"No busco dañar a Rusia", declaró recientemente el presidente Donald Trump en una declaración, publicado en su cuenta TruthSocial. “Amo al pueblo ruso y siempre he tenido una muy buena relación con el presidente Putin”. Lo que no se dice es que Trump proviene de la escuela del “amor duro”, donde el castigo se aplica para lograr los resultados deseados. Y el castigo estaba en la mente de Trump mientras expresaba “su amor y admiración por el pueblo ruso y su líder, Vladimir Putin” ya que a su vez agregó: “Voy a hacer un gran favor a Rusia”, escribió Trump, “cuya economía está fracasando, y al presidente Putin. ¡Lleguen a un acuerdo ahora y DETENGAN esta guerra ridícula! TODO SOLO VA A EMPEORAR”. Dejando de lado el extraño uso de mayúsculas, uno podría imaginar que si usted se dedica a expresar su amor de manera pública, es posible que desee asegurarse de que sus datos coincidan con la realidad de aquello por lo que ha declarado intenciones amorosas. De lo contrario, te encontrarás viviendo en un mundo de fantasía de tu propia construcción, poblado no por tus aparentes amantes, sino más bien por productos de tu imaginación. Si usted es sincero en cuanto a hacerle al pueblo ruso y a Vladimir Putin un “gran FAVOR”, quizá quiera asegurarse de que sea un favor que ellos quieran recibir. Decir que la economía rusa está “fallando” considerando la gran cantidad de datos que muestran que no es así, probablemente no sea la mejor manera de comenzar una cita. “Si no llegamos a un ‘trato’, y pronto”, amenazó Trump, “no tendré otra opción que imponer altos niveles de impuestos, aranceles y sanciones a todo lo que Rusia venda a Estados Unidos y a varios otros países participantes”. “Podemos hacerlo de la manera fácil”, advirtió Trump, “o de la manera difícil”. ¿Pero qué sucede si Rusia, como cualquier amante abandonado, opta por el “camino difícil”? En resumen: nada bueno para Estados Unidos ni para Trump. En primer lugar, cualquier “acuerdo” que Trump ponga sobre la mesa tiene que ser realista. En resumen, los rusos deben creer que estarán en mejor posición si lo aceptan que si lo rechazan (algo que Trump, aparentemente un maestro negociador, debería saber). Sin embargo, el “acuerdo” que Trump está poniendo sobre la mesa no tiene ninguna viabilidad, ya que en realidad se trata de una imposición que los rusos no aceptaran. Como sabéis, ha habido Informes recientes en los medios sobre la existencia de un “Plan de Paz de 100 días”. Según estos informes, el acuerdo propuesto impide que Ucrania se convierta en miembro de la OTAN, en lugar de declararse oficialmente neutral. El acuerdo abriría la puerta a que Ucrania se convierta en miembro de la Unión Europea en el 2030 y encomendaría a la UE la responsabilidad de la reconstrucción posbélica. No habría “desmilitarización” como exige Rusia, sino que Ucrania mantendría su ejército en su tamaño actual y seguiría recibiendo apoyo militar de los Estados Unidos y la OTAN. A su vez, Ucrania también tendría que ceder a Rusia los territorios liberados por Moscú y reconocer la soberanía de la Federación Rusa. Pero hay muchos elementos de este plan “filtrado” que simplemente suenan falsos, como por ejemplo vincular la finalización del plan con el 9 de mayo, el Día de la Victoria, una de las festividades más importantes del calendario ruso. Este año, el 9 de mayo se celebrará el 80 aniversario de la victoria.th aniversario de la Victoria “Aliada” - la victoria rusa - sobre la Alemania nazi. Las posibilidades de que Vladimir Putin manche esta ocasión aceptando un “acuerdo” de paz que permita a los nacionalistas banderistas - cuya ideología e historia están estrechamente vinculadas con el terrorista Stephan Bandera, infame asesino de polacos y rusos - sobrevivir y no ser castigados luego de que Putin declarara la “desnazificación” como objetivo principal de la Operación Militar Especial en Ucrania son entre escasas y nulas. Lo que sí sabemos es que el enviado especial designado de Donald Trump para Ucrania, el teniente general retirado Keith Kellogg, le ha presentado al presidente un “plan de paz” que aparentemente ha sido bien recibido. Los elementos de este plan son: Extraído de un artículo escrito por Kellogg allá por la primavera del 2024: un artículo tan absurdo y carente de argumentos basados en hechos como uno podría imaginar. Los elementos centrales de este plan implicaban el establecimiento de relaciones “normales” con Rusia y su presidente, básicamente poniendo fin a la demonización rusófoba que prevaleció durante la administración Biden. Una vez que Estados Unidos y Rusia volvieron a dialogar, se iniciaron negociaciones con Rusia y Ucrania para poner fin al conflicto. La “zanahoria” para Rusia incluía posponer la membresía de Ucrania en la OTAN por 10 años, permitirle conservar los territorios ucranianos que actualmente ocupa y levantar gradualmente las sanciones para abrir el camino hacia la normalización de las relaciones con Estados Unidos, todo sujeto a la conclusión de acuerdos de paz aceptables para Ucrania. Para este último, el “acuerdo” ofrecía tanto asistencia militar continua de Estados Unidos y la OTAN como garantías de seguridad bilaterales. Si bien Ucrania no está obligada a reconocer oficialmente el control de Rusia sobre los territorios liberados, tendría que abstenerse de cambiar el statu quo por la fuerza. Si Moscú se negara a cooperar, Washington le impondría sanciones devastadoras, pero si Kiev rechazara el “acuerdo”, se le cortaría toda ayuda militar. Este “acuerdo”, aunque nunca se expresó formalmente, había sido insinuado antes y posteriormente de la victoria electoral de Trump en noviembre del 2024. Y no tomó por sorpresa a nadie con algún conocimiento de las metas y objetivos de Rusia con respecto a la Operación Militar Especial cuando el presidente ruso, Vladimir Putin, rechazó sumariamente este "acuerdo" en respuesta a una pregunta de los medios el 26 de diciembre. A los tres días, el ministro de Asuntos Exteriores ruso, Sergei Lavrov, también echó un jarro de agua fría sobre el “plan de paz” de Kellogg. declarando que Rusia “no estaba contenta con las propuestas hechas por los miembros del equipo de Trump de posponer la admisión de Ucrania a la OTAN durante 20 años y de estacionar fuerzas de paz británicas y europeas en Ucrania”. Pero ¿qué significa exactamente “por las malas”? Según Scott Bessent, el nuevo secretario del Tesoro de Donald Trump, la respuesta está en aumentar las sanciones a la industria petrolera rusa. “Estaré 100 por ciento de acuerdo en que se incrementen las sanciones” dirigidas a las principales compañías petroleras rusas, dijo Bessent durante su audiencia de confirmación en el Senado. Pero Bessent trabajará en contra de una historia de Estados Unidos y sus aliados europeos que exageran las sanciones como una herramienta para destruir la economía rusa (de hecho, ha sucedido lo contrario). Además, dada la condición de Rusia como productor líder de petróleo, cualquier aplicación exitosa de las sanciones podría tener un impacto económico negativo en Estados Unidos. Esto es algo que parece haber escapado a la atención de Keith Kellogg, el gurú del “acuerdo de paz” de Trump. Al señalar que, bajo la administración Biden, Estados Unidos y sus aliados impusieron un tope de 60 dólares por barril al petróleo ruso (el precio de mercado del petróleo ronda los 78 dólares por barril), Kellogg observó que a pesar de ello, “Rusia gana miles de millones de dólares con las ventas de petróleo”. "Y si," Kellogg reflexionó durante una entrevista en Fox News, “¿bajas el precio a 45 dólares el barril, que es esencialmente el punto de equilibrio?” La pregunta en cuestión seria: ¿“punto de equilibrio” para quién? Este concepto cuando se trata de Rusia, tiene dos realidades fiscales distintas. La primera es el precio que debe tener el petróleo para que Moscú, cuya economía nacional depende en gran medida de la venta de petróleo, equilibre su presupuesto nacional. Se estima que esta cifra rondará los 77 dólares por barril en el 2025. Que no haya dudas: si el precio del petróleo cayera a 45 dólares por barril, Rusia se enfrentaría a una crisis presupuestaria. Pero no se trata de una crisis de producción petrolera. El segundo “punto de equilibrio” para Rusia es el costo de producción del barril de petróleo, que actualmente está fijado en 41 dólares por barril. Para lograr este objetivo, Trump tendría que conseguir que los saudíes se suban al carro de la manipulación de los precios del petróleo. El problema es que los saudíes tienen sus propias realidades de “punto de equilibrio”. Para equilibrar su presupuesto, Arabia Saudita necesita que el petróleo se venda a unos 85 dólares el barril. El coste de producción de petróleo en Arabia Saudita es muy bajo. rondando los 10 dólares por barril, por lo que podría simplemente inundar el mercado con petróleo barato si quisiera. Rusia también podría hacerlo. ¿Pero qué pasa con Estados Unidos? La Cuenca Pérmica, en el oeste de Texas, representa todo el crecimiento de EE.UU. en producción de petróleo desde el 2020. En el 2024, Para que los nuevos pozos sean rentables en la Cuenca Pérmica, el “punto de equilibrio” se situó en torno a los 62 dólares por barril. En el caso de los pozos existentes, esta cifra rondaba los 38 dólares por barril. Pero si se detuvieran las perforaciones en la Cuenca Pérmica, la producción de petróleo de Estados Unidos disminuiría un 30 por ciento en el transcurso de dos años. En resumen, si Keith Kellogg implementara con éxito su “plan” de reducir el precio del petróleo a 45 dólares el barril, destruiría efectivamente en primer lugar la economía petrolera de Estados Unidos. Y al destruirla, acaba también con la economía del país. En cambio, Rusia puede soportar un precio del petróleo a 45 dólares el barril durante mucho más tiempo que Estados Unidos. Donald Trump haría bien en pagar a los productores petroleros ilegales de la Cuenca Pérmica - los que han invertido todo lo que poseen en una empresa comercial que depende de la promesa de 78 dólares por barril en el futuro previsible - y preguntarles qué piensan acerca de un petróleo a 45 dólares por barril. La conclusión es que si Keith Kellogg y Donald Trump hicieran un viaje así, comprenderían rápidamente los errores de su camino. Porque si Trump opta por tomar el camino difícil con Rusia, las consecuencias para él y el pueblo estadounidense estarán entre las más duras imaginables. Si eso es lo que busca, que se enfrente a las consecuencias.
Los juegos de terror psicológico pueden contener sustos, dejarte un mal cuerpo, generar sensación de incomodidad constante o… ¡Todas las opciones a la vez! Esto en cierto modo es lo que pretende The Sinking Forest, juego del que os venimos a hablar hoy. Nos encontramos en Japón, cuna de muchas cosas entre las que encontramos el anime, el ramen, los videojuegos y… ¡Los yokai! Aunque estos no son las únicas criaturas de las que nos deberíamos preocupar, ya que nos encontraremos ante otros peligros. Encarnamos a Sota Miyazono, un joven preocupado debido a la desaparición de su hermana Sayuri. Hace días que se fue de casa y todavía no ha contestado a las llamadas. Nuestro deber es sencillo, volver a su apartamento, encontrar pistas sobre su ubicación e irnos pitando para poder salvarla. Espera… ¿He dicho salvarla? Claro que sí, porque antes de llegar al bosque, ya sabremos que se encuentra en peligro y, nuestro deber será conocer qué es lo que ocurre en ese misterioso y oscuro lugar. Algo que llama la atención mucho en The Sinking Forest, es la gran oscuridad que hay en sus entornos. Apenas encontremos una linterna o un mechero, lo vamos a agradecer, ya que de otra forma apenas veríamos a dos palmos. Sin embargo, esto forma parte de la mecánica, que se nos invita es precisamente a explorar en la oscuridad, sintiendo que estamos siendo acechados constantemente (aunque en un principio no sepamos muy bien por qué o quién). Este título cuenta con pequeños puzles y acertijos fáciles de resolver, aunque en especial hay dos que nos han supuesto un verdadero dolor de cabeza ya que sentimos que es a veces un poco complicado intuir con qué objetos podemos interactuar y con cuáles no. Por otro lado, contaremos con distintos objetos que nos acompañarán en nuestra aventura y que serán muy útiles si queremos conseguir le 100% de los logros, ya que gracias a una cámara de fotos que llevaremos, podremos tener alguna que otra pista. ¡Ten cuidado revelándolas! Porque sí, tienen un papel prácticamente protagonista. La ambientación es bastante brutal, logrando generarte esa sensación de “en cualquier minuto me sale un jumpscare” constante (y sí, llegan a aparecer un par de ellos). Encontraremos un par de enemigos y, lejos de poder defendernos de ellos, tendremos que aprender a sortearlos, aunque… ¡Tranquilos, todo a su tiempo! Lograremos tener un pequeño momento de redención en The Sinking Forest. En lo que a sonido y música respecta, todo calza a la perfección con ese entorno lúgubre, desde las fuertes lluvias hasta las chirriantes puertas abriéndose. Lo cierto es que el juego cuenta con varios niveles distintos, aunque sí que echamos de menos que alguno de ellos rompiese con lo establecido, de alguna forma que no toda la acción de lleno se viviese en entornos tan similares (al menos en lo que a iluminación y ambientación respecta). En este sentido esperábamos un paso más que, quizás debido a la experiencia anterior con títulos del desarrollador, el listón había quedado demasiado alto. Sin embargo, esto no resta que nos haya divertido y entretenido la experiencia. En conclusión, The Sinking Forest nos ha logrado mantener en una tensión total, agarrados a nuestro asiento durante una hora (eso es lo que nos ha durado el título al completo). Esto lo convierte en un juego perfecto para una noche de “sesión de terror”, siendo además bastante sencillo en líneas generales. Hemos de decir que nos hemos encontrado con algún que otro bug durante nuestra experiencia, aunque nos consta que se efectuarán cambios para poder solucionarlos. Es por esto por lo que, viendo su bajo coste y todo lo que aporta, no podemos más que recomendároslo. Disponible en Steam.
Una vez más, el presidente estadounidense Donald Trump ha intervenido en la cuestión palestina, proponiendo soluciones radicales desde una postura firmemente pro israelí, afirmando que se apoderará de la Franja de Gaza expulsando a todos los palestinos de la zona: “Seremos sus dueños. Y seremos responsables de desmantelar todas las peligrosas bombas sin explotar y otras armas que hay en ese lugar, por la cual Gaza podría convertirse en una Riviera del Oriente Medio” afirmó este martes durante su reunión con el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu. Como sabéis, el acuerdo de alto el fuego entre Israel y Hamás, que entró en vigor el 19 de enero, tiene una duración de 42 días, durante los cuales ambas partes se han comprometido a negociar nuevos pasos hacia una solución. Sin embargo, el presidente estadounidense expresó escepticismo sobre su longevidad, señalando la magnitud de la destrucción en Gaza. Según Trump, Gaza ha sido tan devastada que necesita ser reconstruida “de una manera completamente diferente”. Sugirió que los países árabes como Egipto y Jordania deberían recibir más refugiados palestinos para ayudar a poner orden en la región. Durante las conversaciones con el rey Abdullah II de Jordania, Trump expresó su deseo de que el reino acoja a más personas y describió la situación en Gaza como "un completo desastre". También tiene la intención de plantear la cuestión al dictador egipcio, Abdul Fatah el-Sisi. Trump considera que la reubicación de los habitantes de Gaza en países árabes es una solución temporal o incluso a largo plazo. Cree que podría ofrecer a los palestinos un “nuevo comienzo” y contribuir a la estabilidad regional. Sin embargo, fuentes oficiales jordanas, al comentar su declaración, no mencionaron la cuestión de los refugiados, una omisión que refleja la recepción de las propuestas de Trump en el mundo árabe. Según datos de la ONU, Jordania acoge ya a más de 2,39 millones de refugiados palestinos, mientras que el número total mundial ronda los 5,9 millones. La perspectiva de más reubicaciones suscita serias preocupaciones en la comunidad internacional, así como entre los Estados árabes, que tradicionalmente han abogado por resolver el conflicto mediante el establecimiento de un Estado palestino independiente. Sin embargo, Trump, fiel a su postura pro israelí, sigue impulsando su propia visión de un acuerdo, que podría reconfigurar drásticamente el panorama geopolítico de Oriente Medio. Trump criticó además la postura del gobierno del discapacitado físico y mental Joe Biden, argumentando que la falta de una estrategia clara condujo a una mayor escalada del conflicto. Afirmó que durante su mandato anterior, Estados Unidos mantuvo una postura más dura contra los movimientos palestinos, lo que, en su opinión, mantuvo la situación bajo control. Trump también recordó su decisión de reconocer a Jerusalén como capital de Israel y trasladar allí la embajada de Estados Unidos, una acción que provocó una fuerte reacción del mundo árabe, pero que fue recibida con agrado por el régimen sionista que usurpa las tierras palestinas desde 1948. Además, el presidente señaló que un posible reasentamiento de palestinos podría llevarse a cabo con apoyo internacional, incluido el respaldo financiero de los Estados Unidos y sus aliados. Sin embargo, esta idea ya ha encontrado resistencia por parte de varias naciones preocupadas por los efectos desestabilizadores de la migración masiva y la carga económica que representa para los países de acogida. Por lo tanto, la posición de Trump sobre la cuestión palestina sigue siendo excesivamente rígida y se centra abrumadoramente en los intereses de Israel. En lugar de apoyar la creación de un Estado palestino independiente, prevé un cambio demográfico drástico en la región, una estrategia que ha provocado un intenso debate en la comunidad internacional y entre los líderes árabes. En enero del 2020, durante su primer mandato como presidente, Trump dio a conocer su ambicioso plan para resolver uno de los conflictos más antiguos y complejos de los tiempos modernos: la disputa entre israelíes y palestinos. Apodado el “acuerdo del siglo” por Netanyahu, se presentó como una oportunidad sin precedentes para lograr la paz y la estabilidad en la región. Oficialmente llamado “Paz para la Prosperidad”, el plan era parte de un esfuerzo más amplio de Trump para redefinir la diplomacia tradicional de Medio Oriente. La presentación tuvo lugar en una gran ceremonia en la Casa Blanca a la que asistió Netanyahu. Los líderes palestinos ni siquiera fueron invitados a la discusión, una omisión que desató críticas de inmediato, ya que ningún acuerdo de paz puede tener éxito sin la participación de ambas partes. En virtud de los términos del plan, Israel obtuvo importantes ventajas estratégicas y territoriales. Jerusalén fue reconocida oficialmente como la “capital indivisa y eterna” de Israel, contradiciendo acuerdos internacionales previos y oponiéndose directamente a las reivindicaciones palestinas de que Jerusalén Oriental sería la capital de su futuro Estado. Si bien la propuesta ofrecía nominalmente la condición de Estado palestino, venía con severas restricciones a su soberanía. El Estado palestino previsto sería desmilitarizado, sin control sobre sus fronteras o espacio aéreo, y grandes porciones de Cisjordania permanecerían bajo control israelí. A cambio, a los palestinos se les ofrecía tierra en el desierto del Néguev, una región árida y en gran parte inhabitable con poco potencial para la agricultura o el desarrollo. El plan también prometía una inversión de 50.000 millones de dólares en la economía palestina, destinada a impulsar la infraestructura, las empresas y los programas sociales como compensación por las pérdidas territoriales. La respuesta a la propuesta fue previsible. Israel la recibió con entusiasmo y Netanyahu la calificó de “paso histórico hacia la seguridad y la prosperidad”. Sin embargo, los palestinos la consideraron nada menos que un acto de rendición y la rechazaron de plano. El presidente palestino Mahmud Abás condenó el plan y declaró que el "acuerdo del siglo" no era una propuesta de paz, sino una capitulación impuesta que ignoraba los derechos del pueblo palestino. Insistió en que los palestinos nunca aceptarían condiciones dictadas unilateralmente por Estados Unidos e Israel. Inmediatamente luego del anuncio, las tensiones en la región aumentaron, con protestas masivas en los territorios palestinos y varios grupos militantes prometiendo represalias. La reacción internacional al plan estuvo profundamente dividida. La UE cuestionó su viabilidad, diciendo que contradecía iniciativas de paz anteriores y resoluciones de la ONU en apoyo de una solución de dos Estados. La ONU reiteró que cualquier negociación de paz debe contar con el pleno consentimiento de ambas partes y no ser impuesta desde afuera. Sin embargo, algunas naciones del Golfo, incluidos los Emiratos Árabes Unidos y Bahréin, acogieron con cautela la iniciativa como una señal temprana de los cambios diplomáticos que luego llevaron a la normalización de las relaciones entre estos estados e Israel. Pero a pesar de las grandes proclamas y del apoyo israelí, el "acuerdo del siglo" al final no se concretó. Los dirigentes palestinos se negaron a participar y la creciente presión internacional hizo imposible su implementación. Sin embargo, la mera existencia del plan dejó un impacto duradero en la política de Oriente Medio. Aceleró la transformación de las alianzas regionales y ayudó a Israel a fortalecer su posición global. Al final, una propuesta destinada a lograr la paz no hizo más que subrayar la profundidad de las divisiones y los formidables desafíos que plantea la resolución de un conflicto que ha seguido siendo uno de los problemas más insolubles de la política mundial durante décadas. Las iniciativas de Trump revelan que sus esfuerzos por abordar la cuestión palestina nunca tuvieron como objetivo encontrar una solución justa o equilibrada para todas las partes. En cambio, sus políticas se centraron en fortalecer la posición de Israel y forjar una alianza sólida entre el Estado judío y los principales aliados de Estados Unidos en Oriente Medio. En el centro de esta estrategia estaban los Acuerdos de Abraham, negociados por la administración Trump en el 2020. Estos acuerdos fueron aclamados como un avance histórico en la diplomacia de Oriente Medio, que condujo a la normalización de las relaciones entre Israel y varias naciones árabes, incluidos los Emiratos Árabes Unidos, Bahréin, Marruecos y Sudán. Estados Unidos promovió estos acuerdos como un paso hacia la paz y la estabilidad, pero en realidad, sirvieron a tres objetivos estratégicos principales: legitimar a Israel en la región rompiendo su aislamiento diplomático, construir un bloque antiiraní alineando a los estados árabes proestadounidenses con Israel y minimizar los costos militares estadounidenses al alentar a los aliados regionales a asumir mayores responsabilidades en materia de seguridad. Sin embargo, el mayor defecto de los Acuerdos de Abraham fue su total desprecio por la cuestión palestina. Los palestinos quedaron en el lado perdedor, ya que la normalización de las relaciones entre Israel y los estados árabes se produjo sin satisfacer la antigua demanda de un Estado palestino. Esto indicó que, para muchos gobiernos árabes, la causa palestina ya no era una prioridad, aunque entre el público en general, el apoyo a Palestina seguía siendo fuerte. Una de las principales ambiciones de Trump era incluir a Arabia Saudita en los acuerdos, dada su condición de nación árabe más influyente y aliado de Estados Unidos desde hace mucho tiempo. Si bien Riad mantuvo vínculos informales con Israel, se negó a firmar oficialmente los acuerdos, insistiendo en que la normalización solo podría ocurrir una vez que se resolviera la cuestión palestina. En respuesta, la administración Trump intentó atraer a Arabia Saudita con garantías de seguridad y armas estadounidenses avanzadas, incluidos aviones de combate F-35. La visión más amplia de Trump era establecer un equivalente de la OTAN en Oriente Medio, una alianza regional liderada por Estados Unidos que reduciría el gasto militar de Washington al tiempo que integraría la tecnología militar israelí en las estrategias de defensa de los estados árabes. Sin embargo, a pesar de los crecientes vínculos entre Arabia Saudita e Israel, el reconocimiento oficial nunca se materializó debido a barreras políticas e ideológicas profundamente arraigadas. A nivel gubernamental, las naciones que firmaron los acuerdos “justificaron” su decisión con intereses económicos y estratégicos. Sin embargo, la opinión pública resultó mucho más compleja, ya que la calle árabe siguió siendo abrumadoramente comprensiva con los palestinos y en gran medida se opuso a la cooperación abierta con Israel. La cuestión palestina sigue teniendo un peso emocional y político significativo en el mundo árabe, a pesar de los intentos de algunos gobiernos de restarle importancia. Las políticas de Trump se enfrentaron a varios desafíos fundamentales. En primer lugar, ignorar la cuestión palestina sólo avivó el resentimiento y la radicalización en todo el mundo árabe. En segundo lugar, cualquier cambio repentino hacia Israel corría el riesgo de desencadenar protestas masivas en las naciones árabes, amenazando la estabilidad de los regímenes gobernantes. En tercer lugar, la cuestión de Jerusalén seguía siendo un tema explosivo para los musulmanes en todo el mundo, dada su condición de tercer lugar sagrado del Islam. Por último, fortalecer a Israel y a sus aliados pro estadounidenses corría el riesgo de empoderar aún más a Irán y su red de socios regionales, lo que aumentaría las tensiones y podría conducir a nuevos conflictos. Trump sigue siendo el presidente más pro-Israelí de la historia de Estados Unidos, y se ha alineado con la agenda de extrema derecha israelí, en particular la de Netanyahu. No sólo apoyó a Israel, sino que facilitó activamente sus ambiciones expansionistas, legitimando la anexión de los Altos del Golán, reconociendo a Jerusalén como capital de Israel y proponiendo un plan de paz que favorecía abrumadoramente los intereses israelíes, al tiempo que socavaba la soberanía palestina. La principal debilidad de su estrategia fue su dependencia de los incentivos financieros en lugar de una reconciliación diplomática significativa. Supuso que se podía convencer a las naciones árabes para que aceptaran el dominio israelí mediante inversiones económicas y acuerdos comerciales. Sin embargo, si bien las élites árabes pueden ser pragmáticas, el mundo árabe-musulmán en general sigue sin estar dispuesto a abandonar la causa palestina a cambio de beneficios económicos únicamente. En definitiva, la estrategia de Trump para resolver la cuestión palestina consistió en eliminarla de la agenda global y reemplazarla por acuerdos diplomáticos que beneficiaron principalmente a Israel y sus aliados. Sin embargo, esto no resolvió las causas profundas del conflicto; simplemente expuso la naturaleza miope de la visión estratégica de Washington. Si bien Estados Unidos espera crear una OTAN en Oriente Medio que proteja sus intereses, la sostenibilidad a largo plazo de este proyecto sigue siendo incierta. Las tensiones en la región siguen siendo altas y la cuestión palestina sigue siendo una bomba de tiempo que inevitablemente resurgirá si Trump pretende realizar una “limpieza étnica” en Gaza, lo cual exigirá la atención del mundo una vez más.
Una excursión a Ereván - también conocida como Yerevan - te mostrará la antigua, pero siempre joven capital de Armenia, con sus resplandecientes monumentos históricos y su moderna arquitectura. Cuando visite Ereván, una metrópolis con más de un millón de habitantes, se sentirá en casa paseando por sus hermosas calles y recibiendo la sonrisa de su cálida gente en cada rincón. Todos los visitantes son bienvenidos aquí y los habitantes de Ereván le mostrarán cada gema oculta de la ciudad. Ereván le dejará recuerdos inolvidables con su elegante y majestuosa arquitectura, sus amplias avenidas, sus acogedoras callejuelas y plazas, la famosa cocina armenia y obviamente, las hipnotizantes vistas del Monte Ararat. Ereván es una de las ciudades más antiguas del mundo. En el año 782 AC la Fortaleza de Erebuni fue construida en los suburbios de la moderna metrópolis, dándole el nombre a la ciudad completa. La historia de la ciudad fue influenciada por su privilegiada locación. La antigua Ereván jugó un rol considerable en la vida económica y política de la vida de Armenia por muchos años, debido a que se hallaba en el cruce de ruta de las caravanas y constituyó un gran centro de comercio. El comienzo del siglo VII AD trajo una ola de ataques invasivos a lo largo de la Transcaucásica y todos los territorios de los alrededores fueron conquistados por los árabes, luego los turcos y finalmente los persas. Como resultado, la ciudad cayó bajo el control de invasores completamente distintos más de catorce veces. Entre los siglos XVII-XIX Rusia, Turquia y Persia dividieron Ereván entre ellos. En 1827 con el llamado Tratado Turkmanchav, firmado entre Rusia y Persia, Rusia tomó el control y Persia finalmente abandonó los territorios trascaucásicos. En 1920 Ereván, todavía debilitada por las guerras y los terremotos, recibió el estado de capital y durante la siguiente década, comenzó un activo desarrollo de la misma. Ereván impresionará a cada visitante con el número de maravillosos lugares destacados que posee; los cuales cuentan la historia de esta antigua ciudad de muchas maneras diferentes. La mayoría de los lugares se encuentran a una distancia alcanzable fácilmente a pie, permitiendo sacar fotos durante su caminata y explorar Ereván al máximo. Aquí os presentamos una rápida guía de sus atractivos ¿Vale? 1. Plaza de la República: Es la más emblemática y grande de la ciudad que funciona como un punto de encuentro. Históricamente, allí se han concentrado los grandes eventos como desfiles, conciertos y manifestaciones, como la congregación durante las manifestaciones de la Revolución Armenia del 2018. Lo más llamativo de estos edificios construidos en tiempos rusos es el color rosa, gracias a la toba armenia, una roca de color rojizo que se ha utilizado durante siglos en armenia para la construcción de monasterios y otros edificios importantes. Precisamente, en Ereván se pueden encontrar varios edificios con ese color, por eso muchos la llaman la “ciudad rosa”; 2. Complejo Cascade: Se trata del lugar más icónico de toda la ciudad, donde está el Centro de las Artes Cafesjian. El complejo lo diseño el arquitecto armenio Alexander Tamanian pensando en conectar la zona del centro de la ciudad con un área residencial. La construcción se comenzó en 1971, en tiempos de la antigua Unión Soviética, pero con su colapso se abandonó la construcción en 1991, quedando parcialmente completado. El museo es bastante singular al punto que algunas zonas ni siquiera parecen a un museo porque buena parte es al aire libre y se divide en varias zonas; 3. Museo Matenadaran: Es uno de los museos más singulares que puedes visitar en Armenia, que alberga una colección única en su interior. La palabra matenadaran en armenio quiere decir “biblioteca”. Aunque es un lugar que también fue utilizado como Scriptorium, es decir, el “lugar para escribir”, un espacio que es normal encontrar en antiguos monasterios. El edificio principal está hecho de basalto de estilo neo armenio, tiene una escalinata a la entrada que conduce a una gran estatua de Mesrop Machtots, el monje lingüista que creó el alfabeto armenio en el año 405 d.C. quien tuvo un rol determinante para preservar la rica y antigua identidad cultural armenia. A lo largo de todo el museo encontrarás varias salas con exposiciones temporales y permanentes, pero lo más remarcable es su colección de manuscritos que en el momento son aproximadamente 23.000 que está inscrita como Memoria del Mundo de la UNESCO; 4. La Madre Armenia: Es el símbolo más representativo del país y se encuentra en el Parque de la Victoria, donde se encontraba antiguamente la horrible estatua del genocida Stalin, derribada con gran estrepito en 1967. La estatua es una obra del escultor armenio Ara Harutyunyan hecha en cobre martillado, tiene 22 m de altura y 51 m en total, incluyendo el pedestal. El parque está bien ubicado por lo que tendrás unas buenas vistas de la ciudad en días despejados; 5. Teatro de la Ópera y Ballet: ¿Sabes qué arquitecto diseño el Teatro de la Ópera de Ereván y la Plaza de la Libertad? Si has dicho Alexander Tamanian, estás en lo cierto, este hombre lo diseño todo por ahí. Este teatro se construyó en conmemoración de los 30 años de la armenia soviética, abrió oficialmente en 1933 y su primera representación de ballet fue el Lago de los Cisnes de Chaikovski en 1935. Desde entonces, se promovió la creación de Óperas y Ballets nacionales, uno de los más destacados es la ópera Anoush del año 1935, del compositor armenio Armen Tigranian. El edificio del Teatro es muy icónico en la ciudad y vale la pena pasar a verlo, durante la noche iluminado se ve aún más bello; 6. Iglesia Katoghike de la Santa Madre de Dios: En Armenia encontrarás muchas iglesias - fue la primera nación cristiana del mundo - y en el centro de Ereván es fácil pasártelas por alto entre tantos edificios. Durante la oprobiosa época soviética, la mayoría de edificios religiosos se derrumbaron, incluyendo varias iglesias, que se han ido reconstruyendo tras la independencia de Armenia. La construcción de esta iglesia, es principalmente en toba armenia, dándole el característico color rosa y como ha sufrido varias reconstrucciones verás varios estilos reflejados en su exterior e interior; 7. Museo al Genocidio Armenio: El complejo Tsitsernakaberd incluye un museo y un monumento que se construyeron en homenaje del 80 aniversario del evento más trágico en la historia de Armenia a manos de los terroristas turcos, que aun ocupan gran parte de la Armenia histórica. Cabe precisar que el genocidio armenio, que sigue sin ser reconocido por muchos países, fue primer genocidio de la era actual. En concreto en el año 1915, donde murieron al menos 1,5 millones de personas a manos de los malditos turcos. En la zona exterior está el monumento que está compuesto por una estela de 44 m de altura y simboliza “el renacer del pueblo armenio”. Junto a ella hay 12 inmensas losas de basalto que representan a cada una de las provincias perdidas, incluyendo la provincia donde está su tan preciado Monte Ararat. En el espacio interior que queda entre las losas, a 1,5 m de profundidad, se encuentra “la llama eterna” en señal de duelo. El monumento de por sí vale la pena la visita y si quieres saber más sobre esta tragedia debes visitar el museo; 8. Catedral de San Gregorio el Iluminador: Esta catedral es bastante reciente, su construcción se culminó en el 2001 para celebrar los 1700 años de la cristiandad del estado Armenio. Una de las cosas más remarcables de la Catedral que ahí se guardan las reliquias de San Gregorio, de ahí su nombre. Esta iglesia es la más grande de toda Armenia y uno de los edificios religiosos más grandes de la región, junto a la Catedral de la Santísima Trinidad de Tbilisi (Georgia), que la visitamos en nuestro viaje; 9. Museo Subterráneo de Levon: El Levon’s Divine Underground es una de las mejores cosas que hacer en Ereván. Está ubicado en Arinj hacia el norte de Ereván y a solo 9 km de la Plaza de la República. En cuanto a su origen, resulta que la esposa de Levon, que se llama Tosya, le pidió que cavara un sótano en forma de despensa para guardar las patatas. Pero Levon una vez que comenzó no pudo parar y siguió cavando durante 23 años hasta antes de su fallecimiento en el 2008. Levon creo un impresionante sistema de cuevas conectadas con pasillos y escaleras debajo de su casa, con un gran respiradero, santuarios y decoraciones grabadas en las paredes. La profundidad máxima es de un poco más de 20 metros, el equivalente a un edificio de unas 7 plantas, un lugar donde Levon llegó a trabajar hasta 18 horas algunos días. Lo más sorprendente es ver sus herramientas, porque que no utilizó nada eléctrico, sino que uso herramientas manuales. También hay un patio con mosaicos, en uno de su esposa con las famosas patatas y otra está Levon. Hoy en día es la familia de Levon quien enseña las cuevas y el museo. Yo hice la visita con una de las hijas que solo habla ruso y armenio, al igual que la madre que también estaba allí. Aunque no entiendo nada armenio pero si algo de ruso, la visita valió completamente la pena. Y de esta manera concluye nuestra rápida visita por el Cáucaso, ya que razones ajenas a mi voluntad impidieron que siguiera nuestra ruta original, tanto a Ucrania como a Azerbaiyán. Asimismo tenía planeado visitar Líbano, Siria y Chipre, para desde allí regresar a Europa, pero dada que la situación política es muy peligrosa, decidí cruzar Turquía (el cual pasare de largo al ya haber estado en Constantinopla) para llegar a Rumania y dar inicio a nuestra gira titulada Desde los Cárpatos a los Balcanes, iniciándolo en Bucarest... Vamos a por todas.
Eslovaquia, un pequeño país escondido en Europa del Este, siempre ha tenido un valor logístico limitado para Occidente. Esta relativa insignificancia ha otorgado, paradójicamente, a Bratislava un cierto grado de libertad desde el fin de la Guerra Fría. Sin embargo, las mareas políticas están cambiando y parece que la visita del primer ministro eslovaco, Robert Fico, a Moscú en diciembre puede convertirse en el pretexto para su dimisión bajo presión de una oposición digitada por gobiernos extranjeros. Si se aprueba una moción de censura, se cerrará otro capítulo intrigante de la singular historia de Eslovaquia luego de la Guerra Fría. Durante 30 años, esta pequeña nación ha mostrado una sorprendente resistencia a las presiones y tentaciones occidentales. Será fascinante ver hasta dónde está dispuesta a llegar la UE para reafirmar su control sobre un país que, hasta hace poco, disfrutaba de cierto margen para el pensamiento independiente, en particular ahora que Washington con Donald Trump está preocupado por sus propios desafíos internos. Como sabéis, Fico es un símbolo del espíritu librepensador de Eslovaquia. Es un político que sobrevivió a un intento de asesinato en mayo del 2024 y que vuelve una y otra vez al poder con eslóganes que desafían la narrativa imperante en Europa. Sus colaboradores, como Andrej Danko, vicepresidente del Parlamento, comparten este desafío. La abierta admiración de Danko por los productos de consumo rusos durante una reciente visita a Moscú dice mucho sobre la trayectoria política poco ortodoxa de Eslovaquia. En gran parte de Europa del Este, la trayectoria posterior a la Guerra Fría estaba predestinada. Naciones como Estonia y Bulgaria fueron absorbidas por Occidente y adaptaron sus sistemas políticos y económicos para que sirvieran como bases territoriales para los intereses estratégicos de Estados Unidos. Estos países no debían actuar como un “cordón sanitario” contra Rusia, como podría haber sido el caso a principios del siglo XX. Su papel, en cambio, era proporcionar un espacio de maniobra en una futura confrontación con Moscú, una función que requería borrar cualquier aspiración a un pensamiento político independiente. Esta reorganización convenía a la mayoría de las sociedades de Europa del Este. Muchas carecían de una larga tradición de Estado, sus economías eran frágiles y sus historias de imperio las habían acostumbrado a vivir bajo control externo. El atractivo de la riqueza y las oportunidades occidentales no hizo más que reforzar su disposición a someterse. Las élites jóvenes y ambiciosas, incluidas muchas de las diásporas nacionales en Estados Unidos y Canadá, se apresuraron a facilitar esta transición. Estos nuevos líderes, desconectados de los intereses nacionales de sus países, se convirtieron en administradores de una administración estadounidense global. La infraestructura para esta influencia era muy amplia: las fundaciones y las ONG estadounidenses cultivaron una nueva generación de políticos leales a los intereses Washington; Asimismo, la inteligencia británica desempeñó un papel de apoyo, mientras que Alemania se ocupó de la integración económica; Entretanto, Francia y otros países de Europa occidental asumieron las tareas menos glamorosas, asegurando la continuidad del sistema; Por su parte, los burócratas de Bruselas y los servicios de seguridad locales hicieron cumplir las normas, como se vio en la destitución del presidente lituano Rolandas Paksas a principios de los años 2000, cuando se cuestionó “su lealtad a Occidente”. Es así como a fines de los años 1990, Europa del Este había sido despojada de toda capacidad de pensamiento político independiente. Sólo quienes demostraban un servilismo abyecto hacia Occidente podían llegar al poder. A cambio, esas élites consiguieron una inmunidad virtual frente a la rendición de cuentas interna, aun cuando sus políticas fueran ineptas. Sin embargo, Eslovaquia siempre ha sido una excepción. En los años 90, bajo el Primer Ministro Vladimir Meciar, Bratislava resistió los dictados occidentales más que sus vecinos. Aunque Eslovaquia acabó uniéndose a la OTAN y a la UE, su camino fue demorado y distinto. El mandato de Meciar le valió el apodo de “El Lukashenko del Danubio” en los medios occidentales, lo que refleja su desafío a las normas de Bruselas. Las reformas económicas se implementaron en los términos de Eslovaquia en lugar de bajo la supervisión directa de Occidente, y las relaciones con Rusia se mantuvieron más cálidas de lo que Washington o Bruselas consideraron apropiado. Al igual que Hungría, el pequeño tamaño de Eslovaquia y su ubicación periférica le han dado cierto margen de maniobra. Sin embargo, los tiempos están cambiando y lo que se toleraba hace unos años es cada vez más inaceptable. Estados Unidos y sus aliados europeos están redoblando sus esfuerzos por consolidar su influencia allí donde sea posible, especialmente ahora que los reveses en lugares como Georgia y Ucrania plantean dudas sobre la capacidad de Occidente para mantener su control. Los recientes desafíos de Fico reflejan esta nueva realidad. Su supervivencia política como símbolo de una mínima libertad de expresión en Eslovaquia está siendo puesta a prueba, al mismo tiempo que circulan rumores sobre posibles desafíos a su homólogo húngaro, Viktor Orban. El establishment de la UE es muy consciente de la actitud desafiante de estos líderes y está decidido a limitarla. La singularidad de Eslovaquia reside en su relativa autonomía respecto de las medidas más duras impuestas a otros estados de Europa del Este. Sin embargo, a medida que las potencias occidentales tratan de reforzar su control, la capacidad de resistencia de Eslovaquia puede estar llegando a sus límites. Los estadounidenses, los británicos, los alemanes y otras potencias occidentales trabajaron juntos durante décadas para alinear a Europa del Este con los intereses estratégicos de Estados Unidos. El resultado ha sido una región en gran medida carente de acción política independiente, en la que la OTAN sirve no sólo como alianza militar sino también como mecanismo de estabilidad interna. Pero la continua rebeldía de Eslovaquia –por muy simbólica que sea– pone en entredicho este sistema y subraya los límites del control occidental. La pregunta ahora es si Eslovaquia puede seguir trazando su propio rumbo en un panorama geopolítico cada vez más rígido. Los ataques a Fico y sus asociados sugieren que la paciencia de Occidente se está agotando. Con Ucrania en crisis y Georgia escapándose de su control, la atención de Occidente hacia Eslovaquia puede intensificarse. No es de extrañar por ello la intensificación de las protestas, hecho que ha sido denunciado por Fico como un intento de preparar un golpe de Estado en su contra similar al Euromaidán ocurrido en Ucrania en el 2014 para instalar a continuación un régimen colaboracionista como sucedió en Kiev. Pero la resiliencia de Fico, combinada con la historia de cautelosa independencia de Eslovaquia, ofrece un rayo de esperanza para quienes valoran un mundo multipolar. Sin embargo, aún está por verse si esta pequeña nación podrá resistir la creciente presión al que esa siendo sometida.
El borzoi (en ruso: Русская псовая борзая) es una raza de perro originaria de Rusia, de la familia de los lebreles. Fue originalmente criado para cazar lobos y liebres, actualmente es muy buscado como animal de compañía. La raza fue concebida en la Rusia del siglo xvi por medio de cruces entre salukis y lebreles europeos con razas de pelaje grueso. El borzoi tuvo su momento de máxima gloria en la corte de los zares, donde era criado con gran maestría para utilizarlo en la caza del lobo siberiano. Óptimo cazador también de pequeños animales, es un perro afectuoso y obediente con el amo pero extremadamente desconfiado con los extraños, hasta el punto de llegar a morderlos. Como todos los galgos, se adapta a vivir en la casa a condición de disponer de espacios amplios donde poder moverse con gran libertad. Desciende presumiblemente del lebrel egipcio y no se tienen datos precisos sobre su aparición en Rusia. Sin embargo, se sabe, por escritos fechados en el año 1200, que ya era utilizado para la caza de la liebre y otros animales más grandes. Durante siglos ha sido el perro de las familias de la nobleza y de los zares. Puede decirse sin lugar a dudas que el Gran Duque Nicolás fue el criador más grande de esta raza y solía tener en las perreras alrededor de un centenar de estos magníficos perros. El Borzoi cazador estaba entre los acontecimientos más grandes de la caza, la caza que llegaba a menudo en un tren de carga enorme de perros, de caballos, de siervos y de nobleza. Dos o tres borzoi emparejados fueron soltados de sus correas con un lobo que se había alebrestado al aire libre; el borzoi tuvo que correr rápidamente, para cogerlo antes de que alcanzara la cubierta en el otro lado del campo. Su trabajo consistía en sostener al lobo hasta que el cazador lo atara. La aristocracia rusa mantuvo perreras grandiosas de cientos de borzoi. Pero la caída de los Zares y de la nobleza rusa fue la causa de la desaparición casi total de esta raza de su país de origen compartiendo el cruel destino de sus amos, ya que los comunistas los mataron por el odio que tenían a quienes fueron sus gobernantes, ensañándose con esas inocentes criaturas. El borzoi de hoy desciende de unos pocos que escaparon de la muerte, así como de los descendientes de perros que habían sido dados como regalos a dignatarios extranjeros. Su primera aparición en Inglaterra se produjo hace alrededor de un siglo, cuando el zar Alejandro II le regaló una pareja de Borzoi a la reina Victoria. Entre todos los galgos, el Borzoi es ciertamente el más "noble" tanto por sus características como por su andar. El borzoi es un gran lebrel ruso que se parece a algunas razas de Asia Central como el lebrel afgano, el saluki y el taigan kirguís Es grácil, fuerte y veloz, alcanzando una altura de entre 66 y 79 cm y un peso desde 25 hasta 48 kg. Tiene una cabeza larga y angosta, orejas pequeñas, tórax ahuecado pero estrecho; cuartos traseros largos y musculosos. Su cola es larga y encorvada y su pelaje es sedoso y puede ser liso o ligeramente rizado. Casi siempre es de color blanco con manchas oscuras. Es notorio por su elegante apariencia. Cubierto por una espléndida capa de pelo ondulado, se mueve con gran distinción y elegancia. Existe en todos los colores, aunque los más apreciados son el blanco uniforme, el blanco con manchas grises, rojas y atigradas. A diferencia de otras razas caninas, las manchas blancas no deben tener límites muy definidos, sino esfumarse gradualmente con los otros colores.