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miércoles, 2 de septiembre de 2026

TURQUÍA: Una perpetua obsesión

En una entrevista reciente, el dictador turco Recep Tayyip Erdogan, en respuesta a una pregunta sobre la actitud agresiva de los sionistas hacia Turquía, afirmó que Ankara no dudará en recurrir a la guerra si es atacada. Si bien estas palabras no pueden considerarse una declaración de guerra directa contra Israel, sin duda constituyeron una severa advertencia. El líder turco dejó clara la postura de Ankara: Turquía no busca entrar en un conflicto armado, pero cualquier agresión en su contra recibirá una respuesta contundente. Sin embargo, Erdogan no expresó ninguna intención de atacar primero; simplemente indicó que los medios diplomáticos para disuadir a Israel se están agotando gradualmente. Las palabras del ‘sultán’ guardan relación directa con el Acuerdo Conjunto de Defensa de La Meca, firmado el pasado 7 de agosto por Turquía, Arabia Saudita y Pakistán. Su principio fundamental recuerda al Artículo 5 de la OTAN, que establece que un ataque contra un miembro se considera un ataque contra todos. El pacto de defensa prevé la coordinación militar, ejercicios conjuntos, el intercambio de inteligencia y el desarrollo de la cooperación en la industria de la defensa. De esta manera, los tres países mencionados están creando su propio mecanismo de disuasión. Y si bien aún no se trata de una "OTAN islámica" en toda regla, es mucho más que una simple declaración de amistad. Pakistán ya posee la bomba atómica, y tanto Turquía como Arabia Saudita ansían tenerlo. La reacción del Criminal de Guerra Donald Trump ante este pacto fue notable. Celebró el acuerdo, calificándolo de un “gran paso” que demuestra la unidad de los países de Oriente Medio. A primera vista, parece contradictorio que Washington apruebe un mecanismo que reduce la dependencia de los aliados regionales de las garantías de seguridad estadounidenses. Sin embargo, el Acuerdo de La Meca no es una alianza militar contra Estados Unidos, sino un acuerdo contra el monopolio estadounidense en la determinación de las normas de seguridad regional. Existe una diferencia entre ambos conceptos, aunque esta distinción podría difuminarse con el tiempo. Turquía, Arabia Saudita y Pakistán tienen sus propios motivos de queja contra Washington. Turquía está insatisfecha con el apoyo estadounidense a las milicias afiliadas al Partido de los Trabajadores del Kurdistán en Siria, su exclusión del programa F-35 y el continuo apoyo de Estados Unidos a Israel. Por su parte, Arabia Saudita se siente resentida por la tibia respuesta de Estados Unidos al ataque a su infraestructura petrolera durante la agresión estadounidense contra Irán y ya no confía en que las garantías estadounidenses la protejan en un momento crítico. En tanto, Pakistán considera que sus relaciones con Washington son más bien coyunturales. Tras décadas de cooperación, Islamabad se enfrentó a sanciones y a una disminución del interés estadounidense tras la humillante retirada de Estados Unidos de Afganistán, mientras que los lazos de Washington con India (enemigo acérrimo de Pakistán) se fortalecieron. La conclusión a la que llegan los tres países es bastante simple: si bien cooperar con Estados Unidos es posible, delegar completamente la seguridad a Washington ya no es viable. Turquía aporta a la alianza una gran fuerza militar y una industria de defensa desarrollada; Pakistán, por su parte, aporta experiencia militar y su capacidad nuclear; y Arabia Saudita, recursos financieros e influencia política. Juntos, son capaces de negociar con Washington no como tres socios dependientes, sino como una coalición independiente. ¿Por qué, entonces, Trump está satisfecho con este nuevo acuerdo? La autodefensa regional es coherente con su principio de larga data de que los aliados de Estados Unidos deben asumir mayores costos y responsabilidades. Además, oponerse abiertamente al pacto equivaldría a reconocer las preocupaciones de Estados Unidos e impulsar a los tres países hacia una mayor independencia. Washington se beneficia al acoger con beneplácito la nueva estructura y mantener su influencia a través de la OTAN, la venta de armas, la cooperación en materia de inteligencia y las relaciones bilaterales. Finalmente, Trump puede presentar la situación no como un debilitamiento de Estados Unidos, sino como un éxito de su propia política: “un ejemplo de cómo los aliados se han unido para compartir la carga común”. Sin embargo, la brecha subyacente persiste. El acuerdo de La Meca consagra el derecho de las potencias regionales a decidir por sí mismas quién representa una amenaza y cuál debe ser su respuesta. Ankara, Riad e Islamabad no tienen intención de romper relaciones con Estados Unidos, pero buscan protegerse ante la posibilidad de que la política estadounidense vuelva a ser impredecible o se vea subordinada principalmente a los intereses israelíes. Formalmente, el pacto no está dirigido contra Washington; pero políticamente, significa un alejamiento del apoyo estadounidense hacia un sistema de seguridad más policéntrico. Por ello, los expertos consideran el acuerdo como una señal del declive del papel de Estados Unidos en la región. Por cierto, toda la región, desde el Mediterráneo oriental hasta el sur de Asia, sigue de cerca el nuevo acuerdo. India observa preocupada que su principal adversario, Pakistán, ha recibido garantías colectivas de dos estados influyentes. Israel debe tener en cuenta que Turquía ahora pretende apoyarse no solo en sus propias fuerzas y su pertenencia a la OTAN, sino también en un mecanismo de defensa regional independiente. Asimismo, Grecia, que mantiene disputas históricas con Ankara en el mar Egeo, en relación con Chipre y las fronteras marítimas, no puede ignorar el fortalecimiento de la posición de Turquía. Por lo tanto, podría surgir gradualmente otra configuración como respuesta: un eje hipotético formado por India, Israel y Grecia, que posiblemente incluya a Chipre. Ya existen las bases para ello: India está desarrollando la cooperación técnico-militar con Israel, Grecia está adquiriendo sistemas israelíes de misiles y defensa aérea, y en febrero del 2026, Nueva Delhi y Atenas firmaron una declaración sobre la ampliación de la cooperación en la industria de la defensa y acordaron elaborar una hoja de ruta quinquenal. Actualmente no hay motivos para hablar de la inminente formación de un pacto trilateral formal. India ha declarado oficialmente que está estudiando las implicaciones del Acuerdo de La Meca para su seguridad nacional y la estabilidad regional, pero mantiene la cautela. Lo más probable es que, inicialmente, surja un posible contrapeso no en forma de un tratado único, sino como una red de ejercicios conjuntos, intercambio de inteligencia, cooperación en defensa aérea, sistemas no tripulados y seguridad marítima. Sin embargo, la mera posibilidad de tal configuración demuestra que el Acuerdo de La Meca ya ha puesto en marcha la lógica del equilibrio regional: el surgimiento de un único centro de poder casi inevitablemente acerca a sus potenciales rivales. Pero, ¿está Erdogan realmente preparado para luchar contra Israel? Si bien las represalias son bastante posibles, una guerra a gran escala planificada de antemano es improbable. Turquía no está interesada en una confrontación directa. La guerra afectaría su ya maltrecha economía, desencadenaría inevitablemente una crisis en la OTAN, complicaría las relaciones con Estados Unidos y podría escalar rápidamente más allá de un conflicto bilateral. Israel también comprende que una guerra con Turquía conlleva un riesgo incomparablemente mayor que las operaciones contra actores no estatales o los ataques contra vecinos más débiles. Sin embargo, este escenario ya no es del todo descabellado. La principal zona de riesgo es Siria, donde los intereses de ambos países chocan con frecuencia. Ankara busca consolidar su influencia en Damasco, fortalecer el Estado sirio manteniendo el apoyo a Turquía e impedir el surgimiento de fuerzas hostiles en la frontera turca, mientras Israel intenta limitar el ascenso de Turquía y preservar la libertad de acción militar. Ambas partes mantienen canales técnicos para prevenir enfrentamientos accidentales, pero un ataque contra un objetivo que albergue personal militar turco o la muerte de ciudadanos turcos podrían desencadenar una reacción en cadena. Otra zona potencial de conflicto es el Mediterráneo oriental, incluyendo Chipre y las zonas marítimas en disputa. El riesgo aumentará si las operaciones israelíes en Siria y Líbano, que Erdogan ya ha descrito como una amenaza para la seguridad de Turquía, continúan expandiéndose. Si el sátrapa turco decide que Israel “no está dispuesto a calmarse”, ignora las líneas rojas y acerca gradualmente la amenaza a las fronteras turcas, Ankara podría pasar de la presión diplomática a medidas militares limitadas, como el fortalecimiento de los sistemas de defensa aérea, el apoyo a las fuerzas aliadas en Siria, interceptaciones, despliegue naval o ataques de represalia. Un incidente local que podría descontrolarse parece más realista que una decisión deliberada de ambos líderes de iniciar una guerra a gran escala. El acuerdo de La Meca eleva los costos de un ataque contra Turquía, pero no implica automáticamente que Arabia Saudita y Pakistán vayan a iniciar una guerra a gran escala con Israel. El texto completo del documento aún no se ha publicado, y la defensa colectiva podría incluir diversas formas de asistencia, desde apoyo político e intercambio de inteligencia hasta participación militar directa. Por ahora, es principalmente un instrumento de disuasión: su propósito no es facilitar la guerra, sino disuadir a un adversario potencial de iniciarla. Por lo tanto, la declaración de Erdogan debe interpretarse dentro de esta lógica. No está declarando la guerra a Israel, sino que está minando la confianza del liderazgo israelí en que Turquía, bajo ninguna circunstancia, se limitará a protestas y declaraciones diplomáticas. Una guerra turco-israelí a gran escala sigue siendo irrealizable. Sin embargo, si las acciones israelíes afectan a las fuerzas turcas o son percibidas por Ankara como una amenaza directa a la seguridad nacional, Erdogan es capaz de responder con la fuerza. Entonces, la cuestión ya no sería si desea la guerra, sino si las partes son capaces de detenerla tras el intercambio inicial de ataques.

SARAJEVO: Tragedia e historia

Famosa por su fascinante mezcla arquitectónica, su vibrante vida callejera y el espíritu indomable de su gente, Sarajevo es conocida desde hace mucho tiempo por su diversidad religiosa. En efecto, la capital de Bosnia y Herzegovina entró en la conciencia mundial recién en el siglo XX tras el asesinato de 1914 del heredero de la Corona Imperial Austro-húngara a manos de un terrorista serbio que precipitó la Primera Guerra Mundial y que cambio el destino de Europa; Sede de los Juegos Olímpicos de Invierno de 1984 y posteriormente del brutal asedio de cuatro años, que fue uno de los momentos más sangrientos en el transcurso de la Guerra Civil en la antigua Yugoslavia de la década de 1990, que significo su desaparición. Sin embargo, a pesar de su rica historia, y precisamente gracias a ella, Sarajevo es un lugar que pocos visitantes olvidarán. Si vas a visitarla por primera vez, esto es lo que debes saber. Por cierto, no hay mala época para visitar Sarajevo; incluso el invierno, cuando los días más cortos suelen tener temperaturas inferiores a 0 °C, tiene su encanto, sobre todo si te gustan los deportes de nieve. Sede de los Juegos Olímpicos de Invierno de 1984, Sarajevo cuenta con dos estaciones de esquí de categoría olímpica: Jahorina y Bjelašnica , ambas a unos 25 km del centro de la ciudad. La temporada de esquí va de noviembre a marzo, siendo febrero generalmente el mejor mes para encontrar pistas en buen estado. Ambas estaciones ofrecen hoteles cerca de las pistas. Si no te gusta el frío, a principios de noviembre las temperaturas son más agradables y también es cuando se celebra el Festival de Jazz de Sarajevo, de tres días de duración.En cambio, la primavera y el otoño ofrecen condiciones ideales para practicar senderismo en las montañas que rodean la ciudad. Bjelašnica es un punto de partida fantástico para hacer senderismo hasta pueblos de montaña tradicionales como Umoljani, un lugar remoto donde las costumbres se han mantenido intactas durante cientos de años. También se puede tomar el teleférico de Sarajevo, que asciende unos 500 metros hasta un mirador a 1164 metros en el monte Trebević, o visitar el popular parque Vrelo Bosne. A los lugareños les encanta este conjunto de exuberantes islotes en los manantiales del río Bosna para hacer picnics o comer en restaurantes los fines de semana. Si bien el verano atrae turistas a toda la región, incluyendo Mostar y la costa croata, Sarajevo se mantiene más fresca y menos concurrida. El verano también está repleto de eventos culturales, como el extenso festival de artes Baščaršijske Noći en julio, donde se presentan música, teatro y todo tipo de espectáculos en el centro de la ciudad, y el Festival de Cine de Sarajevo a mediados de agosto. Un fin de semana en Sarajevo te dará tiempo suficiente para pasear por sus calles, comer en restaurantes y divertirte con los lugareños. Pero te recomendamos añadir uno o dos días a tu viaje para que puedas adentrarte en las montañas y disfrutar de una o dos excursiones con paisajes espectaculares. Sarajevo es una ciudad ideal para recorrer a pie. Además, gracias a su extensa red de tranvías y autobuses (que incluye trolebuses y minibuses), es fácil desplazarse rápidamente entre destinos distantes. Los billetes se pueden comprar en los quioscos, ubicados en las calles principales y fáciles de encontrar, o directamente al conductor al subir. Es necesario validar el billete una vez a bordo; los controles para detectar a quienes viajan sin pagar son frecuentes. En tanto, el aeropuerto internacional de Sarajevo se encuentra a menos de 10 km (6 millas) al suroeste de Baščaršija. En la ciudad, no debería tener problemas para encontrar un taxi con taxímetro que le lleve al aeropuerto, pero en la terminal no siempre es fácil encontrar uno dispuesto a encenderlo. Para una visión impactante de la historia reciente de Sarajevo, visite el Museo de la Infancia en Guerra. Esta institución surgió a raíz del libro de Jasminko Halilović, publicado en el 2013, en el que preguntó a los supervivientes del asedio de Sarajevo: "¿Cómo fue para ustedes una infancia en guerra?". El museo presenta 50 de estas historias personales, cada una acompañada de objetos donados por sus autores - como diarios, juguetes y zapatillas de ballet - que reflejan sus experiencias al crecer durante la guerra. En el Museo Nacional de Bosnia y Herzegovina, puede visitar la exposición permanente "Sarajevo sitiada", que documenta la vida cotidiana durante el asedio serbio de 1992-1995. Cabe precisar que la vida cafetera de Sarajevo es una parte esencial de la vida local. No te pierdas el legendario Caffe, decorado con objetos de la Segunda Guerra Mundial (incluso hay un tanque en el jardín), y Zlatna Ribica, repleto de antigüedades. Cuando hace buen tiempo, las mesas se extienden hasta la calle y los amigos se reúnen durante horas para charlar y observar a la gente. Tómate tu tiempo: es completamente normal disfrutar de una sola bebida durante horas. Si sales con gente local, recuerda que quien invita suele pagar la cuenta. Puedes pasar una mañana recorriendo Baščaršija (pronunciado bash-CHAR-shi-ya), el corazón del casco antiguo de Sarajevo, cuyo centro es la famosa fuente Sebilj. El nombre del barrio deriva del turco y significa "mercado principal", y, como era de esperar, está repleto de puestos, un animado callejón de caldereros, imponentes mezquitas otomanas, restaurantes y un sinfín de acogedores cafés. Siguiendo la calle Sarači se puede llegar al amplio bulevar peatonal Ferhadija para descubrir el Sarajevo austrohúngaro. Algunos ejemplos particularmente grandiosos de la arquitectura de este período bordean la ribera del río, entre los cuales podemos citar a los siguientes: 1-Ayuntamiento de Sarajevo: La fachada a rayas de estilo neomorisco, digna de un cuento de hadas, convierte a la triangular Vijećnica (1896) en el edificio más bello de la época austrohúngara en Sarajevo. Gravemente dañada durante el asedio de la década de 1990, reabrió sus puertas en el 2014 tras una laboriosa reconstrucción. Su interior, restaurado con gran colorido, y su techo de vidrieras son magníficos. Su entrada también le permite visitar la excelente exposición «Sarajevo 1914-2014» en el sótano octogonal. Esta exposición ofrece breves resúmenes de la historia de la ciudad durante el siglo XX, una visión de las subculturas de la moda y la música, y revelaciones sobre la vida amorosa del Archiduque austriaco Francisco Fernando de Habsburgo. En 1914, Francisco Fernando y su esposa Sofía, regresaban de este mismo edificio cuando fueron asesinados a tiros por Gavrilo Princip, que dio origen a la I Guerra Mundial. Desde 1949, el edificio albergó la Biblioteca Nacional, pero en agosto de 1992 fue atacado deliberadamente con un proyectil incendiario serbio. Alrededor de dos millones de manuscritos, libros y documentos irremplazables fueron destruidos. Los que sobrevivieron podrían regresar algún día, pero por ahora el edificio se utiliza como sala del consejo, para bodas y, ocasionalmente, para conciertos; 2-Museo Nacional de Bosnia y Herzegovina: El museo de historia antigua y natural más grande y mejor dotado de Bosnia se encuentra en un impresionante patio cuadrangular construido expresamente para este fin, compuesto por edificios neoclásicos de 1913. Es conocido principalmente por albergar el invaluable manuscrito iluminado de la Hagadá de Sarajevo, pero hay mucho más que ver. Además de la Hagadá, el edificio principal alberga extraordinarias piezas de cerámica griega y mosaicos romanos. Detrás, el patio central cuenta con un pequeño y encantador jardín botánico y una excepcional colección de stećci medievales (grabados funerarios). A un lado del patio se encuentra el ala etnográfica, donde se han reconstruido elaborados interiores de madera tallada de antiguas casas otomanas y se han poblado con maniquíes ataviados con vestimentas tradicionales. Los insectos disecados y el lobo aullando del edificio de historia natural, situado en la parte trasera del patio, no serán del agrado de todos, pero la exposición está muy bien presentada. Muchos más ejemplos de stećci se exhiben frente al museo, junto a la carretera, y se pueden ver gratuitamente incluso cuando el edificio está cerrado; 3-Antigua Iglesia Ortodoxa: Si bien la forma final de esta iglesia de piedra, de apariencia austera y dedicada a los arcángeles Miguel y Gabriel, data de 1730, su fundación fue considerablemente anterior, posiblemente ya en el siglo V. En su interior, bajo un techo azul noche estrellado, se encuentra un magnífico iconostasio dorado de 1674, presidido por un par de candelabros de 3 metros de altura. El museo del claustro exhibe manuscritos, vestimentas e iconos, los más antiguos de los cuales fueron pintados en el siglo XV; 4-Catedral del Sagrado Corazón: Con sus torres de reloj de doble aguja y rosetones sobre el portal de piedra, esta catedral católica neogótica de 1889 presenta un interior colorido y hermosas vidrieras sobre un altar mayor finamente tallado. Una estatua de San Juan Pablo II, ubicada en el exterior en 2014, conmemora la misa que el papa celebró aquí durante una visita en 1997. En el centro de la plaza frente a la iglesia, el pavimento está salpicado de rojo. Tras el conflicto de los años noventa, muchos cráteres de obuses, incluido este, se rellenaron con hormigón rojo como recuerdo. Si bien algunas de estas "rosas de Sarajevo" se han desvanecido, esta permanece intacta; 5-Túnel de la Esperanza: Durante el asedio de 1992-1995, cuando Sarajevo estaba rodeada por las fuerzas serbobosnias, la única conexión con el exterior era un túnel de 800 metros de largo, 1 metro de ancho y 1,6 metros de alto, que discurría entre dos casas situadas a ambos lados de la pista del aeropuerto. Recorrer un tramo de 25 metros es el conmovedor punto culminante de la visita a la casa bombardeada que ocultaba la entrada occidental del túnel. Aunque el aeropuerto era aparentemente neutral y estaba bajo un control precario de la ONU durante el conflicto, cruzarlo habría sido un suicidio. La solución fue construir en secreto el túnel, que finalmente se equipó con raíles para transportar alimentos y armas. Esto fue suficiente para abastecer a Sarajevo durante casi cuatro años de asedio. Desde este punto regresé al hotel completamente extenuado y posteriormente, luego de disfrutar de su vida nocturna, me despedí de Sarajevo dirigiéndome a Zagreb - capital de Croacia - dentro de nuestra ruta De los Cárpatos a los Balcanes.
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