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miércoles, 18 de noviembre de 2020

JAPON: Sueños de poder

A lo largo de últimos años Japón ha estado aumentando su poderío militar, lo que ha causado la preocupación en sus vecinos, China y Rusia. Si bien el Artículo 9 de la Constitución de Japón prohíbe la posesión de Fuerzas Armadas con potencial bélico, en la realidad esta cláusula no funciona y lo que en realidad esta sucediendo es el resurgimiento del militarismo nipón. Como sabéis, luego de su derrota la Segunda Guerra Mundial, Japón fue obligado a renunciar a la fuerza militar como vía para la solución de los conflictos. El país asiático - ocupado por los EE.UU. - se comprometió a no tener una fuerza armada que disponga de un potencial bélico. La forzada renuncia de Tokio a tener un ejército está inmortalizada en la Carta Magna del país asiático impuesta por el vencedor en 1947. Sin embargo, a menos de una década del fin de la sangrienta guerra que se cobró millones de vidas, en 1954 se le permitió a Tokio crear la denominada Fuerza de Autodefensa de Japón. Esta decisión de permitir la creación de una fuerza militar en Japón se produjo en el contexto de la Guerra Fría. Japón se encontraba en el límite del 'mundo democrático': cerca de ella se ubicaban dos gigantes comunistas, la URSS y la República Popular China. A partir de entonces comenzó el resurgimiento paulatino del militarismo japonés y, a medida que pasaban los años, la retórica a favor de la restauración de las Fuerzas Armadas en Japón cobró más y más ímpetu. Lo más alarmante es que estas ideas son populares no solo dentro de la sociedad, sino también dentro de la cúpula política del Estado nipón, que por lo visto, no ha aprendido las lecciones de la historia. Asimismo, los políticos japoneses empezaron a permitirse cosas que antes no se atrevían a hacer. Es así como a partir de 1975 los primeros ministros de Japón visitaron en reiteradas ocasiones el controvertido Santuario Yasukuni, el lugar donde yacen los restos de de criminales de guerra que cometieron aberrantes delitos de Lesa Humanidad en el Lejano Oriente durante la Segunda Guerra Mundial, que aun se recuerdan con horror en los países que ocupo durante la contienda, como China y las dos Coreas, que sufrieron la brutalidad del ejercito japonés. No es de sorprender que el ultranacionalista ex primer ministro de Japón, Shinzo Abe, haya visitado el santuario en repetidas ocasiones para ‘honrar’ a los criminales, lo cual provocó indignación en China. Es comprensible que los chinos se enfaden al conocer noticias como esta porque el gigante asiático sufrió enormes pérdidas a causa de las atrocidades cometidas por los seguidores del militarismo japonés, como la Masacre de Nankin - la por entonces capital de la China nacionalista - donde la indefensa población civil fue asesinada salvajemente por el invasor nipón en 1937. En otras palabras, la visita del primer ministro de un país como Japón a este santuario es vista por muchos como un gesto de veneración al militarismo e imperialismo que produjo millones de muertes. Incluso dentro del Japón hay muchos ciudadanos que se muestran en contra de estas acciones por parte de los políticos de alto rango y contra el militarismo en general, pero son minoría. Cabe destacar por cierto, que el resurgimiento del militarismo no se limita a la veneración de los criminales de guerra, ya que Tokio invierte activamente en el desarrollo de sus capacidades militares y este trabajo ha sido bastante exitoso. Japón es famoso por ser uno de los principales gigantes industriales del mundo, por lo tanto, no es de sorprender que el país asiático tenga material bélico de vanguardia. Japón cuenta con varias empresas que forman la columna vertebral de su industria militar. Sin duda, el principal fabricante de productos bélicos es Mitsubishi Heavy Industries. Esta compañía produce tanques, vehículos blindados de combate, aviones militares, buques de guerra, misiles y otro material bélico. Mitsubishi, fundada en el siglo XIX, fue uno de los principales proveedores de material militar a Japón durante la Segunda Guerra Mundial y aún lo sigue siendo. Otra empresa importante para la industria militar nipona es Kawasaki Heavy Industries. Según una investigación del Instituto Internacional de Estudios para la Paz de Estocolmo - SIPRI, por sus siglas en inglés - publicado en abril del 2020, en el 2019 Japón ocupó el noveno lugar en lo que a gasto militar se refiere con unos 47.600 millones de dólares, por debajo de los indicadores del 2009 cuando Tokio gastó 51.000 millones de dólares. Ante ello, la agencia nipona Kyodo informó que los militares japoneses solicitaron 51.700 millones de dólares para el próximo año fiscal que empieza el 1 de abril del 2021. Japón en ningún momento ha dado marcha atrás en su política de gastos militares. Si comparamos los indicadores del 2008 con 2019, veremos que el gasto militar corresponde al mismo porcentaje del PIB, el 0,9%. Este porcentaje no es tan grande en comparación con otras potencias militares del planeta, pero aun así se trata de grandes cantidades de dinero que hacen que Japón forme parte del top-10 de los países con el mayor gasto militar. Es sabido que Tokio gasta además cantidades enormes de dinero en novedades militares. En general, moderniza todos los ramales de su “Fuerza de Autodefensa”. En particular, invierte en la construcción de nuevos submarinos de ataque. Por ejemplo, Japón está desarrollando los submarinos de la clase Taigei. El Ministerio de Defensa ya construye tres submarinos de esta clase y otros cuatro ya fueron pedidos y que se unirán a la flota de 12 sumergibles de la clase Soryu. A causa de las tensiones en torno a la pertenencia de las islas Senkaku, reclamadas por China y Taiwán, Japón decidió convertir sus novedosos portahelicópteros de la clase Izumo - que lleva el mismo nombre que la clase de cruceros japoneses que lucharon en la Segunda Guerra Mundial - para que sean capaces de albergar los cazas F-35B. Japón también tiene una nueva clase de destructores Maya y otras nuevas clases de naves. Desde el 2012 Mitsubishi Heavy Industries produce tanques de nueva generación Type 10. Actualmente Japón tiene a su disposición más de un centenar de esta serie de carros de combate. En cuanto a la Fuerza Aérea, Tokio hizo un pedido por más de un centenar de cazas F-35A y F-35B. Asimismo, desarrolló un prototipo de un caza de quinta generación y planea usar esas tecnologías para crear un caza de sexta generación en el futuro. Los trabajos ya están en curso. La única pregunta que aparece en este contexto es ¿para qué Japón necesita armas de vanguardia y por qué en tantas cantidades? Parece que es demasiado para defenderse, especialmente teniendo en cuenta que EE.UU. tiene presencia militar en el archipiélago y “lo protege”, y que a Tokio se le prohíbe tener Fuerzas Armadas con potencial bélico. No es de extrañar que por este motivo, Japón ya esté en camino hacia la revisión del Artículo 9 de su Constitución para volver a ser una potencia agresiva en el Asia. Es de suponer que a Japón le gustaría jugar un papel más importante en la región y por eso busca acumular más peso geopolítico a través del desarrollo de sus capacidades militares. Japón no solo mantiene una disputa por las islas Senkaku, sino que también reclama la soberanía sobre cuatro islas del archipiélago de las Kuriles. Hay quienes dicen que en un conflicto armado con Japón, Rusia sufriría una derrota. Sin embargo, esta aseveración no es correcta. Si bien Japón tiene más aviones militares que Rusia en el Lejano Oriente, Moscú es capaz de mover rápidamente sus aviones desde la parte europea del país. En cuanto a la Armada, los puntos fuertes de la Marina de guerra japonesa son sus portahelicópteros y destructores. La Armada nipona sobrepasa en el número de buques a la Flota rusa del Pacífico, pero en caso de que sea necesario Moscú podría aumentar su agrupación naval en el Lejano Oriente, que además estaría respaldada por la aviación. En cualquier caso, obtener la victoria en una teórica guerra entre Rusia y Japón sería una tarea muy difícil para Tokio y es que Moscú es una potencia nuclear y el Japón no, por lo que seria sumamente riesgoso provocar a los rusos. Pero lo que es aún más importante, es que un conflicto armado entre Moscú y Tokio es muy improbable hoy en día. Rusia y Japón son socios económicos importantes y cooperan en muchos otros ámbitos. No obstante, Moscú, al igual que Beijing, debería estar preocupado por el creciente poderío militar de Japón. Si vis pacem, para bellum. En este sentido, Rusia ha estado modernizando significativamente su agrupación militar en las islas Kuriles, en particular, en la isla Matua. Además, Rusia recientemente desplegó en las Kuriles tanques armados con misiles. Se trata de los carros de combate T-72B3 con el cual Moscú efectivamente envió un mensaje claro a Tokio. Con el despliegue de estos poderosos tanques, Rusia muestra que está dispuesta a defender las islas en caso de cualquier agresión y no las entregará a Japón. De esta manera, el país euroasiático comprueba que es capaz de hacer frente a un posible adversario en caso de que sea necesario. Incluso si algún día el militarismo vuelve a dominar la agenda política nipona. En el caso de China, hay cuentas pendientes con los japoneses y Beijing no dejaría de pasar la oportunidad de castigar de una forma contundente a sus viejos y ancestrales enemigos si es nuevamente agredida, utilizando para ello sus arsenales nucleares. Los chinos serán pacientes pero no olvidan. Haría mal por ello Tokio de querer ponerlos a prueba, que luego tendría que lamentar. No cabe duda que el creciente militarismo japonés terminará por dar origen a la conformación de una alianza militar de China y Rusia, lo cual no solo seria una pesadilla para el país del sol naciente sino también para Washington. Si siguen en ese papel agresivo, eso es lo que conseguirán :)
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