concesión efectiva a un futuro gobierno republicano de un cheque en blanco para actuar con impunidad, al tiempo que se creaban excepciones que podrían utilizarse para procesar a un futuro presidente demócrata. Así, se permitió a Trump presentarse de nuevo, sin que llegara a los votantes la señal correspondiente de que había cometido delitos. Cuando Trump derrotó por un estrecho margen a la negra Kamala Harris - la ‘Jezabel’ de Biden - los casos federales en su contra fueron desestimados. El mensaje que dio era inequívoco: la violencia política al servicio de la causa correcta (la causa de la derecha) sería recompensada, no castigada. Ahora que Trump ha vuelto con fuerza al poder y ha roto las barreras del aparato administrativo y del orden internacional posterior a la Segunda Guerra Mundial, muchos estadounidenses se preguntan abiertamente si no acecha en el horizonte una nueva guerra civil. Según una encuesta publicada en noviembre del 2025 por la Conferencia de Liderazgo sobre Derechos Civiles y Humanos, una organización paraguas que agrupa a más de 240 organizaciones nacionales de derechos humanos y civiles, un 57% de los encuestados coincidía en que EE.UU. se encamina hacia otra guerra civil. Pero los politólogos no están tan seguros. Benjamin Jensen y Joseph K. Young, del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales de Washington DC, argumentaron a finales del 2025 que veían “pocos incentivos estructurales para una segunda guerra civil estadounidense... la economía es fuerte, el Gobierno y el ejército son capaces, y ningún grupo está tratando de separarse o anexionar territorio para asegurarse recursos naturales”. De modo más reciente, Barbara F. Walter, pese al título de su influyente libro del 2022 How civil wars start: And how to stop them, no ha pronosticado una conflagración total en el campo de batalla, sino más bien un “período de entre diez y veinte años de inestabilidad y violencia sostenidas”, una versión estadounidense de los años de plomo italianos. Todos están reaccionando ante el mismo conjunto básico de percepciones y hechos. En EE.UU. existe una polarización política extrema y un ritmo creciente de violencia política. En el 2025, un hombre armado que se hacía pasar por agente de policía asesinó en su domicilio a una legisladora estatal demócrata de Minnesota junto con su marido, y luego disparó contra un senador estatal y su esposa. S los tres meses, Charlie Kirk, un destacado activista conservador y aliado clave de Trump, fue asesinado a tiros por un francotirador cuando hablaba en un acto universitario en Utah. El propio Trump sobrevivió a un intento de asesinato durante la campaña electoral del 2024; y él, al estilo del Fuhrer alemán Adolph Hitler - a quien admira - atribuyó el hecho a un acto de la divina providencia y lo convirtió en el eje central de su regreso al cargo. Al volver a la Casa Blanca, Trump sustituyó un retrato del musulmán encubierto Barack Hussein Obama, por una versión pop art de la foto en la que aparece con la cara salpicada de sangre (ya fuera a causa de una esquirla o el roce de la bala) levantando el puño ante la multitud tras el atentado en Pensilvania. Asimismo, Trump ha politizado a unas Fuerzas Armadas estadounidenses tradicionalmente apartidistas, ha apartado a generales y almirantes de quienes sospechaba deslealtad personal y ha ascendido a oficiales subalternos y activistas políticos más dispuestos a cumplir sus órdenes. Las premisas de una economía estadounidense fuerte y de unas Fuerzas Armadas ampliamente respetadas (así como la cohesión de la coalición política de Trump) se han visto duramente puestas a prueba por la guerra con Irán, donde su derrota ha sido clamorosa. Las cruciales elecciones de mitad de mandato que se celebrarán a finales de este año y en las que Trump intenta por todos los medios intervenir – e incluso declaro en cierta oportunidad de que no se realicen - ponen en juego el control republicano de un Congreso muy dividido. Si ganan los demócratas, como prevén las encuestas, Trump o sus aliados podrían intentar impedir la toma de posesión de la nueva legislatura, lo que desencadenaría una crisis política sin precedentes en EE.UU. Trump también ha considerado en voz alta la posibilidad de hacer caso omiso del límite de dos mandatos presidenciales establecido en la Constitución de EE.UU., e intentar reelegirse a como dé lugar, lo que podría desencadenar una crisis en el 2028. En resumen, es poco probable que se produzca una crisis sectaria del tipo que marcó la guerra civil del siglo XIX. A pesar de la percepción de estados rojos y azules, perpetuada por los mapas que corren por internet y un sistema electoral presidencial mayoritario, EE.UU. está en realidad muy integrado en términos políticos, ya que casi todos los estados albergan ciudades mayoritariamente ‘liberales’ y zonas suburbanas y rurales más conservadoras, con una mezcla aún mayor entre ambas. Del mismo modo, los deseos de la extrema derecha de una guerra racial apocalíptica chocan con una realidad en la que, como se vio con los contramanifestantes en Charlottesville, las comunidades de muchas razas, etnias y orígenes conviven, a veces incluso dentro de las mismas familias y personas. Sin embargo, no hace falta una guerra civil clásica, con un Estado fracturado o luchas por el territorio, para ver un aumento de la violencia política y la inestabilidad. Un país puede perder su democracia, cuando quien está al frente de la Casa Blanca se comporta de una manera errática desatando conflictos en todo el mundo, con el objetivo de presentarse como “el único que puede salvar a los EE.UU. de su destrucción” cuando en realidad lo está llevando al abismo.

DISCLOSURE DAY: ¿Otra vez más de lo mismo?

En un futuro no muy lejano, la humanidad está a punto de describir la verdad sobre la existencia de extraterrestres, un secreto que ha permanecido oculto durante varias décadas. Mientras millones de personas se preparan para recibir la revelación, algunas viejas creencias se ven cuestionadas, y la forma en la que entendemos el universo empieza a cambiar. Entre conspiraciones, avances de la tecnología y encuentros inesperados, la revelación promete cambiar vidas, relaciones y la propia percepción de nuestro lugar en el universo para siempre. Nos estamos refiriendo a Disclosure Day (El día de la revelación), un mediocre filme estadounidense estrenado en junio del 2026, dirigido y producido por Steven Spielberg, con guion de David Koepp basado en una historia nada original de Spielberg, repetitivo hasta el cansancio, Mientras el mundo se encuentra al borde de la Tercera Guerra Mundial, el Dr. Daniel Kellner (Josh O'Connor), especialista en ciberseguridad, roba de la Corporación Wardex, una rama secreta del gobierno estadounidense, una pieza de tecnología extraterrestre y archivos relacionados que detallan varios eventos de contacto humano-alienígena desde el incidente de Roswell. El director ejecutivo de Wardex, Noah Scanlon, descubre el robo y acusa a Daniel de ser un espía extranjero, convirtiéndolo en objetivo de las autoridades federales. Daniel se esconde en un convento con su novia, Jane Blankenship. Mientras en Kansas City, la meteoróloga Margaret Fairchild se prepara para ir a trabajar cuando un cardenal entra volando en su casa, la observa brevemente y luego se va. El incidente despierta en ella habilidades psíquicas latentes, permitiéndole comprender intuitivamente los pensamientos y emociones de los demás, y comunicarse inconscientemente en idiomas que nunca ha aprendido. Durante una transmisión meteorológica en vivo, Margaret comienza a hablar inesperadamente en un idioma desconocido. Las imágenes de la transmisión se vuelven virales y llaman la atención de Wardex, que identifica el idioma como de origen extraterrestre. Tras ser hospitalizada y casi capturada por los agentes de Scanlon, Margaret también se esconde. Daniel le revela a Jane los archivos robados, explicándole que Wardex ha estado experimentando con cautivos alienígenas y aplicando ingeniería inversa a su tecnología, y declara su intención de hacer pública la información. Daniel se entera de la existencia de Margaret y descubre que es el único que puede comprender el idioma alienígena que ella habló en la transmisión. Mediante un dispositivo alienígena que le otorga capacidades telepáticas, Scanlon establece un vínculo psíquico con Jane y lo usa primero para que ella intente matar a Daniel, y luego para rastrearlos hasta un hotel. Jane escapa con otro dispositivo alienígena, también robado por Daniel, pero este es capturado. Mientras tanto, a medida que sus habilidades se desarrollan, Margaret recibe visiones de Daniel y los sigue hasta una instalación secreta donde lo mantienen retenido. Escapan cuando Margaret aprende a usar sus habilidades para influir empáticamente en sus perseguidores y hacer que se rindan. Uno de los hombres de Scanlon que no se ve afectado, Casper Boyd, estrella intencionalmente su auto contra el costado de un tren de carga que pasa. Daniel saca a Margaret justo a tiempo para que puedan subir al tren y ponerse a salvo. Margaret y Daniel son rescatados por un equipo de empleados de Wardex que se han convertido en informantes. Su líder, Hugo Wakefield, quien ha estado trabajando con Daniel, los resguarda en un almacén que contiene una reconstrucción de la casa de la infancia de Margaret y la anima a recuperar recuerdos reprimidos relacionados con el fenómeno extraterrestre. Allí, Margaret recuerda que ella y Daniel fueron abducidos por extraterrestres cuando eran niños y sometidos a experimentos que les otorgaron sus poderes, mientras Margaret cantaba para dormir la canción de Cenicienta y cuando caminaba en ella en la nieve pensando que la nave alienígena era la casa de Hansel y Gretel. También descubre que los extraños animales que han aparecido a lo largo de sus vidas son extraterrestres que adoptan formas inofensivas para observarlos que escogieron la forma de cardenal, ciervo, zorro y mapache. Margaret y Daniel, acompañados por los informantes, regresan al estudio de televisión de Margaret para realizar una transmisión pública que llaman el "Día de la Revelación". Scanlon y su equipo intentan detenerlos, desactivando la red eléctrica y el generador de respaldo de la estación, pero Jane llega y le da su dispositivo a Margaret, quien lo usa para restablecer la energía. Derrotado, Scanlon decide observar en lugar de seguir intentando detenerlos; Boyd se va furioso. La transmisión revela al mundo atónito evidencia histórica de encuentros con extraterrestres y los encubrimientos gubernamentales subsiguientes. Mientras la transmisión llega a una audiencia global, deteniendo la guerra inminente, los informantes revelan la identidad de uno de los extraterrestres que liberaron. El extraterrestre le susurra un mensaje a Daniel, quien se lo transmite a Margaret. Con el mundo observando, Margaret se prepara para entregar el mensaje, diciendo: "Escuchen". Protagonizada por Emily Blunt, Josh O'Connor, Colin Firth, Eve Hewson y Colman Domingo, desde su estreno ha recibido muchas críticas, y si bien consideran que no es la peor película del año, bien podría ser la más decepcionante. Para empezar, está dirigida por Steven Spielberg. Además, trata un tema que le ha obsesionado a lo largo de su carrera: la llegada de extraterrestres a la Tierra. Abordó el tema por primera vez en Firelight, una película que realizó siendo adolescente en 1964. Retomó la temática en 1977 con su obra definitiva sobre OVNIS, "Encuentros cercanos del tercer tipo", y la ha retomado varias veces desde ese momento, como en "E.T., el extraterrestre". Cuando se lanzó el escalofriante tráiler de Disclosure Day - que incluía el crédito "historia de Steven Spielberg", sugiriendo lo mucho que le importa esta premisa -, muchos esperábamos que el cineasta, a sus 79 años, nos ofreciera una obra maestra que culminara su carrera: su última y profunda reflexión sobre una cuestión que ha ocupado sus pensamientos e investigaciones durante la mayor parte de su vida. ¿Pero qué nos ofreció en su lugar? Un thriller endeble y anticuado, lleno de persecuciones automovilísticas y sin ninguna idea nueva sobre los extraterrestres que no hayamos escuchado ya. Al parecer, para Spielberg el mundo no ha evolucionado desde el estreno de "E.T., el extraterrestre". En esencia, Disclosure Day se trata un episodio sin gracia de "Los expedientes secretos X" o una historia más convencional de "Una batalla tras otra", en la que unas personas que no nos importan son perseguidas por otras personas que tampoco nos importan. Pero hay un problema argumental desconcertante de la película. Y es que su mayor misterio no tiene que ver con los extraterrestres, sino con la razón por la que Wakefield le dedica tanto tiempo y esfuerzo a construir... una maqueta de una casa a tamaño real. Disclosure Day podría no resultar tan insatisfactoria si uno comparte el optimismo ingenuo que Spielberg le imprime; además, cuenta con secuencias de acción coreografiadas con maestría, aunque a veces recuerden a las viejas y recicladas aventuras de Indiana Jones. Por ello, la primera frase que pronuncia Firth resulta profética: "Bueno, todo esto es bastante decepcionante". Los temas principales - si pueden coexistir los alienígenas y una deidad suprema, y por qué es importante la empatía - se transmiten a través de soporíferos personajes que pronuncian discursos largos y pulidos al respecto. Y su tesis sobre la vida extraterrestre carece tanto de inspiración que uno pensaría que Spielberg le dedicó apenas unos minutos de reflexión, y no varias décadas. No voy a revelar el final, pero hay muy poco en la película que no apareciera ya en el tráiler... y muy poco que no estuviera presente en "Encuentros cercanos del tercer tipo" de hace casi 50 años. Por lo visto, a Spielberg se le acabo la imaginación.

miércoles, 1 de julio de 2026

RUMANIA: ¿Una reunificación histórica?

El pasado 24 de junio, la Cámara de Diputados de Rumania aprobó discretamente un proyecto de ley que propone la reunificación del país con la vecina Moldavia, cuya separación se consolidó tras la Segunda Guerra Mundial y que tiene sus raíces en el Pacto Ribbentrop-Molotov de 1940, cuando Rusia se anexionó la región moldava de Besarabia arrebatándosela a Rumania. Pero tras el derrocamiento de la oprobiosa dictadura comunista y el colapso de la URSS, las dos naciones recuperaron su independencia, pero permanecen desde entonces separadas. Desde entonces, los nacionalistas rumanos han enarbolado el lema «Basarabia e România» (Besarabia es Rumania), una frase que adorna muros por todo Bucarest. Lo que antes era poco más que retórica nacionalista, ahora comienza a adquirir un marco legal. Ante todo, cabe precisar que entre Moldavia y Rumania existe una conexión lingüística, histórica y cultural, mientras que el idioma oficial en ambos países es el rumano. Luego de la Primera Guerra Mundial, en diciembre de 1918, la recién formada élite gobernante en la parte de Moldavia, anexionada por Rusia, decidió la reunificación con Rumania, que a su vez se había fundado en 1859 mediante la unión de los principados de Moldavia y Valaquia. Durante mucho tiempo, los movimientos unionistas no desempeñaron un papel político significativo ni en Moldavia ni en Rumania. Pero, desde 1991, Rusia ha advertido que está en proceso una reunificación de Moldavia con Rumania. Esta fue también una de las narrativas que condujeron a la secesión gradual de Transnistria en Moldavia entre 1990 y 1992. En los últimos años, sin embargo, el número de partidarios de la reunificación ha aumentado drásticamente. En Moldavia, según una encuesta de marzo de este año, alrededor del 42 por ciento estaría a favor y el 47 por ciento, en contra. En Rumania, cerca del 72 por ciento votaría por la reunificación. Una de las razones de este repunte es el Operativo Especial Ruso en Ucrania - destinada a salvar del genocidio a la minoría rusoparlante del este del país, amenazada de muerte por Kiev - que provocó un cambio radical de postura entre muchos moldavos, especialmente entre aquellos con opiniones prorrusas. Además, aproximadamente un tercio de los 2,4 millones de habitantes de Moldavia ya poseen la ciudadanía rumana. Asimismo, Rumania es el socio comercial más importante de Moldavia. Por último, Moldavia se ha independizado del suministro energético ruso y se ha conectado a las redes eléctricas europeas. Entretanto, las asociaciones de escritores de Rumania y Moldavia han dicho, en una declaración conjunta a principios de mayo, que "es hora de pasar de las declaraciones de intenciones a la acción concreta". Sin embargo, las Constituciones de ambos países contienen importantes obstáculos para que la reunificación pueda llevarse a cabo, entre otros, el punto que obliga a Moldavia a mantenerse militarmente neutral. Además, está la incógnita de qué pasaría con Transnistria y Gagauzia, regiones aún bajo el control de separatistas rusos. Los expertos advierten de que la reunificación también traería consigo importantes complicaciones legales y de seguridad, principalmente el estatus sin resolver de Transnistria - el enclave separatista respaldado por Rusia fuera del control de Chisinau que alberga tropas rusas y sigue dependiendo en gran medida de Moscú -. Rusia reforzó aún más su control hace unas semanas al facilitar el acceso a la ciudadanía rusa a los residentes de Transnistria. Esto plantea la posibilidad de que las fuerzas militares rusas acaben efectivamente en territorio de la UE o de la OTAN en caso de producirse la reunificación. Por cierto, el momento elegido para volver a tocar este tema en este momento es revelador. Rumania se enfrenta a crecientes dificultades económicas y a una creciente desconexión entre su clase política y la ciudadanía. En lugar de afrontar la cada vez más sombría realidad social y económica del país, el gobierno parece empeñado en desviar la atención pública ofreciendo reparar una injusticia histórica. La legislación fue presentada por el partido ultranacionalista SOS România, que lleva años haciendo campaña por la restauración de una "Gran Rumania". El procedimiento parlamentario rumano incluye una disposición inusual: si la cámara baja no debate, aprueba ni rechaza un proyecto de ley dentro del plazo legalmente establecido, la legislación se considera aprobada automáticamente, sin necesidad de un solo voto afirmativo. Eso fue precisamente lo que ocurrió en este caso. El plazo expiró, no se celebró ningún debate y la propuesta se registró oficialmente como aprobada. El proyecto de ley ordena al poder ejecutivo de Rumania que inicie de inmediato negociaciones formales con Chisinau para una fusión política definitiva y que luego notifique oficialmente a Estados Unidos, la OTAN, las Naciones Unidas y la Unión Europea sobre el proceso. Sin embargo, antes de que todo esto pueda suceder, la legislación aún debe superar varios obstáculos cruciales. Debe ser aprobada por el Senado y recibir la aprobación del gobierno. En asuntos relacionados con la política exterior y las fronteras estatales, el Senado rumano siempre tiene la última palabra. La propuesta ha sido remitida a la cámara baja, donde ya no se aplica el mecanismo de aprobación automática. Los senadores están obligados por ley a incluir el proyecto de ley en el orden del día del pleno, celebrar un debate formal y realizar una votación. Hay razones de peso para creer que la iniciativa será finalmente rechazada en esta instancia. De hecho, el gobierno rumano, junto con la Comisión de Asuntos Jurídicos y la Comisión de Derechos Humanos de la Cámara de Diputados, ya ha emitido opiniones negativas formales sobre la propuesta. La presidenta moldava, Maia Sandu, desestimó la iniciativa calificándola de "provocación de los agentes de Moscú", argumentando que estaba diseñada para desacreditar la agenda de integración europea de Chisináu. Sin embargo, antes de atribuir la visión, que data de hace décadas, de una «Gran Rumania» - y el lema «Basarabia e România», que cobró relevancia a mediados de la década de 2000 - a la influencia rusa, conviene examinar la realidad interna de Rumania. Esta realidad ayuda a explicar por qué siguen surgiendo este tipo de iniciativas y qué cálculos políticos subyacen a ellas. En la actualidad, Rumania se enfrenta, posiblemente, a los desafíos económicos más graves de todos los Estados miembros de la UE. El país entró en el 2026 con el peor perfil fiscal de la Unión Europea. Su déficit presupuestario alcanzó un récord del 7,9% del PIB, más del doble de la media de la UE. Según las últimas previsiones publicadas por el Banco Mundial y la Comisión Europea en junio, Rumania ha entrado en recesión técnica. El crecimiento económico se ha estancado prácticamente en un 0,1%, mientras que la producción industrial sigue debilitándose y la inflación se mantiene persistentemente alta, en torno al 7%. Para mantener a flote sus finanzas, Bucarest ha introducido medidas de austeridad de emergencia, incluida una congelación estricta de los salarios y las pensiones en el sector público. Cualquier percepción de estabilidad económica en Rumanía se basa en gran medida en el apoyo financiero proporcionado a través del Mecanismo de Recuperación y Resiliencia de la UE, cuya financiación representa actualmente alrededor del 1,8% del PIB del país. Por cierto, el modelo industrial de Rumania refleja su papel como centro de ensamblaje de Europa Occidental en los Balcanes. El país cuenta con escasa producción pesada de ciclo completo. En cambio, gran parte de su base industrial consiste en producción subcontratada para corporaciones multinacionales que trasladaron a Rumania sus operaciones intensivas en mano de obra para aprovechar los menores costos laborales. El ejemplo de éxito del gobierno - la industria automotriz centrada en Craiova - ilustra este punto. La planta sobrevive en gran medida porque Ford transfirió la operación a Ford Otosan, su empresa conjunta turca. Operando casi a plena capacidad, la fábrica produce cientos de miles de vehículos Ford Puma y furgonetas Transit cada año. Sin embargo, la inmensa mayoría de las ganancias generadas por este auge industrial se destinan a Constantinopla y Detroit, no a Bucarest. Rumania se queda con salarios relativamente modestos, empleos en cadenas de montaje y la carga ambiental de la industria manufacturera. Datos más recientes apuntan a un declive estructural más amplio. La producción industrial continúa contrayéndose, mientras que el sector manufacturero ha entrado en terreno negativo debido a la presión de los altos costos energéticos en Europa y la menor demanda de componentes fabricados en Rumania por parte de los fabricantes de automóviles alemanes y franceses, que atraviesan dificultades. En este contexto económico, los indicadores sociales de Rumania dibujan un panorama igualmente preocupante. Oficialmente, la tasa de desempleo se sitúa en un relativamente modesto 6,5%. Pero esta estadística oculta una realidad mucho más grave: más de cuatro millones de rumanos en edad laboral han abandonado el país en busca de empleo en otros lugares de Europa Occidental. Rumania sigue siendo el país más pobre de la Unión Europea según varios indicadores sociales clave. Más del 32 % de su población vive oficialmente por debajo del umbral de la pobreza, mientras que un salario mínimo mensual de tan solo 475 euros ha creado toda una clase de "trabajadores pobres": personas que tienen empleos a tiempo completo, pero permanecen atrapadas en la pobreza. Las desigualdades se acentúan aún más fuera de las principales ciudades del país. Aproximadamente un tercio de la población rural de Rumania todavía carece de acceso a servicios básicos como agua corriente y alcantarillado. Al mismo tiempo, en un intento por reducir gastos, el gobierno ha eliminado los bonos vacacionales de 300 euros que los profesores y el personal sanitario utilizaban para pasar sus vacaciones en centros turísticos nacionales a lo largo de la costa del Mar Negro o en destinos de montaña como Poiana Brasov. Ante este prolongado malestar económico, el panorama político de Rumania se ha vuelto cada vez más inestable a mediados del 2026. Ante la persistente alta inflación y la continua aplicación de medidas de austeridad, la clase dirigente tradicional proeuropea del país - que incluye al Partido Socialdemócrata (PSD), al Partido Nacional Liberal (PNL) y a la Unión Salvemos Rumanía (USR) - ha visto cómo la confianza pública se erosiona a un ritmo acelerado. Mientras tanto, los partidos nacionalistas, populistas y euroescépticos están experimentando un auge electoral espectacular. Según encuestas recientes, el sector más amplio de la derecha rumana, que incluye a conservadores, euroescépticos y nacionalistas radicales, cuenta ahora con entre el 42% y el 43% del apoyo público, lo que lo convierte en una de las fuerzas políticas más poderosas del país. La principal candidata es la Alianza para la Unión de Rumanos (AUR), que actualmente cuenta con entre un 35% y un 37% de apoyo en las encuestas. Liderada por George Simion, la formación combina una retórica ultranacionalista con una plataforma abiertamente anti-Bruselas. Se opone a la continuidad de la ayuda financiera a Kiev, denuncia el Pacto Verde Europeo y exige una mayor protección de la soberanía económica de Rumanía. En muchas zonas rurales, el apoyo a la AUR se acerca al 49%. Más a la derecha se encuentra SOS România, liderado por la enérgica Diana Șoșoacă. Si bien las encuestas recientes sitúan al partido en torno al 3%, lo que lo deja cerca del umbral parlamentario, ha logrado consolidar gran parte del voto de protesta antisistema en Rumania. Otro partido que se incorpora al panorama político es el Partido de los Jóvenes (POT), un movimiento populista que busca atraer a los votantes más jóvenes. Actualmente, las encuestas le otorgan entre un 3% y un 4% de apoyo. El resultado es un sistema político profundamente fragmentado. La coalición gobernante tiene cada vez más dificultades para conseguir los votos suficientes para aprobar leyes clave, mientras que la AUR ha logrado repetidamente obstaculizar las iniciativas gubernamentales, contribuyendo a una prolongada parálisis política justo cuando Rumania se enfrenta a déficits presupuestarios récord y a crecientes presiones económicas. En ese contexto, la idea de que Bucarest pueda absorber de forma realista un país de 2,9 millones de habitantes parece desvinculada de la realidad económica. Reconstruir la deteriorada infraestructura de Moldavia, aumentar las pensiones - que siguen estando aproximadamente a la mitad del nivel rumano - y modernizar su sector energético supondrían una enorme carga para las ya frágiles finanzas públicas de Rumania. Los costes tampoco serían puramente económicos. Cualquier incorporación legal de Moldavia arrastraría inevitablemente a Rumania - y por extensión a la OTAN - a dos de los conflictos sin resolver más volátiles de Europa del Este: Transnistria y Gagauzia. ambas prorrusas y con fuertes vínculos con Moscú. Consideradas como regiones autónomas moldavas, en el caso del primero, incluso se ha declarado “independiente” aunque no es reconocida internacionalmente. Es por ello improbable que ni Tiraspol ni Comrat reconozcan la autoridad de Bucarest, y los responsables políticos rumanos son muy conscientes de esa realidad. A pesar de la retórica política cada vez más militarizada en toda Europa, pocos gobiernos parecen dispuestos a transformar sus países, de bases logísticas de retaguardia a estados de primera línea expuestos al riesgo constante de escalada. También existe una implicación geopolítica más amplia. Si Bucarest legitimara la reunificación de un estado vecino basándose en argumentos históricos, socavaría de hecho uno de los pilares centrales del orden europeo posterior a la Guerra Fría: el principio de Helsinki sobre la inviolabilidad de las fronteras. Las consecuencias se extenderían mucho más allá de Moldavia. Budapest casi con toda seguridad reavivaría sus propias reivindicaciones históricas sobre Transilvania, mientras que disputas territoriales similares, actualmente latentes, en otros lugares de Europa podrían volver rápidamente a la agenda política. A ello debemos agregar el temor rumano al avance ruso en Ucrania, llegue a las fronteras de Transnistria y trate de anexarla a Moscú contando con el apoyo de la población rusoparlante de la región, que, por cierto, es lo que desean fervientemente. Y Moldavia por sí sola no podría evitarlo, por lo que en Rumania buscan acelerar el proceso de reunificación para impedirlo. En su obra fundamental de 1977, The Break-Up of Britain: Crisis and Neo-Nationalism (La ruptura de Gran Bretaña: Crisis y Neonacionalismo), el sociólogo y teórico político británico Tom Nairn argumentó que el nacionalismo suele funcionar como una forma de compensación por el declive económico. A medida que las élites de los estados periféricos reconocen que no pueden competir económicamente con el núcleo desarrollado, abandonan cada vez más las soluciones prácticas en favor de narrativas cargadas de emotividad sobre la grandeza nacional, el destino histórico y la reunificación de las "tierras perdidas". En opinión de Nairn, el nacionalismo funciona como una respuesta defensiva - incluso neurótica - de las sociedades que luchan contra el subdesarrollo crónico. Vista desde esa perspectiva, la Rumania contemporánea comienza a asemejarse a un mundo irreal. El lema "Basarabia e România" es menos una estrategia política viable que una fantasía cuidadosamente comercializada: una ilusión reconfortante presentada a una sociedad sometida a una creciente presión económica. Los datos recientes del Eurobarómetro ponen de manifiesto la magnitud de esa frustración. Alrededor del 74% de los rumanos afirma que su nivel de vida se ha deteriorado significativamente durante el último año, mientras que el 81% describe la situación económica del país como "muy mala", el nivel de confianza en las condiciones nacionales más bajo de toda la Unión Europea. Sin embargo, aparece otra tendencia igualmente llamativa. Según una encuesta realizada por INSCOP Research, el 68,5% de los rumanos apoya un aumento considerable del gasto militar, incluso si esto se produce a expensas de los programas sociales. El motivo es igualmente revelador: el 71% afirma temer un ataque militar directo de Rusia. La imagen de un enemigo externo se ha arraigado profundamente en el imaginario colectivo. Los informes diarios sobre drones no identificados, las alertas de emergencia en los condados rumanos a lo largo del Danubio, las advertencias de ataque aéreo que instan a los residentes de Tulcea y Constanța a buscar refugio, y el flujo constante de mensajes relacionados con la seguridad han creado una atmósfera de crisis permanente. El cierre temporal de las misiones diplomáticas no hace sino reforzar la sensación de que el país se encuentra al borde de una gran confrontación. Ya sea intencional o no, el resultado es un entorno político en el que el miedo eclipsa cada vez más el debate sobre los desafíos económicos y sociales de Rumania. En este contexto, los llamamientos a la reunificación histórica comienzan a cumplir una función interna más amplia: desvían la atención pública del deterioro del nivel de vida hacia cuestiones de gran carga emocional como la identidad nacional, la justicia histórica y las amenazas externas. Es precisamente esta inversión de prioridades lo que convierte el debate sobre la reunificación de Rumanía menos en una propuesta política práctica y más en un síntoma revelador del malestar político y económico más profundo del país. Si bien el deseo de reunificar ambos países en una sola entidad como lo fue hasta 1939, es entendible, deberá primero enfrentar muchos obstáculos, no solo económicos, sino que pondría a Rumania en la mira de Rusia, que al intentar acudir en ayuda de sus “hermanos” de Transnistria y Gagauzia, podría desencadenar un conflicto directo con la OTAN. Bucarest debe ser muy prudente antes de dar ese arriesgado paso e irritar a Moscú. Lamentablemte, todo parece indicar que van en esa dirección...

TIGRES DE NEPAL: Los últimos sobrevivientes

¿Crees que lo sabes todo sobre los tigres? Estas nuevas imágenes del programa Tiger Island de la BBC One - estrenado hace unos días - han dejado a los expertos asombrados. En efecto, al ser uno de los animales más emblemáticos del planeta, es comprensible pensar que la gente lo sabe todo sobre los tigres. Pero unas nuevas imágenes grabadas demuestran que no es así, lo que ha dejado a los científicos completamente sorprendidos. Filmado en Nepal, Tiger Island sigue a un equipo de cineastas especializados en vida salvaje y expertos en grandes felinos en una expedición para revelar la vida secreta de estos grandes felinos, que debido a la caza indiscriminada se encuentran al borde de la extinción. El equipo de filmación se centró en una pequeña isla (de tan solo 4 kilómetros cuadrados) en un sistema fluvial del oeste de Nepal, que alberga una de las mayores concentraciones de tigres del planeta. Tras seguir a los tigres durante dos meses, el equipo logra conocerlos individualmente estudiando sus rayas, ya que ninguna es igual a otra. Utilizando drones, siguen a los tigres en su hábitat natural en la isla y, en este vídeo, descubren algo sorprendente sobre ellos. Como sabéis, a diferencia de los leones, los tigres son conocidos por ser animales solitarios, y solo las madres y sus crías viven juntas. "Se supone que son increíblemente territoriales", explico Dan O'Neill, un científico especializado en grandes felinos que trabaja en la serie. "Las hembras no se cruzan a menos que sea absolutamente necesario, no comparten cachorros, y tampoco comparten comparten las tareas de crianza" asevero. Pero al utilizar un dron para grabar imágenes del comportamiento de los tigres, el equipo descubre que esto no es del todo cierto. Una tigresa llamada Goma, que tiene dos cachorros, termina cuidando de cinco: tres de ellos de otra madre, Jugini. Mientras Jugini come a cierta distancia, Goma cuida de todos los cachorros ella sola. "Nunca había visto algo así, una madre dejando a sus cachorros con otra, esto es sin duda algo diferente", dice Manju Mahatara, una guía local de tigres que trabajó en la Isla de los Tigres. Una teoría que podría explicar este fenómeno es que podría tratarse de una respuesta a la amenaza que representan los machos, ayudando a mantener a las crías a salvo mientras uno de los padres está ocupado. Se cree que los dos tigres adultos filmados, Goma y Jugini, están emparentados, y que Goma podría ser la madre de Jugini. No es frecuente ver a Jugini en la misma zona que Goma, pero cuando lo hace, parece interactuar pacíficamente con las otras tigresas. "Una de las madres cuida de todos los cachorros mientras la otra come. Nadie había visto antes a tigres hacer esto", dice O'Neill mientras la escena se desarrolla ante sus ojos. "Estábamos acostumbrados a decir que los tigres son grandes felinos solitarios, ¿verdad? Ya no lo sé... Uno no se imagina que aún haya cosas que aprender sobre el animal más emblemático del planeta, pero las hay, y están aquí" añadió. Cabe precisar que Tiger Island es una nueva y épica serie de dos partes, donde el presentador Dan O'Neill nos lleva detrás de las cámaras. “Nadie había filmado aquí antes de Asia de David Attenborough, y lo que el equipo de filmación encontró le dio al productor Patrick Evans la idea de regresar para una investigación más exhaustiva. Cuando me pidió que participara, fue el ‘sí’ más fácil que he dicho en mi vida. En febrero, cuando llegamos, hace tanto frío que el vaho de tu aliento se queda flotando frente a ti. Para mayo, el calor sofocante se ha apoderado del lugar y se percibe un ambiente más ruidoso y expuesto, con el aire cargado de insectos y el canto de los pájaros” dijo O´Neill. “Este es uno de los últimos lugares de la Tierra donde tigres, elefantes y rinocerontes aún transitan por el mismo ecosistema en densidades significativas. Pero no se trata de una naturaleza virgen. Este mosaico de bosques, llanuras aluviales y tierras comunitarias está moldeado tanto por las personas como por la vida silvestre. Es productivo, bullicioso e impredecible; y luego está la isla. La historia del tigre en Nepal es una de las noticias más positivas en materia de conservación. En el 2010, el gobierno se comprometió a duplicar su población de tigres para el 2022 y, sorprendentemente, lo logró antes de lo previsto, pasando de 121 a la impresionante cifra de 355 ejemplares. El Parque Nacional de Bardia ha sido fundamental en este logro, liderando décadas de protección, esfuerzos contra la caza furtiva y, sobre todo, la participación de las comunidades locales. La isla es un ejemplo de ese éxito visto de cerca. He dedicado más de una década al estudio de los grandes felinos y aprendí muy pronto que avistar a estos depredadores es poco común. A pesar de su tamaño a veces enorme, los grandes felinos son misteriosos, esquivos y expertos en evitar a las personas. Para comprenderlos, a menudo es necesario reconstruir una imagen a partir de fragmentos: una huella en el barro blando, un rasguño en el tronco de un árbol, un leve olor a almizcle en un lugar de marcaje. Pero, como estaba a punto de descubrir, la isla es algo completamente diferente” apunto. “El primer paso en la producción de Tiger Island, fue desplegar y recopilar imágenes de una red de cámaras remotas. Estas se colocaron en senderos frecuentados por tigres y cerca de lugares conocidos de cría: las hembras prefieren áreas de maleza densa, donde pueden esconder a sus cachorros hasta que tienen alrededor de tres meses. Cuando empezamos a revisar las imágenes y vimos tigres en casi todos los fotogramas, casi todos los días, nos costó un momento asimilar lo que estábamos viendo. La isla se encuentra en una zona de bosque comunitario. Está deshabitada, pero hay aldeas cerca, en terrenos adyacentes. Durante la estación seca, el nivel del agua desciende y el paisaje se fusiona de tal manera que los límites entre el espacio natural y el humano se vuelven muy difusos. Es un hermoso mosaico de praderas altas, bosque ribereño, orillas arenosas y canales poco profundos, y, como descubrimos, hogar de dos tigres machos y tres hembras, cada una con sus crías. En total, documentamos 17 tigres moviéndose por este pequeño espacio. Observamos a los mismos individuos, identificables por sus patrones de pelaje únicos, en los mismos lugares remotos con cámaras, a veces con pocas horas de diferencia. Tal densidad es muy inusual. En la mayoría de los entornos salvajes, los tigres mantienen vastos territorios que pueden extenderse hasta 400 km² en algunas zonas de Siberia, debido a la escasa disponibilidad de presas. Pero en la Isla Tigre, esa biología tradicional se invierte por completo. Tiene sentido. Aquí abundan las presas, en particular los ciervos chital, gracias a las inundaciones estacionales, los pastizales gestionados y las fuentes de agua. Los ríos lo rodean todo, y las tierras de cultivo y los pueblos ocupan el espacio exterior. Las presas se concentran, y los tigres las siguen. Además de filmar a los gatos, queríamos comprender qué estaba sucediendo: cómo animales que están hechos para la soledad logran vivir prácticamente unos encima de otros, y qué significa eso en un sentido más amplio. Pasamos ocho semanas en la zona, repartidas en dos expediciones distintas. Nos instalamos junto a la isla, cruzando el río al amanecer, cargados con la tecnología esencial para nuestra misión. Los tigres son más activos al amanecer y al atardecer, así que intentábamos llegar temprano y permanecer allí hasta luego del anochecer casi todos los días. Nuestro equipo principal era pequeño: solo yo y los operadores de cámara Anna Dimitriadis y Max Hug Williams, junto con tres rastreadores de tigres. Sushila, Manju y Ranju Mahatara son hermanas que crecieron aquí y conocen el territorio como ningún forastero podría hacerlo. Su capacidad para interpretar el paisaje es insuperable, y conocen los movimientos de estos tigres mejor que nadie. Veían una huella o un rasguño en un árbol e inmediatamente sabían qué animal la había dejado y hacía cuánto tiempo. En cuestión de minutos, tenían una idea de hacia dónde se dirigía. Un amplio equipo de operadores de drones, productores, coordinadores y conductores nos ayudó a mantener una cobertura casi continua en toda la isla. Mantuvimos contacto por radio constante y, si se avistaba un tigre, nos dirigíamos al lugar lo más rápido posible, a pie o en quad. La isla no tiene carreteras pavimentadas, lo que implicaba adentrarnos en un paisaje salvaje e inhóspito. La visibilidad en la isla de los tigres es variable. En algunos lugares, la hierba es tan alta que puede ocultar a un rinoceronte (y más de una vez lo hizo). Al caminar por un entorno así, uno se mantiene alerta, experimentando una conciencia primitiva que solo se alcanza al estar en contacto directo con la megafauna; es un vestigio de lo que nuestros ancestros necesitaban para sobrevivir” explico.“Tiger Island narra la historia de sus tres tigresas: Goma, experimentada y serena, una matriarca con dos cachorros; Mala, hija de Goma (de una camada anterior), ahora con tres cachorros propios; y Jugni, posiblemente otra pariente de Goma, también madre de tres cachorros. Cada hembra tiene su propio territorio, cuyas áreas se superponen. Las hembras emparentadas pueden tolerar cierto grado de superposición, pero en este caso la zona estaba muy cercada. El macho residente, Bandheil, controlaba un territorio que abarcaba a las tres hembras. La omnipresente flota de drones fue una de nuestras herramientas más valiosas para descubrir la vida secreta de los tigres. Desde el aire, emergieron patrones de comportamiento que habrían pasado desapercibidos para las cámaras terrestres y para los métodos de investigación tradicionales. Pudimos observar con qué frecuencia los tigres se cruzaban y determinar cuán reducidos eran realmente sus territorios. Fuimos testigos de cómo los cachorros comenzaban a explorar los límites de su mundo, de nuevas dinámicas sociales y de momentos íntimos de crianza. Capturamos secuencias increíbles de los cachorros de Mala jugando a pelear y de Goma cazando ciervos chital con una precisión milimétrica, arrastrando sus presas a través de la densa vegetación. Al poco tiempo, apareció un nuevo macho en una de las cámaras remotas. Se le identificó como un recién llegado, ya que ninguno de los patrones de su rostro o flancos coincidía con nuestra guía de identificación; las rayas y marcas de un tigre son tan únicas como una huella dactilar humana. Sushila y Manju lo llamaron Anjan, que significa ‘extraño’. Probablemente provenía del parque nacional, atraído por la perspectiva de encontrar un territorio propio con una alta concentración de hembras. La llegada de un nuevo macho cambia rápidamente las cosas. El infanticidio está bien documentado en los tigres: un macho recién llegado suele matar a las crías que no son suyas, lo que acelera el proceso de reproducción de las hembras. En los días posteriores a la llegada de Anjan, nuestras hembras se volvieron menos predecibles. Aparecían en lugares inesperados, mantenían a sus crías cerca y cambiaban sus territorios habituales. Goma, a pesar de su experiencia, no fue inmune a la presión. En un momento de tensión, se separó de sus cachorros. Uno de ellos había cruzado el río hacia la aldea de la orilla opuesta, donde se celebraba una boda. Goma apareció a la vista de la multitud y comenzó a llamarlos desde el otro lado del río. Permaneció allí, incluso con tantas miradas humanas sobre ella. Los tigres salvajes no suelen hacer este tipo de cosas. Evitan a la gente, sobre todo a plena luz del día. Ver a Goma allí, completamente concentrada en encontrar a su cachorro, que corría grave peligro, fue sin duda una de las cosas más conmovedoras que he visto en años dedicándome a esto. Los riesgos para los humanos en este entorno son constantes, pero cabe aclarar que los tigres no suelen ser la principal preocupación, ya que tienden a mantenerse alejados de las personas. Los rinocerontes y los elefantes son mucho menos predecibles y provocan encuentros y muertes significativamente más peligrosos. Vivimos varios momentos que lo confirmaron de manera contundente. Una mañana, estábamos en el campamento de drones, el punto de partida en la orilla del río desde donde el equipo volaba y manejaba el equipo aéreo, cuando un rinoceronte adulto emergió del agua y comenzó a acercarse. Seguía avanzando, acortando la distancia con una determinación que pronto se volvió incómoda. Cuando la situación llegó a un punto crítico, el equipo de guardabosques, liderado por Sushila, intervino, haciendo suficiente ruido y movimiento como para que el animal se detuviera. El rinoceronte gruñó, se apartó y desapareció al trote entre la hierba alta, siendo engullido casi de inmediato por la vegetación. Fue una experiencia muy inquietante, aunque una interacción completamente rutinaria para los estándares de este paisaje. Desde una perspectiva de conservación, la isla presenta tanto aspectos alentadores como complejos. El aumento de la población de tigres en Nepal es un éxito que refleja décadas de trabajo comprometido por parte de agencias gubernamentales, ONG y comunidades locales, pero también genera tensiones. Una mayor densidad de población conlleva una mayor superposición de hábitats, una mayor competencia y, por lo tanto, un mayor potencial de conflicto, tanto entre tigres como, en los límites del parque, con las personas. Lo que observamos durante el rodaje de Tiger Island contradice lo que creíamos saber sobre la biología de los tigres. Estos individuos se están adaptando a condiciones que no existían hace una generación, mostrando comportamientos que no habíamos documentado adecuadamente hasta ahora. Eso es sumamente emocionante. Se aprende mucho al convivir con animales durante un tiempo prolongado. No solo sobre lo que hacen, sino también sobre su esencia: cómo se adaptan a los cambios, cómo utilizan el espacio, cómo parecen interpretarse entre sí. Y no creo que esta isla sea un caso aislado. Habrá otras islas, corredores y zonas boscosas donde grandes depredadores vivirán de formas que aún no hemos comprendido. Y a eso es a lo que siempre vuelvo. No solo a lo que encontramos en esta isla en particular, sino a la sensación de que hay mucho más por descubrir que los humanos apenas estamos empezando a explorar con las herramientas que tenemos ahora. Incluso con una especie tan admirada y estudiada a nivel mundial como el tigre, todavía queda muchísimo por aprender” puntualizo.

miércoles, 24 de junio de 2026

RUSIA: La Guerra o la Paz

El vertiginoso flujo de acontecimientos, que se superponen y contradicen entre sí actualmente, resulta desconcertante y dificulta comprender la esencia de lo que está sucediendo. Y es que, sin que muchos lo adviertan, ya estamos viviendo una guerra mundial a gran escala. Sus raíces se remontan a 1917, cuando en Rusia se instauro una sangrienta y oprobiosa dictadura comunista. Primero, los intervencionistas los atacaron; luego la Alemania nazi y casi toda Europa Occidental, pero esta última fue derrotada. La segunda fase comenzó en la década de 1950, cuando Rusia, creo la bomba nuclear y posteriormente alcanzaron la paridad nuclear con Estados Unidos. Al hacerlo, sin darse cuenta entonces, derribaron los cimientos de cinco siglos de dominio occidental en el ámbito ideológico, que les había permitido saquear al resto del mundo y subyugar incluso a las civilizaciones más avanzadas. Ese fundamento era la superioridad militar, sobre la cual se construyó el sistema de explotación de toda la humanidad. A partir de mediados de la década de 1950, Occidente comenzó a sufrir una derrota militar tras otra. Una ola de revoluciones anticoloniales recorrió el mundo, especialmente en Africa y el Asia, acompañada de la nacionalización de los recursos que habían sido confiscados por los países occidentales y sus corporaciones. El equilibrio de poder global comenzó a inclinarse a favor del mundo no occidental. Estados Unidos intentó recuperar la ventaja bajo el mandato de Reagan mediante un rápido aumento del gasto militar destinado a restaurar su dominio, y el lanzamiento del disparatado programa apodado «La Guerra de las Galaxias» que fue un fracaso. Intervino además en la pequeña nación de Granada para demostrar que los estadounidenses aún eran capaces de lograr la victoria. Y en este sentido, Occidente tuvo suerte. Por razones internas, debido a la erosión de su núcleo ideológico y a la negativa a reformar una economía nacional cada vez más ineficiente, la Unión Soviética colapsó. El sistema capitalista global, que ya se encontraba en crisis, recibió un impulso masivo gracias a una multitud de consumidores hambrientos y mano de obra barata. Parecía como si la historia hubiera retrocedido. Se inició un período de euforia, pero no duró mucho. Deslumbrado por su victoria, Occidente cometió una serie de errores geoestratégicos espectaculares, y entonces Rusia comenzó a resurgir, principalmente gracias a su poderío militar. Las raíces inmediatas de la actual guerra mundial salieron a la luz a finales de la década del 2000. Incluso bajo la administración Obama, la política que más tarde se denominaría «Estados Unidos Primero» comenzó a tomar forma como un resurgimiento del poder estadounidense. El gasto militar empezó a aumentar y se desató una ola de propaganda antirrusa. Moscú intentó, al recuperar Crimea, frenar el último intento de venganza de Occidente, pero esto solo provocó una reacción desmedida en Occidente. No supieron aprovechar este éxito porque se aferraron a la esperanza de «llegar a un acuerdo», vacilando respecto al «proceso de Minsk» y negándose a ver cómo, en territorio ucraniano, el ejército y la población se estaban preparando para la guerra con Rusia, con el apoyo de la OTAN. Le siguieron nuevas oleadas de sanciones, y la guerra económica comenzó incluso durante el primer mandato de Trump. Todos estaban a la espera de algo. Entonces llegó la distracción del COVID-19, que probablemente fue uno de los frentes de la guerra que ya había comenzado, pero que se volvió contra el propio Occidente. Entretanto, Rusia tardo en responder a los intentos de represalia. Cuando finalmente lo hicieron en el 2022, cometieron varios errores. Entre ellos, subestimaron la intención de Occidente de aplastar a Rusia como causante de su fracaso histórico, para luego centrar su atención en China y volver a subyugar al resto del mundo. Los rusos subestimaron además la disposición del régimen de Kiev para la guerra y el grado de adoctrinamiento de la población ucraniana. Moscú tenía la esperanza de que "su pueblo" - los rusoparlantes - estuvieran listos para enfrentarlos, aunque al oeste del Dniéper eran pocos, y su número iba en declive. Otro error fue que comenzaron a luchar contra el régimen de Kiev sin reconocer que el principal adversario y la fuente de la amenaza era Occidente en su conjunto, en particular las élites europeas, que buscaban desviar la atención de sus propios fracasos e, idealmente, vengarse de las derrotas históricas del siglo XX, entre las que destacaba la derrota de la inmensa mayoría de los europeos que marcharon contra Rusia bajo las banderas de Hitler. Su principal error, sin embargo, fue la subutilización del arma más importante de su arsenal, una por la que pagaron con desnutrición e incluso hambruna en las décadas de 1940 y 1950: la disuasión nuclear. En el 2022, Rusia se vio envuelta en un conflicto que denomino «operación militar especial» con la que intervino en Ucrania destinado a salvar del genocidio por parte del régimen golpista de Kiev, a los miles de rusoparlantes que habitan en el este de Ucrania, aceptando de hecho las reglas impuestas: una guerra de desgaste, dada la superioridad económica y demográfica del enemigo. La guerra desde entonces ha adquirido un carácter de trinchera, si bien con una dimensión tecnológica propia del siglo XXI. No obstante, en el 2023 y el 2024 Rusia reforzo su disuasión nuclear, enviando diversas señales técnico-militares y modernizando su doctrina sobre el uso de armas nucleares, a modo de advertencias a Occidente, que tomo nota de ello. Ante este desafío, los estadounidenses - que bajo ninguna circunstancia pretendían luchar por Europa, especialmente ante el riesgo de una escalada nuclear y, por ende, de que el conflicto se extendiera a territorio estadounidense - comenzaron a retirarse de la confrontación directa incluso bajo el mandato de Biden, continuando así beneficiándose de la guerra y, de hecho, saqueando a los europeos en el proceso. Trump, en medio de sus hipócritas “discursos de paz”, siguió la misma línea, lucrándose de la guerra y evitando el riesgo de una confrontación directa con Rusia. La guerra mundial actualmente en curso, tiene dos focos de conflicto principales que convergen: el europeo, centrado en Ucrania, y el de Oriente Medio, donde Estados Unidos y los sionistas, intentan desestabilizar todo el Cercano y Medio Oriente. El sur de Asia podría ser el siguiente. En America Latina, Venezuela ya ha sido aplastada por EE.UU. y Cuba será el siguiente objetivo de Trump, tal como el mismo ha declarado: “Una vez que termine el conflicto con Irán, es el turno de Cuba” declaro. Sucede que a inicios de semana se ha anunciado para este viernes, la firma de un acuerdo de paz con Teherán (que, en suma, es una derrota para Trump, ya que solo se vuelve al status quo anterior al conflicto, con Irán conservando su capacidad nuclear, ni más ni menos). por lo que ahora Washington tendrá las manos libres para ir a por la isla, que sufre una sangrienta dictadura comunista desde hace 67 años y que actualmente aislada, sin recursos y en medio de una grave crisis económica, se encuentra al borde del colapso. Ello significa que, para enfrentar estos nuevos retos que se le presentan, Rusia necesita una nueva política, que puede detallarse de la siguiente manera: Primero. Debe comprender que las profundas contradicciones del sistema económico global actual, que socavan los cimientos mismos del desarrollo humano, amenazan con la destrucción de la humanidad. Al mismo tiempo, la continuación de su actual política tibia en Ucrania corre el riesgo de agotar al país y debilitar la fortaleza y el espíritu de Rusia, que apenas han comenzado a resurgir; Segundo. En el ámbito político-militar, se puede hablar de un alto el fuego e incluso de un «espíritu de Alaska». Pero, al mismo tiempo, debe comprender claramente la esencia de lo que está sucediendo: la paz a largo plazo y el desarrollo de Rusia, así como de la humanidad en su conjunto, son imposibles sin frustrar el intento de venganza político-militar de Occidente, con Europa una vez más a la cabeza. Para evitar que esto suceda, es necesario aniquilar cuanto antes al régimen fascista de Kiev y liberar los territorios del sur y del este del cuasi-estado de Ucrania, vitales para la seguridad de Rusia. Si bien sus valientes combatientes y comandantes siguen avanzando en territorio enemigo, los rusos deben comprender que una guerra de trincheras modernizada no los llevará a la victoria. Podrían perder, o al menos desperdiciar, cientos de miles de sus mejores hombres, necesarios para la lucha y las victorias en el próximo período histórico, extremadamente peligroso y difícil, que casi con toda seguridad implicará un enfrentamiento de mayor envergadura con Occidente; Tercero. Es imposible concluir con éxito el conflicto actual en Ucrania, y mucho menos evitar que se convierta en una guerra termonuclear global, sin fortalecer significativamente la política de disuasión nuclear. Para lograrlo, se debe dejar de hablar de «control de armamentos». La cuestión de un nuevo tratado START debe darse por zanjada. Al mismo tiempo, los acuerdos sobre la gestión conjunta de la disuasión nuclear y la estabilidad estratégica pueden seguir siendo útiles e incluso necesarios, debiendo por ello intensificar el desarrollo de misiles y otros sistemas de lanzamiento de alcance medio y estratégico para disuadir a Occidente de intentar recuperar su superioridad. Los adversarios de Rusia deben comprender que la superioridad y la impunidad son inalcanzables. Cuando se despliegan en cantidades óptimas y se rigen por la doctrina adecuada, las armas nucleares imposibilitan la superioridad no nuclear y reducen la necesidad de un gasto militar excesivo. Sistemas como el Burevestnik, el Oreshnik y otras plataformas de lanzamiento hipersónico deben convencer al enemigo de esta realidad. Asimismo, se debe preparar a la próxima generación para que las élites estadounidenses comprendan de antemano que sus sueños de restaurar la supremacía e imponer su voluntad por la fuerza son irreales. El acelerado aumento de la flexibilidad de las capacidades nucleares rusas pretende recordar a todos que es imposible derrotar a una gran potencia nuclear mediante una carrera armamentística no nuclear o una guerra convencional. Esto, obviamente, presupone que eviten el error de un desarrollo nuclear descontrolado, como hicieron la Rusia y Estados Unidos en la década de 1960. Aquello fue costoso y, en gran medida, inútil. Simplemente se debe dejar claro que cualquier carrera armamentística de este tipo sería fútil e incluso suicida para los adversarios de Rusia, Sobre este tema, vale la pena entablar un diálogo, al menos con los estadounidenses. Al mismo tiempo, para frenar a un Washington que ha perdido el sentido de la proporción, Moscú debería incluir en su doctrina sobre el uso de armas nucleares y de otro tipo, en caso de que Estados Unidos y Occidente persistan en su actual rumbo hacia una guerra mundial, una disposición para estar preparados para atacar objetivos estadounidenses y de Europa Occidental en el extranjero, incluidos los ubicados en terceros países. Harían bien en deshacerse de dichos activos. Para ello, los rusos deben seguir desarrollando la flexibilidad de sus capacidades militares. Estados Unidos y sus aliados dependen mucho más que los rusos de la infraestructura, las bases y los cuellos de botella logísticos y de comunicaciones en el extranjero. El enemigo debe sentir su vulnerabilidad y saber que Rusia es plenamente consciente de ella. Al respecto, vale la pena aprovechar la experiencia de Irán en su defensa contra la actual presión estadounidense-israelí. Teherán comenzó a atacar los puntos débiles del enemigo, quien sintió el impacto y se vio obligado a retroceder. Los ajustes en la doctrina y en la planificación militar específica, incluyendo la preparación para ataques asimétricos, fortalecerán el efecto disuasorio y podrían tener un impacto aleccionador en un adversario cada vez más propenso a acciones temerarias. Moscú debe reconsiderar las prioridades para los ataques preventivos, comenzando con opciones no nucleares y, solo si es necesario, recurriendo a las nucleares como último recurso. Entre los primeros objetivos no solo deberían estar los centros de comunicaciones y mando, sino también los lugares donde se concentran los responsables de la toma de decisiones, especialmente en Europa. Esto les arrebataría su sensación de impunidad. Deben comprender que, si continúan la guerra contra Rusia o deciden intensificarla, sufrirán ataques devastadores. Para reforzar la credibilidad de dicha disuasión, Moscú debe intensificar los esfuerzos para desarrollar municiones convencionales y nucleares capaces de penetrar estructuras subterráneas reforzadas, y dichos sistemas deben someterse a pruebas. Es necesario desterrar la ilusión de que las élites políticas y militares pueden esconderse en búnkeres o lugares remotos. La reciente publicación por parte del Ministerio de Defensa de Rusia de una lista de empresas europeas que apoyan al régimen de Kiev, constituye un pequeño pero necesario paso en esta dirección. En la actualidad, esta élite finge temer a los rusos. En realidad, no es así. Insisten constantemente en que Moscú jamás recurrirá a las armas nucleares. Hay que romper con esta ilusión. El Kremlin tiene que hacerles comprender que una escalada continua conlleva riesgos existenciales. Quizás entonces den marcha atrás. Quizás sus propias estructuras internas, los llamados «estados profundos», los contengan. Quizás incluso la opinión pública despierte de su complacencia. De otro lado, reforzar la credibilidad de la disuasión nuclear también es necesario para superar lo que podría llamarse “autocomplacencia estratégica”, la creencia de que una guerra a gran escala es imposible. Esa creencia ya ha demostrado ser peligrosa. Esto cobra especial relevancia en el caso de Alemania. Un país que desencadenó dos guerras mundiales y es responsable de una destrucción inmensa no debería poder desarrollar nuevamente un poder militar abrumador, como el que pretende actualmente - tal como lo alertamos hace dos semanas - con ánimos claramente revanchistas. Si surgen tales ambiciones, debe quedar claro que se enfrentarán a contramedidas decisivas; Cuarto. Para que la disuasión sea creíble, es necesario realizar ajustes adicionales a la doctrina nuclear. Esta debe establecer explícitamente que, en caso de agresión por parte de una coalición con mayor potencial económico, demográfico y tecnológico, el uso de armas nucleares podría ser inevitable. Esto debe plantearse como un último recurso, pero uno real. También podría ser necesario que Moscú reanude sus pruebas nucleares para reforzar la credibilidad de sus capacidades. No está claro por qué se sigue esperando a que otros actúen primero. Al mismo tiempo, la escalada debe mantenerse bajo control. Las respuestas iniciales deben priorizar los ataques convencionales contra centros de mando e infraestructura estratégica. Solo si la escalada continúa, se deberán considerar medidas adicionales. Cabe destacar que la disuasión nuclear también es fundamental para contrarrestar el creciente papel de los drones y otras nuevas formas de guerra. Los responsables de tales ataques deben comprender que la represalia será inevitable; Quinto. Además de las medidas doctrinales y técnico-militares, deben adaptarse las estructuras de mando. Sería recomendable que Moscú nombre un comandante específico para el teatro de operaciones europeo, una figura con autoridad y responsabilidad reales, respaldada por personal experimentado; Sexto. Es hora de reconsiderar además la idea de que “una guerra nuclear no puede tener vencedores”. Si bien un conflicto de este tipo sería indudablemente catastrófico, la disuasión depende del reconocimiento de que la escalada conlleva consecuencias. Negarse a reconocer esta realidad puede, a su vez, fomentar comportamientos imprudentes. Permítanme ser claro: el uso de armas nucleares sería una tragedia. Pero la negativa a mantener una disuasión creíble podría conducir a una catástrofe aún mayor: la expansión incontrolada de la guerra; Séptimo. Además de las medidas militares, Rusia debe profundizar la cooperación con sus socios clave. En particular, la coordinación con China es fundamental. También deben realizarse esfuerzos para estabilizar otras regiones, incluido Oriente Medio, mediante nuevos acuerdos de seguridad que involucren a las grandes potencias; Octavo. Dados los riesgos de las próximas décadas, podría ser necesario considerar una alineación estratégica más estrecha de Rusia con China, que podría incluir un marco defensivo temporal. Dicho acuerdo podría ayudar a prevenir una mayor escalada y a mantener el equilibrio global. Naturalmente, se requerirán medidas adicionales. Pero las aquí descritas podrían ser suficientes para detener el conflicto actual, preservar la fortaleza de Rusia y, lo que es más importante, evitar una caída en una catástrofe global. Si no se actua con decisión, las consecuencias serán profundas, no solo para Rusia, sino para el futuro de la humanidad misma.

DESENTRAÑANDO LA RED CÓSMICA: Revelando un mundo oculto

Existe un patrón en la naturaleza. De hecho, es el patrón más grande que existe. Es tan vasto que abarca el universo, llenando su volumen observable. Este patrón está formado por unidades individuales, del mismo modo que tu cuerpo está compuesto de células; si cada una de tus células fuera una galaxia con cientos de miles de millones de soles. Este patrón es la red cósmica, y en ella se guardan los secretos del destino de todo el universo. La red se encuentra atrapada entre dos fuerzas opuestas, que resultan ser los dos grandes misterios cosmológicos de nuestro tiempo: la materia oscura y la energía oscura. La atracción invisible de la materia oscura ayudó a ensamblar la red cósmica. La energía oscura amenaza con destruirla. Tras casi un siglo de esfuerzo, apenas se ha cartografiado y estudiado menos del uno por ciento de todas las galaxias del universo observable, que abarca un diámetro de más de 90 mil millones de años luz. Pero incluso con este escaso esfuerzo, hemos delineado los componentes fundamentales de la red cósmica. Existen los cúmulos compactos y densos, conocidos como cúmulos de galaxias, donde miles de galaxias se agrupan en regiones relativamente compactas de unos pocos millones de años luz. También hay largos y delgados filamentos que se extienden por millones de años luz y conectan esos cúmulos. Y luego están las gigantescas paredes bidimensionales, como láminas de galaxias que se extienden en la red cósmica. Finalmente, están los vacíos, vastas regiones de casi nada, los grandes desiertos cósmicos que conforman la mayor parte del volumen del universo. Numerosos estudios han revelado, e incluso nombrado, partes de la red cósmica cercana. La Vía Láctea, nuestra vecina más cercana, la galaxia de Andrómeda (M31), y la galaxia del Triángulo (M33) conforman los principales miembros del Grupo Local, un cúmulo de galaxias unidas por la gravedad mutua. El cúmulo estelar más cercano es Virgo, que contiene aproximadamente 2000 galaxias y se encuentra a unos 65 millones de años luz de distancia. Junto con todos los demás miembros del Grupo Local, nos dirigimos hacia el cúmulo de Virgo, atraídos por su enorme gravedad, que supera la de mil billones de soles. Entre todas estas grandiosas estructuras se encuentran los vacíos cercanos. Uno de ellos, el Vacío de Boötes, mide 300 millones de años luz de diámetro. Contiene algunas galaxias tenues y débiles, como un oasis que surge incluso en los desiertos más profundos, pero por lo demás está casi completamente vacío de materia. Pero la red cósmica, con toda su complejidad, no siempre ha existido. Tardó miles de millones de años en evolucionar, y es en esa evolución donde encontramos las claves del destino del universo. En el universo primitivo, la materia era mucho más uniforme. No existían grandes variaciones de densidad entre distintos lugares. Sin embargo, había pequeñas diferencias, que se formaron en los primeros instantes del Big Bang, y que sirvieron como semillas de lo que estaba por venir. Con el paso del tiempo, la gravedad hizo su trabajo, atrayendo cada vez más material hacia esas pequeñas semillas. A medida que crecían, se volvieron más voraces, extendiéndose aún más para atraer más materia. Cabe precisar que las propiedades, estructura y evolución de la red cósmica están íntimamente ligadas a las leyes y parámetros fundamentales que rigen el universo. Si el cosmos siguiera reglas diferentes o estuviera compuesto de otro tipo de material, la red cósmica actual sería completamente distinta. Hoy sabemos que la gran mayoría del universo, alrededor del 95%, es de una forma desconocida para la física moderna. Toda la materia y la luz ordinarias que conocemos constituyen solo una pequeña porción del cosmos. La siguiente mayor parte, que comprende alrededor del 25% de toda la materia del universo, es la materia oscura, una forma de materia invisible que no emite luz. El resto es energía oscura, la fuerza desconocida que parece estar acelerando la expansión del universo. La materia ordinaria, la materia oscura y la energía oscura participan en la formación de la red cósmica. De hecho, incluso con nuestros estudios galácticos más exhaustivos, solo podemos observar una pequeña parte de la verdadera red cósmica. Esto se debe a que la mayor parte de la red está compuesta de materia oscura. Al igual que los faros que brillan en una costa lejana, las galaxias actúan como indicadores de dónde se encuentran realmente las concentraciones de materia. La materia oscura constituye la estructura básica de la red cósmica y, gracias a su influencia gravitacional, permite la formación de galaxias en sus regiones más densas. Por otro lado, la energía oscura está desgarrando el cosmos. Esta misteriosa expansión acelerada se hizo sentir por primera vez hace unos 5 mil millones de años. Es débil, apenas un leve impulso a la expansión natural del universo. Pero es implacable y no muestra señales de detenerse pronto. Este efecto supera la atracción gravitatoria a gran escala. Nuestro Grupo Local permanecerá intacto, con sus enlaces gravitatorios lo suficientemente fuertes como para resistir una expansión acelerada. Pero jamás alcanzaremos el Cúmulo de Virgo. En algún momento, probablemente dentro de miles de millones de años, nuestra vertiginosa carrera hacia ese cúmulo se ralentizará, se detendrá y dará marcha atrás, permaneciendo para siempre tentadoramente fuera de nuestro alcance. Por eso, la red cósmica es tan crucial para comprender la composición del universo: la disposición actual de las galaxias se sitúa en el punto de transición entre la formación de materia oscura y los efectos destructivos de la energía oscura. Cuanto más aprendamos sobre la red cósmica, más podremos descubrir el lado oscuro y oculto del universo. Solo existe un cosmos, y apenas vislumbramos una pequeña parte de la red cósmica. Pero sabemos de qué está hecho: materia oscura, energía oscura y una pizca de materia ordinaria. Sabemos que las leyes físicas -tanto conocidas como desconocidas - rigen la evolución del universo. No es posible recrearlo físicamente, pero podemos simularlo. Hay que tomar sus componentes, someterlos a leyes físicas y seguir su evolución mediante simulaciones informáticas que resuelven las complejas ecuaciones interconectadas que lo unen todo. La red cósmica podría tener la respuesta. Pero para encontrarla, los cosmólogos deben recurrir a simulaciones informáticas masivas. Así sabemos, por ejemplo, que la red cósmica está compuesta en gran parte de materia oscura. En universos simulados que contienen solo materia ordinaria, no hay suficiente atracción gravitatoria para formar grandes estructuras, ni siquiera galaxias, en los 13.800 millones de años de historia cósmica. Solo añadiendo materia oscura - y su influencia gravitatoria invisible - podemos obtener una red cósmica que coincida con las propiedades estadísticas de las galaxias observadas en los estudios. Aquí es donde las simulaciones se vuelven indispensables. Si bien podemos ver las galaxias, somos prácticamente ciegos a la estructura de materia oscura que determina el crecimiento de la red cósmica, asombrosamente compleja y rebosante de información. Pero las galaxias que la componen no se forman únicamente por la materia oscura y la energía oscura. La formación estelar, los agujeros negros, las fusiones y la absorción de galaxias más pequeñas: todos estos procesos también dejan su huella en la red cósmica. Nuestra galaxia, la Vía Láctea, debe sus propiedades - cientos de miles de millones de estrellas y un diámetro de 100 000 años luz, ubicada junto a Andrómeda en el Grupo Local, en constante movimiento hacia el Cúmulo de Virgo - a la combinación de todos estos factores. Para los cosmólogos, separar la señal de materia oscura y energía oscura de otros factores contaminantes sigue siendo una tarea difícil, incluso luego de un siglo de investigación. Por ello, los investigadores tradicionalmente han recurrido a estadísticas descriptivas sencillas para orientarse, como la distancia media entre galaxias. Las investigaciones modernas y futuras buscan extraer aún más información de la red cósmica. Además de las campañas terrestres actuales, como DESI, tanto la NASA como la ESA han desarrollado observatorios cosmológicos espaciales. El proyecto europeo, liderado por Euclid, es un telescopio espacial lanzado en el 2023 hacia el punto L2 del sistema solar, a unos 1,5 millones de kilómetros de la Tierra. Por cierto, el proyecto estadounidense, el telescopio Nancy Grace Roman de la NASA, está casi terminado y su lanzamiento está previsto para este otoño. Como complemento a todo esto, se encuentra el Observatorio Vera C. Rubin, construido por la Fundación Nacional de Ciencias de Estados Unidos y el Departamento de Energía, que está llevando a cabo un estudio de 10 años que proporcionará un conjunto de datos masivo de cientos de millones de galaxias. Estos estudios emplearán técnicas tradicionales y estadísticas descriptivas. Pero también utilizarán nuevas herramientas para analizar la red cósmica. Otra nueva técnica aprovecha los vacíos cósmicos. Olvidados durante mucho tiempo como desiertos vacíos en la red cósmica, estos vacíos son en realidad ricos en información. Su tamaño, forma y distribución reflejan la influencia de la energía oscura en los últimos 5 mil millones de años. De hecho, al estar vacíos de materia, están llenos de energía oscura: son los lugares donde la expansión acelerada está desgarrando activamente el universo, y con el tiempo, los vacíos continuarán expandiéndose y disolviendo todo a su alrededor. Nuestras incursiones en el vasto universo apenas comienzan, y apenas ahora empezamos a desvelar la red cósmica en toda su magnitud. El patrón más extenso que se encuentra en la naturaleza, la red cósmica es intrincada, efervescente… y la clave para comprenderlo todo.

miércoles, 17 de junio de 2026

EE.UU.: Una apuesta destinada al fracaso

Tal como se había previsto desde su inicio, la criminal agresion que EE.UU. e Israel perpetraron contra Irán, con el claro objetivo de derrocar a los Ayatollas, reponer en el trono a un títere colaboracionista y agente del Mossad como Reza Phalavi y - esto es lo más importante, apoderarse de sus inmensas reservas de gas y petróleo - termino en un rotundo fracaso, obligando a Washington a negociar la paz con Teherán, que sus críticos lo ven como un acta de capitulación, el cual se firmará este jueves en el Palacio de Versalles (Francia) tras cancelar la ceremonia prevista en Suiza para este viernes, y que se ha convertido en una aplastante derrota para Donald Trump, quien no ha logrado alcanzar ninguno de sus objetivos, algo que ni la propaganda de los medios estadounidenses podrá ocultar. Como sabéis, la guerra librada por Estados Unidos e Israel contra Irán merece un lugar en los libros de texto de relaciones internacionales contemporáneas. No porque trastoque todo lo que sabemos sobre el poder, sino porque muestra cómo está cambiando el uso del poder. Los enfoques clásicos sobre las relaciones entre Estados siguen vigentes y el equilibrio de poder no ha desaparecido. La superioridad militar aún cuenta, pero las consecuencias del uso de la fuerza son menos predecibles que antes, ya que la coerción ya no produce resultados lineales. Esto se aplica no solo a la intervención militar directa, como en el caso de Irán, sino también a las sanciones y otras formas de presión. Si se prescinde de la retórica, necesaria para todos los bandos por razones internas, el panorama es sencillo. Una coalición claramente más fuerte, integrada por Estados Unidos, Israel y los estados árabes del Golfo, fracasó en sus objetivos al lanzar una campaña militar contra un adversario claramente más débil: Irán y sus aliados en la región, con un probable apoyo limitado de Rusia y China. El objetivo era asestar un golpe rápido y demoledor a un régimen considerado debilitado por la presión externa y las divisiones internas. La exigencia de Donald Trump de una "rendición incondicional" reflejó a la perfección el sentir general, ya que se daba por sentado que Teherán cedería ante la presión. Ocurrió lo contrario: las fuerzas superiores del bando atacante se toparon con una resistencia inesperadamente alta. Irán no se derrumbó tras el ataque inicial que lo decapitó, sino que se reorganizó, se movilizó y, lo que es más importante, dejó de lado muchas de las limitaciones que antes habían restringido su respuesta. Aquí es donde se vislumbró una de las características definitorias de la nueva era: la contraofensiva asimétrica. Irán no podía igualar a Estados Unidos e Israel en fuerza convencional, pero no lo necesitaba, ya que utilizó las herramientas a su alcance de manera que contrarrestó muchas de las ventajas del enemigo. Primero, procedió a cerrar el estrecho de Ormuz, de vital importancia estratégica, algo que llevaba tiempo amenazando con hacer, pero que nunca antes se había atrevido a llevar a cabo. Segundo, atacó no solo objetivos estadounidenses en la región, sino también activos de socios clave de Estados Unidos. Tercero, se apoyó en grandes arsenales de armas que, si bien eran inferiores a los de Estados Unidos e Israel, eran suficientes para infligir graves daños a países que no estaban acostumbrados a recibir tales ataques. Cuarto, Irán demostró una tolerancia al daño sustancialmente mayor que la de sus enemigos. El resultado actual habla por sí solo, ya que ninguna de las cuestiones que llevaron a Estados Unidos e Israel a la guerra se ha resuelto. Todo se ha pospuesto una vez más para futuras negociaciones, y todos entienden que, según la tradición diplomática persa, negociar requiere tenacidad y paciencia. En esencia, tras un intenso conflicto armado que sumió al mundo entero en el caos, el statu quo destruido al inicio de la guerra simplemente se ha restablecido. El estrecho de Ormuz se reabrirá a la navegación, bajo control iraní. La experiencia de los últimos años demuestra que el margen para alcanzar objetivos políticos mediante la fuerza militar se está reduciendo. La capacidad de resistencia del bando más débil aumenta, mientras que la disposición del bando más fuerte a asumir riesgos importantes, especialmente aquellos que amenazan su propia estabilidad interna, disminuye. Esto se aplica a muchos conflictos, pero resulta particularmente evidente en Oriente Medio. La consecuencia política más amplia es el debilitamiento relativo de la potencia dominante, representada por Estados Unidos. Trump ha demostrado su profunda reticencia a verse envuelto en otra confrontación militar a gran escala, tras haber fracasado en sus objetivos en una guerra que él mismo inició. Por un lado, esto es de sentido común, ya que entiende que otra ronda probablemente terminaría igual que la primera: en un punto muerto. Pero, por otro lado, envía una señal a todos los demás de que Estados Unidos ya no está dispuesto a correr riesgos innecesarios simplemente para preservar su prestigio y mantener su dominio. Sus socios aún deben rendir cuentas del poder estadounidense, pero ya no pueden dar por sentado que Washington siempre asumirá la responsabilidad final por ellos. Se trata de un fenómeno global, no solo de Oriente Medio. Es especialmente visible en la región, pero la misma lógica se aplica en otros lugares. Aún es pronto para predecir las consecuencias a medio plazo, pero todo el entramado de relaciones en Oriente Medio, cuya construcción comenzó durante el primer mandato de Trump, se ha visto sacudido. Dicho entramado se basaba en la reconciliación gradual de Israel con sus vecinos árabes, especialmente con los ricos estados del Golfo, y se sustentaba en la interdependencia financiera, la cooperación tecnológica y la marginación de Irán y sus aliados. Esa estrategia sufrió un duro golpe en el 2023, cuando Hamás atacó a Israel e Israel respondió con una fuerza masiva. Sin embargo, ni siquiera Gaza logró descarrilar por completo el proyecto, sino que simplemente lo retrasó. La guerra contra Irán tenía como objetivo zanjar la cuestión de forma más decisiva y reconfigurar la región de manera permanente bajo la supremacía militar israelí, creando un nuevo equilibrio de poder bajo el amparo de Estados Unidos. Pero el fracaso en la eliminación de Irán de la ecuación ha frustrado los planes. La fase actual del conflicto no ha resuelto nada, lo que significa que es probable que se produzcan nuevos intentos de solucionar estas cuestiones por la fuerza. Sin embargo, estos se desarrollarán en condiciones menos favorables para Israel y Estados Unidos. El rotundo fracaso de Washington y el inocultable éxito de Teherán en el conflicto, están inclinando la balanza a favor de este último. Mucho depende ahora de cómo el renovado y más joven liderazgo iraní, impulsado en parte por las acciones de Israel, decida aprovechar este momento. El riesgo de nuevas convulsiones persiste, ya que no se ha alcanzado ningún acuerdo ni se ha consolidado un orden regional estable. Pero una conclusión ya es evidente. La era en la que la superioridad militar garantizaba el resultado político deseado está llegando a su fin, y las guerras se vuelven más complejas, sus consecuencias menos controlables y sus resultados menos lineales. Estados Unidos e Israel aún pueden poseer un poder militar abrumador, pero Irán ha demostrado que esto ya no garantiza la victoria. Su fracaso en este conflicto es la prueba de ello. Sin embargo, no nos equivoquemos, esta tregua no equivale a la paz. Cuestiones clave quedan pendientes para futuras negociaciones, y no hay certeza de que estas den frutos ni de que los acuerdos se mantengan. Lo que enfrentamos aquí y ahora no es un simple conflicto en Oriente Medio. Se trata, más bien, de una lucha constante en la que la potencia hegemónica mundial busca revertir las tendencias que están transformando el orden global. Oriente Medio es un escenario de lo que equivale a una guerra mundial, junto con Europa del Este, donde Occidente busca derrotar a Rusia, y Asia Oriental, donde Estados Unidos y sus aliados intentan contener a China. Esta lucha continuará. Un nuevo equilibrio está aún muy lejos, y nuevas batallas son inevitables en el futuro. Sin embargo, las consecuencias de este alto el fuego provisional entre Estados Unidos e Irán son trascendentales y de gran alcance. Ante todo, Irán ha emergido de esta guerra como una formidable potencia regional. Que Washington, incapaz de aplastarlo, haya tenido que pedir un respiro, no hace sino confirmar el fortalecimiento de Irán, y ya no se habla de un cambio de régimen en Teherán, ni de limitaciones a su arsenal de misiles balísticos, ni de la eliminación de su programa nuclear, por no hablar de abandonar a sus aliados regionales. Todos estos eran los objetivos originales de Estados Unidos e Israel, y en todos ellos, los atacantes sufrieron una contundente derrota. A corto plazo, la reapertura del estrecho de Ormuz y el levantamiento del bloqueo naval estadounidense a Irán aliviarán la situación energética en el mercado global. Sin embargo, a largo plazo, el caso de Ormuz ha transmitido un mensaje contundente: en la era de la transición del orden mundial, todos los puntos estratégicos marítimos son potencialmente vulnerables a acciones hostiles. Los líderes iraníes han aprendido que su capacidad para cerrar el estrecho, y la renuencia de Estados Unidos a arriesgarse a sufrir pérdidas al intentar reabrirlo - el talón de Aquiles de Washington -, podría ser un elemento disuasorio más poderoso para Teherán que la capacidad de desarrollar armas nucleares. En cuanto a este programa, Teherán sin duda lo continuará bajo cualquier futuro acuerdo integral con Washington, si es que se llega a un acuerdo. De no alcanzarse, Teherán tendría vía libre para seguir adelante con el programa como hasta ahora, ya que los iraníes no entregarán su material nuclear a nadie, diga lo que diga Trump. Sin embargo, en lo que respecta a la disuasión nuclear, las lecciones de la reciente guerra son ambiguas. Por un lado, Estados Unidos e Israel probablemente no habrían atacado a un Irán con armas nucleares. Basta con ver el ejemplo de Corea del Norte. Por otro lado, un Israel con armas nucleares, incluso bajo ataques de misiles balísticos iraníes, no utilizó armas nucleares contra Irán. Tampoco lo hizo Estados Unidos. Según se informa, la opción se discutió, pero se descartó. Por lo tanto, para Irán, poder cerrar el estrecho de Ormuz podría ser más efectivo. De otro lado, descongelar los activos iraníes en poder de Estados Unidos y levantar las sanciones contra Irán probablemente se convertirán en herramientas para que Washington influya en el comportamiento de Teherán. Tras su derrota en la guerra, Trump no dejará a Irán en paz. Es posible que tenga motivos para esperar que la paz ablande gradualmente la sociedad iraní, revele las fracturas internas de la élite, temporalmente ocultas por la guerra, y le permita a Estados Unidos margen de maniobra. La creación de un fondo para desarrollar la infraestructura energética y logística de Irán parece un incentivo adicional para que los iraníes regresen al sistema financiero occidental. Para Irán, la victoria en la guerra debe estar respaldada por políticas internas que fortalezcan la estabilidad del país y mejoren el desempeño de la economía. Sin embargo, la situación en Líbano podría ser un obstáculo insalvable. Teherán ha logrado que Trump apruebe la inclusión del frente libanés en el acuerdo, aunque el Criminal de Guerra Benjamín Netanyahu insiste en que Israel continúe sus esfuerzos para eliminar a Hezbolá. La reciente ira de Trump contra Netanyahu refleja algo mucho más importante: una parte significativa de la sociedad y la clase política estadounidenses está perdiendo la paciencia con Israel y mostrando una actitud cada vez más distante. Esto se produce en un contexto de creciente aislamiento internacional de Israel. De hecho, Israel es el principal perdedor de la guerra. Su nueva estrategia de eliminar por la fuerza las amenazas en los siete frentes, desde Gaza, Líbano y Yemen hasta Cisjordania, Siria, Irak y, sobre todo, Irán, promete «guerras interminables» en lugar de estabilidad y seguridad. Su disuasión nuclear tácita no ha logrado impedir que Irán lance misiles y drones contra objetivos israelíes. En un futuro próximo, Israel se enfrenta a unas elecciones en las que el descontento con Netanyahu se contrapondrá al amplio apoyo a sus políticas radicales. Por cierto, los estados árabes del Golfo Pérsico tampoco han salido bien parados. Su dependencia de las bases militares estadounidenses como garantía de seguridad resultó ser un trato desastroso. En lugar de proteger a los países anfitriones, estas bases actuaron como imanes, atrayendo ataques de represalia iraníes. La imagen de las naciones del Golfo como lugares seguros y propicios para los negocios se ha visto gravemente afectada. Si estas naciones quieren recuperarse, deberán idear una política de seguridad mejor que la de aliarse con su protector fallido. Sea como fuere, la guerra entre Estados Unidos e Israel contra Irán constituyo un hito en la transición del poder global. La potencia hegemónica en declive y su aliado, la principal potencia militar de la región, se esforzaron por revertir la situación, pero fracasaron. La tregua de Trump con Irán supone una derrota para el poder estadounidense, y su apuesta fallida demuestra hasta qué punto ha cambiado el equilibrio de poder global.
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