El genocidio que comete la bestia sionista en Gaza a la vista de todos, no puede distraernos de otros sucesos que ocurren en el mundo, más aun cuando el enemigo no descansa, por lo que hay que estar atentos a sus sucias maniobras ¿Vale?. Sucede que EE.UU., fiel a su modus operandi de instigar “revoluciones de colores” organizados por la CIA, e interferir en los asuntos internos de otros países, podría estar en las etapas iníciales de preparación de un golpe al estilo ucraniano en Mongolia, afirman funcionarios rusos. "La situación en Mongolia es muy difícil en el sentido de que toda esta política hipócrita de EE.UU., que aplica cuando necesita realizar sus intereses de alguna manera, y ahora se está trasladando a Mongolia", dijo Alexey Tsydenov, jefe de la república rusa de Buriatia, situada a lo largo del lado oriental del lago Baikal y en la frontera con Mongolia, en una entrevista con RIA Novosti en el marco del Foro Económico Oriental que se celebró en Vladivostok en septiembre. Según asevero la subsecretaria de Estado en funciones, Victoria Nuland, que desempeñó un papel clave en el golpe fascista en Ucrania (el llamado de Euromaidan) en el 2014 - respaldado por EE.UU. - está intentando ahora de adoctrinar al pueblo mongol para que imiten “el ejemplo ucraniano”, pero los estadounidenses no tendrán éxito. “Creo que en Mongolia los dirigentes lo entienden todo, y la gente sabe cuándo pretenden utilizarlos y manipularlos. Espero que tengan la fuerza suficiente para resistir y seguir siendo un estado independiente y no convertirse en un títere en manos de EE.UU.”, dijo Tsydenov. Está claro que la privilegiada posición geográfica y política de Mongolia lo convierte en un país que podría convertirse en un trampolín para un choque geopolítico a gran escala. En este país no sólo se cruzan los intereses de sus dos vecinos amigos – Rusia y China –, sino también los de EE.UU., que busca limitar la influencia de Moscú y Beijing para llevar a cabo su propia agenda geopolítica. No hay límite en cuanto a dónde Washington está dispuesto a interferir, si no a invadir abiertamente, bajo el pretexto de una lucha por la “democracia”. Sin embargo, Rusia, China y otros países se enfrentan a EE.UU. en el actual surgimiento de un orden mundial multipolar y no están dispuestos a verlo como la potencia hegemónica universal. Aún así, la Casa Blanca persiste en su comportamiento, afirmando saber qué es lo mejor para otros países, cuando en realidad simplemente ignora sus intereses. "No es ningún secreto que las mismas organizaciones estadounidenses que han estado invirtiendo en Ucrania desde el 2014 están operando en Mongolia. Por lo tanto, sus objetivos son claros... Rusia y China son socios de Mongolia, pero EE.UU. no renuncia a intentar volverla en contra nosotros ", dijo Sholban Kara-ool, vicepresidente de la Duma Estatal, la cámara baja del parlamento ruso. En su canal de Telegram, escribió que la embajada estadounidense y organizaciones “no gubernamentales” financiadas por los EE.UU. han estado muy activas en Mongolia, compartiendo las observaciones hechas durante su reciente visita al país, aunque no mencionó ninguna organización específica involucrada. Sin embargo, la participación de EE.UU. en los asuntos internos de Mongolia es evidente de varias maneras. Por ejemplo, la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID) anunció el 18 de abril del 2023 el lanzamiento de su Marco Estratégico de cinco años (2023-2028) para Mongolia. "La estrategia se centra en apoyar los esfuerzos de Mongolia para fortalecer las instituciones democráticas, mejorar la soberanía nacional y diversificar su economía ", resume la embajada estadounidense. Como sabéis, USAID es el principal distribuidor de ayuda civil exterior de Washington, utilizándola como una herramienta de poder blando para promover su agenda política y apuntalar la oposición a los gobiernos que EE.UU. considera desagradables. El candidato presidencial estadounidense Robert F. Kennedy Jr. dio una descripción adecuada de USAID, a quien llamó “una creación de la CIA”. En el caso de Mongolia, USAID está claramente promoviendo sentimientos antichinos y antirusos. Por ejemplo, en el sitio web oficial de esta organización se dice que "la influencia de los vecinos autoritarios de Mongolia, junto con instituciones democráticas relativamente nuevas, amenazan el futuro democrático del país". El 2 de agosto del 2023, la vicepresidenta estadounidense, Kamala Harris, y el primer ministro mongol, Luvsannamsrai Oyun-Erdene, se reunieron en Washington, DC, para fortalecer la asociación estratégica entre EE.UU. y Mongolia. Como parte de la visita, la Casa Blanca anunció nuevos fondos de USAID para ampliar aún más las actividades de desarrollo de EE.UU. en Mongolia, valorados en hasta 25 millones de dólares durante los próximos cinco años. La asociación de Victoria Nuland, “partera de Euromaidan ”, con Mongolia se remonta a 1988, cuando ayudó a abrir la embajada de EE.UU. allí. Ella realizo una visita al país en abril de este año, planteando dudas sobre las intenciones de Washington. Sus visitas y sesiones de fotos aparentemente simbólicas en la plaza central de Ulán Bator, la capital de Mongolia, con 35 años de diferencia, sugieren que el país ocupa un lugar clave en sus intereses estratégicos. Se puede inferir que podría intentar replicar el escenario de Ucrania en Mongolia. Además, según informa el periódico ruso Izvestia citando fuentes bien informadas , el Departamento de Defensa estadounidense ha preparado un amplio programa de investigación biológica en Mongolia. El Pentágono solicita permiso a las autoridades mongolas para abrir varios laboratorios especiales en la república. Los expertos creen que Washington podría estar preparándose para transferir a Mongolia investigaciones similares a las que se llevan a cabo en los laboratorios de Ucrania. Allí, Rusia acusó a EE.UU. de desarrollar armas biológicas, lo que Washington inicialmente desestimó como propaganda, antes de admitir más tarde que 46 laboratorios apoyados por el Pentágono habían estado operando en Ucrania, pero manteniendo que su investigación estaba “centrada en mejorar la salud pública y la seguridad agrícola” . Los llamamientos de Moscú para que se investigara qué estaban haciendo exactamente esos laboratorios fueron vetados en la ONU por EE.UU. y sus aliados de la OTAN, Gran Bretaña y Francia. Ahora los expertos creen que el plan podría ser que los laboratorios de Mongolia estudien los efectos de virus peligrosos en el cuerpo de personas de ascendencia asiática. Otra razón del aumento del interés estadounidense en Mongolia es económica: el país, con una población de sólo 3,2 millones de personas, tiene colosales recursos de cobre, carbón, oro, uranio y otros minerales, También es probable que recursos pretenda interrumpir el proyecto del gasoducto Power of Siberia 2, que debería pasar por el territorio de Mongolia para exportar gas natural ruso a China. Mientras tanto, las próximas elecciones parlamentarias en Mongolia están previstas para el verano del 2024 y podrían cambiar no sólo las tendencias legislativas, sino también el “nivel de democracia” del país, así como la relación del Estado con sus vecinos inmediatos y “terceros”. Dada su proximidad y sus intereses creados en Mongolia, es probable que Rusia y China desempeñen un papel importante para garantizar que no siga los pasos de Ucrania. Su asistencia podría ser crucial para mantener la estabilidad de Mongolia y evitar que se convierta en otro Estado fallido. En conclusión, las acusaciones de intentos estadounidenses de desestabilizar Mongolia -para amenazar la seguridad de Rusia y China - son serias y merecen una estrecha observación. La comunidad global debe permanecer alerta para mantener la estabilidad global y sobretodo, desbaratar una vez más los infames planes desestabilizadores de los enemigos de la paz.
Sin duda, la última semana ha sido polémica para Modern Warfare 3. En efecto, el lanzamiento del Call of Duty del 2023, lejos de ser un eventazo en la industria como solía ser para la saga, ha sido prácticamente una pesadilla. No voy a entrar en detalles ni repetir lo que ya sabéis; Estaréis cansados de escuchar que Modern Warfare 3 marca un punto bajísimo para Sledgehammer, Activision y la saga en sí. No obstante, teníamos una deuda, no solo con vosotros, sino también con el propio juego: hablar de él en su totalidad. Por eso, durante más de una semana hemos estado jugando al nuevo CoD, este regreso vilipendiado a las trincheras modernas que trae consigo la aparición de Makarov, así como explorando sus otras facetas: los zombis y el multijugador. No queríamos dejar ningún aspecto sin explorar, y nuestras horas de juego desde el pasado viernes son prueba de ello. Ahora, luego de haber quemado el juego y con algunas horas sin dormir, la idea de que realmente estamos frente a un producto que no cumple con los estándares, no solo de un Triple-A, sino también de la saga de Activision, cobra fuerza. Lo malo es una carga pesada y la nostalgia ya no tiene tanto valor. Sé que hay muy pocos que se suben al barco de "solo juego un nuevo CoD por su modo campaña", pero existen, y no solo eso, en un producto premium como este, se espera un nivel de calidad, al menos, acorde con el nombre. Como sabéis, Modern Warfare y Black Ops compiten por ser la subsaga de referencia de la franquicia en su totalidad. El nombre tiene peso, y mucho. Sin embargo, no solo se trata del poder de la marca; Sledgehammer Games, el estudio que ha tomado el relevo de Infinity Ward para este desarrollo acelerado, no puede permitirse asumir cosas. Modern Warfare 3 debería cumplir con unos mínimos, y su campaña está lejos de lograrlos. Si buscas algo que deje poso, es mejor evitar su modo historia; si es que puedes, porque Call of Duty HQ, la plataforma que reúne a toda la saga, al menos a partir de Modern Warfare del 2019, es lo más "anti-jugador" que he visto en años, con una interfaz difícil de leer y aún más difícil de seguir, que roza la de un juego móvil. El regreso de Makarov apenas resulta interesante. Se puede contar algo bueno en las 4 horas de duración de esta nueva campaña, pero el poder voraz de Warzone, al haberse comido la jugabilidad de todo lo que no sea el multijugador, deja huella. Los mapas abiertos, la característica más destacable del juego, son, al final del día, su peor enemigo. Casi como un battle royale lleno de bots, o como un campo de tiro con cinemáticas. Todo es artificial, insípido y aparte de estar hecho apresuradamente, si no te gusta Warzone, el nuevo Call of Duty te ha jubilado. Les animo encarecidamente a leer ese análisis más exhaustivo y a desgranar las implicaciones de que Warzone canibalice el modo campaña del nuevo Call of Duty, y prácticamente todo Modern Warfare 3. Quiero confiar en que la época en la que Call of Duty era solo multijugador ha acabado. Como he dicho, es un producto completo que, como mínimo, debe mantener un nivel. Sin embargo, Modern Warfare 3 vuelve a aquellos momentos de principios de la década pasada donde el multijugador despuntaba porque lo demás, en términos de calidad, no le hace sombra. Y no, no me refiero a Ghosts o Advanced Warfare, más bien a Black Ops 2. Sledgehammer ha trabajado un multijugador heredado del anterior que en forma y fondo es idéntico, pero con pequeños añadidos donde los californianos sacan pecho de un multijugador muy por encima de la media. Viniendo de la campaña, es una sorpresa, pero una sorpresa honesta, al fin y al cabo. La base sobre la que Sledgehammer ha edificado todo es, cómo no, Modern Warfare 2, pero el de dos generaciones diferentes. La jugabilidad pesada, sin olvidar nunca que ha de ser un multijugador arcade con un fuerte enfoque competitivo, es de la obra del 2019. Mientras que los mapas, esos escenarios que serán testigos de tus mejores "no-scope", son los de Modern Warfare del 2009, el clásico, aquel portento que marcó a la saga. Eso sí, no esperéis un pobre tratamiento. No hay cambios arquitectónicos más allá de las puertas, que ahora las hay casi como un intento de dar cierto toque táctico. Sin embargo, todo está actualizado a los estándares gráficos actuales en un ejercicio de pura nostalgia que, si os soy sincero, tampoco dice mucho de Sledgehammer Games. Quiero decir, Rust, Highrise, Terminal, Favela... Todos recordamos esos mapas de aquella época dorada, al menos para algunos, de la saga, pero no buscan sino llamarte la atención; susurrarte al oído "¿te acuerdas cuando jugabas de adolescente? juega ahora". Y es fácil dejarte llevar por ello porque, al fin y al cabo, lo que funcionaba antes como un reloj suizo no necesita que pasados 14 años se le dé cuerda. Todo sigue igual de engrasado y perfecto. Los spawns funcionan, aunque hay ciertos mapas más constreñidos que tienen problemas con modos más modernos. Pero no todo es mirar al pasado y apostar por nostalgia, aunque es la carta de presentación del multijugador de Modern Warfare 3. Casi como esperándose la recepción negativa, el nuevo CoD ha hecho todo lo posible para quedar bien con los jugadores, todos, novatos y veteranos. Lo que se previó como algo peligroso, el aumento de vida un 50% más - haciendo que el TTK, o tiempo que necesitas para matar a alguien, sea más largo ya que en lugar de dos disparos, necesitas cuatro-, da lugar a jugadas reactivas. No es tan fácil acabar con alguien, pero tampoco es injusto si se gira y te defenestra. Muchas veces necesitas ser humillantemente más bueno que el otro para darle la vuelta a la pelea, pero la sensación es que depende de ti en todo momento, no de factores externos, de tu habilidad. Y para ello, Modern Warfare 3 es el mejor profesor para novatos y el mejor sparring para veteranos. Los jugadores buenos tienen más posibilidades de demostrar que son buenos, mientras que en el otro lado de la balanza, aquellos con problemas tienen facilidades para mejorar su habilidad gracias al regreso de mecánicas clásicas. Los puntos rojos en el mini mapa repiten y, tras años encontrándome con un muro infranqueable de experiencias online de CoD difíciles de superar por su violenta curva de aprendizaje, aquí me he sentido como en casa. Estos puntos rojos hacen mucho más fácil navegar por las partidas. A los jugadores poco experimentados les va a permitir entender la lógica de puntos de aparición mucho más rápido y hacer micro-estrategias para hacer uso de las rachas de bajas - en este ámbito, no hay nada destacable, ni para bien, tampoco para mal - y buscar hacer jugadas bonitas. Y los más veteranos, demostrar de forma más consecuente que lo son. Pero no hay un componente de desbalance añadido a la mezcla más allá de la experiencia. La plantilla de armas, por su parte, es variada. Tenemos más de 100 en una proporción 60-40 a favor de Modern Warfare 2, que repiten un año más y se pueden desbloquear sin necesidad de tener el juego anterior. Lo mejor, donde parece que Sledgehammer Games ha vuelto a dar en el clavo, es en la sensación del arma desnuda, sin accesorios o añadidos. Los californianos han trabajado bien sobre la base de Infinity Ward y trastear con las armas no implica perder partidas "a lo tonto". Dependemos de la experiencia, lo sé, pero ya no hace falta contentarte con un arma, puedes variar, y eso siempre es bueno para mantener la pervivencia de un multijugador. Rifles de Asalto que pueden hacer de subfusiles por su cadencia, o subfusiles con mucho daño y cadencia algo baja, son pequeños ajustes más que bienvenidos que aportan frescura a un multijugador que debe demostrar año tras año que puede ser, al menos, la opción ganadora. El multiplayer de Modern Warfare 3 sobresale, y podría arriesgarme y vaticinar un futuro interesante, al menos hasta la llegada del siguiente. Pero creo que Sledgehammer ha dado con algo que, como mínimo, puede perdurar en el recuerdo. Hay una muy buena base sobre la que trabajar con actualizaciones. Si la campaña es Warzone, el modo zombis es DMZ. Esta extensión del battle royale original se centra en la IA como enemigos en lugar de jugadores humanos, y Activision ha decidido reciclarlo en lugar de desecharlo. Sledgehammer Games necesitaba construir el tercer pilar de Modern Warfare 3, sus zombis, y lo que tenemos es un modo de mundo abierto donde los no-muertos son obstáculos a superar en lugar de una amenaza a enfrentar. En lugar de ser un modo de juego por rondas y con un mapa acotado que defender, tenemos un mundo abierto lleno de zombis implacables. El objetivo es el mismo que el del DMZ: entras en el modo en solitario o con amigos, completas misiones y te evacúan. Si mueres, pierdes lo que has conseguido. Si sobrevives, puedes gestionar tu botín en el "almacén" o venderlo en el mercado para obtener más armamento. La experiencia de desentrañar las complejas tramas de los modos zombis clásicos o de desafiarte a ti mismo y a tus amigos para sobrevivir el mayor tiempo posible se ha diluido. Sin embargo, al menos es variado y puede mantener tu interés durante unos meses. Eso sí, no esperes una historia profunda ni misiones complejas. Las actividades se limitan a matar a jefes zombis, escoltar vehículos, protegerlos de los zombis, extraer datos y limpiar nidos de no-muertos. Además, el mapa está dividido en tres círculos, cada uno con enemigos más peligrosos y más zombis, pero los mismos contratos. La forma en que Sledgehammer Games ha gestionado la idea clásica del modo zombis me preocupa. Ya no hay una progresión de matar zombis, obtener puntos y mejorar armas para enfrentar a más enemigos. Ese aspecto se ha perdido en el camino. Además, prácticamente todos los enemigos sueltan armas o munición, por lo que no hay temor a quedarse sin recursos. Por cierto, todavía existen las ayudas clásicas, como la "muerte instantánea" o la bomba atómica que mata a todos los zombis al instante. Son recompensas lanzadas al aire como una excusa; si puedes subirte a un vehículo y escapar del peligro, su función es insignificante. Pero el ciclo mágico de esta modalidad, el desafío de ver cuánto tiempo puedes resistir, se ha diluido. Un mundo abierto lleno de zombis suena, al menos en teoría, atractivo, pero creo que no encaja bien con Call of Duty. Disponible en PS4, PS5, Xbox Series y Xbox One. Si aun quieres jugarlo, es tu elección.
Mientras el genocidio palestino a manos de los sionistas continua imparable en Gaza ante la indiferencia del mundo “civilizado”, Benjamín Netanyahu - que se cree impune asesinando a miles de niños y mujeres refugiados en hospitales, sometidos a intensos bombardeos, asegurando que son “cuarteles de Hamás” sin prueba alguna que lo sustente - no las tiene todas consigo. En efecto, el apoyo que tenia, que ya venía cayendo desde antes de los ataques de Hamás, se ha desplomado mientras crecen las peticiones de dimisión y la indignación de la opinión pública ante la barbarie que está cometiendo. Como sabéis, hace más de diez años que se viene pidiendo la dimisión de este Criminal de Guerra como primer ministro de Israel. Razones no faltan: desde su afición a un desagradable populismo hasta la crisis inmobiliaria y los niveles crecientes de desigualdad, pasando por escándalos múltiples de corrupción por los que está siendo juzgado y, más recientemente, el criticado intento de reformar el sistema judicial. Y es que luego del ataque de Hamás del 7 de octubre, el futuro del máximo superviviente político de Israel parece especialmente en entredicho, incluso en medio de una nueva guerra en Gaza. Hace unos días atrás, Netanyahu compareció en su primera rueda de prensa junto a Yoav Gallant, el ministro de Defensa; y a Benny Gantz, el líder de la oposición que ahora también integra el gabinete de guerra de emergencia. Fue una intervención deslucida de un Netanyahu aparentemente desconcentrado, en la que titubeó con las palabras de una oración y de la que se fue antes de tiempo tras una ronda de preguntas críticas por parte de los periodistas. Tras la rueda de prensa, Netanyahu acudió a la red social X (antes conocida como Twitter) para publicar antes de la una de la madrugada un mensaje en el que culpaba a las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) de los fallos de seguridad y de inteligencia del 7 de octubre. “En contra de las afirmaciones falsas: bajo ninguna circunstancia y en ningún momento se advirtió al primer ministro Netanyahu de la intención de Hamás de ir a la guerra”, decía el mensaje. “Todas las autoridades de Defensa, incluidos los jefes de la inteligencia militar y del servicio de seguridad Shin Bet, creían que Hamás había sido disuadido y que buscaban un acuerdo. Esta fue la evaluación que todas las autoridades de defensa y la comunidad de inteligencia presentaron una y otra vez al primer ministro y al gabinete hasta el estallido de la guerra”. La afirmación no era estrictamente cierta y el intento de Netanyahu de echarle toda la culpa a sus generales desató una airada reacción pública. Netanyahu –o algún miembro de su equipo– borró el tuit al día siguiente y pidió disculpas, más por la publicación del tuit que por el contenido. A nadie se le escapa que ese mensaje es lo único por lo que Netanyahu se ha disculpado en todas las semanas transcurridas desde que Israel se despertó con su crisis más grave en los últimos 50 años. “El pueblo necesita sentirse seguro... necesita la seguridad de que saldremos victoriosos. No creo que él pueda llevarnos a la victoria”, dijo al Canal 12 de la televisión israelí Noam Tibon, un general jubilado de 62 años que el 7 de octubre tomó las armas para rescatar de un kibutz a la familia de su hijo y ahora exige la dimisión de Netanyahu. Por su parte, Yossi Cohen, exjefe del Mossad considerado aliado de Netanyahu, dijo a una emisora de radio local: “La responsabilidad llega cuando empiezas el trabajo, no durante él”. “Los dos puntos más bajos del planeta están en Israel: el mar Muerto y el comportamiento de Benjamin Netanyahu. Uno es una maravilla natural; el otro, un error político”, publicó el diario Haaretz en un mordaz artículo. Algunos miembros de su partido, Likud, dieron entrevistas anónimas en las que sugirieron que Netanyahu podría estar finalmente en los últimos momentos de su carrera política. En tanto, la opinión pública israelí también se ha enfurecido por lo que consideran falta de apoyo a los israelíes desplazados por la guerra, unas 120.000 personas, y la indiferencia con la que el Gobierno parece tratar a las familias de los aproximadamente 240 rehenes que han sido capturados por Hamás. Precisamente, la rueda de prensa fue convocada para tratar de afrontar la caída en picado que Netanyahu sufre en las encuestas. Lo más probable es que su actuación ante los periodistas y el revuelo que generó aquel tuit de madrugada hayan acelerado el pronunciado desplome, en vez de aliviarlo. Así, un 76% de la población israelí no está satisfecha con la respuesta dada por el Gobierno la audaz incursión de Hamás, según una encuesta encargada por el Instituto para la Libertad y la Responsabilidad de la Universidad Reichman a diez días de ocurrido el suceso. El apoyo al propio Netanyahu, que venía disminuyendo desde antes, ha caído hasta alcanzar una calificación de 3,9 sobre 10. No parece probable que Netanyahu renuncie por su propia voluntad –respondió que no a una pregunta sobre su dimisión– y para las elecciones generales todavía faltan tres años, pero es posible que una moción de censura desde dentro de su Gobierno pueda terminar con su liderazgo, allanando el camino para una coalición más centrista. Una decisión así tendría obviamente implicaciones enormes en la forma en que Israel seguirá librando su nueva guerra en Gaza y en la planificación de escenarios posibles para la franja cuando esta haya terminado. Entretanto, el rechazo a Netanyahu crece entre los propios israelíes que, espantados con el baño de sangre en Gaza - que la prensa sometida a una estricta censura ha querido ocultar , pero que las redes sociales se han encargado de darlo a conocer - han salido a la calles a protestar contra semejante carnicería. Por lo visto, su futuro es tan negro como su conciencia.
Se trata de nuestra galaxia, un vasto universo lleno de misterios y maravillas. Aunque hemos estado observando y estudiando la Vía Láctea durante décadas, todavía hay muchos secretos que se esconden en su vasta extensión. En esta ocasión, analizaremos 10 curiosidades fascinantes sobre la Vía Láctea que seguramente os sorprenderán. 1- Nuestro hogar galáctico: Cuando miramos hacia el cielo nocturno, todas las estrellas que vemos pertenecen a la Vía Láctea, la galaxia en la que vivimos. La Vía Láctea alberga no solo a nuestro sistema solar, sino también a miles de millones de planetas, algunos de los cuales aún desconocemos. Sin olvidarnos de las lluvias de estrellas con las que a veces nos regala noches inolvidables; 2- Una galaxia mayormente plana: La Vía Láctea es una galaxia que tiene aproximadamente 100,000 años luz de largo y 1,000 años luz de ancho. En su mayor parte, es un disco plano, aunque un poco deformado. Dentro de este disco, nuestro Sol y sus planetas se encuentran a más de 26,000 años luz del núcleo galáctico. Este núcleo está rodeado por una onda de polvo y estrellas que lo envuelve; 3- La edad de la tierra en términos galácticos: El sistema solar se mueve a una velocidad vertiginosa de 805,000 kilómetros por hora a través del espacio interestelar. Para dar una vuelta completa alrededor del centro de la Vía Láctea, se necesitan aproximadamente 250 millones de años terrestres. La última vez que la Tierra estuvo en la misma posición en la Vía Láctea, los continentes estaban unidos, los dinosaurios recién habían aparecido, los mamíferos aún no habían evolucionado y se estaba gestando la extinción masiva más grande de la historia de nuestro planeta; 4- Un gigantesco agujero negro en el centro: En el se encuentra Sagitario A, un inmenso agujero negro que tiene una masa equivalente a unos 4 millones de veces la de nuestro Sol. Aunque nunca se ha observado directamente debido a las densas nubes de polvo y gas que lo ocultan, los astrónomos han podido calcular su masa observando las órbitas de estrellas y nubes de gas cercanas. Estos agujeros negros gigantes residen en el corazón de la mayoría de las galaxias y algunos emiten radiación tan poderosa que puede verse a millones de años luz de distancia; 5- Una galaxia llena de estrellas: La Vía Láctea alberga entre 100 y posiblemente hasta 400 mil millones de estrellas. Muchas de estas son pequeñas y poco luminosas, lo que hace difícil detectarlas a distancias cósmicas, especialmente cuando nubes masivas de gas y polvo oscurecen la vista cerca de Sagitario A. Aunque los astrónomos han estimado el número total de estrellas en nuestra galaxia en función de su masa y luminosidad, sigue siendo imposible determinar con precisión este número; 6-Un halo de materia oscura: La Vía Láctea está inmersa en un vasto y masivo halo de materia oscura que se extiende mucho más allá de los límites de la galaxia en sí. En la década de 1960, la astrónoma Vera Rubin dedujo la presencia de materia oscura en la periferia de las galaxias al estudiar la velocidad de rotación de las estrellas en galaxias espirales. Descubrió que las estrellas en la periferia de Andrómeda se movían a velocidades que deberían haberlas expulsado al espacio profundo del universo, pero permanecían en sus órbitas debido a una especie de pegamento cósmico: la materia oscura; 7- Estrellas antiguas y galaxias satélite: La Vía Láctea está rodeada por más de 150 antiguos cúmulos de estrellas, algunos de los cuales son los más antiguos conocidos en el universo. Estos cúmulos globulares, como se les llama, orbitan en los alrededores de la Vía Láctea y su centro galáctico. Cada uno de estos cúmulos contiene cientos de miles de estrellas. Además de estos cúmulos, varias galaxias enanas satélite acompañan a la Vía Láctea en su viaje a través del cosmos. Algunas de estas galaxias son difíciles de observar, pero otras, como la Nube Pequeña y la Nube Grande de Magallanes, son visibles en el hemisferio sur de la Tierra; 8- Devorador de galaxias vecinas: La Vía Láctea es conocida por absorber las galaxias que se acercan demasiado. Con el tiempo, los científicos han detectado docenas de corrientes de estrellas, remanentes de galaxias que la Vía Láctea ha desgarrado debido a su poderosa gravedad. Durante el último congreso de la Unión Astronómica Americana, un equipo del Dark Energy Survey anunció el descubrimiento de 11 corrientes estelares adicionales, algunas de las cuales llevan nombres aborígenes; 9- Emisiones de gas caliente en el centro: La Vía Láctea emite burbujas masivas de gas extremadamente caliente. Las burbujas de Fermi son estructuras radiantes en forma de «8» que se encuentran a ambos lados del centro galáctico de la Vía Láctea y están orientadas perpendicularmente al disco galáctico. Aunque aún no se sabe exactamente por qué se forman y existen estas burbujas, los científicos creen que podrían estar relacionadas con la muerte de una estrella en la región de Sagitario A; 10- Nubes de gas en fuga: Recientemente, se han observado más de cien nubes de hidrógeno escapando a través de la galaxia a una velocidad asombrosa de 1,2 millones de kilómetros por hora. Los científicos que estudian estas nubes del desierto explican que pueden actuar como rastreadores para el proceso que da lugar a las burbujas de Fermi; 11-¿Cuánto tarda el sistema solar en dar una vuelta alrededor de la Vía Láctea?: Se estima que el sistema solar tarda aproximadamente 225-250 millones de años en dar una vuelta completa alrededor del centro de la Vía Láctea. Este período se conoce como “año galáctico” o “año cósmico”; 12-. En curso de colisión: Dentro de unos 4 mil millones de años, la Vía Láctea colisionará con su vecina más cercana, la Galaxia de Andrómeda. Aunque suene catastrófico, este evento no será tan impactante como podríamos imaginar. La Tierra sobrevivirá a esta colisión galáctica, y solo unas pocas estrellas serán destruidas. Sin embargo la Vía Láctea tal y como la conocemos dejará de existir para dar lugar a una supergalaxia cuyo brillo en el cielo, mayor y muy diferente al que podemos apreciar hoy en día en una noche oscura, durará millones de años.
Mientras la bestia sionista continúa masacrando a miles de palestinos atrapados en la martirizada Franja de Gaza, contando para ello con la complicidad de los gobiernos de Occidente que se niegan a condenar sus abominables crímenes, su principal socio del delito, EE.UU., ha dirigido su mirada asesina a Irán - con la cual cree tener cuentas pendientes desde su humillante expulsión del país en 1979 con motivo de la Revolución Islámica que derroco ese año al corrupto Sha Reza Phalevi - tratando de involucrarla en el actual conflicto, para intervenir militarmente y atacarla. Ganas no le falta y solo busca una excusa para hacerlo. Como sabéis, el terrible sufrimiento del pueblo palestino a manos de los sionistas ha impulsado a los partidarios de Hamás, incluidos Hezbollah e Irán, a amenazar con una intervención militar contra Israel, lo que ha hecho surgir la posibilidad de un conflicto regional con un espectro más amplio. Esto, a su vez, ha llevado a responsables políticos estadounidenses, como el senador republicano por Carolina del Sur, Lindsey Graham, a analizar la cuestión. "Este es mi mensaje. Si Hezbollah, que es un representante de Irán, lanza un ataque masivo contra Israel, lo consideraré una amenaza para el Estado de Israel, de naturaleza existencial y presentaré una resolución en el Senado de Estados Unidos para permitir una acción militar de EEUU junto con Israel para sacar a Irán del negocio del petróleo. Irán, si intensificas esta guerra, iremos por ti", afirmó el desvariado político. La retórica de Lindsey Graham es incendiaria por naturaleza, pero vista en el contexto de la realidad actual, es vacía. Uno de los objetivos estratégicos de EE.UU. es el cambio de gobierno en Irán, mediante una de esas “revoluciones de colores” organizadas por la CIA. Durante la Administración Trump, el Ejército estadounidense y la Agencia Central de Inteligencia (CIA) se encargaron de desarrollar planes de acción encubiertos diseñados para sembrar la disidencia dentro del Gobierno iraní y, en el proceso, deslegitimarlo a los ojos del público del país persa. Aunque estos planes nunca llegaron a buen término bajo Trump, fueron totalmente ejecutados por la Administración Biden. La trágica muerte de Mahsa Amini, de 22 años, en septiembre del 2022, fue utilizada por la CIA como un catalizador en torno al cual desencadenar un programa masivo, previamente planificado, de agitación política interna diseñado para debilitar y, en última instancia, derrocar al Gobierno iraní. Durante décadas, la CIA había fomentado las relaciones con diversos grupos de la oposición iraní, incluidas las minorías étnicas kurda, azerí, baluchi y árabe, la Organización de los Muyahidines del Pueblo de Irán (PMOI), también conocida como Mojahedin-e Jalq (MEK), y varias organizaciones monárquicas, para crear un polvorín de disidencia política capaz de encenderse a demanda, pero todas fracasaron. La muerte de Mahsa Amini (que, contrariamente a la propaganda impulsada por la CIA, se produjo por causas naturales) fue aprovechada por la agencia como detonante para desatar esta oposición armada. En las semanas y meses que siguieron, Irán se vio sometido a una inestabilidad política interna masiva y a la violencia que EE.UU. trató de aprovechar en un potencial cambio de régimen similar a lo que se hizo en el Maidan en Kiev, Ucrania, en febrero del 2014. Este esfuerzo fracasó, e Irán emergió de la violencia más fuerte y más unificado que nunca detrás del mismo Gobierno que EE.UU. intentó derrocar. Así, con el cambio de régimen encubierto fuera de la mesa, la única opción disponible para la Administración Biden, en el trato con Irán en la línea amenazada por el senador Graham, es la guerra. EE.UU. ha evitado asiduamente un conflicto militar directo a gran escala con Irán, por el simple hecho de que para prevalecer en un enfrentamiento de este tipo, tendría que dedicar poder militar suficiente a la tarea, en un momento en que los recursos finitos del Ejército estadounidense se estaban asignando a Europa y al Pacífico. Incluso si Washington reasignara las fuerzas necesarias para prevalecer en una guerra general contra Irán, tardaría meses en reunirlas. Generar potencia de combate es una cosa. Desplegarla de forma sostenible desde el punto de vista logístico es otra. EE.UU. pudo desplegar unas 750.000 tropas en Oriente Medio en 1990-1991 solo porque tenía acceso a puertos y aeródromos amigos en la región, donde las tropas y el material militar podían descargarse sin problemas. Pero cualquier guerra general entre Irán y EE.UU. provocaría, inevitablemente, que Irán desafiara cualquier despliegue militar estadounidense importante, lo que significa que los aeródromos y puertos que normalmente se utilizarían para apoyar dicho despliegue, estarían bajo constante ataque iraní. En consecuencia, EE.UU. tendría que ejecutar una opción de entrada forzosa en Irán, apoderándose de una importante ciudad portuaria iraní, como Chabahar o Bandar Abbás. Esto requeriría un gran esfuerzo anfibio en el que los barcos que contuvieran la fuerza de desembarco tendrían que enfrentarse a un guantelete de misiles iraníes que paralizarían o destruirían la fuerza de desembarco antes de que estuviera a distancia de ataque de Irán. En resumen, EE.UU. no puede derrotar físicamente a Irán utilizando el poder militar convencional sin someterse a una movilización masiva de recursos que sería políticamente insostenible. Esto deja la opción de una campaña aérea. Israel aboga desde hace tiempo por un ataque militar por aire contra Irán. Uno de los principales problemas a los que se enfrenta Israel es la distancia física entre Israel e Irán, que requeriría el tipo de apoyo de reabastecimiento aéreo a gran escala que solo posee EE.UU. Ambos países han llevado a cabo un entrenamiento militar conjunto que incluye el reaprovisionamiento en vuelo de aviones de ataque israelíes por aviones de reabastecimiento estadounidenses como parte de un ejercicio de entrenamiento conocido como Juniper Oak, realizado en enero del 2023. Este entrenamiento también incluyó bombarderos y fuerzas terrestres estadounidenses. Sin embargo, el problema al que se enfrenta EE.UU. es que Irán es un país enorme que no es propicio para asestar un golpe de gracia, aunque lo asesten los recursos combinados de Israel y EE.UU. Si bien la amenaza de Lindsey Graham de "sacar a Irán del negocio del petróleo" puede sonar bien a los opositores de Irán, pero no es más que una retórica vacía. A ello debemos agregar que si EE.UU. y/o Israel atacaran la infraestructura petrolera iraní, Irán desataría una represalia que paralizaría la infraestructura de producción de petróleo de todo Oriente Medio, incluidos Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos. Como podéis imaginaros, una acción como esa sumiría en el caos a las economías tanto la estadounidense como mundial. Además, Irán conservaría suficiente capacidad de ataque para devastar tanto las bases militares estadounidenses en la región como las ciudades israelíes, ya que posee misiles que alcanzan perfectamente todo el territorio ocupado palestino. En resumen, no hay ninguna opción militar disponible ni para Israel ni para EE.UU., trabajando individualmente o juntos, que pueda derrotar a Irán. Por cierto, en una entrevista reciente, el periodista de CBS News, Scott Pelley, preguntó a Biden si las guerras de Israel y Ucrania eran "más de lo que EE.UU. puede asumir al mismo tiempo". "Somos los Estados Unidos de América, por el amor de Dios", respondió el demente, con su característica belicosidad, "la nación más poderosa de la historia, no del mundo, de la historia del mundo. La historia del mundo. Podemos ocuparnos de ambos y seguir manteniendo nuestra defensa internacional global. Tenemos la capacidad de hacerlo y tenemos la obligación de hacerlo. Somos la nación esencial, parafraseando al antiguo secretario de Estado. Y si no lo hacemos nosotros, ¿quién lo hará?", concluyó, haciendo todo lo posible para mantener la mirada de un hombre que está convencido que va en serio, Pero la realidad es muy distinta a sus deseos. Y es que cuando más alto se sube, más dolorosa será su caída.
Ante todo, vale aclarar que no se trata de ese maldito engendro sionista llamado Benjamín Netanyahu, que ha desatado una guerra de exterminio en Gaza. Parece, pero no lo es. Se trata en realidad de la readaptación del célebre Frankensteín, aquel clásico del horror gótico escrito en 1818 por Mary Shelley, en una versión turca de 8 capítulos y que podemos ver desde el 20 de octubre en Netflix. Como sabéis, esta novela es uno de los libros más importantes de la literatura universal y que más ha influido en todos los sentidos, incluyendo una extensa e inagotable cantidad de adaptaciones en el cine y la televisión. Esta vez se optó por el formato de televisión, lo que asegura una extensión importante del relato y deja la puerta abierta para tomarse muchas libertades. En efecto, Creature (Criatura / Yaratilan, Turquía, 2023) está ambientada durante el período final del Imperio Otomano, donde la historia tiene como protagonista a Ziya, un joven estudiante de medicina apasionado y arriesgado, cuyo entusiasmo y rebeldía lo llevan a buscar los límites y desafiar las reglas. Su deseo de combatir las epidemias lo lleva a oponerse a las convenciones de su época. El único que está en consonancia con Ziya es el doctor Ihsan, a quien conoció en Constantinopla, alguien que tiene un conocimiento que unirá a ambos hombres en pos de un proyecto que nadie sabe cuáles serán sus resultados. Quienes hayan leído la novela de Mary Shelley, ya saben por dónde irá la historia, pero quienes no tengan idea de este clásico, se llevarán algunas sorpresas impactantes. Si el libro es un clásico, sus versiones cinematográficas no son menos importantes. La película producida por Universal en 1931, dirigida por James Whale y protagonizada por Boris Karloff, impuso una idea de la historia de Frankenstein que casi nadie puede borrar de su cabeza. Adaptación mucho más que libre, pero de una potencia tan grande que toda imagen del monstruo de la historia clásica nace a partir de este largometraje. Luego vinieron cientos de otras versiones, la mayoría copiando a la criatura construida a partir del rostro de Karloff, pero también varias otras que buscaron recuperar el texto de Mary Shelley. En esta miniserie turca hay ambas cosas. Se entiende y trabaja el existencialismo del libro del siglo XIX, pero también se toman muchas libertades, para bien y para mal. Los interesados en la novela, no pueden perderse esta producción, justamente para disfrutar de la manera en la cual un realizador encara una historia tan conocida y a la vez tan tergiversada a lo largo de un siglo. Un cierto gusto por el melodrama al estilo turco también le da una identidad a la miniserie y la hace diferente a la inmensa mayoría de lo que todos los espectadores han visto. A todo lo interesante de Creature hay que sumarle a su protagonista, Taner Ölmez, cuyo rostro es de una absoluta popularidad en Latinoamérica. Ölmez protagonizó la serie Doctor Milagro (2019-2021), donde interpretó a un personaje tan entrañable que espectadores de todo el mundo siempre tendrán una mirada positiva sobre él. Su personaje aquí, sin embargo, empieza con una alegría que luego se va oscureciendo con el correr de los capítulos. Todo esto le otorga al título el atractivo que la ha convertido en uno de los grandes éxitos en Netflix en este momento. Creature se centra en una de las cuestiones más fundamentales de la humanidad, ‘la muerte y el más allá’. El mayor deseo de Ziya, un joven estudiante de medicina aventurero, rebelde y entusiasmado, es ser un muy buen médico y curar muchas epidemias para las que la medicina no puede encontrar cura. Entre la locura y el genio, el doctor İhsan, es casi la única persona en este mundo que podría entenderlo. Estas dos almas excéntricas y heridas pagarán un alto precio por el experimento secreto y prohibido en el que se embarcaron juntos.