TV EN VIVO

miércoles, 23 de abril de 2025

EL VATICANO: ¿Cambio de rumbo?

La muerte este lunes del Papa hereje Francisco I, quien quiso destruir desde sus cimientos los fundamentos de la Iglesia Católica, abre una interrogante de quien lo sucederá en el cargo y el que sea elegido, va a tener un enorme tarea por delante, como es de deshacer la obra demoniaca del cuestionado jesuita argentino realizada durante estos últimos doce años, siempre y cuando no sea de su misma línea ideológica. Cuestionado duramente por los sectores tradicionalistas y conservadores de la Iglesia desde el primer día que accedió al trono de San Pedro, por sus ideas heréticas que quiso imponer a toda costa, aunque le faltó tiempo para lograrlo - como acabar con el celibato y que los sacerdotes puedan casarse, permitir diaconisas en la misa, que los divorciados puedan contraer segundas nupcias o bendecir a las parejas del mismo sexo - puso en peligro la unidad de la Iglesia Católica. Para nadie es un secreto que Francisco I tenía el deliberado propósito de que las alas conservadora y liberal se distanciaran cada vez más, terminando por dividir a la Iglesia. Y estuvo empeñado en ese camino hasta su deceso. Al abrir el debate sobre una amplia gama de temas controversiales - negando, por ejemplo, la doctrina del infierno - sin ofrecer cambios explícitos, Bergoglio alentó a los “progresistas” de la Iglesia Católica a que traspasen los límites tanto como sea posible, incluso hacia una verdadera rebelión doctrinal, con la esperanza de que lo lleven a él también. Al mismo tiempo, al favorecerlos en sus decisiones personales y emprender una guerra institucional sobre el legado de Juan Pablo II y Benedicto XVI, orillo a los conservadores hacia la crisis, la paranoia y la insurrección. No es de extrañar por ello que tomase medidas contra dos de los críticos más afilados del ala conservadora, que lo catalogaron abiertamente de hereje luterano: primero, retiró de su diócesis al obispo Joseph Strickland en Tyler, Texas; Y posteriormente, le quitó al cardenal Raymond Burke sus privilegios en el Vaticano, los cuales incluían ingresos y un apartamento. De esta manera, las críticas específicas al Papa por parte de destacados obispos y cardenales conservadores y tradicionalistas se encontraron con castigos personales específicos. Además fiel a su espíritu demoniaco, no dudaba en criticarlos constantemente, acusándolos de ser “rígidos, farisaicos y fríos de corazón”, por estar “todos tiesos con sotanas negras” y llevar “el encaje de la abuela”, agudizando las tensiones. Y cuando la facción tradicionalista se convirtió, como era de esperarse, en un foco de recalcitrante oposición, no dudaba en separarlos de sus cargos y sancionarlos. Cosa muy distinta ocurría cuando los “progresistas” lo desobedecían doctrinalmente, lo cual solo ameritaba una suave reprimenda, por lo que estos sentían que tenían carta libre para continuar en la misma línea que la iglesia alemana ya está siguiendo de una forma escandalosa: las prácticas de la Iglesia Católica sencillamente son modificadas - como la ‘bendición’ a las parejas del mismo sexo o permitir que las personas trans sean bautizadas, por ejemplo - sin que Roma les otorgue un permiso formal. Se supone que si en la práctica la liberalización se convierte en un hecho, en algún momento las leyes de la iglesia seguirán esa decisión, y cuanto más se arraigue esa premisa, se volverá más difícil para Roma evitar alguna ruptura posterior. Mientras tanto, los católicos tradicionalistas que admiraban a Strickland y a Burke adquirieron mayor firmeza dentro de una cultura de resistencia conservadora, en la cual retirar a un obispo de su cargo en el mundo real no hace más que aumentar su posible influencia en el catolicismo. Hace apenas unos cuantos años, la idea de que un obispo o cardenal pudiera ser de alguna manera más ortodoxo que el Vaticano parecía algo imposible para los conservadores (aunque de hecho ocurrió, cuando el arzobispo francés Marcel Lefebvre se rebeló contra la autoridad de Paulo VI en 1976, siendo excomulgado y expulsado de la Iglesia). Pero la crisis general de autoridad en el mundo, mediada por el escándalo y la disrupción tecnológica, ahora también se extiende a través del catolicismo conservador, una grieta grande y desigual que Francisco I abrió en lo que antes era la base de apoyo más segura del pontificado. No obstante, sería un error atribuirle demasiada culpa solo a este hereje, quien si bien empeoro la división de la iglesia y aumento las probabilidades de una escisión, solo expuso las tendencias facciosas que siempre estuvieron presentes, aunque él se encargó de ahondar las diferencias. Consideremos tan solo un importante contraste entre el catolicismo estadounidense y alemán, dos de las iglesias más ricas y los principales bandos más conservadores y “progresistas” en la guerra civil de la Iglesia Católica. Un informe de la Universidad Católica de Estados Unidos reveló hace poco que el sacerdote “progresista” en términos teológicos prácticamente está desapareciendo en ese país. Era mucho más probable que los sacerdotes ordenados en la década de 1960 se autodenominaran “progresistas” que conservadores u ortodoxos en el aspecto teológico, pero entre los sacerdotes ordenados en los últimos 20 años, que incluyeron la nefasta era de Francisco I, la mayoría de ellos se autodenominan conservadores y la mayor parte del resto dicen que están a medio camino y dejan que el ala “progresista” del sacerdocio estadounidense del siglo XXI parezca más bien una pluma. Este es el reemplazo generacional que, desde hace mucho, los católicos conservadores han pronosticado que marginaría al catolicismo liberal. Pero entonces pensemos en Alemania, donde el catolicismo no cuenta con una gran cantidad de sacerdotes conservadores ni de progresistas en formación; más bien, casi no tiene sacerdotes más jóvenes. En el 2022, solo había 48 seminaristas nuevos en Alemania para una iglesia que todavía atiende a 21 millones de católicos que se identifican como tales. Mientras que Estados Unidos, con sus 73 millones de católicos, tiene casi 3000 seminaristas en formación, una cantidad en descenso que augura una escasez cada vez mayor, pero no la crisis existencial que enfrenta la iglesia alemana. Además, esa crisis existencial nos ayuda a explicar la vehemencia de las presiones para la liberalización y la protestantización debido a que para muchos líderes católicos alemanes esta parece ser la única manera de que la Iglesia Católica sobreviva, ya que el modelo tradicional, el modelo sacerdotal, ha fracasado ante sus propios ojos. Por lo tanto, un católico conservador en Estados Unidos puede sentirse razonablemente seguro sobre el futuro de la iglesia sacramental, un futuro que no es posible que se descarrile porque el papa hereje despidiera a un obispo conservador. Por el contrario, en Alemania el futuro que, al parecer, no se puede descarrilar es el de una fuerte caída y un mayor predominio de personas laicas con tendencias liberales: es posible que quien ahora suceda a Francisco I trate de imponer una mayor ortodoxia dentro de la iglesia alemana, pero sin sacerdotes más jóvenes que personifiquen esas creencias, el ejercicio solo podría dejar el debilitamiento de Roma todavía más al descubierto de lo que ya está ahora. Se supone que, gracias a la providencia divina, tras la muerte del hereje, aun se pueda evitar la escisión o separación entre las tendencias católicas representadas en Alemania y Estados Unidos y es posible que, un nuevo papa tenga la oportunidad de ponerla en práctica y restaurar la unidad que Francisco I juro romper. Pero lo que heredará su sucesor - que aún no sabemos quien podría ser - no serán solo los desastres específicos que dejo el finado a su paso por el Pontificado, sino una realidad subyacente de división que cualquier política que se proponga en Roma va a necesitar la ayuda divina para remediarla. Es de esperar que el cónclave de 135 cardenales elija a un Papa conservador y tradicionalista que enderece su actual rumbo. Pero si el elegido continua con esa línea “progresista” de su antecesor en querer destruir a la Iglesia por dentro, es más que seguro que el cisma será irreversible.

VISITANTES CELESTIALES: Descifrando a los enigmáticos cometas

“De todos los cuerpos celestes, los cometas son sin duda aquellos cuya apariencia llama más poderosamente la atención de los mortales”, escribió el astrónomo francés Camille Flammarion en su libro Astronomie Populaire (1894). Y, desde que la humanidad ha mirado al cielo, esto ha sido cierto. Los cometas nos han aterrorizado y asombrado a la vez. Esto nunca fue más evidente en la modernidad que en 1910. El cometa 1P/Halley, mejor conocido como el cometa Halley, había sido visible por última vez en 1836 y volvería a adornar los cielos esa primavera. El regreso del cometa era muy esperado, así que imagine la sorpresa de todos cuando un cometa brillante apareció inesperadamente meses antes. El objeto que se conocería como el Gran Cometa de Enero de 1910 y el Cometa de la Luz del Día fue visto por primera vez el 12 de enero en el hemisferio sur. No está claro quién lo descubrió con precisión, pero algunos periódicos de la época apuntaron a observadores en Sudáfrica. El 17 de enero, el cometa alcanzó el perihelio (su aproximación más cercana al Sol) y pudo verse a plena luz del día, eclipsando a Venus en su punto más brillante. A medida que se alejaba del Sol, se hizo visible en el hemisferio norte luego del atardecer. Para febrero, una cola de 50° de largo se alejó de la cabeza del cometa. La confusión provocó que muchos confundieran la aparición con el más famoso cometa Halley, que estaba recibiendo cada vez más atención mediática tras el descubrimiento de cianógeno en su cola por parte de los científicos. Dado que se preveía que la Tierra pasaría por él el 18 o 19 de mayo, Flammarion advirtió en The San Francisco Call el 8 de febrero de 1910 que el gas podría «impregnar la atmósfera y posiblemente extinguir toda la vida en el planeta». Esta desinformación contradecía el consenso científico de que cualquier peligro desaparecería cuando el cianógeno se descompusiera en la atmósfera superior. A principios de abril de 1910, cuando el cometa Halley volvió a ser visible, su regreso se convirtió en un auténtico espectáculo mediático. En ese momento, algunos creían que el Halley colisionaría con la Tierra, a pesar de las afirmaciones de los astrónomos. Ante el pánico, algunos charlatanes vendieron pastillas anticometas como protección contra el gas mortal, mientras que otros acudieron en masa a las iglesias, compraron máscaras de gas e intentaron sellar sus casas para protegerse del cianógeno. A pesar de los esfuerzos de los astrónomos y científicos, el miedo latente de la humanidad hacia estos visitantes celestiales había resurgido. Muchas culturas antiguas consideraban a los cometas presagios de fatalidad y desastre. Los movimientos predecibles de los planetas, el Sol y la Luna, así como los cambios estacionales de las constelaciones, resultaban tranquilizadores en un mundo caótico. La aparición repentina de un cometa rompió este orden. Aristóteles describió la Tierra y el cielo como esferas fundamentalmente diferentes. La esfera terrestre era siempre cambiante y corruptible. Más allá se encontraba el reino de la perfección, donde el Sol, la Luna y los planetas giraban en esferas cristalinas incorruptibles. Parecía inconcebible que una perturbación aleatoria pudiera atravesar este reino de perfección. Así, para explicar esta corrupción, Aristóteles sugirió que los cometas eran vapores que se elevaban desde la Tierra y se incendiaban en la atmósfera superior. Los astrónomos finalmente rechazaron la explicación de Aristóteles, pero sus ideas prevalecieron en la filosofía occidental durante más de 1500 años. Los occidentales no eran los únicos en tener estas creencias. Los astrónomos chinos llamaban a los cometas «estrellas peludas» (bèi xīng) si no tenían cola, o «estrellas escoba» (huìxīng) si la tenían. Los antiguos registros chinos de observaciones de cometas eran los más extensos y precisos de los períodos antiguo y medieval. Sin embargo, ellos también veían a estos visitantes como presagios desastrosos. En noviembre de 1572, una “nueva” estrella - hoy sabemos que era una supernova - apareció en la constelación de Casiopea. El joven Tycho Brahe fue uno de los primeros en realizar mediciones detalladas de este evento. Brahe no pudo detectar ninguna paralaje en la estrella, lo cual habría sido medible si el objeto fuera atmosférico. La conclusión de Brahe fue simple: la nueva estrella estaba en el cielo mismo, dentro de la llamada octava esfera, el reino de la inmutabilidad. A quienes dudaban de sus hallazgos, les dijo: “O coecos coeli witnesses”, que se traduce aproximadamente como “Oh, ciegos espectadores del cielo”. Pasado cinco años, Brahe probó su teoría en un cometa recién visible. Contaba con un observatorio privado equipado con instrumentos de su propio diseño. Los telescopios aún estaban a décadas de distancia, pero pudo medir la trayectoria y la posición del cometa con gran precisión. Sus hallazgos no fueron aceptados por muchos de sus contemporáneos, como Johannes Kepler y, posteriormente, Galileo Galilei. Ni siquiera el propio Brahe pudo desprenderse por completo de las ataduras de la astrología, y realizó predicciones sobre la influencia del cometa en la Tierra. Sin embargo, las esferas cristalinas de Aristóteles pronto fueron abandonadas. A mediados del siglo XVII, la Ilustración estaba en pleno auge. El trabajo de observación de Brahe sobre los cometas y las leyes de Kepler sobre el movimiento planetario proporcionaron herramientas innovadoras a una nueva generación de astrónomos. Entre ellos se encontraba un joven llamado Edmond Halley. El interés de Halley por el cosmos comenzó a temprana edad. Cuando fue a estudiar al Queen's College de la Universidad de Oxford, llevó consigo un gran telescopio y, como estudiante universitario, escribió varios artículos. En 1676, a los 20 años, dejó la escuela y navegó hacia la isla de Santa Elena, en el hemisferio sur. Pasó un año cartografiando el cielo austral antes de publicar su catálogo de estrellas en 1678. Dos años más tarde, emprendió una gran gira por Europa, visitando observatorios y reuniéndose con científicos. Durante su viaje, Halley vio el Gran Cometa de 1680 desde París. Fue descubierto por el astrónomo alemán Gottfried Kirch y fue el primer cometa detectado con un telescopio. Halley observó cómo el cometa se iluminaba hasta alcanzar la visibilidad diurna y posteriormente desarrollaba una cola que se extendía unos 70°. El astrónomo italiano Giovanni Domenico Cassini, quien trabajaba en el Observatorio de París, le comentó a Halley que creía que cometas como este orbitaban el Sol con una precisión predecible. En 1682, otro cometa apareció en el cielo. Halley y muchos otros, incluyendo a Isaac Newton, lo observaron de cerca. Halley mantuvo registros detallados de su posición. En aquel entonces, aún existía un debate considerable sobre la naturaleza del movimiento y las órbitas de los cometas, pero los astrónomos no tuvieron que esperar mucho para un avance significativo. Pasaron solo dos años, e impulsado por Halley, Newton comenzó a trabajar en los Philosophiae Naturalis Principia Mathematica, en los que dedicó un amplio análisis a los cometas. Cuando Halley trabajó en sus órbitas en 1685, observó que los cometas de 1531, 1607 y 1682 tenían órbitas similares. Postuló con audacia que eran uno y el mismo, y predijo que este cometa reaparecería a finales de diciembre de 1758, lo cual sucedió. Desafortunadamente, Halley no vivió para ver su regreso, ya que falleció en 1742. Desde entonces lo conocemos como el cometa Halley. Aunque algunos han alcanzado un reconocimiento inmediato, estos cuerpos sobrenaturales siguieron siendo un misterio hasta bien entrados los siglos XIX y XX. Desde entonces y con el avance de la tecnología, se pido descubrir que los cometas no eran sólidos, sino objetos frágiles que podían fragmentarse. Con más de 3500 cometas reconocidos por la NASA hoy, ahora los comprendemos con más detalle del que jamás imaginamos. Una mejor comprensión de estos cometas ha disipado parte del miedo y la superstición que acompañan a estos visitantes celestiales en su paso por nuestro cielo nocturno. Pero de ninguna manera han perdido su poder de asombro.

miércoles, 16 de abril de 2025

ALEMANIA: Nostalgias del pasado

Alemania tiene una inmerecida reputación de ser poco racional y de no apreciar lo absurdo. Sin embargo, en realidad, Alemania es un país - por decirlo de alguna manera - muy contraintuitivo. Si usted dirige un régimen en Kiev (al menos según la versión oficial) y hace estallar la vital infraestructura energética de Alemania, los alemanes le darán las gracias y le arrojarán dinero y armas, al tiempo que le ayudarán a culpar a alguien más (los rusos, obviamente: Alemania nunca ha sido un país imaginativo). Si usted está en Washington y ciertamente tuvo algo que ver en la voladura de esa infraestructura, y luego continúa estafando a los alemanes vendiéndoles GNL de pésima calidad y a un alto costo promoviendo además su desindustrialización estafando a sus empresas, los buenos alemanes se enojan mucho, mucho... con China (?). Si resulta ser el partido político más popular y perfectamente legal de Alemania, prepárese para que nunca se le permita participar en el gobierno. Porque Alemania también es un país donde ese partido más popular - Alternativa para Alemania (Alternative für Deutschland, comúnmente conocido simplemente como AfD) - está excluido de formar coaliciones de gobierno. Por definición. Ese sistema se llama "cortafuegos" contra ese partido tan popular que les dificulta la vida a todos los demás partidos que ya no lo son. Carece por completo de fundamento constitucional o legal. Pensándolo bien, dado que el "cortafuegos" trata sistemática y deliberadamente los votos de los votantes de AfD como si fueran menos efectivos que los de otros, bien podría ser el propio "cortafuegos" el que sea inconstitucional, al menos en espíritu, sino incluso en la letra de la ley. ¡Adiós a Alemania, el país que supuestamente ama el orden y las reglas! En realidad, el "cortafuegos" equivale a un cártel político sucio y una forma de privación de derechos: los partidos tradicionales, sintiéndose amenazados por la insurgente AfD, simplemente han decidido que no les importa lo que digan los votantes y que no tendrán nada que ver con ello. Dado que los gobiernos alemanes casi siempre se basan en coaliciones, la AfD y sus votantes son tratados como inferiores. Esto significa que, a partir de ahora, en particular los votantes de la antigua Alemania del Este están sujetos a este tipo de discriminación, lo que añade un componente de Occidente-Este que no encaja con los discursos sobre la unidad alemana. Si aún existiera Alemania Oriental, donde la AfD arraso en las recientes elecciones, hoy seria gobierno. Para aclarar algo: por ahora, solo una encuesta muestra a la AfD a la cabeza; otras la sitúan (apenas) en segundo lugar, tras los conservadores tradicionales del bloque CDU/CSU (que, en realidad, funciona como un solo partido) del futuro canciller Friedrich Merz. Pero estas diferencias son irrelevantes. Lo que importa es que la tendencia alcista de la AfD se mantiene ininterrumpida. Esto supone sin duda un duro golpe para Merz, incluso antes de que haya asumido oficialmente el cargo, como señalan los observadores internacionales. Sobre todo teniendo en cuenta que, al mismo tiempo, las cifras de Merz en las encuestas se están desplomando. Pero también hay un punto más amplio: toda la estrategia del "cortafuegos" está fallando gravemente. Observadores sensatos lo han predicho desde hace tiempo, y ahora es cada vez más evidente: excluir a la AfD solo sirve para fortalecerla. Algo que no hace más populares a los viejos y desgastados partidos gobernantes de Berlín, la CDU y el SPD, es que hayan concluido sus negociaciones sobre cómo repartirse el botín de los ministerios y otros beneficios. De hecho, resulta extremadamente vergonzoso para la nueva coalición gobernante de conservadores y socialdemócratas (SPD) que el más reciente hito de la AfD se esté produciendo ahora. Es una coincidencia infernal: ahí están, los partidos tradicionales, aparentemente a salvo tras su "cortafuegos" y listos para empezar, y los votantes, por muy incultos que sean, les demuestran lo impopulares que son. Los alemanes esperan poco de ellos, incluso ahora: una nueva encuesta muestra que dos tercios no creen que las cosas cambien bajo la nueva coalición de viejos y cansados partidos. Cabe destacar que la mayoría de los alemanes se han mostrado profundamente descontentos con el statu quo, como también lo demuestran encuestas recientes: en febrero, Ipsos reveló que el estado de ánimo general era " más malo que nunca”. Solo el 17 % de los ciudadanos (menos de una quinta parte) creía que su país iba por buen camino. El 83 % restante no se mostró indiferente ni neutral, sino que consideraba que Alemania iba por mal camino. Incluso para una nación con una cultura de angustia y pesimismo, estas cifras son atroces. Por lo tanto, no esperar cambios ahora equivale a un profundo pesimismo: los alemanes sienten desde hace tiempo que están en serios problemas, y una mayoría preponderante piensa que es allí donde se quedarán atrapados también bajo la nueva y vieja dirección. Un alto dirigente de la AfD, Alexander Gauland, ya se muestra más que seguro: “Es lógico que superemos a la CDU en las próximas elecciones”, declaró recientemente. Esto podría ser una mala señal. Al fin y al cabo, la AfD es mucho menos distinta de otros partidos de lo que estos últimos pretenden: la AfD también podría acabar desperdiciando su buena racha actual con luchas internas, por ejemplo, sobre cómo reaccionar a los ataques arancelarios del presidente estadounidense Donald Trump, que perjudicarán gravemente a Alemania. Sin embargo, no cabe duda de que los partidos tradicionales están haciendo todo lo posible para repeler no solo a los votantes, sino incluso a sus propios afiliados. En particular, la CDU de Merz se encuentra en una rebelión apenas contenida: sus afiliados y votantes están furiosos por haber votado por los conservadores y, sin embargo, verse obligados a asumir un programa de gasto deficitario masivo. El pretexto de que todo esto es necesario debido a - redoble de tambores - la Gran Rusia no calma la ira. Una organización local de la CDU ya se ha rebelado abiertamente. En el estado de Sajonia-Anhalt, antigua Alemania Oriental, miembros de la CDU del distrito de Harz han hecho pública una resolución oficial con dos puntos y una exigencia: existe un malestar masivo entre la base de la CDU, compuesta por militantes comunes, y en el este de Alemania, es decir, la antigua República Democrática Alemana, la CDU ha perdido rotundamente las últimas elecciones federales. La exigencia es derribar el llamado "cortafuegos" contra la AfD y empezar a colaborar con ella sistemáticamente. Es sintomático que esta rebelión tan local esté siendo noticia en todo el país. ¡Qué escándalo! ¡Abriendo las puertas a la extrema derecha!, gritarán muchos. Sin embargo, lo tienen todo patas arriba: ignorando que, en realidad, los conservadores de la CDU/CSU y la AfD coinciden ideológicamente, un día, en un futuro no muy lejano, la AfD bien podría entrar e incluso dominar un gobierno alemán. Lo irónico es que, cuando eso suceda, quienes han mantenido el, francamente estúpido, "cortafuegos" solo tendrán la culpa a sí mismos. Porque la verdadera pregunta no es si la AfD entrará en el gobierno de Berlín, sino cómo y, en particular, con qué fuerza. Cuanto más se mantenga el "cortafuegos”, más probable será que la AfD no solo participe, sino que domine... y vuelvan a ser gobierno.

THE PASSION OF THE CHRIST: Una genuina obra de arte cristiano

Se trata de una representación cinematográfica de las últimas doce horas de la vida de Jesucristo en la Tierra, antes de ser crucificado. Cabe precisar que el alma de esta película - rodada en el 2004 - fue Mel Gibson, su director y co-autor del guión, quien la financio con 25 millones de dólares y ha debido defenderla de varios intentos de boicot y de acusaciones injustas y desmesuradas sin sustento alguno. Como sabéis, The Passion of the Christ (La Pasión de Cristo) es ya un hito en la historia del cine. La expectativa – entusiasta o llena de interesada animadversión – que la película suscito antes del estreno, en parte provocada por las polémicas de que fue objeto, como de ser extremadamente violenta para mostrar la maldad de los judíos, ha sido superior a la suscitada por cualquier otra película, a pesar de haber sido boicoteada por las grandes agencias de distribución de películas en manos de poderosas corporaciones judías, quienes nunca le han perdonado a Gibson de mostrarlos en el film como los monstruos que son. Durante la filmación, muchos dudaron que pudiera tener éxito y, sin embargo, rompió esquemas y previsiones. El fenómeno de The Passion of the Christ puede ser considerado en varios niveles: uno, se queda en la crónica cinematográfica; otro, puede detenerse en el análisis de los motivos de la polémica; y, finalmente, como explicación profunda del fenómeno, puede ahondarse en lo que constituye la razón de ser de la originalidad y belleza de esta película: una genuina obra de arte cristiano. 1. Crónica cinematográfica: Bajo la dirección de Mel Gibson, el trabajo de producción y rodaje de la película comenzó el 4 de noviembre del 2002 en Matera y Craco, al sur de Italia, para aprovechar la particular luminosidad de esas semanas de invierno. Las escenas de interiores fueron filmadas, posteriormente, en Roma, en los famosos estudios Cinecittà. Rodada en dos lenguas muertas, latín y arameo, la película no iba a tener subtítulos. Durante meses, Mel Gibson quiso omitirlos con la intención de ofrecer una película lo más fiel posible a la historia real. De este modo, no doblada a ningún idioma, en cualquier rincón del mundo los espectadores asistirían a la pasión de Cristo representada por actores que se expresan en las lenguas habladas de la Palestina de los tiempos de Jesús. Por sí solas, las imágenes deberían ser capaces de contar el drama. Una decisión de este tipo exigió a los actores dar lo mejor de sí mismos. Deberían ser capaces de expresar “todo” sin el auxilio de las palabras. El reparto fue de primer nivel: Jim Caviezel (Jesús), Rosalinda Celentano (Satanás), Maia Morgenstern (María, la Madre de Jesús), Monica Bellucci (María Magdalena), Ivano Marescotti (Pilato), Claudia Gerini (mujer de Pilato) y Luca Leonello (Judas). La intención de Gibson fue mostrar todo exactamente tal cual fue hace 2000 años. Algunos de sus colaboradores y muchos invitados a las proyecciones previas de una versión subtitulada, presentada en privado, dudaban de que, sin subtítulos, pudiera lograrse la admirable síntesis de historia y teología que se alcanza con ellos. Al final, Gibson tuvo que ceder, en beneficio de la comprensión de la película. Una cosa parece cierta: los autores, bajo la dirección magistral de Gibson y quizás estimulados por el reto de deber expresarse sin el apoyo de lenguas inteligibles, han realizado una puesta en escena extraordinaria. La historia se centra en las doce últimas horas de la vida de Jesucristo, desde la agonía en el Huerto de Getsemaní hasta la muerte en la cruz, y está abierta a la resurrección. Se trata – dice el director – de la historia del más grande de los heroísmos, del amor más grande. La historia de un hombre extraordinario que da la vida por los demás; un hombre, Jesús, que los cristianos creemos que es verdadero hombre y verdadero Dios. La historia de quien, consciente y voluntariamente, va a su pasión y muerte para salvar a los hombres de la muerte eterna. Un hombre muere a causa de nuestros pecados y para la redención de los pecados de todos. De todos los pecados. Y en primer lugar, por los pecados de los protagonistas de la pasión: Judas lo traiciona, el Sanedrín lo acusa con mentiras y lo condena injustamente, los discípulos lo dejan sólo, Pedro lo niega tres veces, Herodes se burla de él, Pilatos se lava las manos irresponsablemente, la muchedumbre manipulada pide a gritos su ejecución, los soldados romanos lo flagelan, humillan y crucifican sin piedad. Y entre todos los personajes se mueve la presencia insidiosa de Satanás que desde el Huerto a la Cruz acecha los pasos de Cristo para ver si cede ante los tormentos, si renuncia a su misión. El film intercala algunos “flashbacks” (saltos al pasado) que permiten penetrar en el alma de los personajes y en el sentido de las acciones. Uno de ellos compara la carrera de María, la madre de Jesús, para ayudarlo cuando estaba caído bajo la pesada cruz, y un episodio de la infancia donde se ve a María corriendo con la misma premura para recoger a su pequeño hijo caído tras un tropiezo. En otros nos es descubierta la íntima conexión de la Ultima Cena-Eucaristía y el Sacrificio de la Cruz. En otros, la luminosa vida cotidiana de la Sagrada Familia en Nazaret contrasta con la sordidez de un juicio injusto y amañado, y con la villanía y crueldad de los azotes, insultos y burlas; 2. Polémicas previas al estreno: Durante el verano y otoño del 2003, un borrador de la película fue presentado en los EE.UU. y en Italia a pequeños grupos de católicos y evangélicos, a personajes del mundo religioso y político y a responsables de medios de comunicación. Las presentaciones tenían por objetivo recoger impresiones de los cristianos, calibrar las reacciones y salir al paso de rumores o abiertas acusaciones que habían comenzado a circular. Los productores querían demostrar la falsedad de las acusaciones contra la película “de antisemitismo y de falta de rigor histórico”. Profundamente ofendido, Mel Gibson negó las acusaciones de difamación antisemita hechas a su persona y a la película. Sin haber visto el film, diversas organizaciones judías hicieron declaraciones de este tipo. “Lamentablemente los judíos” -apunta Gibson – “no solo son especialistas en falsificar la historia, sino también tienen un largo historial de confrontación con la Iglesia Católica; siempre se han dedicado a difamar la memoria del Papa Pío XII y para ellos el Evangelio es, en sí mismo, antisemita, cuando ello no es cierto, ya que no se puede ocultar su plena responsabilidad en la muerte de Jesús. Si ellos no quieren reconocer su crimen, lo siento” apuntó. 3. Una obra de arte cristiano: La calidad artística de Mel Gibson es indiscutible, como lo es, también, su adhesión creyente a la fe cristiana y su deseo de ser fiel a la historia evangélica. El resultado de estos ingredientes es una indiscutible obra de arte. “La Pasión de Cristo es una película hecha para inspirar, no para ocultar la verdad. Mi intención al llevarla a la pantalla es crear una obra de arte que quede y motive la reflexión en las audiencias de distintos credos o de ninguno, a los que la historia les es familiar” puntualizó. (Por cierto, la esperada secuela The Passion of the Christ: Resurrection, comenzará a rodarse en agosto de este año en los estudios Cinecittà de Roma. El propio Mel Gibson confirmó que la película contará otra vez con Jim Caviezel como Jesús, y que necesita emplear algunas técnicas de rejuvenecimiento, como la desintegración digital (CGI), en Caviezel, ya que han pasado más de 20 años desde la primera película. Aparte de Caviezel, medios internacionales confirmaron que la película tendrá a la actriz Maia Morgenstern interpretando nuevamente a la Virgen María y a Francesco De Vito como el apóstol Pedro.).

miércoles, 9 de abril de 2025

FRANCIA: Miedo existencial

A principios de la semana pasada, a Marine Le Pen, lideresa del ultranacionalista Agrupamiento Nacional, que según todas las encuestas ganaría fácilmente la presidencia si las elecciones francesas se celebraran mañana, se le impuso una pena de cuatro años de prisión, dos de ellos en suspenso y dos en arresto domiciliario bajo vigilancia electrónica. Además, se le prohibió postularse a un cargo durante cinco años. ¡Qué conveniente! En efecto, de una manera escandalosa y violando su propia legislación, un tribunal de Paris - por orden de El Eliseo - la declaro culpable “de malversación de fondos de la Unión Europea”. Acusada falsamente de facilitar un sistema mediante el cual “asesores contratados para servir en Bruselas terminaban trabajando para el partido”, también fue multada con 100.000 euros. “La condena de Marine Le Pen es un caso flagrante de negación de derechos donde a un candidato que, según las encuestas, tiene todas las posibilidades de ganar en el 2027, se le impide presentarse, al igual que al Sr. Georgescu en Rumania se le privó del derecho a presentarse a las elecciones presidenciales”, declaró al respecto Emmanuel Leroy, ex asesor de Le Pen. El proceso contra Le Pen “caracteriza la voluntad de las instituciones europeas, y en primer lugar de la Sra. von der Leyen, de impedir que cualquier candidato susceptible de tener una política diferente de la que se aplica actualmente en la Unión Europea tome el poder en Estados críticos como la República Francesa”, explicó Leroy. La decisión del tribunal de excluir a Le Pen de la política fue "completamente politizada" pero también totalmente esperada, enfatizó el observador, destacando cómo además de Rumania, el proceso a Le Pen puso a Francia en la misma liga que Bosnia (donde el jefe de la República Srpska ha sido perseguido) y Moldavia (donde el jefe del territorio autónomo de Gagauzia fue arrestado recientemente), sin olvidarnos claro esta del nacionalista AfD en Alemania. “El ascenso de fuerzas populistas y ‘antisistema’ amenaza con crear una perturbación en la gobernanza de la Unión Europea, y los ataques a figuras como Le Pen y su partido, Agrupación Nacional, utilizan una táctica muy usada para eliminar a la oposición”, según Leroy. “De hecho, los cargos de ‘financiación ilegal’ por los que Le Pen fue injustamente condenada fueron los mismos por los que el actual primer ministro, Francois Bayrou, y su partido MoDem fueron acusados, pero que fueron sospechosamente absueltos por los mismos jueces que condenaron a Le Pen", dijo Leroy. Cabe precisar que las acusaciones contra la lideresa de Agrupamiento Nacional, que se remontan al menos al 2014, eran tan antiguas que podría haberle dado derecho a una pensión francesa. Pero ahora, el veredicto la excluye convenientemente del ciclo electoral del 2027. Si buscaban una forma infalible de impulsar el apoyo al partido de Le Pen, enhorabuena, justicia francesa, la han clavado. No hay mejor manera de impulsar un movimiento político que convertir a su líder en un mártir de un Estado que interfiere en las opciones democráticas de los ciudadanos. Pregúntenle al nacionalista rumano Câlin Georgescu (que al igual que Le Pen, es enemigo acérrimo de la OTAN y el establishment ) quien iba camino de la victoria antes de ser mermado políticamente por el sistema, fue arrestado, acusado de financiación extranjera y, finalmente, despedido por un simple tecnicismo burocrático. ¿Y qué pasó luego? Su sustituto, George Simion, ahora está subiendo en las encuestas. ¿Quién lo hubiera previsto? (Spoiler: ¡Todos!). Igual pretendieron hacer en Alemania con los nacionalistas de Alternativa por Alemania (AfD), pero les salió mal la jugada y ahora es la segunda fuerza política del país. Sin embargo, el establishment no cesa en su deseo de ilegalizarlo. El gobierno de coalición emergente entre la CDU/CSU y el SPD está redactando una ley que podría prohibir la actividad política a cualquier persona condenada por "incitación al odio”. Aunque no se ha declarado abiertamente, esta medida apunta inequívocamente a la AfD. Descalificar a candidatos por delitos como corrupción, fraude y violaciones electorales no era habitual en Francia, hasta que el partido del homosexual Emmanuel Macron (“casado” - es un decir - con un transexual) lo impuso convenientemente en el 2017. La cuestión del tiempo lo es todo: esa ley entró en vigor aproximadamente a tres años de que Bruselas pusiera a Le Pen en el punto de mira de la investigación. Seguramente dirán algunos, “solo es una coincidencia” pero eso no es así. ¿Sabéis quién es el mayor defensor de esa ley? El aliado de Macron y líder centrista, François Bayrou, quien la defendió hasta que se vio acusado del mismo esquema de apropiación de fondos de la UE que Le Pen. Incómodo. Duró un mes entero como ministro de Justicia de Macron antes de ser destituido. Pero sospechosamente fue absuelto el año pasado, y posteriormente elegido a dedo como primer ministro de Macron, a pesar de no presentarse a ninguna candidatura. ¿Saben quién ganó realmente esas elecciones? El partido de Le Pen obtuvo la mayoría de los votos, y la izquierda antisistema obtuvo la mayoría de los escaños; al parecer, ninguno de los dos le da derecho a gobernar Francia. Mientras tanto, el líder izquierdista Jean-Luc Mélenchon también está siendo investigado por, como ya habrán adivinado, precisamente el mismo delito descalificatorio relacionado con la financiación de la UE que Le Pen. No es de extrañar que el presidente estadounidense Donald Trump, su asesor, Elon Musk, y el vicepresidente J.D. Vance condenaran esta burda maniobra montada contra Le Pen y le expresaran su total respaldo. El líder de La Casa Blanca calificó la condena de una cacería de brujas que debe cesar de inmediato, mientras Musk pidió que ¡liberen a Le Pen! “La caza de brujas contra Marine Le Pen es otro ejemplo de cómo los izquierdistas europeos utilizan la Lawfare para silenciar la libertad de expresión y censurar a su oponente político”, escribió Trump en su plataforma de redes sociales Truth Social. “Es el mismo ‘libro de jugadas’ que se utilizó contra mí”, agregó. Las expresiones de apoyo a Le Pen por parte de las tres figuras más poderosas de Washington subrayan una creciente divergencia entre Estados Unidos y otras naciones -incluidas muchas de Europa- sobre la forma en que los jueces resuelven las espinosas cuestiones constitucionales o las irregularidades cometidas por los políticos. Le Pen ha acusado al poder judicial francés de provocar una crisis democrática al impedirle- por ahora, ya que la líder política ha apelado a la sentencia-presentarse a las elecciones de 2027 y convoco una protesta masiva en París este último domingo, donde condeno la persecución de la que es víctima: “Quieren verme fuera de la contienda del 2027, pero seguiré luchando” expresó en un multitudinario mitin. Si Trump hubiera sido francés y hubiera sido condenado por algunos de sus propios cargos electorales, como los de Georgia, tampoco habría podido presentarse a la presidencia. Esperemos que la capital mundial de la moda no marque tendencia con esto. Claro, condenar a alguien. Pero que la gente decida si el convicto sigue siendo una mejor opción electoral. La democracia significa dejar que la gente elija, incluso si su favorito necesita un agente de libertad condicional en lugar de un director de campaña. Aquí se observa un patrón claro: cada vez que un candidato empieza a parecer una amenaza real para el establishment, el sistema legal encuentra de repente una excusa para frenarlo. Es casi como si Francia tuviera una "Ley de Protección del Titular" no oficial. ¿Recuerdan a Dominique Strauss-Kahn? En el 2011, como director del FMI, prácticamente estaba midiendo las cortinas del Palacio del Elíseo para su inminente mudanza. Entonces, ¡zas!, una camarera de un hotel de Nueva York lo acusó de agresión sexual. Fin de su carrera. Y, para mayor seguridad, las autoridades francesas lo acusaron posteriormente de proxenetismo. Sí, proxenetismo. Fue absuelto, pero desde entonces "Presidente del FMI" y "Acusado de Proxeneta" aparecen en su currículum. Saltemos al 2017: François Fillon, ex primer ministro, lideraba la carrera para reemplazar al entonces presidente François Hollande. De repente, un periódico de investigación recibió un soplo de que aparentemente pagaba a su esposa e hijos para que ocuparan puestos falsos de asistentes parlamentarios. Su campaña se vino abajo, y de repente, apareció un joven prodigio político relativamente desconocido llamado Emmanuel Macron para ganarlo todo. ¡Qué suerte! Ni siquiera el expresidente Jacques Chirac pudo escapar de este patrón. Fue condenado en el 2011 por un falso esquema de malversación de fondos que se remonta a su época como alcalde de París, de 1977 a 1995. ¿La única razón por la que no lo atraparon antes? Gozó de inmunidad presidencial hasta el 2007. Lo esperaron como a un cobrador de deudas hasta que su némesis de toda la vida, Nicolas Sarkozy, asumió el cargo. Para ilustrar el contraste de visión del mundo entre los dos presidentes, Chirac mantuvo a Francia fuera de la maniobra del Tío Sam para cambiar el régimen en Irak, y Sarkozy invadió Libia y fue el único responsable de reintegrar a Francia al mando de la OTAN luego de que el dictador Charles De Gaulle se negara a hacerlo en aras de la soberanía nacional. Para cuando Chirac fue condenado, ya no representaba ninguna amenaza electoral para el equipo de Sarkozy, ya que para entonces negaba los rumores sobre el Alzheimer con más frecuencia que las irregularidades políticas. Como podéis imaginar, la condena de Le Pen ha provocado reacciones inmediatas de sus aliados políticos. El primer ministro húngaro, Viktor Orbán, tuiteó: "Je suis Marine", en un guiño al eslogan "Je suis Charlie", surgido luego de que yihadistas atacaran a tiros la redacción parisina de la revista satírica "Charlie Hebdo” por atreverse a mostrar a Mahoma - el profeta desnudo del Islam - tal como vino al mundo. El derechista holandés Geert Wilders calificó la sentencia de "increíblemente dura" y predijo que ganaría la apelación y la presidencia francesa. Si es que realmente gana la apelación. Y si eso sucede antes del 2027. Y si el sistema judicial francés - digitado por Macron - no "descubre" repentinamente otro obstáculo, con la ayuda de la UE, como suele ocurrir para silenciar a quienes no se alinean con el establishment. Porque si la historia nos enseña algo, es que las elecciones francesas no solo se ganan o se pierden en las urnas, sino que también se deciden en los tribunales. Y, por alguna razón, el partido gobernante nunca parece ser el que está siendo juzgado a pesar de que también se le acuso exactamente con los mismos cargos. Por el contrario, es el juez que decide a quien sancionar. El miedo a perder el poder los embarga... Vaya “democracia”. Y así, quieren dar el ejemplo, Habrase visto.

DRAGONKIN – THE BANISHED: Crónicas de la oscuridad

Llegó el pasado mes tanto a PC como a PS5 y sinceramente, lo esperaba con ganas, puesto que me gustan bastante los RPG, y la ambientación fantástica es mi favorita. Debo confesaros que a lo largo de mi vida he consumido mucha fantasía, tanto en videojuegos como en cine y literatura. Hago esta aclaración porque lo que me ha ocurrido con Dragonkin es una cuestión personal y ya me ha pasado muchas otras veces. Pero tiempo al tiempo. Este juego abre con una cinemática al más puro estilo Dark Souls contando el lore de su mundo. Sin embargo hay tres puntos que marcan la diferencia: En primer lugar, el apartado gráfico, que deja ver unos dragones algo plasticosos. Esto es de entender en un juego indie de no ser porque el resto del juego tiene un apartado artístico -que no gráfico- bastante firme, por lo que no era necesario hacer una cinemática intentando enseñar un músculo que no hay. Durante el resto del juego, el apartado artístico se mantiene bien y no hace nada extraño, salvo algunas animaciones cuyas físicas estaban un poco rotas. Por otro lado, el apartado musical del prólogo recuerda demasiado a El Señor de los Anillos, concretamente a los temas relacionados con los orcos y Mordor. A lo largo del videojuego sonarán otros temas que irán mejorando la experiencia de las misiones en las que nos veamos envueltos. La tercera diferencia es la nomenclatura. Por algún motivo, siempre se acaba cayendo en “La guerra de los hombres” y otros similares, nombres que suenen demasiado a élfico, que una vez fue exótico y ahora es, simplemente, familiar. Quizá la solución estaría en dar primero alma a la ambientación, y en base a ella nominar los sucesos y personajes importantes. El jugador obtiene el control del personaje tras la cinemática inicial de Dragonkin, y durante todo el prólogo llegará a controlar hasta cuatro personajes distintos. No es que tengan clases como tal, pero para que nos entendamos, son el paladín, la maga, el bárbaro y la pícara. El paladín es el personaje defensivo que hibrida entre ataques cuerpo a cuerpo y algo de magia sin ser especialmente rápido. Sin embargo, venía con un error de base: no se le terminaba el lanzallamas, por lo que se hizo especialmente fácil. La maga muestra un gran bagaje de ataques a distancia. El bárbaro es un atacante más lento, pero también poderoso. Por último, la pícara está basada más en su velocidad de ataque. Sin embargo, ninguno de los cuatro muestra diferencias reales en el gameplay. No deja de sentirse el mismo personaje. Es más, incluso cada personaje tiene un ataque con el que atacar a distancia, o más de cerca o ser más rápido. De otro lado, el combate en Dragonkin es un trámite. Recuerda a un musou, pero sin su espectacularidad. Los enemigos son tan débiles que van muriendo poco a poco y no hacen daño real al jugador. No solo en el prólogo, que da a los jugadores la posibilidad de jugar con unos personajes muy poderosos, sino durante el primer capítulo. Solo las ranas que explotan son un verdadero peligro. Durante la creación de personajes podemos ver que cada clase tiene un elemento asociado, pero luego no afecta prácticamente en nada durante este primer capítulo de juego. Los controles son intercambiables en función de las habilidades que cada jugador elija, por lo que los botones son intercambiables. Al ser un top down, no tiene movimiento de cámara, y el joystick derecho se usa para hacer la finta. En Dragonkin podrás recorrer mazmorras. Sin embargo, la mecánica de estas se basa en derrotar a un número de enemigos hasta rellenar una barrita. En cuanto esta esté llena, el jugador podrá teletransportarse a una zona de combate donde luchará con más enemigos que tampoco supondrán un gran problema. Uno de los puntos positivos de Dragonkin es, sin duda, que permita el teletransporte desde el principio y añada varios portales por todo el mapa. Hay veces en las que el jugador tendrá que ir a hablar con una u otra persona, moviéndose de un lado a otro, sin que haya ningún tipo de incentivo jugable durante el camino, por lo que el teletransporte es muy buena decisión. Cabe precisar que las interfaces están muy cuidadas, siendo una especie de santuario con velas y antorchas. Sinceramente, es uno de los aspectos que más me gustan del juego. El inventario, sin embargo, se llena de objetos inútiles a cada momento… Por otro lado, hay varios árboles de habilidades para cada característica del protagonista, desde las habilidades que usará en combate hasta los atributos que este tenga. Otro de los puntos fuertes de Dragonkin es la ciudad principal, que podrás subir de nivel y mejorar para obtener nuevas tiendas y algunas mejoras estadísticas. Se va subiendo de nivel poco a poco a lo largo de la historia, por lo que en todo momento sentiremos cómo va progresando. Respecto a la historia, a la hora de hacer construcción de mundos, Dragonkin se centra en referenciar sucesos del pasado y nombrar guerras como si el jugador ya las conociera. Eso tiene un punto positivo, que es introducir estos datos de forma natural, sin que parezca que el personaje está ausente del mundo. Por otro lado, tiene el punto negativo de que el jugador va a perderse bastante escuchando referencias sobre cosas que no conoce. Uno de los puntos más negativos de Dragonkin es el hecho de que, si por casualidad entras en un diálogo mientras hay monstruos atacándote (y es muy sencillo teniendo en cuenta que el botón A también sirve para atacar), los monstruos no dejarán de atacar. Esto puede llevar al jugador a morir mientras está hablando con un NPC, resucitando y generando un bug en el que aparece el personaje protagonista dos veces y ya no se puede volver a hablar con el NPC. Hay que mencionar, además, el rendimiento de Dragonkin. Sinceramente, ofreciendo lo que ofrece, no debería hacer sudar a mi ordenador. Y lo consigue. Hace más ruido que con el Monster Hunter Wilds, y no tiene sentido. Pero bueno, tras este análisis agridulce, solo nos queda recordar que Dragonkin es un videojuego que está en Early Access y todavía tiene mucha mejora por delante. Este contenido, al final, no deja de ser el prólogo y el primer capítulo. Aún faltan personajes jugables, acceso a mucho contenido e incluso una función de multijugador. Habrá una serie de actualizaciones más adelante, según su RoadMap.
Creative Commons License
Esta obra está bajo una Licencia de Creative Commons.