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miércoles, 6 de diciembre de 2023

TAIWAN: Entre la espada y la pared

Eliot A. Cohen, ex asesor de la Secretaria de Estado Condoleezza Rice, escribió recientemente en The Atlantic que “Taiwán es un país independiente”. Basándose en esta suposición errónea, Cohen - judío tenía que ser - sugiere que “EE.UU. debería tratar a Taiwán como un aliado militar, aumentar rápidamente las ventas de armas y participar abiertamente en intercambios de alto nivel con sus líderes”. El problema con este argumento es que, según encuestas recientes, la mayoría de taiwaneses no expresa apoyo a la independencia, mientras que su constitución no define a Taiwán como un país independiente. Si EE.UU. abandonara su política de “una sola China, dos sistemas” basada en el reconocimiento de la soberanía de la isla, sólo socavaría la paz y la estabilidad a través del Estrecho de Taiwán. Según la última encuesta de la Fundación de Opinión Pública de Taiwán, el 48,9 por ciento de los taiwaneses “apoyan la independencia”. Si bien esta cifra está 22 puntos por encima del apoyo al “status quo” y 37,1 puntos por encima del apoyo a la “unificación”, todavía no constituye una mayoría simple. Además, una cosa es apoyar la independencia en una encuesta anónima y otra muy distinta participar en un proceso político mediante el cual Taiwán codifique la independencia. A pesar de las afirmaciones de los líderes del Partido Democrático Progresista de que Taiwán “ya es independiente”, su Constitución nunca ha delimitado su territorio a la isla de Taiwán y sus islas costeras. Redactada en 1947, cuando el gobierno liderado por el Kuomintang afirmaba ser “el representante legal de toda China”, la Constitución de la República de China (que es su nombre oficial) establece que “el territorio de la República de China dentro de sus fronteras nacionales existentes no será alterado excepto mediante una resolución de la Asamblea Nacional”. Es más, cuando la constitución fue revisada en el 2005, simplemente transfirió la autoridad para alterar el territorio nacional de la República de China de la Asamblea Nacional (ahora llamada Yuan Legislativo) a la de un referéndum. Sin embargo, este nunca se ha aprobado ni celebrado para delimitar el territorio de Taiwán. Finalmente, la Ley a través del Estrecho, modificada por última vez en el 2022, todavía considera a China continental como “territorio de la República de China”. Por cierto, los partidos políticos que apoyan la independencia de jure, como el Partido Nuevo Poder, la Alianza Formosa y el Partido de Construcción del Estado de Taiwán, se encuentran entre los menos populares de la isla y el apoyo que tienen es marginal, sobretodo porque los taiwaneses no quieren verse como la próxima Ucrania. A menos y hasta que la mayoría de sus ciudadanos apoye inequívocamente su propia independencia, los formuladores de políticas estadounidenses no pueden asumir que la premisa en la que se basa la política estadounidense de “una sola China, dos sistemas” es falsa: que “todos los chinos a ambos lados del Estrecho de Taiwán sostienen que hay una sola China”. y que Taiwán es parte de China”. Es cierto, como sostiene Cohen, que Taiwán tiene muchos de los atributos de un Estado independiente: “su propia moneda, una economía próspera, una política democrática animada, fuerzas armadas considerables”. Asimismo, esta autonomía de facto de Taiwán le ha permitido convertirse en el socio fuerte y próspero que muchos estadounidenses admiran. Esta historia de éxito es una de las razones por las que EE.UU. no necesita cambiar su política hacia Taiwán. Hacerlo seria un gran error ya que en última instancia, solo favorece los intereses de Beijing, quien claramente busca socavar el status quo, tal como lo demuestran las declaraciones oficiales y la coerción militar hacia la isla si se declara independiente ya que ello significaría la guerra y el hundimiento y colapso de Taiwán que no tiene la capacidad para resistir a su gigante vecino, si este decide invadirla y reunificarla con el continente, de la cual se separó tras la derrota de los nacionalistas ante los comunistas en la guerra civil. Sin embargo, mantener la paz y la estabilidad en el Estrecho de Taiwán no es fácil. Taiwán está atrapado entre la espada y la pared. La estabilidad requiere que EE.UU. deje de alentar irresponsablemente sus veleidades independentistas, respetando al mismo tiempo las líneas rojas de Beijing. Los líderes de Taiwán también deben ser cautelosos a la hora de tomar medidas que puedan socavar el status quo y provocar al dragón. En lugar de reconocer preventiva y unilateralmente la independencia de Taiwán, como sugiere Cohen, EE.UU. debería profundizar sus vínculos económicos y culturales con la isla, mantener intercambios no oficiales y abogar eficazmente por la participación de Taiwán en organizaciones internacionales. Respetar el estatus no oficial de Taiwán puede no satisfacer el deseo de aquellos halcones que no contentos con la sangre derramada por su culpa en Ucrania, buscan con ahínco el estallido de una guerra en el Lejano Oriente. La mejor manera para que EE.UU. contribuya a un futuro pacífico, próspero y democrático para Taiwán, seria no alterar la estabilidad en la región. Por cierto, ¿Qué sucedería si China invadiera Taiwán? “La guerra no terminará bien para nadie” advierte al respecto un informe del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales, que asegura que es indudable que una invasión de Taiwán generaría costos enormes para la propia isla, China, EE.UU. y Japón. “Un conflicto con China sería fundamentalmente diferente a los conflictos regionales y las contrainsurgencias que EE.UU. ha experimentado desde la Segunda Guerra Mundial, con víctimas que exceden todo lo que se recuerde recientemente”, advierte un informe. "Las elevadas pérdidas dañarían la posición global de EE.UU. durante muchos años". El informe sostiene que China tiene una clara superioridad militar en el Estrecho de Taiwán y, por lo tanto, la derrota de los taiwaneses seria demoledora. Una vez que China lance una invasión - y si EE.UU. decide que la mejor opción es defender a Taiwán - no existe un “modelo de Ucrania” para Taiwán; EE.UU. no podría simplemente enviar suministros; también tendría que enviar tropas directamente al combate, y hacerlo de inmediato para limitar las bajas. Y los resultados seguirían siendo catastróficos. El informe estima que EE.UU. perdería miles de soldados en las primeras tres semanas de combate con China. Esa cifra superaría al de todas las tropas estadounidenses que murieron en dos décadas de guerra en Irak y Afganistán juntos. “El público estadounidense aún no ha comprendido las posibles consecuencias de tal escenario” detalla el informe. “¿Está EE.UU. preparado como nación para aceptar las pérdidas que se derivarían, por ejemplo, de un grupo de ataque de un portaaviones hundido en el fondo del Pacífico? Hace bastante tiempo que no tenemos que afrontar pérdidas como esa como nación. Y, de hecho, crearía un cambio social más amplio al que no estamos seguros de habernos enfrentado por completo”. Dado lo mucho que está en juego en cualquier conflicto chino-estadounidense en toda regla sobre Taiwán, no se puede descartar la posibilidad de que Washington pueda desplegar armas nucleares tácticas para evitar una contundente derrota. El informe reconoce esta posibilidad, aunque no la examina. La posibilidad de un conflicto nuclear refuerza aún más la necesidad de evitar una conflagración en Taiwán prácticamente a toda costa. Pero conociendo los planes militaristas de la camarilla que ocupa la Casa Blanca, que de una forma demoniaca busca provocar a los chinos tal como lo hace con los rusos en Ucrania, no le importara sacrificar a la isla para lograr sus demenciales objetivos. No hay que permitírselo.

KRAMPUS: El demonio de la Navidad

“Gruss Vom, Gruss Vom Krampus”, es mucho más que un dicho que se repite estos días en algunos países. Como un murmullo, estas palabras recorren Europa Central en vísperas de navidad. Una figura demoniaca lleva todo el año acechando el discurrir de la infancia hasta que llega diciembre y asoma, para cada niño que se ha portado mal, con el horror de su destino. Un castigo más que divino, asegura la leyenda, una forma de imponer el modelo de conducta que la sociedad espera de ellos. Una figura, al fin y al cabo, tan contraria a la navidad como apegada a ella. A este demonio no le basta el carbón, prefiere arrastrar las travesuras a su propia muerte. Cuidado, que sus ojos te están mirando, viene a decir el dicho. Krampus es una figura peculiar envuelta en símbolos que recuerdan a tiempos de magia ancestral: pieles que cubren su cuerpo, cuernos enormes que asoman de su cabeza y, una lengua que arrastra desde su boca. De la misma forma, su aspecto resulta en aquello que el cristianismo denomina demonio. Nada está del todo claro sobre ella cuando sale a pasear en la noche del 5 al 6 de diciembre. Según el folclore bávaro y austriaco, se dice que esa noche acompaña a San Nicolás. Así, el santo y el demonio muestran las dos caras de la existencia según la religión. Mientras que San Nicolás recompensa a los niños que se han portado bien con regalos, Krampus castiga a los niños que se han portado mal, ya sea arrastrándolos al infierno donde deben arder por la eternidad por sus pecados, metiéndolos en una bolsa y arrojándolos al bosque para encontrar el camino a casa, o golpeándolos con el manojo de ramas de abedul que lleva. Esta tradición, también conocida como "Krampuslauf" o "Krampus Run", está resurgiendo en la actualidad en Austria, Alemania, Eslovenia, Hungría y la República Checa. En los últimos años, y en concreto en Austria, se ha producido un gran aumento en la celebración que huye del Krampus, como algunos investigadores sobre este personaje (Rest y Seiser, Ridenour o Ebner) llevan recogiendo desde, al menos, 2016. "Los Krampuses insisten en que ‘su costumbre’ tiene cientos o incluso miles de años, y a menudo usan palabras como "pagano", "precristiano", "celta" o "germánico". Sin embargo, no hay evidencia escrita de tal práctica hasta 1582", aseguro el historiador Hans Schuhladen. Las referencias durante el marco de la Edad Media no es, no obstante, muy amplia, y hay que situarse a mediados del siglo XIX para volver a ellas. Para entonces “solo sabemos de unas pocas aldeas esparcidas por los Alpes austríacos y bávaros, donde grupos de hombres jóvenes y solteros vestidos con máscaras de madera con cuernos, trajes de piel y campanillas de vaca intentaban hacerse pasar por el diablo”. Curiosamente, la mayoría de estos pueblos se encuentran en la periferia del antiguo Principado-Arzobispado de Salzburgo. Según afirma, una primera ola de expansión y consolidación de la costumbre se produjo en las cuatro décadas anteriores a la Primera Guerra Mundial, por lo que Eric Hobsbawm lo describe como una de las "tradiciones de producción en masa". Así, "esta expansión vincula el Krampus a muchas otras tradiciones existentes en toda Europa, como el boato de la familia real británica o la introducción de personificaciones de naciones como 'Germania'" añadió. Lo cierto es que geográficamente, las regiones en las que se le conoce guardan tradiciones folklóricas que datan de tiempos precristianos, antiguas costumbres que sobreviven en zonas rurales de Austria, Suiza, Baviera, Eslovenia, oeste de Croacia e Italia en forma de rituales de todo tipo. Su diversidad tiene que ver con el aislamiento de estas comunidades. En los Alpes, la relación entre la iglesia romana católica y el paganismo fue ambivalente. Mientras algunas costumbres solo sobrevivieron en remotos valles a los que la influencia de la iglesia no fue capaz de llegar, otras se asimilaron a ella a través de los siglos. Su nombre proviene de la palabra "krampen" en alemán, que significa "garra". Según relata Jennifer Billock en Smithsonian Magazine sería el hijo de la diosa nórdica del inframundo, Hel. "Durante el siglo XII, la Iglesia Católica intentó desterrar las celebraciones de Krampus debido a su parecido con el diablo. En 1934 siguieron más intentos de erradicación a manos del conservador Partido Social Cristiano de Austria. Pero nada de eso se mantuvo, y Krampus emergió como una fuerza navideña muy temida y querida". "Krampus no se parece mucho a nada pagano que haya visto, pero tiene casi todas las características iconográficas exactas del diablo cristiano tal como fue retratado durante la Alta y Baja Edad Media: la lengua absurdamente larga colgando por todo el lugar, los cuernos largos y puntiagudos, las garras amenazantes, las pezuñas hendidas", subrayo. Según agrega, "el krampus no se menciona en ninguna fuente nórdica antigua y, de todos modos, nunca se habló nórdico antiguo en Austria o en el sur de Alemania, por lo que no está claro por qué algunos artículos sobre ello mencionan el nórdico antiguo". Según esta corriente, lo que hoy se ha convertido en una especie de moda rescatada este milenio tiene que ver con los intentos de la Reforma y el Puritanismo, a través de prácticas como los juicios de brujas, para "purificar" al cristianismo eliminando cualquier resquicio que pagano que pudiera atravesarlo. Así, la idea del "Dios cornudo" con la que otros relacionan a esta figura es parte de la llamada "hipótesis del culto a las brujas", popularizada por la escritora inglesa Margaret Murray en su libro The Witch-Cult in Western Europe publicado en 1921. La explicación de su indumentaria, además es en este sentido "fácil y lógica": el abedul es una madera muy dura y, En el siglo XIX y principios del XX, era la madera elegida por los padres para golpear a sus hijos cuando se portaban mal. Por su parte, que acompañe a San Nicolás no es un asunto baladí, ya que este está estrechamente asociado con los demonios porque era conocido como exorcista. El relato más antiguo que se conserva de la vida de San Nicolás es 'La vida de San Nicolás de Myra', una hagiografía escrita en algún momento entre 814 y 842 d.C. En ella encontramos múltiples leyendas sobre San Nicolás derrotando y expulsando demonios. Sin embargo, otros estudiosos aseguran que la ausencia de documentación que sitúe una línea temporal del camino del Krampus a lo largo de la historia desde los siglos primitivos responde a la maniobra católica que moldeó el pensamiento de la sociedad europea: Cuando Martin Lutero hizo la Reforma, decidió deshacerse de la simbología católica de las navidades, así que reemplazó a Sankt Nikolaus introduciendo a Der Heiligechrdt (posteriormente llamado Das Christ Kindl), algo así como un niño Jesús con forma de ángel que en navidad daba regalos. Luego, esta figura sería reemplazada por Der Weihnachtsmann (Padre de la Navidad) en las regiones protestantes. Irónicamente, en la actualidad el original Christkindl ahora predomina en las regiones católicas de Alemania (Bavaria) y Suiza, lo mismo que en Austria. Así, el krampus detuvo su recorrido casa por casa hasta mediados del siglo XIX, cuando el ideal del monstruo tomó forma dentro de los esquemas de la burguesía que estaba escribiendo los parámetros de la época. Quizás el Romanticismo influyó en el redescubrimiento de mitos y leyendas, del folklore que se había olvidado debido a las imposiciones del Cristianismo. Junto con los regionalismos, la división entre protestantes y católicos ha sido un factor histórico en la diversificación de estas tradiciones en Alemania y Austria. En tierras protestantes, Nicolás pasó de ser una figura eclesiástica a un personaje que entregaba regalos, continuamente acompañado por un grupo de diferentes personajes que son conocidos como los 'acompañantes oscuros'. En Alemania, por ejemplo, a estos seres se les llama "Knecht Ruprecht" (Sirviente Ruprecht). Cuando las imágenes del Krampus comenzaron a circular en Internet a mediados de la década del 2000, recuerda Al Ridenour, prendió fuego a todo. Hasta entonces, había permanecido como una tradición sin origen claro en algunos pueblos y pequeñas ciudades del centro europeo, pero esta leyenda alimentó un espíritu que, aturdido por la aceleración y a capitalización de toda práctica social, solo tenía un deseo: la reivindicación de lo opuesto a la norma. "Aquellos de nosotros que crecimos en el medio del punk reconocimos al Krampus como el nuevo salvador de la Navidad. Habíamos crecido enfurecidos contra este ideal de la navidad como un idilio doméstico sentimental de valores familiares y maravillas de la infancia" asevero. Se acabó Santa Claus, bienvenido demonio o lo que quiera que seas.

miércoles, 29 de noviembre de 2023

UCRANIA: El principio del fin

Un reciente y extenso artículo publicado en la revista Time da cuenta que el estado de ánimo del títere colaboracionista ucraniano Vladimir Zelensky no es de los mejores. En realidad, es un ataque fulminante y de revés por sus continuos fracasos en el campo de batalla. Los lectores se percatan que el cómico callejero reconvertido en “presidente” por la CIA, se encuentra desilusionado porque siente que está siendo dejado de lado por los EE.UU. y la UE a quienes consideraba como sus “aliados incondicionales” quienes lo han reemplazado por Israel en sus preocupaciones, adonde han desviado el dinero y la armas que necesitaba para intentar mantenerse en el poder, lo que ha dado paso - según han contado sus colaboradores más cercanos a los periodistas extranjeros - a una ira inquietante y que debido a su negativa a enfrentar los hechos, rechaza cualquier intento de siquiera pensar en una salida negociada a la catastrófica guerra que siempre la tuvo perdida de antemano. Ello se debe a que vital apoyo estadounidense está disminuyendo rápidamente a pesar de sus continuos pedidos. Es más, la recepción durante la reciente visita de Zelensky a Washington fue gélida, mientras que el problema de la corrupción eterna y paralizante de Ucrania se aborda con renovada insistencia. A su vez, sus oficiales militares reciben órdenes presidenciales tan alejadas de la realidad que ni siquiera pueden intentar ejecutarlas. En resumen, vemos a un remedo de dictador que no acepta que está perdiendo y está dispuesto a sacrificar cada vez más a su país y a su pueblo por su obstinación a la destrucción absoluta. Psicológicamente, la negación de la realidad por parte de Zelensky es comprensible (aunque no perdonable). Él tiene gran parte de la responsabilidad por la dependencia extrema y unilateral de Ucrania respecto de Occidente. Es cierto que otros han contribuido a este fiasco de una guerra por mantener su influencia en Ucrania, como los EE.UU., la OTAN y la UE. Pero en Kiev, Zelensky es el único hombre culpable, porque tuvo la capacidad de prevenir o poner fin a esta debacle nacional. Podría haber cumplido la única promesa electoral clara que hizo: hacer la paz mediante un compromiso con las Repúblicas Populares de Donetsk y Lugansk, que en ese momento eran regiones separatistas de Ucrania. Podría haberse tomado en serio el acuerdo de paz Minsk 2 del 2015 en lugar de sabotearlo sistemáticamente (con el apoyo de Occidente). Podría haber abandonado la idea de ingresar a la OTAN, especialmente porque la alianza liderada por Washington alimenta a su país con suficientes falsas esperanzas para integrarlo, pero a la hora de la verdad no ha ofrecido ni siquiera una perspectiva concreta de membresía. En la cumbre de Vilnius de este año, con sus humillantes promesas vacías, esto quedó demostrado nuevamente. Zelensky podría haber dejado de escuchar a Occidente cuando este último bloqueó la iniciativa rusa de finales del 2021 de evitar la guerra mediante un gran trato. Podría haberse negado a obedecer cuando EE.UU. ordenó a Ucrania que renunciara a una paz rápida en la primavera del 2022. Nada de lo anterior habría sido fácil ni estaría exento de riesgos. Pero creyendo las falsas promesas formuladas por Washington de “apoyarlo incondicionalmente” ahora se encuentra en un camino sin salida. Incluso ahora, Zelensky podría levantar el teléfono cualquier día y llamar, si no al presidente ruso Vladimir Putin, entonces, por ejemplo, al turco Recep Tayyip Erdogan para pedir una mediación genuina para iniciar conversaciones sustanciales. De hecho, sería su deber superar finalmente su ego inflado y servir a su desgarrado país, en lugar de a Occidente. Con tantas buenas razones para tener mala conciencia y el castigo que le espera como a todo colaboracionista, es posible que Zelensky nunca cambie. El fracaso personal que tendría que reconocer es demasiado terrible. En cambio, sigue repitiendo el mantra narcisista de que el destino del mundo entero depende de Ucrania (léase: él), y que la guerra podría volverse global “si Ucrania no gana”. Incluso una vez que la guerra esté oficialmente perdida, es posible que pase los días que le quedan en el exilio culpando a otros y contando leyendas de traiciones por la espalda. De hecho, el artículo de Time muestra que ya ha comenzado, destacándose a sí mismo - y sólo a él mismo - como el más fiel creyente en la victoria ucraniana y culpando a Occidente por decepcionarlo. En una metáfora tristemente reveladora, describe que sus audiencias fuera de Ucrania están perdiendo interés en lo que, en su opinión, perciben como un programa que se ha presentado durante demasiadas temporadas. No podemos saber qué hay exactamente detrás de la demolición por parte del tiempo de una figura que solía ayudar a exaltar en un culto a la personalidad. Sin embargo, dos cosas son obvias: tanto el tono como el mensaje han cambiado radicalmente, y Time no está solo. Los días de Zelensky como el niño mimado de Occidente, el brindis de Hollywood, la encarnación de un héroe híbrido inventado, han terminado. Ahora es un estorbo y sus otrora “protectores” no saben qué hacer con él. De momento, tanto EE.UU, y Alemania están presionándolo fuertemente para negociar la paz con Rusia y “salvar lo que se pueda”, según informa Financial Times. La razón de este cambio también es clara: la guerra por poderes está fracasando y, además, como citamos líneas arriba, Washington ahora está dando prioridad a ayudar a Israel a llevar a cabo su ataque genocida contra los palestinos y tal vez a iniciar una guerra más amplia en Medio Oriente, teniendo en la mira a Irán. Zelensky incluso ha confesado que tiene “envidia de Israel”. Para un pobre hombre que creía que podía aprender como estado vasallo favorito de EE.UU. cómo construir una sociedad militarizada, altamente nacionalista y autoritaria de facto, la desilusión también tiene que ser amarga. En resumen, el articulo de Time puede ser una señal de que Washington está preparando el terreno para deshacerse de Zelensky al considerarlo prescindible, ya sea mediante un golpe militar más o menos abierto, una intervención manipulada u otros medios. Sin embargo, lo que ha escapado en gran medida a la atención occidental son las reacciones ucranianas al artículo de Time. Ha resonado en los medios y entre la élite política. El secretario del poderoso Consejo de Seguridad y Defensa Nacional, Aleksey Danilov, desestimó de manera poco convincente el artículo por considerarlo “engañoso”, al tiempo que pidió a los servicios de seguridad “que identifiquen a los filtradores que contribuyeron a él”. Ese tipo de control de daños no sorprende. Increíblemente, en las redes sociales de Ucrania aparecen algunas voces que culpan,,, a Rusia. El comentarista político Kostiantin Matvienko, por ejemplo, especula que el artículo de Time es una evidencia de la intención de los oponentes de Occidente (a quienes llama, al estilo neoconservador estadounidense, el “eje del mal” ) de derribar a Zelensky porque ellos - asegura Matvienko - “temen su autoridad moral” (?).Por extraña que sea esta reacción, ilustra la persistencia, al menos entre algunos intelectuales ucranianos, de una imagen inflada de Zelensky y, con ella, de la influencia internacional de Ucrania . La importancia nacional no es de ninguna manera una cuestión exclusivamente ucraniana. Pero, en el caso de Ucrania, esas ilusiones hacen que sea más difícil poner fin a la guerra. Al mismo tiempo, los observadores ucranianos notan el cambio de tono señalado por Time. Para un periodista, la antigua imagen de Zelensky era la de un mago del Tarot, una carta asociada tanto con poderosos engaños como con la capacidad de canalizar fuerzas cósmicas, mientras que ahora aparece como una figura ermitaña, solitaria y retraída. Su “mesianismo” ha dado paso al “miedo a la sociedad”. Por muy fantasioso que sea, las imágenes son sorprendentes: para algunos ucranianos, al menos, la iconoclasia de Time tiene sentido. Los ejemplos podrían multiplicarse. Inevitablemente, también seguirán siendo anecdóticos. Pero aquí está el punto clave: si el ataque de Time contra Zelensky hubiera ocurrido hace un año, Ucrania al menos habría parecido unida al rechazarlo con indignación. Sin embargo, ese no es el caso ahora. Las dudas y la frustración están aumentando no sólo en el extranjero sino también en el país. Sería un error sacar conclusiones precipitadas. Si EE.UU. realmente busca debilitar a Zelensky ahora, ¿cuál es el propósito de esa maniobra? ¿Amenazarlo y hacerlo dócil? ¿Reemplazarlo con otra marioneta que acepte un compromiso de paz, para que Washington pueda concentrarse en Medio Oriente y Asia (mientras deja a Ucrania y la UE en un desastre)? ¿O para que la guerra pueda continuar bajo una gestión diferente? Si Zelensky se siente asediado y enojado, ¿refleja eso principalmente la creciente depresión y quizás paranoia de un político que teme las consecuencias de sus fracasos? ¿O está exhibiendo una sensación bien fundada de peligro real, tanto desde dentro como desde sus “aliados” en el exterior? Lo único que es seguro es que el antiguo cartel de la gran lucha por los “valores occidentales” ha perdido su aura. Para Zelensky, en cuyo ascenso y régimen colaboracionista la gestión de la imagen ha desempeñado un papel enorme incluso para los estándares contemporáneos, eso en sí mismo es una mala noticia. Para nadie es un secreto que si se enfrenta a la elección entre apoyar a Ucrania o Israel, Washington elegirá a este último en un abrir y cerrar de ojos, dejando a su otrora “aliado” abandonado a su suerte con un ejército en desbandada y miles de ucranianos que huyen del país para evitar ir al frente donde les esperaría la muerte. Y es que a medida que se acaba el tiempo para la guerra de Kiev contra Moscú, parece obvio que los sucesos en Medio Oriente (donde está en juego el control de sus inmensas reservas de gas y petróleo que EE.UU. ambiciona) pueden definir no sólo la escalada de un conflicto sino también el principio del fin de otro.

MONARCH / LEGACY OF MONSTERS: La resurrección de Godzilla

Como podéis imaginaros, Godzilla lo rompe todo. Lo ha hecho desde 1954 en su primera historia, lo hace hoy en las películas que salen en Japón, y también en la franquicia de cintas que lleva casi una década de lanzar historias en EE.UU. Precisamente, la versión occidental del monstruo gigante, acaba de llegar en forma de serie exclusiva para Apple TV+. Titulado “Monarch: Legacy of Monsters” se desarrolla siempre en el pasado, sea mediados del siglo XX o apenas en la década pasada. En cualquier caso, explora la fascinación de un grupo de gente por criaturas del tamaño de un rascacielos que habitan estos mundos ficticios. “Monarch” se cuenta en dos tiempos. En el pasado, el soldado estadounidense Lee Shaw (Wyatt Russell) recibe la orden de cuidar a la doctora Keiko Mura (Mari Yamamoto), que investiga la existencia de criaturas gigantes, misión en la que se involucra el explorador Bill Randa (Anders Holm). Pasado unas décadas, la nieta de Keiko y Bill, Cate Randa (Anna Sawai), sobreviviente al ataque de Godzilla en San Francisco, busca información sobre su padre y termina en Japón, donde varios encuentros la llevan a enfrentar sus traumas. En su historia aparecerá nuevamente Shaw (interpretado ahora por Kurt Russell), ya envejecido, pero todavía dispuesto. ¿Por qué “Godzilla” todavía causa fascinación? En una conversación con medios internacionales Matt Shakman, director de la serie, contó que el monstruo le causó impacto desde que era un niño, cuando vio las películas hechas por la japonesa Toho. Allí fue testigo de lo que convirtió a Godzilla en un ícono y que aún se mantiene. “[Godzilla] es insondable, misterioso. Trae una sensación de asombro en el sentido más puro, de misterio y terror, de lo inexplicable, no es bueno ni malo, protege y destruye, es todo lo que quieres de una estrella de cine. Ha sobrevivido por generaciones por esa fascinación y ha permitido a generaciones de cineastas mirar su propio mundo y usar a Godzilla como una metáfora para mirar a los problemas del mundo y crear historias complejas”, dijo el cineasta, según el cual la serie puede interesar tanto a los seguidores de la franquicia como a personas que solo quieren seguir un “hermoso drama humano”. En la conversación con la prensa también participó Matt Fraction, guionista de cómics que ahora es productor ejecutivo de televisión. Él dijo que el objetivo de “Monarch” no fue crear una versión menor de las películas, sino crear una serie, de varios episodios, con personajes con los que provoque pasar tiempo. Son gente que desconoce lo que ocurre con la organización que da nombre a la serie y que controla los secretos en torno a los monstruos. Por el lado de los efectos especiales, la serie busca transmitir la experiencia de las películas clásicas de monstruos gigantes. Sean Konrad, supervisor de efectos especiales, dijo a la prensa que se llevaron a cabo una serie de medidas para dar la impresión de que Godzilla y los otros monstruos son de gran tamaño, desde decisiones grandes hasta las pequeñas, de los detalles. Todo suma para representar el mundo de los “kaiju”. Adicionalmente, el talento destacó que la serie incluya tanto a Kurt Russell como a su hijo Wyatt, ambos para dar vida a Shaw en dos momentos de su vida. Black contó que los actores querían trabajar juntos desde hace tiempo, pero que recién la propuesta de Apple fue la que los cautivó. Apenas los nombres de ambos surgieron, parecían ser la opción ideal.

miércoles, 22 de noviembre de 2023

GAZA: Guerra de exterminio

La destrucción total, un páramo arrasado por las bombas y sin rastros de vida. Ese es el objetivo que busca el Criminal de Guerra Benjamín Netanyahu en Gaza. Y no lo disimula. En efecto, en el cuadragésimo quinto día de la guerra desencadenada por la bestia sionista so pretexto de la audaz incursión de combatientes del grupo Hamas en territorio ocupado y que dejo en ridículo a Israel desbaratando su cacareada ‘invencibilidad’, la observación es implacable: los palestinos de Gaza no cuentan. Ante todo, a los ojos de los milicianos, que lanzaron su ataque y su toma de rehenes sin ninguna consideración por las consecuencias. Luego a los del ejército israelí, lanzados con un objetivo, la erradicación de toda la población palestina, apiñada en esa estrecha franja - estimado en más de 2 millones de civiles, por frágiles e indigentes que sean- sin posibilidad alguna de escapar, ante los ojos de los aliados occidentales de los sionistas, que cierran los ojos ante este genocidio perpetrado por esas bestias. Desde que estos criminales tomasen el control de la mitad norte de Gaza, las víctimas civiles de esta masacre superan los 15 mil, número que crece con el paso de los días. A ello debemos sumar la destrucción de barrios enteros de la mayor ciudad palestina, a pesar de las puertas cerradas impuestas por Israel. El caso de la ciudad de Gaza no es único. En todas partes, en la parte asignada al ejército israelí, el ataque contra los civiles y sus infraestructuras se saldó con miles de muertos, con el 90% de edificios arrasados o gravemente dañados… la devastación es general. Redes de agua y electricidad, carreteras, escuelas, hospitales, nada escapó a los ataques de los sionistas que culminaron con la captura del hospital Al-Shifa, calificado desde entonces como “zona de muerte” por la Organización Mundial de la Salud, convertido en una inmensa fosa común con los miles de cadáveres de mujeres y niños refugiados allí y que los sionistas asesinaron en masa. El motivo de la presencia sospechada de milicianos o túneles sirve como “justificación” para la matanza de inocentes y la destrucción de infraestructuras sanitarias cruciales en tiempos de guerra. Sin embargo, ¿de qué otra manera describir el trabajo metódico que significa que prácticamente todos los edificios en Gaza, cuya densidad de población es una de las más altas del mundo, están ahora destruidos o dañados, según estimaciones consistentes? El drama de los palestinos no terminado con esta devastación, si hemos de creer a los sionistas, que anunciaron, el 19 de noviembre, una nueva fase de su “operación”. Ahora su objetivo es la gran ciudad de Khan Younès, en el sur. El ejército israelí pretende perseguir a los dirigentes de Hamás que claramente no se encontraban en lo que ha quedado reducido a campos de escombros y donde miles de personas han quedado atrapadas. Civiles privados de todo, abandonados a su propia suerte y trágicos vagabundeos, campamentos improvisados, indigencia extrema, así es ahora la vida cotidiana en Gaza. Hace que sus habitantes revivan el trauma de la Nakba, la catástrofe que supuso su desplazamiento forzado durante la primera guerra árabe-israelí (1948-1949). El actual golpea una estrecha franja de tierra estructuralmente al borde del abismo debido a un bloqueo despiadado, tanto terrestre como marítimo, impuesto por Israel desde hace dieciséis años, con la ayuda del Egipto de Abdel Fattah Al-Sissi. Año tras año, las asombrosas estadísticas socioeconómicas del Banco Mundial atestiguaban el desastre, pero los palestinos de Gaza ya no contaban, y desde entonces, nada ha cambiado. Abandonados por todos - incluso por los países árabes, que aparte de derramar algunas lágrimas de cocodrilo por ellos, no hacen nada para ir en su ayuda - que les queda a los palestinos, sino resistir con lar armas al enemigo, ya que consideran que si ya están condenados a muerte, que sea luchando, llevándose algunas ratas sionistas consigo Por cierto, el odio que tienen estos asesinos a los palestinos es enfermizo ¿Recuerdan las palabras de un integrante del gabinete de Netanyahu exigiendo que e realice un ataque nuclear a Gaza y nadie se escandalizó? O aquel otro, del ministro de Defensa Yoav Gallant, quien dio la orden de asedio total a Gaza, señalando que “no habrá electricidad, ni comida, ni combustible, todo está cerrado”. Y agrego que esto lo hacía porque “estamos luchando contra animales y actuaremos en consecuencia”. Lo peor del caso es que esta declaración ha sido reproducida por los medios de comunicación del mundo sin ningún distanciamiento crítico. Por el contrario, se le aplaude como expresión de la “determinación de Israel” de acabar con los palestinos y esa apología del crimen se difunde como si fueran sabias palabras y no la expresión de un odio exasperado y del desprecio hacia los asediados habitantes de Gaza, torturados y bombardeados en la prisión más grande del mundo. Cabe precisar que estas declaraciones no son, ni mucho menos aisladas o producto de un momento de desesperación. Son la norma cotidiana de considerar a los palestinos en Israel, como subhumanos que no merecen vivir. Así, no es raro escuchar afirmaciones que bestializan y deshumanizan a los palestinos para ‘justificar’ su genocidio, como las del alcalde de Sderot, Alon Dávidi quien dijo el 7 de octubre sin eufemismos que los líderes de Hamás son “animales” a los que debe “matar” y esto lo justifico con un tono de benefactor, asegurando que “Israel proporciona comida, agua, electricidad á la Franja de Gaza y permite que sus habitantes trabajen, pero los de Hamás aprovechan esa magnanimidad por lo que son cómplices de esos asesinos y merecen por ello ser enterrados juntos bajo tierra". ¿Cuándo se detendrá esta bestialidad que Occidente aplaude de forma demoniaca? (El hecho que se haya aprobado un alto al fuego de cuatro días para permitir el intercambio de prisioneros, es solo eso, una pausa. Luego la masacre de palestinos continuará…)

THANKSGIVING (2023): Macabra, sangrienta … e inesperadamente divertida

Al director Eli Roth le precede su fama. No solo por ser el protegido y pupilo de Quentin Tarantino. También, por su capacidad al desafiar las expectativas de los fanáticos del género de terror. Algo que convirtió a Hostal — que escribió, dirigió y produjo — en una mirada novedosa a la ultraviolencia. La cinta, convertida en objeto de culto, combinó paranoias, terrores colectivos y teorías conspirativas en una trama brutal que aterrorizó incluso a los devotos del terror corporal. También dejó claro que el director, tenía la firma intención de reinventar la idea de lo espeluznante. Thanksgiving tiene mucho de esa capacidad del realizador al transgredir e incomodar. Para comenzar, se trata de un experimento metarreferencial, dedicado a los más devotos del cine de horror. La premisa de la película, proviene de tráiler falso presentado en 2007 junto a Quentin Tarantino. Por lo que comenzó con seis escenas en las que podía verse sangre derramada y decapitaciones explícitas, se convierte ahora en una historia que llega al mismo lugar. Pero Eli Roth tiene la suficiente habilidad, para analizar el argumento desde sus dimensiones más novedosas. Para comenzar, la película está hecha a la medida de las tradiciones que rodean a la festividad titular, a la que ironiza con crueldad. La trama, ambientada adecuadamente en Plymouth (Massachusetts) no pierde el tiempo en dejar claro, que su propósito es la brutalidad. Pero no la de un asesino — no de inmediato ni en forma exclusiva — sino en algo más elaborado. Por lo que la primera secuencia comienza como una estampida de compradores embrutecidos por la avaricia que termina en un hecho violento a gran escala. La cámara del cineasta no deja de moverse de un lado a otro y brinda la sensación que la crueldad no es ajena a ninguno de sus personajes. Para la ocasión, utiliza el recurso de la grabación de una cámara de móvil, con la pericia suficiente para que lo que ocurre sea cada vez más desagradable y claustrofóbico. Pero la cinta no quiere dar sermones ni le interesa particularmente algún punto ético. La multitud enardecida, que transforma la tradicional compra de Black Friday en un horror colectivo, es despiadada y anónima. Como si se tratara del anuncio de un asesino en serie escondido entre ella. De hecho, la idea es más evidente que nunca, cuando el suceso se vuelve viral y satura todos los medios de comunicación. Para el director, la cosa está clara. El mal y la voracidad, no son exclusivos de criaturas marginadas o bordes. Una y otra vez, la película repetirá su mensaje, como si la legión de compradores de aspecto corriente fueran el anuncio del baño de sangre — y no es exageración — que se aproxima al argumento. Luego de la impactante secuencia de apertura, la trama avanza un año para mostrar que el dueño de la tienda en la que sucedió la tragedia, no aprendió mucho del incidente. De hecho, planea de nuevo reabrir, a pesar de que su hija — y cualquier personaje sensato a su alrededor — insiste en que no lo haga. Eli Roth juega entonces con la posibilidad de deshumanizar todavía más la idea de brutalidad y de la violencia sin límite. Por lo que la llegada del asesino titular (con una apropiada máscara de John Carver) parece una consecuencia y una forma de justicia retorcida. Pero de nuevo, el guion Jeff Rendell no tiene el menor interés en dar lecciones sobre cómo ser un buen ciudadano. Por lo que convierte a su asesino, en una máquina de matar. Una imparable, con habilidad en diversas armas asombrosas y sin duda, con más sed de sangre que con un propósito real. A menos, que ese sea el matar, de la forma más dolorosa posible, a todos los sobrevivientes de lo acaecido en la escena inicial. Es evidente que Thanksgiving está perfectamente calculada al utilizar las expectativas del proyecto ficticio de Grindhouse y convertirlo en un universo independiente. La idea funciona, en la medida que el director, se atiene a la estética de la película de la que proviene y la capacidad de la película para reírse de sí misma. No solo no se toma en serio. Además, convierte la colección de cabezas cortadas, órganos colgantes y gritos de pánico, en una especie de siniestra seguidilla de horrores satíricos. Con la sangre muy roja salpicando incluso la cámara, es notorio que la película es un chiste negro que se hace más depravado a medida que avanza la trama. Claro está, también hay espacio — y material — al convertir al asesino disfrazado de peregrino en un juego de trampas de guion acerca de su identidad. El argumento narra las diferentes pistas y logra que descubrir quién se esconde detrás de la máscara se convierta en una burla. A la celebración de Acción de Gracias y también, a la moralidad de la que la película ironiza en cada oportunidad posible. En su escena final — que anuncia una secuela — un punto es evidente. Eli Roth convierte a su asesino en una criatura lóbrega involuntariamente burlona. Y a su película, en una rara mezcla entre sátira y un horror tan violento que casi resulta repulsivo. Quizás, el sello distintivo de su filmografía.
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