No cabe duda que el Criminal de Guerra Benjamin Netanyahu volvió a hacer uno de sus acostumbrados show mediáticos el pasado fin de semana, esta vez en la ONU, para acusar a Irán de tener un almacén nuclear secreto en Teherán, intentando con ello promover un ataque militar contra ese país, pero que al mismo tiempo se niega a abrir sus propios arsenales a la Agencia Internacional para la Energía Atómica (AIEA) tal como es reclamado insistentemente por la comunidad internacional. Como sabéis, Israel - la entidad sionista que ocupa ilegalmente desde el año 1948 los territorios palestinos - es el único régimen en el Medio Oriente que posee un secreto nuclear no declarado programa de armas, incluido un arsenal atómico que es una amenaza real a la paz mundial. En efecto, a pesar de años de vomitiva propaganda sionista en contra de Irán, no fue ese país el que introdujo las armas nucleares en Oriente Medio, sino Israel. La diferencia es que la república islámica había firmado el Tratado de No Proliferación - que prohíbe la producción de armas nucleares - e Israel, no. En su hipocresía, los sionistas alegan que ello va “en contra de su seguridad nacional” (?). Netanyahu esta empeñado en “demostrar” al mundo que Irán está engañando a las potencias occidentales y a los inspectores del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA). Justo lo que hizo Israel en los años 60 con la central de Dimona, donde creó una sala de control falsa para engañar a los inspectores y ocultar su objetivo real de hacerse con la bomba nuclear, según contó el periodista Seymour Hersh en su libro The Samson Option (1991). Desde que lo consiguió, la política israelí ha sido clara: ni confirmar ni desmentir. Esta táctica forma parte de otra mucho más amplia, la conocida como Opción de Sansón. Esta es una estrategia de disuasión basada en represalias masivas en caso de que las defensas convencionales del Estado sionista fallen ante un ataque extranjero. Al no tener una doctrina nuclear transparente, Israel cree que la disuasión es más efectiva. Sin embargo, solo el nombre de su estrategia ya revela lo suficiente, ya que hace referencia a un personaje ficticio como Sansón, el cual según la Biblia, derribó los pilares del templo de los filisteos matándose a sí mismo y a los miles de enemigos que le habían capturado. En definitiva, Israel quiere disuadir a sus enemigos dejando claro que si le atacan, es capaz de provocar una destrucción absoluta. A pesar de que el programa nuclear de Israel es el secreto peor guardado del país, las autoridades siguen gestionándolo como tal. Estados Unidos, principal aliado de Israel, ha reconocido públicamente su existencia. El secretario de Defensa de George W Bush, Robert Gates, afirmó durante su sesión de confirmación en el Senado en el 2006 que Irán quiere la bomba nuclear porque está rodeado de potencias nucleares, "Pakistán al este, Rusia al norte, Israel al oeste y nosotros en el Golfo Pérsico". Además, en el 2013 Avraham Burg, expresidente del Parlamento israelí, recibió fuertes críticas por reconocer que Israel tiene armas químicas y nucleares. Pero hubo un momento en el que el proyecto nuclear israelí no era un secreto a voces. El vuelo de un avión espía en 1958 da a EEUU la primera pista de que algo está ocurriendo en Dimona, en el desierto del Neguev. Dos años después, EEUU pide explicaciones e Israel responde que se trata de una planta de investigación metalúrgica. La CIA no se lo cree y concluye unos meses después que Israel está construyendo una gran central nuclear subterránea. Kennedy presionó para frenar el proyecto nuclear israelí sin éxito. "Puedo asegurarle con total claridad que no introduciremos las armas nucleares en la región y que ciertamente no seremos los primeros en hacerlo", aseguró cínicamente Shimon Peres a la Administración estadounidense. Este compromiso terminaría convirtiéndose en la respuesta estándar israelí para las siguientes décadas. "Los peligros de la proliferación de armas nucleares por parte de Israel son tan evidentes que estoy seguro que no hay necesidad de repetirlo aquí", escribió el presidente John F. Kennedy al primer ministro israelí Ben Gurión en mayo de 1963. "Por esta preocupación, mi Gobierno ha buscado programar con ustedes visitas periódicas a Dimona […] Nos preocupan los efectos sobre la estabilidad mundial que podría conllevar el desarrollo del arma nuclear por parte de Israel" aseveró. Con el asesinato de Kennedy en Dallas - cuyos motivos reales siguen levantando gran controversia - en los EE.UU. ya nadie se preocupo en seguir denunciando esta potencial amenaza, adoptando una posición cómplice desde entonces con el sionismo. Luego de la guerra de 1967, Israel ya tenía la capacidad de producir una bomba con tan solo siete u ocho días de margen, según informó la CIA. En 1969, el presidente Richard Nixon se reunió con la primera ministra Golda Meir, a quien transmitió la siguiente idea: "Nuestra principal preocupación es que los israelíes no hagan una introducción visible de las armas nucleares ni lleven a cabo ensayos nucleares" evitando condenar abiertamente en todo momento al régimen sionista. Pero Israel tiene una forma peculiar de definir "introducción". En palabras de Isaac Rabin, entonces embajador israelí en Washington y años después primer ministro, “Israel no introdujo las armas nucleares en la región porque no hizo nada que sirviese al mundo para ser consciente de que había nacido una nueva potencia nuclear”. Rabin creía que era lícito contar con armas nucleares mientras no se hiciesen pruebas nucleares, se desplegasen esas armas o se hiciese pública su posesión. De acuerdo con el historiador Avner Cohen, Israel estuvo a punto de desplegar su arsenal nuclear durante el segundo día de la Guerra del Yom Kippur (1973), cuando los Altos del Golán estaban a punto de ser liberados por Siria, pero Golda Meir descartó finalmente el movimiento. De acuerdo con el Stockholm International Peace Research Institute (SIPRI), Israel tenía en el 2017 unas 80 cabezas nucleares. Como recordareis, en 1986, Mordechai Vanunu, un antiguo técnico nuclear israelí, dio a los medios británicos amplia información sobre el programa secreto de armas nucleares, dejando asimismo al descubierto el aval y complicidad de Washington a este régimen colonialista, asesino y profundamente peligroso para que posea armas de destrucción masiva. Pero poco antes de que The Sunday Times publicase la historia - el cual tratamos ampliamente en su momento - una agente del Mossad consiguió engañar a Vanunu y le convenció para viajar a Roma, ya que los sionistas no quería secuestrarlo en el Reino Unido “para no dañar sus relaciones” con Margaret Thatcher. A su entrada al hotel, varios agentes israelíes se abalanzaron sobre él, le inmovilizaron y le drogaron. Mientras tanto, el buque israelí INS Noga - camuflado como un barco mercante - inició su camino a las costas italianas. Anclaron en aguas internacionales y esperaron a la lancha en la que los agentes traían a Vanunu. Entonces el INS Noga partió de vuelta a Israel, donde fue sometido a brutales torturas por la Mossad para que se desdiga de sus acusaciones, pero no lo consiguieron. En 1988, el antiguo técnico nuclear fue condenado a 18 años de prisión. Salió de la cárcel en el 2004 y desde entonces ha sido arrestado en numerosas ocasiones por “violar las condiciones de su liberación” - entre las que se le prohibía hablar con extranjeros o salir de Israel - la última en el 2015. Atrás quedaron las promesas israelíes a Richard Nixon: "Israel no se convertirá en una potencia nuclear" que fueron palabras huecas que se las llevo el viento, con la plena complacencia de Washington, quien se ha convertido en el mayor protector de la bestia sionista, empeñada como esta en desatar el caos y la violencia en el Medio Oriente, para ‘justificar’ su intervencionismo en tan estratégica región del planeta. No es de extrañar por ello que la entidad sionista sea el hijo putativo al cual hay que proteger a toda costa, a contrapelo de la legislación internacional e incluso intensificando las guerras de agresión que Oriente Medio sufre en Irak, Siria, Yemen, los procesos de desestabilización contra El Líbano, la represión contra el pueblo de Bahréin y la crónica ocupación de Palestina. Israel es el hijo predilecto del imperialismo y la retroalimentación genera que ese imperialismo sea el fiel aliado del sionismo, conformando un binomio amenazante, peligroso, criminal. Precisamente el factor Israel permite visualizar, en toda su dimensión, la hipocresía de los EE.UU. y sus aliados en el manejo de su política exterior y las exigencias en el campo de los programas nucleares. Cuando se trata de países donde los conceptos de soberanía están fuertemente arraigados, como es el caso de Irán, las presiones estadounidenses se intensifican, generando diversas matrices de acción ataques en el plano político, diplomático, militar, comunicacional, apoyo a grupos terroristas para desestabilizar a la nación blanco de los ataques y que en el caso de la nación persa, no se le perdona haber salido de su influencia geopolítica el año 1979 cuando triunfo la revolución islámica, derrocando al corrupto régimen del Shah Reza Phalevi, títere de los estadounidenses y perro de los sionistas. Ambos representan el mayor peligro para los países de la región y en general para el mundo, que por cierto, muestra ese doble rasero cuando se critica a Teherán por sus programas nucleares, pero no hacen lo mismo y callan hipócritamente en el caso israelí. Su estrecha alianza con EE.UU. pretende vetar cualquier intento de Irán de acceder, no sólo a este tipo de armas, sino también el desarrollar su programa de defensa, contando el sionismo con la complicidad de Francia y Gran Bretaña – como miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU – que son, indudablemente, una muestra de este doble rasero occidental. Israel, en todos los planos de su política exterior goza de absoluta impunidad. Viola la legislación internacional, agrede a países y sus pueblos, ocupa ilegalmente un territorio como el palestino. Apoya a movimientos terroristas en Siria e Irak. Apoya acometidas criminales contra Yemen y Bahréin. Genera procesos de desestabilización en el Líbano, temeroso del poder creciente que ha adquirido Hezbolá. Posee ilegalmente armas de destrucción masiva, pero se da el lujo de criticar a otros por desarrollar sus proyectos nucleares. Israel representa lo más abyecto que pueda existir y eso nadie lo puede negar. Es por ello que no existe posibilidad de avanzar por el camino de la paz mientras el sionismo tenga armas nucleares, se someta a un proceso de desnuclearización y vigilancia a manos de la AIEA y sobre todo termine su ocupación de Palestina. Sin ello, cualquier intento de paz para la región y el mundo chocará siempre con los intentos hegemónicos de Occidente y su hijo putativo sionista :(
Los lectores de huellas integrados en la pantalla parecen ser la próxima gran revolución en los móviles de gama alta. De hecho ya hay varios móviles de firmas como Vivo y Oppo que cuentan con esta revolucionaria tecnología, que nos permite integrar un lector de huellas bajo la pantalla, evitando así tener que dejar hueco en el frontal o parte posterior del teléfono para un botón físico. Samsung es una de las firmas que aún no ha integrado esta tecnología en sus móviles, y hoy hemos conocido que los Samsung Galaxy P30 y P30+ podrían ser los primeros de la marca en hacerlo. Se da por hecho que el Samsung Galaxy S10 y sus variantes también contarán con lectores de huellas bajo la pantalla, aunque al igual que con las cámaras de fotos triples y cuádruples en la parte trasera, parece que la firma coreana estrenará estas tecnologías en móviles de gama media, antes de dar el salto a los topes de gama. Y según las informaciones recibidas, eso es precisamente lo que ocurriría con los Samsung Galaxy P30 y P30+, dos teléfonos que serían exclusivos para el mercado chino. Un dato curioso es que a diferencia de la mayoría de móviles de Samsung, los P30 y P30+ contarán con una pantalla LCD, y no AMOLED como suele ser habitual. Y precisamente es en las pantallas LCD donde no se puede integrar uno de estos lectores de huellas bajo la pantalla, pero esta misma fuente apunta a que este lector de huellas bajo la pantalla sí sería compatible con la pantalla LCD de estos nuevos móviles de Samsung que se presentarían el próximo mes de octubre. Como sabéis, la firma coreana está ahora mismo volcada en el desarrollo del Samsung Galaxy S10, que contaría con una versión mejorada del lector de huellas bajo la pantalla de Qualcomm, el procesador Snapdragon 855, y una triple cámara de fotos trasera. Su presentación este año se adelantará al CES de Las Vegas, en los primeros días del 2019 :)
Ya podemos dar la bienvenida, oficialmente, a una de las dos últimas creaciones de la firma de Maranello. Se llama Ferrari Monza SP1 y es la encargada de inaugurar un nuevo concepto de ediciones especiales que la marca ha dado a conocer como Icona. Junto con este modelo, ha sido presentado el SP2 que se diferencia del primero por el número de asientos. Obviamente, ambos superdeportivos llaman la atención por su inspiración clásica, que nos transporta hasta los velocistas de la marca de finales de los años 40 y de la década de los 50, como los 166 MM, 750 Monza y 860 Monza. Sin embargo, en ellos hay algo más que una evocadora imagen vintage... Por supuesto, ambos modelos son rápidos. De hecho, Ferrari afirma que ofrecen la relación peso-potencia propia de la mejor de las 'barchettas'. Algo para lo que, por ejemplo, no se ha escatimado en el empleo de fibra de carbono. Sin embargo, bajo el capó también cuenta con el motor de combustión más potente que jamás haya fabricado la marca. Estamos hablando del 6.5 V12 atmosférico, optimizado hasta los 810 CV de potencia. De este modo, no es de extrañar que consigan acelerar de 0 a 100 km/h en 2,9 segundos... y de 0 a 200 en 7,9. Además, se anuncia una velocidad máxima superior a los 300 km/h, que podría no asustar, si no fuera por el hecho de que carecen de techo y parabrisas. Así las cosas, creemos que conducirlos debe de ser lo más parecido a ponerse al volante de un Fórmula 1 previo a la era del Halo. Aunque ambos modelos se inspiran en el Ferrari 812 Superfast, el SP1 Monza tiene una peculiaridad tal como lo hemos detallado al inicio: es un monoplaza. De este modo, si quieres viajar con un pasajero, tendrás que hacerlo en el SP2 Monza. El conjunto se remata con unas pequeñas puertas de apertura vertical y unas comodidades interiores bastante escuetas. Algo comprensible, dado que emplearlo para ir a trabajar o para dar un paseo sería darles un uso erróneo... Más bien, los circuitos de velocidad serían el entorno adecuado para estos dos 'Cavallinos'. Ahora bien, sabiendo que marcan el inicio de una nueva serie especial, parece que lo más probable es que se conviertan en piezas de museo. De los nuevos Ferrari se construirán menos de 500 unidades entre ambos, pero está sin definir el número de cada uno de ellos, ya que dependerá de las preferencias de los potenciales clientes que han sido invitados estos días a la fábrica para admirar y conocer de primera mano estas joyas de colección. El responsable de diseño de Ferrari, Flavio Manzoni, resaltaba tres claves de los Monza SP1 y SP2: "su pureza de líneas, la armonía de unas formas esculpidas por el viento y la conexión especial que se estable entre el coche y el conductor". Ferrari ha colaborado además con dos firmas de lujo italianas, Loro Piana y Berluti, para desarrollar una línea de ropa y accesorios especialmente dedicada a sus nuevos modelos. Por ejemplo, se han creado una chaqueta y un pantalón con las formas y la comodidad de los monos de competición, así como guantes, casco y calzado deportivo, junto a otros complementos. Datos como los precios y otros detalles no menos importantes se darán a conocer durante su presentación oficial que tendrá lugar esta semana en el Salón Internacional del Automóvil de París, aunque la marca ha afirmado que están dirigidos "a los mejores clientes y coleccionistas". Por lo tanto, todo hace indicar que serán muy caros :)
Mientras la camarilla golpista de Kiev - instalada en el poder en Ucrania en el 2014 bajo el patrocinio de los EE.UU. - se empecina a cada momento a agravar las relaciones con Rusia y se ceban con la población rusófila del este de país en una guerra de exterminio, en su extremo occidental existen otras minorías que también son brutalmente oprimidas por los fascistas ucranianos con la complacencia y el silencio hipócrita de Occidente. Entre ellos destacan los húngaros de Transcarpatia, quienes cuales cansados de sus abusos a que son sometidos a diario, han gestado un movimiento para liberarse de esa oprobiosa tiranía y reintegrase a Hungría de la cual formaron parte hasta 1918, cuando al finalizar la I Guerra Mundial, la redefinición de las fronteras la perjudicó gravemente, perdiendo más de la mitad de su territorio y millones de húngaros pasaron a convertirse en minorías en otros países. El hecho de haber pertenecido durante siglos al Imperio Austro-húngaro le ha dado un carácter peculiar, alejado de las regiones vecinas. Y en cuestiones políticas es muy evidente. Si la zona occidental de Ucrania es la más nacionalista (ucraniana), rusófoba, en la que más presencia tiene la extrema derecha y los movimientos fascistas, no debe sorprender de que en la punta más occidental, en Transcarpatia, sea todo lo contrario. Y allí dominan los partidos antinacionalistas ucranianos y se usa habitualmente el húngaro en la comunicación diaria como lengua franca y símbolo de identidad, motivo por el cual son continuamente hostilizados por los extremistas que actúan impunemente y bajo el amparo de Kiev. Quien ha salido en su defensa para denunciar los atropellos que sufren ha sido el gobierno húngaro del Primer Ministro Viktor Orban, el cual no ha dudado a dirigirse tanto a la UE como a la OTAN - de las cuales Hungría forma parte - para condenar las acciones criminales de los golpistas ucranianos en contra de sus minorías, especialmente la húngara, enviando un memorando al secretario general de la alianza atlántica, Jens Stoltenberg, que apunta a la necesidad de defender los derechos de los húngaros en Ucrania. Los reclamos acumulados son varios. Uno de los más polémicos es el referente a la ley de educación ucraniana que deja a cerca de 150.000 húngaros sin la posibilidad de estudiar en su idioma natal y obliga a impartir desde el año 2020 las asignaturas solo en ucraniano en todas las escuelas del país. El documento provocó críticas de los países vecinos, en particular de Hungría, cuya minoría étnica vive en una región también conocida como Rutenia subcarpática. Budapest llamó al Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos para que investigase la legalidad de esta ley ucraniana. A principios del 2018, el ministro de Asuntos Exteriores de Hungría, Peter Szijjarto, mantuvo una reunión con el presidente de la Federación Cultural Húngara en Transcarpatia, Laszlo Brenzovics. Durante la reunión, Szijjarto aseguró que Hungría irá hasta el final en su intención de defender los intereses de los húngaros en Ucrania. Hay que destacar que Peter Szijjarto ya había visitado Transcarpatia con anterioridad, al tiempo que se negó a reunirse con su homólogo ucraniano, Pavló Klimkin. El Ministerio de Asuntos Exteriores de Ucrania valoró este paso como una grave violación de la etiqueta diplomática. “Transcarpatia se siente hoy en día más parte de Hungría que de Ucrania”, afirmó el director del Centro de Estudios Políticos de Kiev, Mijailo Pogrebinski, en comentarios a la agencia FAN. Según el politólogo, en ciudades como Beregovo, “por todos lados se ven banderas húngaras” y las personas quieren que sus hijos estudien en su idioma natal, no en ucraniano. Además, la mayoría de los jóvenes sueñan con ingresar en las universidades húngaras, no las ucranianas. La hostilidad manifiesta de Kiev solo agilizó los sentimientos separatistas en la región, pone de relieve Pogrebinski. Como sabéis, los fascistas de Kiev intentan buscan a toda costa integrarse en esa organización militar, logrando adquirir el pasado mes de marzo el status de ‘país aspirante’, pero Budapest ha insinuado que bloqueará todos sus intentos para su integración definitiva, afirmó el profesor de la Academia de Ciencias de Hungría, Tamas Pal, quien agrego que la propia Carta de la OTAN, indica que los países con disputas territoriales con otros Estados - como es el caso de Ucrania - no pueden ser miembros de ella, por lo que están en la obligación de solucionarlos antes de que sea admitida. “El Primer Ministro húngaro ha afirmado que Kiev no debería contar con que Budapest retire sus exigencias. Aunque están listos para llegar a un acuerdo, si Ucrania escucha sus demandas”, explicó por su parte el politólogo húngaro Gabor Shtir. Desde el golpe de Estado en el 2014, Ucrania ha venido perdiendo el apoyo de sus vecinos europeos. Además de Hungría, los polacos también acumulan muchos reclamos de carácter histórico e ideológico, ya que también consideran como suyos territorios que una vez formaron parte de Polonia. Similar situación se repite con Rumania. De acuerdo con Tamas Pal, los problemas de Ucrania radican en la "mentalidad provincial" de sus dirigentes. El frenesí nacionalista que se ha apoderado de sus mentes les impide ver más allá de sus fronteras, donde recuerdan bien las lecciones de la historia, resumió el académico. “Nadie quiere volver a cambiar el mapa de Europa del Este, pero esto no significa que Ucrania pueda ignorar las realidades históricas. Por ejemplo, olvidarse que Mukácheve anteriormente era una ciudad húngara, país con el cual mantienen estrechos lazos históricos. Para poder integrarse a la UE, Ucrania debería acudir al diálogo y no a consignas", sostuvo Tamas Pal. El problema más notable entre los golpistas ucranianos es la incapacidad de controlar a los grupos paramilitares cuyas actividades criminales son cada vez más destructivas. “Tales fuerzas están presentes especialmente en el este del país, pero el Gobierno debería tener la capacidad de acabar con ellos. Pero hasta ahora Kiev no ha hecho ningún esfuerzo y por el contrario, los promueve abiertamente” insistió. Precisamente, uno de esos grupos mas activos que aterrorizan a la minoría húngara es la organización radical Karpatskaya Sich - 'Hueste de los Cárpatos', en ucraniano - el cual a menudo realiza las llamadas 'marchas de antorchas', manifestaciones extremistas en las que se corean lemas como '¡Gloria a la nación, muerte a los rusos!' atacando a todos aquellos que no se pliegan a sus marchas, contando para ello con el apoyo de las fuerzas de seguridad ucranianas que actúan como cómplices de sus acciones. “Las autoridades actuales de Kiev cometen un grave error cuando consideran a Ucrania un país monoétnico. El deseo [de la población] del este ucraniano de hablar y educar a sus hijos en idioma ruso fue igual de evidente como lo es hoy el deseo de los transcarpatios de seguir su educación en húngaro, rumano y polaco, que son sus idiomas natales",valora el estratega político Dmitri Mélnikov, citado por Gazeta.ru. Las declaraciones y los pasos de las autoridades húngaras en defensa de Transcarpatia ya han provocado reacciones similares a las ocurridas en Donbás y Crimea hace cuatro años. Así, el experto en temas militares Alexéi Arestovich acusó a Kiev de provocar una rebelión separatista en Transcarpatia y ser los únicos responsables del agravamiento de la situación que puede degenerar en el más breve plazo en una nueva guerra en la región :(
Parece que el tirón de la nostalgia en los videojuegos sigue existiendo y ahora es Sony la que juega una carta que nos suena en cuanto a lanzamiento de hardware. Así, tal y como vimos con Nintendo con la NES Classic mini y la SNES mini, llega el turno ahora de recuperar otra consola de antaño. Atentos, amantes de las PlayStation, porque Sony presenta la PlayStation Classic, que llega en un formato más compacto y con títulos míticos dirigidos a enamorar a los fans del producto. El anuncio lo ha llevado a cabo la compañía mediante una entrada en su blog y un vídeo en el que se resume el espíritu y parte de las características del producto. En efecto, estamos ante una versión más compacta de la PlayStation original - según afirma el propio fabricante, prácticamente la mitad del tamaño - que se podrá adquirir de forma global en todo el mundo el próximo 3 de diciembre. ¿Por qué ha elegido Sony esta fecha en concreto? Porque coincide con el lanzamiento de la PS1 en Japón hace exactamente veinticuatro años: la PlayStation original se lanzó inicialmente en su país de origen el 3 de diciembre de 1994, y en ese momento ni las previsiones más optimistas podrían adivinar el impacto del producto a lo largo de los años. El fabricante ha ideado con la PlayStation Classic un formato de consola compacto y que basta con conectar al televisor nada más sacarse de su embalaje para poder comenzar a jugar, solo o acompañado. La Classic llega, de esta manera, con todos los ingredientes para poder disfrutarse desde el minuto uno y así, el paquete incluye dos mandos -una réplica a escala de los mandos originales de la consola- y hasta veinte juegos precargados entre los que nos encontramos algunos títulos que marcaron una época como "Jumping Flash!" (1995), "Wild Arms" (1996), "Final Fantasy VII" (1997), "Tekken 3" (1997) y "R4 Ridge Racer Type 4" (1998). Todos ellos siguiendo fielmente el aspecto e imagen pixelados del momento. Según vemos en la web de Sony, la PlayStation Classic hereda toda la carga genética de la primera PS en cuanto a diseño, con el característico tono y añadiendo pequeñas variaciones en lo referente a puertos de entrada y salida. Así, un puerto HDMI y un microUSB (y los puertos para los mandos). En cuanto a los controladores, otro aspecto que vemos es que no incluyen DualShock. Tampoco incluirán el adaptador de corriente (habrá que comprarlo por separado), pero incluye un cable HDMI y un cable USB (y la tarjeta de memoria virtual). Eso sí, Sony parece plantearlo como regalo para Navidades porque estará disponible a partir del 3 de diciembre por 99,99 dólares/euros en Japón, Estados Unidos y Europa (a falta de saber los países concretos), especificando que serán unidades limitadas. De esta manera, Sony pretende seguir la estela, como hemos apuntado, de Nintendo, que sigue haciendo caja en volúmenes ingentes en este nuevo segmento para los más nostálgicos. Que nadie piense que se trata de un guiño a sus fans con más añoranza: el negocio de las consolas retro mueve millones, muchos millones :)
Desde hace algunos meses hemos visto cómo SpaceX - la compañía de Elon Musk - ha batallado con fijar su meta máxima, y sentido último de su creación: lograr su primer viaje privado con pasajeros civiles al espacio. Lanzar a la Luna a los primeros turistas espaciales como primer paso, por momentos parecía un objetivo casi imposible. Pero Musk acaba de sorprender a todos; con el anuncio de que ya tiene reservado su primer viaje con su primer pasajero, un multimillonario japonés. El viaje se llevará a cabo a bordo del Big Falcon Rocket (BFR), que hasta ahora solo se ha mostrado en diseños e imágenes, cuya construcción podría tener un costo de unos 5.000 millones de dólares. Al igual que en los cohetes desarrollados antes por SpaceX, el Falcon 9 y el Falcon Heavy, la primera parte puede separarse del resto del cohete y regresar a la Tierra para un aterrizaje vertical. La nave continuará hacia la Luna, impulsada por sus motores. Se espera que tenga capacidad para unas 100 personas y el volumen de su área presurizada interior sería comparable a la de un Airbus A380, algo que nunca se ha hecho. Se espera además que el sistema de lanzamiento podría algún día ser utilizado para colonizar la Luna y Marte, aunque esos destinos tienen distinta complejidad: mientras que un viaje a Marte puede llevar de dos a seis meses, ir a la Luna suele demandar unos tres días. La peculiar expedición está programada para tener lugar en el 2023, aproximadamente. Ya se sabe que es frecuente observar cambios y aplazamientos en las fechas de lanzamiento, por lo que tampoco conviene fiarse en exceso de esta previsión. Como sabéis, cuando Elon Musk decidió fundar en el 2002 su empresa de transporte aeroespacial, muy pocos confiaban en que el estrafalario emprendedor sudafricano pudiese culminar con éxito uno de sus proyectos más ambiciosos. Hoy esta idea parece igual de improbable - al menos en los plazos que ha marcado el empresario-, sin embargo, en estos años Musk ha logrado recuperar el interés del público por la olvidada carrera espacial. El lanzamiento del Falcon Heavy en febrero, que transportaba en su interior un automóvil Tesla Roadster con un maniquí disfrazado de astronauta a los mandos, se emitió a través de YouTube, convirtiéndose en el segundo evento en vivo más visto de la historia de la plataforma, con más de 2,3 millones de espectadores simultáneos. Hasta el Falcon Heavy, los cohetes usados para las misiones espaciales eran como una bengala, sólo se podían utilizar para un único lanzamiento. La revolución de Musk ha consistido en lograr que estos enormes y costosísimos vehículos puedan reutilizarse. "Han reducido en gran medida el coste de las misiones espaciales, lo que permitirá incrementar la frecuencia de los lanzamientos", explica por correo electrónico Greg Autry, profesor asistente en la Universidad de California del Sur. Autry trabajó durante años en la NASA como enlace con la Casa Blanca. La mayor innovación de SpaceX, señala el experto, está en haber conseguido transformar el proceso de fabricación de los cohetes aprovechándose de las economías de escala. "En lugar de construir cohetes uno por uno para misiones específicas desde un diseño inmutable, están constantemente desarrollando nuevos modelos en la cadena de producción e incorporando mejoras". En la práctica, esto se traduce en lanzamientos más económicos. Y es que mientras los proveedores tradicionales de la NASA, como la United Launch Alliance (ULA) -una joint venture entre Lockheed Martin y Boeing- cobran alrededor de 400 millones de dólares al gobierno estadounidense por un lanzamiento, SpaceX es capaz de reducir el coste hasta los 80 millones. De hecho, el precio podría bajar hasta los 30 millones, según los últimos cálculos de la empresa. "Esta diferencia viene de las economías de escala, la fabricación continua y el estar dispuestos a probar cosas nuevas", resume Autry. Al contrario que el fabricante de vehículos eléctricos Tesla, también fundada por el sudafricano, SpaceX es 100% privada. Musk posee una participación mayoritaria en la start up, junto a inversores como Google, Fidelity Investments y Founders Fund, y no divulga sus ingresos. Pese a ello, su valor se estima en más de 28.000 millones de dólares (algo más de 24.000 millones de euros), situándose junto a Uber, Airbnb y WeWork entre las start up norteamericanas más valiosas del mundo. El sueño de Musk es convertir el negocio del transporte aeroespacial en algo tan lucrativo que permita costear su proyecto más grandilocuente: colonizar Marte. El empresario ya ha anunciado un primer viaje en el 2023 para cien personas que, según sus palabras, "será tan asequible como comprar una casa". Lo cierto es que son demasiadas las incertidumbres para asegurar con certeza que un proyecto de esta envergadura vea la luz en un plazo de tiempo tan corto, menos de tres años. Lo que sí es viable, y de hecho está resultando de lo más rentable para SpaceX, son los lanzamientos de satélites. Se estima que la empresa controla más de la mitad del mercado de lanzamiento mundial de cohetes. En el 2017, su nave Falcon 9 alcanzó su órbita en 18 ocasiones, más que ningún otro vehículo de lanzamiento en el mundo. Para este año, la compañía ha anunciado que realizará, al menos, otros 30 lanzamientos. SpaceX cuenta con más de un centenar de clientes entre los que se encuentran compañías de satélites de Estados Unido, Europa y Asia, como Maxar, Eutelsat y ABS; además de la NASA y otras agencias del Gobierno federal de los EE.UU. :)