Dieciséis años después de que Estados Unidos encabezara una coalición internacional que invadió Afganistán para aparentemente ‘destruir’ a Al Qaeda (una creación suya, al igual que ISIS) y expulsar a los talibanes, no se ha logrado ninguno de los dos objetivos. De hecho, la situación es más bien todo lo contrario. Mientras Al Qaeda se ha trasladado a la frontera paquistaní, los talibanes dominan aproximadamente el 80% del sur de Afganistán y el 43% del país en su conjunto. Todo ello significa que el Gobierno colaboracionista de Kabul en el papel tiene el control sobre el 57% del territorio, cuando en realidad su ‘dominio’ se reduce a la capital, mientras el resto es tierra de nadie. Es inevitable por ello que en los próximos meses, la caótica situación degenere aún más. En opinión de varios observadores afganos, la guerra emprendida por los EE.UU. esta prácticamente perdida. Da la impresión de que Aldous Hux¬ley tenía razón al decir que lo único que se puede aprender de la historia es que nadie asimila sus lecciones. Más de un millar de soldados afganos han muerto en el frente en los tres primeros meses del año, un número insostenible. En abril, un ataque talibán a una base del Ejército afgano mató a 200 militares. Cerca de 400 policías y soldados mueren cada mes y algunos regimientos han perdido el 50% de sus fuerzas; las tasas de deserción alcanzan un nivel similar en Helmand, provincia del sur del país, gran productora de opio, donde la insurgencia talibán se retroalimenta con el narcotráfico. Si las tropas afganas están exhaustas, sus ‘socios’ estadounidenses dan cada vez más la sensación de haber perdido todo interés en las sangrientas complejidades de una guerra en la que llevan involucrados tanto tiempo y con tan pocos resultados visibles. “En Washington, ya nadie quiere hablar de Afganistán”, dice Mark Maz¬zetti, corresponsal de The New York Times en la Casa Blanca y ganador del Premio Pulitzer. “En la capital y en todo Estados Unidos hay mucho hartazgo de la guerra más larga en la que hemos participado. Ya no está entre las prioridades de nadie. La CIA cree que Afganistán está devorando demasiados recursos. Incluso en el Pentágono, que solía mostrar más interés que los demás, están quedándose ya sin fuerzas”. Tanto Donald Trump como su antecesor, han hecho todo lo posible para mantener al gobierno títere de Ashraf Ghani en el poder, al tiempo que le han animado a colaborar más estrechamente con su rival Abdullah Abdullah, con quien firmó un pacto de Gobierno. Pero esa maniobra ha fracasado. Ante la oleada reciente de atentados y manifestaciones, Trump anunció en un discurso el lunes una ‘nueva’ estrategia militar que en suma es mas lo mismo - el cual incluye buscar un ‘acuerdo’ con los talibanes, pero a su vez niega que vaya a retirar a sus tropas del país y por el contrario va a incrementarlas, aunque no dijo su número “ya que los enemigos de Estados Unidos nunca deben conocer nuestros planes" se sabe que será aproximadamente de 4,000 efectivos, según informó Fox News - los analistas insisten que no dará ningún resultado ya que se tratará de una misión claramente definida, dejando a Washington y sus aliados atrapados en medio de un conflicto cada vez más agudizado. La presidencia nominal de Ghani está al borde del colapso. Miles de afganos de clase media han huido a Europa y los países del Golfo, y la corrupción ha contribuido a agravar la crisis económica. El Gobierno colaboracionista de Kabul sigue dependiendo casi exclusivamente de la ayuda económica de Occidente. Sin ese dinero no puede organizar unas parodias de elecciones - donde son los únicos quienes pueden participar - no puede pagar al Ejército, ni los sueldos de los funcionarios, las instalaciones médicas y educativas ni las telecomunicaciones. Si se interrumpe o se reduce drásticamente la llegada de dinero, es probable que el Gobierno no pueda ni defenderse, igual que sucedió con el régimen comunista de Amin Najibulá, que cayó derrotado por los muyahidines en 1989, cuando Gorbachov cortó el suministro de armas y dinero para hacer frente a esos mercenarios creados por la CIA con el objetivo de derrocar a su gobierno proruso y substituirlo por otro afines a sus intereses. Pero lo que vino a continuación fue el caos, en la que se encuentra hasta hoy. Esta es una preocupación real, y no solo a largo plazo. “Es posible que los cambios que se han producido en Afganistán desde el 2001 sean irreversibles”, dice Barnett Rubin, que fue asesor del enviado especial de Obama para Afganistán y Pakistán. “Pero también son insostenibles”. Existen muchos otros motivos de inquietud: la economía tambaleante, el hecho de que dependa cada vez más de las ayudas externas y las drogas, y el increíble grado de corrupción que hay en el Gobierno. Además, la población afgana es la más pobre y analfabeta de Asia. Pero por encima de todo están las viejas divisiones entre pastunes y tayikos, que constituyen la principal brecha étnica del Afganistán moderno, nacido a finales de la década de 1840, en la época de Dost Mohammad Khan. Las desavenencias entre unos y otros han alcanzado un nivel inmanejable, según advierten diversos observadores. Afganistán, como Líbano, nunca ha sido un Estado construido con arreglo a una lógica étnica o geográfica, sino en función de la política imperialista del siglo XIX. A pesar de ser un país tan antiguo, no ha disfrutado de una verdadera unidad política más que durante unas cuantas horas. La mayor parte del tiempo ha sido un lugar intermedio, una franja fracturada y disputada, dominada por montañas y desiertos, y situada entre unos países vecinos más organizados. Durante gran parte de su historia, sus provincias han sido el terreno de batallas entre imperios rivales. Muy pocas veces ha habido en Afganistán una unidad suficiente como para construir un Estado coherente y autónomo. Y, como señalan los observadores más pesimistas, no hace falta mucho para que el país vuelva a desgarrarse y se agudicen las viejas fisuras tribales, étnicas y lingüísticas en la sociedad afgana: la vieja rivalidad entre los tayikos, los uzbekos, los hazaras y los pastunes durrani y khilji, el cisma entre suníes y chiíes, el sectarismo endémico dentro de clanes y tribus, y las sangrientas disputas que se transmiten de generación en generación. No hace tanto tiempo que Afganistán vivió un breve periodo de fragmentación en un mosaico de feudos controlados por caudillos: en 1993 y 1994, entre la caída del régimen muyahidín y el ascenso de los talibanes. Ahora se vuelve se hablar de que en los próximos meses podría volver a ocurrir lo mismo, ya que el régimen colaboracionista de Kabul vive horas de franca agonía. Al respecto, William Dalrymple, escritor e historiador escocés, especializado en Oriente Próximo, Asia Central e India, nos cuenta sus experiencias vividas en aquel remoto país: “Tengo que confesar que tengo un interés especial por Afganistán. He pasado los últimos cinco años investigando y escribiendo ‘Return of a King: The Battle for Afghanistan, 1839-42’ un libro que cuenta la historia de la primera guerra anglo-afgana, probablemente la mayor humillación militar sufrida por Occidente en Asia y ejemplo de las dificultades que hay en ese país. Fue una guerra librada de acuerdo con unas informaciones manipuladas sobre una amenaza que, en realidad, no existía. Un grupo de halcones ambiciosos y fanáticos exageraron y manipularon la noticia de que ‘un representante ruso había sido enviado a Kabul para crear el pánico sobre una supuesta invasión rusa’ (?). El embajador británico en Teherán, John MacNeill, rusófobo declarado, escribió: “Deberíamos proclamar que quien no esté con nosotros está contra nosotros… Debemos apoderarnos de Afganistán”. Así comenzó una guerra desastrosa para los británicos, cara y que, claramente, se podría haber evitado. El Ejército de la que entonces era la potencia militar más poderosa del mundo había sido totalmente derrotado por unos guerrilleros mal equipados pertenecientes a diversas tribus. Hay otros paralelismos curiosos. El que fuera presidente nominal hasta septiembre del 2014, Hamid Karzai, recuerda a su predecesor de entonces, Shuja Shah ul-Mulk, el rey instalado por los británicos en 1839, que es un personaje central de mi libro. Las similitudes entre Karzai y Shuja Shah son llamativas: Shah era polpazai, la misma subtribu de la que es hoy jefe Karzai, y sus principales adversarios pertenecían a la tribu khilji, que hoy son la mayoría de los soldados de a pie de los talibanes. Doscientos años después, siguen vigentes las mismas rivalidades y las mismas batallas en los mismos lugares, disfrazadas con nuevas banderas, nuevas ideologías y nuevos personajes que mueven los hilos. Las mismas ciudades acogen guarniciones de tropas extranjeras, que hablan los mismos idiomas de entonces y sufren ataques desde las mismas colinas y los mismos pasos de montaña. Los propios talibanes suelen subrayar estos paralelismos: “Todo el mundo sabe cómo llevaron al traidor Karzai a Kabul y cómo le animaron a sentarse en el trono indefenso de Shuja Shah”, dijeron en un reciente comunicado de prensa. Pero 1842 no fue la última ocasión en la que los afganos expulsaron a sus invasores, por supuesto. En los años ochenta, fue la retirada de los rusos y el fracaso de su ocupación uno de los momentos que desencadenaron el principio del fin de la Unión Soviética. Pocos años después, en 2001, las tropas estadounidenses encabezaron la coalición internacional que invadió de nuevo el país. Al final, como siempre, a pesar de los miles de millones de dólares invertidos, el entrenamiento de todo un ejército autóctono y la superioridad armamentística de los ocupantes, la resistencia triunfó una vez más y obligó a la mayoría de los odiados infieles a marcharse. Afganistán ha sufrido demasiado en los últimos 40 años: el golpe de Estado de 1973, la revolución de Saur de 1978, la invasión soviética de 1979, los 1,5 millones de muertos y 6 millones de refugiados durante los 10 años de resistencia subsiguientes, la caída del gobierno de los muyahidines y la guerra civil de 1993-1994, los siete largos años de medievalismo talibán e intrusión de Al Qaeda, las 100.000 víctimas de los últimos 16 años de combates entre la OTAN y los talibanes, que ansían volver al poder, del que fueron expulsados por los estadounidenses en el 2001. En esta última guerra que ya dura 16 años, Estados Unidos ha gastado ya más de 700.000 millones de dólares, una cantidad suficiente para construir a cada afgano un apartamento de lujo y unas instalaciones sanitarias y educativas de primera categoría, y además añadir un todoterreno de gama alta para cada uno como regalo. Por el contrario, Afganistán sigue siendo el país más pobre de Asia, el tercer país más corrupto del mundo, el más analfabeto y el que tiene las peores infraestructuras médicas y educativas, si exceptuamos de unas cuantas zonas de guerra en el África subsahariana. Incluso en el mejor de los casos, el país tardará varias décadas en aproximarse al nivel de vida de Pakistán y Bangladésh. Nada de ello parece importarle a Washington, que se resiste a abandonar el país a pesar de sus continuos fracasos, debido sobretodo a su posición estratégica en el Asia Central, desde el cual podrá ‘vigilar’ tanto a China como a Irán, así como a su ‘aliado’ Pakistán, quien se encuentra obsesionado en iniciar una guerra contra su odiada enemiga la India, por el control de Cachemira, pero que a su vez, se encuentra amenazado por la creciente actividad de grupos terroristas como Lashkar-e-Taiba, quienes se encuentran especialmente en las zonas en Punjab cerca de algunas de las instalaciones nucleares pakistaníes, esperando apoderarse de sus arsenales. El lugar es un polvorín a punto de estallar y la presencia de los estadounidenses en Afganistán contribuirá a que ello suceda” puntualiza la nota. Más que soldados, lo que necesita este desgarrado país hoy es un enorme esfuerzo diplomático para reanudar las negociaciones entre las partes en conflicto para alcanzar la paz. Sin embargo, el reciente anuncio de Donald Trump de incrementar sus tropas en el país, ha sido rechazado por los talibanes, quienes han respondido advirtiendo que dicha iniciativa resultará letal para los soldados norteamericanos, “ya que la continuidad de esta estrategia hará que Afganistán se convierta en un cementerio para los estadounidenses”. Ello indica que la larga tragedia de Afganistán no terminará y que la pesadilla va a prolongarse quien sabe por cuanto tiempo más :(
El último lanzamiento de Lamborghini no es un bólido, pero gasta la misma aerodinámica, el cual sorprende a los amantes de esta casa italiana con Alpha One, un exclusivo smartphone creado para los amantes del lujo más discreto que combina la elegancia del diseño italiano, unos materiales de calidad excepcional y tecnología. Como sabéis, Tonino Lamborghini, hijo del creador de la casa de bólidos, ofrece desde 1981 todo un conjunto de complementos para el amante de los bólidos del toro rojo. Fiel a la tradición y al elegante diseño que sus coches han marcado, hasta el último detalle de Lamborghini queda reflejado en Alpha One, el último y más resistente dispositivo móvil de la marca. Este dispositivo todoterreno está forrado por un delgado pero ultrarresistente cuero italiano. El material ha sido tratado con todo detalle, siendo sometido a un secado y a un posterior oscurecimiento que le da un elegante color negro. No podía faltar la insignia de Lamborghini, que queda reflejada en el toro rosso enmarcado en la parte posterior del smartphone, justo encima del detector de huellas. La firma queda grabada en otras partes del teléfono, como la L en uno de los laterales o el nombre completo del creador en la parte inferior, aunque siempre en un discreto tamaño.Dentro de este enfundado negro cosido a mano se esconde un cuerpo creado con LiquidAlloy, un compuesto que carece de elementos tóxicos y que es más fuerte que el titanio. El interior queda así asegurado de los golpes y arañazos. También es un material anticorrosivo y resistente a la deformación, lo que hace a este teléfono el más resistente de los creados hasta el momento por la casa. Con una pantalla de 5,5 pulgadas y resolución QHD cuenta con una batería de 3.250 mAh. Respecto a su procesador es un Qualcomm® Snapdragon 820. Entre sus cualidades destacan el audio y la imagen. Con dos salidas Hi-Fi se puede ir con su música favorita a cualquier sitio, disfrutando del mejor y más puro sonido gracias a los altavoces duales con Dolby® ATMOS + Dolby® Digital Surround. Respecto a su cámara, cuenta con estabilización de la imagen para obtener fotos y vídeos de calidad a través de la cámara trasera de 20 Mp o de 8 en la frontal. Destaca también su cargador rápido (en una hora se sube hasta un 89%).En su lateral se esconden dos ranuras con posibilidad de insertar dos tarjetas SIM o una memoria SD que amplíe su memoria de 64GB. Con unas dimensiones de 54,1 x 77,6 x 9,3 mm tiene un peso de apenas 199,36 g. ¿Su precio? Unos 2.000 euros. Por el momento no está disponible en todos los países, pero se puede adquirir en la página web :)
Nos ha tomado a todos por sorpresa, ya que a pesar de que había rumores no se había filtrado absolutamente nada, y es que una de las sagas más importantes está de regreso con una nueva versión de la que hasta el momento se sabe poco (o nada): 'Age of Empires IV'. Su presentación fue escueta, de minuto y medio de duración, nada más, pero suficiente para dejar contentos a los fans del RTS más emblemático de Ensemble Studios. Y la mejor manera de celebrar sus 20 años de historia. Porque reconozcámoslo: aunque nos gustase la idea de revisitar el primer 'Age of Empires' (por fin sabemos que saldrá el 19 de octubre, cuatro días después del 20 aniversario de la saga), o que Microsoft vaya a hacer lo propio incluso con las dos entregas posteriores, todos pedíamos algo nuevo. Llevábamos casi diez años con la misma petición, tras el excelente 'Age of Mythology' (mi favorito). Si bien esos 90 segundos no dan para mucho, sí que dejan pistas de lo que nos espera en 'Age of Empires IV'. Detalles a los que deberemos aferrarnos durante un tiempo, ya que Microsoft ampliará información a lo largo del futuro. Y es que por no saber, por ahora no sabemos ni su fecha de lanzamiento, pero calculamos que de cara a finales de 2018, como muy pronto. Así que habrá que ser pacientes. Como sabéis, Ensemble Studios, al finalizar el desarrollo de 'Age of Empires III', tenía muy claro cómo quería que siguiese evolucionando la saga: llevando el cuarto capítulo a una guerra más actual, y ya en el quinto apostando por algo más futurista. Pero esto no se llegó a producir, en parte porque este equipo formado por Tony Goodman, Rick Goodman, Bruce Shelley, Brian Sullivan y John Boog-Scott, decidió desligarse de la saga en 2009 al sacar 'Halo Wars', a la postre, su último trabajo, ya que poco antes de lanzarlo al mercado el estudio desapareció por completo. Si tenemos en cuenta que el tráiler de 'Age of Empires IV' habla de la llegada de una nueva era, es bastante probable que Relic Entertainment quiera mantenerse fiel a los deseos del desaparecido estudio de Microsoft, puesto que el propio vídeo hace un repaso por las épocas que ya hemos experimentado a lo largo de los tres capítulos oficiales de 'Age of Empires' y sus expansiones hasta 2007. Es bastante significativo, además, que en dicho tráiler se hayan rescatado artworks oficiales de todos los 'Age of Empires', como el que nos sitúa, con el que fantaseamos sobre el (por aquel entonces) hipotético 'Age of Empires IV'. Desde que arrancó la saga en 1997, hemos pasado de la edad de Piedra a la edad de Hierro, controlando civilizaciones históricas como los griegos, los egipcios o los persas, entre tantas otras; hemos seguido evolucionado hasta la edad Media, con la caída del Imperio Romano, con 'Age of Empires II: The Age of Kings', y no solamente eso, sino que se le dio visibilidad a personajes históricos, como el Cid Campeador o Atila; para rematar con la llegada del Nuevo Mundo con 'Age of Empires III', desde la edad de los Descubrimientos hasta la edad Imperial. Este capítulo, el más revolucionario y polémico hasta la fecha (por el uso del ferrocarril y de las cartas), nos permitió controlar a españoles, británicos, franceses, portugueses, holandeses, rusos, alemanes y otomanos. Pero ahí no quedó la cosa, ya que mediante su primera expansión, 'Age of Empires III: The War Chiefs', también le dio visibilidad a los nativos americanos (aztecas, iroqués y sioux), y ya con la segunda, 'Age of Empires III: The Asian Dynasties', se introdujeron las dinastías asiáticas (chinos, japoneses e indios). Y son precisamente los samuráis japoneses (vistos por primera vez en 'Age of Empires II: The Age of Kings') los que acaban cerrando el tráiler mostrado por Microsoft ayer mismo, reflejando esa última expansión del tercer capítulo. ¿Se apostará, por lo tanto, por una época más actual como ya dejó entrever aquella ilustración del 'Age of Empires'? Si tenemos en cuenta el repaso del vídeo, el lema del final y de que Relic Entertainment tiene mucha experiencia con esa clase de guerras (suyos son los 'Company of Heroes'), tenemos serias sospechas de que así será... y habría que ver qué tal le sentaría ese cambio. Ya con otras sagas, como 'Civilization' o 'Rise of Nations' (a punto de debutar en la tienda de Windows 10 y con juego cruzado con la versión de Steam publicada en el 2014), hemos visto que, pese al choque de eras, pueden tener cabida perfectamente. Aunque está claro que si un jugador no evoluciona y ve cómo el otro ya está en la era más actual, va a tener todas las de perder. Pero quizás en 'Age of Empires IV' no se apueste por abarcar tantas edades de golpe, sino que probablemente tire de la Gran Guerra en adelante. Lo que habrá que ver es si también acaba siendo una exclusiva de Windows 10 para potenciar la tienda de Xbox Live. Pero sería bastante raro que no hiciese lo propio en Steam, viendo que Microsoft ve con buenos ojos el juego cruzado. Y es que esto último sería toda una bendición para las partidas online. Por lo pronto, tenemos 'Age of Empires IV' a la vista, y eso son palabras mayores. Junto a este inesperado anuncio, Microsoft ha confirmado que también tendremos reediciones en 4K, 'Definitive Edition', para las versiones II y III de 'Age de Empires', cuyos detalles llegarán más adelante. Pero eso no es todo, ya que también se ha confirmado la fecha de lanzamiento de 'Age of Empires Definitive Edition' (cuya portada en exclusiva ilustra nuestra nota), la cual llegará el próximo 19 de octubre. Como vemos, 'Age of Empires' aún tiene, mucho, de verdad mucho, recorrido :)
¿Cómo sería un conflicto directo de Washington y Seúl contra Pyongyang? Probablemente este significaría un verdadero infierno para ambas partes. Al respecto, The National Interest reprodujo un artículo de Kyle Mizokami, donde el autor reflexiona sobre las posibles características y consecuencias de tal conflicto , por lo que debido a su interés he decidido traducirlo y darlo a conocer ¿vale?: “En el pasado escribí sobre mi derrota sufrida a manos del Comandante Supremo del Ejército Popular Coreano Kim Jong Un y del Ejército Popular de Corea del Norte y cómo una nación con la 12ª economía más grande del mundo perdió frente a un estado atrasado con menos caminos pavimentados que Haití. Era un juego llamado ‘Corea: La próxima guerra’ un titulo premonitorio de lo que puede ocurrir en cualquier momento en la vida real. Por muy doloroso que fuera, el perder la península coreana ante el totalitarismo comunista me enseño algunas lecciones sorprendentes, muchas de las cuales van en contra de la sabiduría convencional acerca de una verdadera guerra. ¿Serían estas lecciones aplicables a una verdadera guerra en Corea? No estoy seguro, y dudo que alguien lo sea. Pero vale la pena pensar en ellos, de todos modos. 1.-Estados Unidos tiene mucha confianza en el poder aéreo. Las fuerzas aéreas de Estados Unidos y Corea del Sur son mucho más poderosas que sus contrapartes norcoreanas, y están destinadas a ayudar a cambiar la marea de batalla. Desafortunadamente, los norcoreanos han optado por contrarrestar el poder aéreo aliado asimétricamente no por la construcción de una fuerza aérea, sino por atacar a los aviones y las bases aéreas en el suelo. Durante los primeros 10 días de lucha -el período más decisivo- la potencia aérea aliada estaría paralizada y no podría funcionar como se pretende. 2.- Seúl solo contaría para su defensa con su ejército regular. Si bien Corea del Sur tiene un ejército bastante grande, en su mayoría está compuesto por reservistas que serían movilizados únicamente luego de que se inicie la guerra y cuyo reclutamiento podría ser interrumpida por los ataques norcoreanos, por lo que los efectivos en servicio activo serían los únicos que tendrían que contener la brutal y salvaje ofensiva del enemigo, fanatizados por décadas de propaganda comunista y que no tienen nada que perder, porque todo - hasta sus vidas y la de sus familias - pertenecen al partido. Sería preferible por ello que las unidades surcoreanas se dividan en formaciones que operasen independientemente, aunque cabe el riesgo de que al no tener un mando único estarían en desventaja frente al invasor. 3.- Hay que tener cuidado con la aviación norcoreana. Si bien la Fuerza Aérea de Corea del Norte consta mayormente de aviones anticuados y su efectividad es superada por los de varios países occidentales, tiene la capacidad de complicar la vida a cualquier fuerza atacante. Por ejemplo, haría falta solo un avión norcoreano para reducir a cenizas el aeropuerto de Seúl o transportar un arma nuclear. Por mucho que las fuerzas aéreas aliadas quisieran, no serían capaces de ignorar la amenaza potencial de la aviación norcoreana y tendrían que realizar la misma campaña que llevaron a cabo en Irak, a expensas de apoyar a las tropas terrestres aliadas. 4.- Seúl está demasiado cerca de la frontera. La línea de defensa tendría una 'profundidad' de unos 80 kilómetros, mientras la distancia entre la frontera y la capital surcoreana, Seúl, es menos de 55 kilómetros, lo que haría necesario emplear la estrategia de 'defensa de avance', es decir los surcoreanos y sus aliados tendrían que neutralizar todas las amenazas antes de que llegaran al territorio del país. La 'defensa de avance' a menudo se considera menos efectiva que la llamada 'defensa en profundidad', una táctica que supone combates en su propio territorio. Es por ese motivo que cada pedazo de tierra que se perdiera frente al avance del enemigo norcoreano causaría daños considerables a la coalición. 5.- Convertir Seúl en un "mar de fuego" sería una mala idea. Desde mediados de los años 90, el Norte ha amenazado con convertir la capital de Corea del Sur en un " mar de fuego ", matando miles o incluso millones en un ataque de artillería despiadada y concentrada. Sin embargo, la lluvia de artillería contra Seúl sin un asalto terrestre completo seria un acto suicida, porque no lograría nada más que garantizar la destrucción total del régimen de Kim con una represalia aliada masiva. La caída de Corea del Norte seria el final de la dinastía Kim. Si el Norte se compromete a la guerra, debería tomar rápidamente las ciudades surcoreanas como rehenes, particularmente Seúl o enfrentar la derrota. La necesita como una moneda de cambio, para asegurar su propia supervivencia. Utilizar la artillería para apoyar una invasión seria por ello mucho más conveniente que matar ciudadanos surcoreanos sin ningún beneficio en particular. 6.- Cuanto más tarde el Norte en ganar, más probable será que pierda. Para nadie es un secreto que Pyongyang goza de pocos aliados; y en el caso de que Corea del Norte se atreva a invadir el Sur, nadie le respaldaría, ya que incluso China se mantendría neutral si Pyongyang es el atacante. Por el contrario, Seúl contaría con el apoyo de tropas estadounidenses y, posiblemente, de otros países occidentales. En este sentido, seria crucial para Pyongyang lanzar un 'ataque relámpago' sin previo aviso para poder establecer su control sobre la mayor cantidad de terreno posible (pudiendo tomar incluso la capital surcoreana dada su cercanía a la frontera, gracias a los túneles construidos por los cuales se desplazaría su ejercito) porque en el momento en que comienza la guerra, la ventaja numérica de Corea del Norte comenzará a desaparecer. 7.- La bomba norcoreana es impracticable en un escenario de invasión. Las armas nucleares de Corea del Norte - que nadie sabe si están armadas y si pueden caber en la punta de un misil o en una bomba de los aviones - tendrían un papel muy limitado en caso de una invasión. Si no están preparadas, no podrían ser utilizadas de manera ofensiva. El juego al que me referí al inicio de la nota, sirve de modelo de un escenario donde se hace uso de las armas nucleares norcoreanas: la destrucción de la ciudad portuaria de Busan podría realizarse mediante el uso de un dispositivo enviado previamente como contrabando a la ciudad. Al ser un centro importante para los refuerzos aliados, retrasaría el esfuerzo de la guerra, pero sería considerado extremadamente contraproducente y garantizaría la destrucción del régimen de Kim” puntualiza el articulo. Como podéis notar, Mizokami se limita a la posibilidad de que sean los norcoreanos los primeros en atacar. ¿Pero que sucedería si son los aliados quienes realicen un ataque preventivo y avancen hacia Pyongyang? Se trata de una idea que viene barajándose por parte de los altos mandos militares estadounidenses desde hace mucho tiempo, pero tiene sus riesgos debido a la reacción norcoreana. Washington sí que tiene ventajas ante Pyongyang, pero, en cualquier caso, una intervención armada llevaría aparejados riesgos colosales, ya que Tokio y Seúl llevarían la peor parte porque serian atacados con misiles a modo de represalia. Si bien no esta comprobado que puedan alcanzar territorio continental estadounidense - tal como anuncia insistentemente su propaganda - se da por descontado su llegada al de sus aliados y lo que es peor, que puedan estar cargadas con armas nucleares. Otro problema es que una ofensiva contra Corea del Norte puede durar bastantes semanas. Durante varias décadas, Pyongyang ha estado construyendo 'fortificaciones' para cubrir sus activos militares. La mejora de las instalaciones hunde sus raíces en la durísima ofensiva aérea estadounidense de los años 50. Asimismo, el Gobierno norcoreano ha invertido en sistemas de misiles móviles, así como en submarinos. Una vez que Estados Unidos trate de aniquilar todos los activos nucleares y los enjambres de misiles de Corea del Norte, la campaña aérea se extenderá hacia un término indefinido. Además, Pyongyang podría utilizar las armas que quedasen intactas para llevar a cabo una contraofensiva contra Corea del Sur y Japón. Cuanto más tiempo dure la campaña contra Corea del Norte, más probable será un ataque de represalia. En dicho caso, una guerra total en la península de Corea sería inminente. Y ello solo es el comienzo, ya que cualquier tipo de campaña de agresión de Estados Unidos contra el país norcoreano se enfrentará al rechazo frontal por parte de China, que terminarla por intervenir militarmente en su ayuda tal como lo hizo en la anterior guerra de Corea. Si bien China esta molesta por la actitud intransigente de Corea de Norte - ello se nota en la reciente votación en la ONU donde apoyo las sanciones a su vecino - no va a permitir que Pyongyang caiga y esto propicie una hegemonía aún mayor de Estados Unidos en Asia. Todas estas posibles implicaciones no excluyen la posibilidad de que Washington decida atacar Pyongyang, con mayor razón cuando Donald Trump esta decidido ir hasta el final, por lo que su empeño en querer destruirla daría inicio a la tan temida III Guerra Mundial (Según informes dados a conocer a inicios de semana por 'The Wall Street Journal', Pyongyang habría desistido de su plan de atacar con misiles la isla estadounidense de Guam. Sin embargo, la amenaza persiste) :(
Como sabéis, hace unos meses que Samsung puso a la venta el tope de gama de sus nuevos televisores con tecnología QLED bautizados como Q9. Venían con las mismas características que sus hermanos menores Q7 y Q8, como el 4K y soporte para HDR además de ángulos de visualización teóricamente mejorados, y añadía picos de brillo de hasta 2000 nits. Ahora la marca ha añadido un modelo más a su catálogo Q9 con un panel de 88 pulgadas que supera al anterior de 75 pulgadas en diagonal pero también en precio, ya que costará la nada despreciable cantidad de 20.000 dólares. De este modo se duplica prácticamente el importe con respecto a la versión de 75 pulgadas (rebajada se puede comprar por menos de 9.000 dólares) y casi se multiplica por 10 si lo comparamos con el modelo Q9 más barato, el de 55 pulgadas que ronda entre 2.200 y 2.500 dólares. ¿Qué ofrecerá además de mayor tamaño? Tiene las mismas cualidades que el resto de la gama, cubriendo el 100% del espacio de color DCI-P3 montaje "no-gap", Invisible Connection con cable de fibra óptica y diseño Boundless 360. El sistema de sonido ha incrementado su potencia hasta unos más que respetables 60 vatios en un conjunto de 4.2 canales, pero también se ha aumentado el peso del televisor hasta unos 75 kilos y el consumo eléctrico máximo, que asciende a 465 vatios. Una de las características más destacadas que ofrece Samsung junto a este gigante de 88 pulgadas es la garantía de diez años por marcado de pantalla. Para nadie es un secreto que algunos televisores terminan marcando en el panel los contornos de algunos contenidos fijos, como suelen ser los logotipos o rótulos de determinados canales. Ahora toda la gama QLED TV ofrece esta garantía de diez años, que nos garantizan que el panel no conservará marcas antes de este periodo. Ya disponible en los mercados norteamericano, europeo y coreano por un precio de 20.000 dólares con un público objetivo que obviamente no será muy amplio :(
El nuevo concept car de Toyota, el Concept-i, es la última creación de la marca nipona. Presentado en el último CES (Consumer Electronics Show) de Las Vegas, se distingue por su inteligencia artificial bautizada Yui que, al parecer, aprenderá a conocerte, detectando tus emociones para reaccionar en consonancia con tus preferencias y gustos. "En el corazón del Toyota Concept-i hay un potente sistema de AI (inteligencia articial) que aprende del conductor para entablar una relación humana", aseguran en Toyota. "Está es nuestra visión de cómo se conducirá un Toyota en 2030", aseguró Ian Cartabiano, jefe del estudio de diseño avanzado de Toyota CALTY de California. El objetivo de Toyota es hacer que el público se vuelva a interesar por el automóvil de forma pasional. ¿Cómo consigues eso en un coche autónomo? Creando una conexión entre el coche y su conductor ocasional, aseguran sus creadores. Como sabéis, los Toyota actuales tienen una cierta reputación de máquinas frías, eficaces e incluso eficientes, pero normalmente no despiertan pasiones. Así, un modelo de la marca que consiga conectar con su conductor es interesante y fascinante. Y puede que al mismo tiempo un poco inquietante. En lugar de aplicar la inteligencia artificial al simple manejo del coche y a su seguridad, todo el coche ha sido desarrollado desde dentro hacia fuera como si fuese una única interfaz. Cuando entras en el coche, Yui te da la bienvenida. Se trata de un círculo en la consola central que se ilumina al ritmo de un pulso. Para encender el coche, el círculo se acerca a tu mano y hay que pulsarlo. Vamos, que os dais la mano para saludaros. Y para darle un aspecto más amigable al coche, los diseñadores de Toyota siguieron los pasos de Walt Disney. En Toyota siguieron los "12 Principios de la Animación" de los estudios Disney. Son una serie de guías y líneas directrices desarrolladas en los años 30 por los diseñadores de Disney para conseguir que un objeto inanimado pareciese vivo. En el caso del Concept-i y de Yui, el interior del coche y de la carrocería están repletos de paneles con tecnología OLED que permite a Yui comunicarse con el conductor y su entorno. Así, la interfaz varía en función de las situaciones. Y no lo hace solamente a nivel visual, en la interfaz se integran los controles por voz y gestos. Pero también varía el aspecto exterior. Por ejemplo, los faros están debajo de la superficie de la carrocería. Cuando no estás no se ven, mientras que cuando te acercas se van abriendo como si fuesen los párpados de Yui al despertar. Los paneles de carrocería proyectan mensajes, como "Hola" o "¡Cuidado!". La parte posterior, por ejemplo, muestra mensajes para avisar sobre curvas que se acercan o posibles peligros. Por último, la iluminación interior también indica al entorno quién conduce el coche. El color púrpura es la conducción autónoma, es decir, Yui está al mando, mientras que el verde significa que estás tú a los mandos del Toyota. Es una información que se indica también en el panel frontal. La cuestión ya no es tanto de conocer el grado de conducción autónoma de los coches del futuro, sino de hacerlos atractivos para el público. El Vicepresidente Sénior de Operaciones de Automoción de Toyota, Bob Carter, lo resumió de este modo: "lo que de verdad cuenta es la experiencia de las personas que interactúen con esos vehículos. Gracias al Concept-i y a la potencia de la inteligencia artificial, creemos que el vehículo del futuro podrá interactuar a su vez con las personas”. Y es que si el público no conecta con los coches, no los ve atractivos y confía en ellos, los fabricantes habrán perdido miles de millones de dólares y décadas de desarrollo en un producto que nadie quiere. El mejor ejemplo de esa dificultad para establecer una conexión lo tenemos en una situación tan cotidiana como cruzar por un paso de peatones. Normalmente, un conductor que se acerca a un paso peatonal se detiene si ve que alguien tiene intención de cruzar, en teoría. En la práctica, hay de todo, unos paran y otros no, y mientras tanto el ciclista esquiva a los coches y a los peatones. Conducir es un caos y normalmente esto se solventa con una conexión humana. Es decir, antes de cruzar miras al conductor para asegurarte de que va a parar, sino no cruzas. ¿Cómo programas eso en un automatismo sin inteligencia artificial ni conexión con los humanos? El coche pararía en todos los pasos de cebra de la ciudad y llegarías antes andando. Eso no es negocio para los fabricantes. De ahí la importancia que tiene Yui y su manera de interactuar con el conductor y el entorno. Según ultimas informaciones, se estrenará en las calles de Tokio durante los Juegos Olímpicos de 2020 :)