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miércoles, 26 de agosto de 2026

CANADÁ: Dólar por dólar

A seis meses de sufrir un importante revés judicial en el Tribunal Supremo contra los aranceles indiscriminados por decreto, Donald Trump han vuelto a retomar la guerra comercial como herramienta de política exterior. El enemigo elegido es el vecino Canadá (al cual sueña con convertirlo en el Estado 51 de los EE.UU.). Esto ha tenido como consecuencia una dura respuesta por parte de Ottawa, donde el Primer Ministro Mark Carney ha decidido contratacar a los exorbitantes aranceles impuestos a productos canadienses por la Casa Blanca, con medias similares que afectaran a las importaciones estadounidenses y que entraran en vigor este 8 de septiembre, con nuevos gravámenes sobre el acero, los productos lácteos, los electrodomésticos y la electrónica. Canadá denuncio además que Washington introdujo exigencias inaceptables en el último momento, entre ellas, la abolición del uso del francés en el etiquetado, una ofensa gratuita que ha tocado el orgullo nacional, y la exigencia de acceso inmediato a los minerales 'raros' canadienses. Como sabéis, Trump respondió a Canadá tras el fracaso de las negociaciones en Washington el pasado viernes. En sus primeras declaraciones públicas, este escribió en las redes sociales: "¡Canadá quiere los beneficios de ser un Estado, sin serlo!". “Además, durante muchos años, han cobrado a nuestros grandes agricultores aranceles exorbitantes”, añadió. “¡Basta ya!” Sus declaraciones se produjeron luego de que Estados Unidos impusiera aranceles del 50% a productos canadienses por valor de 20.000 millones de dólares (14.600 millones de libras esterlinas), mientras que Carney prometió igualarlos "dólar por dólar". Los aranceles estadounidenses entraron en vigor el último sábado e incluyen productos que van desde palos de hockey hasta bajalenguas. Los expertos en comercio han pronosticado que los aranceles podrían provocar la pérdida de miles de empleos, pero se espera que el mayor impacto sea político, generando nuevas tensiones entre los países vecinos. Ambas partes se culparon mutuamente del fracaso de las negociaciones. Carney declaró a periodistas canadienses que el país estaba "en guerra" comercial con Estados Unidos, luego de que Trump "cometiera un error de cálculo" al intensificar su ofensiva arancelaria. “Cuando te atacan, estás en guerra, y nos atacaron”, declaró el primer ministro canadiense a los periodistas en Ottawa. “No podemos aceptar lo que nos han ofrecido y no daremos lo que nos han pedido” añadió. En tanto, Jamieson Greer, representante comercial de Estados Unidos, afirmó que el país se vio obligado a actuar “tras un año de represalias por parte de Canadá” repitiendo al pie de la letra la cantaleta de Trump. En declaraciones al programa Fox & Friends Weekend, dijo: “Ya hemos dicho basta y, por lo tanto, hemos tomado contramedidas. Nuestro interés radica en proteger a los trabajadores estadounidenses y las cadenas de suministro estadounidenses” aseveró. Por su parte, Dan Kelly, presidente de la Federación Canadiense de Empresas Independientes, estimó que el 40% de los pequeños exportadores canadienses se verán directamente afectados por los aranceles estadounidenses, y que casi un tercio prevé que sus ingresos disminuyan en un 50% o más como consecuencia. La escalada de la tensión también provocó la indignación de los legisladores demócratas y de los gobernadores de los estados estadounidenses que limitan con Canadá, incluidos Minnesota, Nueva York y Washington. La gobernadora de Nueva York, Kathy Hochul, publicó en X: “Provocar conflictos innecesarios con nuestros aliados y subir los precios aquí en casa. Esa es la política económica de Trump en pocas palabras”. Por su parte, la senadora de Minnesota, Amy Klobuchar, afirmó que los nuevos aranceles supondrían "mayores costes para las pequeñas empresas, los agricultores y todas las familias de Minnesota". Ella escribió en X: “Canadá es el principal socio comercial de Minnesota. Los habitantes de Minnesota están pagando por el caos de Trump”. Carney, quien anteriormente se desempeñó como gobernador del Banco de Inglaterra, fue elegido primer ministro de Canadá el año pasado luego de hacer campaña para liderar una contraofensiva contra Trump, quien no oculta su enfermizo deseo de querer convertir a Canadá “en el Estado número 51”. Este lunes, Trump echo leña al fuego al anunciar gravámenes también del 50% sobre los vehículos y el acero fabricados por el vecino. Por lo visto, año y medio de caos comercial mundial no parece haber convencido a la Casa Blanca de las contraindicaciones de esta política. Como era de esperar, tras las nuevas amenazas de Trump las acciones de las automovilísticas estadounidenses caían en Bolsa. Esta escalada también ha puesto en entredicho el futuro del acuerdo comercial norteamericano entre Estados Unidos, Canadá y Méjico, conocido como T-MEC. El pacto, firmado por Trump durante su primer mandato, regula el comercio anual de bienes y servicios entre los tres países por un valor aproximado de 2 billones de dólares. Trump se negó a renovar el T-MEC este verano, luego de que Canadá y Méjico solicitaran formalmente su prórroga por otros 16 años. Cuando se le preguntó cómo afectaría el fracaso de las negociaciones comerciales entre Estados Unidos y Canadá al T-MEC, Carney dijo que "sin duda no eran buenas noticias". Nadie duda que la retórica y la política comercial cada vez más agresivas de la administración Trump han dañado las relaciones entre Estados Unidos y Canadá, y el turismo también se ha visto afectado: hubo una caída del 21% en el número de canadienses que ingresaron al estado de Nueva York en el 2025 y 3 millones menos de visitas en comparación con el año anterior. Además, una petición para expulsar del país al embajador de Estados Unidos en Canadá, Pete Hoekstra, ha reunido alrededor de 248.000 firmas desde finales de julio, según Associated Press. Cabe precisar que el desastroso fracaso de las negociaciones comerciales entre Canadá y Estados Unidos es una advertencia para las naciones de todo el mundo de que cualquier intento de diálogo con la actual administración estadounidense está condenado al fracaso desde el principio, según observadores que afirman que este reciente episodio indica que buscar un acuerdo justo es inútil. Andrea Lawlor, profesora asociada de ciencias políticas en la Universidad McMaster de Ontario, dijo: “Independientemente de la cercanía de la relación histórica, la administración estadounidense ha dado señales de que ahora prioriza sus intereses por encima de los de algún tipo de coordinación o armonía económica global. “Da la sensación de que estas conversaciones fracasaron. Sin embargo, no estoy seguro de que realmente se pudiera haber logrado un éxito.” Los dos países se encuentran ahora inmersos en una creciente guerra comercial luego de que semanas de negociaciones urgentes fracasaran poco antes de la fecha límite de las 12 a. m. EST (5 a. m. BST) del sábado. Trump anunció inicialmente los aranceles el 20 de julio, alegando que Canadá “había discriminado injustamente a las empresas estadounidenses”. El ejemplo clave que ofrece la Casa Blanca es la prohibición canadiense de la venta de alcohol estadounidense en ocho de sus diez provincias y en sus tres territorios. La retirada de licores, vinos y cervezas estadounidenses de los estantes entró en vigor tras la primera ronda de aranceles que Trump impuso a Canadá a principios del 2025. El fracaso de las negociaciones fue toda una sorpresa. Trump había afirmado previamente que se concedería una prórroga de tres días al plazo para la imposición de aranceles, ya que el acuerdo estaba prácticamente firmado. El pasado miércoles, declaró a la prensa que se había alcanzado un acuerdo "muy justo para ambas partes". Pero a medida que los detalles del acuerdo comenzaron a filtrarse a los medios canadienses, creció la preocupación de que Carney y sus negociadores estuvieran cediendo demasiado a cambio de aranceles más bajos para el acero, el aluminio y los automóviles. El primer ministro de Manitoba, Wab Kinew, y su homólogo de Nueva Escocia, Tim Houston, confirmaron que Carney había pedido a las provincias que volvieran a poner a la venta el alcohol estadounidense para sellar el acuerdo comercial. Kinew declaró a la prensa que, en su opinión, Canadá debería "luchar" contra Trump y que "no se puede llegar a un buen acuerdo con una mala persona". Animó a los canadienses a evitar comprar alcohol estadounidense, incluso si los primeros ministros estatales accedieran a volver a ponerlo a la venta. Fuentes consultadas por la Canadian Broadcasting Corporation (CBC) indicaron que el exjefe negociador comercial de Canadá, Steve Verheul, advirtió durante la llamada que las concesiones ahora solo conducirían a mayores exigencias por parte de los estadounidenses en el futuro. Este año, una encuesta realizada por The Globe and Mail reveló que solo el 9% de los canadienses consideraba a Estados Unidos un "aliado de confianza", y que el 51% de los encuestados había cancelado viajes a Estados Unidos en respuesta a los groseros y altisonantes comentarios de Trump hacia Canadá. Estas medidas amenazan con alimentar aún más la inflación, que ya de por si es alta. Una de las razones para la impopularidad de Trump es la percepción generalizada de que su Administración se lanza a guerras sin objetivos claros, militares y comerciales, que pagan los ciudadanos en la cesta de la compra. Lo que está en juego no es únicamente una cuestión económica. Es, sobre todo, una cuestión de soberanía y de respeto de EE. UU. a quienes formalmente son “sus aliados” pero que, en la práctica, los trata como a enemigos. De un desequilibrado mental como Trump, se puede esperar lo peor...
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