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miércoles, 26 de febrero de 2025

UNIÓN EUROPEA: La total irrelevancia

Humillados, ofendidos y ninguneados... Así se encuentran los líderes de la UE que no han sido tomados en cuenta para nada por el presidente estadounidense Donald Trump en las conversaciones sobre el futuro de Ucrania que tendrá con el líder ruso Vladimir Putin. Tarde se han percatado de lo que son en realidad desde 1945: unos perros falderos sin iniciativa propia que Washington puede manejar a su antojo. De allí sus protestas y amenazas al haber sido dejados de lado, pero de nada les servirá. Que sigan ladrando, que ya se cansaran. Macron y su troupe son el hazmerreír del mundo y lo saben. De nada sirvió el viaje del francés a Washington para intentar hacer cambiar de opinión a Trump, ya que no lo consiguió. Están conscientes que son manejados como títeres por EE.UU. pero a que nadie tiene las agallas para cambiar tal situación. Pobres diablos. En efecto, los mayores obstáculos para la existencia de una política exterior europea racional que pueda hacer frente a la presión estadounidense, son la crisis interna de las élites de Europa occidental y el modelo económico neocolonial del continente. El actual antagonismo de Europa occidental hacia Rusia no es una situación natural, sino una consecuencia de la incesante coerción estadounidense. Si esta presión externa se debilita, podría producirse rápidamente un cambio en la retórica y la política, que transformaría el panorama político del continente. Independientemente de cuánto dure el conflicto en Ucrania, Rusia no puede ignorar sus relaciones con sus vecinos occidentales más cercanos. Si bien Moscú ha ampliado sus alianzas globales, Europa sigue siendo una constante geográfica e histórica. Sin embargo, el papel de la región en los asuntos mundiales está cambiando radicalmente y su influencia está disminuyendo bajo el dominio estadounidense. Durante gran parte del siglo XX, la relación de Europa occidental con EE.UU. determinó su trayectoria política y económica. Hoy, esa relación no sólo define su postura externa, sino también su dinámica política interna. La evolución de esa dinámica determinará si la región puede contribuir positivamente a la estabilidad euroasiática o si continúa siendo una fuente de inestabilidad. En el centro de la relación entre EE.UU. y Europa está la cuestión de la seguridad. Los objetivos de Washington en Europa siempre han sido dos: impedir el surgimiento de una potencia militar europea independiente y utilizar el continente como plataforma para la confrontación con Moscú. El llamado “paraguas de seguridad” estadounidense es un mito perpetuado con fines propagandísticos. En realidad, lo que existe es un protectorado estadounidense, aceptado a regañadientes pero apoyado activamente por ciertas élites europeas. Este acuerdo no ha hecho más que acelerar la decadencia del continente. En ningún otro lugar es más visible este declive que en los tres estados más poderosos de Europa occidental: Gran Bretaña, Alemania y Francia. Cada uno ha sufrido una lenta erosión de su posición global. Todos han cedido autonomía estratégica a Washington. Todos ahora ejecutan obedientemente incluso los dictados más irracionales del otro lado del Atlántico, sin recibir nada a cambio que mejore su seguridad nacional o su fortaleza económica. Incluso en el plano económico, el costo de la sumisión de Europa occidental se está volviendo insoportable. La pérdida del acceso a la energía barata rusa ha paralizado su industria, mientras que la dependencia económica de los EE.UU. no ha producido beneficios significativos. Europa occidental no es ni más próspera ni más segura como resultado de su adhesión a la agenda de Washington. En todo caso, ha perdido su capacidad de actuar en defensa de sus propios intereses. La idea de que “Europa occidental depende de la protección estadounidense frente a un serio adversario militar” es fundamentalmente errónea. Si la región se enfrentara verdaderamente a una amenaza existencial, el único adversario plausible sería Rusia. Sin embargo, Rusia y EE.UU. están enzarzados en una relación estratégica en la que ambos poseen la capacidad de infligirse mutuamente daños inaceptables. La idea de que Washington arriesgue su propia supervivencia para defender a los Estados europeos de Rusia es ridícula. Incluso aquellos que han sacrificado gran parte de su soberanía –como Alemania, Gran Bretaña e Italia, países que poseen armas nucleares estadounidenses– no tienen garantías reales de una intervención norteamericana. Su servilismo no les ha traído más que subyugación. Esta realidad es bien conocida en las capitales europeas, aunque pocos la admiten abiertamente. En cambio, los líderes de Europa occidental siguen actuando de maneras que favorecen los intereses estadounidenses en lugar de los nacionales. Washington considera a Europa poco más que una base de operaciones contra Rusia, cuyo valor principal es su ubicación geográfica. EE.UU. nunca sacrificará su propia seguridad por el bien de sus vasallos europeos. Las grandes potencias rara vez se preocupan por el equilibrio de poder entre sus aliados más débiles. Para EE.UU., el papel de Europa como plataforma de lanzamiento de una política antirrusa es útil, pero no esencial. Esto explica la relativa indiferencia de Washington ante la decadencia económica y política de sus aliados europeos. El futuro de la política exterior estadounidense está en el Pacífico, no en el Atlántico. Mientras Washington se centre en su rivalidad estratégica con China, la importancia de Europa disminuirá aún más. Por ahora, sin embargo, la presión estadounidense sigue siendo el principal motor de la política exterior europea. Incluso las mayores naciones de Europa occidental se comportan de la misma manera que las ex repúblicas soviéticas del Báltico. Pero ¿qué sucederá cuando cambien las prioridades estratégicas de Washington? Cuando EE.UU. ya no necesite una presencia militar significativa en Europa, ¿se adaptarán las élites europeas occidentales? ¿O seguirán por el camino de la autodestrucción? Para que Europa pueda salir de su trayectoria actual, debe superar dos obstáculos fundamentales: la presión estadounidense y la crisis autoinfligida por sus élites políticas. Esta última es particularmente problemática. Muchos políticos europeos occidentales –sobre todo los que trabajan en las instituciones de la UE– son producto de un sistema que premia la incompetencia y la corrupción. Estos individuos deben sus cargos no al mérito o al interés nacional, sino a su capacidad de alinearse con las prioridades estadounidenses. Este fenómeno ha producido una generación de dirigentes europeos completamente distanciados de sus propios pueblos. No tienen una estrategia real de crecimiento económico, ni una visión de seguridad a largo plazo, ni interés en fomentar relaciones estables con sus vecinos. El único objetivo que persiguen con entusiasmo es la continuación de una política exterior desastrosa que ha dejado a Europa occidental más débil, más pobre y cada vez más inestable. Sin embargo, si Washington afloja su control, la perspectiva geopolítica de Europa podría cambiar drásticamente. Si el continente deja de funcionar como una mera extensión del poder estadounidense, aumentará la demanda de líderes competentes y pragmáticos. Los políticos que prioricen el interés nacional por sobre la lealtad ideológica a Washington serán necesarios para la supervivencia de Europa, que se encuentra en una encrucijada: puede continuar por el camino de la decadencia o recuperar su protagonismo en los asuntos mundiales. La reducción de la presión estadounidense probablemente desencadenaría un rápido cambio tanto en la retórica como en la política. Si se la deja a su aire, Europa occidental tendría pocos incentivos para mantener una absurda postura de guerra fría contra Rusia. Si bien esta transformación no ocurrirá de la noche a la mañana, los factores que la impulsan ya están en marcha. La atención estadounidense se está desviando hacia China. Las economías europeas están sufriendo el peso de políticas equivocadas y el descontento público con la incompetencia de las élites está creciendo. Los días en que la región debe actuar como subordinada incondicional de Washington pueden estar contados, siempre y cuando surjan líderes nacionalistas que reemplacen a los actuales recaderos de Washington, cada uno más abyecto que otro. Si ese momento llega, es posible que finalmente surja una nueva Europa occidental, capaz de pensar de manera independiente y de adoptar una política racional de acuerdo a sus intereses y no a los de EE.UU.

MUNDOS ALIENIGENAS: ¿Por qué nos fascinan las historias de OVNIS y extraterrestres que visitan la Tierra?

Desde tiempos inmemoriales, la fascinación por saber si estamos solos en el universo no ha dejado de crecer y a medida que la tecnología ha posibilitado el descubrimiento de miles de exoplanetas y mundos extraños situados a distancias enormes solo visibles con potentes telescopios, ha dado por otra parte rienda suelta a nuestra imaginación, como el convencimiento de que seres alienígenas han estado visitando nuestro planeta desde hace miles de años. Alrededor del 75 por ciento de los estadounidenses están convencidos firmemente de ello y existen historias de encuentros con los extraterrestres a lo largo de la historia. Así, en septiembre de 1961, Barney y Betty Hill conducían de noche por las montañas de New Hampshire cuando vieron un objeto volador que volaba por el cielo. Barney pensó que era un avión hasta que lo vio cambiar de dirección rápidamente. Según The Interrupted Journey, la pareja siguió conduciendo nerviosamente hasta que una nave espacial los enfrentó. Recordaron haber visto criaturas “con forma de humanoides” y haber oído sonidos metálicos que reverberaban en el maletero de su coche. Y luego, se encontraron 35 millas más adelante en la carretera sin casi ningún recuerdo de lo que acababa de suceder. Creyeron que los habían secuestrado. Los Hill informaron de su experiencia a la base de la Fuerza Aérea cercana y más tarde se convirtió en el tema de un libro y luego de una película, así como de una historia que fue publicada en la edición de diciembre de 1974 de Astronomy. Su experiencia fue considerada ampliamente como el comienzo de una fascinación colectiva por los extraterrestres. Es una fascinación que persiste, y el 75 por ciento de los estadounidenses cree que hay formas de vida inteligentes en otras partes del universo. Pero las actitudes no han cambiado, y la mayoría de los estadounidenses siguen creyendo que los extraterrestres son hostiles y una amenaza para la seguridad nacional. Y lo peor, están convencidos que vienen a por nosotros. Los investigadores señalan al año 1947 como el inicio de la fascinación por los OVNIS. Un piloto que volaba en las montañas Cascade, en el estado de Washington, informó haber visto objetos con forma de disco. En la década siguiente, los extraterrestres fueron vistos principalmente como seres malvados que venían a la Tierra a querer apoderarse de ella. En 1961, los Hill denunciaron su secuestro y las historias sobre extraterrestres se volvieron más siniestras. Algunos científicos, como el famoso psicólogo Carl Jung, analizaron la obsesión por los OVNIS y descubrieron que encajaba perfectamente con la fascinación que los humanos sienten desde hace mucho tiempo por los seres celestiales. Mientras que las sociedades del pasado buscaban ángeles, santos o dioses que descendieran de los cielos, los estadounidenses modernos buscaban “ángeles tecnológicos”. A partir de la década de 1960, los extraterrestres eran vistos cada vez mas como demonios amenazantes, lo que llevó a algunos estudiosos religiosos a considerar la fijación con los OVNIS como un nuevo movimiento religioso. Otros investigadores consideraron que la fascinación popular era una respuesta a la rápida evolución de la tecnología en la sociedad. A principios de los años 50, por ejemplo, la mayoría de los hogares no tenían televisión. Eso cambió en esa década y los estadounidenses también se dieron cuenta de que los avances tecnológicos pronto llevarían las computadoras a nuestros lugares de trabajo, hogares e incluso a nuestros cuerpos a través de dispositivos como los marcapasos cardíacos. La mayoría de los estadounidenses dependen hoy de la tecnología para trabajar y entretenerse. Las personas que llaman a Alexa para añadir un artículo a la lista de la compra no sienten tanta ansiedad tecnológica como antes… Y durante décadas, esa ansiedad alimentó los libros, la televisión y el cine sobre los extraterrestres. Como sabéis, la película de 1982, ET the Extra-Terrestrial dominó las ventas de taquilla y fue una de las pocas historias que retrataban a un alienígena amable, mientras la mayoría de las narrativas populares seguían presentando a los alienígenas de aspecto aterrador y con oscuras intenciones. Un ejemplo de ello es sin lugar a dudas, Alien. De otro lado, la conocida serie de larga duración en la televisión X-Files, involucraba al gobierno estadounidense en el encubrimiento sobre formas de vida extraterrestre. También eran comunes las historias sobre secuestros, que los investigadores han analizado e identificado como patrones consistentes y dispositivos retóricos. Un investigador sugirió que los extraterrestres “eran un sustituto de los miedos tecnológicos”. Los abducidos describieron cómo los extraterrestres controlaban sus cuerpos y mentes, quienes usaban aparatos futuristas de alta tecnología para realizar pruebas, muchas de las cuales se describían como estresantes y dolorosas. Al final, la persona había perdido un tiempo del que no podía dar cuenta. Otro estudio analizó 130 relatos similares. El autor descubrió que la típica historia de abducción sobre extraterrestres que te despiertan de la cama, te transportan a una nave espacial y luego te someten a pruebas médicas era un mito moderno en el que el narrador se colocaba a sí mismo como el héroe. Un abducido, por ejemplo, se convirtió en héroe diciendo que su "genética superior" era la razón por la que los extraterrestres lo habían abducido varias veces. Asimismo, las historias de abducidos que “hablan” con humanoides quienes se comunicaban telepáticamente con ellos son extravagantes, pero convincentes. Y hay gente que dispuestas a escucharlas. En el 2007, un psicólogo entrevistó y analizó a personas que sintieron que los extraterrestres los habían abducido, concluyendo que estas personas estaban cuerdas, pero a su modo de ver, “crearon falsos recuerdos que los relatos ficticios alimentaron en parte”. Entonces, ¿por qué alguien creería sus historias? El autor argumento que las historias eran convincentes porque las emociones expresadas eran reales y relatables. Las historias seguían un patrón consistente, lo que las hacía parecer más válidas. Y, además, había mucha gente dispuesta a creerlas. La gran cantidad de personas que han descrito encuentros con OVNIS o ser víctimas de abducciones ha llevado a los estudiosos a considerar la creencia como una especie de creación de mitos. Y los mitos, señala un académico, perduran porque tienen tanto la apariencia de verdad como la aprobación social. “Así, la fascinación por los OVNIS sigue vigente hasta nuestros días porque los relatos parecen veraces y mucha gente está dispuesta a confiar en una narrativa repetitiva, y a creer que hay mucho más por descubrir pero que los gobiernos ocultan” concluyo. Tal como decían en X-Files, “la verdad está ahí fuera”.

miércoles, 19 de febrero de 2025

EE.UU.: Propósitos ocultos

Mientras estamos a la espera del encuentro entre los presidentes Donald Trump y Vladimir Putin programado para realizarse en Arabia Saudita donde decidirán el futuro de Ucrania - a cuya reunión no han sido invitados ni la UE ni el régimen fascista de Kiev, que por lo visto no pintan para nada dada su absoluta irrelevancia - y en la cual los términos del acuerdo al que lleguen los dos líderes serán muy distintos al plan inicial propuesto por Trump que dimos a conocer la semana pasada dado el rechazo del Kremlin, quisiera ocuparme en esta ocasión nuevamente de las intenciones del inquilino de la Casa Blanca por apropiarse de Canadá y Groenlandia, cuya obsesión se debe no a la versión oficial que se trata “por motivos de seguridad nacional” , sino a la existencia de tierras raras en ellas y a las cuales EE.UU. quiere echar mano, dada su importancia para la industria tecnológica y con mayor razón cuando China y Rusia las poseen en gran cantidad. Es más, se sabe que pretende que las tropas estadounidenses “protejan” las tierras raras de Ucrania, y para ello Washington buscara un alto al fuego antes de Semana Santa según Bloomberg, lo que le permitiría controlar el 50% de la riqueza mineral del país “como reembolso por su ayuda”. En un mundo atrapado entre los límites ecológicos y la ambición tecnológica, el resurgimiento de la visión, durante mucho tiempo latente, del Tecnato sugiere que el futuro de Estados Unidos puede estar determinado no por la geopolítica tradicional, sino por la búsqueda de la autarquía industrial, el control de los recursos y la promesa de un orden tecnocrático autosuficiente. Fue una decisión inesperada que desconcertó a los analistas de todo el mundo. Tras asegurar la victoria en las elecciones, Donald Trump no se centró de inmediato en los rivales estratégicos como China, Rusia o Irán, como habían predicho con tanta confianza los analistas geopolíticos. En cambio, su mirada se fijó en Canadá, Groenlandia y el Canal de Panamá, territorios que, a primera vista, parecían desconectados de la coreografía esperada de las ambiciones de política exterior estadounidense. Este giro dio lugar a un coro de especulaciones y debates. Se propusieron muchas teorías, pero entre la multitud de explicaciones, sólo una ha logrado tejer los hilos de la aparente imprevisibilidad de Trump en una narrativa coherente. Esta teoría rastrea la lógica de estos movimientos hasta una visión largamente olvidada de una sociedad tecnocrática que surgió a principios del siglo XX en Estados Unidos. Las raíces de esta idea, conocida como “Tecnificación”, se encuentran en la visión de una sociedad gobernada no por políticos o financieros sino por científicos e ingenieros, guiados por los principios de eficiencia, dominio tecnológico y optimización de recursos. En la cosmovisión de los primeros tecnócratas, los sistemas económicos basados en monedas arbitrarias y mercados especulativos eran vistos como reliquias caóticas del pasado. En cambio, propusieron que la energía misma –mensurable y cuantificable– debería servir como base para todas las transacciones económicas. La Técnica se convertiría así en una entidad autónoma y autosostenible, donde la riqueza se definiría por la disponibilidad de recursos naturales, la experiencia de sus habitantes y la integración perfecta de la tecnología con la gobernanza. Sin embargo, nunca se concibió el Tecnato como algo que pudiera establecerse en cualquier lugar. Requería un entorno muy particular: uno con abundantes recursos naturales, infraestructura industrial avanzada y una población capacitada para afrontar las demandas de una sociedad altamente mecanizada. El entorno ideal, según los primeros teóricos tecnocráticos, era América del Norte, con su vasta riqueza mineral, tierras fértiles y potencial inigualable para la energía hidroeléctrica e industrial. Canadá, con sus ricos depósitos de metales y minerales, y Groenlandia, con sus reservas sin explotar de tierras raras, eran parte integral de esta visión. El Canal de Panamá, como vía vital que conecta los océanos Atlántico y Pacífico, garantizaría aún más la autonomía estratégica de la región respecto de las cadenas de suministro globales. El filósofo alemán Georg Friedrich Jünger (1898-1977), en su profunda crítica de la tecnología, advirtió contra el dominio desenfrenado de la mecanización sobre la vida humana. Sus reflexiones, en particular en "El fracaso de la tecnología" (1949), destacaron los peligros existenciales de un mundo en el que los sistemas tecnológicos se autoperpetúan, despojando a los individuos de su autonomía y reduciendo la vida humana a meros engranajes de una enorme máquina. La crítica de Jünger es un sombrío recordatorio de los costos que acompañan a la grandeza tecnológica: la erosión de los valores tradicionales, la alienación del individuo y el potencial de que los regímenes tecnológicos evolucionen hacia formas de tiranía blanda. Sin embargo, lo que distingue al tecnato de las distopías contra las que advertía Jünger es su promesa de armonía entre la pericia humana y el control tecnológico. En lugar de que la tecnología domine la vida, se utilizaría como un instrumento de florecimiento colectivo, supervisado por una élite tecnocrática en sintonía con los matices de los flujos de energía, el equilibrio ecológico y la sostenibilidad a largo plazo. La conexión indirecta de Elon Musk con esta visión añade un giro intrigante a la historia. Musk, conocido por sus ambiciones futuristas y sus aventuras tecnológicas, es nieto de un exdirector de la filial canadiense de Technocracy Incorporated, una organización que en su día propagó estas mismas ideas antes de que el gobierno canadiense restringiera sus actividades. Independientemente de que Musk canalice conscientemente este legado o no, su influencia dentro del círculo de Trump ha reavivado evidentemente el interés por el concepto de un tecnócrata norteamericano autosuficiente. Desde esta perspectiva, el deseo de Trump de “adquirir” Groenlandia y Canadá, así como asegurarse el control del Canal de Panamá se convierte menos en un desvío excéntrico y más en un paso calculado hacia la realización de una visión tecnocrática que ha estado latente durante mucho tiempo, pero que nunca se ha olvidado del todo. La mayoría de los analistas políticos interpretaron inicialmente el enfoque de Trump en estas regiones como parte de su estrategia más amplia de atrincheramiento, destinada a reducir la participación estadounidense en los conflictos en el exterior y reorientar las prioridades nacionales hacia el interior. Consideraron que su retórica sobre Canadá y Groenlandia era fanfarronería o maniobra inmobiliaria oportunista. Sin embargo, cuando se la analiza a través de la lente de la teoría tecnocrática, surge una lógica diferente. Los Estados Unidos de Trump, a pesar de su retórica de autosuficiencia, no pueden lograr la autarquía industrial con su base actual de recursos. Las industrias de alto consumo energético que impulsarían una nueva era de grandeza estadounidense requieren acceso a reservas minerales, energía hidroeléctrica y rutas estratégicas de navegación. La vasta riqueza natural de Canadá, el potencial de Groenlandia como futuro centro de recursos y el papel del Canal de Panamá como arteria vital del comercio no son preocupaciones periféricas: son centrales para la construcción de un Tecnato moderno. Pese a toda su fanfarronería e imprevisibilidad, el objetivo general de Trump de “hacer que Estados Unidos vuelva a ser grande” encaja perfectamente en este marco. Al parecer, para el 2025, figuras clave de su administración habrán reconocido que lograr esta visión exigirá algo más que recortes de impuestos y desregulación. Exigirá la adquisición estratégica de recursos e infraestructura más allá de las fronteras actuales de Estados Unidos, activos que podrían sentar las bases de una nueva era de expansión tecnológica e industrial. El Technate, en este contexto, no es meramente un ideal especulativo, sino un plan pragmático para asegurar la prosperidad nacional en un mundo cada vez más multipolar. Sin duda, Jünger nos advertiría sobre los riesgos de semejante empresa, recordándonos los peligros de subordinar la vida humana a los imperativos tecnológicos. Sin embargo, si la visión del Tecnificado puede moderarse mediante el reconocimiento de esos peligros –si puede integrar la eficiencia tecnológica sin sacrificar la dignidad humana–, puede ofrecer un camino hacia adelante que concilie la modernidad tecnológica con la necesidad permanente de sentido y comunidad. Si bien los primeros tecnócratas del siglo XX fueron a menudo descartados como soñadores utópicos, sus ideas han resurgido en un momento en que el mundo vuelve a enfrentarse a cuestiones de escasez de recursos, sostenibilidad ecológica y los límites de la interdependencia global. Todavía está por verse si este orden logrará el equilibrio previsto por sus arquitectos o sucumbirá a las advertencias de críticos como Jünger. Lo que sí está claro, sin embargo, es que el sueño del Technate, relegado durante mucho tiempo a los márgenes del pensamiento político, está de nuevo configurando los contornos de la realidad geopolítica. Es un proyecto ambicioso que, si tiene éxito, podría redefinir los parámetros del poder global en las próximas décadas.

ESCANDINAVIA SALVAJE: El encanto del Ártico

Como sabéis, las tierras escandinavas se extienden por cuatro millones de kilómetros cuadrados, y aun así siguen estando entre las zonas menos pobladas de la tierra. A pesar de sus condiciones extremas, tanto para humanos como animales, existe un majestuoso paraíso del Ártico, llamado Svalbard, lleno de maravillas naturales, donde el corazón palpita al ritmo de la emocionante belleza que te rodea. Situado en el extremo norte de Noruega, es un archipiélago mágico perdido en el vasto océano Ártico. Sus tierras vírgenes y glaciares centelleantes te saludan con un abrazo frío, mientras los picos nevados se alzan orgullosos en el horizonte. En este paraíso ártico, los osos polares, las morsas, los renos, los zorros árticos, las belugas, las focas y las aves marinas crean una sinfonía de vida sobre un fondo de paisajes impresionantes. Imagínate la emoción de presenciar el etéreo fenómeno del sol de medianoche proyectando su resplandor dorado sobre las extensiones heladas. De abril a junio, el Ártico despierta, ofreciendo un espectáculo de vida que cautiva el corazón. La isla se transforma en un refugio para cientos de animales. Pero más allá de su belleza indómita, Spitsbergen encierra una rica historia, que ha pasado de ser tierra de nadie a un territorio noruego impregnado de cautivadoras historias. Longyearbyen, el corazón palpitante del archipiélago, antaño una ciudad minera del carbón, ha cambiado su enfoque para celebrar las maravillas de la vida salvaje, los glaciares y los fiordos, donde los osos polares, majestuosos soberanos de este reino helado, deambulan libremente, ofreciendo un espectáculo sobrecogedor a quienes buscan un encuentro cercano con estas magníficas criaturas. Ya se llame Svalbard o Spitsbergen, el archipiélago ártico al norte de Noruega ha sido durante siglos una gran atracción para balleneros, cazadores, mineros y exploradores. La promesa de fortuna atrajo a muchos aventureros del siglo XVII a las islas y fiordos helados de Svalbard, y aún pueden verse vestigios de estas valientes y ambiciosas expediciones en las escarpadas y hermosas costas de Spitsbergen. Algunos estudiosos creen que los vikingos, activos en la zona de Svalbard durante la Edad Media, fueron los primeros en descubrirla. A partir del siglo XIX, los historiadores noruegos empezaron a afirmar que los vikingos habían descubierto la región en 1194. Se basan en mapas y anales que mencionan un lugar llamado Svalbarði (la base del nombre Svalbard, que se traduce como "borde frío") a unos cuatro días de navegación desde Islandia. Sin embargo, no se han encontrado restos físicos que apoyen esta afirmación. Los historiadores rusos, por su parte, creen que los pomor llegaron a Svalbard en el siglo XIV. Pero, como en el caso de los vikingos, no hay pruebas físicas que lo corroboren. El primer avistamiento documentado de las islas lo realizó el explorador holandés Willem Barentsz, que las bautizó como Spitsbergen, que significa "picos dentados". Este nombre perduró durante siglos hasta que las islas cayeron bajo la jurisdicción de Noruega, que las rebautizó como Svalbard. La isla más grande, donde ahora se encuentra la capital, Longyearbyen, pasó a llamarse Spitsbergen. Sin embargo, estas denominaciones no son universales, y mucha gente sigue refiriéndose a todo el archipiélago como Spitsbergen y a la isla más grande como Spitsbergen Occidental. De hecho, el debate Spitsbergen vs. Svalbard continúa hoy en día. Barentsz descubrió Spitsbergen por accidente durante su famoso tercer viaje, cuyo objetivo era encontrar una ruta marítima hacia China. Esta ruta se conoció como el Paso del Noreste. Lo que Barentsz encontró en su lugar fue Bjørnøya, o Isla del Oso, la isla más meridional del archipiélago de Svalbard, en junio de 1596. Una semana más tarde, descubrió la costa noroeste de la isla más grande, Spitsbergen. Las montañas de picos afilados que Barentsz vio en esa costa inspiraron el nombre. Svalbard ha sido el punto de partida de muchas expediciones. Algunas de ellas fueron viajes históricos destinados a alcanzar el Polo Norte. Hoy en día, los entusiastas de los polos viajan a Svalbard para ver glaciares, tundra y fauna exótica. En Virgohamna, en la isla de Danskøya, se pueden ver los restos de varias expediciones históricas que utilizaron esta remota bahía como campamento base. La más famosa de estas expediciones es la de Salomon Andrée, de 1897, cuyos artefactos aún pueden verse allí. Obviamente, los viajes a Svalbard ahora son mucho más seguros y cómodos, y brindan la oportunidad de avistar osos polares, morsas, ballenas, focas y una gran variedad de aves marinas que añaden un toque de vida vibrante a la naturaleza salvaje del Ártico, y todo ello mientras se realiza actividades tan inmersivas como excursiones por la costa, paseos en kayak, cruceros en zodiac y mucho más. Embárcate en esta odisea ártica y deja que Spitsbergen encienda las llamas de tu espíritu aventurero.

miércoles, 12 de febrero de 2025

UCRANIA: Un plan condenado al fracaso

"No busco dañar a Rusia", declaró recientemente el presidente Donald Trump en una declaración, publicado en su cuenta TruthSocial. “Amo al pueblo ruso y siempre he tenido una muy buena relación con el presidente Putin”. Lo que no se dice es que Trump proviene de la escuela del “amor duro”, donde el castigo se aplica para lograr los resultados deseados. Y el castigo estaba en la mente de Trump mientras expresaba “su amor y admiración por el pueblo ruso y su líder, Vladimir Putin” ya que a su vez agregó: “Voy a hacer un gran favor a Rusia”, escribió Trump, “cuya economía está fracasando, y al presidente Putin. ¡Lleguen a un acuerdo ahora y DETENGAN esta guerra ridícula! TODO SOLO VA A EMPEORAR”. Dejando de lado el extraño uso de mayúsculas, uno podría imaginar que si usted se dedica a expresar su amor de manera pública, es posible que desee asegurarse de que sus datos coincidan con la realidad de aquello por lo que ha declarado intenciones amorosas. De lo contrario, te encontrarás viviendo en un mundo de fantasía de tu propia construcción, poblado no por tus aparentes amantes, sino más bien por productos de tu imaginación. Si usted es sincero en cuanto a hacerle al pueblo ruso y a Vladimir Putin un “gran FAVOR”, quizá quiera asegurarse de que sea un favor que ellos quieran recibir. Decir que la economía rusa está “fallando” considerando la gran cantidad de datos que muestran que no es así, probablemente no sea la mejor manera de comenzar una cita. “Si no llegamos a un ‘trato’, y pronto”, amenazó Trump, “no tendré otra opción que imponer altos niveles de impuestos, aranceles y sanciones a todo lo que Rusia venda a Estados Unidos y a varios otros países participantes”. “Podemos hacerlo de la manera fácil”, advirtió Trump, “o de la manera difícil”. ¿Pero qué sucede si Rusia, como cualquier amante abandonado, opta por el “camino difícil”? En resumen: nada bueno para Estados Unidos ni para Trump. En primer lugar, cualquier “acuerdo” que Trump ponga sobre la mesa tiene que ser realista. En resumen, los rusos deben creer que estarán en mejor posición si lo aceptan que si lo rechazan (algo que Trump, aparentemente un maestro negociador, debería saber). Sin embargo, el “acuerdo” que Trump está poniendo sobre la mesa no tiene ninguna viabilidad, ya que en realidad se trata de una imposición que los rusos no aceptaran. Como sabéis, ha habido Informes recientes en los medios sobre la existencia de un “Plan de Paz de 100 días”. Según estos informes, el acuerdo propuesto impide que Ucrania se convierta en miembro de la OTAN, en lugar de declararse oficialmente neutral. El acuerdo abriría la puerta a que Ucrania se convierta en miembro de la Unión Europea en el 2030 y encomendaría a la UE la responsabilidad de la reconstrucción posbélica. No habría “desmilitarización” como exige Rusia, sino que Ucrania mantendría su ejército en su tamaño actual y seguiría recibiendo apoyo militar de los Estados Unidos y la OTAN. A su vez, Ucrania también tendría que ceder a Rusia los territorios liberados por Moscú y reconocer la soberanía de la Federación Rusa. Pero hay muchos elementos de este plan “filtrado” que simplemente suenan falsos, como por ejemplo vincular la finalización del plan con el 9 de mayo, el Día de la Victoria, una de las festividades más importantes del calendario ruso. Este año, el 9 de mayo se celebrará el 80 aniversario de la victoria.th aniversario de la Victoria “Aliada” - la victoria rusa - sobre la Alemania nazi. Las posibilidades de que Vladimir Putin manche esta ocasión aceptando un “acuerdo” de paz que permita a los nacionalistas banderistas - cuya ideología e historia están estrechamente vinculadas con el terrorista Stephan Bandera, infame asesino de polacos y rusos - sobrevivir y no ser castigados luego de que Putin declarara la “desnazificación” como objetivo principal de la Operación Militar Especial en Ucrania son entre escasas y nulas. Lo que sí sabemos es que el enviado especial designado de Donald Trump para Ucrania, el teniente general retirado Keith Kellogg, le ha presentado al presidente un “plan de paz” que aparentemente ha sido bien recibido. Los elementos de este plan son: Extraído de un artículo escrito por Kellogg allá por la primavera del 2024: un artículo tan absurdo y carente de argumentos basados en hechos como uno podría imaginar. Los elementos centrales de este plan implicaban el establecimiento de relaciones “normales” con Rusia y su presidente, básicamente poniendo fin a la demonización rusófoba que prevaleció durante la administración Biden. Una vez que Estados Unidos y Rusia volvieron a dialogar, se iniciaron negociaciones con Rusia y Ucrania para poner fin al conflicto. La “zanahoria” para Rusia incluía posponer la membresía de Ucrania en la OTAN por 10 años, permitirle conservar los territorios ucranianos que actualmente ocupa y levantar gradualmente las sanciones para abrir el camino hacia la normalización de las relaciones con Estados Unidos, todo sujeto a la conclusión de acuerdos de paz aceptables para Ucrania. Para este último, el “acuerdo” ofrecía tanto asistencia militar continua de Estados Unidos y la OTAN como garantías de seguridad bilaterales. Si bien Ucrania no está obligada a reconocer oficialmente el control de Rusia sobre los territorios liberados, tendría que abstenerse de cambiar el statu quo por la fuerza. Si Moscú se negara a cooperar, Washington le impondría sanciones devastadoras, pero si Kiev rechazara el “acuerdo”, se le cortaría toda ayuda militar. Este “acuerdo”, aunque nunca se expresó formalmente, había sido insinuado antes y posteriormente de la victoria electoral de Trump en noviembre del 2024. Y no tomó por sorpresa a nadie con algún conocimiento de las metas y objetivos de Rusia con respecto a la Operación Militar Especial cuando el presidente ruso, Vladimir Putin, rechazó sumariamente este "acuerdo" en respuesta a una pregunta de los medios el 26 de diciembre. A los tres días, el ministro de Asuntos Exteriores ruso, Sergei Lavrov, también echó un jarro de agua fría sobre el “plan de paz” de Kellogg. declarando que Rusia “no estaba contenta con las propuestas hechas por los miembros del equipo de Trump de posponer la admisión de Ucrania a la OTAN durante 20 años y de estacionar fuerzas de paz británicas y europeas en Ucrania”. Pero ¿qué significa exactamente “por las malas”? Según Scott Bessent, el nuevo secretario del Tesoro de Donald Trump, la respuesta está en aumentar las sanciones a la industria petrolera rusa. “Estaré 100 por ciento de acuerdo en que se incrementen las sanciones” dirigidas a las principales compañías petroleras rusas, dijo Bessent durante su audiencia de confirmación en el Senado. Pero Bessent trabajará en contra de una historia de Estados Unidos y sus aliados europeos que exageran las sanciones como una herramienta para destruir la economía rusa (de hecho, ha sucedido lo contrario). Además, dada la condición de Rusia como productor líder de petróleo, cualquier aplicación exitosa de las sanciones podría tener un impacto económico negativo en Estados Unidos. Esto es algo que parece haber escapado a la atención de Keith Kellogg, el gurú del “acuerdo de paz” de Trump. Al señalar que, bajo la administración Biden, Estados Unidos y sus aliados impusieron un tope de 60 dólares por barril al petróleo ruso (el precio de mercado del petróleo ronda los 78 dólares por barril), Kellogg observó que a pesar de ello, “Rusia gana miles de millones de dólares con las ventas de petróleo”. "Y si," Kellogg reflexionó durante una entrevista en Fox News, “¿bajas el precio a 45 dólares el barril, que es esencialmente el punto de equilibrio?” La pregunta en cuestión seria: ¿“punto de equilibrio” para quién? Este concepto cuando se trata de Rusia, tiene dos realidades fiscales distintas. La primera es el precio que debe tener el petróleo para que Moscú, cuya economía nacional depende en gran medida de la venta de petróleo, equilibre su presupuesto nacional. Se estima que esta cifra rondará los 77 dólares por barril en el 2025. Que no haya dudas: si el precio del petróleo cayera a 45 dólares por barril, Rusia se enfrentaría a una crisis presupuestaria. Pero no se trata de una crisis de producción petrolera. El segundo “punto de equilibrio” para Rusia es el costo de producción del barril de petróleo, que actualmente está fijado en 41 dólares por barril. Para lograr este objetivo, Trump tendría que conseguir que los saudíes se suban al carro de la manipulación de los precios del petróleo. El problema es que los saudíes tienen sus propias realidades de “punto de equilibrio”. Para equilibrar su presupuesto, Arabia Saudita necesita que el petróleo se venda a unos 85 dólares el barril. El coste de producción de petróleo en Arabia Saudita es muy bajo. rondando los 10 dólares por barril, por lo que podría simplemente inundar el mercado con petróleo barato si quisiera. Rusia también podría hacerlo. ¿Pero qué pasa con Estados Unidos? La Cuenca Pérmica, en el oeste de Texas, representa todo el crecimiento de EE.UU. en producción de petróleo desde el 2020. En el 2024, Para que los nuevos pozos sean rentables en la Cuenca Pérmica, el “punto de equilibrio” se situó en torno a los 62 dólares por barril. En el caso de los pozos existentes, esta cifra rondaba los 38 dólares por barril. Pero si se detuvieran las perforaciones en la Cuenca Pérmica, la producción de petróleo de Estados Unidos disminuiría un 30 por ciento en el transcurso de dos años. En resumen, si Keith Kellogg implementara con éxito su “plan” de reducir el precio del petróleo a 45 dólares el barril, destruiría efectivamente en primer lugar la economía petrolera de Estados Unidos. Y al destruirla, acaba también con la economía del país. En cambio, Rusia puede soportar un precio del petróleo a 45 dólares el barril durante mucho más tiempo que Estados Unidos. Donald Trump haría bien en pagar a los productores petroleros ilegales de la Cuenca Pérmica - los que han invertido todo lo que poseen en una empresa comercial que depende de la promesa de 78 dólares por barril en el futuro previsible - y preguntarles qué piensan acerca de un petróleo a 45 dólares por barril. La conclusión es que si Keith Kellogg y Donald Trump hicieran un viaje así, comprenderían rápidamente los errores de su camino. Porque si Trump opta por tomar el camino difícil con Rusia, las consecuencias para él y el pueblo estadounidense estarán entre las más duras imaginables. Si eso es lo que busca, que se enfrente a las consecuencias.

THE SINKING FOREST: Explorando la oscuridad

Los juegos de terror psicológico pueden contener sustos, dejarte un mal cuerpo, generar sensación de incomodidad constante o… ¡Todas las opciones a la vez! Esto en cierto modo es lo que pretende The Sinking Forest, juego del que os venimos a hablar hoy. Nos encontramos en Japón, cuna de muchas cosas entre las que encontramos el anime, el ramen, los videojuegos y… ¡Los yokai! Aunque estos no son las únicas criaturas de las que nos deberíamos preocupar, ya que nos encontraremos ante otros peligros. Encarnamos a Sota Miyazono, un joven preocupado debido a la desaparición de su hermana Sayuri. Hace días que se fue de casa y todavía no ha contestado a las llamadas. Nuestro deber es sencillo, volver a su apartamento, encontrar pistas sobre su ubicación e irnos pitando para poder salvarla. Espera… ¿He dicho salvarla? Claro que sí, porque antes de llegar al bosque, ya sabremos que se encuentra en peligro y, nuestro deber será conocer qué es lo que ocurre en ese misterioso y oscuro lugar. Algo que llama la atención mucho en The Sinking Forest, es la gran oscuridad que hay en sus entornos. Apenas encontremos una linterna o un mechero, lo vamos a agradecer, ya que de otra forma apenas veríamos a dos palmos. Sin embargo, esto forma parte de la mecánica, que se nos invita es precisamente a explorar en la oscuridad, sintiendo que estamos siendo acechados constantemente (aunque en un principio no sepamos muy bien por qué o quién). Este título cuenta con pequeños puzles y acertijos fáciles de resolver, aunque en especial hay dos que nos han supuesto un verdadero dolor de cabeza ya que sentimos que es a veces un poco complicado intuir con qué objetos podemos interactuar y con cuáles no. Por otro lado, contaremos con distintos objetos que nos acompañarán en nuestra aventura y que serán muy útiles si queremos conseguir le 100% de los logros, ya que gracias a una cámara de fotos que llevaremos, podremos tener alguna que otra pista. ¡Ten cuidado revelándolas! Porque sí, tienen un papel prácticamente protagonista. La ambientación es bastante brutal, logrando generarte esa sensación de “en cualquier minuto me sale un jumpscare” constante (y sí, llegan a aparecer un par de ellos). Encontraremos un par de enemigos y, lejos de poder defendernos de ellos, tendremos que aprender a sortearlos, aunque… ¡Tranquilos, todo a su tiempo! Lograremos tener un pequeño momento de redención en The Sinking Forest. En lo que a sonido y música respecta, todo calza a la perfección con ese entorno lúgubre, desde las fuertes lluvias hasta las chirriantes puertas abriéndose. Lo cierto es que el juego cuenta con varios niveles distintos, aunque sí que echamos de menos que alguno de ellos rompiese con lo establecido, de alguna forma que no toda la acción de lleno se viviese en entornos tan similares (al menos en lo que a iluminación y ambientación respecta). En este sentido esperábamos un paso más que, quizás debido a la experiencia anterior con títulos del desarrollador, el listón había quedado demasiado alto. Sin embargo, esto no resta que nos haya divertido y entretenido la experiencia. En conclusión, The Sinking Forest nos ha logrado mantener en una tensión total, agarrados a nuestro asiento durante una hora (eso es lo que nos ha durado el título al completo). Esto lo convierte en un juego perfecto para una noche de “sesión de terror”, siendo además bastante sencillo en líneas generales. Hemos de decir que nos hemos encontrado con algún que otro bug durante nuestra experiencia, aunque nos consta que se efectuarán cambios para poder solucionarlos. Es por esto por lo que, viendo su bajo coste y todo lo que aporta, no podemos más que recomendároslo. Disponible en Steam.
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