Los dirigentes paquistaníes no han disimulado su alegría por el cambio de régimen en el vecino Afganistán. El primer ministro, Imran Khan, celebró que los afganos hubieran roto las cadenas de la esclavitud al que los tenía sometidos los EE.UU. a través del gobierno colaboracionista de Ashraf Ghani (quien huyo del país horas antes de la entrada de los talibanes a Kabul robando 169 millones de dólares) quien también era estrecho aliado de la India, su mortal enemiga. Pero las simpatías por los talibanes no son nuevas. Los servicios secretos paquistaníes los han apoyado desde sus orígenes, aunque a su vez cooperaban con los EE.UU. en “su lucha” contra Al Qaeda, el cual por cierto - al igual que ISIS - es una creación de la CIA. Pero el éxito de los islamistas radicales en Afganistán enfrenta ahora a Pakistán con varios desafíos que amenazan con trasformar esa satisfacción en muchos problemas. El más obvio e inmediato es un éxodo de miles de “refugiados” que cruzan sus fronteras, entre ellos terroristas infiltrados que buscan llegar a Europa. A mediano plazo, el triunfo de los talibanes puede causar a Pakistán tensiones internas y externas, como las que ya vivió en la primera década de este siglo. Dentro, el posible efecto sobre sus propios talibanes, que ya cuestionaron al Gobierno de Islamabad en el pasado. Fuera, el eventual reproche internacional, en la medida en que los fundamentalistas afganos vuelvan a las andadas en su discriminación de las mujeres, desprecio a los derechos humanos o apoyo a otros islamistas violentos. Como sabéis, Pakistán siempre buscó un Gobierno afín en Kabul que le diera profundidad estratégica frente a la India, un rival con el que ha mantenido cuatro guerras desde la partición en 1947, tras la independencia del Reino Unido. Así que, tras haber nutrido a grupos terroristas en la disputada Cachemira, sus generales vieron la oportunidad de utilizar esa misma ideología para acabar con la guerra civil de su vecino occidental y ‘estabilizar’ la frontera común. Contaban con millones de refugiados afganos acogidos desde la invasión soviética de 1979, 2.640 kilómetros de frontera común, e importantes lazos tribales entre los habitantes de ambos lados. Pero el subproducto de aquella política fue la aparición de un movimiento talibán autóctono (Tehreek-e-Taliban Pakistan, TTP) que llegó a hacerse fuerte en el noroeste del país poniendo en jaque al Gobierno de Islamabad. Desde entonces, las campañas militares contra ese grupo terrorista, asi como medidas políticas para desarrollar las zonas tribales (e incorporarlas a la legislación federal) como algunas concesiones, habían reducido significativamente tal amenaza en los últimos tiempos. Sin embargo, los analistas temen que la llegada al poder de los talibanes afganos envalentone al TTP y otros grupos similares a volver a la lucha. También las afinidades tribales pueden viajar en sentido contrario. Aunque los talibanes afganos se presentan ahora como un movimiento de liberación nacional “abierto al resto de las comunidades étnicas y religiosas”, sus bases y sus dirigentes siguen siendo mayoritariamente pashtunes, al igual que buena parte de los paquistaníes que residen al otro lado de la frontera. Pero ni los nacionalistas pashtunes, en el norte, ni los separatistas de Baluchistán, en el sur, reconocen esa demarcación, la llamada Línea Durand, que trazaron arbitrariamente los británicos en 1893 para fijar una segunda línea de contención frente a los rusos con los que se dividieron la zona. Demás está decir que los afganos nunca la hayan aceptado y protesten por los intentos paquistaníes de consolidarla con estructuras fijas. Esa delimitación, conocida por el nombre del entonces secretario del Foreign Office, partió por medio tierras ancestrales - tanto de pasthunes como de baluchis - haciendo imposible la estanqueidad de sus 2.640 kilómetros. De hecho, hasta este siglo los miembros de ambas etnias la cruzaban sin necesidad de pasaporte. Todo cambió en el 2001, con la invasión de los EE.UU. en Afganistán para echar del poder a los talibanes a quienes acuso de proteger “a los responsables del atentado del 11-S”, un operativo de falsa bandera montado por la CIA para “justificar” su intervencionismo en el Medio Oriente y apoderarse de sus ingentes recursos de gas y petróleo. La frontera se convirtió entonces en el principal campo de batalla en la lucha contra los talibanes, donde el grueso de sus integrantes pertenece a la etnia pasthún. Mientras, los talibanes paquistaníes se refugiaban de las operaciones del Ejército en territorio afgano (sobre todo, en la provincia de Kunar), como antes lo hicieran los talibanes afganos en territorio paquistaní. Pakistán decidió levantar una verja a mediados de la década pasada para frenar su paso, pero finalmente solo se llegaron a construir 35 kilómetros porque el proyecto era demasiado costoso. En la región de Baluchistán, sin embargo, sí se ha excavado una trinchera de 1.100 kilómetros, y el proyecto es extenderla al resto de la frontera. Desde entonces la situación se había mantenido mayormente sin cambios, hasta ahora. Es indudable que el triunfo de los talibanes en Afganistán tiene un gran beneficiario y es Pakistán. Pero ahora ¿qué hará con su influencia en ese país? A unos días de que los talibanes tomaran Kabul, su bandera ya ondeaba en lo alto de una importante mezquita de Islamabad. Muchos analistas han visto este gesto como un indicio de quiénes son los verdaderos ganadores en la guerra de Afganistán que duró 20 años. Según los líderes tribales, en los últimos tres meses, mientras los talibanes recuperaban Afganistán, el ejército pakistaní recibió una oleada de nuevos combatientes pasthunes en la frontera, procedentes de refugios que se encuentran dentro de Pakistán, deseosos de luchar contra los colaboracionistas afganos, entrenados por los estadounidenses. Con el triunfo de los talibanes, varios analistas consideran que Pakistán estará atado a ellos. “Es probable que la reputación de Pakistán en Occidente, ya de por sí inestable, se desplome ahora que los talibanes han tomado el control de Afganistán. En las redes sociales ya han circulado peticiones de sancionar a Pakistán. Al no recibir financiamiento del extranjero, Pakistán se verá en la necesidad de depender del comercio de drogas, alentado por los nuevos gobernantes en Kabul. Sin duda, un Estado gobernado por los talibanes en su frontera envalentonará a los talibanes y a otros militantes islamistas dentro de Pakistán. No olvidemos que las relaciones con los EE.UU, que ya experimentan un enfriamiento, se deteriorarán mucho más. Aparte de mantener el equilibrio del arsenal nuclear de Pakistán, ahora los estadounidenses tienen menos incentivos para tener tratos con Islamabad” anotaron. Uno de los nuevos gobernantes de Afganistán es Khalil Haqqani, un líder talibán y aliado de Pakistán que a menudo visitaba los cuarteles generales del ejército pakistaní en Rawalpindi, y que se presentó en Kabul como su nuevo jefe de seguridad, armado con un rifle M4 hecho en los EE.UU. y con un escuadrón de protección vestido con equipo de combate estadounidense procedente de los arsenales que dejaron estos al huir apresuradamente del país. “Gobernar un país devastado por la guerra será una gran prueba y un desafío impresionante, sobre todo porque los talibanes han sido una fuerza beligerante y ninguno de ellos es experto en gobernar”, escribió esta semana Malleeha Lohdi, quien fungió como embajadora de Pakistán ante las Naciones Unidas, en una columna del periódico The Dawn. Pese a que, en apariencia, Pakistán es un aliado de los EE.UU, siempre trabajó para sus propios intereses, que no son precisamente los de Washington. El objetivo de los dirigentes pakistaníes era crear en Afganistán una esfera de influencia para obstaculizar a su archienemigo: India. “El ejército pakistaní cree que Afganistán es un punto estratégico contra Nueva Delhi, que es su obsesión”, señaló Bruce Riedel, exasesor en asuntos de Asia del Sur para los gobiernos de los Criminales de Guerra George W. Bush y Barack Hussein Obama. “EE.UU. alentó a la India para que apoyara al gobierno títere afgano impuesto por Washington en el 2001, lo que exacerbó la paranoia del ejército indicó, quienes siempre habían enfatizado reiteradamente la necesidad de eliminar la presencia india en Afganistán, lo que ahora ha sucedido. No es de extrañar que cuando los diplomáticos indios estuvieron entre los primeros extranjeros en escapar de Kabul, la prensa pakistaní interpretara su salida como una victoria singular. El nexo entre los pakistaníes y el triunfal Haqqani fue incuestionable e indispensable para la victoria de los talibanes, comentó por su parte Douglas London, antiguo jefe de la CIA en la lucha antiterrorista en Asia del Sur y del Oeste. El dirigente del Ejército pakistaní, Qamar Javed Bajwa, y el director del ISI, Hameed Faiz, se reunían con Haqqani “de manera recurrente”, señaló London. Se sabe que, desde hace mucho tiempo, la familia extendida de Haqqani vive en las zonas de Pakistán ubicadas a lo largo de la frontera afgana. Según London, la ayuda de Pakistán abarcó una gama de servicios. Había refugios seguros en las áreas fronterizas de Pakistán, sobre todo en la ciudad de Quetta, que albergaban a los combatientes talibanes afganos y a sus familiares. Los servicios médicos atendían a los combatientes heridos, a veces en los hospitales de Karachi y Peshawar, las ciudades principales. La libertad que tenían los Haqqani en Pakistán para administrar lucrativos negocios de bienes raíces, contrabando y otras actividades mantuvo en marcha su maquinaria de guerra. El ISI también proporcionó activos a los talibanes para elevar su nivel internacional. El líder de los talibanes, Abdul Ghani Baradar, viajó con pasaporte pakistaní para asistir a las conversaciones de paz en Doha, Catar, y para reunirse en Tianjin, China, con Wang Yi, el ministro de Relaciones Exteriores. “Los talibanes afganos no estarían donde están sin la ayuda de los pakistaníes”, comentó London. La pregunta que muchos se hacen es que si podrán administrar su victoria o al final, termine volviéndose contra ellos :)
Estaba al caer y ha caído. En efecto, tenemos ante nosotros al Google Pixel 5a con 5G, el terminal que coge el testigo del Pixel 4a que se presentó hace casi un año y que representa una versión algo más económica del Pixel 5 que también salió por ese tiempo. Al respecto, los rumores y filtraciones sobre este nuevo terminal eran ya numerosos, pero por fin tenemos imágenes y especificaciones oficiales para un Pixel que sobre todo destaca por la batería de mayor capacidad de los móviles de Google hasta la fecha. Los rumores ya nos habían permitido conocer el aspecto de un Pixel 5a (con 5G) que sigue las mismas líneas de sus antecesores, y en especial del Pixel 5 del que "bebe" muchas de sus características tanto externas como internas. Estamos ante un terminal que es mayor que el Pixel 5 (6,34 pulgadas frente a 6) y que también pesa más (183 g frente a 153 g), pero es ahí donde entra una de las grandes novedades de este modelo, que renuncia a algo de delgadez y peso para integrar una batería de 4.680 mAh que teóricamente dará más margen de maniobra en autonomía. El diseño destaca por esa simetría de los marcos y el característico agujero en pantalla para la cámara selfie, que está situado en la parte superior izquierda de ese frontal. En la trasera encontramos un discreto módulo de cámaras cuadrado que parece hasta exagerado para los dos pequeños sensores que encierra, y a los que acompaña el flash. El lector de huella dactilar en la parte trasera vuelve a ser seña de identidad en esa parte, mientras que en la parte baja de esa trasera nos encontramos con la pequeña "G" que deja claro la procedencia de este smartphone. Google, por cierto, ha mantenido el conector de auriculares, una buena noticia para un terminal que además cuenta con el habitual puerto USB-C para la carga y transmisión de datos. La sensación con este Pixel 5a es que llega algo tarde en todos los sentidos, ya que en esencia es un Pixel 5 con un pequeño aumento de diagonal de pantalla. El terminal mantiene el mismo SoC (Snapdragon 765G), una pantalla OLED con tasa de refresco de 60 Hz, 6 GB de RAM (eran 8 en el Pixel 5) y 128 GB de capacidad. Además de la diagonal algo mayor, este Pixel 5a gana algo en resistencia con la certificación IP67 y sobre todo con la citada batería, un 20% mayor que la que tenía por ejemplo el Pixel 4a. Las cámaras se mantienen idénticas a las que nos había planteado el Pixel 5: contamos con un sensor principal de 12,2 Mpíxeles y apertura f/1.7 que se ve acompañado por un ultra gran angular de 16 Mpíxeles que debutó el año pasado. Ambos sensores permiten aprovechar todas las opciones de las cámaras de los Pixel, incluida la astrofotografía, el modo Night Sight y ese nuevo modo Portrait Light para darle una vuelta a las fotos de retrato que sacamos. Cabe destacar que la disponibilidad de este Google Pixel 5ª desde el pasado 26 de agosto estará restringida de momento a EE.UU. y Japón, a un precio de 449 dólares, lo que suponen 50 dólares menos que el precio de venta con el que se lanzó su antecesor, el Pixel 4a 5G :)
El 30 de agosto de 2019, el astrónomo aficionado Gennadiv Borisov detectó el primer cometa extrasolar del que tenemos conocimiento hasta la fecha. Recibió el nombre de 2I/Borisov y se determinó que viajaba a más de 120 000 km/h con un tamaño que estaría entre 1,4 y 6,6 km. Borisov fue el segundo objeto interestelar detectado en las inmediaciones de nuestro sistema solar. El primero como sabéis, fue el famoso asteroide Oumuamua, detectado en 2017 y que supuso un auténtico revuelo en la comunidad científica. Ahora, un artículo publicado en la revista Monthly Notices of the Royal Astronomical Society sugiere que estos visitantes interestelares podrían ser mucho más frecuentes de lo que pensamos pero, simplemente, carecemos de la tecnología adecuada para detectarlos. Los autores basan estas conclusiones en una serie de cálculos que muestran que en la Nube de Oort, una capa de pequeños fragmentos de hielo situada en el límite de nuestro sistema planetario, los objetos interestelares podrían superar en número a aquellos que pertenecen a nuestro sistema solar. “Antes de la detección del primer cometa interestelar no teníamos idea de cuántos objetos de ese tipo había en nuestro sistema solar, pero la teoría sobre la formación de sistemas planetarios sugiere que debería haber menos visitantes que residentes permanentes”, explica Amir Siraj, investigador del Centro de Astrofísica Harvard & Smithsonian y autor del trabajo. Los cálculos fueron realizados a partir de las conclusiones extraídas de Borisov, y contienen incertidumbres significativas, pero los autores consideran que, aun tomándolas en cuenta, los visitantes interestelares prevalecerían sobre los objetos nativos. La citada Nube de Oort se encuentra a entre 0,03 y 0,75 años luz de nuestro Sol, y sus objetos no emiten luz propia, por lo que estos ‘escombros’ que se acumulan en los confines de nuestro sistema solar son muy difíciles de detectar. Los autores recuerdan que continuamente se están descubriendo asteroides que luego no son analizados ni reciben seguimiento año tras año. “Creemos que son asteroides, pero los perdemos sin mirarlos al detalle” asevero. Muchos de estos, a la luz del nuevo trabajo, podrían ser también visitantes estelares. “Los objetos interestelares en la región planetaria del sistema solar deberían raros, pero nuestros resultados muestran claramente que, en los tramos oscuros de la nube de Oort, son más comunes que el material del sistema solar", indican los autores, que confían en que las observaciones con tecnología de próxima generación ayuden a confirmar sus cálculos. Por ejemplo, el lanzamiento del Observatorio Vera C. Rubin, programado para el 2022, podría ayudar a detectar muchos más visitantes como Borisov. El Censo Automatizado de Ocultaciones por objetos Transneptunianos (TAOS II), que está diseñado específicamente para detectar cometas en los confines de nuestro sistema solar y que se espera que estén funcionando a finales de año, podría ayudar a localizar a alguno de estos transeúntes. “La abundancia de objetos interestelares en la nube de Oort sugiere que quedan muchos más restos de la formación de sistemas planetarios de lo que se pensaba anteriormente”, ha explicado Siraj. “Nuestros hallazgos muestran que los objetos interestelares pueden imponer restricciones interesantes en los procesos de formación del sistema planetario, ya que su abundancia implícita requiere que se expulse una masa significativa de material en forma de planetesimales”, indica el experto. “Junto con estudios observacionales de discos protoplanetarios y computacionales acerca de la formación de planetas, el estudio de los objetos interestelares podría ayudarnos a descubrir los secretos de cómo se formaron tanto el nuestro como otros sistemas planetarios” puntualizó :)
Luego de 20 años y miles de millones de dólares dilapidados en armas para sostener a un régimen colaboracionista impuesto tras la invasión del 2001, la humillante derrota estadounidense en Afganistán a manos de los talibanes ha sido peor que la aventura soviética de 1979 ¿cómo se ha podido llegar a eso? ¿Existe un culpable para tamaña vergüenza? ¿Quién es el responsable? Todos lo conocen y se encuentra en la Casa Blanca: su nombre es Joe Biden. Como sabéis, este discapacitado físico y mental manejado desde las sombras por The Deep State, a modo de excusa dio un lamentable discurso en la Casa blanca, donde culpo a todos - menos a si mismo obviamente - por la debacle en curso en el país centroasiático. Escuchar sus argumentos deleznables para evitar su responsabilidad fue algo despreciable e insultante ya que sus mentiras y distorsiones sobre la construcción de una nación y el contraterrorismo eran un cumulo de falsedades del mayor calibre. Fue un discurso elaborado por quienes realmente manejan el poder en los EE.UU. que tenía la intención de distorsionar la realidad, ocultando groseramente la verdad: "Siempre le prometí al pueblo estadounidense que sería sincero contigo" dijo de la forma más cínica posible para empezar. El hecho de que Biden pronunciase esa frase sin vergüenza alguna subraya la naturaleza decrépita de la política estadounidense actual, porque además de reconocer que la situación sobre el terreno en Afganistán se desarrolló "más rápido de lo que habíamos anticipado", nada de lo que dijo podría interpretarse como algo sincero. “Fuimos a Afganistán hace casi 20 años con objetivos claros, atrapar a los que nos atacaron el 11 de septiembre del 2001 y asegurarnos de que al-Qaeda no pudiera usar Afganistán como base desde la cual atacarnos nuevamente. Hicimos eso. Degradamos severamente a al-Qaeda en Afganistán. Nunca abandonamos la búsqueda de Osama Bin Laden y lo atrapamos. Eso fue hace una década" asevero... Venga ya, tantas mentiras en tan pocas palabras. Lo que Joe Biden no dijo es que EE.UU. desde el principio, fusionó a Al Qaeda con los talibanes y, como tal, la guerra tenía otros objetivos bien definidos que no tenían nada que ver con un imaginario Osama Bin Laden, creado por la CIA para culpar a alguien del operativo de falsa bandera montado en New York para “justificar” su intervencionismo en el Medio Oriente buscando apoderarse de sus inmensos recursos de gas y petróleo, colocándolos bajo control de compañías estadounidenses, como sucedió en Irak. Basta con leer los relatos de la fase inicial de la invasión militar estadounidense en Afganistán, el 8 de octubre del 2001, para darse cuenta de que la guerra desatada estaba dirigida a los talibanes que a la fantasmal Al Qaeda. Además, al no haber “matado” a Bin Laden - en Tora Bora en diciembre del 2001, ni haber destruido a Al Qaeda durante la Operación Anaconda , en marzo del 2002, EE.UU. se desatendio de Afganistán , para comenzar los preparativos para la invasión y ocupación de Irak, que era desde el comienzo su verdadero objetivo. Si bien es cierto que posteriormente EE. UU. hizo un paripé anunciando la “localización” y posterior “muerte” de Osama Bin Laden en mayo del 2011 (venga ya, ¿cómo se puede “matar” a alguien que nunca existió?), el hecho de que las Fuerzas de Operaciones Especiales de EE. UU. y los grupos paramilitares de la CIA continuaron librando una campaña “antiterrorista" difícil y cada vez más sangrienta luego de esa farsa preparada, subraya la realidad de que nada había cambiado y que su presencia en Afganistán no garantizaba que el régimen títere podría seguir manteniéndose en el poder, ya que con el paso de los años, los talibanes crearon todas las condiciones para recuperar lo perdido. Y vaya que lo lograron. “Nunca se suponía que nuestra misión en Afganistán hubiera sido la construcción de una nación. Nunca se suponía que iba a crear una democracia centralizada unificada" agrego Biden en su discurso, cuando lo cierto es que en el 2001 dijeron todo lo contrario cuando invadieron y ocuparon el país. Cuando una nación invade y ocupa a otra, en el proceso de eliminar a un gobierno considerado hostil y reemplazarlo por otro servil a sus intereses, está, por definición, comprometida en la construcción de la nación. Dejando a un lado la semántica, el hecho es que el corazón y el alma de la misión del ejército estadounidense en Afganistán se definieron por el trabajo de los denominados Equipos Provisionales de Reconstrucción. Sus tareas fueron levantar todo lo que ellos destruyeron que podía serles útil, desbaratando el mundo de fantasía revisionista que Biden y sus asesores han construido para “justificar” su contundente derrota. Biden puede haber estado personalmente en contra de embarcarse en esfuerzos de construcción de la nación cuando era vicepresidente, pero el hecho es que la construcción de la nación era la misión principal de EE.UU. en Afganistán, una verdad que el inquilino de la Casa Blanca ahora no puede borrar simplemente declarando “que nunca lo fue”. Vaya mentira. “Llevamos a cabo misiones antiterroristas efectivas contra grupos terroristas en varios países donde no tenemos presencia militar permanente. Si era necesario, hicimos lo mismo en Afganistán. Hemos desarrollado la capacidad de lucha contra el terrorismo que nos permitió mantener la vista fija en las amenazas directas a los EE.UU. en la región y actuar con rapidez y decisión si es necesario" agrego al borde del delirio. Cualquiera que afirme ello no sabe nada sobre la lucha contra el terrorismo. Al final del día, la verdadera lucha contra el terrorismo es un esfuerzo intensivo en humanos , que requiere la capacidad de entremezclarse con la masa de la humanidad en la que operan los elementos objetivo, y de explotar esta humanidad para obtener inteligencia que no solo lleve a la neutralización de un objetivo determinado, pero, lo que es más importante, la degradación de la capacidad de los afiliados al objetivo para operar y reconstituir la capacidad perdida representada por la neutralización en cuestión. Esto no sucede simplemente volando un drone repleto de dispositivos electrónicos y cámaras sobre un área objetivo y disparando una munición guiada de precisión en un punto específico del suelo. Biden ha pasado gran parte de su carrera política reciente defendiendo una estrategia antiterrorista que no tiene base alguna en la realidad. Cualquier veterano agente contraterrorista de la CIA con experiencia en el terreno en Afganistán sabe que ello no es cierto. Además, que Biden insiste en proclamar que los EE.UU. “hace esto en otros lugares”, sin reconocer el papel desempeñado por los activos de inteligencia estadounidenses en el terreno, demuestra que es un ignorante. Qassem Soleimani, el general iraní responsable de las operaciones de guerra no convencionales de Irán, fue asesinado por un misil disparado por un drone estadounidense según confesión de del propio Trump. Pero todos los demás aspectos de ese asesinato selectivo de quien acabo con ISIS (organización terrorista creada por la CIA como lo fue Al Qaeda) estaban relacionados con la inteligencia humana, incluida la presencia de equipos militares encubiertos de EE.UU. en el terreno para completar esa misión en caso de que los misiles hubieran fallado. Hay un viejo refrán que dice algo como esto: "no se puede resolver un problema a menos que primero se defina con precisión". Pero al exponer el desafío que enfrenta EE.UU. en Irak, Joe Biden mintió deliberadamente a la hora de definir la desastrosa experiencia estadounidense en Afganistán. Por malos que fueran sus engaños sobre la construcción de una nación y la lucha contra el terrorismo, guardó su mayor insulto para las fuerzas militares y de seguridad afganas, a la que armo hasta los dientes, pero que a la hora final se negaron a combatir a los talibanes, huyendo precipitadamente y dejando en su fuga abandonados a su suerte miles de millones de dólares en sofisticado armamento proporcionado por Washington. "Las tropas estadounidenses no pueden ni deben luchar en una guerra y morir en ella mientras las fuerzas afganas no están dispuestas a luchar por sí mismas" expresó. Es indudable que la eficacia de la misión “de entrenamiento” de los EE.UU. en Afganistán será objeto de un intenso debate durante los próximos años, y muchos pensaron que estaba destinado al fracaso desde el principio. Puede que esto sea cierto. Pero la realidad es que el ejército afgano luchó y murió durante 20 años luchando contra los talibanes. Casi 60.000 soldados y policías afganos perdieron la vida en combate durante la guerra que EE.UU. desarrollo allí. Cientos de miles más resultaron heridos. Estas cifras no incluyen las bajas sufridas en la última ronda de combates. Sí, EE.UU. entrenó una fuerza permanente de unos 300.000 afganos aparentemente organizados y equipados para librar la guerra contra los talibanes, sin embargo, la realidad es que la gran mayoría de estas tropas estaban mal entrenadas, mal equipadas y mal dirigidas. Habrían sido vitales de seguir estando respaldados por las fuerzas especiales de élite estadounidenses o de la OTAN para enfrentarlos, pero tras la apresurada retirada de esas tropas y quedarse solos en el campo de batalla, se desvanecieron a la primera señal de adversidad. No es de sorprender por ello el meteórico avance de los talibanes que tomaron Kabul y el resto del país sin combatir, cuando inicialmente se preveía que al menos la guerra se prolongaría por otros tres meses. Pero todo acabó en cuestión de días. EE.UU. entrenó a decenas de miles de comandos de élite, organizados como fuerzas militares (dependientes del Ministerio de Defensa) o paramilitares (dependientes del servicio de inteligencia afgano). Estas unidades participaron en combates extremadamente intensos contra los talibanes y, como resultado, sufrieron un gran número de bajas. Reemplazar a un soldado afgano conscripto no es difícil; reemplazar un comando afgano endurecido por el combate es virtualmente imposible. Cuando EE.UU. inicio su fuga de Afganistán, dejaron a estas fuerzas de élite solas para luchar contra los talibanes. Al carecer del apoyo logístico estadounidense, estas fuerzas se vieron aisladas, sin comida, agua y municiones, por lo que desertaron en masa. Lo mismo sucedió con el ejército regular afgano que se desvaneció sin luchar y ahora con sus familias buscan desesperadamente abandonar el país ya que saben que la venganza de los talibanes será terrible. Últimas informaciones dan cuenta que una vez que tomaron Kabul, los terroristas se han dado a la tarea de buscar casa por casa a los colaboracionistas que no han podido escapar, intimándolos a entregarse pacíficamente o sus familias “sufrirían las consecuencias” pero lo cierto es que tantos ellos como sus seres queridos están desapareciendo al estar todos incluidos en una lista negra. El terror se ha desatado sobre Afganistán. Es por ello que Joe Biden no siga engañando a los estadounidenses y reconozca que su papel en la debacle estadounidense es más que despreciable. Seguir mintiendo por ello es literalmente, una conducta impropia de un comandante en jefe, pero si de un cobarde :(
Luego de lanzar el Sony Xperia 10 III el pasado mes de abril, Sony ha decidido darle un hermanito con especificaciones más modestas y el apellido Lite. Su nombre es Sony Xperia 10 III Lite y, por el momento, el terminal se queda en Japón, tierra natal de Sony. El smartphone conserva la ya clásica pantalla 21:9 que Sony lleva años implementando en sus móviles. También comparte gran parte de su ficha técnica con el Sony Xperia 10 III, siendo las principales diferentes la capacidad de almacenamiento interno, la pérdida del soporte para radio FM y la compatibilidad con eSIM. Como indicábamos anteriormente, el Sony Xperia 10 III Lite es muy parecido al Sony Xperia 10 III. Los terminales tienen el mismo acabado en la parte trasera, de forma que encontramos una espalda muy limpia con el módulo de cámaras en la esquina superior izquierda. El lector de huellas, como viene siendo costumbre, está en el lateral derecho integrado en el botón de inicio. La pantalla es un panel OLED Triluminos Display de seis pulgadas con resolución FullHD+ (2.520 x 1.080 píxeles), lo que se traduce en 457 píxeles por pulgada aproximadamente. Está protegida por Gorilla Glass 6y, según Sony, es capaz de reproducir hasta mil millones de colores. También es compatible con contenido HDR. Bajo el capó encontramos un procesador Snapdragon 690 5G, que es de los más recientes de Qualcomm para esta gama. Dicho procesador incorpora ocho núcleos a una velocidad máxima de 2 GHz y una GPU Adreno 619L. Es el mismo procesador que el Xperia 10 III Lite. La RAM es de 6 GB, pero el almacenamiento interno baja de los 128 GB del Xperia 10 III Lite a 64 GB, si bien es cierto que se puede ampliar con tarjetas microSD. La cámara también es exactamente la misma, por lo que tenemos un sensor principal de 12 megapíxeles, un gran angular de ocho megapíxeles y un telefoto con zoom óptico de dos aumentos de ocho megapíxeles. Es curioso, desde luego, que un terminal de este precio tenga telefoto. Los selfies, por su parte, quedan en manos de una cámara de ocho megapíxeles. También tenemos la misma batería (4.500 mAh con carga rápida de 30W), el mismo sistema operativo y todo lo relacionado con la conectividad, salvo por dos cosas: el Xperia 10 III Lite no tiene radio FM, pero gana soporte para eSIM. Por lo demás, exactamente el mismo móvil. En cuanto a su coste y disponibilidad, el Sony Xperia 10 III Lite ha sido lanzado en Japón a través de diferentes retailers como Rakuten Mobile o Mineo. En Japón estará a la venta a partir del 27 de agosto con un precio de lanzamiento de 46.800 yenes, unos 365 euros al cambio. Cabe destacar por último, que solo se podrá conseguir en una versión de 6/64 GB en color blanco, negro, azul y rosa :)
Tenemos un nuevo Quake. O al menos, uno mejorado. En efecto, 25 años han pasado desde el lanzamiento de Quake, el título de Id Software distribuido por Bethesda. Mucho tiempo, sin duda, para un juego de culto que ahora está de vuelta y que ha sido actualizado para seguir ofreciendo acción, disparos y gore old-school en los equipos de nueva generación. Y es que Bethesda, durante la QuakeCon, acaba de anunciar el lanzamiento de Quake Enhanced Edition. Se trata de una importante mejora con respecto al Quake original que ya está disponible en PC, Xbox One, Xbox Game Pass para consola y PC, PS4 y Nintendo Switch, además de en Xbox Series X|S y PlayStation 5 mediante retrocompatibilidad. No solo eso, sino que las versiones de Xbox Series X|S y PS5, que llegarán más adelante mediante una actualización gratuita, contarán con 4K a 120 FPS nativos (siempre y cuando tengamos un televisor / monitor capaz con la tecnología necesaria para aprovechar estas ventajas, obviamente). Quake Enhanced Edition, nos lleva a la historia original. Somos un Ranger armado hasta los dientes y tenemos que encontrar las cuatro runas que nos darán el poder para derrotar al mal que amenaza a toda la humanidad. Todo ello, como podéis imaginar, mientras reventamos a todo tipo de criaturas en el camino. El título incluye el juego original, los dos packs de expansión 'The Scourge of Armagon' y 'Dissolution of Eternity' y las expansiones 'Dimension of the Past' y la inédita 'Dimension of the Machine'. Pero además de todo eso, ¿en qué se ha mejorado 'Quake'? Por un lado, se ha implementado la resolución 4K y el soporte para pantallas anchas. Por otro lado, se han mejorado los modelos, se ha añadido iluminación dinámica y coloreada, anti-aliasing, profundidad de campo y, en el caso de Switch y PlayStation, apuntado mediante giroscopio. El juego nos permitirá además completar la campaña original y las expansiones en modo cooperativo con hasta cuatro jugadores online (hay juego cruzado) o en pantalla partida. También podremos jugar en partidas de hasta ocho jugadores online o cuatro en pantalla dividida local para matarnos entre nosotros. Desde Bethesda señalan que Quake Enhanced Edition incluye servidores dedicados para partidas online y compatibilidad con P2P para partidas personalizadas. ¿Y cuánto vale todo esto? Solo 9,99 euros. Es más, si tenemos Game Pass podemos jugar gratis en consolas y PC. La versión nativa para PS5 y Xbox Series X|S se lanzará más adelante y se podrá actualizar gratis. El mítico Quake está más vivo que nunca. Ahora puedes probarlo con la mejor versión posible si nunca lo has jugado, o recordar los viejos tiempos con este nuevo Quake remasterizado :)