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miércoles, 4 de diciembre de 2024

SIRIA: El enemigo acecha

En los últimos días, el norte de Siria ha sido escenario de intensos combates, los más violentos desde marzo del 2020, cuando se negoció un alto el fuego con la participación de Rusia y Turquía. En efecto, la mañana del 27 de noviembre, grupos terroristas armados por EE.UU. y entrenados en Ucrania - como si no lo supiéramos - lanzaron una ofensiva en las provincias de Alepo e Idlib. Según informes, en la operación participan facciones islamistas, entre ellas Hayat Tahrir al-Sham (HTS) anteriormente conocido como Jabhat al-Nusra, así como fuerzas armadas de oposición como el denominado ‘Ejército Libre Sirio’, grupo de mercenarios respaldado por EE.UU. e Israel. En la mañana del 28 de noviembre, estos criminales declararon la captura de una docena de asentamientos, incluidas zonas de importancia estratégica como Urm al-Sughra, Anjara y Al-Houta, situadas al oeste de Alepo. Además, afirmaron haber tomado la base de la 46ª Brigada, la mayor base militar del ejército sirio. Fuentes terroristas informaron de la captura de cinco tanques, un vehículo de combate de infantería y un arsenal de misiles. El mismo día, llevaron a cabo un ataque de precisión contra un helicóptero en la base aérea de An-Nayrab. Los informes de Anadolu y CNN indicaron que posiciones clave, entre ellas Kafr Basma, Urum al-Kubra y varias tierras altas estratégicas, cayeron bajo el control de los terroristas. Y al día siguiente habían entrado en Alepo, que había estado bajo control del gobierno sirio desde el 2016. ¿Por qué el conflicto ha cobrado nuevo impulso? Antes de la crisis actual, la provincia de Idlib había sido el último bastión importante de los terroristas protegidos por los EE.UU. al gobierno de Assad durante todo el conflicto sirio. La región se convirtió en un foco de intereses superpuestos entre diversas potencias locales e internacionales, lo que creó un entorno volátil y tenso. En el 2017, en el marco del proceso de paz de Astaná, Rusia, Turquía e Irán acordaron establecer zonas de distensión, entre ellas Idlib. El objetivo de estos acuerdos era reducir la intensidad de las hostilidades y crear condiciones para una resolución política. Sin embargo, el alto el fuego fue violado en reiteradas ocasiones y las operaciones militares persistieron, lo que intensificó el conflicto. La creciente influencia de grupos islamistas radicales, como HTS, complicó el diálogo entre las partes, ya que muchas de estas organizaciones fueron excluidas de las negociaciones y clasificadas como grupos terroristas. La situación humanitaria en Idlib siguió deteriorándose. Las hostilidades en curso desencadenaron una crisis humanitaria de gran escala que desplazó a millones de personas, muchas de las cuales se convirtieron en refugiados en países vecinos o se desplazaron internamente. La falta de ayuda humanitaria adecuada y el empeoramiento de las condiciones de vida aumentaron las tensiones y erosionaron la confianza en las autoridades, lo que creó un terreno fértil para la radicalización y promovió el reclutamiento en grupos armados por parte de la CIA y el Mossad israelí. La importancia estratégica de Idlib también fue un factor clave. La ubicación de la provincia en la intersección de rutas de transporte críticas y su frontera con Turquía le otorgaron importancia tanto militar como económica. El control de este territorio se convirtió en una prioridad para todas las partes involucradas, lo que intensificó la lucha y obstaculizó el avance hacia una solución pacífica. La radicalización de la oposición y la presencia de elementos extremistas en sus filas complicaron aún más las perspectivas de paz. Estos grupos no tenían interés en las negociaciones y solo buscaban prolongar el conflicto armado, socavando los esfuerzos internacionales por estabilizar la región. Al mismo tiempo, los desafíos internos que enfrentaba el gobierno sirio, como las dificultades económicas, las sanciones internacionales y las divisiones internas, debilitaron su posición. Esto probablemente impulsó al gobierno a emprender acciones militares más agresivas para consolidar el control y proyectar fuerza. Así, la actual escalada en Idlib es consecuencia de una compleja interacción de intereses geopolíticos, divisiones internas, radicalización de la oposición y graves problemas humanitarios. Para resolver la crisis se necesitan esfuerzos internacionales coordinados, incluido un diálogo activo en el que participen todas las partes interesadas, iniciativas humanitarias para aliviar el sufrimiento de los civiles y una solución política que tenga en cuenta los intereses de los distintos grupos y promueva una paz sostenible. Sin una voluntad de llegar a acuerdos y colaborar, el conflicto en Idlib corre el riesgo de seguir escalando, lo que supondría una amenaza para la estabilidad regional y la seguridad internacional. Aunque muchos especularon que Turquía podría ser beneficiaria de la reciente escalada –buscando presionar a Assad para que normalice las relaciones entre Ankara y Damasco–, la postura oficial del régimen de Erdogan siguió siendo ambigua. Las declaraciones y comentarios de las autoridades turcas fueron contradictorios: por un lado, Ankara parecía brindar un apoyo innegable a los opositores de Assad; por el otro, parecía reacia a asumir la responsabilidad por los acontecimientos que se estaban desarrollando y expresó una clara frustración con las acciones de la “oposición” con base en Idlib. Turquía se enfrentaba a una decisión crítica: o bien continuaba apoyando el obsoleto status quo, lo que podría perjudicarle a ella y a la región, o, en consonancia con sus declaraciones públicas de deseo de restablecer los lazos con Damasco y sus compromisos en el marco del proceso de Astaná, ayudaba a sus socios - Rusia e Irán - así como a la vecina Siria a resolver la situación en Idlib. Sin embargo, existen claros indicios de que la actual escalada fue orquestada por actores externos como Israel y EE.UU. No es una coincidencia que el estallido comenzó inmediatamente tras un alto el fuego entre Israel y Hezbolá y a una semana de que se informara de que se estaban utilizando misiles occidentales de largo alcance en ataques en el interior del territorio ruso, junto con la prueba de represalia rusa del avanzado y temible sistema de misiles Oreshnik. No es de extrañar por ello, que los estadounidenses y la bestia sionista, aprovechando la situación en Ucrania, las tensiones con Irán y la postura antiisraelí de Ankara así como su negativa a sumarse a las sanciones contra Rusia, instigaran disturbios en Siria para lograr varios objetivos. Uno de esos ellos es negarle un respiro a Irán y sus aliados en el Levante, abriendo un nuevo “frente” contra Teherán y sembrando discordia entre Teherán y Ankara. Además, podría haber tenido como objetivo aumentar la presión sobre las Fuerzas Aeroespaciales de Rusia que apoyan a Damasco, desviando así recursos rusos en medio de su participación en Ucrania. Occidente puede haber buscado debilitar aún más la posición de Rusia, posiblemente con la esperanza de abrir un “segundo frente” contra Moscú con la expectativa de lograr avances en Siria, sin olvidarnos del “tercer frente” que EE.UU. pretende iniciar en Georgia, azuzando las protestas en el país caucásico intentando recrear un nuevo ‘euromaidán’, con el claro objetivo de instaurar un régimen títere al estilo ucraniano - como sucedió en el 2014 - y lanzarlo contra Rusia. Por lo pronto, ya tiene a su “Zelenski”, la actual presidenta nacida en Francia, Salomé Zourabichvili, cuyo periodo culmina este mes pero que violentando la ley se niega a renunciar y por el contrario, apoya las protestas orquestadas por la CIA. Volviendo a lo que ocurre en Siria, para Damasco en cambio, la escalada terrorista podría haber servido como táctica de presión para disuadirlo de apoyar a Hezbolá y su participación en el frente antiisraelí. También puede haber tenido como objetivo impedir la normalización con Turquía y la formación de una coalición unificada antikurda (y, por lo tanto, antiestadounidense) que incluya a Moscú, Teherán, Ankara y Damasco al este del Éufrates. En cuanto a Turquía, la situación podría haber sido utilizada para ejercer presión amenazando con una nueva ola de refugiados, una mayor inestabilidad en materia de seguridad y un empeoramiento de las condiciones económicas, lo que complicaría las operaciones de Ankara contra las fuerzas terroristas kurdas en Siria, obstaculizaría la normalización de las relaciones con Damasco y tensaría sus relaciones con Rusia e Irán. Por lo tanto, es innegable que la actual escalada en Idlib ha sido iniciada por Israel y EE.UU., con el objetivo de debilitar aún más a Irán y crear fisuras en las relaciones entre Rusia y Turquía. Esto pone de relieve la naturaleza multidimensional del conflicto sirio, en el que los actores externos explotan las tensiones regionales para promover sus intereses estratégicos. La situación pone de relieve la necesidad de posiciones políticas claras y acciones coordinadas por parte de las potencias regionales para abordar los desafíos de Siria y garantizar la estabilidad en la región. Cabe precisar que la escalada en la provincia siria de Idlib trasciende los límites de un conflicto localizado y sirve como una clara advertencia de inestabilidad global. El noroeste del país se ha convertido en un campo de batalla donde convergen los intereses de las potencias globales, y la intensificación de la violencia refleja las profundas fracturas del orden mundial actual. La participación de numerosos actores externos que persiguen sus propios objetivos ha convertido a la región en un microcosmos de contradicciones geopolíticas, que podría presagiar una crisis global más amplia. El resurgimiento de conflictos de larga data, como las acciones criminales de los sionistas en Gaza y el Líbano, amplifica las tensiones en el escenario internacional. Estos enfrentamientos aparentemente latentes o controlados están reavivándose con renovada intensidad y plantean amenazas a la estabilidad regional y mundial. Su reaparición pone de relieve la incapacidad de los mecanismos existentes para prevenir eficazmente la escalada y abordar las causas subyacentes de la discordia. No cabe duda que las tensiones globales se están acercando a un punto crítico, a medida que muchos conflictos “congelados” comienzan nuevamente a “sangrar” y ello no es una coincidencia. El viejo orden mundial, construido sobre principios e instituciones forjados durante el siglo pasado y por lo tanto ya caduco, ha demostrado ser inadecuado para enfrentar los desafíos de la globalización, el progreso tecnológico y la dinámica cambiante del poder. Las organizaciones y los acuerdos internacionales frecuentemente fallan ante las amenazas contemporáneas, ya sea el terrorismo, la ciberseguridad o la guerra híbrida. La construcción de un nuevo orden mundial exige repensar las estructuras existentes y, tal vez, desmantelar los enfoques obsoletos. Esta transición está plagada de conflictos, ya que el paso de lo viejo a lo nuevo rara vez es fluido. Las potencias y los bloques en pugna se esfuerzan por salvaguardar sus intereses, lo que aumenta el riesgo de confrontación a menos que se pueda establecer un entendimiento común y una confianza mutua. La situación en Idlib ejemplifica esta dolorosa fase de transición y pone de relieve cómo los conflictos regionales pueden escalar hasta convertirse en crisis globales si no se resuelven. La interacción de fuerzas externas en Siria refleja tendencias más amplias de rivalidad y desconfianza entre las principales potencias, lo que aumenta aún más la probabilidad de un conflicto a gran escala. En conclusión, la escalada en Idlib y otros puntos conflictivos del mundo sirve como advertencia de que el mundo está al borde de un cambio profundo. Para evitar caer en un conflicto global - buscado de una manera insistente por los EE.UU. y la OTAN - la comunidad internacional debe trabajar en colaboración para establecer un nuevo orden mundial más resiliente, capaz de hacer frente a los desafíos modernos. Esto requiere diálogo, compromiso y voluntad de superar viejas divisiones en aras de un futuro compartido.

EXPLORANDO EL ESPACIO PROFUNDO: Hacia los confines del universo

Durante la próxima década se tienen programadas alrededor de 750 misiones para la exploración del espacio profundo. Esto marca un aumento significativo respecto a las 236 realizadas en el período anterior. Los principales impulsores son las misiones lunares y marcianas, junto con las expediciones tripuladas en órbita terrestre baja. Se estima que la inversión gubernamental mundial este año superó los 26.000 millones de dólares y se espera un aumento a casi 33.000 millones para el 2032. Estados Unidos lidera con un 65%, seguido por China (19%), la Agencia Espacial Europea (ESA, 6%), Japón (2%) y Rusia (1,5%). No cabe duda que nos encontramos al borde de una nueva era en la exploración espacial, marcada por una mezcla de colaboración y competencia. Si bien se ha renovado el interés en la exploración espacial, al mismo tiempo se ha exacerbado la rivalidad entre los países. Los proyectos más interesantes en la actualidad son el programa Artemis de Estados Unidos y la Estación Internacional de Investigación Lunar (ILRS) de China. Todo indica que estas misiones están impulsadas por motivaciones geopolíticas. Como recordareis, a los chinos nunca se les ha permitido formar parte de la Estación Espacial Internacional (ISS) por lo cual decidió construir el suyo. Asimismo, Rusia que abandonará el próximo año la ISS – debido su antigüedad – también tendrá uno propio, como antes los tuvo, por lo que tiene gran experiencia en ese campo. De otro lado, tras una disminución en años recientes, se proyecta un nuevo ciclo de inversión en vuelos tripulados en Órbita terrestre baja. Se espera una inversión de hasta 7.000 millones de dólares en el 2030, en apoyo a los últimos años de operación y desmantelamiento de la desvencijada ISS que terminará en el fondo del océano Pacifico. En tanto, el interés en misiones marcianas experimentará un modesto crecimiento del 2% en la próxima década, superando los 2.500 millones de dólares en el 2032. Se prevé que estas inversiones se centren en misiones planificadas, como las de retorno de muestras. Además, se destinarán fondos a la exploración del espacio profundo, la astronomía, la astrofísica y la heliofísica. Los ingenieros aeroespaciales y los arquitectos espaciales están trabajando en el desarrollo de tecnologías para permitir que los humanos vivan y trabajen de manera segura y cómoda en el espacio profundo. La ISS es un ejemplo de los avances logrados en la arquitectura espacial en las últimas décadas. El siguiente paso será el desarrollo de hábitats lunares y marcianos seguros y confortables. Ya hay planes en marcha para la construcción de bases lunares permanentes por parte de varias agencias espaciales internacionales. Los primeros asentamientos humanos en la Luna serán pequeños y aislados, pero se espera que crezcan en tamaño y complejidad a medida que la exploración espacial se vuelva más común. Los arquitectos espaciales jugarán un papel crucial en el diseño de estos asentamientos para garantizar su seguridad, habitabilidad y sostenibilidad a largo plazo. Como sabéis, la historia de la exploración espacial se remonta a mediados del siglo XX, cuando Rusia y Estados Unidos iniciaron la carrera espacial. El lanzamiento del Sputnik en 1957 marcó el comienzo de una nueva era en la que la humanidad se aventuró más allá de la Tierra. Desde entonces, hemos enviado sondas y rovers a planetas distantes, explorando la superficie de Venus, Marte, Júpiter, Saturno y más allá. Pero la verdadera frontera de la exploración espacial es el espacio profundo, más allá de nuestro sistema solar. ¿Podremos algún día enviar seres humanos a otros planetas habitables? ¿Seremos capaces de viajar a estrellas distantes y tal vez incluso colonizar otros mundos? Estas son preguntas que nos desafían a seguir explorando y expandiendo nuestros límites como especie. Uno de los mayores desafíos que enfrentamos en la exploración del espacio profundo es la distancia. Las estrellas más cercanas a nosotros están a años luz de distancia, lo que hace que viajar a ellas sea una tarea monumental. A pesar de los avances en tecnología, como los motores de propulsión avanzados y la exploración de conceptos como los agujeros de gusano, aún estamos lejos de poder enviar seres humanos a otros sistemas estelares. Otro desafío importante es la duración de los viajes espaciales. Incluso si pudiéramos desarrollar la tecnología necesaria para viajar a velocidades cercanas a la luz, los viajes interestelares podrían llevar décadas o incluso siglos. Esto plantea interrogantes éticos y logísticos sobre la viabilidad de enviar colonias humanas a otros mundos, así como sobre la sostenibilidad de la vida en el espacio profundo. Actualmente, varias organizaciones, incluyendo la NASA y SpaceX, están trabajando en planes para establecer colonias en la Luna y Marte. La NASA tiene como objetivo enviar humanos a la Luna en el 2025 y establecer una presencia permanente para el 2028. Entre tanto, SpaceX planea enviar humanos a la Luna y establecer una colonia en Marte en la década del 2030. China por su parte planea adelantárseles y construir su base espacial en la Luna el 2026. Sin embargo, establecer colonias en la Luna y Marte presenta obstáculos significativos. El alto costo de estas empresas requiere grandes inversiones en infraestructura y desarrollo tecnológico. Los humanos también tendrán que adaptarse a los desafíos de la salud física y psicológica que implica vivir en entornos como la Luna y Marte. Allí, la radiación, la microgravedad y la falta de oxígeno son factores importantes, además del aislamiento y el estrés. Los beneficios potenciales de establecer colonias en la Luna y Marte son abundantes. Estas colonias podrían impulsar la exploración y el descubrimiento de la geología y atmósfera de estos cuerpos celestes. Así mismo, permitir iniciativas científicas para estudiar la gravedad, radiación y otros fenómenos difíciles de estudiar en nuestro planeta. Además, abrirían nuevas oportunidades comerciales gracias a la extracción de recursos como agua, minerales y metales. También podrían servir como posibles refugios en caso de eventos catastróficos en la Tierra. Y ello, solo será el comienzo. El espacio es infinito y conocer sus secretos nos llevará muchas vidas. Lástima que ninguno de nosotros estaremos vivos para conocerlo...

miércoles, 27 de noviembre de 2024

EE.UU.: Una demencia congénita

Como sabéis, las discusiones en Occidente sobre la autorización de ataques con misiles de largo alcance contra Rusia son profundamente deshonestas y engañosas. Las élites políticas y mediáticas presentan argumentos profundamente defectuosos para sustentar la conclusión de que atacar a Rusia con esas armas “no cruza la línea entre una guerra por poderes y una guerra directa”. La OTAN puede tener éxito en su intento de engañarse a sí misma, pero para Moscú no hay duda de que se trata de un acto de guerra. El argumento de que Ucrania “tiene derecho a defenderse” como justificación para que la OTAN autorice ataques de largo alcance contra Rusia es muy manipulador. Se convence al público con una premisa muy razonable, basada en la aceptación universal del derecho a la legítima defensa. Una vez que la gente ha aceptado esto, se presenta como una conclusión inevitable que Ucrania debe recibir misiles de largo alcance para atacar a Rusia. El alcance de la participación de la OTAN en la guerra, como tema principal, se elimina por completo del argumento. Pero el punto de partida de un debate honesto debería ser la pregunta correcta: ¿cuándo se cruza la línea entre una guerra por poderes y una guerra directa? Se trata de misiles estadounidenses de largo alcance, cuyo uso depende totalmente de la inteligencia y la selección de objetivos estadounidenses. Serán operados por soldados estadounidenses y guiados por satélites estadounidenses. Washington no utilizó estas armas contra Rusia durante tres años porque sabía que equivaldría a un ataque directo, pero ahora los medios al servicio del establishment - desesperados por la llegada de Trump a la Casa Blanca - intentan vender la falsa narrativa de que se trata simplemente “de una ayuda militar no controvertida para permitir a Ucrania defenderse”. Es indudable que EE.UU. y sus aliados de la OTAN han decidido atacar directamente a Rusia y deberían ser honestos al respecto. Los intentos de presentarlo como si simplemente estuviera brindando “ayuda militar a Ucrania para defenderse” constituyen un esfuerzo irresponsable para avergonzar a cualquier disidente y evitar un debate serio sobre la posibilidad de atacar a la mayor potencia nuclear del mundo. Es imprescindible ponerse en el lugar del adversario y preguntarse cómo interpretaríamos una situación y qué haríamos si la situación fuera la contraria. Por todos es conocido que los EE.UU. y la OTAN han invadido muchos países a lo largo de los años, por lo que no es necesario ahondar demasiado en nuestra imaginación para plantear un escenario hipotético. ¿Cómo habría reaccionado Washington si Moscú hubiera enviado misiles de largo alcance, dependientes de la inteligencia y la orientación rusas, operados por soldados rusos y guiados por satélites rusos, para atacar a los países de la OTAN con el pretexto de ayudar a Yugoslavia, Afganistán, Irak, Libia, Siria, Yemen u otro país a defenderse? Nos engañamos si pretendemos que esto no habría sido interpretado como un ataque directo y que, a pesar de los grandes riesgos que ello implica, EE.UU. se habría visto obligado a tomar represalias para contrarrestrarlo. Es lo que ha hecho Rusia al lanzar el misil hipersónico Oreshnik sobre Ucrania - despertando todas las alarmas en Occidente, ya que cargada de múltiples ojivas nucleares puede llegar en pocos minutos a toda Europa - para que tomen en serio sus advertencias dadas anteriormente. Entonces ¿Porque la sorpresa? ¿Creían ilusamente que no iba a cumplir su palabra? Como recordareis, en septiembre de este año, el presidente Vladimir Putin advirtió que Rusia interpretaría esto “como un ataque directo y el comienzo de una guerra entre la OTAN y Rusia, por lo que respondería en consecuencia”… Y así ha ocurrido. Como podéis imaginar, las historias inventadas en los medios occidentales sobre “miles de soldados norcoreanos que luchan en Ucrania o Kursk” se utilizan para “legitimar” el ataque a Rusia, no son más que propaganda de guerra de la OTAN, ya que si habría alguna prueba de que miles de soldados norcoreanos estuvieran luchando, hace tiempo lo hubiesen mostrado evidencias de su participación, y ello no ha ocurrido porque no lo tienen. En todo caso, un aparente entrenamiento de los norcoreanos en territorio ruso probablemente tendría como objetivo disuadir a la OTAN en caso de que vaya a la guerra contra Rusia. Sin embargo, incluso si los norcoreanos se involucran en la lucha, eso no hace que la OTAN sea menos participante en la guerra por atacar a los rusos. La renuencia de Moscú en el pasado a tomar represalias suficientes contra las escaladas graduales de la OTAN se había presentado como evidencia de la falsa conclusión de que ahora tampoco se atrevería a responder, pero se equivocaron completamente. El discapacitado físico y mental de Joe Biden sostuvo una vez que el envío de F-16 a Ucrania resultaría en una Tercera Guerra Mundial; pero esas advertencias ahora se denuncian como "propaganda rusa". El hecho de que Rusia no respondiera cuando EE.UU. cruzó esa línea en anteriores oportunidades significó que este pudo argumentar “que no se trataba de un ataque directo”. Pero las reglas de la guerra por delegación han cambiado posteriormente con la nueva doctrina nuclear rusa. El dilema ruso durante los últimos tres años ha sido el de responder a riesgo de desencadenar una Tercera Guerra Mundial o abandonar gradualmente su capacidad de disuasión y ello envalentono a EE.UU. Con cada escalada de la OTAN, Rusia se enfrentaba a un precio cada vez más alto por su moderación y había estado bajo presión para fijar una línea roja final, pero un ataque directo de la OTAN a Rusia - como puede interpretarse la autorización al régimen fascista de Kiev por parte de Washington para lanzar misiles estadounidenses de largo alcance contra su territorio - era simplemente demasiado peligroso como para que haya quedado sin respuesta. Y esta fue con el lanzamiento del Oreshnik, un misil que vuela a una velocidad de Mach 10, o 3 kilómetros por segundo, el cual no puede ser interceptado por las defensas aéreas modernas. “La característica única del sistema de misiles Oreshnik es que, en primer lugar, es un misil de alcance medio (vuela a una distancia de 1.000 a 5.500 km) y, en segundo lugar, es hipersónico, vuela a una velocidad de Mach 10 y que en minutos puede alcanzar objetivos en toda Europa. No existe en el mundo un solo sistema de defensa aérea o de defensa antimisiles capaz de interceptar esos misiles hipersónicos, subrayó el coronel retirado del ejército ruso y analista militar Viktor Litovkin. Es evidente que la guerra patrocinada por los EE.UU. y la OTAN en Ucrania ya está perdida y Washington ya admitió que sus misiles de largo alcance proporcionados a Kiev no cambiaran las cosas. Pero hay dos razones para intensificar el conflicto en este momento: seguir desangrando a Rusia y sabotear el objetivo de Trump de poner fin a los combates. Hay pruebas abrumadoras de que el objetivo primordial de sabotear todos los caminos hacia la paz y librar una guerra por poderes en Ucrania ha sido debilitar a Rusia como rival estratégico, pero fracasaron en sus planes. Incluso el traidor colaboracionista ucraniano Vladimir Zelensky reconoció en marzo del 2022 que algunos estados occidentales utilizan a Ucrania como carne de cañón contra Rusia: “Hay quienes en Occidente no les importa una guerra larga porque significaría agotar a Rusia, incluso si eso significa la desaparición de Ucrania y se produce a costa de vidas ucranianas” afirmo. Pero aun así y sabiendo que su régimen sus vive horas de agonía, insiste en un inútil enfrentamiento. Para nadie es un secreto que el momento elegido por Washington para autorizar sorpresivamente el lanzamiento de misiles estadounidenses por parte de Kiev apunta a sabotear el enorme mandato de Donald Trump de poner fin a la guerra en Ucrania. No es de extrañar que el musulmán encubierto Barack Hussein Obama también afectara las relaciones entre EE.UU. y Rusia a fines del 2016, cuando estaba entregando la Casa Blanca a Trump. Las sanciones antirrusas y la expulsión de diplomáticos rusos tenían como objetivo sabotear la promesa de Trump de llevarse bien con Rusia. Ahora ese viejo senil de Biden está siguiendo la misma estrategia al arriesgarse a desatar una Tercera Guerra Mundial para evitar que se logre la paz en Ucrania. Rencoroso y vengativo, Biden ya tenía demasiados problemas cognitivos como para postularse a la reelección, y en su demencia pretende atacar a Rusia mientras se prepara para dejar la Casa Blanca. El mundo de hoy es más peligroso que en cualquier otro momento de la historia. La decisión de EE.UU. de atacar a la mayor potencia nuclear del mundo es un esfuerzo desesperado por recuperar su primacía global, ya pérdida hace mucho. Lo que hace que esta situación sea aún más peligrosa es el absurdo autoengaño que se comete en Occidente, que los lleva a caminar como sonámbulos hacia una guerra nuclear. Si bien es cierto que a Biden le queda poco tiempo de vida, en su locura querrá llevarse consigo a toda la humanidad… Queda claro que los últimos días de su (des)gobierno en Washington prometen ser riesgosos. (Por cierto, delirantes rumores dados a conocer estas horas indican que EE.UU. proporcionaría armas nucleares a Ucrania, lo que a todas luces sería un suicidio ya que serían borrados de, mapa por Rusia en un instante, porque esas entregas no se hacen de un día para otro y además su instalación seria detectada por los satélites rusos, quienes actuarían en consecuencia ¿no os parece?)

ORÉSHNIK: El misil ruso indetectable e invulnerable

Recientemente presentado por Rusia y que se ve como una seria advertencia a la OTAN, el misil Oreshnik se ha convertido rápidamente en el foco de atención internacional. Esta arma hipersónica de mediano alcance, anunciada por el presidente Vladimir Putin el pasado jueves, se considera un avance significativo en las capacidades de misiles del país, que podría tener consecuencias de largo alcance tanto para el conflicto de Ucrania como para la seguridad internacional en general. Con su velocidad y precisión prácticamente inigualables y la perspectiva de una producción en masa en el horizonte inmediato, este misil debido a su impacto potencial -que además puede ser equipado con múltiples ojivas nucleares - ha cambiado las reglas del juego para las operaciones militares de Moscú. Una nueva arma, no una mejora: Según el líder ruso, contrariamente a lo que se afirma, el Oreshnik no es una modernización de los sistemas de misiles de la era soviética, sino un desarrollo completamente nuevo basado en la tecnología rusa moderna. El presidente enfatizó que el misil representa la culminación de los esfuerzos de la “Nueva Rusia”, en referencia a los desarrollos posteriores al colapso de la Unión Soviética en 1991. “Fue creado sobre la base de los últimos desarrollos modernos”, afirmó; Capacidades hipersónicas y precisión: El misil Oreshnik se describe como un arma de alta precisión y alcance medio, con velocidad hipersónica. Putin aclaró que, si bien no se considera un arma “estratégica”, sus capacidades son formidables. “Debido a su poder de impacto, especialmente con un uso colectivo masivo e incluso en combinación con otros sistemas de alta precisión y largo alcance, el uso del Oreshnik será comparable en potencia a las armas estratégicas”, dijo. El misil está diseñado para volar a velocidades de hasta Mach 10 (alrededor de 12.200 kilómetros por hora), que es aproximadamente diez veces la velocidad del sonido. La alta velocidad hace que sea extremadamente difícil interceptarlo con los sistemas de defensa antimisiles actuales. “No hay forma de contrarrestar los complejos tipo Oreshnik en el mundo”, afirmó Putin, explicando que los sistemas de defensa antimisiles occidentales, incluidos los desplegados en Europa occidental, no pueden interceptar proyectiles de movimiento tan rápido. Primer uso en combate y respuesta en Ucrania: El misil Oreshnik se utilizó por primera vez en combate el 21 de noviembre del 2024, cuando alcanzó una instalación de defensa ucraniana en la ciudad de Dnepropetrovsk. El objetivo era el complejo industrial Yuzhmash, un sitio clave de defensa ucraniano heredado de la URSS que producía equipos de misiles y que ha sido completamente destruido. Putin justificó el ataque como una respuesta al uso por parte de Kiev de misiles de largo alcance, como los sistemas ATACMS estadounidenses y Storm Shadow británicos, contra territorio ruso. "El conflicto regional en Ucrania ha adquirido elementos de carácter global", dijo Putin, destacando las implicaciones más amplias de la intervención occidental; Producción y despliegue en masa: Tras el éxito de las pruebas y el primer uso de la nueva arma, Rusia se ha comprometido a producir en serie el sistema. “La producción en serie del Oreshnik está prácticamente organizada”, confirmó Putin, y está previsto que los misiles se incorporen a las Fuerzas de Misiles Estratégicos de Rusia (RSVS). Esto sugiere que se convertirán en una parte clave de la estrategia militar a largo plazo de Rusia, con el potencial de un despliegue generalizado en los próximos meses. Putin destacó que el proceso de desarrollo del misil fue rápido y eficiente, y que las tecnologías nacionales garantizaron que Moscú haya “resuelto los problemas de sustitución de importaciones”. Esto sugiere que Rusia ha logrado desarrollar el Oreshnik completamente con sus propios recursos, minimizando la dependencia de componentes extranjeros; Impacto global y significado estratégico: El misil Oreshnik tiene el potencial de cambiar la dinámica del conflicto en Ucrania. Según el general Sergei Karakayev, jefe de las Fuerzas de Misiles Estratégicos de Rusia, el Oreshnik “puede alcanzar objetivos en toda Europa”. Esto hace que el misil no sólo sea un arma poderosa en el contexto de Ucrania, sino que también podría tener implicaciones geopolíticas más amplias si las tensiones aumentan aún más. Aunque Rusia no ha descrito explícitamente el misil como un arma de destrucción masiva, su precisión y poder destructivo significa que podría utilizarse para atacar infraestructuras críticas en estados enemigos. En opinión de Putin, proporciona a Rusia una ventaja tecnológica que actualmente no puede ser igualada por ningún otro país; Reacciones internacionales y desarrollos futuros: Como podéis suponer, el misil Oreshnik ha despertado las alarmas en Occidente. El uso de esta nueva arma, combinado con el conflicto en Ucrania, ha dado lugar a llamamientos para reforzar las defensas aéreas. Los funcionarios ucranianos ya se han puesto en contacto con EE.UU. para hablar de la recepción de sistemas avanzados, que podrían incluir Patriots modernizados o incluso plataformas de defensa antimisiles Aegis. Sin embargo, ninguno es eficaz contra el Oreshnik. Putin reiteró que, a día de hoy, no existen en el mundo medios que puedan interceptar un misil Oréshnik, que se convierte asimismo en otro garante fiable de la integridad territorial de Rusia. Según los expertos, el misil tardaría muy poco tiempo en alcanzar objetivos clave de la OTAN en toda Europa y podría llegar a la base de misiles estadounidense Aegis Ashore en Redzikowo (Polonia) en ocho a once minutos ... y nada ni nadie podrá detenerlo.

miércoles, 20 de noviembre de 2024

EE.UU.: Una apuesta desesperada

Nunca hay un día aburrido: la cultura política de EE.UU. está en constante evolución. Actualmente, estamos presenciando una hermosa competencia “bipartidista” sobre quién puede dejar el cargo de presidente como el peor perdedor. Tras las elecciones del 2020, cuando Donald Trump fue derrotado y tuvo que abandonar la Casa Blanca para dejar lugar al discapacitado físico y mental de Joe Biden, Trump y sus seguidores no dejaban de quejarse de que los habían engañado. Al final, independientemente de lo que pienses sobre su significado político, su asalto al Capitolio en Washington en enero del 2021 ciertamente calificó como una rabieta de proporciones históricas. Piensa en el Motín del Té de Boston, pero con niños muy, muy cansados. Y ahora, con Trump de vuelta a la ciudad (y hasta The New York Times se ha visto obligado a reconocer que no es una “aberración” como intenta presentarlo el establishment, sino “una fuerza transformadora” ), el equipo saliente de Biden ha encontrado una forma aún más tempestuosa de tirar sus juguetes por la borda: mientras que los trumpistas del 2021, no pudieron pensar en nada mejor que hacer una audaz puesta en escena - como tomar el Capitolio y agitar banderas confederadas en la Cámara del Senado - los bidenistas del 2024 han encontrado una forma de globalizar su tema de manejo de la ira por su aplastante derrota. ¿Qué es un asalto al Congreso si se puede correr el riesgo de desencadenar una Tercera Guerra Mundial? Porque eso es lo que está haciendo la administración Biden al permitir - luego de una larga y fundada vacilación - que el régimen fascista del traidor colaboracionista ucraniano Vladimir Zelenski utilice misiles ATACMS estadounidenses para atacar a Rusia. La actitud de los europeos de la UE y la OTAN ha sido confusa. Normalmente, se alinean con los EE. UU., pero hay algunas señales de que esta vez podrían considerarlo demasiado arriesgado o estar divididos sobre el tema. Alemania no seguirá - por una vez (¡y por ahora!) - a los EE. UU. servilmente: el apenas canciller Olaf Scholz se aferra a su “no” a la entrega de misiles de crucero Taurus a Kiev . Se dice que Francia y Gran Bretaña también son “cautelosas”, sea lo que sea que eso signifique al final. Para ser precisos, hay que hacer tres advertencias: las noticias iniciales de este cambio no fueron totalmente oficiales, al estilo estadounidense, sino que se filtraron a través del siempre servicial The New York Times el 18 de noviembre. Luego, al día siguiente, la Casa Blanca no confirmó ni desmintió la historia . El ataque ATACMS a la región de Bryansk demuestra que la noticia era bastante real. En segundo lugar, la Rusia atacada no consiste “solamente” en territorios que solían ser ucranianos en 1991 pero que ahora son reclamados por Moscú: la nueva decisión es tan explosiva porque significa disparar contra territorios que todos reconocen como pertenecientes a Rusia. Por último, y de manera crucial, las cosas empeoran por el hecho de que ni siquiera se trata realmente de “permitir” que Ucrania use los misiles ATACMS de esta manera. Más bien, estas armas no solo provienen de los EE. UU., sino que también solo pueden operarse con una importante asistencia occidental. De lo que estamos hablando, en otras palabras, no solo estamos hablando de ataques ucranianos, sino de ataques conjuntos de la OTAN y Ucrania contra Rusia con armas estadounidenses disparadas desde territorio ucraniano. Rusia acaba de cambiar oficialmente y, en cierta medida, ha relajado su doctrina sobre armas nucleares. El presidente ruso, Vladimir Putin, lleva tiempo advirtiendo a Occidente de que Moscú no tolerará la absurda ficción de que esos misiles provendrán únicamente de Ucrania. En cambio, tal uso de los ATACMS, ha sido claro, provocará un estado de guerra (directa y abierta) entre Rusia y la OTAN. En respuesta a la nueva escalada de la administración Biden, el portavoz de Putin, Dmitry Peskov, ha confirmado que esta posición no ha cambiado: Washington está "echando leña al fuego", ha comentado Peskov, con el riesgo de que " las tensiones aumenten a un nivel cualitativamente nuevo ". En particular, ha señalado que esa política estadounidense también implica " una situación completamente nueva con respecto a la participación de Estados Unidos en este conflicto”. Así, no hay duda de que esta administración demócrata, que ya está de salida tras una paliza electoral a manos de los republicanos , está, literal y deliberadamente, aumentando la tensión de una manera que arriesga una Tercera Guerra Mundial: un enfrentamiento directo entre la OTAN y Rusia (y, en ese caso, muy probablemente, no sólo Rusia). En efecto, disparar (con y para un amigo, por así decirlo) misiles contra un estado de gran potencia con un gran arsenal nuclear es siempre una decisión muy, muy arriesgada. Prepararse para hacerlo justo luego de que las elecciones hayan dejado claro que definitivamente no representas a tu nación, especialmente en esa cuestión, añade un agradable toque de desprecio por el pueblo estadounidense. Digan lo que digan sobre la furia de MAGA y la congresista Marjorie Taylor Greene, ella tiene toda la razón. ¿Por qué está sucediendo esto? No lo sabemos. Hay rumores publicados de que incluso los asesores de Biden están divididos sobre el tema. ¿Se trata, entonces, de un último intento desesperado de la facción más belicosa de la Casa Blanca y el Departamento de Estado, tratando de escalar a una guerra a gran escala antes de que Trump tenga la oportunidad de ponerle fin a todo? ¿O es “simplemente” una maniobra especialmente cínica destinada a envenenar aún más la relación entre Estados Unidos y Rusia para que Trump la pase lo peor posible cuando intente arreglarla? ¿Es parte de una estrategia de guerra de información dirigida sobre todo al público estadounidense, preparando el terreno para el juego de culpas posterior a la guerra por poderes?: “Los demócratas hicimos todo lo que pudimos hasta el último minuto, pero luego ellos, los republicanos, entraron y perdieron Ucrania” ... Ese tipo de cosas. ¿O toda la operación ha sido coordinada con el equipo entrante de Trump para aumentar la presión sobre Rusia, una especie de primitiva estafa del policía malo y el policía bueno, como especulan algunos? Parece poco probable. Para que esa explicación sea plausible, las protestas del lado de Trump son demasiado fuertes. El hecho de que Greene haya salido con las armas encendidas puede no ser una prueba contundente. Es bien conocida por ser extremadamente franca y también un poco imprudente. Pero Donald Trump Jr. –actualmente muy favorecido por su padre– y el asesor de seguridad nacional designado de Trump padre, Mike Waltz, también han intervenido: para Trump hijo, quien escribió en su cuenta de X : “Esto demuestra el grado de desesperación del Complejo militar-industrial que quiere asegurase que estalle el conflicto antes que mi padre tenga la oportunidad de crear la paz y salvar vidas. Hay que asegurar esos billones. ¡Maldita sea la vida! ¡Imbéciles!". Waltz, por su parte, ha estado de acuerdo públicamente con la posición rusa al calificar la medida de ATACMS como otro “paso en la escalera de la escalada” que conduce a lo desconocido. También destacó que la administración Biden no le informó con antelación, por lo que no se puede hablar de una transición sin problemas. Cualesquiera que sean las razones del último grito de ese viejo senil de Biden, nadie en Washington afirma siquiera que la adición de estos ataques ATACMS realmente suponga una diferencia militar genuina (es decir, a favor de Kiev). Los tiempos en que una arma milagrosa tras otra se vendía a los públicos occidentales como un “cambio de juego” han terminado. Ahora escuchamos afirmaciones mucho más modestas, como que, de alguna manera, esos ataques ATACMS “son la respuesta correcta a la aparición de aliados norcoreanos del lado de Rusia”. ¿Cómo? Nadie lo sabe realmente ni parece sentir que necesitaría saberlo. En cambio, escuchamos vagos murmullos de que los ATACMS, en esencia, le darán una lección al líder de Corea del Norte, Kim Jong-un. Buena suerte con eso... Apuesto a que el hombre que se construyó un elemento de disuasión nuclear desafiando a EE.UU. y sus aliados quedará inmensamente impresionado. Pero no nos esforcemos demasiado en comprender a Washington. Parafraseando una famosa frase del poeta ruso del siglo XIX Fyodor Tyutchev, el Washington de finales del imperio no se puede entender con la razón; es demasiado irracional para eso. Lo más importante es preguntar qué consecuencias tendrán estas payasadas estadounidenses. En este caso, el hecho clave que hay que tener en cuenta es que arriesgarse a una Tercera Guerra Mundial es ciertamente muy malo, especialmente en el contexto de una cobarde guerra por delegación que nunca debería haber ocurrido en primer lugar. Pero, afortunadamente, no es lo mismo que iniciar la Tercera Guerra Mundial. Washington, obviamente, también podría hacerlo, pero tal como están las cosas, sus actividades disruptivas se limitan a hacerla más probable. En definitiva, el factor clave sigue siendo Rusia. O, para ser más precisos, la forma en que Moscú elija responder a un tipo de ataque -una vez que ocurra- sobre el que ha advertido a Occidente en términos muy claros. Una opción que podemos descartar es que Rusia simplemente no haga nada. Eso es imposible porque ese no es su estilo hoy en día (ya no estamos en los años 90, por más que a muchos en Occidente todavía les resulte difícil asimilar ese hecho) y, además, envalentonaría aún más a un Occidente fuera de control y sin ley y le permitiría socavar la credibilidad de Moscú. Rusia exigirá un precio. La pregunta es cómo exactamente. Aunque Putin ha advertido que un ataque conjunto de la OTAN y Ucrania contra Rusia provocará un estado de guerra directa entre Rusia y la OTAN, Moscú, naturalmente, no se ha atado de manos: aunque se considere en guerra, seguirá siendo Rusia quien decida qué hacer al respecto. En este sentido, el hecho es que los dirigentes rusos no tienen ningún interés en un tipo de represalia –por ejemplo, un ataque directo a las bases de la OTAN en Polonia, Rumania o Alemania– que beneficiaría a los belicistas occidentales, especialmente mientras Rusia está ganando la guerra sobre el terreno en Ucrania y en vísperas del regreso de Trump a Washington. Lo más probable es que se produzcan respuestas en otras partes del mundo, donde hay entre 700 y 800 bases estadounidenses, a menudo en lugares donde nadie las quiere. Por ejemplo, sería fácil para Rusia aplicar represalias dolorosas a través de adversarios regionales de Estados Unidos y sus aliados, como en Oriente Próximo. Además, Moscú, obviamente, también puede tomar represalias dentro de Ucrania, incluso contra tropas y mercenarios occidentales de operaciones encubiertas, como ya ha hecho antes. En definitiva, la última apuesta de Biden es una doble derrota: por un presidente y un partido que no pueden aceptar que Trump – con su declarada visión de hacer las paces con Rusia – los haya vencido en las urnas estadounidenses, y por un establishment de política exterior estadounidense que no quiere admitir que todo su arrogante proyecto de guerra por delegación para degradar a Rusia no solo ha fracasado, sino que ha tenido consecuencias negativas: Moscú se ha vuelto más fuerte y Occidente se ha debilitado. Y una vez más, el mundo tendrá que confiar en que el liderazgo ruso sea el adulto en la sala y encuentre una manera de responder y, si es necesario, tomar represalias de una manera inteligente que evite una escalada global. Eso, a su vez, solo aumentará aún más la posición de Rusia. Por lo visto, EE.UU. y sus vasallos de la OTAN no han aprendido las lecciones de la historia... peor para ellos.

DROVA-FORSAKEN KIN: En busca de una utopia

Desarrollado por el estudio alemán Just2D y editado por Deck13, se trata de un videojuego Indie del tipo Action-RPG, inspirado en los clásicos oscuros del género y en el atractivo místico de la mitología celta, con un pixelart precioso a la par que oscuro y tenebroso. En Drova encarnamos al miembro de una tribu celta, la cual no está pasando por su mejor momento. Un día, los guerreros regresan con un cristal imbuido de poderes, con el que los druidas dicen poder guiarlos hasta Drova, La Tierra Prometida repleta de prosperidad de la que hablan las leyendas, y a su capital, la ciudad de Nemeton. No obstante, las cosas no sucederán como deberían, y por una serie de circunstancias nuestro personaje se ve teletransportado a Drova. Una vez allí, no tardaremos en descubrir que dicha tierra no es como la pintan las leyendas… En lo referente al propio juego, este dispone de una ventana de personalización (no demasiado amplia, todo hay que decirlo) en la que podremos configurar a nuestro gusto el personaje con el que vayamos a jugar. Una vez hayamos acabado en Drova, comprobaremos cómo esta tierra legendaria es un lugar salvaje y de muerte, muy alejado de todo lo que decían las leyendas… Pero no todo está perdido, ya que aquí también tendremos la oportunidad de sobrevivir y prosperar. Al igual que en muchísimos juegos de tipo RPG, disponemos de un inventario en el que podremos gestionar multitud de objetos, tanto consumibles como objetos de crafteo, así como el atuendo y las armas con las que podremos equiparnos. No presenta ninguna novedad en lo que a la propia mecánica se refiere (si la comparamos con la de cualquier otro título del estilo), pero siempre se agradece que implementen un inventario por el que no cueste trabajo manejarse. En esta tierra maldita, no todo está perdido. Conoceremos a una serie de personajes que nos ayudarán a desenvolvernos por Drova, los cuales nos venderán objetos de todo tipo, nos enseñarán nuevas habilidades y nos asignarán las misiones que nos hagan avanzar en la trama, además de otras misiones secundarias. Dicha trama se divide en capítulos, y poco a poco iremos desentrañando los misterios de esta tierra legendaria, a la par que descubriremos los secretos y ambiciones que ocultan muchos de los personajes. Como ya he comentado, muchos de ellos nos ayudarán comerciando con nosotros, y siempre merece la pena que le echemos un vistazo a lo que tienen para ofrecernos. Cabe precisar que Drova – Forsaken Kin es otro de tantos juegos Indies que ha optado por el Pixelart como elección artística para el apartado gráfico, y el resultado no podría ser más satisfactorio. Por momentos he sentido reminiscencias (sobre todo cuando alguno de los NPCs se ríe, lo cual ocurre habitualmente) a los clásicos Monkey Island (sin ser esto una aventura gráfica), de modo que así os podéis hacer una idea de por dónde van los tiros. Aun así, huelga decir que el detalle gráfico es infinitamente mayor que en estos juegos clásicos, y los bailes de luces y sombras están muy bien conseguidos, dándole al título un aspecto oscuro y melancólico, en contraposición con lo colorido que puede ser en ocasiones. No obstante, no todo es positivo en el juego. Las mecánicas de combate se basan, como en muchos otros títulos, en dirigir el ataque que quieres ejecutar (lo vemos en pantalla mediante una flecha, al igual que el ataque que nuestros enemigos ejecuten hacia nosotros) y utilizar los comandos de ataque, con cuidado de no gastar nuestra estamina. Dispondremos tanto de ataques cuerpo a cuerpo como de esquivas, además de una serie de ataques mágicos que podremos utilizar según vayamos rellenando la barra correspondiente. El problema es que el combate se siente muy tosco y lento, resultado fácil que hasta los enemigos más débiles te maten de 3 golpes. No hablo de una dificultad como la que podríamos encontrar en los juegos de From Software, no. Me refiero a que el combate se siente poco pulido. Otros detalles importantes que lastran la experiencia es que, sobre todo los diálogos y a la hora de acceder a los menús, el juego no está bien configurado, y a menudo, el botón «A» lo detecta como si fuera el «B», y viceversa. Por no hablar de que el juego no está traducido al castellano, y si no os manejáis con el inglés, es posible que la experiencia se os haga un poco cuesta arriba, ya que hay muchos diálogos para leer si queréis enteraros bien de la historia. Pero bueno, ese punto es algo salvable. En conclusión, a pesar de sus carencias (muchas de las cuales pueden ser solucionadas en futuros parches), Drova – Forsaken Kin es un juego que os atrapará con su estética retro, con su ambientación oscura (casi como de terror en ocasiones), con su historia… En definitiva, con su propuesta. Bien es cierto que no es un título muy amable, y que aún le faltan cosas por arreglar, pero si fuera vosotros, yo sin duda le daría una oportunidad.
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