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miércoles, 14 de enero de 2026

DUSTWIND / RESISTANCE: Un desafío táctico en el páramo apocalíptico

Como sabéis, el universo de los videojuegos se ha visto inundado por narrativas de supervivencia extrema en entornos desolados. La figura del superviviente solitario que recorre un mundo postapocalíptico en busca de venganza es ya un arquetipo consolidado en la industria. Esta saturación hace imperativo que cada nuevo título proponga elementos verdaderamente diferenciadores para captar la atención del jugador. En esta ocasión, la propuesta que busca hacerse un nombre en este concurrido género es Dustwind: Resistance, un desarrollo a cargo del estudio Z-Software. El juego se presenta como una secuela que se inscribe en un universo ya existente. Este hecho puede generar un atractivo inmediato para aquellos aficionados que ya disfrutaron de la entrega anterior, Dustwind – The Last Resort. Para los recién llegados, sin embargo, el juego ha de ser evaluado por sus propios méritos como una obra independiente. Las expectativas giran en torno a si este viaje por las tierras baldías mutadas logrará ofrecer una experiencia lo suficientemente satisfactoria. Se buscan elementos que lo coloquen a la altura de referentes ineludibles del género. La fórmula de la historia de venganza en el apocalipsis es, lamentablemente, un camino trillado. Títulos como Fallout: New Vegas o Mad Max han explorado exhaustivamente este terreno narrativo. Por ello, se esperaba que esta nueva incursión ofreciera una trama con mayor originalidad y un profundo desarrollo. Sin embargo, la premisa de Dustwind: Resistance se ancla en un argumento excesivamente formulista y predecible. El personaje principal, un granjero de una pequeña comunidad, se convierte en el único superviviente tras un ataque de saqueadores. Este ataque, liderado por una figura conocida únicamente como el «Señor de la Guerra», sirve como el previsible catalizador para una cruzada personal. La falta de innovación en el hilo conductor puede ser un punto de partida decepcionante para muchos jugadores. El arco narrativo resulta ser una concatenación de clichés, carente de giros argumentales verdaderamente sorprendentes. No obstante, una trama convencional no es necesariamente un defecto capital si la ejecución jugable compensa la previsibilidad. La pregunta fundamental es si el disfrute de la partida logra superar las limitaciones impuestas por un guion derivativo. La experiencia de juego, se sitúa en una compleja encrucijada entre la diversión y la frustración constante. La primera impresión de un videojuego debe ser lo suficientemente impactante como para invitar al jugador a profundizar en su propuesta. Dustwind: Resistance se presenta desde el inicio con una perspectiva visual que remite a los clásicos del género isométrico. Sus primeros pasos son determinantes para la experiencia general del jugador. Un inicio bien diseñado debe enganchar, mientras que uno deficiente puede convertirse en un obstáculo insalvable. En este caso, el proceso de inmersión se enfrenta a una dificultad que se califica como brutal, especialmente en los momentos iniciales. La curva de aprendizaje no es gradual; por el contrario, representa un muro que el jugador debe escalar desde el primer momento. El juego presenta una sección introductoria que pretende cumplir la función de tutorial. Sin embargo, la transición desde esta etapa de aprendizaje hasta la acción real se percibe como un salto abrupto. La diferencia de dificultad es tan extrema que puede desanimar a un porcentaje significativo de jugadores. La intención del diseño es promover un pensamiento estratégico y táctico en el jugador. Lamentablemente, la ejecución del combate en tiempo real, sumada a una cámara que se sitúa a gran distancia del centro de la acción, dificultan enormemente la aplicación de estas tácticas. El manejo del combate requiere un periodo de adaptación que resulta ser demasiado prolongado. A pesar de las numerosas horas de juego, el control total sobre el sistema de enfrentamiento nunca se llega a dominar por completo. El jugador se ve obligado a pausar el juego con frecuencia para impartir órdenes al equipo. Aunque esta pausa táctica es necesaria, la posterior reanudación de la acción obliga al jugador a apuntar manualmente. Esta mezcla de acción en tiempo real con comandos tácticos resulta ser una combinación incómoda e inestable. La sección central de Dustwind: Resistance está dedicada al desarrollo de sus mecánicas más profundas. Una vez superada la frustración inicial, el juego revela una capa de personalización y progresión que es, con diferencia, su punto más interesante. El jugador puede optar por configuraciones de armadura ligera y armas cuerpo a cuerpo. Este arquetipo se centra en la velocidad y el movimiento ágil en el campo de batalla. Por otro lado, existe la opción de crear un verdadero tanque. Este se equipa con armaduras pesadas y armamento de gran calibre, como una ametralladora, para soportar y devolver grandes cantidades de daño. Este sistema de equipo y especialización es profundo y muy atractivo para los amantes de la gestión de personajes. En contraposición, la jugabilidad en el mapa de mundo y los desplazamientos sufren de problemas de ritmo notorios. Los movimientos de los personajes son lentos, lo que convierte los trayectos largos en una experiencia tediosa. Si el objetivo se encuentra a una distancia considerable, el tiempo empleado en llegar resulta aburrido y desincentiva la exploración libre. Este factor de pacing se agrava por la ausencia de un minimapa en la interfaz principal. El jugador se ve obligado a consultar constantemente la pantalla del mapa completo. Esta acción rompe el flujo del juego y acentúa la sensación de lentitud. Por cierto, el combate, aunque frustrante, introduce una mecánica peculiar que puede explotarse estratégicamente. Se trata de la acción de ponerse de rodillas o arrodillarse. Adoptar esta posición aumenta significativamente la probabilidad de impactar al enemigo. De igual manera, reduce la probabilidad de que el personaje sea alcanzado por el fuego enemigo. El inconveniente de esta postura es la notable disminución de la velocidad de movimiento. Sin embargo, esta lentitud puede ser ventajosa en ciertas situaciones. Contra atacantes cuerpo a cuerpo, por ejemplo, el movimiento lento hacia atrás permite ganar el tiempo necesario para disparar. Contra atacantes a distancia, el beneficio de la evasión supera al coste de la velocidad. En conclusión, Dustwind: Resistance se presenta como un juego de nicho. Es una propuesta honesta que intenta hacerse un espacio en el saturado género postapocalíptico. La experiencia global es una compleja mezcla de elementos positivos y negativos. No es, en modo alguno, el peor juego de su tipo. Sin embargo, la balanza se inclina a menudo hacia la exasperación. Entre sus puntos fuertes, podemos indicar: La profunda variedad en la gestión de habilidades y la construcción de personajes; El amplio abanico de equipo disponible para personalizar a la escuadra de combate; El uso de la perspectiva isométrica, que evoca los clásicos del género apocalíptico; La mecánica de arrodillarse, que añade una capa de estrategia táctica al enfrentamiento. Disponible en PlayStation 5, Microsoft Windows, Xbox Series X|S.
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