Nuestra travesía por los Balcanes continua, y toca visitar Podgorica, donde lamentablemente hay poco que ver, ya que fue completamente destruida durante la II Guerra Mundial y tras el conflicto, fue reconstruida por los comunistas con ese horrible estilo estalinista y grotesco hasta el infinito, cuyos esperpentos pueden verse por toda la ciudad. Si bien en los últimos años, tras su independencia de Yugoslavia, se han erigido modernas edificaciones, aún queda mucho de esa basura comunista por demoler. Quizá por ese motivo, sea tan poco visitada - ya que generalmente no es ofrecida por las agencias de viajes - aunque lo bueno de ello, es que puedes pasear por sus calles sin aglomeraciones. Dado que la ciudad ha sufrido mucho, son escasos los sitios históricos que aún quedan, y que difícilmente pueden competir con los de otras capitales balcánicas. Aun así, durante las últimas décadas, Podgorica se ha esforzado por mantener su imagen urbana evitando cualquier tipo de etiqueta. Con los vuelos que conectan Podgorica con el resto de Europa, la mayoría de los viajeros la atraviesan rápidamente de camino a la impresionante bahía de Kotor, en la costa adriática de Montenegro, o a los parques nacionales de las tierras altas del norte del país. Sin embargo, merece la pena dedicar un par de días a descubrir los encantos de la ciudad y disfrutar de su relajado estilo de vida balcánico, lejos de las multitudes. Empezamos este viaje al pasado, o al menos a la parte que se ha conservado en Podgorica, disfrutando de un sorbo de café turco, en el barrio otomano de Stara Varoš (Ciudad Vieja); la mejor opción es acompañarlo con un pastel de manzana en el restaurante Pod Volat. Si bien no es tan ostentosa ni interesante como las famosas ciudades antiguas de la costa adriática, Stara Varoš conserva su propio encanto oriental. Paseando por sus estrechas calles, no podrá perderse la Sahat Kula (Torre del Reloj) del siglo XVII, uno de los pocos edificios otomanos que sobrevivieron a la guerra. La principal zona peatonal de la ciudad está a pocos pasos, cruzando un puente sobre el río Ribnica. Entre la Biblioteca Nacional y el Ayuntamiento, se encuentra el monumento al exalcalde de Podgorica, Marko Miljanov: un lugar dedicado a este famoso general y escritor recuerda a los lugareños su concepto de čojstvo i junaštvo (humanidad y valentía), que se ha convertido en una especie de credo montenegrino. Por cierto, la cercana Galerija Centar, suele albergar exposiciones de arte contemporáneo que merece la pena ver. Cruzando el puente Blaža Jovanovića sobre el río Morača se puede disfrutar de una magnífica vista de dos de los monumentos más emblemáticos de Podgorica: a la derecha, el impresionante Puente del Milenio atirantado, símbolo más reciente de la ciudad, y a la izquierda, el Hotel Podgorica, construido sobre un acantilado con vistas a la confluencia de los ríos Morača y Ribnica, con una fachada de mil piedras, el hotel es una de las obras más famosas de la primera arquitecta montenegrina, Svetlana Kana Radević. Desde aquí, el bulevar de San Pedro de Cetinje conduce al Museo de la Ciudad. Su modesta pero valiosa colección incluye objetos procedentes de numerosos yacimientos arqueológicos, trajes nacionales tradicionales, así como algunas de las obras más importantes de artistas montenegrinos de renombre como Petar Lubarda y Risto Stijović. Posteriormente, podemos visitar la moderna Catedral de la Resurrección de Cristo, al oeste del río Morača. Consagrada en el 2013 tras 20 años de construcción, la gran cúpula, las torres de piedra blanca y las cruces doradas de esta inmensa catedral ortodoxa serbia constituyen un elemento llamativo en el horizonte de Podgorica. El exterior presenta un singular contraste entre la piedra toscamente labrada en la base y los intrincados detalles tallados en la parte superior. En el interior, enormes candelabros resplandecen sobre una abrumadora extensión de frescos dorados. Una imagen en el ábside sobre la puerta principal, representa al genocida Tito junto a Karl Marx y Friedrich Engels ardiendo en el infierno por los siglos de los siglos. Ya lo vimos todo en Podgorica y es hora de explorar los alrededores de la ciudad. Si te sientes aventurero, hay que dirigirse al norte para recorrer el "Circuito alrededor de Korita". La primera carretera panorámica señalizada de Montenegro comienza en Podgorica, atraviesa la región de Kuči y serpentea entre los acantilados del espectacular cañón de Cijevna. Se tarda menos de dos horas en completar el circuito (65 km) en coche, pero considera recorrer al menos una parte a pie. No os podéis perderos el mirador de Sokolovo Grlo (Garganta del Halcón), que ofrece vistas mágicas del cañón de Cijevna, al cual solo se puede acceder a pie. Luego los extensos viñedos de Plantaže. Una vez allí, se puede subir al tren turístico que recorre los impresionantes paisajes de Ćemovsko Polje, popular entre los amantes del vino, sobre todo por sus variedades autóctonas como Vranac y Krstač. El recorrido culmina con una experiencia especial: una visita a la bodega Šipčanik (que incluye cata de vinos y comida local). Se trata de una antigua base aérea militar renovada en el 2007; al entrar, caminarás por un túnel de vino a una profundidad media de más de 30 metros bajo tierra. Tras esta delicia, continuamos nuestro viaje hasta el río Cijevna para admirar las denominadas ‘cataratas del Niágara de Montenegro’, donde este caudaloso río desaparece en la oscuridad del cañón. Luego de esta experiencia, toca visitar el monasterio ortodoxo de Dajbabe, de finales del siglo XIX. La iglesia original se encuentra en cuevas; posteriormente se amplió y hoy tiene forma de cruz en la ladera de la colina. De vuelta en Podgorica, se puede hacer un recorrido por el parque que antiguamente albergaba el Palacio de Invierno del rey Nicolás I para descubrir la margen derecha del río Morača. Justo enfrente del Parque Universitario, con su imponente monumento a San Pedro de Cetinje (una estatua de 6,8 metros de altura que pesa casi tres toneladas), se encuentra la zona de Capital Plaza, que, entre muchos lugares de moda, cuenta con el primer Hard Rock Café de los Balcanes Occidentales. Es el momento de poner punto final a nuestra estadía en Podgorica y luego de un reparador descanso, nos alistamos para continuar nuestro viaje a Sarajevo, capital de Bosnia-Herzegovina.