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miércoles, 7 de enero de 2026

EE.UU.: Nadie está a salvo

Tras cinco meses - en realidad, dos décadas y media - de preparativos cada vez más intensos mediante una guerra diplomática, económica y clandestina cada vez mayor, Estados Unidos finalmente ha ejecutado un operativo para un cambio de régimen en Venezuela. El ataque final, centrado en la captura del dictador venezolano Nicolás Maduro y su esposa Cilia Flores en la capital, Caracas, fue breve. Pero la campaña ciertamente no ha sido incruenta. Si bien sabemos poco sobre lo que sucedió exactamente en el terreno, los ataques de Washington contra barcos de contrabando en el mar, que sirvieron como núcleo de la andanada de propaganda preparatoria del ataque, ya han causado más de 100 víctimas. Luego, lo que funcionarios estadounidenses han llamado un "ataque a gran escala" contra Venezuela en la madrugada del 3 de enero tuvo como blanco no solo a Caracas, sino a varios puntos del país. Por alguna razón, la resistencia a esta operación "oscura y mortal" (en palabras del presidente Donald Trump) fue prácticamente nula, dejando en ridículo al ejército venezolano ante el mundo. Sin embargo, en vista del largo y visible aumento de tropas, así como de la campaña de guerra psicológica que precedió a estas incursiones nocturnas, es difícil creer que fueran una sorpresa. La traición, la subversión y los acuerdos secretos y turbios bien podrían haber influido. Si bien estos asuntos probablemente permanecerán turbios por un tiempo, o para siempre, otros aspectos más importantes del operativo estadounidense de Venezuela son inequívocamente claros: es absoluta e irremediablemente ilegal, una violación masiva y abierta de la prohibición de las guerras de agresión establecida en la Carta de las Naciones Unidas. Incluso algunos de los vasallos atlantistas más leales de Estados Unidos en Europa tienen que admitirlo, como, por ejemplo, en un reciente artículo de opinión publicado en el periódico alemán Die Zeit. Los pretextos de Washington son, como suele ser, insultos endebles para cualquiera con dos dedos de frente. Venezuela y Maduro no contribuyen en nada significativo, si es que contribuyen en algo, a los propios e incesantes problemas de drogas de Estados Unidos, ni con la cocaína ni con el fentanilo. Pero la elección fraudulenta de Maduro en el 2024 fue el motivo que dio origen a su caída. Sin embargo, el punto decisivo y concluyente es que estos asuntos deben abordarse dentro de un país soberano y nunca pueden justificar una intervención militar externa. Con Trump desatado y que se cree omnipotente ¿Quién será el siguiente? ¿Groenlandia? ¿Canadá? ¿U otros países latinoamericanos como Colombia, Méjico, Nicaragua y Cuba, regidos por narcodictaduras? Cualquiera de ellos puede ser el próximo. Las divagaciones extrañas, también escuchadas recientemente, sobre Irán y Venezuela también son pretextos. Pero indirectamente apuntan a algunas verdades reales. Maduro ha sido castigado por atreverse a defender abiertamente a las víctimas palestinas del genocidio que Israel y Estados Unidos están cometiendo conjuntamente en Gaza. Y los políticos sionistas, siempre los abusadores absolutos - a la vez que hipócritamente se las dan de ‘victimas’ acusando de antisemitas a quienes condenan sus aberrantes crímenes - ya han aprovechado el ataque de Trump a Venezuela para amenazar a Irán con un ataque similar. Trump, por su parte, se ha esforzado por contextualizar su ataque con el asesinato del general iraní Qassem Soleimani y el ataque igualmente criminal contra Irán durante la "Operación Martillo de Medianoche ". No es difícil comprender las verdaderas razones de la arremetida estadounidense contra Venezuela – solo un necio puede negarlo - en parte porque funcionarios estadounidenses, incluido el propio Trump, las han mencionado abiertamente. Venezuela posee las mayores reservas nacionales de petróleo del mundo y, además, importantes yacimientos de oro, tierras raras y otras materias primas. Trump ha afirmado que muchas de estas riquezas “pertenecen a Estados Unidos y sus empresas” (y lo mismo le ocurre a él, por cierto) y ha prometido reconquistarlas, “porque se las habían robado” ... lo que ya está haciendo. La codicia, simple y llanamente, es el principal motor de esta sucia guerra relámpago contra una víctima militarmente indefensa de facto. Como el propio Trump ha admitido, se trata de una enorme cantidad de riqueza. Pero la codicia no lo es todo. También hay factores geopolíticos. Al igual que la reciente interferencia electoral de Washington en Argentina y Honduras, la presión constante sobre Brasil (que actualmente cede un poco, pero quién sabe por cuánto tiempo), Colombia (a la que Trump amenaza con un destino similar al de Venezuela), Méjico, Nicaragua y Cuba. Si a esto le sumamos el indulto descarado de un auténtico capo de la droga y político hondureño, el ataque a Venezuela también es una aplicación de lo que se ha denominado la "Doctrina Donroe". El significado de esta última es, en esencia, simple: es la vieja y perversa Doctrina Monroe - que se remonta a más de 200 años -, pero aún peor. Marco Rubio, antiguo detractor de Trump y ahora consejero y ejecutor obsequioso (como Secretario de Estado y Asesor de Seguridad Nacional, una combinación no vista desde los días nefastos del judío Henry Kissinger, el monstruoso criminal de guerra), se aseguró de subrayar la amenaza contra Cuba en particular. Al margen de Trump, la política exterior estadounidense está en manos de un hombre absolutamente despiadado con intereses personales en el Caribe y Latinoamérica en general, y con la ambición de ser el sucesor de Trump como presidente. Como se acaba de explicar en la nueva Estrategia de Seguridad Nacional de EE. UU., Washington prestará especial atención ‘a sus sufridos vecinos y víctimas del sur’. Un "Corolario Trump", que evoca deliberadamente el viejo "corolario imperialista" del presidente Theodore Roosevelt, busca consolidar la dominación estadounidense por todos los medios y asegurar aún más el "patio trasero" del imperio estadounidense instalando y apuntalando títeres y reprimiendo a quienes se le oponen. Por último, pero no menos importante, Estados Unidos intensificará la vieja política de privar a los países latinoamericanos de su propia política exterior - otro elemento esencial de la soberanía - al castigarlos por forjar relaciones con "foráneos", sobre todo ahora con China, que ha realizado grandes inversiones en la zona, pero también con Rusia. Ese fue uno de los muchos "pecados" de Venezuela, y nadie en la región habrá pasado por alto la cruel lección que Washington acaba de impartir. Trump no puede imaginar el fracaso. Ha declarado que «el dominio estadounidense en el hemisferio occidental jamás volverá a ser cuestionado. No ocurrirá». Pero, obviamente, en realidad, el fracaso es una posibilidad real tanto para él como para otros mortales arrogantes. A largo o corto plazo, su violenta estrategia hiperimperialista bien podría fracasar. Incluso podría provocar una reacción devastadora. Sin embargo, como suele ocurrir con Estados Unidos, sus fiascos también dejan a sus víctimas en la ruina. Mientras tanto, incluso el confiable promotor del imperialismo estadounidense, Hal Brands, ha advertido que los métodos de Trump podrían ser contraproducentes y sentar un precedente, por ejemplo, en la decisión futura de China sobre su relación con Taiwán. La comparación es profundamente errónea, demagógicamente, ya que Beijing tiene un derecho plausible sobre Taiwán - que se separó de China bajo “el amparo estadounidense” en 1949 - mientras que Washington no tiene ninguno sobre Venezuela ni sobre la captura de Maduro y su esposa, como Brands intenta vergonzosamente simular. Y, para ser sinceros, aunque Brands no se haya dado cuenta desde su silla de Henry Kissinger, Estados Unidos lleva mucho tiempo sentando precedentes por violar todas las leyes, todas las normas y todas las normas morales básicas, como al coperpetrar el Genocidio de Gaza con Israel. Pero la embestida contra Venezuela añade otra faceta a la anarquía estadounidense. Irónicamente, algunos aspirantes a amigos de Washington jamás comprenderán el absoluto egoísmo e inmoralidad de la política estadounidense. Dos figuras tan cómicamente inadaptadas son el colaboracionista Vladimir Zelenski, de Ucrania, y la cuestionada María Corina Machado, de Venezuela. Zelensky solía publicar sobre "detectar" agentes rusos en Venezuela, tratando de congraciarse haciendo una contribución personal al asedio estadounidense del país. A estas alturas, como un "cliente" escandaloso y cada vez más inútil, bien podría ser un objetivo del cambio de régimen estadounidense. Machado, quien se ha desvivido indecentemente para impresionar a los estadounidenses sobre lo dispuesta que está a obedecerlos y vender su país y sus recursos, acaba de ser descartada como un felpudo usado por Trump. En su triunfalista conferencia de prensa, el presidente estadounidense la mencionó de pasada, como alguien que no tiene lo que se necesita para liderar Venezuela. Hasta ahí llegaron los salarios de traición y adulación. Deja de lanzar, María, te acaban de despedir. Jolani pasó el corte de subordinada, tú no. Irónicamente, la recepción del Premio Nobel de la Paz por parte de Machado podría haberle perjudicado al final. Trump es un hombre vengativo, y es cierto que sintió que el premio debería haber sido para él. Y, en cierto modo, tiene razón. Si bien no lo merece en absoluto, no se puede negar que Machado lo merecía más. El Premio Nobel de la Paz ha sido durante mucho tiempo una broma pesada, como esa vez que se la dieron sin merecerlo al Criminal de Guerra y Califa de ISIS, el musulmán encubierto Barack Hussein Obama. Pero su uso como parte de una campaña de preparación para una invasión sigue siendo particularmente atroz. Es hora de acabar con esta vergonzosa farsa. En general, la conferencia de prensa del presidente estadounidense fue una auténtica actuación de Trump, con su habitual grandilocuencia a flor de piel. Atribuyéndose el mérito del "espectacular" asalto a Venezuela, lo elogió como "una de las demostraciones más impresionantes, efectivas y poderosas del poderío y la competencia militar estadounidense", una hazaña sin parangón “desde la Segunda Guerra Mundial” (?). Trump estaba demasiado ocupado fanfarroneando como para darse cuenta de que sus propias revelaciones sobre la operación implicaban un escenario menos heroico: se empleó una fuerza estadounidense "abrumadora" y no se perdió ni un solo de sus soldados ni siquiera "piezas de equipo"... liquidando a su vez a decenas de soldados venezolanos y mercenarios cubanos durante el asalto al bunker de Maduro. Fuera lo que fuese, no fue una gran batalla, ni justa. El presidente estadounidense confirmó prácticamente lo que ya sabemos: Estados Unidos quiere prácticamente todo lo de Venezuela, pero el petróleo encabeza la lista de deseos. Washington cree que debe "gobernar" el país hasta que se pueda diseñar una "transición de liderazgo", es decir, la instauración de un régimen títere, obviamente, que siga al pie de la letra todas sus órdenes. En otras palabras, una aplicación directa de la ley del más fuerte, con mínimas palabrerías retóricas sobre cómo los venezolanos comunes se beneficiarán y "también serán atendidos" ¿Y la libertad y la democracia prometida para Venezuela? Eso para él no es importante, lo único que le interesa es el petróleo. Por eso ha permitido que, tras la captura de Maduro, la camarilla chavista continue en el poder, con la condición “que siga obedientemente sus órdenes” y coloque todos los yacimientos petroleros bajo su control inmediato... o que se atengan a las consecuencias. Si esto suena involuntariamente ominoso, es porque lo es. Y todo ello bajo la sombra de la misma armada estadounidense que acaba de asaltar el país y está lista para volver a hacerlo cuando Washington lo desee. A su manera, la conferencia de prensa del presidente sí reflejó algo importante sobre esta guerra. A saber, cuán extrañamente normal se ha vuelto lo absolutamente anómalo. Lo que Washington acaba de hacer es un horror de criminalidad, avaricia y arrogancia. Pero también es lo que cabía esperar. Lo mismo ocurre con las reacciones ridículamente hipócritas de sus vasallos de la OTAN y la UE, quienes creen que lo mejor que pueden hacer es "observar". ¡Mucha suerte con eso! Porque cuando sea el turno de Groenlandia, de seguro no se atreverán a hacerle frente. En un mundo más normal, aunque lejos de ser perfecto, todos comprenderían finalmente que el estado al margen de la ley más peligroso del mundo, con diferencia, es Estados Unidos. Esto es cierto, ya sea medido en capacidad o en su absoluta locura moral, corrupción y brutalidad. En un mundo más normal, incluso los peores antagonistas encontrarían la manera de cooperar para contener y disuadir a este monstruo geopolítico a toda velocidad donde nadie está a salvo de su voracidad. Pero, por ahora, ese mundo aún no está surgiendo. La multipolaridad por sí sola no será suficiente.

VÍA LÁCTEA: Explorando lo desconocido

El 15 de enero del 2025, la sonda Gaia tomó su última imagen. Posteriormente, realizó una última ronda de pruebas de ingeniería, encendió sus propulsores para dejar atrás la Tierra y entró en órbita alrededor del Sol, apagándose finalmente el 27 de marzo. De esta manera, tras más de una década en funcionamiento, 3 billones de observaciones y 2 mil millones de estrellas observadas, Gaia se ha ganado su jubilación. Lanzada por la Agencia Espacial Europea (ESA) en el2013, su objetivo era mapear mil millones de estrellas, y lo logró. La elaboración del mapa de la ubicación y el movimiento de estas estrellas ofrece una imagen de toda nuestra galaxia, incluyendo la materia oscura, cuya influencia gravitacional ejerce una sutil atracción sobre las estrellas. En el proceso, Gaia descubrió enanas marrones, exoplanetas y cuásares. Observando hasta la magnitud 20, Gaia también observó estrellas en las galaxias satélite de la Vía Láctea, las pequeñas ciudades estelares que orbitan justo fuera de la nuestra, para revelar cómo interactúan con nuestra galaxia ahora y en el pasado lejano. Aunque las observaciones de Gaia están completas, los científicos aún están analizando los cientos de terabytes de información enviada desde el espacio. Los datos de Gaia se están publicando por etapas, como es habitual en la mayoría de los estudios a gran escala y de larga duración. Sin embargo, los datos ya están demostrando ser sumamente útiles, aportando información a la ciencia de exoplanetas, agujeros negros y más. Hasta la fecha, el estudio ha revelado nueva información sobre las antiguas colisiones que esculpieron la Vía Láctea, ha perfeccionado nuestra visión de su forma actual, ha descubierto un exoplaneta y, potencialmente, ha revelado el agujero negro central en una galaxia vecina. Y esto solo con los primeros tres años de datos. Seguramente habrá más descubrimientos. Es indudable que la misión Gaia aportará nuevos descubrimientos durante años, probablemente décadas. Pero sus logros hasta la fecha ya han ampliado nuestra comprensión de la Vía Láctea, tanto del pasado como del presente. Cabe precisar que la sonda espacial Gaia fue responsable de obtener las mediciones más precisas jamás realizadas de las posiciones, distancias y movimientos de más de mil millones de estrellas. Este catálogo debía ser el resultado de Hipparcos, una sonda lanzada en 1989 con una misión similar. Este satélite produjo datos de alta precisión para unas 118.000 estrellas y datos de menor precisión para 2,5 millones. Gaia superó a su predecesora por mil veces, al tiempo que realizaba mediciones 200 veces más precisas. Gaia se concibió como parte de la campaña Horizonte 2000+ de la ESA, una guía de desarrollo a largo plazo similar al Estudio Decenal utilizado por las agencias estadounidenses de investigación espacial. Propuesta inicialmente en 1993, Gaia se confirmó oficialmente en el año 2000. Construida por varios socios europeos, la nave espacial Gaia se completó en junio del 2013. Originalmente programada para su lanzamiento en noviembre de ese año, la misión se retrasó brevemente cuando los funcionarios de la ESA decidieron reemplazar dos transpondedores defectuosos en otra nave espacial que ya estaba en órbita. Gaia finalmente se lanzó sin problemas desde Korou, Guayana Francesa, a bordo de un cohete Ariane y la etapa superior Fregat el 19 de diciembre del 2013. La nave pasó cuatro días en una órbita temporal cerca de la Tierra para desplegar su parasol y someterse a pruebas antes de lanzarse en un crucero de 30 días hasta el punto Lagrange 2 (L2) de 930,000 millas (1.5 millones de kilómetros) de distancia entre la Tierra y el Sol, un destino orbital común para telescopios que requieren vistas excepcionalmente frías y oscuras del espacio. Gaia luego pasaría su vida en una órbita de 180 días alrededor de este punto. El telescopio vio su primera luz una semana antes de llegar a su destino final, fotografiando aproximadamente 18,000 estrellas en el transcurso de tres horas el 8 de enero del 2014. Gaia llevaba dos telescopios gemelos, cada uno con un espejo primario de aproximadamente 7,5 pies cuadrados (0,7 metros cuadrados); a modo de comparación, el espejo del telescopio espacial James Webb cubre unos 270 pies cuadrados (25 m² ) . Pero Gaia tenía un total de 10 espejos, que reflejaban la luz de un lado a otro en un camino de 115 pies (35 m) de largo para enfocar la luz en sus sensibles detectores, alimentando tres instrumentos. Un aspecto a menudo sorprendente de la astronomía es la extraordinaria dificultad de medir la distancia de los objetos en el espacio. De hecho, solo existe un método directo, llamado paralaje, que mide el cambio aparente en la posición de un objeto cercano en comparación con uno más distante, que parece fijo. Gaia obtuvo mediciones de paralaje de mil millones de objetos, aproximadamente el 99 % de los cuales nunca antes se habían medido con precisión. Gran parte de la misión se centró en comprender mejor nuestra galaxia, la Vía Láctea. Resulta curioso que, si bien los astrónomos pueden observar miles de galaxias cercanas, cartografiando sus estrellas, líneas de polvo, ondulaciones y protuberancias, produciendo imágenes impresionantes, no podamos tomar una simple fotografía de nuestra propia galaxia. Pero al obtener mediciones precisas de distancia y posición de miles de millones de objetos, Gaia puede construir un mapa más claro que nunca, construyendo la imagen desde dentro. De los 2 mil millones de estrellas que Gaia observó, la gran mayoría se encontraban dentro de la Vía Láctea. Al medir sus posiciones y distancias, los astrónomos pueden desarrollar un mapa más detallado y preciso de nuestra galaxia. Y al cartografiar los movimientos estelares, pueden comprender no solo el panorama general, sino también los pequeños remolinos, corrientes y cúmulos de estrellas que se mueven dentro del gran río de la Vía Láctea. Por ejemplo, los astrónomos saben desde hace años que la espiral de la Vía Láctea no es plana, sino que está deformada, con una distintiva curvatura. Gaia no solo pudo medir mejor la forma de esa deformación, sino también cómo oscila con el tiempo. Los datos de Gaia mostraron a los astrónomos que la deformación oscila relativamente rápido, con un período inferior a 700 millones de años. Esto sugiere que algo drástico, como una colisión con otra galaxia, la causó, a diferencia de una protuberancia en el halo de materia oscura de nuestra galaxia, por ejemplo, que crearía una deformación con una oscilación más lenta. La causa más obvia es la galaxia enana esferoidal de Sagitario, que probablemente ha colisionado con la Vía Láctea varias veces en el pasado mientras ambas se fusionan lentamente en una sola. Desde la ubicación de nuestro planeta dentro de la Vía Láctea, no podemos volar fuera de la galaxia para observar su aspecto. Sin embargo, al medir la posición de miles de millones de estrellas, Gaia ha producido los mapas más precisos de la Vía Láctea hasta la fecha, lo que permite a los astrónomos comprender mejor su tamaño, forma y estructura detallada. Ahora sabemos que la Vía Láctea es una espiral barrada con múltiples brazos, y que su disco no es plano, sino deformado, con un borde curvado sobre el centro y el otro hacia abajo. Pero Gaia también dedicó tiempo a observar las inmediaciones de la Vía Láctea, especialmente a nuestra vecina cercana y conocida por los observadores del hemisferio sur, la galaxia enana conocida como la Gran Nube de Magallanes (GMM), la cual es aproximadamente un 10 % más masiva de lo que los astrónomos creían. La publicación de datos más reciente, la 3.ª, se realizó en el 2022; se esperan dos más, este año y alrededor del 2030. La publicación del 2026 abarcará cinco años y medio de datos. Además de este período más amplio, el equipo de Gaia ha mejorado la calibración de los instrumentos y los algoritmos de procesamiento de los datos, lo que significa que el próximo lote de datos será aún más limpio y preciso. Asimismo, incluirá un amplio catálogo de candidatos a exoplanetas, algo que se ha esperado con ansias. Cuando se lanzó Gaia, los astrónomos predijeron que el telescopio podría encontrar hasta 21 000 exoplanetas durante cinco años de observaciones. Hasta ahora, el recuento total de exoplanetas a lo largo de la historia asciende a poco más de 6000, por lo que un salto tan grande revolucionaría el campo. Tras 10 años y medio de observaciones, los astrónomos predicen un hallazgo de unos 70.000 exoplanetas, así como una precisión excepcional en el mapeo general de las estrellas en nuestra galaxia. Por último, esta publicación de datos no se producirá hasta al menos finales de la década, alrededor del 2030 aproximadamente. La larga espera se debe a la enorme cantidad de datos sin procesar: aproximadamente un petabyte o un millón de gigabytes en el conjunto completo. Todos esos datos requieren un procesamiento inmenso para desentrañar los minúsculos desplazamientos de las estrellas en el cielo y distinguirlos de cualquier ruido espacial o del propio telescopio. Es un proceso excelente, pero la espera merecerá la pena ¿No os parece?
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