En un claro intento de provocación a China, Donald Trump acaba de anunciar tres importantes acuerdos de armas con Taiwán, ofreciéndole avanzados sistemas de ataque, lo cual como es obvio, ha provocado la furia de Beijing, quien ha prometido responder militarmente a Washington por inmiscuirse en sus asuntos internos, ya que considera a la isla como “una provincia rebelde”. En efecto, el anuncio del acuerdo entre Washington y Taipei sugiere un movimiento deliberadamente calculado por parte de la Casa Blanca para antagonizar deliberadamente con China. Al fin y al cabo, tanto el candidato republicano como su rival demócrata han estado discutiendo sobre quien puede mostrarse más duro con Beijing para atraer votos de los sectores que se muestran indecisos. Por lo tanto, irritar a China influiría en el cálculo electoral de Trump. Con unas encuestas de opinión que muestran que pierde terreno frente a Biden a solo tres semanas de la votación, parece que el titular de la Casa Blanca ha decidido ir a por todas, con el objetivo de aumentar sus posibilidades de reelección en noviembre. Anunciar asimismo una acelerada retirada de sus tropas de Afganistán, así como promocionar un acuerdo de armas nucleares con Rusia (descartado por Moscú como exagerado), parece ser parte de un último esfuerzo para conseguir votos. Pero el anuncio de la venta de armas ofensivas a Taiwán está llevando la campaña electoral a niveles imprudentemente peligrosos. Trump puede apostar a que China amenaza con tomar acciones, pero luego se hace la vista gorda, lo cual le permitiría obtener ganancias políticas sin ningún daño real, como comenzar una guerra. Sin embargo, ello conlleva riesgos que no están siendo debidamente analizados ya que todo tiene su límite y si cruza determinadas líneas rojas - como reconocer la “independencia” de la isla - ya no va a haber vuelta atrás. Como sabéis, EE.UU. ha estado usando a Taiwán como la excusa perfecta para enfrentarse a China durante demasiado tiempo y con mayor incidencia desde la llegada de Trump a la Casa Blanca, quien primero desato una guerra comercial por el tema de los aranceles y luego intenta disputarle el control del estratégico Mar Meridional - que Beijing considera suyo - a lo que debemos agregar el recrudecimiento de las tensiones en sus fronteras con la India, estimulada por Washington. No es de extrañar por ello que los últimos acuerdos de armas anunciados demuestran la determinación de la Casa Blanca de agravar a toda costa sus relaciones con el gigante asiático, que esta camino a convertirse en la superpotencia mundial del siglo XXI mientras que a su vez, el declive estadounidense es irreversible. Cabe destacar que las medidas de Trump para aumentar el suministro de sistemas de armas ofensivas a Taiwán no tienen precedentes. Desde que Washington rompió formalmente sus lazos con Taiwán en 1979, como parte de su política de “Una China” para aplacar los reclamos territoriales de Beijing, las administraciones anteriores limitaron las ventas de armas a la isla separatista a armamentos "defensivos”. Sin embargo, bajo Trump, Washington ha señalado que está abandonando su anterior política para avanzar explícitamente hacia el apoyo a Taiwán y su posición separatista. La venta de misiles ofensivos, torpedos, minas antibuque y cazas F-16 a Taiwán solo durante el año pasado, le está haciendo saber a China que EE.UU. esta dispuesta a respaldar a la isla en caso de estallar un enfrentamiento armado con el continente, una amenaza que Beijing no esta dispuesta a pasar por alto. En los últimos meses, Trump envió a los más altos funcionarios estadounidenses en visitas de alto perfil a Taiwán desde 1979. El mes pasado, Kelly Craft, la embajadora estadounidense ante la ONU, declaró su apoyo a que Taiwán tenga representación oficial en el organismo mundial. Esos reconocimientos estatales de alto nivel han coincidido con el envío de Washington de poderosas fuerzas militares al Estrecho de Taiwán en forma de buques de guerra y bombarderos B-52 con capacidad nuclear. China se ha enfrentado a estos movimientos de provocación, aumentando considerablemente sus tropas al otro lado del estrecho, en una clara demostración de fuerza para apuntalar su derecho autodeclarado a retomar Taiwán, que Beijing considera una provincia renegada desde la victoria comunista en la guerra civil de 1949, cuando la facción nacionalista del Kuomintang se exilió allí bajo “protección” norteamericana y desde entonces ha podido mantenerse a salvo, rechazando cualquier “reunificación” solicitada por Beijing incluso si pueda mantener su sistema político por determinado periodo de tiempo, como sucede con Hong Kong y Macao. Pero cualquier intento de independizarse ha sido durante años rechazado enérgicamente por China, quien recientemente ha vuelto a advertir que no tolerara cualquier intento separatista de Taipei, “ya que ocuparía la isla en tres días y EE.UU. no podría hacer nada para detenerlos”. Esta claro por ello que la abierta hostilidad contra China generada en Washington es una posición bipartidista adoptada tanto por republicanos como por demócratas. Eso significa que las ventas de armas ordenadas por Trump para Taiwán probablemente serán aprobadas, sin importar quién gane la contienda presidencial del 3 de noviembre. También hay al menos otros cuatro paquetes de armas importantes que, según se informa, están en proceso para ser otorgadas en una etapa posterior. Por cierto, el establecimiento de la política exterior de EE.UU. y el Pentágono, como se ve en varios documentos de planificación en los últimos años, han apuntado a China como una gran potencia rival. El antagonismo al que Trump ciertamente ha prestado su peculiar personalidad no desaparecerá incluso si pierde las elecciones el próximo mes. Aumentar por ello la venta de armas a Taiwán no es simplemente una táctica electoral que Trump podría calcular que lo beneficia. Es parte de una dinámica creciente de beligerancia desde Washington hacia Beijing. Ya sea Trump o Biden sentados en la Casa Blanca, eso no alterara el curso de colisión desastroso que EE.UU. está trazando hacia China basándose en las presuntas prerrogativas imperialistas del primero y con mayor razón cuando por todos es sabido que la Pax Americana ya es cosa del pasado. Pero ello lo hace más peligroso. Es por ese motivo que en un presagio de los tiempos turbulentos en que vivimos, el ‘emperador’ chino, Xi Jinping, acaba de advertir a sus marines de combate a que se preparen “para la guerra en defensa de la soberanía de la nación”. El mandatario destacó que los marines son una unidad de élite que tiene por objeto proteger la soberanía, la seguridad, la integridad territorial y los intereses del Estado en el extranjero. “Es necesario preservar el liderazgo absoluto del Partido sobre el Ejército, observar plenamente la estricta disciplina del Partido y del Ejército, garantizar la lealtad absoluta del Ejército, su impecabilidad y fiabilidad",subrayó Xi Jinping. Además, llamó a desarrollar las mejores tradiciones para transferir el "gen rojo" a las generaciones futuras, para formar una cultura de un tipo especial de tropas, para cultivar una moral que no tema a las dificultades y a la muerte, y para proporcionar al Ejército el "poder del tigre" un lema de combate utilizado por Mao Tse Tung en su guerra contra Japón y los nacionalistas del Kuomintang, a quienes venció completamente, instaurando la Republica Popular China. Siguiendo esa misma línea abiertamente confrontacional, Hu Xijin, editor en jefe del diario ultranacionalista chino Global Times - conocido por sus posiciones extremistas - abogó esta semana por dar un castigo decisivo a las fuerzas separatistas en Taiwán. “La única forma de avanzar es que el continente se prepare por completo para la guerra y dé a las fuerzas secesionistas de Taiwán un castigo decisivo en cualquier momento”, escribió el periodista en una columna. Hu advirtió que Beijing podría revocar el actual estatus de Taiwán - basado en “un país dos sistemas” como el que aplica a Hong Kong y Macao - si se incrementan las actividades secesionistas en la isla. “Cuantos más problemas creen los dirigentes taiwaneses, más rápido tenemos que darles una lección”, alertó. “Seguiremos firmes en la salvaguarda de la soberanía e integridad territorial de China y nunca toleraremos ningún plan o actividad separatista para la independencia de Taiwán” puntualizo. Ahora bien, la reciente postura militar de China hacia Taiwán ha llevado a algunos observadores a temer que una invasión pudiera ser inminente. Pero, ¿valdría la pena arruinar el actual status quo?. Beijing señala que su política de “Una China”, reconocida por las Naciones Unidas desde 1971, significa que solo existe un gobierno legítimo para todo el país. Ha insistido en que la reunificación “pacífica” será el siguiente paso e instó a otros países a respetar su posición. Por otro lado, muchos en la propia isla ahora abogan por una identidad separada y están contentos con su “independencia de facto”, una posición que Washington ha respaldado durante mucho tiempo y que está intensificando para disuadir a China. Beijing ve la legitimación de ese intento separatista como una grave amenaza a su soberanía, por lo que ha intensificado las demostraciones de su poderío militar para intimidar a Taipei. Pero, ¿podría estallar la guerra y ser invadida formalmente? Si bien el equilibrio de poder en el Estrecho de Taiwán se está inclinando cada vez más a favor de China, semejante posibilidad llevaría al país a una guerra con los EE.UU. y resultaría destructivo para su propia economía y el mundo en general. Pero podría arriesgarse a ello, más aun cuando se trata de la integridad de su territorio, el cual no volvería a ser mancillado como en el pasado. En consecuencia, su actividad militar alrededor de la isla debe entenderse como una forma de disuasión para obligar a otros países a tomar en serio sus reclamos soberanos y atenerse a las consecuencias. Washington, por otro lado, se complace en alentar la escalada, no solo para obligar a China a una confrontación, sino también porque Taipei ofrece grandes ganancias para el complejo industrial militar. Aunque China ha sostenido constantemente “que usará la fuerza” si es necesario para reunificarse con la isla, el actual status quo ha seguido prevaleciendo, debido a que Taipei recibe el respaldo militar de Washington. Si bien EE.UU. "reconoce" oficialmente la política de Una China y no mantiene vínculos "oficiales" con Taiwán, ha mantenido una importante relación estratégica con la isla para disgusto de Beijing. Pero con la intensificación de las tensiones entre ambas potencias nucleares, la actual situación puede cambiar peligrosamente y degenerar en una guerra abierta con consecuencias devastadoras para todos. No cabe duda que EE.UU. esta jugando con fuego ... y que se puede quemar :)
Como sabéis, este 10 de noviembre llegarán las dos esperadas consolas al ecosistema de Xbox, la Xbox Series X y Xbox Series S. Precisamente, por estos días estamos siendo testigos de una gran cantidad de información de la más potente, la Xbox Series X (de la cual por cierto, ya nos ocupamos en su momento) pero no tanto de la Series S, que se diferencia del primero tanto en el color - es blanco - sino también por su menor tamaño. Al respecto, Phil Spencer en una entrevista a Kotaku ha dejado grandes perlas sobre la Xbox Series S. Se trata de una apuesta a largo plazo y un hardware que tiene un perfil de usuario muy concreto. Pero entre las cuestiones que ha descubierto, asegura que la Xbox Series S ofrece tiempos de carga menores que Xbox Series X. En efecto, una de las cuestiones que hemos visto en las últimas semanas es la que hace referencia a los tiempos de carga de Xbox Series X. Su disco duro de última generación y el Xbox Velocity Architecture, son tecnologías que rebajan estos tediosos tiempos de carga, y de espera, a mínimos históricos. Ahora bien, al no tener que manejar la misma resolución, la Xbox Series S ofrece tiempos de carga menores que Xbox Series X. De esto se hace eco el insider Shinobi, entre otras cuestiones de la entrevista. Y es que no tiene que cargar texturas tan grandes y eso permite que la cantidad de datos que se transfieren sea menor. Dado que la diferencia entre el ancho de banda de ambas consolas no es tan grande, Phil Spencer asegura que los juegos en Xbox Series S tardan menos en ser cargados. Entre todo ese conflicto que surgió por las especificaciones de Xbox Series S, tras haberse resuelto, en cierto modo, por el menor requerimiento que supone ejecutar juegos a un máximo de 1440p, y optando en muchos casos por 1080p, la confianza en este producto es mayúscula. Pero la realidad es que las cifras de reserva están ahí, donde Xbox Series X es la consola que actualmente ha suscitado mayor interés. Su potencia y capacidad para ejecutar juegos a 4K es lo que más busca el usuario tipo que quiere dar el salto de generación. Pero del mismo modo que sucede ahora, no todos tienen televisiones 4K o no todos priorizan la resolución. Ante el precio que ofrece Xbox Series S, sin lugar a dudas va a ser un producto que tiene su atractivo, sobre todo considerando toda la infraestructura del ecosistema de Xbox, con Xbox Game Pass. En cuanto a su coste y disponibilidad, ambas consolas llegaran el 10 de noviembre y la diferencia estará en el precio, ya que la Xbox Series X será ofrecida por 499€, mientras que la Xbox Series S estará a la venta por 299€. Una apuesta por la diversidad, pensando en esos usuarios que no quieren gastar de más por funciones que no usarán, sabiendo que también encontrarán una experiencia de nueva generación en la Xbox Series S :)
Como sabéis, la Unión Europea ha fijado el 2050 como la fecha límite para lograr la neutralidad de carbono -esto es, equilibrar la cantidad de CO2 liberada con la capturada de forma natural- un objetivo que China, el país más contaminante del mundo, se ha comprometido alcanzar en el 2060. Con esas metas a la vista, la aviación comercial es uno de los sectores económicos que más rápido tienen que reinventarse para cumplir los objetivos de cero emisiones. Precisamente, la compañía aeronáutica europea Airbus ha sido la primera en dar el paso con la presentación de los prototipos ZeroE, unos aviones comerciales impulsados por íntegramente con hidrógeno. En efecto, la empresa ha revelado tres apuestas para alcanzar su objetivo de cero emisiones dentro de tan solo 15 años, esto es, en el 2035. Cada uno de los proyectos representa un enfoque distinto en función de la tecnología aplicada. Dos de los tres nuevos aviones se basan en modelos existentes: reactores y turbohélices, y un tercero denominado ‘cuerpo de ala mixta’, en el que las alas se fusionan con el cuerpo principal de la aeronave. Todos ellos se basan en el hidrógeno como fuente de energía primaria, una opción que la compañía considera prometedora como alternativa limpia al queroseno contaminante que propulsa las actuales aeronaves.“Este es un momento histórico para el sector de la aviación comercial en su conjunto y tenemos la intención de desempeñar un papel de liderazgo en la transición más importante que esta industria haya visto jamás. Los prototipos que presentamos ofrecen al mundo un vistazo de nuestra ambición de impulsar una visión audaz para el futuro de los vuelos sin emisiones”, declaro Guillaume Faury, director ejecutivo de Airbus, quien argumentó que el uso del hidrógeno, tanto en combustibles sintéticos como utilizado como si fuese fuente de energía primaria, tiene un gran potencial en el uso de la aviación comercial. El hidrógeno no es una fuente primaria de energía, como el Sol o el viento, sino un vector de energía, esto es, un producto manufacturado capaz de almacenar energía para liberarla posteriormente de forma gradual. Su uso como fuente de energía para las aeronaves no es una idea nueva, aunque sí lo es su planteamiento para la aviación comercial. El motivo: las dificultades de obtención y almacenamiento del combustible. Para empezar, requiere de hasta cuatro veces más volumen que el combustible convencional, lo que obliga a buscar espacios adicionales (en detrimento de la carga o el pasaje). Además, el hidrógeno líquido - el combustible elegido por Airbus para sus nuevos prototipos - se obtiene a una temperatura de unos -200 grados centígrados, y debe comprimirse a altas presiones, lo que hace necesario el desarrollo de una suerte de 'tanques criogénicos' que deberían colocarse en el interior de la aeronave, con lo que supone habilitar espacios específicos para ello. El diseño y la fabricación de las nuevos aviones - habilitados para albergar desde 120 hasta 200 pasajeros y con autonomía para volar unos 3.700 kilómetros- será sin duda uno de los principales escollos a los que deberá enfrentarse la compañía, aunque no el único. “La transición al hidrógeno como fuente de energía primaria requerirá de un replanteamiento de todo el ecosistema de la aviación comercial, reconoce Faury, quien alega que sólo será posible si se recibe el apoyo suficiente de los gobiernos y los proveedores industriales. Según afirma la propia compañía, para que el cambio sea posible los aeropuertos requerirán de importantes cambios, entre ellos de una nueva infraestructura que permita almacenar y repostar el combustible. Al respecto, un estudio publicado en el 2016 en la revista Science concluía que la demanda de hidrógeno líquido para la propulsión de las aeronaves en el futuro requeriría de una importante adaptación de los aeropuertos, unas infraestructuras que deberían garantizar la producción ‘in situ’ del combustible, lo que conllevaría una importante inversión logística. Además del almacenamiento y distribución de este nuevo combustible, la nueva propuesta de la compañía aeronáutica también deberá garantizar que el hidrógeno empleado también ha sido obtenido de forma limpia. Y es que, aunque su combustión no genera gases de efecto invernadero, para ser totalmente verde, debe ser obtenido íntegramente a partir de energías renovables, una alternativa 100% sostenible, que, sin embargo, es todavía poco común en el mercado :)
Como sabéis, tanto la campaña electoral en los EE.UU. - realizado en medio del caos y la violencia promovida por los demócratas - como la guerra entre Armenia y Azerbaiyán por Nagorno Karabaj e impulsada por Turquía, acaparan por estos días los titulares en la prensa internacional (de los cuales por cierto, ya nos hemos ocupado anteriormente). Pero a ellos se acaba de sumar Kirguistán, que desde el 5 de octubre vive unos tumultuosos acontecimientos que se asemejan mucho a lo que en el 2005 se le dio en llamar la Revolución de los Tulipanes. Ubicado en el Asia Central, Kirguistán, es un país pobre que acumula una larga historia de inestabilidad política, con dos de sus presidentes derrocados por revueltas en los últimos 15 años. El último episodio ocurrió la semana pasada, cuando el controvertido resultado de las elecciones legislativas, en las que triunfaron los partidos favorables al presidente Sooronbay Jeenbekov - Birimdik y Mekenim Kirguistán - llevó a que miles de opositores al gobierno salieran a la calle en Biskek, la capital, reclamando la dimisión del mandatario y la celebración de nuevos comicios. Los resultados fueron anulados el 6 de octubre, pero las protestas continúan. De acuerdo con la tradición de las revoluciones kirguisas, los manifestantes en esta ocasión ocuparon la Casa Blanca - el lugar de trabajo del presidente y los parlamentarios - y prendieron fuego al edificio, al igual que durante la segunda revolución en el 2010. Cabe destacar, que los efectos de las turbulencias políticas se extienden mucho más allá de las fronteras de este pequeño y montañoso país. Sin acceso al mar, casi la mitad del territorio de Kirguistán, que abarca 198.500 kilómetros cuadrados, está a más de 3.000 metros de altitud. El país tiene menos recursos naturales que sus vecinos más prósperos, Kazajistán y Uzbekistán, pero posee grandes reservas de agua, lo que es vital en esta región. Sin embargo, no tiene depósitos importantes de petróleo o gas natural. En consecuencia, Kirguistán es uno de los estados más pobres del Asia Central, surgido tras el derrocamiento de la dictadura comunista y el colapso de la Unión Soviética en 1991, a la cual pertenecía. La otra riqueza de Kirguistán es el oro. La mina de oro de Kumtor, explotada por el grupo canadiense Centerra Gold y propiedad en parte del gobierno de Kirguistán, ha aportado en los últimos años alrededor del 8% del producto interno bruto (PIB). Pero a pesar de las dificultades económicas, políticas y de seguridad creadas por su geografía, Kirguistán, de seis millones y medio de habitantes, gracias a su posición es desde hace mucho tiempo un país estratégicamente importante de Asia Central y una plataforma para la competencia geopolítica entre Moscú, Washington y Beijing. La malsana influencia de los EE.UU. en el país se inicio luego del 2001, cuando comenzó a utilizar la base aérea de Manas, un punto de tránsito que fue clave para las operaciones militares de la OTAN en el cercano Afganistán. El alquiler de esa base fue una fuente importante divisas para el estado. En octubre de 2008, el entonces presidente Bakiyev amenazó con cerrar la base estadounidense, tras aceptar un préstamo ruso. Revocó la decisión cuando Washington acordó más del triple de la renta anual de la base, que fue finalmente cerrada en el 2014. Estos episodios posicionaron a Kirguistán como pieza de un juego de ajedrez entre Rusia y EE.UU., aunque su relación con Moscú se hizo con el paso de los años cada vez mas estrecha en perjuicio de Washington. En efecto, Kirguistán es un aliado cercano de Rusia, del que es principal socio comercial. Además, al menos 623.000 ciudadanos kirguises viven y trabajan en Rusia, según un informe del gobierno ruso publicado en el 2017. Otras cifras no oficiales sitúan el número de kirguises en el país vecino en un millón. La situación de esos migrantes mejoró desde que Kirguistán se adhirió en el 2015 a la Unión Económica Euroasiática dirigida por Moscú. Tanto Jeenbekov, el actual presidente, como Almazbek Atambayev, el ex presidente encarcelado por cargos de corrupción, son considerados prorrusos. Sin embargo, varios analistas están de acuerdo en que el actual desorden en el país no beneficia los intereses del Kremlin y que esta digitada por Washington, tal como sucedió en Ucrania para instaurar un gobierno títere en el 2014 y últimamente en Belarus con el claro objetivo de derrocar a Lukashenko para reemplazarlo por un traidor colaboracionista, el cual tal como ocurrió en Kiev, abriría las puertas del país a la OTAN. Por eso, el gobierno ruso se ha mantenido cauto por el momento y no se ha inclinado por ninguna de las partes en disputa, aunque se dijo sentirse “preocupado” por los disturbios y pidió una resolución legal, mientras se garantice la seguridad de la gente y la estabilidad interna. A ello debemos agregar la creciente influencia china que cada día es más evidente para todos. Como sabéis, Kirguistán se ubica en la Ruta de la Seda, la antigua vía comercial entre China y el Mediterráneo, y en los últimos años se convirtió en un país cada vez más importante para los intereses de Beijing en la región. Si bien Kirguistán es uno de los vecinos más pequeños de China, tanto económica como geográficamente, desde que establecieron relaciones hace 25 años, los dos estados no han parado de fomentar el crecimiento de su relación. La frontera china con Kirguistán, de unos 850 kilómetros, es una de las puertas de entrada de China a Asia Central y una pieza importante del proyecto de la Nueva Ruta de la Seda impulsada agresivamente por Beijing. Por su parte, los kirguisos ven en China un socio y un potencial inversor, tanto para complementar como para equilibrar la influencia rusa. El país está considerando la construcción de centrales hidroeléctricas, lo que lo convertiría en un líder energético en la zona, y en los últimos año se especuló con que Beijing podría ser un inversor interesado en participar; hasta ahora, sin embargo, esos proyectos se vieron frenados por las delicadas negociaciones con los estados situados aguas abajo de sus ríos, que necesitan agua para su agricultura. Pero la influencia china en el país se ha visto obstaculizada por la persecución que sufren las minorías kirguís en Uiguristan (llamado por los chinos Xingiang). Al igual que los uigures, esta minoría musulmana también ha sido detenida en los infames campos de “reeducación” chinos por practicar su religión. De momento, el gobierno de Kirguistán ha adoptado un enfoque cuidadoso sobre el asunto, negándose a condenar las persecuciones de Beijing a sus minorías por el peligro que supondría para las inversiones chinas en su país y que lo necesita con urgencia. Es por ese motivo que a fines de noviembre del 2018, cuando algunos miembros del parlamento kirguiso presionaron para obtener respuestas y los familiares y grupos de la sociedad civil comenzaron a reunirse, el gobierno se mantuvo en silencio. El entonces presidente de Kirguistán, ese mismo Jeenbekov que ahora trata de mantenerse en el poder, se mostró más interesado en cuidar las relaciones comerciales que en abogar por los derechos humanos de sus ciudadanos: “Estamos trabajando a través de canales diplomáticos”, dijo. “En este asunto, debemos tener en cuenta que estamos hablando de los ciudadanos de China. ¿Cómo podemos interferir en los asuntos internos de otro país?” agrego a modo de excusa. Los expertos coinciden en que más allá de quien esté en el poder en Kirguistán, su política exterior cambiará poco. "No tienen muchas opciones, Kirguistán tiene una fuerte dependencia económica con Rusia", declaró Ígor Jmelev, catedrático del departamento de empresas internacionales y aduanas de la Universidad Rusa de Economía Plejánov. Según el experto, un tercio del comercio exterior kirguís corresponde a los países de la Unión Económica Euroasiática, entre ellos Rusia, que representa más del 60%. Además, Kirguistán recibe ayuda financiera rusa. En ese contexto, la única verdadera preocupación de Moscú es la seguridad de sus nacionales residentes en Kirguistán."Esperamos que se garantice la seguridad de los ciudadanos rusos que se encuentran en la República de Kirguistán, así como la protección de las representaciones oficiales, organizaciones y compañías rusas y su propiedad", expresó en un comunicado la Cancillería. "Si la incertidumbre política continúa, afectará indudablemente las inversiones extranjeras directas", advirtió por su parte el vicepresidente adjunto de la agencia de calificación Moody's, Christian Fang. No cabe duda que todo lo que está sucediendo por estos días da la impresión de que la flor de tulipán de la primera revolución kirguisa nunca se ha marchitado y la lucha entre los clanes, específica para ese país asiático, nunca ha terminado :(
Este 13 de Octubre Apple acaba de hacer oficial el esperado iPhone XII. Se trata del modelo intermedio en esta nueva generación iPhone, situándose un paso por encima del iPhone XII mini, pero por debajo de los modelos XII Pro y XII Pro Max. En efecto, el iPhone XII aspira a ser uno de los superventas de Apple, tal y como ya lo consiguió el iPhone XI a base de especificaciones que rozan la primera línea a un precio relativamente ajustado. Este año se repite estrategia y, de nuevo, su modelo intermedio no apuesta por la triple cámara. No obstante, hay un importante (y esperado) salto a nivel de pantalla, y es que el iPhone XII implementa tecnología OLED y resolución Full HD+ (Super Retina XDR) en un panel de 6.1 pulgadas. La conexión 5G también se hace protagonista en este iPhone XII que, sobre el papel, presentará una dura batalla por debajo de los mil euros.Cabe resaltar que el diseño del iPhone XII es similar al que vimos la generación pasada, aunque Apple ha dibujado alguna que otra pincelada con distinto trazo. El primer cambio notable viene de la mano de los marcos, mucho más ajustados ahora tanto en los laterales como en la parte superior e inferior. Como recordareis el año pasado, los iPhone XI tenían bastante más marco que los iPhone XII, debido entre otros a la falta de flexibilidad de los paneles IPS. Ahora, gracias a la implementación de la pantalla OLED el nuevo smartphone de Apple cuenta con un mejor aprovechamiento frontal. En concreto, según los datos de Apple, el iPhone XII es un 11% más fino, un 15% más pequeño y un 16% más ligero respecto al iPhone XI, importantes cambios teniendo en cuenta que este modelo tiene la misma diagonal de pantalla del año pasado. Así, este año el iPhone XII queda prácticamente igualado en marcos respecto a los modelos Pro, que también reducen marco en comparación a los iPhone XI Pro y XI Pro Max. Respecto al tan hablado notch, sigue haciendo acto de presencia, ocupando una buena parte del frontal del dispositivo. Si le damos la vuelta al dispositivo encontramos unas líneas prácticamente calcadas a las del año pasado, con el cristal como principal protagonista. Por su parte, los marcos de aluminio aeroespacial del dispositivo sí que han sido rediseñados. Ahora nos recuerdan más al iPhone IV, siendo mucho más planos y rectos en lugar de la curvatura que lleva acompañando a los dispositivos de Apple desde el iPhone VI. En el caso de este iPhone XII no se da el salto al acero inoxidable, que sigue quedando reservado para los modelos Pro. Respecto al panel, tenemos una pantalla Super Retina XDR de 6,1 pulgadas, este año con tecnología OLED. Acaba así el gran abismo que había frente al panel de los modelos Pro, ya que el año pasado el iPhone XI llegaba con resolución HD+ y tecnología IPS. La tasa de refresco es de 60Hz, nada de Promotion ni para el iPhone XII ni para sus hermanos Pro. El procesador que da vida al nuevo smartphone es el Apple A14 Bionic, chip que ya estrenó el nuevo iPad Air. Se trata del primer procesador para móviles con tecnología de 5 nanómetros. Dicho procesador cuenta con dos núcleos de alto rendimiento y cuatro núcleos dedicados a tareas de baja demanda, para tratar de mantener equilibrio entre potencia y autonomía. Este procesador es compatible con conectividad 5G tanto SA como NSA. Como es habitual, Apple no da cifras sobre la memoria RAM, pero se espera que sea de 4 GB en este iPhone XII y de 6 GB en el caso de los modelos Pro. A nivel de autonomía se pierde el cargador en la caja y se mantienen los 18W de carga rápida. Esto quiere decir que tendremos que comprar el cargador de Apple aparte, en caso de que no tengamos uno en casa. La apuesta a nivel de biometría vuelve a ser Face ID. Apple vuelve a implementar su reconocimiento facial 3D ayudado por un proyector de puntos y cuya información garantizan que se guarda de forma local. Una de las grandes novedades en este iPhone es MagSafe, una tecnología magnética que permite conectar distintos accesorios, como fundas con cargador. Permite también mejoras en carga inalámbrica, tecnología ya presente en el iPhone XI, pero mejorada en esta nueva familia iPhone. El iPhone XII apuesta por una configuración de cámara doble, al igual que la generación pasada, con el iPhone XI. El sensor principal sigue siendo de 12 megapíxeles, junto a un gran angular también de 12 megapíxeles. Al igual que el año pasado, contamos con estabilizador óptico en el sensor principal. En este caso, el iPhone XII tiene un sensor con mejor lente y apertura f/1.7, prometiendo mejores fotografías en baja luz. Como es costumbre en Apple, el trabajo recae principalmente sobre el software, donde ha habido grandes mejoras. La primera de ellas es el HDR de nueva generación, Smart HDR 3. Se promete mejor rango dinámico y el detalle apunta a ser bastante rico. El gran salto no obstante es a nivel de vídeo. El iPhone XII es el primer móvil capaz de grabar en 4K Dolby Vision. En concreto, es capaz de grabar vídeo con una profundidad de color de 10 bits. Del mismo modo, se puede editar vídeos Dolby Vision desde la app Fotos, iMovie o Clips, desde el teléfono. En cuanto a su coste y disponibilidad, el nuevo iPhone XII - que viene en cinco colores distintos: negro, azul, verde, rojo y blanco - estará a la venta a partir de 909 euros. Asimismo, se podrá reservar desde el próximo 16 de octubre y adquirirlo desde el día 23:)
En una era donde las grandes productoras demostrando su absoluta falta de imaginación intentan explotar sus clásicos hasta que ya no les sean redituables no es de extrañar que la saga cinematográfica iniciada en 1993, no sea la excepción. Como es obvio, los fanáticos de aquel mundo prehistórico se vieron divididos con la llegada de las nuevas películas, formándose grupos antagónicos sobre ellas. Sin embargo, ambos bandos estaban de acuerdo en una cosa: pensaban que el próximo largometraje de la saga pondría fin a la historia. Para bien o para mal, recientes informes revelan que se equivocaron. De la mano de Chris Pratt y Bryce Dallas Howard, el éxito en taquilla que consiguieron las cintas (a partir de su regreso en el 2015), permitió el desarrollo de nuevas ideas dentro del universo, que Legendary Pictures avaló e impulsó para que la moda de las criaturas - extintas en la realidad - continúe con Jurassic World: Dominion, que recién se estrenara en el 2022 cuando inicialmente estaba previsto hacerlo el próximo año. “Es el comienzo de una nueva era. Los dinosaurios están ahora en la Tierra, entre nosotros, y lo estarán por bastante tiempo”, fueron las palabras del productor Frank Marshall. La premisa de la historia nos traslada 22 años luego de los hechos ocurridos en Jurassic Park en donde la isla Nublar funciona como un parque de atracciones con clones de dinosaurios que recibe la visita de los curiosos, que es tal como John Hammond lo había imaginado. Sin embargo, a unos años de que empezó su funcionamiento, el interés del público descendió y con eso los ingresos del parque. Para atraer a los visitantes, se creo un nuevo dinosaurio, pero como era de esperar, todo sale mal cuando se escapa y desata el caos. En cuanto al reparto, regresan Chris Pratt y Bryce Dallas Howard en los papeles de Owen Grady y Claire Dearing respectivamente. Algo que definitivamente llamara la atención es saber que verán caras conocidas de actores pertenecientes a las tres primeras películas y también se confirmó que Sam Neill, Laura Dern y Jeff Goldblum repetirán sus ya icónicos papeles. Aunque Jurassic World: Dominion haya tenido que frenar su rodaje por el Coronavirus, está claro que no será la última producción de la franquicia. Luego de su estreno en el 2022, los dinosaurios seguirán existiendo en la gran pantalla- ¿alguien podría dudarlo? - y la industria norteamericana del entretenimiento continuará subsistiendo, gracias a la existencia de las sagas cinematográficas que demuestran por otra parte su absoluta falta de ideas, buscando sacar el mayor provecho económico posible de historias ya conocidas en lugar de arriesgarse con nuevos títulos. Se nos viene a la memoria el fiasco de Star Wars luego de ser adquirida por Disney, cuyas disparatadas entregas han destrozado la versión original (las 6 primeras películas de George Lucas) provocando el hartazgo de los otrora incondicionales admiradores de la saga. No es de extrañar por ello que con cada ‘nueva’ película, su taquilla ha ido bajando y con ella el interés ¿Sucederá lo mismo con este film? :(