Una de las consecuencias de la inexorable derrota militar del régimen fascista de Kiev, ya que ni los tanques, ni misiles ni aviones proporcionados por la OTAN alteraran el resultado final de su premeditada agresión contra Moscú, es la persecución por parte de los colaboracionistas a la que está sometida la Iglesia Ortodoxa del Patriarcado de Moscú - de amplia presencia e influencia en Ucrania desde hace siglos - cuyos monasterios e iglesias han sido confiscados y en otros casos atacados, saqueados, clausurados y en muchos casos incendiados, mientras sus sacerdotes y fieles al ser acusados de “espías y traidores”, son perseguidos, encarcelados e incluso asesinados en plena demencial fobia antirrusa que busca borrar su herencia a toda costa. Asimismo, todo el que tenga un nombre ruso o hable ese idioma es un enemigo en potencia al que hay que eliminar en el más breve plazo. En efecto, tras intentar falsear su historia, censurar la lengua rusa e imponer el adoctrinamiento fascista en las escuelas - donde un feroz asesino como Stephan Bandera ha sido elevado a la categoría de “héroe nacional” - el Estado títere ucraniano ha redoblado sus ataques a la libertad religiosa. Para Kiev, quien no esté dispuesto a romper con la Iglesia de Moscú es culpable “de un crimen contra el estado”, sin importar lo que su fe y su conciencia le dicten. Como recordareis, el pasado mes de diciembre, con el objetivo de alcanzar lo que llamó "independencia espiritual", el cómico callejero reconvertido en “presidente” de Ucrania, Volodymir Zelenski, aprobó la decisión del Consejo de Seguridad Nacional y Defensa del país de prohibir las actividades de "organizaciones religiosas afiliadas a los centros de influencia de la Federación de Rusia". "Aseguraremos completa independencia para nuestro Estado. En particular, independencia espiritual. Nunca permitiremos a nadie construir un imperio dentro del alma ucraniana", abundó el títere colaboracionista en un mensaje grabado y divulgado en su canal oficial de Telegram. Asimismo, también anunció que el Servicio Estatal de Etnopolíticas y Libertad de Conciencia fue comisionado para examinar el estatuto administrativo de la Iglesia ortodoxa, debido a su vinculación histórica con el Patriarcado de Moscú. Zelenski indicó que, además, la estrategia contempla que los cuerpos de seguridad ucranianos intensifiquen sus medidas para identificar y contrarrestar actividades de los servicios especiales rusos en el ambiente religioso de su país, “con la intención de implementar sanciones”. "Con estas y otras decisiones, garantizamos la independencia espiritual de Ucrania", aseveró. Luego del anuncio, la presidencia ucraniana anunció la aplicación de sanciones contra siete sacerdotes de la Iglesia ortodoxa ligados al Patriarcado de Moscú. La prensa rusa denunció que los seguidores de la Iglesia ortodoxa, así como sus integrantes, han sufrido persecución en Ucrania durante los últimos años, además de que durante las últimas semanas han padecido allanamientos en sus propiedades. Independientemente del conflicto actual entre Rusia y Ucrania los vínculos culturales, y en este caso religiosos, entre ambos países son profundos y llevan una historia conjunta de más de 10 siglos. Frente a estos ataques, medios occidentales recién comenzaron a poner atención en el fenómeno, aunque los amedrentamientos ucranianos contra los integrantes de la Iglesia ortodoxa rusa llevan años ocurriendo. La decisión de Zelenski fue criticada por diferentes medios europeos y estadounidenses, a pesar de que en el contexto del conflicto ruso-ucraniano los países occidentales han determinado brindar su apoyo a Ucrania, siguiendo la línea antirrusa que desde varios años define sus líneas editoriales y el discurso a nivel gubernamental. Así, el editor jefe de Newsweek, Jonathan Tobin, publicó en el medio un artículo de opinión donde, calificó a Ucrania como un país "profundamente corrupto", diferenciado del parangón de democracia que Occidente quiere extraer de él: "Usando la guerra que va perdiendo como una excusa, Zelenski ha prohibido a su oposición política y echado abajo todos los medios que no son controlados por su régimen", denunció el periodista. "El intento de Zelenski de prohibir las Iglesias ortodoxas, que responden a la Iglesia ortodoxa rusa, debe dispersar cualquier noción de que los estadounidenses están respaldando los valores occidentales de libertad en esta guerra" evaluó además Tobin. La maniobra del colaboracionista ucraniano contra este cuerpo religioso, consideró el periodista estadounidense, contradice a los entusiastas que pintan el conflicto como un choque entre un opresor autoritario y un demócrata indefenso “Ahora sabemos quién es realmente el primero - en referencia a Zelenski-, al pretender controlar las conciencias” escribió. "Muchos rusos étnicos y hablantes de ruso que viven en el país no se identifican con el nacionalismo ucraniano. A pesar de esto, las Iglesias, que no están tomando parte en el conflicto, son vistas por Zelenski y sus compañeros como enemigos", añadió. Junto a Tobin, la medida de Zelenski contra la organización religiosa motivó reservas expresadas en otros medios como The Guardian, Fox News o The Independent. Un obispo oriental consultado por Fox News, por ejemplo, condenó la decisión de Zelenski y llamó a distinguir que la Iglesia ortodoxa es una organización religiosa con intereses ucranianos, no controlada por el Gobierno de Putin. "Así que, de nuevo, no hay justificación alguna para destruir y prohibir esta Iglesia. E incluso muchas ‘celebridades’ que respaldan a Zelenski en Occidente no han dicho nada al respecto, y deberían haberlo hecho", recriminó con dureza. Por su parte, el reverendo Mykolay Danylevich, citado por The Independent, consideró la orden presidencial ucraniana como un atentado intestino contra los propios habitantes del país europeo, que incluso calificó de "suicido nacional" y un intento por prohibir expresar su fe a su propio pueblo. Cabe precisar que la Iglesia ortodoxa de los pueblos eslavos comenzó su desarrollo en Kiev, hoy la capital de Ucrania, cuando comenzó la evangelización de los pueblos eslavos desde Bizancio. La transición para que se convirtieran al cristianismo fue en Kiev, luego la sede se pasó a Rusia, donde el patriarca de Moscú adquirió mucha importancia, al grado de que se denominaban la Tercera Roma, en referencia a la capital del cristianismo originada en la Roma vaticana, luego su traslado a Constantinopla y con un tercer momento en la capital rusa tras la caída del Imperio Bizantino en manos de los turcos en 1453. En ese sentido, Kiev quedó desde entonces dependiente del Patriarcado de Moscú. Sin embargo, tras la independencia de Ucrania - como consecuencia del derrocamiento de la dictadura comunista y el colapso de la URSS - la Iglesia ucraniana buscó subrayar su autonomía ante la influencia moscovita. En el 2016 se presentaron al Parlamento de Ucrania varios proyectos de ley sobre modificaciones a la legislación de Ucrania en términos de libertad de conciencia y el estatuto de las organizaciones religiosas, que buscaban restringir o prohibir las actividades de la Iglesia ortodoxa rusa y trasladar sus templos a otra jurisdicción. El 18 de mayo del 2017, bajo presión pública, el Parlamento pospuso la discusión de estos proyectos de ley. Sin embargo, el 20 de diciembre del 2018, su consideración fue nuevamente incluida en su agenda. Al mismo tiempo, el 15 de diciembre de ese año, a iniciativa del entonces presidente ucraniano, Petró Poroshenko, y patriarca Ecuménico de Constantinopla Bartolomé I, en Kiev se celebró un llamado concilio de unificación, al que asistieron en su mayoría representantes de organizaciones eclesiásticas no canónicas, el cual eligió a Epifani como primado de la nueva y no canónica “Iglesia ortodoxa de Ucrania”. A principios de enero del 2019, Bartolomé I le hizo entrega del tomos, documento por el que otorgó la autocefalia a la congregación. La Iglesia ortodoxa rusa calificó el día de la firma del tomos como una fecha trágica para la ortodoxia mundial y rompió relaciones con Constantinopla y los jerarcas de otras Iglesias que reconocieron el cisma ucraniano. Tras el inicio de la operación militar especial rusa en Ucrania en el 2022 para salvar del genocidio a las minorías rusoparlantes de las hordas fascistas de KIev, los ataques a los templos de la Iglesia ortodoxa rusa por parte de nacionalistas ucranianos y representantes de la autonombrada “Iglesia ortodoxa de Ucrania” se hicieron más frecuentes. Las autoridades locales de varios niveles comenzaron a dictar órdenes para prohibir las actividades de la canónica Iglesia ortodoxa fiel al Patriarcado de Moscú, así como para trasladar sus Iglesias ortodoxas al control de la “Iglesia ortodoxa de Ucrania”. No cabe duda que la prohibición de Zelenski contra las organizaciones religiosas "afiladas a los centros de influencia" en Rusia puede fortalecer sus intereses de separación de las culturas rusa y ucraniana por la vía del fortalecimiento del nacionalismo de este segundo país, que en el contexto del conflicto, propicia ánimos exacerbados. "Se está dando un nacionalismo muy fuerte en Ucrania. Se está haciendo un daño muy fuerte a la relación entre Ucrania y Rusia, que son pueblos hermanos, Ucrania era la pequeña Rusia, se le llamaba así en el imperio ruso. El exacerbado nacionalismo que hay en Ucrania se ha trasladado a lo religioso para reconocer que tienen su propia Iglesia, su propio patriarca y que nada los une con Rusia, intentando alterar groseramente la historia", apuntó Danylevich “Con la dificultad que implican los conflictos, fomentando las hostilidades y odios expresados en el ámbito religioso está conduciendo a atentados y otras expresiones de violencia muy sensibles, que merecen ser denunciados y condenados. Occidente ya no puede seguir cerrando los ojos ante este atropello” puntualizó.
Las producciones noruegas continúan apoderándose del gusto de los usuarios de plataformas de streaming y para muestra la recién lanzada película Vikingulven (Viking Wolf) - disponible a través de la plataforma de Netflix - la cual busca rescatar la historia de estos seres mitológicos y traerlos a la actualidad. Eso mezclado con el thriller policial y el terror adolescente. Desde su estreno, la popularidad del film ha ido en aumento, logrando estar entre los más visto del servicio de entretenimiento, consiguiendo meterse en el top 10 de películas más vistas el fin de semana en 89 países. Dirigida por Stig Svendsen - quien anteriormente dirigió la película de terror estadounidense 'Elevator' (2012) y coescrito el guion con Espen Aukan, autor de la exitosa 'Troll' (2022) - es protagonizada por Liv Mjönes, Marius Lien y Arthur Hakalahti, con un guion escrito por Stig Svendsen, Espen Aukan y Jannicke Systad Jacobsen. Sucede que en tiempos pretéritos, los vikingos que saquean una aldea, encuentran una criatura parecida a un lobo y la llevan consigo de regreso a Escandinavia, donde la maldición ha permanecido desde entonces. Aquí pasamos al presente, en donde encontramos a una veterana oficial de policía en un pequeño pueblo donde comienzan una serie de brutales crímenes que inician una búsqueda del asesino al más puro estilo thriller nórdico. También entramos en su vida personal, y su tensa relación con su hija adolescente, Thale, una joven de 17 años, quien asiste a una fiesta donde una estudiante es asesinada brutalmente, y termina convirtiéndose en una testigo clave del hecho y a su vez, en sospechosa. Pronto la trama se divide y seguimos la investigación de la madre, por una parte, y por otra la de Thale. En la escena del crimen, se puede ver a dos niñas cubiertas de sangre bajo el brillo de la luna llena. Fuera de la pantalla, se logra escuchar el gruñido de un hombre lobo, cuando una de ellas es arrastrada al bosque. ¿Un lobo salvaje está matando gente en la ciudad o es algo más monstruoso? Aunque las películas con estas temáticas suelen ser predecibles, en esta nueva producción el espectador descubrirá poco a poco el misterio y la intriga que envuelve a esta historia. A diferencia de Troll, esta película es menos impactante visualmente, pero al final tiene algunos giros en la historia que la han hecho del gusto del público. El film se compromete a contar la historia volviendo a los orígenes, pero sin actualizar demasiado la mitología sobre estos seres. Una de las cosas que más ha llamado la atención entre la prensa especializada, es que este proyecto no encaja en los patrones tan frecuentes de las películas propagandísticas de Hollywood de esta naturaleza, por lo que no extraña sus críticas negativas a la película. Así, Karina Adelgaard de Heaven Of Horror escribió: “No es una de mis películas favoritas de hombres lobo, pero la disfruté más de lo que esperaba. Se siente un poco demasiado larga y podría haberlo hecho sin los personajes estereotípicos que arruinan el ambiente más oscuro de la historia”. Por su parte, Arnav Srivastav de High On Films dijo: “Vikingulven se siente como una recreación derivada de la mecánica del género que ha tardado años en madurar. Casi cada movimiento que hace es predecible y logra crear una experiencia apenas útil, lo cual es decepcionante dada la riqueza de las leyendas culturales de Noruega”. Pero el crítico Alex Wiggan de It’s A Stampede es más feroz: “Vikingulven no es algo que se destaque entre la multitud de films del género. Lamentablemente, esta es una película estándar de hombres lobo, que brinda algo de entretenimiento, pero dudo que se quede en la mente una vez que aparezcan los créditos” aseveró. Sabemos perfectamente qué problema hay desde un principio, por lo que el misterio no funciona, y la trama de Thale se deja en segundo plano hasta el último tercio. Hay un conflicto madre e hija interesante y obviamente una correlación que crea un dilema para la policía, pero se desaprovechan muchos aspectos de la mitología que despliega y que hubiesen sido mejor aprovechadas en esta producción para televisión. Aun así y a pesar de las criticas interesadas y subjetivas, Vikingulven se revela como una obra bastante sangrienta, con un enfoque más serio y siniestro de lo que las habituales piezas para el mercado juvenil que saca Netflix y al que nos tiene acostumbrados. Quizá la buena recepción que tiene responda más a anhelo del público por una buena puesta al día de un género con demasiadas décadas huérfano de un nuevo clásico.
El general estadounidense de cuatro estrellas Mike Minihan, jefe del Comando de Movilidad Aérea (AMC) de la Fuerza Aérea de EE. UU., cree que los EE. UU. y China entrarán en guerra para el 2025.“Espero estar equivocado. Pero mi instinto me dice que lucharemos contra ellos en el 2025”, escribió Minihan en un memorando a sus oficiales, obtenido por los medios de comunicación. El mensaje instruye al personal de AMC a capacitarse y poner sus asuntos en orden para que estén " legalmente listos y preparados para un conflicto que es inevitable”. Esta predicción es la más directa y contundente hasta ahora de un funcionario estadounidense sobre la perspectiva de un posible conflicto entre EE. UU. y China, además de las indicaciones del discapacitado físico y mental de Joe Biden de que “EE. UU. intervendría del lado de Taiwán si China la invadiera”. Obviamente, Minihan no es un formulador de políticas y el memorando no es una declaración oficial de la política militar de EE. UU. hacia China. Pero no se debe subestimar la influencia de las fuerzas armadas de EE. UU. y, por extensión, del complejo militar-industrial, en la formulación de la política exterior estadounidense y en el estado de ánimo en Washington en general. La realidad es, especialmente como se ve en Ucrania, que el riesgo de un conflicto entre las principales potencias es posiblemente el más alto desde el final de la Segunda Guerra Mundial o el apogeo de la Guerra Fría. Eso se debe a que EE.UU. insiste en verse a sí mismo como “el gendarme del mundo que debe poseer una hegemonía global permanente” cuando lo cierto es que se encuentra en decadencia y su pretendida posición predominante en el mundo está en entredicho por el imparable ascenso de China quien junto con Rusia lideran el Nuevo Orden Mundial, donde EE.UU. no tiene cabida, algo que Washington se resiste a aceptar. Sin embargo, se ha visto obligada a admitir que la competencia se está poniendo al día, por lo que se encuentra lista para usar todos los medios necesarios y asumir riesgos masivos para evitar el posicionamiento de poderes rivales. Como tal, EE. UU. y China corren el riesgo de caer en la llamada " trampa de Tucídides", que se describe como "una aparente tendencia a la guerra cuando una potencia emergente amenaza con desplazar a otra potencia existente como el nuevo e indiscutible nuevo líder hegemónico internacional". Cabe precisar que la actual distribución del poder en el mundo se describe como “multipolaridad emergente”. Así, luego de tres décadas de unipolaridad estadounidense, cuando EE.UU. gobernaba sin oposición imponiendo su infame Pax Americana, el surgimiento de varias potencias fuera de su control - como China - están cambiando el orden internacional. La multipolaridad difiere de la “bipolaridad”, donde dos poderes compiten por la hegemonía, siendo el ejemplo más conocido el de EE. UU. y Rusia durante la Guerra Fría. Si bien la bipolaridad brinda una forma de estabilidad, ya que las capacidades militares de ambas potencias están equilibradas y los riesgos de un conflicto potencial son extremadamente altos, la historia muestra que la multipolaridad generalmente genera inestabilidad, ya que crea un entorno internacional inseguro, impredecible y competitivo. El mundo de 1914, donde un teatro de potencias europeas en competencia luchaban por el dominio internacional, finalmente estalló en la Primera Guerra Mundial. A medida que las potencias mundiales en competencia expandieron sus ambiciones imperialistas, buscaron contener a otros formando alianzas e iniciando carreras armamentistas. ¿Os suena familiar? Debería. El mundo de hoy tiene algunos paralelos inquietantes. EE.UU., una hegemonía insegura cuyo poder está disminuyendo a medida que surgen otras potencias mundiales, busca desesperadamente degradar, socavar y contener a sus rivales desencadenando carreras armamentistas y ampliando los sistemas de alianzas. El enfoque en expandir la OTAN buscando aislar a Rusia, ha provocado el conflicto en Ucrania, pero peor aún, la administración Biden está buscando activamente expandir ese modelo al este de Asia contra China, en forma de bloques como Quad y AUKUS. Si bien en teoría se supone que estos sistemas de alianza establecen la disuasión y proyectan el poder estadounidense, en la práctica la historia muestra que este comportamiento solo provoca, en lugar de prevenir, el conflicto. La Guerra Fría es la única excepción en toda la historia, y el conflicto de Ucrania no ha hecho más que afirmarlo. Porque cuando un estado busca armarse con el enfoque de apuntar deliberadamente a otro, el otro responde, creando un ciclo de escalada. Por lo tanto, cada estado corre para mejorar sus capacidades con el objetivo de responder al otro, y el ciclo se vuelve auto-reforzante. ¿Cómo estallan las carreras armamentistas durante las guerras? La respuesta es que en un clima de creciente paranoia política, sospecha y desconfianza que acompaña a estas tensiones militares, a algunos estados les gusta preguntarse “ ¿qué pasa si me atacan primero?”. o "¿están planeando un ataque?" El peligro surge cuando un estado percibe que se enfrenta a una contención militar o a un posible ataque preventivo, su “única opción” es atacar primero y asestar el primer golpe. Esto, nuevamente, tiene sus raíces en las lecciones de la historia de la Primera Guerra Mundial. Una vez que Austria-Hungría (un aliado de Alemania) declaró la guerra a Serbia, Alemania creyó que la guerra con Francia (un aliado de Rusia) era inevitable. Por lo tanto, se tomó la decisión de atacar preventivamente a Francia, a través de Bélgica. ¿Por qué es esto relevante hoy? Porque, ¿qué pasa si en algún momento China decide que no tiene más remedio que atacar primero a EE. UU. o Japón, antes de que intervengan con la fuerza de las armas para proteger a Taiwán? Tenga la seguridad de que aún no hemos llegado a ese punto, y Beijing normalmente es reacio al riesgo cuando se trata de este tipo de cosas. Los comentarios del general estadounidense son por cierto, demasiado dramáticos, al menos en este punto. Sin embargo, son peligrosos porque reflejan el sentimiento de que, tarde o temprano, la guerra es inevitable, y cuando se cree en ello, se trata como tal, y así la guerra se convierte en una realidad. En este momento, puede parecer impensable, pero también lo fueron muchas otras guerras en el pasado. A medida que Washington continúa aumentando las tensiones con Beijing, es cada vez más probable que se produzca un punto de inflexión o un error de cálculo, y ahí es donde radica el peligro.
En el género de los FPS lo más habitual es encontrarnos con juegos en los que los tiroteos son constantes, con combates brutales en los que las balas vuelan de aquí para allá, aunque también hay otros títulos que plantean desafíos más elevados y nos obligan a demostrar nuestra capacidad de supervivencia. Dentro de este último grupo de encuentra la saga Metro. La serie de videojuegos inspirada en las novelas del mismo nombre y escritas por el autor ruso Dmitri Glukhovsky se divide en tres entregas diferentes, pero sobre la que os vamos a hablar hoy es la última de ellas: Metro Exodus. Más que nada porque cualquiera que esté suscrito a PlayStation Plus Extra y Premium puede acceder a su correspondiente descarga en PlayStation Store. Además, es uno de esos juegos que será mejor que lo pilléis cuanto antes y os lo paséis, porque está previsto que abandone el catálogo el 21 de febrero. Por suerte, tenéis tiempo más que de sobra para pasároslo y comprobar por vuestra propia cuenta lo que le hace tan especial a este FPS. La tercera parte de la franquicia continúa con los sucesos que tuvieron lugar en Metro: Last Light. Artyom vuelve a ser el protagonista una vez más y no os preocupéis si sois de los que no habéis jugado a los Metro anteriores, porque la propia aventura os pone al día de todo lo sucedido y tampoco es que sea realmente indispensable. En cualquier caso, en esta ocasión por fin se abandonan los oscuros y tétricos túneles del metro de Moscú para salir al aire libre. Se decía que la guerra nuclear que había tenido lugar en todo el mundo había arrasado con toda la población, pero Artyom estaba convencido de que todavía había vida en el exterior. De ahí que junto con un grupo de compañeros se sube en la Aurora, un tren con el que viajan por las vías de todo el país para descubrir que efectivamente no estaban solos, aunque con lo que no contaban es que a las afueras del metro las cosas no eran más sencillas en absoluto. Todo esto deja la puerta abierta a visitar unos escenarios inmensos en forma de mundos abiertos, entre los que hay una zona nevada, un desierto o un bosque, entre otros tantos. Lo mejor de todo es la libertad que ofrecen a la hora de explorarlos, algo nunca visto hasta ese momento en la saga. A su vez, cada uno de los lugares que se pueden visitar se caracteriza por contar con desafíos completamente distintos entre sí. A pesar de todo, el hecho de que la mayor parte de la acción transcurra en el exterior no quita que haya zonas radioactivas o contaminadas que requieren que siempre tengamos a mano nuestra máscara de gas para no morir al instante. Aun así, no es el mayor peligro a tener en cuenta, porque tampoco faltan los bandidos, así como los mutantes y otras criaturas abominables que nos lo hacen pasar realmente mal. La exploración es fundamental, porque en ningún momento te libras de la escasez de recursos, lo que te obliga a examinar hasta el lugar más recóndito en busca de cualquier material que pueda servir de ayuda. Sin embargo, hay zonas que recuerdan más a los primeros Metro por su oscuridad o por ser más cerradas en las que salir con vida de ellas no será coser y cantar, aunque a veces no te queda más remedio que atravesarlas. Ya no solo por llevar a cabo las misiones principales, sino también por las secundarias que van facilitando los personajes, aunque también hay que reconocer que estas no son nada del otro mundo y pueden dar la sensación de relleno para alargar más todavía la duración de la campaña, que puede ser fácilmente de unas 15-20 horas dependiendo del tiempo que dediquéis a cada escenario. Por su parte, el argumento es magnífico y va cobrando más peso mientras vas progresando, con un buen nivel que no decae a medida que se van completando los distintos capítulos. El hecho de que Metro Exodus se trate de un FPS de supervivencia implica que cada bala cuenta y hay que administrarlas a conciencia. De nada sirve ponerse a disparar como loco a cualquier cosa que se mueva porque a la larga puede acabar siendo demasiado perjudicial por no disponer de las herramientas necesarias para eliminar a los enemigos. Es por ello que también hay que apuntar perfectamente para que al menos los impactos causen estragos de verdad. Al menos Artyom puede empuñar varias armas diferentes, entre las que hay pistolas, escopetas, rifles de francotirador, etc., a las que se les puede modificar sus componentes para alterar sus estadísticas y efectos, aparte de su diseño. No obstante, las armas se pueden estropear si se usan demasiado o si se mojan, provocando que la suciedad haga que empeoren o incluso se rompan del todo. Por cierto, las mesas de trabajo son esenciales para fabricar artículos, filtros para las máscaras, para reparar el cristal de estas y por supuesto para devolver a su estado normal todas las armas, aunque en este sentido también habrá que tener muy presente los recursos de los que disponemos para no usarlos con cualquier cosa así sin más. Estas mesas se encuentran en lugares de descanso que también se pueden aprovechar para dormir y así cambiar el ciclo del día por si alguien prefiere que sea por la mañana o de noche. Esto también afecta a las amenazas con las que toca lidiar, porque por el día los bandidos son más propensos a atacar o permanecerán más alerta en sus fortalezas, mientras que por la noche es más probable cruzarse con los espeluznantes mutantes. Sea como sea, la experiencia es fácil que te mantenga en tensión por el temor a lo que te puedas encontrar y sobre todo por la incertidumbre de no saber si dispondrás de los materiales suficientes para sobrevivir. En resumidas cuentas, Metro Exodus es el capítulo más completo de toda la saga y un FPS que, pese a no ser perfecto, os mantendrá bien enganchados a los mandos si sois de los que gustan las experiencias que no se limiten a acribillar a enemigos sin parar.
Admitámoslo: las relaciones entre Ucrania y Hungría distan de ser fáciles. Ambos países comparten vecindad en torno a la región de Transcarpatia, que hoy es territorio ucraniano, pero formó parte de Hungría desde el siglo X hasta 1918, cuando la ocuparon las tropas de la efímera República Popular de Ucrania Occidental. Luego la tomó el ejército rumano, la recuperaron efectivos de la República Soviética Húngara, pasó a integrarse en Checoslovaquia con el Tratado de Trianon (1920) y, de nuevo, en Hungría hasta 1944. A partir de ese año, los soviéticos ocuparon la región y, tras una ‘cesión' por parte del gobierno checoslovaco - títere de Moscú - , la integraron en la República Socialista Soviética de Ucrania. Así, en menos de treinta años, la región cambio de manos hasta en cinco ocasiones. Al igual que sucedió a los húngaros de otras provincias de la Hungría histórica, pasaron a convertirse en extranjeros en su propia tierra. Según Csernicskó, Márku y Zontán (Trancarpathia 1920-2020. Transcarpathian Hungarians in the Last 100 Years), en 1901, el 30% de la población de la región eran húngaros. Hoy son el 12%. En el 2001, eran algo más de 150.000. Hoy son poco más de 130.000. El oprobioso periodo soviético congeló de algún modo el problema de la minoría húngara en Transcarpatia. A fin de cuentas, húngaros y ucranianos estaban sometidos brutalmente al férreo dominio soviético. Ni unos ni otros podían expresar sus aspiraciones. Unos miraban a Budapest. Otros soñaban con un gobierno independiente en Kiev. Todos desconfiaban de Moscú. Transcarpatia era una zona rigurosamente vigilada. Los pasos fronterizos hacia Hungría estaban controlados. Tribunales ‘populares’ depuraron a quienes colaboraron con las autoridades húngaras entre 1938 y 1944 así como a los nacionalistas ucranianos. Para los soviéticos, unos y otros eran ‘enemigos del pueblo’. Sin embargo, no estaban en la misma posición. El ruso y el ucraniano fueron arrinconando al húngaro en la vida pública. Las medidas de sovietización se ensañaron con los húngaros: requisas de grano, colectivización de granjas, cierre de iglesias… Los comunistas rusos y ucranianos veían en la minoría húngara una amenaza de “quinta columna”. Huelga advertir que ese temor era infundado. El poder militar soviético era abrumador. Las policías políticas -NKVD, primero, y KGB posteriormente- lo controlaban todo. Hungría misma estaba en la órbita soviética y, salvo el paréntesis de la revolución de 1956, los comunistas húngaros no desafiaban a Moscú en cuestiones de seguridad o defensa. En realidad, entre 1945 y 1956, fueron los alumnos más aventajados de la represión soviética. La política de trabajos forzados en la URSS que se impuso a los húngaros -el llamado “malenki robot” o “pequeño trabajo”- supuso la deportación de miles de húngaros al Gulag. En “The Ghosts of Europe. Journeys Through Central Europe´s Troubled Past and Uncertain Future”, Anne Porter calcula que unos 45.000 varones de Transcarpatia de entre 18 y 50 años fueron enviados por la fuerza a los campos de trabajo. Estigmatizados como colaboracionistas, diezmados por las deportaciones, discriminados por lengua y cultura, los húngaros jamás pudieron suponer una amenaza para el dominio soviético ni para la prevalencia de las culturas rusa y ucraniana en la provincia. El destino de los húngaros de Transcarpatia ha condicionado, así a las relaciones ucraniano-húngaras. Hungría fue el primer país en reconocer la independencia de Ucrania. En diciembre de 1991, el presidente húngaro Árpád Göncz viajó a Kiev y, además de una declaración histórica, la visita dio como fruto un tratado que reconocía derechos a la minoría húngara de Ucrania y ciertas cotas de autonomía. Se protegían su lengua, sus tradiciones y sus instituciones religiosas. El húngaro sería lengua vehicular en el sistema educativo. Parecía abrirse un nuevo periodo en las relaciones entre los dos países. Sin embargo, en 2017, el parlamento ucraniano aprobó una Ley de Educación que imponía el ucraniano como lengua vehicular a partir del quinto grado de la educación primaria. En un contexto de enfrentamiento con los rusohablantes del Dombás, los húngarohablantes de Transcarpatia se vieron afectados por un conflicto que ellos no habían creado. Budapest respondió bloqueando la aproximación de Ucrania a la Unión Europea y a la OTAN hasta que se restableciesen los derechos de la minoría húngara en el país. Presionado por la posición húngara, en 2018 el gobierno de Kiev extendió una moratoria de la aplicación de la ley de educación hasta el 2023. Sin embargo, el anuncio ese mismo año de la apertura de una base militar ucraniana en Berehove, cuya población es mayoritariamente húngara, añadió una nueva cuestión a las ya complicadas relaciones entre Kiev y Budapest. Luego vino la expedición de pasaportes. Es práctica frecuente entre los países que tienen grandes diásporas, la expedición de pasaportes a los descendientes de nacionales o a quienes puedan acreditar vínculos con su país de origen. El escándalo estalló cuando se publicó en el 2018 que el consulado de Berehove estaba expidiendo pasaportes húngaros a ciudadanos ucranianos de origen húngaro. El requisito más importante era que hablasen húngaro. Todo se embrollaba porque éstos no renunciaban a su nacionalidad ucraniana. Al cónsul de Hungría en Berehove lo declararon persona “non grata” y Budapest hizo lo propio con un diplomático ucraniano de igual rango. Desde entonces, los aproximadamente 130.000 húngaros de Transcarpatia, están en una situación muy difícil. Los medios nacionalistas ucranianos los suelen presentar como ‘sospechosos de deslealtad a Ucrania’ y esto sólo acrecienta la indignación en Hungría. La controversia entre los dos países por la negativa húngara a suministrar armas al régimen colaboracionista de Kiev y a permitir su paso por el territorio nacional hunde sus raíces en esa desconfianza hacia el nacionalismo ucraniano y en la oposición a las medidas que, desde el 2017, vienen afectando a la minoría húngara en Transcarpatia. Como sabéis, el cómico callejero reconvertido en “presidente” - Volodymir Zelenski ´- tiene palabras durísimas hacia el presidente húngaro Viktor Orbán por su amistad con el líder ruso Vladimir Putin. En uno de sus vídeos le espetó directamente “decide quién eres” y le recordó la deportación de más de 400.000 judíos en Hungria entre 1944 y 1945. Orbán ha respondido subrayando que él debía mirar, en primer lugar, por el interés de Hungría: las exigencias de que su país envíe armas a Ucrania y prohíba las importaciones de gas ruso supondrían un precio excesivo que las familias húngaras no pueden pagar. Según fuentes oficiales húngaras, el 85 % de sus hogares se calientan gracias al gas ruso y el 65% de las importaciones de petróleo vienen de Rusia. Hungría se ha volcado con la ayuda humanitaria -más de dos mil millones de florines en un mes- pero no va a adoptar medidas como las que Zelenski exige. Para empeorar las cosas, la guerra entre Rusia y Ucrania ha estallado en el peor momento de las relaciones húngaro-ucranianas. Se ha repetido que Orbán es “un peón del Kremlin” y que no quería adoptar medidas impopulares por la proximidad de las elecciones en ese momento - que al final las gano mejorando incluso los resultados anteriores, por cierto - pero las cosas son bastante más complejas. En este caso, las decisiones de Budapest han venido condicionadas por el propio interés nacional de Hungría y por un desencuentro provocado por más de cinco años de controversia en torno a la minoría húngara de Transcarpatia. Es obvio que Orbán no quería indisponerse con la opinión pública cuando lideraba todas las encuestas, pero las diferencias con Ucrania se remontan a varios años antes. Por otro lado, las relaciones entre Zelenski y la coalición de oposición a Orbán liderada por Péter Márki-Zay sólo han servido para fortalecer al actual presidente húngaro. No cabe duda entonces que los resultados de aquel escrutinio - con el 97% a su favor - demostraron que el apoyo a los húngaros de Transcarpatia a, la resistencia frente a las presiones de la UE y la OTAN, así como la opción por el interés nacional beneficio claramente a Orbán, quien sueña con restaurar la “Gran Hungría”. Con ese nombre se conocía el territorio que ahora forma parte de los estados vecinos de Ucrania, Austria, Eslovaquia, Eslovenia, Rumania, Croacia y Serbia, que nacionalistas húngaros desean reincorporarlas a su territorio, encontrando en Orbán al líder que podría hacer realidad su sueño, aun si ello se convierte en otro foco de conflicto en el continente.
La felicidad llena la vida del Samoyedo y de quienes lo rodean. En efecto, esta raza de perros tiene un buen carácter y ama estar con humanos recibiendo cariño. Además de su belleza, se caracteriza por su constante sonrisa, una notable inteligencia y su personalidad familiar. Destaca su pelaje que en invierno se convierte en una capa bastante gruesa para protegerlo del frío y luego se va desprendiendo a medida que llega el verano. Cabe precisar que la raza Samoyedo tiene un origen en la zona siberiana del norte de Rusia, donde era empleado como un compañero de caza, así como para tirar de trineos a los habitantes samoyedos, de donde toma su nombre. Luego de la jornada de trabajo, los animales eran llevados a casa e incluidos en las actividades familiares. Desde entonces se fue creando una cercanía que dio origen a la confianza y lealtad que caracterizan a la raza en la actualidad, con un carácter dulce y mucha fuerza. Entre finales del siglo XIX y principios del XX, el Samoyedo emprendió rutas extranjeras con el propósito de realizar expediciones polares. Se trataba de rutas muy inclementes que afectaron a los perros, por lo que solo lo más aptos y fuertes salieron con vida. La expansión de la raza ocurrió cuando los ejemplares fueron llevados a los EE.UU. e Inglaterra en los primeros años del siglo XX. A partir de entonces, se popularizó a lo largo de todo el mundo. El Samoyedo se caracteriza por ser un perro de trabajo que presenta una imagen de belleza, vigilancia y fuerza. Muestra agilidad, dignidad y bastante gracia. En vista de que se originó en climas fríos, tiene un pelaje pesado que resiste bajas temperaturas. Tiene una capa exterior fuerte y una capa interior suave y gruesa, conocida como lana. Los colores de pelaje de este perro pueden ser blanco puro, blanco y bizcocho, y crema o bizcocho. Los machos pueden alcanzar un tamaño de hasta 57 centímetros y las hembras de 53 centímetros. El peso va desde los 23 hasta los 30 kilos y su promedio de vida se ubica en los 14 años. El Samoyedo tiene orejas fuertes y gruesas, erectas, triangulares y ligeramente redondeadas en las puntas, que se ajustan al tamaño de la cabeza. Su expresión particular se compone de una combinación de ojos, orejas y boca: las orejas levantadas y la boca curvada hacia arriba para formar una sonrisa. Con respecto al cuello, es fuerte, musculoso y erecto, ubicado entre los hombros inclinados, por lo que destaca su cabeza. El cofre es profundo, con las costillas bien salidas de la columna vertebral y aplanadas en los lados para permitir el movimiento adecuado de los hombros y la libertad para las patas delanteras. Las patas son fuertes, robustas y rectas, pero tienen flexibilidad para que trabajen correctamente. En cuanto a su carácter y personalidad, el Samoyedo es un perro con inteligencia, amabilidad y lealtad. Se integra fácilmente con todos los miembros de la familia, siempre y cuando sea tratado con cariño. Detesta la soledad, por lo que prefiere estar en todo momento con alguien. No está capacitado para quedarse solo. Otro punto a favor de estos caninos tiene que su sentido de alerta, que lo convierten en un gran perro guardián. Tu casa estará libre de intrusos porque la mascota dará la alarma cuando sea necesario. Fiel a su naturaleza primitiva, le encanta cazar. Un Samoyedo vivirá persiguiendo animales pequeños y suele escabullirse cuando no está atado, por lo que debes evitar dejarlo suelto en lugares abiertos. El carácter y la personalidad de este perro estarán marcados por los factores que interfieren en su crianza, además de la herencia, el entrenamiento y la relación con las personas. Por cierto, entrenar a un Samoyedo podría convertirse en un reto. Si bien se trata de una raza inteligente que aprende rápido sin problemas, el entrenamiento debe hacerse con la actitud correcta. Le gusta que lo pongan a usar el cerebro sin tanta repetición, por lo que se recomiendan ejercicios de agilidad y rastreo. Para ello hay que mantenerlo mentalmente desafiado con entrenamientos continuos y deportes caninos. Cuando está aburrido busca excavar, mordisquear o escaparse para entretenerse. Otro aspecto importante tiene que ver con la socialización para que aprendan a ser amigables y a llevarse bien con otros perros y personas. A pesar de ser una raza inteligente, no resulta nada fácil tener un Samoyedo como mascota. Es un perro muy “hablador” y no escatima esfuerzos para expresar sus sentimientos con fuelles, aullidos o ladridos fuertes. Incluso un Samoyedo entrenado y educado, podría tener una mala actitud si no se le presta la atención suficiente; además de que nunca debe dejar suelto en espacios abiertos porque su instinto cazador lo lleva a escaparse a sitios muy alejados. A pesar de todas las bondades de este animal, se recomienda pensárselo muy bien antes de incluirlo en la familia para saber si estás en las condiciones de atenderlo como se merece. También debes evaluar si el Samoyedo te dará a ti lo que estás esperando de una mascota.