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miércoles, 9 de noviembre de 2022

ISRAEL: De mal en peor

Como sabéis, la entidad sionista - que tiene las manos manchadas con la sangre de los palestinos desde su ilegal y arbitraria “fundación” en 1948 sobre tierras que nunca le han pertenecido - acaban de realizar las quintas elecciones celebradas en menos de cuatro años, que se han saldado con la victoria de Benjamin Netanyahu con 31 escaños. Un triunfo que sirve directamente a los intereses personales del vencedor y sus socios ultranacionalistas, pero no necesariamente a los de los 9,4 millones de israelíes y, obviamente, tampoco a los palestinos. De nada sirve, en primer lugar, que se haya registrado el mayor nivel de participación desde el 2015, con un 71,3% de los 6,78 millones de potenciales votantes, dado que eso solo ha originado una mayor movilización del electorado más conservador y radical, mientras que los votantes moderados han vuelto a desmovilizarse. Tampoco los tres procesos legales contra Netanyahu han convencido a los votantes de que apostar nuevamente por un líder cada vez más cercano a la extrema derecha no podía ser interpretado ni siquiera como un mal menor. Por el contrario, haciendo frente a todos los que han conformado la coalición anti-Bibi, alrededor de Naftali Bennett y Yair Lapid, en una amalgama gubernamental inmanejable que solo compartían su aversión por quien ya era entonces el primer ministro más longevo en el cargo, Netanyahu ha logrado volver a colocarse nuevamente en el centro de la escena nacional. Su victoria le servirá no solo para volver a blindarse judicialmente, sino también para desactivar el sistema judicial, y especialmente el Tribunal Supremo, en su intento por defender su independencia y poder controlar los desmanes parlamentarios. Y en ese empeño tendrá también el inequívoco apoyo de sus previsibles socios de Gobierno, igualmente interesados en garantizar un mayor margen de maniobra para llevar adelante su agenda supremacista antiárabe, buscando instaurar en su insania criminal los imaginarios limites del denominado “Gran Israel” que según sus afiebrados propulsores, va desde el Nilo hasta el Éufrates. Junto a los ya sobradamente conocidos por su tendencia ultraortodoxa Shas (11 escaños) y Judaísmo Unido de la Torá (ocho), merece especial mención Sionismo Religioso (15). Se trata de una lista en la que se han cobijado elementos ultraderechistas aplaudidos incansablemente por colonos y ultraortodoxos integrados en formaciones que incluso la justicia israelí había identificado en su día como promotores del terrorismo, pero que bajo el liderazgo de Bezalel Smotrich (y, sobre todo, de Itamar Ben Gvir, cabeza de Poder Judío, integrante de esa coalición fundamentalista) está ahora en condiciones de marcar en buena medida la agenda a Netanyahu. De momento ya ambos han dado a conocer su intención de ocupar las carteras de Defensa e Interior en el próximo Gobierno. Lo chocante es que ese extremismo le puede servir incluso a Netanyahu para presentarse como el único ‘moderado’ del gabinete, haciéndose pasar por un actor imprescindible para evitar sus desatinos. Entretanto, en claro contraste con este imparable desplazamiento del electorado israelí hacia posiciones cada vez más extremistas, cabe reseñar que los partidos de izquierda han cosechado los peores resultados de la historia, con los laboristas apenas superando el listón mínimo para contar con representación parlamentaria (3,25%) mientras que todo apunta a que Meretz se queda fuera. Sin lugar a dudas, se trata de una victoria que es una pésima noticia para los palestinos - tanto en el Territorio Ocupado Palestino como en el interior de Israel-, en la medida en que no solo supone seguir adelante con la ampliación de los asentamientos (previa expulsión de sus legítimos propietarios palestinos) y la paralización de cualquier posible negociación que pueda llevar a un acuerdo de paz, sino porque apunta abiertamente a una próxima anexión de Cisjordania, arruinando por completo la idea de dos Estados en la Palestina histórica, propulsado por la ONU pero siempre rechazado por los ultranacionalistas y que ahora serán gobierno. Aunque nada de eso es nuevo, la victoria de Netanyahu certifica que ya no cabe esperar ninguna presión relevante por parte de la sociedad israelí para reconducir un proceso que supone la más absoluta negación de los derechos de quienes son vistos en gran medida como violentos y, directamente, terroristas. Los palestinos son, en última instancia, las principales víctimas de una deriva ultranacionalista y fundamentalista que va acompañada de un generalizado abandono por parte de quienes cabría identificar como sus aliados naturales - unos corruptos gobiernos “árabes” alineados con los EE.UU. y que prefieren el acercamiento a Israel a mantener la defensa de una causa que nos les reporta ningún beneficio -, de una Unión Europea que sigue sin atreverse a ser coherente con sus propios valores y principios y de unos EE.UU. que, como ya demostró antes el Criminal de Guerra y califa de ISIS, el musulmán encubierto Barack Hussein Obama y ahora el discapacitado físico y mental de Joe Biden, no están dispuestos a contradecir a su principal aliado en la región, por muchos dolores de cabeza que ese vínculo pueda provocar. Visto desde fuera, parece claro que no es este el camino para asentar una democracia, sino más bien un modelo de apartheid que contradice los presupuestos de una religión y una población que no puede pensar que el cumplimiento de su sueño político pasa definitivamente por la ruina de otro pueblo con más derechos que los suyos. Pero Netanyahu y quienes lo apoyan están en otra línea y lo peor es que ya a casi nadie parece importarle. De esta manera y con la actual configuración de alianzas, el bloque que apoya a Netanyahu es el más extremista de la historia y tiene como objetivo primordial afianzar aún más la ocupación de territorios palestinos. Como ya anotamos líneas arriba, uno de quien será clave para la vuelta al poder de Bibi, es Itamar Ben-Gvir, de Poder Judío, cuya retorica incendiaria ha escandalizado en reiteradas ocasiones a los propios conservadores, y por cuyas posiciones radicales había sido marginado de formar parte de sus gobiernos. Su agenda incluye - entre otros puntos - el pleno dominio israelí de Cisjordania, la expulsión y/o el exterminio mediante una “limpieza étnica” de todos los palestinos, a quienes califica de ‘terroristas’ (que componen el 20 por ciento de la población del país), la demolición de la mezquita de Al-Aqsa y el Domo de la Roca para reconstruir en su lugar el gigantesco templo judío de la época de Herodes, la imposición del derecho religioso , la destrucción del sistema judicial y una guerra de agresión contra Siria, Egipto, Jordania e Irak para arrebatarles los territorios “que en su día pertenecieron a los imperios de David y Salomón”. El mes pasado, Yaakov Katz, editor jefe del Jerusalem Post, describió a Ben-Gvir como “la versión israelí moderna de un supremacista blanco estadounidense y un fascista europeo”. Un Gobierno que le abra las puertas, advirtió Katz, “asumirá el perfil de un Estado fascista”. Los tiempos han cambiado y si antes eran unos apestados, ahora que sus votos son necesarios, son bienvenidos. Si bien hasta hace dos años, su partido de extrema derecha no era tomado en cuenta para nada, Ben-Gvir logró obtener un escaño en la Knéset gracias a un acuerdo entre pequeños partidos extremistas orquestado por Netanyahu antes de las elecciones del 2021. El líder de Poder Judío no ha dejado de ganar adeptos desde que este verano se derrumbó un efímero gobierno de coalición, atrayendo la atención de los medios israelíes con discursos encendidos y un vigoroso programa de campaña. Ha cosechado votos que antes iban a parar a la ya disuelta alianza Yamina y atrae tanto a la comunidad ultraortodoxa como a los votantes del Likud, frustrados por la crisis política israelí. La violencia entre comunidades que el año pasado se desató en las calles y la inclusión de un partido árabe en el último gobierno conmocionaron a la opinión pública, que lo califico de “traición”. Cabe precisar que las opiniones antiárabes de Ben-Gvir se moldearon mientras crecía durante la primera intifada. Hijo de inmigrantes judíos laicos de Irak, se unió al movimiento juvenil del partido Kach de adolescente y en 1995 se hizo famoso por amenazar al primer ministro, Isaac Rabin, tres semanas antes de que lo asesinaran. Las Fuerzas de Defensa de Israel lo eximieron del servicio militar debido a sus actividades en la extrema derecha. Ben-Gvir tiene ahora 46 años, ha desarrollado su carrera como abogado defendiendo a extremistas judíos y vive en la inestable ciudad cisjordana de Hebrón, uno de los principales objetivos del movimiento colono israelí. Dicen que en el 2019, antes de su fallida candidatura a la Knéset, para tratar de parecer más moderado retiró de su salón una foto del terrorista Baruch Goldstein, el colono que en 1994 entró en la mezquita de Hebrón y asesinó a 29 palestinos. Tras lograr su escaño en la Knéset, Ben-Gvir ha rebajado momentáneamente la retórica que le llevó a ser condenado por incitación al odio, pero sigue abogando por deportar a los palestinos de Israel. Durante los violentos enfrentamientos en un barrio problemático de Jerusalén Oriental, Ben-Gvir fue noticia hace poco por sacar una pistola y gritar a la policía que disparara a matar a un grupo de manifestantes palestinos. Según el profesor Asad Ghanem, profesor de Ciencias Políticas en la Universidad de Haifa y coautor del libro Israel in the Post Oslo Era (Israel en la era posterior a los Acuerdos de Oslo), el ascenso de Ben-Gvir refleja la tendencia generalizada hacia el autoritarismo en todo el mundo. También está relacionado con el fracaso del proceso de paz de los dos Estados y la intensificación reciente del conflicto. “Hasta [los acuerdos de paz de] Oslo, para Israel, el principal enemigo siempre estaba fuera. Ahora, debido a la Autoridad Palestina y al auge de los movimientos islámicos, la amenaza se considera interna”, dijo Ghanem. “Muchos judíos lo ven como una cuestión de vida o muerte, necesitan tener todos los frentes abiertos: si la opción de dos estados no existe, hay que mantener a los palestinos bajo control y la gente siente que la mejor manera de hacerlo es con una firme política anti-palestina”, aseguró. Sin duda alguna, la llegada al poder de estos sectores extremistas que hacen del odio su forma de vida, solo intensificara la violencia en una eufemísticamente llamada “Tierra Santa” que desde hace décadas no conoce la paz :(

JULES RIMET: El primer trofeo de la Copa del Mundo

Fue robado dos veces y la versión oficial es que terminó siendo fundido tras su desaparición, aunque hay versiones de que en realidad entró en la rueda del tráfico ilegal de arte para nunca más salir. Nos referimos al trofeo Jules Rimet, que era la primera Copa que se entregaba a los campeones del mundo. Haya sido uno u otro su destino, se esfumó de la vista de los fanáticos y de las vitrinas de la Confederación Brasileña, que se lo había quedado tras las tres primeras estrellas logradas por la Verdeamarela. No obstante, una pieza de aquella obra, que se creyó perdida a lo largo de 60 años, habita en el Museo de la FIFA como orgulloso testimonio de aquellos inicios del certamen ecuménico. Y, tal como un hábil wing a la antigua, se escondió durante más de medio siglo de sus perseguidores en el sitio menos pensado. La historia la reveló el propio Museo con sede en Zurich. El trofeo Jules Rimet fue una escultura de Abel Laffleur que representaba a Niké (la diosa griega de la victoria). El artista francés era el encargado de la creación de las medallas para los torneos franceses, y el propio Rimet, entonces titular de la FIFA, le encomendó el galardón para el primer Mundial. Su valor se calculó en alrededor de 50.000 francos, medía 30 centímetros, pesaba casi cuatro kilos y estaba enchapado en oro. Se encontraba sobre una base de piedra lapislázuli de cuatro caras. Durante 40 años, desde la cita bautismal de Uruguay 1930, la Federación entregó este trofeo, a pesar de las turbulencias sufridas. Durante la Segunda Guerra Mundial, por caso, arreciaron los rumores de que los nazis lo tenían en la mira para secuestrarlo. De hecho, el dirigente Ottorino Barassi lo ocultó en una caja de zapatos bajo su cama. Y en Inglaterra 1966, efectivamente, se esfumó, y tuvo que salir al rescate un perro, Pickles, que ganó fama mundial por los servicios prestados al deporte rey. Sucede que mientras era exhibido en el Central Hall Westminster, el guardia que lo custodiaba dejó al Jules Rimet desprotegido unos minutos para ir por un café, tiempo suficiente para que lo sustrajeran de la vitrina. Cuando Scotland Yard ardía por el escarnio público, el ciudadano David Corbett sacó a pasear como cualquier día a su perro, que detectó un paquete semienterrado. Era el trofeo, en perfectas condiciones para que a los pocos meses, ser entregado al local tras conseguir su único título en un Mundial. Pero antes de la edición de 1958, desarrollada en Suecia, la estatuilla ya había cambiado, hecho que disparó distintas especulaciones y teorías: desde que había sido dañada y pasó por el “taller” hasta que se había perdido y se trataba de una copia. En efecto, luego del título de Alemania en 1954 tras vulnerar al mítico combinado húngaro de Puskas, en la ciudad de Hanau se había encargado una réplica. Sin embargo, no era la que se entregó posteriormente al Brasil de la estrella naciente Pelé. Luego, lo conocido. En 1983, cuando ya descansaba de su periplo en Brasil, fue sustraído de la vitrina blindada de la sede de la Confederación Brasileña de Fútbol en Río de Janeiro: pequeño detalle, los cristales eran a prueba de balas, pero la estructura estaba precariamente adherida a la pared con cinta y madera, algo que fue advertido por los ladrones. La versión oficial indica que el trofeo fue cortado en pedazos en la joyería del argentino Juan Carlos Hernández, quien luego lo fundió para vender el oro a cambio de 15.500 dólares. Demasiado poco para lo que representaba, y para la experiencia del reducidor, con contactos en el mundo clandestino del arte. De ahí las dudas sobre si la explicación de la Justicia brasileña se ajusta a la realidad de los hechos. Pero el trofeo, o al menos una parte de él, empezó a resucitar en el 2013, cuando la FIFA planificó su museo. Quienes se pusieron al hombro el proyecto se embarcaron en investigar los mitos y verdades respecto de la ajetreada vida del Jules Rimet. Las diversas fotos del trofeo llevaron a los curadores a “un descubrimiento notable”, tal como lo califican en la FIFA. “La historia se centró en la base de lapislázuli. En 1954, el capitán de Alemania, Fritz Walter, fue el quinto capitán en levantar la Copa del Mundo, pero cuando el equipo llegó a su nueva casa, se dieron cuenta de que solo había cuatro lados en la base. Como cada lado tenía una placa con un solo ganador, no había ningún lugar para agregar el de Alemania”, fue el entuerto con el que se encontraron, según el relato de los encargados del Museo. “El trofeo que apareció en 1958 parecía más alto. Eso fue porque la base original de Abel Lafleur había sido reemplazada por una más grande, también hecha de lapislázuli, pero con ocho lados. El nombre de la estatuilla aparecía en el frente, que dejaba siete placas en los otros lados, cada una con espacio para dos ganadores, ampliando su capacidad para incorporar ganadores hasta la edición de 1994, si no se hubiera decidido que quedara en manos de Brasil tras tres títulos obtenidos, en 1970″, descubrió el cuerpo de investigadores. ¿Y la base original? He ahí la incógnita. En el medio, la FIFA se había mudado tres veces de oficina, y el temor fue que en alguno de esos cambios se hubiera extraviado. El epílogo de la historia no hizo honor a la intriga que generó. “La verdad suele ser menos dramática”, indicaron desde la entidad que rige el fútbol a nivel planetario. La base de cuatro caras jamás se movió de un estante del archivo de la organización, sin rotular, por ende, invisible para los ojos menos entrenados. De hecho, ni siquiera había registro formal del cambio de pedestal en 1958. La historia estuvo perdida, indocumentada, durante 60 años. Aunque resurgió desde la oscuridad de un archivo, indemne a los robos y las peripecias del resto del galardón. Mientras la actual Copa del Mundo, la más conocida, la de las dos figuras humanas doradas, sosteniendo el planeta tierra, continúa con su gira, cambiando de manos cada cuatro años, el trofeo Jules Rimet, o la copia montada sobre la base original, sonríe desde su rincón en el Museo, testigo silencioso del clímax del deporte más popular del mundo. A escasos días del inicio del Mundial en Qatar, es una buena ocasión para contar su historia ¿No os parece? :)

miércoles, 2 de noviembre de 2022

UCRANIA: La apuesta por el diablo

El régimen fascista de Kiev, respaldado por la OTAN, está promulgando nuevas leyes draconianas que desterrarán toda disidencia. Cualquier opinión que no esté alineada con los colaboracionistas se considerará “traición” y se prohibirá, e incluso será objeto de persecución y represión violenta. En efecto, las nuevas leyes consagran una campaña despiadada contra los medios de comunicación independientes en Ucrania, que ha hecho estragos durante los últimos cuatro años bajo la “presidencia” del cómico callejero Vladimir Zelensky, colocado en el cargo por los EE.UU. para manejarlo su antojo. Como consecuencia de ello, muchos partidos políticos de la oposición y medios de comunicación han sido clausurados, donde los periodistas han sido objeto de gran violencia y se han visto obligados a exiliarse, ante el silencio de Occidente que se niega a condenar tales atropellos. Como sabéis, la tendencia tóxica contra la libertad de expresión en Ucrania se remonta al golpe de Estado del Maidán, patrocinado por la CIA, que derrocó al gobierno legítimo surgido de las elecciones en febrero del 2014. Ese golpe llevó al poder a un régimen fascista en Kiev que se enorgullece de quienes colaboraron en el pasado con la Alemania nazi, convirtiendo a su líder Stephan Bandera en “héroe nacional”. Las contradicciones en el seno del régimen golpista de Kiev dan que pensar. Zelensky, es de origen judío. Sin embargo, su régimen está apuntalado por paramilitares de corte nazi, como los batallones Azov y Aidar, que forman la columna vertebral de las fuerzas armadas ucranianas. El patrón financiero de Zelensky era el oligarca ucraniano Igor Kolomoisky, que también es judío, y sin embargo Kolomoisky financia a paramilitares neonazis. Entretanto, los gobiernos occidentales que dicen ser custodios de la “democracia” y la “libertad” han estado bombeando miles de millones de dólares en armamento al régimen fascista de Kiev encabezado por un colaboracionista judío. Los gobiernos y medios de comunicación occidentales tratan de cuadrar esa contradicción afirmando que el régimen de Zelensky es una “democracia” encubriendo su conducta pro nazi. Es más, el armamento enviado a Ucrania desde el 2014 por EE.UU. y otros miembros de la OTAN está impulsando de forma temeraria una conflagración mundial. De esta manera, las llamadas “democracias” occidentales están alineadas con el fascismo en una guerra incipiente contra Rusia que podría terminar en una catástrofe nuclear que acabará con la humanidad. Para quienes prestan atención histórica a las verdaderas causas y a la geopolítica de la Segunda Guerra Mundial - la interacción de las potencias occidentales y la Alemania nazi - y la posterior Guerra Fría, el actual enfrentamiento puede no resultar sorprendente. Las relaciones de una siniestra figura pública occidental con Ucrania son particularmente siniestras por su incongruencia. George Soros, el multimillonario filántropo estadounidense de origen judío, fue uno de los primeros partidarios del cambio político en Ucrania tras su independencia en 1991. A través de su infame Open Society Foundation, canalizó millones de dólares para promover la “revolución” del Maidán en Kiev. Soros trabajó mano a mano con el gobierno estadounidense y sus agencias - la CIA, la National Endowment for Democracy y la USAID -, para crear “grupos de la sociedad civil” y una letanía de organizaciones de medios de comunicación que impulsaron puntos de vista antirrusos. Desde entonces, la Open Society Foundation de Soros sigue proclamando que “está con Ucrania” y acusa a Rusia de estar llevando a cabo un “asalto a la democracia” (?). La OSF tiene el objetivo de recaudar fondos hasta 45 millones de dólares que, según dice, se utilizarán para “proteger a la sociedad civil ucraniana”. La realidad que se esconde tras la retórica de Soros es que el régimen de Kiev está dominado por fuerzas que pretenden aplastar cualquier disidencia y libertad de expresión, como demuestran las nuevas leyes represivas sobre los medios de comunicación. Incluso las organizaciones no gubernamentales occidentales financiadas por Soros, como Reporteros sin Fronteras y el Comité para la Protección de los Periodistas, con sede en los EE.UU., han condenado el escandaloso ataque a la libertad de expresión por parte de Zelensky. No se trata sólo de una desafortunada cuestión de malas compañías. Soros y el Departamento de Estado de los EE.UU., junto con el entonces vicepresidente Joe Biden, fueron fundamentales para llevar al régimen de Kiev al poder en el 2014. Fueron fundamentales para construirlo como una agresiva punta de lanza antirrusa que repudió los acuerdos de paz de Minsk del 2014-2015 y fomentó la actual guerra con Rusia. Soros, que durante muchos años ha expresado públicamente una profunda antipatía personal hacia el presidente ruso Vladimir Putin, parece haber utilizado hábilmente a Ucrania como un campo de juego geopolítico para promover sus intereses personales y empresariales, teniendo sus ojos puestos en la privatización de las industrias ucranianas de energía y agricultura. Obviamente, los intereses militaristas de Washington y sus ‘socios’ de la OTAN encajan perfectamente con su aparente “filantropía”. No es de extrañar por ello que desde hace tiempo se acusa a Soros de promover “revoluciones de colores” en nombre de Washington para desestabilizar a los adversarios geopolíticos - Rusia y China en particular- así como el que está pretendiendo montar en Irán con la llamada Conspiración del Velo, del cual nos ocupamos semanas atrás. Pero el caso de Ucrania es especialmente significativo. La temprana participación de Soros en la promoción del violento golpe de Estado de Kiev condujo directamente a la creación de un régimen extremo y reaccionario que sirve obedientemente a los intereses militaristas de Washington contra Moscú, al tiempo que causa la miseria de la mayoría de los ucranianos. La cábala gobernante de Kiev está plagada de corrupción, de anarquía pro-fascista y de estrangulamiento de una sociedad cívica en vías de extinción bajo un judío amado por Hollywood y las agencias de inteligencia estatales occidentales. Es por ello que las ridículas afirmaciones de Soros de apoyar el “periodismo independiente” y la “sociedad cívica” han demostrado ser falsas ante la actual represión de la libertad de expresión en Ucrania. Esto nos lleva a la última y quizás más inquietante contradicción: George Soros (92), nacido en 1930 en el seno de una familia judía, creció en Hungría durante la guerra. Ha admitido haber ocultado su identidad judía haciéndose pasar como “cristiano”. Es más, se sabe que colaboró siendo adolescente con el régimen nazi en Budapest informando sobre las propiedades judías para su confiscación. Al ser judío, sabía muy bien quienes lo eran y donde se ocultaban. Años posteriores a la guerra, Soros emigró a Occidente con todo lo robado y más tarde incrementó su enorme riqueza mal habida apostando contra los perdedores. Es conocido por ser el “hombre que quebró la libra esterlina” y por haber obtenido un beneficio de mil millones de dólares en un solo día durante un colapso del mercado en 1992. Digamos que George Soros tiene un sentido preternaturalmente agudo del oportunismo depredador. Un multimillonario de origen judío que financia un régimen pro-nazi en Ucrania para que haga su voluntad no está más allá del cálculo cínico. No cabe duda alguna que se trata de un tumor canceroso que amenaza a Europa involucrándonos en una guerra que no es nuestra y que ya le estamos viviendo sin quererlo - al margen de lo que digan los gobiernos genuflexos a Washington - por lo que merece ser extirpado de raíz antes que sea demasiado tarde :(

B-21 RAIDER: Un bombardero furtivo “indetectable”

Al menos es lo que dice la propaganda. Lo cierto es que el B-21 Raider va de frente ya desde las presentaciones. A modo de eslogan y como aproximación a qué aspira este moderno bombardero furtivo, su creador, Northrop Grumman, asegura que busca, ni más ni menos, “hacer indetectable lo detectable”. Ahora al fin podremos saber cómo. La compañía acaba de anunciar que en un mes, el 2 de diciembre, desvelará su creación. B-21 Raider se presenta ni más ni menos que como el primer avión de sexta generación, el marco conceptual más avanzado para aviones de combate. Sus creadores lo han ideado para operaciones de largo alcance, con una capacidad de aguante considerable y el potencial de combinar armamento convencional y nuclear. Entre otros objetivos, el nuevo bombardero aspira a burlar las defensas aéreas de los potenciales enemigos y “alcanzar objetivos en cualquier parte del planeta”. Con ellos EE.UU. quiere reemplazar de forma gradual sus aeronaves [B1 Lancer](B1 Lancer) y [B-2 Spirit](B-2 Spirit) y reforzar su músculo aéreo junto a las versiones mejoradas de los B-52. “El B-21 proporcionará el tipo de carga útil, alcance y penetrabilidad que nuestra fuerza actual de B-1, B-52 y, en menor medida, B-12, no puede lograr”, explica el teniente general retirado de la Air Force, David Deptula. Northrop calcula que a día de hoy solo el 10% de los bombarderos de EE.UU. están en condiciones de burlar las defensas aéreas más avanzadas de sus adversarios. Con una base en el Pacífico -señala South China Morning Post- podría reducir el tiempo de respuesta frente a China. “Dado que ellos han seguido invirtiendo de forma considerable en sofisticadas tecnologías y plataformas de armamento que les permiten actuar maliciosamente o extender su alcance, un nuevo bombardero es fundamental para disuadir a los adversarios potenciales”, destaca la multinacional estadounidense, uno de los grandes fabricantes de armas y tecnología militar del mundo. “Planteará nuevas amenazas y desafíos para la defensa nacional de China”, reconocía hace poco Yue Gang, coronel retirado del Ejército Popular de Liberación chino (EPL). Otros expertos relativizan su capacidad real para penetrar las defensas del gigante asiático sin ser interceptado por misiles. Más allá de su lectura en clave estratégica o cómo de eficiente resultaría en caso de conflicto, el nuevo B-21 Raider marcará un hito importante en la crónica militar reciente de los EE.UU. Hay que remontarse a finales de la Guerra Fría, a 1988, para encontrar la última presentación pública de un bombardero de la Fuerza Aérea estadounidense. El protagonismo fue entonces para el B-2 Spirit. Los planes de EE.UU. pasarían por hacerse con al menos un centenar de aviones y la compañía desliza que las primeras entregas podrían llegar “a mediados de la década del 2020”. Por lo pronto, Northrop Grumman precisa que tiene media docena de modelos de prueba B-21 “en varias etapas de ensamblaje final” en Palmdale, California. El primer vuelo está previsto para el año que viene. Sin embargo, se sabe que los EE.UU. no es el único embarcado en la modernización de su músculo aéreo... Ni en demostrarlo de forma pública. Hace poco China sacaba pecho también con otra aeronave puntera: el Xian H-20, un bombardero “invisible” que supera en mucho al anunciado B-21 Raider :)

miércoles, 26 de octubre de 2022

EE.UU.: Apocalypse Now

Como sabéis, el pasado lunes 17 de octubre, la Organización del Tratado del Atlántico Norte inició la Operación Steadfast Noon, su ejercicio anual de su capacidad para librar un conflicto nuclear, y que concluirá a fin de mes. Dado que el paraguas nuclear de la OTAN se extiende exclusivamente sobre Europa, lo indiscutible es que este no es más que un entrenamiento de la OTAN para librar una guerra nuclear contra Rusia. “No se preocupen”, aseguró al respecto la portavoz de la OTAN, Oana Lungscu, al resto del mundo , “el propósito de Steadfast Noon es garantizar que la capacidad de guerra nuclear de la OTAN siga siendo segura y eficaz. Solo es un ejercicio de rutina, no vinculado a ningún evento mundial actual. Además, no se utilizarán armas nucleares reales”, asevero, tratando de ser creíble sin conseguirlo. A continuación entra al escenario en el teatro nuclear Jens Stoltenberg, secretario general de la OTAN. En una declaración a la prensa el 11 de octubre, Stoltenberg declaró que “la victoria de Rusia en la guerra contra Ucrania será una derrota de la OTAN”, antes de anunciar ominosamente: “Esto no se puede permitir”. Con ese fin, dijo Stoltenberg, los simulacros nucleares Steadfast Noon continuarían según lo programado. Estos simulacros, dijo Stoltenberg, fueron un importante mecanismo de disuasión frente a las "veladas: amenazas nucleares" rusas. ¿Pero no decían que no estaban relacionados con ningún evento mundial actual?. A continuación ingresa el colaboracionista Volodymyr Zelensky, a la izquierda del escenario. En declaraciones al Instituto Lowy , un grupo de expertos en política internacional “no partidista” en Australia, el cómico callejero reconvertido en “presidente ucraniano” pidió a la comunidad internacional que emprenda “ataques preventivos, contra Rusia para disuadirla del uso potencial de armas nucleares contra Ucrania”. Si bien muchos observadores interpretaron las palabras de este judío como una solicitud para que la OTAN lleve a cabo un ataque nuclear preventivo contra Rusia, sus ayudantes se apresuraron a intentar corregir el registro, diciendo que simplemente “estaba pidiendo más sanciones”. Pero como no podía ser de otra manera, por ultimo hace su aparición en el centro del escenario el discapacitado físico y mental de Joe Biden, el cual hablando en una recaudación de fondos , dijo que, “Por primera vez desde la crisis de los misiles en Cuba, tenemos una amenaza directa del uso de un arma nuclear si, de hecho, las cosas continúan por el camino correcto. Ellos están yendo." Biden continuó: “Tenemos un tipo que conozco bastante bien. No está bromeando cuando habla sobre el uso potencial de armas nucleares tácticas o armas biológicas o químicas porque su ejército, se podría decir, tiene un rendimiento significativamente bajo. No creo que exista la capacidad de usar fácilmente un arma nuclear táctica y no terminar en un Armagedón”. Si bien la Casa Blanca ha dejado muy en claro que los comentarios de ese viejo senil “fueron una opinión personal y no se basaron en ninguna nueva información de inteligencia sobre la postura nuclear rusa”, el hecho de que el inquilino de la Casa Blanca hablara sobre la posibilidad de un "Armagedón" nuclear debería enviar escalofríos por la columna vertebral de cada individuo cuerdo en el mundo. Cabe precisar en primer lugar, que no se ha hablado sobre el empleo de armas nucleares tácticas por parte del Kremlin. En efecto, el presidente ruso Vladimir Putin ha indicado que Rusia usaría “todos los medios a su disposición” para proteger a su país. Dijo esto más recientemente el 21 de septiembre, cuando en un discurso televisado anunciando una movilización parcial, acusó a Occidente de participar en un chantaje nuclear, citando declaraciones de algunos representantes de alto rango de los principales estados de la OTAN “sobre la posibilidad de utilizar armas nucleares de destrucción masiva contra Rusia”. Putin aludía a una declaración que hizo la hoy renunciante primera ministra británica Liz Truss , quien en respuesta a una pregunta sobre si estaba lista para asumir la responsabilidad de ordenar el uso del arsenal nuclear del Reino Unido, respondió: “Yo creo que es un deber importante del primer ministro y estoy listo para hacerlo” afirmó. “Quiero recordarles”, dijo Putin en referencia a esa amenaza, “que nuestro país también cuenta con diversos medios de destrucción y con componentes más modernos que los de los países de la OTAN. Y si la integridad territorial de nuestro país se ve amenazada, sin duda utilizaremos todos los medios a nuestro alcance para proteger a Rusia y a nuestro pueblo”. Las declaraciones del líder ruso coincidieron con las de su ministro de Defensa Sergei Shoigu, quien en un discurso ante la 10ª Conferencia de Moscú sobre Seguridad Internacional , afirmó que Rusia no usaría armas nucleares en Ucrania. Según Shoigu, las armas nucleares rusas están autorizadas para su uso en "circunstancias excepcionales", como se describe en la doctrina rusa publicada, ninguna de las cuales se aplica a la situación de Ucrania. Cualquier comentario sobre el uso de armas nucleares por parte de Rusia en Ucrania, dijo Shoigu, era “absurdo”. Aparentemente no para Biden, quien a pesar de su afirmación de conocer a Putin “bastante bien”, se equivocó al hablar irresponsablemente “sobre un inminente conflicto nuclear”. El riesgo por ello no es que Rusia inicie una guerra nuclear preventiva sobre Ucrania. El riesgo es que EE.UU. lo haga. Como recordareis, Biden asumió el cargo en febrero de 2021 con la promesa de consagrar en la doctrina nuclear de EE. UU. una "política de propósito único", según la cual "el único propósito de nuestro arsenal nuclear debería ser disuadir y, si es necesario, tomar represalias contra un ataque nuclear". Ahora estamos a finales de octubre del 2022 y EE.UU. se encuentra en una situación en la que Biden amenaza al mundo con un potencial Armagedón. Si alguna vez hubo un momento para que Biden se rectificara de sus intenciones criminales, es ahora. Pero permanece en silencio. El peligro inherente al silencio de Biden es que Putin y otros funcionarios rusos que están preocupados por la seguridad nacional rusa deben confiar en la existente doctrina nuclear estadounidense, que continúa consagrando una política de prevención nuclear promulgada durante la administración del Criminal de Guerra George W. Bush. . Según esta doctrina, las armas nucleares no son más que solo una herramienta más de las fuerzas armadas, para ser utilizadas como y cuando sea necesario, incluidas las ocasiones en que el objetivo es la destrucción de objetivos en el campo de batalla con el simple propósito de obtener una ventaja operativa. Se puede argumentar que este tipo de preferencia no nuclear tiene su propio valor de disuasión inherente, una especie de ambiente insano que hace que un oponente se cuestione si el presidente podría actuar de una manera tan irracional. “Lo llamo la teoría del loco”, dijo el expresidente estadounidense Richard Nixon a su asistente , Bob Haldeman, durante la guerra de Vietnam. “Quiero que los norvietnamitas crean que he llegado al punto de que podría hacer cualquier cosa para detener la guerra. Simplemente les pasaremos la palabra de que 'por el amor de Dios, saben que Nixon está obsesionado con el comunismo'. No podemos contenerlo cuando está enojado, y tiene la mano en el botón nuclear, y el mismo Ho Chi Minh estará en París en dos días rogando por la paz”. El expresidente Donald Trump insufló nueva vida a la “teoría” de Nixon y le dijo a Corea del Norte que si continuaba amenazando a EE.UU., “se encontrarán con fuego, furia y, francamente, un poder como este mundo nunca ha visto” antes de su encuentro con el dictador comunista norcoreano. Posteriormente, Trump luego tres reuniones cara a cara con Kim Jung-Un en un esfuerzo fallido por lograr la desnuclearización de la península de Corea y todo continúa igual. Fue precisamente bajo la administración de Trump que la Marina de los EE. UU. desplegó la ojiva nuclear de bajo rendimiento W-76-2 en sus misiles balísticos Trident lanzados desde submarinos, lo que le dio al presidente una mayor variedad de opciones en lo que respecta al empleo de armas nucleares. “Esta capacidad suplementaria” declaró John Rood, el entonces subsecretario de defensa para políticas, “fortalece la disuasión y proporciona a los EE. UU. de un arma estratégica de bajo rendimiento, rápida y con mayor capacidad de supervivencia; apoyando nuestro compromiso con la disuasión extendida; y demostrando a los adversarios potenciales que no hay ninguna ventaja en el empleo nuclear limitado porque EE. UU. puede responder de manera creíble y decisiva a cualquier escenario de amenaza”. Uno de esos escenarios de amenaza que se probó involucró el empleo teórico de una ojiva W-76-2 de bajo rendimiento en un escenario europeo báltico en el que los objetivos de la contingencia real en tiempos de guerra se utilizaron como punto de ilustración. En resumen, los EE. UU. se entrenaron para usar de forma preventiva el W-76-2 para obligar a Rusia a retroceder (reducir la escalada) a menos que se arriesguen a una escalada nuclear que resulte en un intercambio nuclear general, en resumen, el temido Armagedón. Lo que nos trae al tiempo presente, donde los bombarderos B-52 con capacidad nuclear estadounidenses volaron a Europa desde sus bases estadounidenses y practicarán por estos días el lanzamiento de armas nucleares contra “un objetivo ruso”. Asimismo, docenas de aviones más, volando desde la Base de la Fuerza Aérea Volkel en Holanda (arsenal de bombas nucleares B-61 de EE. UU.), practicarán el empleo de armas nucleares de la OTAN contra... Rusia. Entretanto, Moscú ha respondido al simulacro nuclear de la OTAN con su propio ejercicio nuclear anual , Grom (Trueno). Estos simulacros incluyen la maniobra a gran escala de las fuerzas nucleares estratégicas de Rusia, incluidos los lanzamientos de misiles reales. En una declaración inigualable en su hipocresía, un funcionario de defensa de EE. UU., que habló bajo condición de anonimato, dijo que “la retórica nuclear rusa y su decisión de continuar con este ejercicio mientras está en guerra con Ucrania es irresponsable. Blandir armas nucleares para coaccionar a EE.UU. y sus aliados es una irresponsabilidad”. Por lo visto el cinismo de la Casa Blanca no conoce límites. Ahora retrocedamos en el tiempo: el 22 de octubre de 1962: hace casi 60 años, el presidente John F. Kennedy pronunció un dramático discurso televisivo de 18 minutos al pueblo estadounidense durante el cual reveló "evidencia inequívoca" de la amenaza de los misiles. Kennedy continuó anunciando que EE.UU. impediría que los barcos rusos con armas nucleares llegaran a Cuba y exigió que los soviéticos retiraran sus misiles. Al mismo tiempo, el embajador de EE.UU. en la Unión Soviética, Foy Kohler, entregó una carta de Kennedy al primer ministro soviético Nikita Khrushchev, diciendo: “lo que más me preocupa ha sido la posibilidad de que su gobierno no entienda correctamente la voluntad y determinación de los EE.UU. en cualquier situación dada, ya que no he asumido que usted o cualquier otro hombre cuerdo lo haría, en este asunto nuclear sumergieran deliberadamente al mundo en una guerra que está claro que ningún país podría ganar y que solo podría tener consecuencias catastróficas para todo el mundo, incluido el agresor”. Joe Biden haría bien en reflexionar sobre esa carta, y todo lo que sucedió luego de ello, y comprender que si reemplaza "EE.UU." con "Rusia", uno obtiene una evaluación precisa de la visión actual del mundo de Rusia en lo que respecta a la OTAN. y las armas nucleares. Ahora no es el momento para el drama o la retórica teatralmente incendiaria que propugna de manera diabólica los EE.UU. y la OTAN. Ahora es el momento de la madurez, la cordura... la moderación. Un líder sabio habría reconocido la posibilidad de una percepción errónea por parte de Rusia cuando la OTAN, apenas a una semana luego de que el títere ucraniano la alentara "a iniciar un ataque nuclear preventivo contra Rusia”, lleve a cabo un ejercicio importante en el que la OTAN practica el lanzamiento de bombas nucleares sobre Rusia. . Un líder sobrio habría pospuesto estos ejercicios y alentado una acción similar de Rusia con respecto a sus ejercicios nucleares, pero de un demente senil como Biden se puede esperar lo peor. En efecto, EE.UU. recibe una referencia improvisada y sin guión a un Armagedón nuclear de un ególatra narcisista que usa el horror de la aniquilación nuclear como un mantra para recaudar fondos. Solo se necesitaría un error de cálculo, un solo malentendido para convertir Steadfast Noon en "High Noon" y Grom (Trueno) en "Molnya" (Relámpago). Hemos visto este escenario antes. En noviembre de 1983, la OTAN llevó a cabo un ejercicio de puesto de mando, con el nombre en código Able Archer '83 , diseñado para probar los "procedimientos de liberación de armas nucleares". Los soviéticos estaban tan alarmados por este ejercicio, que creían que podría usarse para enmascarar un ataque nuclear preventivo de la OTAN contra la Unión Soviética, que cargaron ojivas nucleares en bombarderos, lo que llevó a la OTAN y la Unión Soviética al borde de una guerra nuclear. Más tarde, al recibir informes de inteligencia sobre el temor soviético a un ataque nuclear preventivo estadounidense, el presidente Ronald Reagan comentó que: “Nosotros [EE.UU.] teníamos muchos planes de contingencia para responder a un ataque nuclear. Pero todo sucedería tan rápido que me preguntaba cuánta planificación o razón se podría aplicar en tal crisis... ¡seis minutos para decidir cómo responder a una señal de radar y decidir si desatar el Armagedón! ¿Cómo podría alguien aplicar la razón en un momento como ese? Esta revelación provocó un cambio de actitud por parte de un presidente que, hasta entonces, era conocido por etiquetar a la Unión Soviética como el “Imperio del Mal” y bromear sobre el lanzamiento de misiles nucleares contra objetivos soviéticos. A cuatro años del Able Archer '83, Reagan se reunió con Gorbachev y firmó el Tratado de Fuerzas Nucleares Intermedias, un acuerdo histórico que, por primera vez en la historia del control de armas, eliminó toda una clase de armas nucleares de los arsenales de los EE.UU. y la Unión Soviética. Uno podría esperar que la actual crisis nuclear resulte en un avance similar en el control de armas en un futuro no muy lejano, aunque de momento con Biden y su demencial fobia antirrusa ello no va a poder ser posible :(

EL GATO NEGRO: Entre el misticismo y el misterio

Los gatos, animales independientes que por su propia naturaleza son cazadores y solitarios, tienden a ver a los seres humanos como compañeros de su jauría, con lo que tampoco ven al hombre como presa. El gato es un animal que ha estado junto al hombre en la mayor parte de las civilizaciones; podemos destacar por ejemplo, el antiguo Egipto, época en la que fue considerado como animal sagrado, siendo venerado e incluso embalsamado tras su misma muerte. Bastet, era la diosa encargada de proteger el hogar y simbolizaba la alegría de vivir, una deidad dedicada a la armonía y la felicidad. Se representaba con la forma de gato doméstico o como una mujer con cabeza de gato, acompañada de un sistro -instrumento musical con forma de herradura, que lleva adosado unos pequeños platillos metálicos insertados a través de unas finas varillas, que se hacía sonar simplemente agitándolo-. Como curiosidad, aportar que los egipcios inoculaban a los gatos algunas gotas de su propia sangre para protegerlos de las enfermedades, plagas y cualquier mal espíritu. En esos tiempos estaba prohibido matarlos, y si alguien se atrevía y era descubierto, era condenado a pagar con su propia vida. Otra curiosidad es la que apunta a que los egipcios, cuando se moría uno de sus gatos, se afeitaban las cejas en señal de duelo. En 1890, durante unas excavaciones en las ruinas de Bubastis, fueron halladas enormes necrópolis con más de 300.000 momias de gatos. Fueron los griegos los que tras robar una pareja de gatos a los egipcios – a pesar de su negativa – comenzaron su crianza e iniciaron la expansión de la raza por toda Europa. Las culturas musulmanas también mostraron a lo largo de los siglos su especial cariño y aprecio por los gatos, debido a que el mismísimo Mahoma les prometió a estos animales un puesto en el paraíso. En la tradición Celta, se creía que los ojos de los gatos representaban las puertas que conducían hacia el reino de las hadas. En la Galia, la matanza de uno de ellos, era castigada con el pago de una oveja o cordero, o con el equivalente a la cantidad de trigo necesaria para cubrir completamente el cadáver del felino suspendido por la cola y con su hocico rozando el suelo. Pero no todo en la vida histórica de los gatos ha sido escrito en clave positiva; la imagen de estos pequeños felinos ha estado asociada al mundo oscuro, al lado del mal, relacionándose especialmente con la brujería, especialmente si eran de color negro. Se dice que eran files compañeros de las hechiceras y brujas, teniendo estas últimas, con la capacidad de convertirse en uno de ellos para asaltar a los incautos en los solitarios caminos, e incluso introducirse en sus casas y causarles maleficios. Las brujas tenían como fieles escuderos a los gatos, a quienes utilizaban como mensajeros. Fue en la Edad Media (a mediados del Siglo XIII) cuando nace la creencia de considerar a los gatos de color negro como portadores de la mala suerte, ya que eran considerados cómplices o mayordomos de las brujas. Y fue así como en esa época de odio y fanatismo religioso comenzó una terrible persecución contra ellos por parte de la corrupta y decadente Iglesia Católica, sacrificándose cientos de miles bajo la acusación de simbolizar al Diablo y ser brujas transformadas. Fue tan brutal el aniquilamiento de estas inocentes criaturas - no importando el color de su pelaje - que cuando la peste negra azotó a Europa en el siglo XIV, causo más de veinticinco millones de víctimas mortales, ya que apenas quedaban gatos que lucharan contra las ratas, propagadoras de la mortífera enfermedad. ¿Si no se hubiera exterminado a los gatos durante las décadas anteriores, se hubiera podido erradicar la peste con más rapidez?, la respuesta sin duda es un rotundo sí. En esos tiempos, incluso el Papa Clemente, en su obsesión por acabar con la Orden Templaria, se atrevió a acusar a los caballeros de la organización, de homosexuales y adoradores del demonio en forma de gato. No fue hasta el siglo XVIII con la llegada de la Reforma, cuando el pequeño felino volvió a recuperar parte de su esplendor anterior, convirtiéndose en el protagonista de bellas pinturas y esculturas. Los armadores de los barcos se hacían con algunos ejemplares felinos para acabar con los ratones a bordo de sus naves. ¿Cuánto hay de verdad o mentira en todas esas historias populares que adoptan como protagonista la imagen del gato? Conozcamos algunos ejemplos: Cruzarse con un gato negro -como ya hemos dicho- se considera símbolo de mal agüero, pero sin embargo su aparición en un banquete de bodas era señal de matrimonio afortunado. En el juego, se cree que pasar el billete de lotería por el lomo de un gato oscuro, es atrayente de la buena suerte. En muchas localidades rurales del norte de España, se creía que tragar pelos de gato negro servía para volverse loco, y si comías algo que previamente hubiera lamido un gato del mismo color era motivo para enfermar de por vida, pero si vemos a un gato saltar por encima de un ataúd, es señal de que el difunto regresará aparecido para pedir por las cuentas pendientes. En Escocia, un gato negro extraño en el porche significa un futuro próspero. En Irlanda, cuando un gato negro cruza la trayectoria de una persona a la luz de la luna, significa que va a haber una enfermedad epidémica. En Italia desde hace cientos de años se cree que si un gato negro se pone en la cama de una persona enferma, esa persona morirá al poco tiempo. Hace muchos años en Inglaterra, las esposas de los pescadores mantenían gatos negros en sus hogares mientras que sus maridos salían al mar en sus barcos de pesca, creyendo que evitarían que ocurriera algún peligro a sus maridos mientras estaban ausentes. No dejemos a un lado las supersticiones relacionada con lo meteorológico; si un gato se agarra a la ropa de su amo, no tardará en llegar tormenta. Si duerme con el lomo hacia arriba, se acercan heladas. Si se lava el hocico, es aviso de que las lluvias están cerca. Sea como sea, y más allá de estas creencias, el gato está viviendo actualmente una etapa tranquila junto al hombre (aunque siempre encontraremos a salvajes que llegan a maltratarlos sin motivo alguno). Y es que bien mirado, el gato - sea del color que fuera - es el perfecto compañero de piso, que va a lo suyo y solo viene a buscarte cuando necesita cariño y algo de roce. Aprovecho el momento para desearos una feliz Noche de Brujas :)
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