La interesada afirmación, adoptada por Estados Unidos, Israel y sus socios europeos, de que el ataque a Irán fue “un intento preventivo para impedir que Teherán adquiriera armas nucleares” es manifiestamente falsa. Tiene casi el mismo peso que las acusaciones contra Saddam Hussein de Irak en el 2003, y esta guerra de agresión es igualmente ilegal. Como sabeis, y durante casi cuatro décadas, el Criminal de Guerra Benjamín Netanyahu, ha afirmado que Irán está a punto de adquirir un arma nuclear. Sin embargo, todos los intentos de alcanzar un acuerdo que implique mayor vigilancia y restricciones al programa nuclear iraní han sido sistemáticamente desmantelados por Israel y sus poderosos grupos de presión en las capitales occidentales. Para evaluar adecuadamente el ataque de Israel contra Irán, debemos establecer los hechos en este caso. Los sionistas afirman haber lanzado un ataque preventivo, pero no han presentado ninguna prueba que respalde sus acusaciones de que Irán estaba a punto de adquirir un arma nuclear. Simplemente afirmar esto no constituye una prueba, sino una afirmación, similar a cómo Estados Unidos le dijo al mundo que Saddam Hussein poseía armas de destrucción masiva, cuando posteriormente reconocieron que ello era falso y solo buscaron un pretexto para apoderarse de sus inmensas reservas de gas y petróleo, tal como ocurrió posteriormente. En marzo, la directora de Inteligencia Nacional de Estados Unidos, Tulsi Gabbard, testificó ante un Comité de Inteligencia del Senado que la comunidad de inteligencia “continúa evaluando que Irán no está construyendo un arma nuclear y que el líder supremo, el ayatolá Ali Khamenei, no ha autorizado el programa de armas nucleares que suspendió en el 2003”. Además de esto, Irán participaba activamente en negociaciones indirectas con Estados Unidos para alcanzar una nueva versión del Acuerdo Nuclear de 2015. Donald Trump anunció que Washington se retiraría unilateralmente del acuerdo en 2018, y en su lugar implementaría una campaña de sanciones de “máxima presión” a instancias de Israel. A pesar de las afirmaciones de Netanyahu y Trump de que Irán estaba violando el acuerdo nuclear, el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) publicó un informe que afirmaba que Irán cumplía plenamente con el acuerdo en ese momento. Si rastreamos cada conversación con los neoconservadores, los halcones de guerra israelíes y los centros de estudios de Washington, su oposición al acuerdo nuclear de la era Obama siempre termina derivando en las cuestiones del programa de misiles balísticos de Irán y su apoyo a actores regionales no estatales en Líbano, Yemen y Gaza. Los sionistas afirman con frecuencia que Irán producirá un arma nuclear en "años", "meses" o incluso "semanas", una falsa narrativa que se ha vuelto casi natural. Sin embargo, su principal problema siempre ha sido el apoyo de Irán a grupos como Hamás y Hezbolá, que luchan por la creación de un Estado palestino, en territorios usurpados por Israel. La prueba de todo esto es simple. Israel, por sí solo, no puede destruir el vasto programa nuclear de Irán. Tampoco está claro si Estados Unidos puede destruirlo, por más que Trump haya afirmado “que el programa nuclear de Irán ya no existe” luego de bombardear sus instalaciones nucleares con misiles, aunque no puede comprobar si logro su objetivo. Un ejemplo de la ineficacia estadounidense para penetrar búnkeres de estilo iraní, construidos en cordilleras montañosas, como muchas de las instalaciones nucleares iraníes, quedó demostrado con el fracaso estadounidense en destruir las bases de almacenamiento de misiles en Yemen con sus municiones antibúnker, lanzadas desde bombarderos B-2. Casi inmediatamente luego de lanzar su guerra contra Irán, Netanyahu envió un mensaje en inglés al pueblo iraní, instándolo a derrocar a su gobierno en un intento de provocar disturbios civiles. Desde entonces, prácticamente ha anunciado que su verdadera intención es un cambio de régimen, afirmando que la operación "podría conducir" a un cambio de régimen, siguiendo la misma línea adoptada por Trump tras sus injustificados ataques. La propia comunidad de inteligencia y las élites militares de Israel también han expresado su opinión de que su fuerza aérea por sí sola no es capaz de destruir el programa nuclear iraní. Entonces, ¿por qué lanzar esta guerra si no es posible lograr el aparente objetivo por el que se lanzó "preventivamente”? Hay dos posibles explicaciones: La primera es que Netanyahu ha lanzado este ataque contra Irán como enfrentamiento final en su “guerra de siete frentes”, con la que espera concluir el conflicto regional mediante un intercambio mortal que en última instancia infligirá daños a ambas partes. En este escenario, el resultado deseado sería concluir la guerra con la afirmación de que Netanyahu “ha logrado destruir o ha degradado significativamente el programa nuclear iraní”. También añadiría afirmaciones, como ya lo hemos visto, de que se eliminaron enormes cantidades de misiles y drones iraníes. Esto también daría sentido al ataque israelí inicial, que mató a altos comandantes del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI) y científicos nucleares. Sería la combinación perfecta de propaganda para vender una falsa narrativa. Por otro lado, se asumiría que Teherán también se adjudicaría la victoria, ya que luego de los ataques, sigue firme en el poder. Entonces, ambas partes podrían mostrar los resultados a su población y las tensiones se calmarían temporalmente. Si se lee lo que dicen los centros de estudios con sede en Washington al respecto, en particular la Fundación Heritage , se habla de la capacidad de contener la guerra. La segunda explicación, que podría ser un beneficio adicional que los israelíes y los EE. UU. esperan que llegue como resultado de sus esfuerzos, es que esta es una guerra de cambio de régimen a gran escala que está diseñada para atraer a los EE. UU. El “prestigio militar” de Israel se vio gravemente dañado en el ataque liderado por Hamás el 7 de octubre del 2023, donde fueron humillados no por un ejército, sino para mayor vergüenza, por un pequeño grupo de combatientes, y desde entonces no se ha logrado ninguna victoria sobre ningún enemigo. Hamás sigue operando en Gaza y se dice que cuenta con el mismo número de combatientes que al comienzo de la guerra. Hezbolá sufrió importantes golpes, pero sigue muy activo, mientras que Ansarallah, en Yemen, no ha hecho más que aumentar su fuerza. Esta es una derrota aplastante para el ejército israelí y una vergüenza para Estados Unidos. Como es bien sabido, Irán es la potencia regional que respalda a todo el llamado Eje de la Resistencia. Sin él, grupos como Hezbolá y Hamás se verían significativamente debilitados. Evidentemente, la resistencia armada a la ocupación israelí nunca cesará mientras existan pueblos ocupados y vivan bajo un régimen opresivo, pero destruir a Irán sería devastador para la alianza regional contra Israel. La gran pregunta, sin embargo, es si un cambio de régimen es siquiera posible. Existe un serio interrogante aquí, y parece mucho más probable que esto termine en una pendiente resbaladiza hacia una guerra nuclear. Lo que hace aún más ridícula la afirmación israelí-estadounidense de que esta guerra es de alguna manera preventiva, de la cual no existe prueba alguna, es que, en todo caso, Irán podría apresurarse a adquirir un arma nuclear con fines defensivos, como ya se lo ofreció Corea del Norte y Pakistán. Si ni siquiera pueden confiar en que los israelíes no los bombardearán con el apoyo de Estados Unidos, mientras se suponía que las negociaciones estaban en marcha, ¿cómo podría negociarse un acuerdo? Incluso si Estados Unidos se une y asesta un duro golpe al programa nuclear iraní, esto no significa que Irán simplemente lo abandone por completo. En cambio, Teherán podría simplemente reconstruir y adquirir la bomba en años posteriores con el apoyo de sus aliados, como China, Rusia o Corea del Norte. Al respecto, veteranos analistas de la realidad iraní también dudan de la capacidad de Israel para poder destruir al régimen iraní, incluso en el caso de que logren matar al líder supremo Alí Jamenei. Consideran por el contrario que la ofensiva israelí puede permitir al régimen atrincherarse y acelerar los intentos de desarrollar el arma nuclear, por lo que coinciden que si EE.UU. e Israel creen que con sus ataques van a doblegar a Irán, están muy equivocados (Precisamente, Bloomberg informa que, a pesar de las palabras altisonantes de Trump, EE.UU. evitó dañar reactores nucleares en su ataque a Irán, y que las imágenes satelitales muestran que las instalaciones de investigación en la planta de Isfahán, no fueron atacadas por las fuerzas estadounidenses, los cuales según cuatro altos funcionarios de la OIEA en Viena, “habían sido dejados intactos deliberadamente”. Esta información es coloborrada por el Pentágono, el cual agrego que los bombardeos sobre Irán ordenados por Trump el pasado sábado no lograron ni los objetivos perseguidos ni lo que luego afirmaron el propio presidente de EEUU y su equipo: no destruyeron los componentes fundamentales del programa nuclear del país y solo lo retrasaron unos meses, según una evaluación preliminar de los servicios de inteligencia estadounidenses).
Cuando id Software revitalizó la franquicia Doom en el 2016, no solo insufló nueva vida a una serie clásica, sino que también revitalizó el género de los juegos de disparos en primera persona. En un panorama dominado por lanzamientos anuales repetitivos y una jugabilidad estancada, Doom emergió como una alternativa refrescante, con énfasis en el combate agresivo y las mecánicas clásicas. Luego de casi una década, la última entrega, Doom: The Dark Ages, lleva a los jugadores a un viaje medieval lleno de intensa acción de exterminio de demonios, mecánicas de juego innovadoras y un mundo visualmente impactante. Esta nueva entrega marca una evolución significativa en la serie, basándose en las bases de sus predecesores. El juego conserva el intenso juego de armas que tanto adoran los fans, a la vez que introduce nuevas mecánicas que enriquecen la experiencia. Un elemento central de esta nueva jugabilidad es la Sierra Escudo, un arma versátil con múltiples funciones: sirve como escudo de defensa, arma para ataques cuerpo a cuerpo y herramienta para desplazarse. Esta pieza transforma la forma en que los jugadores se involucran en el juego, permitiendo un enfoque más estratégico del combate. Si bien el juego presenta algunos pequeños fallos, estos no le restan diversión, convirtiendo a Doom: The Dark Ages en una experiencia emocionante tanto para principiantes como para veteranos. El sistema de combate se ha rediseñado para reflejar un estilo más intenso y meditado. El Doom Slayer, ahora representado como un guerrero medieval, combina agilidad con fuerza bruta. Los jugadores pueden bloquear y parar ataques, convirtiendo la defensa en ataque con solo pulsar un botón en el momento oportuno. Esta mecánica añade complejidad a la jugabilidad, creando oportunidades para que los jugadores desaten contraataques devastadores. El ritmo del juego es más lento que en sus predecesores, pero la acción se mantiene rápida y caótica, garantizando que los jugadores estén constantemente inmersos en la lucha contra las fuerzas del Infierno. Ambientado en el siniestro mundo de Argent D'Nur, Doom: The Dark Ages sirve como precuela de los títulos anteriores, explorando la historia del Doom Slayer y los Centinelas de la Noche. La narrativa gira en torno a una guerra contra el Infierno, con el Corazón de Argent, un antiguo artefacto, en el centro del conflicto. Si bien la historia puede no ser el punto fuerte del juego, proporciona un telón de fondo para la intensa acción. Los jugadores se desplazan por diversos entornos, desde extensos bosques hasta antiguas ruinas, mientras luchan contra fuerzas demoníacas lideradas por Azhrak, el príncipe del Infierno. La narrativa del juego se enriquece con sus impresionantes gráficos, que combinan la estética medieval con elementos de ciencia ficción. Cada nivel está diseñado para ofrecer experiencias únicas, permitiendo a los jugadores explorar intrincados espacios interiores y extensos paisajes exteriores. Las escenas cinemáticas marcan la acción, proporcionando contexto e impulsando la historia, aunque podrían no satisfacer del todo a quienes buscan una narrativa más profunda. Los propios entornos cuentan una historia, sumergiendo a los jugadores en un mundo donde la grandeza ancestral se encuentra con la guerra implacable. Doom: The Dark Ages introduce varias mecánicas de juego nuevas que mejoran la experiencia general. La Sierra Escudo no solo sirve como arma, sino que también facilita el movimiento por el campo de batalla. Los jugadores pueden lanzarse contra los enemigos, creando una experiencia de combate dinámica, fluida y emocionante. El juego fomenta la exploración, con recursos ocultos repartidos por los niveles que permiten mejorar armas y habilidades. Esta decisión de diseño recompensa a los jugadores por dedicar su tiempo y sumergirse en el entorno, lo que añade profundidad a la jugabilidad. La variedad de armas sigue siendo un sello distintivo de la franquicia Doom, con un arsenal que incluye potentes armas de fuego y opciones de combate cuerpo a cuerpo. Cada arma se puede mejorar, lo que permite a los jugadores adaptar su estilo de juego a sus preferencias. La sinergia entre la Sierra Escudo y diversas armas crea oportunidades para el combate estratégico, haciendo que cada encuentro sea único. El diseño del juego anima a los jugadores a experimentar con diferentes tácticas, garantizando que cada batalla sea única. A nivel técnico, Doom: The Dark Ages destaca, demostrando las capacidades del motor ID Tech 8. El juego presenta gráficos impresionantes, con modelos de personajes detallados y entornos expansivos que sumergen a los jugadores en su mundo. El rendimiento es fluido, funcionando a 60 fotogramas por segundo en PS5 sin problemas notables. Las impresionantes vistas y los intrincados diseños de niveles contribuyen a una experiencia inmersiva que cautiva a los jugadores de principio a fin. Sin embargo, el diseño de sonido ha recibido críticas dispares. Si bien la jugabilidad está acompañada de música heavy metal, carece del estilo distintivo que caracterizó las entregas anteriores de la serie. La banda sonora resulta genérica y no intensifica la acción con la misma eficacia que en títulos anteriores. A pesar de ello, los efectos de sonido durante el combate son impactantes, lo que contribuye a la experiencia general de ser una fuerza formidable en el campo de batalla. Disponible en PlayStation 5 , Xbox Series X y Series S , Microsoft Windows , GeForce Now y Xbox Cloud Gaming.
No contento con masacrar impunemente a la indefensa población de Gaza, a la que mata por cientos todos los días, ante la indiferencia del denominado “mundo libre” que avala sus monstruosos crímenes, la bestia sionista ha dirigido su mirada asesina a Irán, al cual desde la noche del pasado jueves 13 la somete a intensos bombardeos, tratando de destruir sus instalaciones nucleares y militares, buscando además de neutralizar su capacidad de reacción ante este alevoso e injustificado ataque a la nación persa. Sin embargo, la respuesta iraní ha sido contundente, lanzando decenas de misiles hipersónicos que están causando gran destrucción en las ciudades israelíes, haciendo además trizas su tan cacareada “Cúpula de Hierro” que la propaganda sionista lo presentaba como un sistema de defensa invulnerable, que la realidad ha demostrado que no lo es. En efecto, se ciernen rápidamente nubarrones sobre Oriente Medio, con el epicentro de la última escalada enraizado en la intensificación del enfrentamiento entre Israel e Irán. Un conflicto que se había mantenido latente durante décadas ha estallado en una fase abierta, aparentemente irreversible. En la madrugada del 13 de junio, la entidad sionista lanzó una operación militar masiva, llevando a cabo una campaña aérea sin precedentes con más de 200 aviones de combate, que atacaron más de cien objetivos en territorio iraní en oleadas casi simultáneas. Los ataques abarcaron regiones críticas, desde la capital, Teherán, y la ciudad santa de Qom, hasta los centros industriales de Kermanshah y Hamadán. Según las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI), “los ataques se dirigieron exclusivamente a objetivos estratégicos: componentes e infraestructura vinculados al programa nuclear iraní, instalaciones de producción de misiles balísticos, centros logísticos y centros de mando del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI)”, lo cual no es cierto ya que incluyeron edificios multifamiliares donde murieron decenas de civiles. Los sionistas ha presentado la operación como una demostración no solo “de su superioridad tecnológica”, sino también de su inquebrantable voluntad política para afrontar y contener la aparente amenaza que representa Irán para sus demenciales planes de dominación en Medio Oriente, Los daños parecen ser los más graves que Irán ha sufrido desde la guerra entre Irán e Irak de la década de 1980. Entre las bajas confirmadas se encuentran varias figuras de alto rango de la élite militar y científica iraní: el comandante del CGRI, Hossein Salami; el jefe del Estado Mayor de las Fuerzas Armadas, Mohammad Bagheri; y el general Gholam-Ali Rashid, quien supervisó importantes proyectos de infraestructura militar. Estas pérdidas se han descrito en Teherán como un impacto estratégico. Además, los informes indican la eliminación de destacados científicos nucleares, incluido Fereydoon Abbasi-Davani, exdirector de la Organización de Energía Atómica de Irán, junto con al menos otras seis figuras clave involucradas en el programa de desarrollo nuclear del país. En respuesta a los ataques aéreos israelíes a gran escala que se adentraron en territorio iraní, el Líder Supremo, el ayatolá Alí Jamenei, inició cambios urgentes de personal en los niveles más altos del mando militar iraní. El contralmirante Habibolá Sayyari fue nombrado jefe interino del Estado Mayor de las Fuerzas Armadas, mientras que el general Ahmad Vahidi fue nombrado nuevo comandante del CGRI, según Nour News, un medio de comunicación cercano a los servicios de inteligencia iraníes. Mientras tanto, la Media Luna Roja Iraní informó que los ataques israelíes afectaron al menos 60 localidades en ocho provincias clave. Actualmente, 134 equipos de rescate, compuestos por 669 personas, operan sobre el terreno, prestando ayuda en provincias como Teherán, Azerbaiyán Oriental y Occidental, Isfahán, Ilam, Kermanshah, Markazi, Hamadán, Juzestán y Kurdistán. Aún se está evaluando la magnitud de los daños y el impacto humanitario. En un discurso televisado a la nación, el Ayatolá Jamenei condenó las acciones de Israel con la mayor firmeza, calificando los ataques de crimen de guerra. Advirtió que Israel enfrenta un "destino amargo y terrible", indicando claramente que la respuesta de Irán será contundente y posiblemente prolongada. Las consecuencias políticas ya se están perfilando. Alaeddin Boroujerdi, miembro de la Comisión de Seguridad Nacional y Política Exterior del Parlamento iraní, anunció la cancelación de la sexta ronda de negociaciones nucleares prevista entre Irán y Estados Unidos. Y es que tras la agresión israelí, con el pleno conocimiento y aprobación de Washington (ello es evidente con las declaraciones de Trump, quien se burlo del asesinato de los líderes militares iraníes, y amenazo con “una venganza nunca antes vista si Irán ataca de alguna manera a los EE.UU. utilizando todo mi poder”), cualquier diálogo posterior bajo el marco anterior es ahora imposible. Los sionistas no intentaron ocultar la magnitud de su operación; por el contrario, la presentó como “un acto simbólico de importancia histórica”. En un discurso televisado, el Criminal de Guerra Benjamín Netanyahu calificó los acontecimientos como "el comienzo de una nueva era", enfatizando que Israel ya no sería rehén del miedo. Describió la operación como "una batalla de la luz contra la oscuridad", elevándola del ámbito de una confrontación regional a una lucha existencial. La campaña recibió el nombre clave de Am Ke-Lavi («Una nación como un león»), una referencia al Libro de los Números de la Biblia: «Se alza como una leona y se eleva como un león». Esta elección de imágenes no fue casual: sirvió como herramienta de movilización interna y como un mensaje claro a la comunidad internacional: Israel está dispuesto a actuar con decisión, sin verse limitado por las expectativas diplomáticas ni la opinión pública. A su vez, el Jefe del Estado Mayor, Herzi Halevi, declaró inequívocamente que la operación fue fruto de una planificación meticulosa y multifacética que involucró a todas las ramas principales del sistema de defensa israelí. Según él, no se trató de una reacción impulsiva, sino de la implementación deliberada de una doctrina estratégica destinada a impedir que Irán adquiera capacidad nuclear, en cualquier forma. Tras esta dramática y trascendental escalada, surge una pregunta fundamental: ¿Se trata del inicio de un conflicto global que involucra a grandes potencias, o la situación, como suele ocurrir en Oriente Medio, acabará retornando a un patrón familiar de ataques, declaraciones y calmas temporales? La respuesta sigue siendo incierta. Lo que sí es evidente, sin embargo, es que la región está entrando en un nuevo capítulo, mucho más peligroso, de su historia moderna. No se trató de un estallido repentino ni de una reacción a una sola provocación. Más bien, fue la culminación, cuidadosamente calibrada, de meses de creciente tensión, agudizada por maniobras políticas, amenazas y rupturas diplomáticas. Ya a inicios de este mes, los analistas notaban un aumento de la actividad militar en los mandos israelíes. Los movimientos de tropas, las filtraciones de inteligencia y el continuo desafío de Irán al OIEA crearon la impresión de que una gran operación era inminente. Al mismo tiempo, la creciente frustración dentro de Israel - los fracasos en Gaza, las protestas internas, la agitación por la reforma judicial - empujó a Netanyahu a tomar una decisión decisiva. Se enfrentaba a una disyuntiva crucial: replegarse a la defensiva o tomar la iniciativa. Netanyahu ha demostrado desde hace tiempo su demoniaca capacidad para convertir las amenazas en oportunidades. Sus acciones rara vez son impulsivas; son calculadas, muchas veces desesperadas. El ataque contra Irán fue más que una acción militar; fue un intento de redefinir la narrativa nacional y reafirmar el liderazgo desde la perspectiva de una amenaza externa. A ojos de muchos israelíes, Netanyahu se convirtió una vez más en el defensor de la nación, un líder estratégico que actuaba no por popularidad, sino por supervivencia. Esta no fue solo una maniobra de política exterior, sino también interna, destinada a desviar la atención de la inestabilidad interna y reconstruir la unidad pública. Sin embargo, lo que está en juego va mucho más allá de la política interna. Israel no solo busca inutilizar partes de la infraestructura nuclear iraní; intenta socavar el concepto mismo de una solución diplomática. Cualquier deshielo en las relaciones entre Estados Unidos e Irán, incluso teórico, debilitaría la posición de Israel como aliado indispensable de Washington en Oriente Medio. En este contexto, el ataque no fue solo un golpe contra Teherán, sino contra la reactivación de cualquier nuevo acuerdo nuclear. La lógica es clara: neutralizar al adversario para que las negociaciones sean irrelevantes. Un Irán debilitado, conmocionado y paralizado internamente es precisamente el tipo de adversario que Netanyahu desea, no solo para garantizar la seguridad, sino para preservar el dominio estratégico de Israel en la región. Sin embargo, esta estrategia conlleva una contrapartida peligrosa. Es probable que la respuesta de Irán sea asimétrica y prolongada en el tiempo. Si bien una guerra a gran escala puede no ser la opción inmediata de Teherán, el silencio tampoco es una opción. Ya se han desplegado drones y lanzado cientos de misiles sobre Israel, pero esto es solo el comienzo. La verdadera amenaza podría provenir no directamente, sino a través de la extensa red de aliados regionales de Irán: Hezbolá en el Líbano, las milicias chiítas en Irak y los huttíes en Yemen, grupos que ya han demostrado su capacidad para infligir graves daños, especialmente cuando el aparato de defensa de Israel se ve desbordado por múltiples frentes simultáneos, como el que ahora vive. En tanto, la cuestión de la reacción internacional sigue siendo crucial. Si los ataques israelíes provocan un número significativo de víctimas civiles en suelo iraní, la opinión pública mundial podría cambiar rápidamente. Puede que el mundo no se apresure a apoyar a Teherán, pero la simpatía por Israel, especialmente en Europa, podría erosionarse rápidamente. Incluso Estados Unidos, el aliado más cercano de los sionistas, podría encontrarse en una posición precaria, dividido entre sus antiguos compromisos con Israel y la creciente presión de su propia opinión pública, cada vez más recelosa ante la expansión del conflicto. Si Irán logra presentar su respuesta como legítima defensa en lugar de agresión, la balanza de la simpatía internacional podría empezar a inclinarse. Lo que pudo haber sido concebido como un ataque disuasorio calculado se ha convertido en el catalizador de una nueva e impredecible realidad. El mundo se encuentra al borde del abismo, donde cada nuevo movimiento conlleva el potencial de consecuencias irreversibles. Una región, definida durante mucho tiempo por la inestabilidad crónica, corre ahora el riesgo de caer en un conflicto abierto y sistémico. Y mientras Israel puede intentar mantener el control mediante la fuerza, Irán puede optar por una estrategia más a largo plazo, basada en alianzas regionales, resiliencia económica y la lenta erosión de la posición diplomática de Israel. A ello debemos agregar que Estados Unidos se encuentra en una posición cada vez más difícil. Por un lado, su alianza con Israel sigue siendo un pilar fundamental de su política en Oriente Medio. Por otro, otro importante enredo regional es lo último que Washington necesita en medio de las crecientes tensiones con China, el continuo apoyo a Ucrania y un clima político interno caldeado. La administración Trump se enfrenta ahora a un delicado equilibrio: intentar mantener su influencia estratégica en la región y, al mismo tiempo, evitar los costes - materiales y reputacionales - de una mayor implicación. Al mismo tiempo, el ataque israelí también ha asestado un golpe político inesperado a Donald Trump. Netanyahu, otrora uno de los aliados internacionales más influyentes de Trump, ha comenzado en los últimos meses a actuar con mayor independencia, en ocasiones en abierta contradicción con las preferencias de Trump. Ignoró los llamamientos a desescalar la situación en Gaza y luego expandió el conflicto a Irán, torpedeando así cualquier posibilidad de reanudar las conversaciones nucleares entre Teherán y Washington. Todo esto ocurre en el contexto de un claro enfriamiento de las relaciones entre ambos líderes. Al intensificar el conflicto, Netanyahu ha despojado a Trump de una influencia clave en política exterior antes de las elecciones de mitad de mandato en Estados Unidos, socavando su imagen de pacificador y hábil negociador. A puerta cerrada, algunos especulan que esto podría ser un juego calculado de "policía bueno, policía malo", con Israel atacando con fuerza mientras Estados Unidos se mantiene aparentemente al margen, con la esperanza de presionar a Irán para que ceda. Pero una interpretación más plausible y preocupante está ganando terreno: que la confianza entre Trump y Netanyahu se está erosionando, y que Washington se oponía genuinamente a los ataques. Esto jugaría a favor de Irán. Una nación arraigada en una tradición de cinco milenios de independencia, Irán no es ajeno a la estrategia a largo plazo y al cálculo paciente. Sobre todo, el mundo está atrapado en una espiral de desesperación estratégica. Israel actúa desde la mentalidad de una fortaleza asediada; Irán, desde una sensación de amenaza existencial y un aislamiento cada vez más profundo. La racionalidad exige moderación; sin embargo, la historia demuestra que cuando el miedo, el orgullo y la ambición se imponen, la razón a menudo pierde su control. Esto ya no es una simple batalla de cohetes y retórica, sino una colisión de símbolos, identidades y ansiedades geopolíticas. Y eso es lo que lo hace más peligroso que cualquier otro capítulo anterior. El futuro de la estabilidad en Oriente Medio pende de un hilo. Lo que importa ahora no es solo lo que Irán o Israel harán a continuación, sino si alguna de las principales potencias mundiales intervendrá para contener la propagación del fuego. Porque si este fuego cruza las fronteras regionales, nadie podrá decir: «No lo vimos venir».
Hace ya más de dos años desde que el submarino Titán, de la compañía OceanGate, se sumergió en las profundidades del océano Atlántico para explorar las mediáticas ruinas del Titanic. Y lo que en un principio parecía una simple expedición terminó siendo una pesadilla con terribles consecuencias. La tragedia ocurrió en el 2023, cuando el sumergible desapareció misteriosamente con cinco personas a bordo, en un suceso que impacto al mundo. A bordo del Titán iban cinco pasajeros, entre ellos: el multimillonario e inglés Hamish Harding, el rico empresario británico-pakistaní Shahzada Dawood y su hijo Suleman, de 19 años, el explorador francés Paul-Henri Nargeolet y el fundador de OceanGate y piloto del submarino, Stockton Rush. El 18 de junio de 2023, medios de comunicación de todo el mundo comunicaban la desaparición del submarino. El tiempo era decisivo para rescatar con vida a los pasajeros, pero las horas y los días pasaban mientras toda esperanza se reducía. Con los días se confirmó lo inevitable, el submarino Titán sufrió una implosión y las cinco personas murieron al instante. Ahora, la plataforma de streaming Netflix ha incorporado a su catálogo el pasado miércoles 11 de junio 'Titan: The OceanGate Disaster', un documental que indaga la tragedia alrededor del submarino. A partir de los relatos de testimonios, imágenes, datos inéditos y análisis de expertos, la producción busca esclarecer los motivos del accidente, los fallos y las desacertadas decisiones que desencadenaron aquel trágico final. Con una duración de 1 hora y 50 minutos y bajo la dirección de Mark Monroe, el documental recrea cronológicamente los hechos desde los momentos previos a la tragedia hasta concluir con el terrible encuentro de los restos del submarino. "Estoy convencido, basándome en la investigación y las conversaciones que he tenido, de que el sumergible Titán podría haber implosionado en cualquier momento", aseguraba el director de la producción, Mark Monroe. Además, subrayaba que "fue impactante" que el Titán alcanzara tantas inmersiones exitosas. El documental gira en torno a la responsabilidad del codicioso empresario Stockton Rush y plantea hasta qué punto se le puede considerar culpable de los hechos. "Él creía completamente en lo que estaba haciendo y en que funcionaría", apuntaba uno de los entrevistados. Y es que el documental también se adentra en la mente del billonario y CEO de OceanGate, en su “frenética búsqueda de llevar la experiencia de inmersiones oceánicas como una atracción turística, a cualquier precio”, según la sinopsis oficial. Asimismo, el documental apunta las advertencias que fueron subestimadas y cómo la compañía ignoró las preocupaciones de los técnicos e ingenieros en torno a la seguridad del sumergible. Aunque el documental profundiza (nunca mejor dicho) en los aspectos técnicos de la implosión del Titan —incluyendo su controvertida construcción en fibra de carbono, vulnerable a la presión de las profundidades—, también dirige la mirada hacia Rush, retratado por varios testimonios como una persona “arrogante” y de “mal carácter”. “Trabajé para alguien que probablemente está al borde de ser un psicópata clínico. Sin duda, un narcisista”, afirma Tony Nissen, exdirector de ingeniería de OceanGate, en una de las declaraciones más contundentes del documental. “¿Cómo se puede gestionar a alguien así cuando además es el dueño de la empresa?”. En el documental, se describe a Stockton Rush como alguien con un "origen privilegiado", procedente de una fortuna familiar heredada durante generaciones; en su árbol genealógico figuran dos firmantes de la Declaración de Independencia. Algunos de los entrevistados recuerdan que Rush aspiraba a convertirse en una especie de explorador multimillonario al estilo de Jeff Bezos o Elon Musk, aunque con la mirada puesta en los océanos de la Tierra en lugar de Marte. “Big swinging dicks” (una expresión vulgar para referirse a hombres poderosos y dominantes) era una frase que a Rush le gustaba repetir en voz alta y con frecuencia, y convertirse en uno de ellos era un objetivo explícito para él. (Rush no era multimillonario, pero sí tenía dinero de sobra para gastar). Joseph Assi, un videógrafo contratado por Rush para documentar las expediciones de OceanGate, cuenta que una de las filosofías personales de Rush era que “la accesibilidad es propiedad”. Como dice Assi en el documental: “Si hay una pequeña isla en medio del océano, y tú eres el único que puede acceder a ella, no importa de quién sea, tú tienes el control porque tienes la capacidad de llegar hasta allí. Y él realmente creía en eso”. Rush también llegó a declarar abiertamente que si quería “podía comprar a un congresista”, algo que alarmó a muchos empleados de OceanGate. Rob McCallum, un consultor, recuerda en el documental: “Stockton dijo que había decidido que no veía necesaria la certificación ni la supervisión de terceros. Me levanté y dije: ‘Lo siento, no puedo formar parte de esta conversación, ni tampoco estar vinculado con OceanGate o con este vehículo de ninguna manera’. Y me fui. Tenía a todos los contactos del sector de los sumergibles diciéndole que no lo hiciera. Pero una vez que empiezas por el camino de hacerlo todo por tu cuenta, y te das cuenta de que te equivocaste desde el principio... tienes que admitir que estabas equivocado. Y eso es un trago difícil de tragar”. Rush también es descrito como alguien con una actitud insensible hacia sus empleados, negándose a asumir la responsabilidad por sus errores. Por ejemplo: en el 2016, Rush y OceanGate organizaron una expedición al SS Andrea Doria. El viaje estuvo a punto de acabar en desastre luego de que Rush llevara el sumergible a una zona peligrosa; David Lochridge, director de operaciones marinas de OceanGate y piloto con más experiencia, tomó el control y logró que todos regresaran a la superficie sanos y salvos. Aunque Rush agradeció a Lochridge, su actitud hacia él se volvió distante, excluyéndolo posteriormente de comunicaciones importantes. Finalmente, Rush lo despidió en una tensa reunión cuya grabación de audio se escucha en la película. Más tarde, Rush sugirió ascender a otra empleada de OceanGate, Bonnie Carl, para reemplazar a Lochridge como nueva piloto principal. Pero Carl era contable, dirigía el departamento de recursos humanos y no tenía ninguna experiencia como piloto de sumergibles. En resumen, la nueva incorporación de Netflix no solo expone la ética y la importancia de priorizar la seguridad ante la ambición, sino que también objeta el infame papel de Stockton Rush y su deseo de transformar el turismo subacuático para su propio beneficio, y que al final, le costó la vida.
La patética imagen de Lindsey Graham, senador estadounidense por Carolina del Sur, y Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea, sonriendo a una cámara en Bruselas el 2 de junio, vale más que mil palabras. Graham es uno de los belicistas más radicales de Washington D. C., y la competencia es bastante dura. Desde que se convirtió en miembro del Congreso de los Estados Unidos hace más de 30 años (una vez dentro, los políticos estadounidenses rara vez son destituidos), ha dedicado su carrera a defender vehementemente la guerra. Sus comentarios a menudo no solo son beligerantes, sino también sádicos, como cuando publicó recientemente que esperaba que “Greta Thunberg supiera nadar”, lo que significa que esperaba que el barco que partió de Sicilia el pasado domingo rumbo a Gaza con la misión de romper el bloqueo marítimo y entregar a sus residentes ayuda humanitaria, fuera torpedeado por los criminales sionistas quienes masacran diariamente a la población civil con la complicidad de los gobiernos europeos a quienes no les importa el terrible sufrimiento al que se encuentran sometidos. Bromear sobre un ataque a un barco de ayuda civil que transportaba a una joven activista civil (que al final fue interceptado por los sionistas y sus tripulantes expulsados) es repugnante, y típico de Graham. Al igual que su viejo amigo, el difunto senador John McCain, Lindsey Graham está obsesionado con la idea de una guerra con Rusia. Lleva impulsando esta idea desde al menos el 2014. En el 2016, les dijo a los soldados ucranianos: “Su lucha es nuestra lucha”. La presencia de Graham en Bruselas es, por lo tanto, significativa. De otro lado, desde el nombramiento de von der Leyen en el 2019, se ha consolidado como la principal imagen pública de las instituciones bruselenses. Hace seis años, declaró su deseo de convertir la Comisión Europea en un organismo geopolítico, aunque no tenga ninguna función en política exterior ni militar. Desde entonces, no ha hecho más que pavonearse en la escena internacional. Es una de las figuras europeas más agresivas y antirrusas, afirmando absurdamente , al igual que el ministro de Asuntos Exteriores francés, Bruno Lemaire, “que las sanciones de la UE han hundido la economía rusa” lo cual para su desaliento, no es cierto. La alianza Graham-von der Leyen es, por lo tanto, natural: contra Donald Trump. Los políticos europeos suelen ser bastante explícitos al considerar que “Trump es ahora el enemigo”. Lo mismo ocurre con Lindsey Graham. La semana pasada, en Kiev, Graham cuestionó explícitamente la autoridad de Trump para decidir la política exterior estadounidense. Atacó duramente la idea misma de negociar con Rusia - tal como Zelenski hizo con Vance en el Despacho Oval en febrero - y afirmó que el presidente de Estados Unidos no manda. "En Estados Unidos, hay más de una persona en la mesa de juego. Tenemos tres ramas del gobierno", lo que significa que el Senado “pronto impondría sus propias sanciones a Rusia, independientemente de lo que haga el ejecutivo”. El proyecto de ley presupuestaria de Graham, presentado en febrero, pretende gastar aún más dinero en el ejército estadounidense -como si eso fuera posible -, lo que significa que está movilizando al Estado Profundo estadounidense para contraatacar tras el impacto inicial de la reelección de Trump. Mientras tanto, la determinación de los europeos de continuar la guerra es existencial. Su rusofobia, que se remonta al menos a las elecciones presidenciales rusas del 2012, cuando Vladimir Putin regresó al Kremlin, es extrema porque su "Europa" se define por su hostilidad hacia Rusia. Rusia es "la otra Europa" que la UE no quiere ser y contra la que se define. Es más, Von der Leyen y otros belicistas quieren usar la guerra contra Rusia para federalizar Europa y crear un solo estado. Mientras tanto -afirman - “la política de Trump hacia Rusia se basa en marginar a Europa”. Cuando e presidente estadounidense anunció por primera vez las conversaciones con los rusos, los líderes de la UE exigieron un lugar en la mesa, pero fracasaron y no fueron tomados en cuenta para nada. Las conversaciones entre Estados Unidos y Rusia se celebraron fuera de Europa, en Riad, mientras que las conversaciones entre Rusia y Ucrania, a las que la UE se opone vehementemente, se están celebrando fuera de la UE, en Constantinopla. No olvidemos la furia con la que los líderes de la UE se opusieron a dialogar con Rusia. Cuando Viktor Orbán viajó a Kiev y Moscú el pasado julio, Ursula von der Leyen denunció su "apaciguamiento" . El entonces jefe diplomático de la UE declaró en un comunicado oficial que la UE "excluye los contactos oficiales entre la UE y el presidente Putin". En esa misma línea, el ministro de Asuntos Exteriores francés declaró en febrero que si el canciller ruso Serguéi Lavrov lo llamaba por teléfono, no respondería. ¡Ahora, estas mismas personas afirman que quieren "obligar" a los rusos a venir a dialogar! La política de la UE hacia Rusia está ahora en ruinas. Por eso, al igual que Graham, están decididos a detener a Trump. Sus intentos han sido cada vez más desesperados y ridículos. El 12 de mayo, Kaja Kallas y otros líderes de la UE afirmaron que Rusia "debe aceptar" un alto el fuego antes de iniciar cualquier negociación. A los tres días, estas comenzaron de todos modos. Gran Bretaña también intentó frustrarlas afirmando que era " inaceptable" que Rusia exigiera el reconocimiento de las regiones "anexadas”, lo cual resulta extraño considerando que Gran Bretaña no participa. Por lo tanto, la credibilidad europea está es nula. En marzo, el primer ministro británico declaró que los planes de enviar tropas británicas y francesas a Ucrania habían entrado en "fase operativa". Estaban listas, afirmó, “para proteger la seguridad de Ucrania” entrando directamente en la zona de guerra. Para abril, como era de esperar, estos planes se habían abandonado. El 10 de mayo, los líderes europeos amenazaron a Rusia con "sanciones masivas" si no aceptaba un alto el fuego de inmediato. Rusia no aceptó el alto el fuego y, sin embargo, no se han impuesto esas "sanciones masivas". El 14 de mayo se anunció un decimoséptimo paquete de sanciones, pero fue tan débil que Hungría y Eslovaquia, que se oponen a la política general de la UE, lo dejaron pasar. En cualquier caso, el decimoséptimo paquete claramente no tenía nada que ver con el ultimátum, ya que este tipo de sanciones requiere mucho tiempo de preparación. De hecho, eso era lo que Lindsey Graham estaba tratando en Bruselas. De esta manera, tanto la UE como el Reino Unido se han marginado con su fanfarronería sin sentido. Saben perfectamente que no pueden operar sin los estadounidenses. ¿Pero qué estadounidenses? La afirmación de que la Casa Blanca desconocía el reciente ataque con drones ucranianos a aeródromos rusos bien podría ser cierta: el Estado Profundo estadounidense, encarnado por sujetos como Graham - al servicio del complejo militar-industrial que fomentan las guerras en el mundo para multiplicar sus ganancias con la venta de armas - claramente intenta socavar al ejecutivo. Tanto Lindsey Graham como el exdirector de la CIA, Mike Pompeo, estuvieron en Ucrania pocos días antes del ataque a los aeropuertos rusos en el Ártico que no provoco grandes daños a pesar que la prensa occidental dentro de su guerra de propaganda, quiso presentarlo así. El objetivo político del ataque con drones era, obviamente, frustrar las conversaciones programadas para el día siguiente en Constantinopla, o provocar una respuesta masiva de Rusia y arrastrar finalmente a Estados Unidos a la guerra. Incluso si el ataque no logro estos objetivos, claramente marca la pauta para la futura insurgencia ucraniana que, según esperan funcionarios estadounidenses y europeos, convertirá a ese país en un “Afganistán” para Rusia, el mismo país donde como recordareis, los Estados Unidos fueron humillados por los talibanes, quienes los hicieron huir con el rabo entre las piernas, tal como sucedió décadas atrás en Vietnam. Se sabe además que el Estado Profundo estadounidense está dispuesto a asumir un papel a largo plazo. También lo son los europeos. El 9 de mayo, Día de Europa, los líderes europeos confirmaron su intención de establecer un Tribunal Especial para el crimen de agresión, para procesar a Rusia por el Operativo Militar Especial en Ucrania a partir de febrero del 2022, para salvar a la minoría prorrusa de un genocidio a manos del régimen fascista de Kiev. Cabe precisar que los Estados de Europa Occidental ya son los principales financiadores de la Corte Penal Internacional - cuyo fiscal es británico - y está al servicio de sus intereses. No es de sorprender por ello, que esa CPI acusó a líderes rusos, incluido Vladimir Putin, en el 2023 y el 2024 por varios cargos muy sorprendentes. (Ursula von der Leyen siguió mintiendo sobre los "20.000 niños secuestrados" al día siguiente de que los ucranianos entregaran a los rusos una lista de 339 niños desaparecidos). Ahora, los europeos pretenden abrir un nuevo frente en su guerra “legal” - que de ello no tiene nada - contra Rusia. Un Tribunal Especial de este tipo, de llegar a existir, desgarraría cualquier acuerdo de paz, al igual que la aceptación por parte de Ucrania de la jurisdicción de la CPI en el 2014 y el 2015 cuando anuló el acuerdo de Minsk de febrero del 2015. Por un lado, Ucrania solicitó a la CPI que procesara a funcionarios rusos y a "terroristas" del Donbás; pero por otro, reconoció en Minsk que la insurgencia del Donbás era un problema interno de Ucrania y descartó cualquier procesamiento o castigo (artículo 5 del acuerdo de Minsk de febrero del 2015 ). No es posible llegar a un acuerdo de paz con un país y, al mismo tiempo, establecer un Tribunal Especial cuyo único propósito sea criminalizarlo. Por lo tanto, la creación de este Tribunal, que presumiblemente seguirá existiendo durante más de una década, al igual que los tribunales ad hoc para Yugoslavia y Ruanda, no es más que una bomba de relojería institucional euroestadounidense diseñada para hacer estallar en el futuro cualquier acuerdo que ambas partes puedan alcanzar a corto plazo. El futuro de la decadente Europa depende de ello.
Como sabéis, la película de 1975 Jaws (Tiburón) tuvo un impacto significativo en la percepción pública de los tiburones, en gran parte negativa. La película presentaba a un gran tiburón blanco rebelde como un devorador de hombres feroz e insensato, imagen que ha persistido en la cultura popular hasta nuestros días y que se ha dado en llamar como Efecto Tiburón En efecto, la representación de estos escualos como temibles depredadores que atacan a los humanos sin razón aparente generó un miedo generalizado a los tiburones, y mucha gente aún cree que todos los tiburones son peligrosos para los humanos, cuando no es cierto, Sin embargo, en California, la película dio lugar a matanzas de esas criaturas ya sea por venganza, torneos de tiburones blancos y una pesquería comercial que, junto con la captura incidental en una pesquería con redes de enmalle, casi extinguió por completo la población de tiburones blancos en la costa oeste de Norteamérica. Es importante destacar que la representación negativa de los tiburones en Jaws ha tenido consecuencias reales. Los pescadores deportivos capturan y exhiben tiburones sin importarles la crueldad. Los navegantes costeros, ignorantes sobre el verdadero comportamiento de los tiburones y su riesgo relativo, les tienen un miedo excesivo, y esta percepción puede generar políticas públicas excesivamente reactivas en caso de un (raro) ataque a un humano. La actitud general hacia los tiburones ha llevado de una indiferencia general y una mala gestión de los tiburones en las pesquerías a una difamación absoluta de estos depredadores de ápice. Por ejemplo, la pesca de tiburones y el aleteo se han convertido en problemas importantes que enfrentan las poblaciones de tiburones a nivel mundial y, como resultado, muchas especies de tiburones enfrentan enormes disminuciones poblacionales con poca atención pública. Además, la percepción negativa de los tiburones ha dificultado que los esfuerzos de conservación ganen impulso en algunas áreas, ya que muchas personas se muestran reacias a apoyar medidas para protegerlos. Al principio, cuando le preguntaron si se arrepentía de haber hecho Jaws las consecuencias que tuvo, Stephen Spielberg dijo que fue una película difícil de hacer, especialmente con el tiburón mecánico de 7,6 metros, "Bruce", utilizado a lo largo de la película como personaje principal. La considera una de sus películas más personales y exitosas, y reconoce que la emblemática banda sonora de John Williams jugó un papel fundamental en la creación del suspenso y la tensión de la película. Lamentablemente, frases concisas como “Nunca volverás a entrar en el agua”, junto con la siniestra banda sonora de William, jugaron con el miedo innato de muchas personas hacia estos animales salvajes, lo que generó miedos irracionales y a menudo generó un comportamiento humano peligroso para los tiburones. Cabe precisar que más de 500 especies de tiburones no representan un peligro para los humanos, y solo unas pocas se han visto involucradas en ataques graves o mortales contra personas. De hecho, muchas especies de tiburones están en peligro de extinción, con más del 70 % de todos los tiburones y rayas exterminados por la pesca. Sin embargo, desempeñan un papel crucial en el mantenimiento de la salud de los ecosistemas oceánicos. Por muchas razones, Jaws es una gran película con un guion excelente, un drama brillante y un elenco que nos ayudó a sentir miedo, pero la mayoría de la gente no ve el comportamiento ficticio e incluso cómicamente irreal del tiburón mecánico, y en cambio se centra en el factor miedo generado por Spielberg y el elenco. Tras la filmación de la película, Peter Benchley, el autor de la novela de la que se derivó el guion, lamentó la representación de los tiburones y la reacción negativa que generó su libro y la película posterior. Benchley pasó el resto de su carrera escribiendo novelas que representaban a los tiburones en un papel más favorable y trabajando activamente para protegerlos. Sin embargo, pasaron casi cinco décadas antes de que Spielberg finalmente admitiera que no podía evitar sentirse un poco responsable por el estereotipo negativo que inspiró Jaws. El éxito de la película generó varias secuelas y toda una industria y programación televisiva, incluidos los episodios Shark Week de Discovery Channel y el Shark Fest de National Geographic. Por cierto, desde 1970, la abundancia de tiburones y rayas oceánicos ha disminuido en más del 70% como resultado de un aumento de la presión pesquera, según un estudio de Nature realizado en el 2022. Como resultado de la pesca indiscriminada de estas especies, el riesgo de extinción global ahora afecta a tres cuartas partes de las especies de tiburones y rayas. El miedo irracional a los tiburones, nuestra desconexión general con ellos y el mito de los devoradores de hombres generado por la atención mediática cada vez que ocurre un ataque de tiburón no han ayudado a protegerlos. A 21 años de su publicación y poco antes de su muerte en el 2006, Peter Benchley, el autor de Jaws, recordó: Hoy no podría escribir Tiburón. El amplio conocimiento que tengo sobre los tiburones me impediría crear, con la conciencia tranquila, un villano de la magnitud y malignidad del original. En el 2022, Spielberg siguió el ejemplo de Benchley. "Esa es una de las cosas que todavía temo. No que me coma un tiburón, sino que los tiburones estén furiosos conmigo por el frenesí de los pescadores deportivos luego de 1975", declaró el cineasta durante una entrevista en el programa Island Discs de la BBC. "Al día de hoy, lamento la destrucción de la población de tiburones a causa del libro y la película. Lo lamento de verdad" expreso. Aunque Jaws fue una película de gran éxito y dio origen a todo un subgénero, su representación de los tiburones como peligrosos devoradores de hombres dista mucho de la realidad y ha tenido un impacto duradero en la percepción pública de estos fascinantes animales. Actualmente, se ha desarrollado una nueva tendencia en redes sociales: cineastas y fotógrafos buscan tiburones y los representan como los hermosos animales que son. A décadas de la publicación del libro y la filmación de la película, grupos apasionados por la conservación de tiburones como Shark Stewards educan al público para que no les teman, sino que teman por ellos, y trabajen para protegerlos de su extinción.