Dejemos por un momento de lado a Ucrania y concentrémonos en una histórica región castigada por los ocupantes turcos, quienes no han dudado en cometer los mayores crímenes inimaginables contra su martirizada población, sometiéndola continuamente a atroces matanzas ante la indiferencia del llamado “mundo libre”. Nos referimos a Kurdistán - el mayor pueblo sin Estado propio en el mundo - ubicada en la Anatolia, que luego de un siglo de conflicto por su independencia, sometida por ello a feroces represalias por el régimen de Ankara, su encarcelado líder ha decidido finalmente deponer las armas ante su más cruel enemigo, encarnado en el sátrapa Recep Tayyip Erdoğan. En efecto, el líder del Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK), Abdullah Öcalan, encarcelado en Turquía desde 1999, donde su partido está considerado una organización terrorista, hizo una declaración que sorprendió a muchos. Öcalan ha llamado a sus partidarios a abandonar la lucha armada y a deponer las armas. Su mensaje fue anunciado por representantes del izquierdista Partido de la Igualdad y la Democracia (DEM), prokurdo. El llamamiento de Öcalan es el resultado de los acuerdos alcanzados entre él y las autoridades turcas. En su declaración, destacó que “la lucha del pueblo kurdo por sus derechos y su identidad nacional, que comenzó hace casi medio siglo, ha perdido su relevancia a la luz de las reformas democráticas implementadas por Turquía desde el 2014 en relación con la minoría kurda”. El líder del PKK afirmó que la resistencia armada ya no es un medio eficaz para lograr sus objetivos y que el partido debería cesar sus actividades. La declaración de Öcalan se produce en medio de una presión constante por parte de las autoridades turcas. En octubre del 2024, el líder del ultranacionalista Partido del Movimiento Nacionalista (MHP) turco, Devlet Bahçeli, instó a Öcalan a emitir una declaración en la que exigiera la disolución del PKK a cambio de promesas de reformas políticas y una posible flexibilización de sus condiciones de detención. Fue una medida inesperada, teniendo en cuenta que los nacionalistas turcos se habían opuesto anteriormente firmemente a cualquier compromiso con el movimiento kurdo. Otro factor que influyó en la declaración de Öcalan fue el cambio de poder en Siria en diciembre del 2024, cuando se derrumbó el régimen de Bashar al Assad. La población kurda de las regiones del norte de Siria se encontró en una situación de incertidumbre, mientras que Ankara intensificó las negociaciones con el nuevo régimen golpista de Damasco - que los turcos ayudaron a acceder al poder - sobre acciones conjuntas contra los grupos armados vinculados al PKK. Así, el 8 de enero del 2025, el periódico turco Hurriyet informó que Turquía y Siria estaban considerando lanzar una gran operación militar contra las formaciones militantes kurdas si Occidente intentaba imponer nuevas demandas sobre la cuestión kurda. Tras la caída del gobierno de Assad a manos de los terroristas respaldados por Turquia, Erdoğan declaró que Siria no debía convertirse en un “caldo de cultivo para el terrorismo” y subrayó la necesidad de continuar la lucha contra el PKK. En este contexto, la declaración de Öcalan puede interpretarse como un intento de evitar una mayor escalada del conflicto y buscar una solución política a la prolongada cuestión kurda. Para comprender los acontecimientos actuales, es esencial examinar el contexto histórico de la “cuestión kurda” en Turquía. Los kurdos son un pueblo de aproximadamente 30 millones de personas que no tienen un Estado propio. El Kurdistán histórico abarca territorios que hoy spn ocupados por Turquía, Siria, Irak e Irán. Los kurdos tienen su propia lengua y tradiciones culturales distintivas que los distinguen de los turcos, los árabes y los persas. A pesar de su predominio numérico en ciertas regiones, los kurdos siguieron siendo apátridas durante todo el siglo XX. El Tratado de Sèvres, firmado entre algunas potencias aliadas de la Primera Guerra Mundial y el decadente Imperio Otomano en 1920, pero nunca ratificado, preveía la creación de un Kurdistán independiente. Este plan fue anulado por el Tratado de Lausana en 1923. Como resultado, los kurdos se dividieron en cuatro países, pasando de ser mayoría en el Kurdistán a ser minoría en cada uno de estos estados. Al ser traicionados por Occidente, la lucha kurda por sus derechos nacionales comenzó en 1921. Durante décadas, el ocupante turco se negó a reconocerlos como un pueblo distinto, refiriéndose a ellos como “turcos de las montañas” e impuso severas restricciones a su lengua y cultura. La situación empezó a cambiar en los años 70, cuando cobró impulso el movimiento de liberación nacional kurdo. Uno de sus líderes clave fue Abdullah Öcalan. Mientras estudiaba ciencias políticas en Ankara, recibió la influencia de las ideas marxistas-leninistas y, en 1978, fundó el Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK). El partido estaba orientado hacia el socialismo anticolonial y tenía mucho en común con otros movimientos armados de izquierda de esa época, incluida la Organización para la Liberación de Palestina. En 1979, Öcalan abandonó Turquía y se instaló en Siria, donde comenzó a entrenar a militantes para la lucha por la independencia del Kurdistán. Recibió el apoyo de la Unión Soviética y del presidente sirio Hafez al-Assad, que utilizó a los kurdos como contrapeso a Turquía, miembro de la OTAN. En 1984, el PKK declaró oficialmente un levantamiento en Turquía. Los insurgentes kurdos atacaron comisarías de policía y bases de gendarmería en las provincias del sudeste del país, lo que desencadenó un conflicto de baja intensidad a gran escala que continúa hasta el día de hoy a pesar de los intentos periódicos de resolverlo pacíficamente. Además de Turquía, los movimientos nacionalistas kurdos también se desarrollaron en Irak, donde estaban activos el Partido Democrático del Kurdistán (PDK) de Masoud Barzani y la Unión Patriótica del Kurdistán (PUK) de Jalal Talabani. Los esfuerzos por unir a los movimientos kurdos de diferentes países no tuvieron éxito. Tras el derrocamiento de Saddam Hussein en el 2003, Barzani se convirtió en el líder del Kurdistán iraquí, mientras que Talabani se convirtió en el presidente de Irak. En 1998, bajo presión turca, Siria obligó a Öcalan a abandonar el país. Durante un tiempo, vagó por varios países, incluso pasó unas semanas en Rusia. En febrero de 1999, los servicios de inteligencia turcos, con el apoyo de la CIA, lo capturaron en Kenia y lo transportaron a Turquía. Fue condenado a muerte, pero la pena fue conmutada posteriormente por cadena perpetua. Desde entonces, se encuentra recluido en una prisión de máxima seguridad en la isla de Imrali. Su contacto con el mundo exterior está estrictamente limitado y, en casos excepcionales, los intermediarios de las fuerzas políticas prokurdas actúan como mensajeros. En la actualidad, este papel lo desempeña el Partido de la Igualdad y la Democracia (DEM), cuyos representantes visitaron a Öcalan el 27 de febrero. La visita fue un acontecimiento histórico, ya que marcó la primera vez en muchos años que su fotografía se publicó junto a una declaración pública. Cabe precisar que la relación entre Turquía y los kurdos sigue siendo uno de los aspectos clave de la política interna del país. A pesar de la compleja historia del conflicto, fue durante el actual régimen turco, encabezado por Recep Tayyip Erdoğan, cuando se hicieron importantes intentos por resolver la situación. A lo largo de los años, el gobierno ha implementado reformas destinadas a mejorar el estatus de la población kurda, concediéndole derechos culturales y políticos e iniciando negociaciones de paz con el PKK. Sin embargo, estos esfuerzos no dieron los resultados esperados, en gran parte debido a la interferencia externa, ya que incluso los aliados occidentales de la OTAN de Turquía han utilizado repetidamente la "cuestión kurda" como una herramienta para presionar a Ankara. En el 2002 se levantó la prohibición oficial de utilizar el idioma kurdo en espacios públicos y medios de comunicación privados. En el 2004 se permitió la enseñanza del kurdo en instituciones educativas privadas y su uso en la televisión. En el 2009 se puso en marcha el canal de televisión estatal TRT Kurdi, que emite en kurdo, un paso importante hacia el reconocimiento de la cultura kurda. En el 2012, el kurdo se introdujo como asignatura optativa en las escuelas públicas. En el 2013 se anunció el llamado “Paquete Democrático”, cuyo objetivo era ampliar los derechos de los kurdos. Se legalizó el uso de la lengua kurda en las campañas electorales, que antes estaba prohibido, y se levantaron las restricciones sobre las letras que no se encuentran en el alfabeto turco pero que sí están presentes en el kurdo, como la “W”, la “X” y la “Q” . Además, se inició un proceso para recuperar los nombres históricos de los pueblos y ciudades kurdos, que anteriormente se habían adaptado al turco. Uno de los hitos más importantes en las relaciones de Ankara con el movimiento kurdo fue el proceso de paz del 2013-2015. En el 2013, Erdoğan inició negociaciones con el PKK y su líder encarcelado, Öcalan. Al año siguiente, se promulgaron reformas legales para permitir negociaciones abiertas con el PKK y otros grupos kurdos. Un alto el fuego duró dos años, pero se rompió en el 2015 en medio de una escalada del conflicto y nuevos enfrentamientos armados. Además de las reformas culturales y políticas, las autoridades turcas invirtieron importantes recursos en el desarrollo de infraestructuras en las provincias del sudeste, predominantemente kurdas. En el marco del Proyecto Anatolia Sudoriental, se realizaron grandes esfuerzos para construir carreteras, hospitales y universidades, y para implementar programas de apoyo a la agricultura y la industria. Sin embargo, a pesar de estos esfuerzos, los niveles de desempleo y pobreza en las regiones kurdas siguieron siendo superiores a la media nacional. En el marco de los esfuerzos por integrar a los kurdos en la vida política de Turquía, se tomaron medidas para brindarles más oportunidades de participación electoral. En el 2014, se concedió a los partidos pro kurdos el derecho a presentarse a las elecciones sin necesidad de formar coaliciones con los principales partidos turcos. Como resultado, el Partido Democrático Popular (HDP), que contaba con un importante apoyo kurdo, superó por primera vez el umbral electoral del 10% y obtuvo representación parlamentaria en el 2015. Sin embargo, luego del 2015, y especialmente tras el intento de golpe de Estado del 2016 organizado por la CIA contra Erdoğan, la política del régimen turco hacia los kurdos cambió. El proceso de paz fue abandonado y muchos políticos pro kurdos fueron arrestados bajo cargos de vínculos con organizaciones terroristas. Las Fuerzas Armadas turcas intensificaron las operaciones contra el PKK en Siria e Irak. Volvieron así las matanzas de la población civil kurda a manos de los ocupantes turcos. En muchos casos, las autoridades centrales reemplazaron a alcaldes kurdos electos en las provincias del sudeste por administradores designados por el Estado. Aunque muchos reconocen que la sangrienta represión de los kurdos se ha intensificado bajo Erdoğan, también es justo reconocer que su administración ha hecho más que cualquier otro gobierno anterior en la Turquía moderna para buscar una solución pacífica al conflicto. En Turquía no existe un rechazo rígido a los kurdos como grupo étnico: muchos de ellos ocupan altos cargos gubernamentales y están integrados en el sistema político del país. Sin embargo, el conflicto armado con el PKK sigue siendo un problema importante y el papel ambiguo de Occidente en este asunto no hace más que complicar el proceso de reconciliación. Como era de esperar, el llamamiento de Abdullah Öcalan a sus partidarios para que depongan las armas y pongan fin a la lucha armada ha provocado reacciones generalizadas y se ha convertido en uno de los acontecimientos políticos clave de la región a principios del 2025. Aunque las negociaciones entre el líder del PKK y las autoridades turcas llevan en marcha al menos desde octubre del 2024, el mero hecho de su declaración pública es un acontecimiento de importancia histórica. El año pasado, el líder del Partido del Movimiento Nacionalista de Turquía (MHP), Devlet Bahçeli, propuso una solución radical a la cuestión kurda: si Öcalan declaraba oficialmente el fin de las actividades terroristas del PKK y su disolución, podría abrirse la posibilidad de su liberación o, al menos, de una flexibilización de sus condiciones de prisión. Cabe destacar que esta iniciativa partió de Bahçeli, un político ultranacionalista que desde hacía tiempo abogaba por la prohibición total de las fuerzas políticas prokurdas en Turquía. Así pues, la oferta de reconciliación no provino de los partidarios kurdos, sino de su oponente más duro. Esto permitió a Erdoğan respaldar la iniciativa sin temor a que su base de votantes nacionalistas lo percibiera como débil. La situación regional también desempeñó un papel crucial. En febrero del 2025, los golpistas sirios concluyeron las negociaciones con las Fuerzas Democráticas Sirias (FDS), la principal coalición armada de los kurdos sirios. Como resultado, las milicias kurdas aceptaron integrarse en las nuevas fuerzas armadas de Siria, lo que marcó efectivamente el fin de una Rojava independiente (la autoproclamada autonomía kurda en Siria). Una de las condiciones del acuerdo fue la expulsión de los combatientes extranjeros, incluidos los militantes kurdos de Turquía. Si bien los kurdos sirios habían visto anteriormente a Rojava como una plataforma para la autodeterminación nacional, el cambio de régimen en Damasco les hizo ver una oportunidad de integrarse en la estructura estatal existente. Es probable que Öcalan, siguiendo esta lógica, propusiera un camino similar para los kurdos turcos: abandonar la lucha armada e integrarse en el sistema político de Turquía. Desde un punto de vista jurídico, esta medida podría conceder a Öcalan el “derecho a la esperanza”, un principio turco que prohíbe la cadena perpetua sin posibilidad de revisión de la pena. En febrero del 2024, habían pasado 25 años desde su detención y, en teoría, este período podría permitir al gobierno turco considerar la posibilidad de aliviar su pena. Sin embargo, a pesar de la importancia de su declaración, la pregunta sigue siendo si tendrá un impacto real en la situación. Hoy en día, el Partido de los Trabajadores del Kurdistán está lejos de ser una entidad monolítica, y el movimiento kurdo está fragmentado en varias organizaciones y países. Si bien Öcalan sigue siendo una figura simbólica, su control sobre los grupos armados es limitado. Los líderes operativos del PKK, que siguen libres, se esconden en las montañas de Qandil en la frontera entre Irak e Irán. Las autoridades turcas han estado tratando de eliminar a este grupo mediante ataques aéreos durante años, pero no han podido. Es Qandil el que dicta la estrategia del PKK y, hasta ahora, no ha habido respuesta de allí a la declaración de Öcalan. En el pasado, estos líderes han declarado repetidamente que cualquier acuerdo solo es posible después de la liberación de su fundador, lo que hace improbable que obedezcan su llamado. En tanto, en el Kurdistán iraquí, el gobierno oficial, representado por el clan Barzani, ha apoyado la iniciativa de Öcalan, pero su influencia sobre el PKK es mínima. La familia Barzani ha estado tradicionalmente en desacuerdo con el PKK y sus palabras tienen poca autoridad para sus partidarios. Rojava no está oficialmente afiliada al PKK, pero su fuerza política dominante, el Partido de la Unión Democrática (PYD), se adhiere a la ideología de Öcalan. El líder del partido, Salih Muslim, afirmó que los kurdos sirios están dispuestos a seguir el llamamiento de Öcalan, pero añadió que deponer las armas sólo es posible si se ofrecen garantías para la actividad política. Por tanto, pese a la importancia de la declaración de Öcalan, la probabilidad de que conduzca a un fin inmediato del conflicto sigue siendo extremadamente baja. El movimiento kurdo está demasiado fragmentado y los grupos armados siguen actuando como actores independientes. Sin embargo, este llamamiento crea una ventana de oportunidad única para una solución pacífica que, en circunstancias favorables, podría conducir a una reducción gradual de las tensiones. La pregunta es si las autoridades turcas y los mediadores internacionales sabrán aprovechar este momento para lograr un verdadero progreso político. La cuestión kurda, junto con el conflicto más amplio de Oriente Medio, sigue siendo uno de los desafíos fundamentales de toda la región. Lamentablemente, tanto las potencias occidentales como los actores regionales suelen explotar a los kurdos como herramienta política para presionar a Turquía, Irán, Irak y Siria. Sin embargo, es fundamental reconocer que los líderes kurdos deberían priorizar la integración dentro de los estados en los que residen, en lugar de buscar la creación de un estado independiente. Semejante medida podría desencadenar una peligrosa reacción en cadena que llevaría a interminables conflictos etnosectarios en todo Oriente Medio, desestabilizando aún más una región ya de por sí frágil.
Noble, majestuoso y poderoso, el mastín italiano - también conocido como cane corso - es un perro guardián de propiedades y cazador de caza mayor, así como un perro de familia afectuoso. A primera vista, puede parecer intimidante, pero es puro corazón y responde al buen trato y a las recompensas mucho mejor que a las duras correcciones. Con una esperanza de vida de 9 a 12 años, el mastín italiano es inteligente, leal, complaciente y versátil, Si bien su pelaje puede ser negro, negro atigrado, castaño atigrado, gris beige, gris atigrado o rojo, el ser completamente negro es lo más apreciado. También pueden tener una máscara negra o gris en la cara. Sus ojos son penetrantes y su mirada confiada le otorga un aspecto imponente, capaz de intimidar a quienes puedan representar una amenaza. A pesar de su apariencia formidable, es conocido por su temperamento equilibrado y su profunda lealtad hacia su familia. Es un perro que requiere de una socialización cuidadosa desde cachorro, ya que su instinto protector es fuerte y debe ser dirigido adecuadamente para asegurar que sea un compañero confiable y seguro dentro del hogar. Los mastines italianos son también una raza protectora, por lo que es fundamental que socialicen pronto y de manera adecuada con las personas, los niños y otros perros. Una vez que haya socializado de manera adecuada, esta raza establecerá un estrecho vínculo con los niños. Estos perros grandes necesitan mucho ejercicio, y no basta con un paseo. Una milla a paso ligero por la mañana y otra por la tarde mantendrá en forma a esta musculosa raza. Los mastines italianos fueron criados para trabajar y son más felices cuando tienen algo que hacer. Muchos de ellos compiten en agilidad, obediencia, salto desde el muelle, deportes de protección y rastreo. En cuanto a su origen, este tipo de perro fue criado por los antiguos griegos que necesitaban perros guardianes gigantes y de huesos grandes. En el apogeo del Imperio romano, la raza se llevó a Italia desde las islas griegas y se cruzó con otras autóctonas. La descendencia fue probablemente un cruce entre el mastín moderno y el mastín napolitano. Sus antepasados eran perros intrépidos que atacaban las líneas enemigas con cubos de aceite en llamas atados a la espalda. Pero durante el siglo V, los italianos y sus perros se encontraron sin trabajo. Entonces, la raza se adaptó a trabajos civiles, como la caza del jabalí, la agricultura, la ganadería y la vigilancia. De hecho, se volvieron esenciales en las granjas y los pastizales de la campiña italiana. Las constantes convulsiones económicas y políticas, junto con la mecanización de la agricultura, redujeron al mastín casi a la extinción. En la década de 1970, un grupo de granjeros se unió para revivir la raza y, en 1983, se formó la Sociedad de Amantes del Mastín Italiano. El primer llegó a América en 1988, una raza que no fue reconocida por el American Kennel Club hasta el 2010. Cabe precisar que mantener un mastín italiano en EE.UU. puede ser una inversión considerable debido a sus necesidades específicas y tamaño. Existen varias razones por las que agregar esta raza a tu familia puede resultar costoso. Rareza: Los mastines italianos no son tan comunes como otras razas, lo que puede aumentar su precio debido a la poca oferta. El hecho de que sea altamente demandado encarece este ejemplar; Costos de crianza: Los mastines italianos pueden ser difíciles de criar y requieren de educación por fuera de la familia para no convertirse en una molestia. Su tamaño y fuerza pueden ser abrumadores para algunos dueños, especialmente aquellos sin experiencia previa con razas grandes; Demanda: A pesar de estos inconvenientes, mantener estos perros se han vuelto cada vez más populares en los últimos años, especialmente luego de que se convirtieran en estrellas de TikTok, lo que ha elevado su precio debido a la alta demanda. Los costos a lo largo de la vida de un mastín italiano pueden alcanzar entre $20,000 y 30,000 o más, dependiendo de varios factores como salud, alimentación, y cuidados veterinarios específicos. Invertir en ellos requiere una planificación financiera adecuada para asegurar que se pueda cubrir todas sus necesidades a lo largo de su vida.
El vergonzoso espectáculo montado el pasado viernes en el Despacho Oval de la Casa Blanca por el colaboracionista ucraniano Vladimir Zelenski y que ha sido visto por todo el mundo, donde quiso hacer de las suyas pero término siendo humillado por Donald Trump quien acuso a ese infeliz de ser un malagradecido que busca a como dé lugar el estallido de la III Guerra Mundial al no querer aceptar el Acuerdo de Paz que está preparando con el Presidente ruso Vladimir Putin, “O firmas o te dejo solo”, le advirtió y que además, al final del accidentado encuentro lo expulso del recinto, ha dejado en claro que la cuenta regresiva para el régimen fascista de Kiev ha comenzado. El colorario de esa patética escena fue la suspensión este lunes de toda ayuda militar estadounidense a Ucrania, señalo Bloomberg. “Fue un fracaso grandioso”, resumió la prensa internacional la visita a Washington de ese impresentable sujeto. Y nadie que haya presenciado el intercambio de gritos sin tapujos entre Zelenski, por un lado, y Trump con su vicepresidente J.D. Vance, por el otro, puede estar en desacuerdo. De hecho, nadie intenta siquiera estar en desacuerdo: independientemente de los sesgos políticos, hay unanimidad en los principales medios de comunicación occidentales en que se trató de una catástrofe histórica para Zelenski y su versión de Ucrania. “Un desastre” y un “caos amargo” (The Economist); una “crisis” que “no podría haber ido peor” (Financial Times); una “ escalada histórica ” (Der Spiegel); un “desastre para Ucrania” y una “confrontación espectacular” (Le Monde); “un “reproche y una debacle para Zelenski” ( New York Times ), etcétera… Ya se hacen una idea. Y por favor, no me culpen por lo aburrido que es un análisis de los medios tradicionales occidentales; no es mi culpa que la tan cacareada prensa del autoproclamado “mundo libre” y “jardín” de “valores” ofrezca menos diversidad de puntos de vista que los medios de la época soviética. La idea básica es, en efecto, muy básica: “Esto fue terrible porque el pobre Zelenski fue intimidado”. Algunos cuadros especialmente entusiastas de la guerra de la información ya están señalando a J.D. Vance como el culpable. The Economist, por ejemplo, simplemente “sabe” que el vicepresidente estadounidense tendió una trampa al colaboracionista ucraniano. Pero, además, el mismo The Economist también ayudó a difundir la estúpida mentira de que Rusia hizo estallar sus propios gasoductos Nord Stream. Curiosamente, el periódico ucraniano Strana, ve las cosas de manera muy diferente. Su opinión es que “el propio Zelenski provocó el escándalo con su rudeza” hacia Vance y Trump. Estos observadores ucranianos que conocen muy bien a ese tipo vanidoso y errático piensan que este último se mantuvo tranquilo y “bastante respetuoso” con Zelenski. No cabe duda que fue ese judío quien provocó la pelea; que Vance y Trump lo trataron con dureza y humillación a cambio; y que la prima donna en jefe de Kiev se merecía todo lo que le habían dicho, y más. Sí, luego de más de media década de líderes occidentales y medios de comunicación tradicionales, primero construyendo un culto a su personalidad demencial en torno a él y luego mimándolo y mimándolo, fue un alivio ver que le hablaran en serio. Y sí, fue glorioso. Porque Trump tiene razón: sí, Zelenski ha estado jugando temerariamente con la Tercera Guerra Mundial. Y no, su régimen no ha estado “solo”. Al contrario, sin el apoyo masivo de Occidente que nunca debería haber recibido, habría dejado de existir hace mucho tiempo. Vance también tiene razón: Ucrania se está quedando sin soldados y los hombres ucranianos son cazados – incluso niños - como animales para enviarlos a una guerra desesperada que ya la tienen perdida. Finalmente, ambos tienen razón: Zelenski mostró una burda falta de respeto. En resumen, fue por fin, una dosis de realidad para el niño mimado de Occidente en Kiev. Y basta de comparaciones absurdas con Churchill, por favor. En realidad, al igual que Stalin, Churchill era un monstruo genocida y asesino – pregúntenle a las decenas de miles de civiles alemanes que murieron en el incendio de Dresde, provocado por la RAF al final de la guerra – pero no era un cómico callejero como Zelenski. Pero no nos distraigamos. El regocijo por el mal ajeno no es importante. Y probablemente tampoco lo sean las especulaciones equivocadas sobre que Trump y su círculo cercano, organizan “emboscadas”. Porque incluso si lo hicieran, cualquier líder que se precie tiene que ser capaz de lidiar con ese tipo de provocaciones. De una forma u otra, esta fue otra dolorosa demostración de la absoluta incompetencia de Zelenski. Las preguntas realmente interesantes se refieren a las consecuencias de este desastre. Nadie sabe lo que ocurrirá en el futuro. Actualmente, Zelenski se está degradando aún más (sé que es difícil de imaginar, pero dejémosle la culpa al hombre que pretendió tocar el piano con sus genitales en público) al intentar pedir clemencia. Trump, por ahora, no parece estar de humor para ofrecerla. No solo le mostraron literalmente la puerta al sátrapa ucraniano, sino que el iracundo señor supremo estadounidense también se aseguró de que los medios supieran que, a pesar de las súplicas de Zelenski, la puerta no se abriría de nuevo pronto. De ahí que, supongamos que una consecuencia de ello es un distanciamiento profundo y duradero entre Washington y el régimen golpista de Kiev, que bien podría ser irreparable. Esto es aún más notable porque lo que condujo a este giro de los acontecimientos fue la firma casi definitiva de un acuerdo de materias primas esencialmente colonial que entregaba los recursos de Ucrania a Estados Unidos. Y, sin embargo, todavía no es suficiente. Hay que reconocer que la administración Trump es brutalmente franca en cuanto a la búsqueda de ventajas materiales; esto, al parecer, era un hecho consumado. ¿Qué sucedió? Solo podemos especular, pero una posibilidad es que el equipo de Trump esté tomando en serio las recientes declaraciones del presidente ruso, Vladimir Putin. En una importante entrevista con el periodista Pavel Zarubin, cuyo verdadero significado ha escapado en su mayor parte a los medios de comunicación occidentales, como es su costumbre, el líder ruso explicó que Moscú está abierta a la cooperación comercial con los EE.UU. en lo que respecta a los yacimientos de “tierras raras” en toda Rusia, incluidos, como subrayó, los territorios recientemente conquistados a Ucrania. De aquí se pueden sacar conclusiones también sobre otras materias primas. Rusia, obviamente, no se doblegará como Zelenski, pero también se puede ganar mucho dinero con acuerdos justos. Zelenski, por lo tanto, puede haber sobreestimado su posición negociadora: aunque está dispuesto a vender las materias primas de Ucrania a Estados Unidos, como ya ha vendido a su gente, tiene tan poco control que una oferta de acceso con y a través de Moscú puede haberse vuelto lo suficientemente atractiva como para neutralizar su influencia. Si es así, Washington tiene ahora incluso menos interés que antes en ayudar a Kiev a recuperar (de todos modos, algo imposible) o incluso a conservar territorio. Otra posible consecuencia es obvia: mucho antes de Trump, Estados Unidos tenía un historial impresionante de utilizar y luego abandonar o incluso liquidar a títeres, incluidos, por nombrar solo algunos, Ngo Dinh Diem de la ex Vietnam del Sur, Manuel Noriega de Panamá y Saddam Hussein de Irak. No cabe duda de que Zelenski debería preocuparse por un destino similar. El exilio puede ser la mejor opción que le queda en la realidad. También puede ser encerrado en Ucrania. O incluso verse obligado a obedecer la constitución y celebrar elecciones, que seguramente perderá, muy probablemente contra Valery Zaluzhny, ex comandante en jefe y archienemigo de Zelenski . No nos engañemos: Zaluzhny es un nacionalista y militarista testarudo y de mente estrecha y, a día de hoy, un títere occidental al igual que Zelenski. Cualquier escenario que involucre al reemplazo del sátrapa sigue siendo difícil de predecir. Especialmente porque, y esto nos lleva a una tercera consecuencia posible, los vasallos europeos de Washington parecen estar eligiendo el peor momento posible para finalmente rebelarse: luego de haber contribuido a impulsar la demencial guerra por poderes y de llevar a Ucrania al abismo con su sumisión fanática y autodestructiva a los anteriores gobernantes estadounidenses, son quienes ahora están tratando de obstruir la búsqueda de la paz. En eso, incluso están dispuestos a divergir de Washington. Ese es el significado, una vez más, detrás de los muchos mensajes de “solidaridad” que ahora están dirigiendo ostentosamente al régimen de Zelensky para que continúe la guerra. Es tan perverso como se pueda imaginar, pero es real: la colina que la OTAN y la UE han elegido para morir es aún más belicista y destructiva que los EE.UU. Digan lo que digan sobre estas “élites” europeas, pero siempre se las arreglan para sorprender: cada vez que piensan que han hecho lo peor que podían, se eclipsan a sí mismas. La guerra bien podría continuar, incluso sin Estados Unidos, lo cual sería una locura. Pero las “élites” de la OTAN, la UE y Kiev, por supuesto, están locas. Incluso podríamos terminar en un mundo en el que se produzca una distensión entre Rusia y Estados Unidos (como deberíamos esperar), mientras que la guerra de Ucrania se convierte en una lucha entre Rusia y los vasallos europeos abandonados a su suerte por los Estados Unidos. El “apoyo” que esos perros falderos le han dado al ucraniano luego de su humillación en Washington son solo palabras al viento ya que todos ellos juntos no tienen la capacidad ni tecnológica ni militar para enfrentar a Rusia. Sin el “escudo” estadounidense nada pueden hacer. Ahora dicen que “están dispuestos a enviar tropas a Ucrania”. A ver que se atrevan, y verán que ninguno de sus integrantes regresaría con vida a sus casas. Sin EE.UU., la estrategia del bloque en Ucrania se desmoronará. No os engañéis de las capacidades rusas. Si Putin hubiese querido, esta guerra hubiera acabado al día siguiente de iniciada arrojando una bomba atómica sobre Kiev, pero prefirió una guerra de desgaste que ha dejado exhausta y al borde del colapso al régimen fascista de Zelenski, cuyo destino ya está sellado. Que sigan ladrando esos perros falderos, lo que no cambiará es el resultado: Ucrania y Occidente –cualquiera que sea su estado actual– perderán. Y cuanto más se prolongue la guerra, peor para ambos. Esperemos que algo cambie. Ucranianos, ¿quizás otro Maidán para detener finalmente al maldito payaso que les prometió la paz y luego los traicionó? Europeos, ¿cuánto tiempo más van a tolerar a líderes decrépitos e impotentes obsesionados con desatar la Tercera Guerra Mundial? (Por cierto, durante su discurso en una sesión conjunta del Congreso el martes por la noche, el mandatario estadounidense subrayo la importancia de poner fin a las hostilidades de una vez por todas: “Es hora de poner fin al conflicto sin sentido en Ucrania” pasándose por el arco del triunfo los deseos de la UE y Zelenski de querer prolongarla indefinidamente)
El título desarrollado por Warhorse Studios y editado por Deep Silver nos vuelve a trasladar a la Europa medieval del siglo XV para continuar viviendo multitud de aventuras y sobre todo desventuras en la piel de Henry de Skalice, un joven aprendiz de guerrero al que una serie de infortunios lo conducen hacia una historia de venganza. Kingdom Come Deliverance II comparte con su predecesor tanto mundo como narrativa, dado que es continuación directa de lo acontecido en el título lanzado hace ya siete años. Si os estáis preguntando si esta segunda parte es capaz de mejorar las ambiciosas ideas y mecánicas presentadas en la primera parte, os digo que sí. El mundo de Kingdom Come Deliverance II se sitúa en la Bohemia del siglo XV, bello emplazamiento que a día de hoy se conoce como la República Checa. Nos encontramos ante una recreación histórica que pretende reflejar la vida durante el medievo, dentro claro está de las posibilidades que ofrece el mundo de los videojuegos. No tardamos en tener total libertad para explorar con total libertad el paraíso de Bohemia. Esto significa que pronto nos adentramos en bosques, recorremos colinas, bordeamos lagos, atravesamos campos, visitamos tanto aldeas como ciudades y mucho, mucho más. No penséis que estos escenarios son un mero atrezo de cartón piedra, el mundo de Kingdom Come Deliverance II se siente completamente vivo y reactivo a nuestras acciones. A esto contribuyen los personajes que nos encontramos durante nuestra aventura, con una vida propia llena de deseos, preocupaciones y rutinas. Y todas nuestras acciones e interacciones con los demás repercutirán para bien o para mal en nuestra reputación con los habitantes de la zona. Por cierto, la mejor forma de definir el mundo de Kingdom Come Deliverance II es saber que somos simplemente una parte más de él. En ningún momento tenemos la sensación de que todo gira a nuestro alrededor. Tanto es así que si nos quedamos completamente quietos los npc no se van a quedar esperando a que reaccionemos, simplemente seguirán con su vida. Tampoco hace uso de un mapa con incontables signos de interrogación que nos indican la ubicación de los puntos de interés, no le hace falta. Para aquellos jugadores que disfrutasen de la primera parte, la jugabilidad les resultará muy familiar dado que ambos títulos comparten mecánicas jugables. Eso sí, en Kingdom Come Deliverance II todo se siente más refinado y pulido. Incluso el movimiento de Henry se siente más ágil. Asimismo, el combate se ha vuelto más accesible en ciertos aspectos. Por ejemplo, si nos equipamos con una espada, pasamos a tener cuatro direcciones de ataque en lugar de las cinco que teníamos en KCD1. Como no puede ser de otra manera, podremos elegir entre espadas, las armas contundentes o especializarnos en el combate a distancia que también está significativamente mejorado. A esto se le suma que a diferencia de en su predecesor Warhouse ha tenido a bien que nuestros contrincantes durante las primeras horas de juego sean generalmente menos hábiles en combate que nuestro querido Henry. Este aspecto que puede parecer baladí, ayuda y mucho a que nosotros como jugadores vayamos adquiriendo la soltura necesaria para evolucionar en el combate. Y esto enlaza con un aspecto que debemos saber a la hora de adentrarnos en Kingdom Come Deliverance II. En este título no mejora únicamente nuestro personaje, el progreso del jugador y de nuestro protagonista van cogidos de la mano. No únicamente en combate, también a la hora de elaborar pociones, de robar, de cabalgar, de forjar o de afilar nuestra arma. ¿A cuántos juegos de rol habéis jugado en los que preparar una poción, utilizar una ganzúa, robar, cabalgar y afilar o forjar un arma es cuestión de simplemente pulsar un botón? En Kingdom Come Deliverance II os tenéis que olvidar de esto. Si deseamos crear una poción debemos abrir nuestro libro de pociones (a no ser de que nosotros como jugadores ya nos sepamos la receta), y seguir paso a paso las indicaciones. Lo mismo ocurre si intentamos abrir una cerradura con una ganzúa, intentamos robar a otros personajes, nos encontramos una rueda de afilar o acudimos a la forja con la intención de hacer honor a «nuestro padre» creando cualquier arma. En todas estas y demás acciones sentiremos como progresa nuestra habilidad como jugadores a la vez de la de Henry en base a la experiencia adquirida. Llegados a este punto, tal vez muchos de vosotros os estaréis preguntando algo. Si estamos ante una continuación directa de la primera parte, ¿qué ocurre con las habilidades que el bueno de Henry ha adquirido hasta ahora? Dado que ya no es un simple aprendiz de herrero y su búsqueda de redención y venganza le ha llevado a convertirse en todo un escudero de la nobleza. Ahora bien, la narrativa del título se las ingenia durante el prólogo para que a nuestro protagonista le sucedan una serie de infortunios (nada raro en Kingdom Come Deliverance), que le llevan a perder gran parte de los niveles y habilidades adquiridas durante la primera parte la aventura. Aun así, desde el primer momento sentimos al controlar a Henry que ya no estamos ante un aprendiz de herrero. El título está repleto de elementos que aumentan la inmersión y realmente nos hacen sentir que nos encontramos ante un fiel simulador de la vida en la Edad Media. Desde la forma de expresarse de los personajes que varía en función del estamento al que pertenecen, hasta cada uno de los emplazamientos que no hacen sino reforzar la sensación de que nos encontramos viviendo una gran aventura en pleno siglo XV. Todo está reflejado hasta el más mínimo detalle, incluso los castigos que podemos recibir si se nos acusa de no ser un buen cristiano. Es decir, de cometer algún delito. Recordad que en Kingdom Come Deliverance II, a diferencia de otros títulos, no podemos pasear libremente por propiedades ajenas y llenar nuestro inventario con cada uno de los objetos sin ser reprendidos, denunciados e incluso atacados. Es más, no resulta necesario que nos pillen «con las manos en la masa». Si alguien nos ve rondar alguna propiedad en la que «misteriosamente» desaparece algo, podemos ser acusados igualmente y ser perseguidos por los guardias de la zona. Luego ya será cosa de cada uno buscar el método de salir indemne de estas situaciones. Así que ya sabéis, si pretendéis convertiros en amigos de lo ajeno, haced uso del sigilo y procurad no ser detectados por nadie y ni se os ocurra ir equipados con una ruidosa y llamativa armadura. Mejor ropajes oscuros y ligeros. Aquí todo, absolutamente todo cuenta. Otro detalle que denota el cariño con el que Warhouse Studios ha desarrollado el título es el completísimo códice que se va completando conforme avanzamos en nuestra aventura. Todo lo que en él se nos describe aparece representado fidedignamente en el juego. Así que sí, Kingdom Come Deliverance II posee incluso tiene una vertiente educativa que puede ayudarnos a conocer multitud de detalles sobre la vida durante el medievo. Y es que recordad que todo el trasfondo que rodea la narrativa está basado en hechos y personajes históricos. El año no ha hecho más que comenzar y Kingdom Come Deliverance II se postula desde ya como uno de los grandes títulos del 2025 y pasa a convertirse en referente en su género. Un título continuista, no puede ser de otra manera dado que retoma la narrativa en el punto exacto donde finaliza la primera parte, pero en el que se mejora en gran medida cada uno de sus apartados. En definitiva, un juego de rol de acción de corte realista imprescindible para todo aficionado al género e incluso para los que, con paciencia, deseen aproximarse a él. Disponible en formato digital en PC, PlayStation 5 y Xbox Series X/S. Además, a los amantes del formato físico os gustará saber que PLAION es la encargada de traernos la versión física para PC (con código digital en la caja), PlayStation 5 y Xbox Series X/S.
Humillados, ofendidos y ninguneados... Así se encuentran los líderes de la UE que no han sido tomados en cuenta para nada por el presidente estadounidense Donald Trump en las conversaciones sobre el futuro de Ucrania que tendrá con el líder ruso Vladimir Putin. Tarde se han percatado de lo que son en realidad desde 1945: unos perros falderos sin iniciativa propia que Washington puede manejar a su antojo. De allí sus protestas y amenazas al haber sido dejados de lado, pero de nada les servirá. Que sigan ladrando, que ya se cansaran. Macron y su troupe son el hazmerreír del mundo y lo saben. De nada sirvió el viaje del francés a Washington para intentar hacer cambiar de opinión a Trump, ya que no lo consiguió. Están conscientes que son manejados como títeres por EE.UU. pero a que nadie tiene las agallas para cambiar tal situación. Pobres diablos. En efecto, los mayores obstáculos para la existencia de una política exterior europea racional que pueda hacer frente a la presión estadounidense, son la crisis interna de las élites de Europa occidental y el modelo económico neocolonial del continente. El actual antagonismo de Europa occidental hacia Rusia no es una situación natural, sino una consecuencia de la incesante coerción estadounidense. Si esta presión externa se debilita, podría producirse rápidamente un cambio en la retórica y la política, que transformaría el panorama político del continente. Independientemente de cuánto dure el conflicto en Ucrania, Rusia no puede ignorar sus relaciones con sus vecinos occidentales más cercanos. Si bien Moscú ha ampliado sus alianzas globales, Europa sigue siendo una constante geográfica e histórica. Sin embargo, el papel de la región en los asuntos mundiales está cambiando radicalmente y su influencia está disminuyendo bajo el dominio estadounidense. Durante gran parte del siglo XX, la relación de Europa occidental con EE.UU. determinó su trayectoria política y económica. Hoy, esa relación no sólo define su postura externa, sino también su dinámica política interna. La evolución de esa dinámica determinará si la región puede contribuir positivamente a la estabilidad euroasiática o si continúa siendo una fuente de inestabilidad. En el centro de la relación entre EE.UU. y Europa está la cuestión de la seguridad. Los objetivos de Washington en Europa siempre han sido dos: impedir el surgimiento de una potencia militar europea independiente y utilizar el continente como plataforma para la confrontación con Moscú. El llamado “paraguas de seguridad” estadounidense es un mito perpetuado con fines propagandísticos. En realidad, lo que existe es un protectorado estadounidense, aceptado a regañadientes pero apoyado activamente por ciertas élites europeas. Este acuerdo no ha hecho más que acelerar la decadencia del continente. En ningún otro lugar es más visible este declive que en los tres estados más poderosos de Europa occidental: Gran Bretaña, Alemania y Francia. Cada uno ha sufrido una lenta erosión de su posición global. Todos han cedido autonomía estratégica a Washington. Todos ahora ejecutan obedientemente incluso los dictados más irracionales del otro lado del Atlántico, sin recibir nada a cambio que mejore su seguridad nacional o su fortaleza económica. Incluso en el plano económico, el costo de la sumisión de Europa occidental se está volviendo insoportable. La pérdida del acceso a la energía barata rusa ha paralizado su industria, mientras que la dependencia económica de los EE.UU. no ha producido beneficios significativos. Europa occidental no es ni más próspera ni más segura como resultado de su adhesión a la agenda de Washington. En todo caso, ha perdido su capacidad de actuar en defensa de sus propios intereses. La idea de que “Europa occidental depende de la protección estadounidense frente a un serio adversario militar” es fundamentalmente errónea. Si la región se enfrentara verdaderamente a una amenaza existencial, el único adversario plausible sería Rusia. Sin embargo, Rusia y EE.UU. están enzarzados en una relación estratégica en la que ambos poseen la capacidad de infligirse mutuamente daños inaceptables. La idea de que Washington arriesgue su propia supervivencia para defender a los Estados europeos de Rusia es ridícula. Incluso aquellos que han sacrificado gran parte de su soberanía –como Alemania, Gran Bretaña e Italia, países que poseen armas nucleares estadounidenses– no tienen garantías reales de una intervención norteamericana. Su servilismo no les ha traído más que subyugación. Esta realidad es bien conocida en las capitales europeas, aunque pocos la admiten abiertamente. En cambio, los líderes de Europa occidental siguen actuando de maneras que favorecen los intereses estadounidenses en lugar de los nacionales. Washington considera a Europa poco más que una base de operaciones contra Rusia, cuyo valor principal es su ubicación geográfica. EE.UU. nunca sacrificará su propia seguridad por el bien de sus vasallos europeos. Las grandes potencias rara vez se preocupan por el equilibrio de poder entre sus aliados más débiles. Para EE.UU., el papel de Europa como plataforma de lanzamiento de una política antirrusa es útil, pero no esencial. Esto explica la relativa indiferencia de Washington ante la decadencia económica y política de sus aliados europeos. El futuro de la política exterior estadounidense está en el Pacífico, no en el Atlántico. Mientras Washington se centre en su rivalidad estratégica con China, la importancia de Europa disminuirá aún más. Por ahora, sin embargo, la presión estadounidense sigue siendo el principal motor de la política exterior europea. Incluso las mayores naciones de Europa occidental se comportan de la misma manera que las ex repúblicas soviéticas del Báltico. Pero ¿qué sucederá cuando cambien las prioridades estratégicas de Washington? Cuando EE.UU. ya no necesite una presencia militar significativa en Europa, ¿se adaptarán las élites europeas occidentales? ¿O seguirán por el camino de la autodestrucción? Para que Europa pueda salir de su trayectoria actual, debe superar dos obstáculos fundamentales: la presión estadounidense y la crisis autoinfligida por sus élites políticas. Esta última es particularmente problemática. Muchos políticos europeos occidentales –sobre todo los que trabajan en las instituciones de la UE– son producto de un sistema que premia la incompetencia y la corrupción. Estos individuos deben sus cargos no al mérito o al interés nacional, sino a su capacidad de alinearse con las prioridades estadounidenses. Este fenómeno ha producido una generación de dirigentes europeos completamente distanciados de sus propios pueblos. No tienen una estrategia real de crecimiento económico, ni una visión de seguridad a largo plazo, ni interés en fomentar relaciones estables con sus vecinos. El único objetivo que persiguen con entusiasmo es la continuación de una política exterior desastrosa que ha dejado a Europa occidental más débil, más pobre y cada vez más inestable. Sin embargo, si Washington afloja su control, la perspectiva geopolítica de Europa podría cambiar drásticamente. Si el continente deja de funcionar como una mera extensión del poder estadounidense, aumentará la demanda de líderes competentes y pragmáticos. Los políticos que prioricen el interés nacional por sobre la lealtad ideológica a Washington serán necesarios para la supervivencia de Europa, que se encuentra en una encrucijada: puede continuar por el camino de la decadencia o recuperar su protagonismo en los asuntos mundiales. La reducción de la presión estadounidense probablemente desencadenaría un rápido cambio tanto en la retórica como en la política. Si se la deja a su aire, Europa occidental tendría pocos incentivos para mantener una absurda postura de guerra fría contra Rusia. Si bien esta transformación no ocurrirá de la noche a la mañana, los factores que la impulsan ya están en marcha. La atención estadounidense se está desviando hacia China. Las economías europeas están sufriendo el peso de políticas equivocadas y el descontento público con la incompetencia de las élites está creciendo. Los días en que la región debe actuar como subordinada incondicional de Washington pueden estar contados, siempre y cuando surjan líderes nacionalistas que reemplacen a los actuales recaderos de Washington, cada uno más abyecto que otro. Si ese momento llega, es posible que finalmente surja una nueva Europa occidental, capaz de pensar de manera independiente y de adoptar una política racional de acuerdo a sus intereses y no a los de EE.UU.
Desde tiempos inmemoriales, la fascinación por saber si estamos solos en el universo no ha dejado de crecer y a medida que la tecnología ha posibilitado el descubrimiento de miles de exoplanetas y mundos extraños situados a distancias enormes solo visibles con potentes telescopios, ha dado por otra parte rienda suelta a nuestra imaginación, como el convencimiento de que seres alienígenas han estado visitando nuestro planeta desde hace miles de años. Alrededor del 75 por ciento de los estadounidenses están convencidos firmemente de ello y existen historias de encuentros con los extraterrestres a lo largo de la historia. Así, en septiembre de 1961, Barney y Betty Hill conducían de noche por las montañas de New Hampshire cuando vieron un objeto volador que volaba por el cielo. Barney pensó que era un avión hasta que lo vio cambiar de dirección rápidamente. Según The Interrupted Journey, la pareja siguió conduciendo nerviosamente hasta que una nave espacial los enfrentó. Recordaron haber visto criaturas “con forma de humanoides” y haber oído sonidos metálicos que reverberaban en el maletero de su coche. Y luego, se encontraron 35 millas más adelante en la carretera sin casi ningún recuerdo de lo que acababa de suceder. Creyeron que los habían secuestrado. Los Hill informaron de su experiencia a la base de la Fuerza Aérea cercana y más tarde se convirtió en el tema de un libro y luego de una película, así como de una historia que fue publicada en la edición de diciembre de 1974 de Astronomy. Su experiencia fue considerada ampliamente como el comienzo de una fascinación colectiva por los extraterrestres. Es una fascinación que persiste, y el 75 por ciento de los estadounidenses cree que hay formas de vida inteligentes en otras partes del universo. Pero las actitudes no han cambiado, y la mayoría de los estadounidenses siguen creyendo que los extraterrestres son hostiles y una amenaza para la seguridad nacional. Y lo peor, están convencidos que vienen a por nosotros. Los investigadores señalan al año 1947 como el inicio de la fascinación por los OVNIS. Un piloto que volaba en las montañas Cascade, en el estado de Washington, informó haber visto objetos con forma de disco. En la década siguiente, los extraterrestres fueron vistos principalmente como seres malvados que venían a la Tierra a querer apoderarse de ella. En 1961, los Hill denunciaron su secuestro y las historias sobre extraterrestres se volvieron más siniestras. Algunos científicos, como el famoso psicólogo Carl Jung, analizaron la obsesión por los OVNIS y descubrieron que encajaba perfectamente con la fascinación que los humanos sienten desde hace mucho tiempo por los seres celestiales. Mientras que las sociedades del pasado buscaban ángeles, santos o dioses que descendieran de los cielos, los estadounidenses modernos buscaban “ángeles tecnológicos”. A partir de la década de 1960, los extraterrestres eran vistos cada vez mas como demonios amenazantes, lo que llevó a algunos estudiosos religiosos a considerar la fijación con los OVNIS como un nuevo movimiento religioso. Otros investigadores consideraron que la fascinación popular era una respuesta a la rápida evolución de la tecnología en la sociedad. A principios de los años 50, por ejemplo, la mayoría de los hogares no tenían televisión. Eso cambió en esa década y los estadounidenses también se dieron cuenta de que los avances tecnológicos pronto llevarían las computadoras a nuestros lugares de trabajo, hogares e incluso a nuestros cuerpos a través de dispositivos como los marcapasos cardíacos. La mayoría de los estadounidenses dependen hoy de la tecnología para trabajar y entretenerse. Las personas que llaman a Alexa para añadir un artículo a la lista de la compra no sienten tanta ansiedad tecnológica como antes… Y durante décadas, esa ansiedad alimentó los libros, la televisión y el cine sobre los extraterrestres. Como sabéis, la película de 1982, ET the Extra-Terrestrial dominó las ventas de taquilla y fue una de las pocas historias que retrataban a un alienígena amable, mientras la mayoría de las narrativas populares seguían presentando a los alienígenas de aspecto aterrador y con oscuras intenciones. Un ejemplo de ello es sin lugar a dudas, Alien. De otro lado, la conocida serie de larga duración en la televisión X-Files, involucraba al gobierno estadounidense en el encubrimiento sobre formas de vida extraterrestre. También eran comunes las historias sobre secuestros, que los investigadores han analizado e identificado como patrones consistentes y dispositivos retóricos. Un investigador sugirió que los extraterrestres “eran un sustituto de los miedos tecnológicos”. Los abducidos describieron cómo los extraterrestres controlaban sus cuerpos y mentes, quienes usaban aparatos futuristas de alta tecnología para realizar pruebas, muchas de las cuales se describían como estresantes y dolorosas. Al final, la persona había perdido un tiempo del que no podía dar cuenta. Otro estudio analizó 130 relatos similares. El autor descubrió que la típica historia de abducción sobre extraterrestres que te despiertan de la cama, te transportan a una nave espacial y luego te someten a pruebas médicas era un mito moderno en el que el narrador se colocaba a sí mismo como el héroe. Un abducido, por ejemplo, se convirtió en héroe diciendo que su "genética superior" era la razón por la que los extraterrestres lo habían abducido varias veces. Asimismo, las historias de abducidos que “hablan” con humanoides quienes se comunicaban telepáticamente con ellos son extravagantes, pero convincentes. Y hay gente que dispuestas a escucharlas. En el 2007, un psicólogo entrevistó y analizó a personas que sintieron que los extraterrestres los habían abducido, concluyendo que estas personas estaban cuerdas, pero a su modo de ver, “crearon falsos recuerdos que los relatos ficticios alimentaron en parte”. Entonces, ¿por qué alguien creería sus historias? El autor argumento que las historias eran convincentes porque las emociones expresadas eran reales y relatables. Las historias seguían un patrón consistente, lo que las hacía parecer más válidas. Y, además, había mucha gente dispuesta a creerlas. La gran cantidad de personas que han descrito encuentros con OVNIS o ser víctimas de abducciones ha llevado a los estudiosos a considerar la creencia como una especie de creación de mitos. Y los mitos, señala un académico, perduran porque tienen tanto la apariencia de verdad como la aprobación social. “Así, la fascinación por los OVNIS sigue vigente hasta nuestros días porque los relatos parecen veraces y mucha gente está dispuesta a confiar en una narrativa repetitiva, y a creer que hay mucho más por descubrir pero que los gobiernos ocultan” concluyo. Tal como decían en X-Files, “la verdad está ahí fuera”.